domingo, 15 de noviembre de 2015

La "Moneda pluma" de Santa Cruz (Islas Salomón) y otras "Monedas-pluma".

La “Moneda pluma” de Santa Cruz (Islas Salomón) y otras “Monedas pluma”. Artículos publicados en: Eco Filatélico y Numismático 59(1113) (Noviembre 2003): pp. 42-43, y 60(1115) (Enero, 2004): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.

La “Moneda pluma” de Santa Cruz (Islas Salomón).
Una de las últimas incorporaciones a las colecciones del Museo Arqueológico Nacional(1) es una valiosa moneda que, paradójicamente, no está hecha de ningún metal noble como el oro o la plata, y ni tan siquiera es de metal. Está fabricada con las plumas rojas de un pequeño pajarillo que vive en las lejanas islas del Sur del Pacífico.
Se trata de la famosa moneda pluma, utilizada en las Islas de Santa Cruz, cuyo uso se ha mantenido vigente hasta finales del siglo veinte y de la que tenemos una completa información acerca de su proceso de fabricación y formas de empleo, gracias a las investigaciones realizadas en los años sesenta por el antropólogo William Davenport, profesor de la universidades de Hawai y Yale(2).


Figura 1.- “Monedas pluma” del Museo Arqueológico Nacional (Madrid).

Santa Cruz es una isla volcánica rodeada de otras islas más pequeñas (Tinakula, Utupua, Duff, Vanikoro...) y todas ellas forman parte del estado de las Salomón, extendiéndose sobre una superficie de unas quince mil millas cuadradas al norte de las Islas de Nuevas Hébridas, con una población de unas 7.000 personas.

En esta zona, se ha utilizado hasta hace muy poco tiempo una moneda, posiblemente la más exótica del mundo, que consiste en un largo cinturón con una longitud de más de nueve metros y una anchura de unos cinco centímetros, fabricado con el plumón rojo de una pequeña ave del bosque tropical (Myzomela cardinalis), plumas de pichón gris (Ducula pacifica) y como pegamento, la savia mucilaginosa del árbol Broussonetia papyrifera.


Figura 2.- Preparación de las “moneda pluma” (Fotos: William Davenport).

Su fabricación es muy sofisticada y requiere de tres tipos diferentes de especialistas, el primero se dedica a cazar con reclamos los pajarillos, atrayéndolos hacia ramas untadas con un látex pegajoso donde quedan atrapados, otros artesanos se dedican a fabricar placas donde van pegadas las plumas y un tercer grupo se encarga de ensamblar las 750 placas necesarias para construir el cinturón de moneda pluma. En total son necesarias más de trescientas aves y un total de seiscientas horas de trabajo artesanal para fabricar cada una de estas monedas(3).

A pesar de que las monedas pluma se guardan enrolladas y recubiertas de hojas en lugares secos para evitar su deterioro, con el tiempo van perdiendo el color y su valor disminuye. De esta forma el número de monedas en circulación se estabiliza y no se producen fenómenos inflacionarios que derivarían de un “exceso” de moneda circulante. La producción de nueva moneda viene limitada por la disponibilidad de aves cuyas plumas son necesarias para su fabricación y por el tiempo que necesitan cazadores y artesanos para fabricarla, mientras que la eliminación de la moneda vieja viene dada por el tiempo. Poco a poco esta frágil moneda acaba destruyéndose y desapareciendo en este clima tropical. De esta forma durante siglos se ha mantenido un equilibrio en la cantidad de moneda disponible, lo cual ha facilitado que su valor se haya mantenido sin experimentar grandes cambios. En la segunda mitad del siglo XX, la entrada de dinero convencional extranjero (moneda australiana) ha provocado un descenso en la fabricación de esta singular moneda.


Figura 3.- Desfile de las “monedas pluma” desde el poblado del novio hasta la casa de los padres de la novia. Se trata de exhibir las riquezas que se van ofrecer. A la derecha una imagen reciente de la ceremonia.

Uno de los usos que se da a estas monedas es para pagar el “dinero de la novia”, es decir la dote matrimonial que la familia del novio paga a los padres de la novia. Se reúnen ambas familias y en primer lugar se selecciona la “moneda pluma” más valiosa, es decir la que tiene colores más vivos. Encima de ésta se van apilando otras en valor decreciente hasta llegar a la décima que suele ser una moneda muy deteriorada y vieja. Cada una de estas monedas vale como dos de las que están inmediatamente encima, de forma que la moneda inferior equivale en valor a 512 de las situadas en el último lugar.

Así pues, existen en realidad monedas de diferentes valores (monedas fraccionarias) que permiten realizar numerosos y variados pagos. Estos objetos cumplen estrictamente las condiciones que debe tener una moneda: son un medio de acumular riqueza y constituyen un medio universal de intercambio en el variado comercio que tiene lugar entre las diferentes islas.

Otras  “monedas-pluma”.

En el  apartado anterior hemos abordado moneda-pluma más conocida de la Isla de Santa Cruz, (Pacífico Sur), sin embargo no es ésta la única moneda fabricada con tan delicados materiales, con las plumas rojas del  mismo pájaro (Myzomela cardinalis) se adornan unas varillas de madera que son también utilizadas como moneda en las Islas Salomón (Figura 5c), y también encontramos monedas elaboradas con plumas de avestruz o de otras aves (como el turaco violeta Musophaga violacea) en Nigeria o Sudáfrica.


Figura 4.- Myzomela cardinalis.

En zonas tropicales abundan las aves de llamativos colores, cuyas plumas han sido utilizadas como valiosos objetos de adorno desde la más remota antigüedad. Tal como ocurre con otros elementos, que comenzaron teniendo una función estrictamente decorativa, con el paso del tiempo evoluciona su uso, convirtiéndose de forma progresiva en objetos de prestigio, que acaban siendo utilizados como moneda (diversos tipos de conchas o collares de conchas, collares de dientes de perro, el “wampum” de los indios americanos, los variados brazaletes africanos, las pulseras y colgantes de concha tallada, etc... e incluso el mismo oro metálico, utilizado en un principio como adorno y que en época posterior se ha convertido en el patrón monetario universal). Mientras en algunos casos las “monedas” pierden su función ornamental, en otros la mantienen, y es en este caso cuando puede resultar complicado -y a veces objeto de controversia- asignarles una función monetaria o no. Mientras la moneda propiamente dicha constituye un medio comúnmente aceptado para pagar bienes y servicios, el trueque o intercambio afecta exclusivamente a las partes que lo practican. Donde podemos poner la frontera de lo ¿“comúnmente aceptado”?, ¿cuántas personas deben aceptarlo para considerar un determinado objeto como moneda?. El asunto se nos complica aún más cuando aparecen “monedas” que no tienen una estricta función económica, sino que sirven para establecer lazos y vínculos entre personas, clanes o poblaciones (el “kula”, el “moka kina”, el potlatch”, etc...) o son utilizadas con unos fines muy concretos (“moneda de la novia”, “moneda de sangre”, etc...).

Dentro de lo normalmente se ha considerado como “monedas primitivas” o “tradicionales”, aceptadas como tales en la bibliografía especializada (Quiggin, Einzig, Taxay, Víctoor, Opitz, Davies, etc...), encontramos varias “monedas pluma”.  Una de las más vistosas es la elaborada con las del Quetzal (Pharomacrus mocino), ave de gran porte y plumaje verdes, frecuente en las selvas tropicales de Mesoamérica (que aunque goza de protección oficial desde 1895, actualmente se encuentra en peligro de extinción).


Figura 5.- a: Detalle del Quetzal en el “Códice Mendoza”; b: Ejemplar disecado del Museo de América (Madrid); c: Moneda de un “quetzal” de Guatemala.

En las culturas azteca y maya, las plumas de este ave eran valiosos elementos utilizados como adorno y moneda, y  se obtenían tras abatir los pájaros con bolas de arcilla, aprovechando para arrancárselas el momento en que quedaban atontados. Tal como nos informa Fray Bartolomé de Las Casas: “En la provincia de Vera Paz, se castiga con la pena capital al que mata una de estas aves de ricas plumas, ya que no se puede encontrar en otros lugares, y estas plumas tienen un gran valor ya que se usan como moneda”. Es decir, matar uno de estos pájaros sagrados se consideraba un delito gravísimo. Entre los aztecas, los mantos de plumas de quetzal servían como moneda (la más hermosa del mundo según el investigador americano D. Taxay) y con uno de ellos podían adquirirse hasta cien canoas.

El códice Mendoza(4) nos ilustra sobre los impuestos pagados en forma de plumas de quetzal, y en la actualidad, éste es el nombre que recibe la unidad monetaria de Guatemala, en cuyos billetes aparece representada esta majestuosa ave, el símbolo más sagrado de los antiguos mayas y actualmente considerada como emblema nacional (Figura 5).

Además de estas singulares monedas americanas, todavía podemos encontrar numerosos ejemplos de “monedas pluma” en la Melanesia (Pacífico Sur), como varillas adornadas con plumas de numerosas especies tropicales que combinan todos los colores posibles y sirven también como elementos decorativos (Figura 6b), o las colas e incluso los pájaros enteros disecados de las espectaculares aves del paraíso que pueblan las selvas tropicales de las islas (Figura 6a).


Figura 6.- a: Ave del paraíso; b: Adornos de plumas usados como moneda; c: Adorno elaborado con plumas de Myzomela cardinalis (ejemplares del Museo Arqueológico Nacional de Madrid).

Las aves del paraíso pertenecen a la familia Paradisaeidae existiendo solamente 43 especies diferentes en todo el mundo, de las cuales 35 viven confinadas en Nueva Guinea. Fueron precisamente los españoles de la nao Victoria (de la expedición de Magallanes y Elcano en el siglo XVI) quienes las descubrieron, y las bautizaron así por su excepcional porte y belleza; de igual forma los nativos de las Molucas las denominan ”Bolong diuata”, es decir, “pájaros de los dioses”. Se trata de aves de tamaño mediano que viven entre 15 y 25 años,  cuyos machos –muy territoriales- al alcanzar la madurez sexual a los cinco años de edad, presentan unas espectaculares plumas (en comparación las hembras son mucho menos vistosas). Cada especie exhibe una danza nupcial característica y viven en los árboles más altos de la selva tropical, alimentándose de insectos, semillas y pequeños vertebrados.

Durante el siglo XIX cientos de miles de aves del paraíso fueron sacrificadas y sus valiosas plumas terminaron sirviendo de adorno en los sombreros de las puritanas damas inglesas de la época victoriana, de forma que estas maravillosas aves estuvieron a punto de desaparecer. Por este motivo las autoridades coloniales británicas prohibieron su caza en 1922.

En Papúa-Nueva Guinea, las aves del paraíso (consideradas como emblema nacional) aún son utilizadas como moneda hoy en día (su posesión está prohibida a los extranjeros). A veces se utiliza el animal entero toscamente disecado (Figura 6a), a veces las largas colas de los machos, o en ocasiones en forma de elaborados y vistosos sombreros que son utilizados en las ceremonias festivas.

En algunas zonas de Nueva Guinea, también se usan como moneda las plumas de casuar (Casuarius bennetti y C. unappendiculatus), grandes aves corredoras parecidas a las avestruces. Como ocurre con las aves del paraíso, también se utilizan las plumas de casuar para decorar otros objetos usados como moneda (sombreros ceremoniales, armas de piedra y hueso...).

Como hemos podido ver, la utilización de las “monedas-pluma” se da en zonas tropicales donde habitan aves de vistoso colorido. En España lo más próximo que encontramos es la utilización de gallinas como moneda para realizar pagos en el medio rural, si bien en este caso se trata más bien de un “alimento moneda”.


Notas:
(1) http://www.man.es/man/coleccion/catalogo-cronologico/numismatica/tevau.html
(2) Davenport, W., 1962. Red-Feather Money. Scientific American 206(3): 94-104. El profesor Davenport falleció el 12/III/2004, unos meses después de publicarse este artículo. Sirva esta contribución como un homenaje a su memoria.
(3) Cada artesano “firma” su obra con una figura geométrica en la parte central de la cinta por su cara interna, visible solamente cuando se desenrolla. Recientemente se ha publicado un listado de estas firmas: Denk, R. & R. Braun (2015). Handwerkermarken auf Federgeldrollen von Santa Cruz, Salomonen. Der Primitivgeldsammlet 36(2): 54-56 + 9 lám.
(4) El Códice Mendoza es un manuscrito conservado en la biblioteca de la Universidad de Oxford. Elaborado a requerimiento del Virrey Mendoza, por escribanos nativos (“tlacuilos”) poco después de la conquista, es uno de los manuscritos precolombinos más valiosos. Embarcado en 1542 con destino a España, el barco que lo transportaba fue atacado por piratas franceses, y acabó en manos de André Thevet, cosmógrafo del monarca francés Francisco I. Posteriormente fue adquirido por un coleccionista inglés y terminó en la Biblioteca de Oxford, donde se encuentra en la actualidad. El “Códice Mendoza” es un documento de gran valor etnográfico y económico, fue escrito en Méjico en 1541 y en su sección segunda (páginas 17 a 55) se relatan los tributos pagados por las diferentes poblaciones, entre los que destacan las plumas de quetzal.


domingo, 1 de noviembre de 2015

Monedas de piedra de la isla de Yap

Monedas de piedra de la isla de Yap. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 68(1211) (Octubre 2012): pp. 44-45.
Miguel Ibáñez Artica.

            Aunque el remoto archipiélago de las Carolinas en el Pacífico Sur, fue descubierto en 1526 por el explorador español Álvaro de Saavedra, no fue hasta 1686, cuando Francisco de Lezcano arribó a la isla de Yap, y lo bautizó con el nombre de “Las Carolinas”, en honor al rey Carlos II. Durante más de dos siglos, las islas estuvieron incorporadas, al menos teóricamente, a la corona española, hasta que su conservación no tuvo sentido, tras la derrota contra Estados Unidos y la pérdida de las Islas Filipinas, siendo vendidas a Alemania en 1899 –junto con las Marianas y Palaos- por veinticinco millones de pesetas (Figura 1).


Figura 1.- Publicidad alemana de comienzos del siglo XX y grabado en madera mostrando el proceso de transporte de las piedras.

            Dentro de este archipiélago encontramos la isla de Yap, uno de los cuatro Estados Federados de Micronesia, independiente desde 1985, con una extensión de unos cien kilómetros cuadrados y poco más de seis mil habitantes, que a pesar de su pequeño tamaño es mundialmente famoso por poseer las “monedas” más grandes y pesadas del Planeta (Figura 2).


Figura 2.- Fotografía de 1880 y grabado de la misma época mostrando las piedras-moneda de Yap.

Estos gigantescos discos de piedra, con un orificio central para facilitar su transporte, han constituido un tradicional tipo monetarios utilizado por los habitantes de Yap como símbolo de riqueza, y como moneda importante de uso específico (p. ej. como dote matrimonial, herencia, o para sellar la amistad entre dos grupos vecinos), aunque también, los ejemplares más pequeños se han utilizado como moneda económica para pagar equipos de pesca, canoas, cerdos, fiestas y danzas. Además de estas monedas monumentales, se utilizan monedas-concha fabricadas con madreperlas (yar) o con espóndilos importados (gau). En la actualidad, se sigue empleando el tabaco y los “lava lava”, por parte de los habitantes de las islas cercanas, para adquirir medicinas, arroz y otros alimentos, o al realizar gestiones administrativas en Yap. 

Las grandes monedas de piedra, de hasta 4,5 metros de diámetro conocidas como “rai” o “fei” en Yap, se extraían en la vecina isla de Palau donde recibían el nombre de “balang”, transportandose en frágiles canoas, o posteriormente en embarcaciones comerciales europeas, a distancias de más de 400 Km. Las referencias más antiguas al uso de esta singular moneda datan de los informes del capitán Andrew Cheyne en 1852, personaje que vivió en Palau, comerciando en la zona entre los años 1841 y 1844. En 1871, todavía bajo la dependencia española, el capitán americano David Dean O´Keefe naufragó en Yap(1), y utilizando un antiguo junco chino se dedicó a transportar a los trabajadores de las canteras de Yap a Palau, y las piedras talladas en sentido inverso, cobrando el transporte en copra (pulpa de coco desecada) y holoturias (equinodermos marinos), que enviaba a los puertos asiáticos donde dichos productos tenían gran demanda, obteniendo así pingües beneficios. De esta forma se intensificó la producción y hacia 1880 unas 400 personas de Yap trabajaban “fabricando moneda” en las canteras de Palau. La introducción de herramientas metálicas y la utilización de modernos sistemas de transporte, trajo consigo  una inevitable “depreciación” de la moneda, que dejó de producirse en cantidad a finales del siglo XIX, si bien la última de la que se tiene constancia fue fabricada en 1931 y llevada a Yap el años siguiente, siendo destruida por los japoneses durante la guerra.


Figura 3.- a: Danza ritual a comienzos del s. XX; b: Escena de la película “His Majesty O’Keefe” donde se muestra el proceso de fabricación de las piedras; c: Transporte de las piedras en el festival del año 2011.

De esta forma al comienzo de la segunda Guerra Mundial se contabilizaban 13.281 discos de piedra en Yap, cifra que disminuyó drásticamente en el transcurso de la contienda, quedando reducida a menos de la mitad (unos 6.000) en la actualidad. El valor de dichas “monedas” depende de su tamaño y de los riesgos padecidos en su traslado, así una pieza de menor tamaño puede tener mayor valor si en su transporte falleció alguna persona.

En 1988 se inició un proyecto de investigación de la Universidad de Oregón (USA) en colaboración con las instituciones locales, con el fin de establecer la antigüedad de las canteras de aragonito -mineral de carbonato cálcico-, de Palau de donde se extraían dichas monedas de piedra, y entre 1999 y el 2000 se hallaron 15 discos en diferentes estados de elaboración, asociados a restos cerámicos, conchas y huesos, con una antigüedad de unos 400 años, lo que coincide con las tradiciones orales sobre el momento de introducción de este singular tipo monetario, es decir más de dos siglos antes del contacto efectivo con los occidentales.

            Actualmente, las monedas de piedra constituyen el símbolo nacional de identidad de la Isla, y son un elemento esencial de atractivo turístico. Las mayores que se conservan alcanzan un diámetro de más de cuatro metros superando las cinco toneladas de peso. Todavía cambian de dueño durante algunas transacciones sociales, como herencias o matrimonios, pero aunque su propietario cambie, la piedra se mantiene siempre en el mismo lugar.

Notas:

(1) La aventura del capitán  O´Keefe en la isla de Yap, interpretado por el actor Burt Lancaster, fue llevada al cine en la película “Su majestad de los Mares del Sur” (1958).

Bibliografía:

Fitzpatrik, S.M., 2002. A Radiocarbon Chronology of Yapese Stone Money Quarries in Palau. Micronesica 34(2): pp. 227-242.
Gilliand, C.L.C., 1975. The Stone Money of Yap: A Numismatic Survey. Smithsonian Studies in History and Technology. 23: 75 pp.
Kuwahara S. 1999. Tourism, tradicional culture and autonomy in a small island: Yap faces a new Millennium. Koroshima Univ. Rech. Cent. Pacific Islands. Occ. Pap. 34: pp, 15-24.

Lautz, T., 2004. The Wold’s most curious Money?. 11th Annual Meeting of the Int. Com. Money and Banking Museums ICOMON. Seul: pp. 105-127.

viernes, 16 de octubre de 2015

Monedas humanas, los esclavos como moneda.

Monedas humanas, los esclavos como moneda. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 66(1186) (Junio 2010): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.






            La esclavitud como institución, se remonta a los orígenes de la humanidad, así figura en los textos más antiguos como la Biblia, o el Código de Hammurabi (1760 a.C.). Por ejemplo José es vendido por sus hermanos por veinte monedas de plata (Génesis 37: 25-28), o los hebreos son esclavizados en Egipto y liberados por Moisés, quien había nacido esclavo (Figura 1).


Figura 1.- Venta de esclavos, obra del pintor Jean-Léon Gérôme (hacia 1867).

            En las culturas mediterráneas, existían tres motivos por los que las personas libres se convertían en esclavos, al ser capturadas como botín de guerra, como castigo a algún crimen cometido, o por deudas, y la mayor parte de estos esclavos eran utilizados en labores agrícolas, domésticas, o en la construcción de infraestructuras, templos o monumentos, de forma que en algunas culturas el porcentaje de población esclavizada podía ser muy elevado. En la antigua Atenas los esclavos alcanzaban un 30% de la población total, cifras similares a las que posteriormente se dieron en el imperio romano, incluso mayores en las zonas agrícolas del norte de África, sur de la Península Ibérica y oeste de Anatolia.

            Los turbulentos inicios de la Edad Media en Europa facilitaron la obtención de cautivos, que constituían un lucrativo negocio para vikingos y musulmanes, el mismo San Patricio fue capturado y vendido como esclavo. Las leyes visigodas castigaban con la esclavitud a aquellos que no pudieran pagar las multas impuestas por crímenes cometidos, y se calcula que en época carolingia, aproximadamente un 20 por ciento de la población eran esclavos. La Iglesia admitía la esclavitud, pero en repetidas ocasiones prohibió la venta de esclavos cristianos en territorios no cristianizados. En1452, el Papa Nicolás V garantizaba los derechos de Alfonso V de Portugal a esclavizar a los sarracenos y paganos capturados y a sus descendientes, legitimando el posterior tráfico de esclavos y el depredador colonialismo europeo de los siguientes siglos. En la abundante documentación referida a los esclavos en las colonias del Nuevo Mundo, no es raro que sean utilizados como regalo, en dotes matrimoniales o para pagar ciertas deudas económicas, sin embargo no podemos certificar en este caso su estricta utilización monetaria.

            La moneda se define como una unidad de valor, medio de cambio, forma de acumulación del valor y medio de pago diferido, y si frecuentemente se han empleado cabezas de ganado como moneda (recordemos la etimología de la palabra “capital”) ¿por qué no iban a utilizarse los esclavos con este fin? (Figura 2).


Figura 2.- Documento de venta de esclavos, donde se definen como “alma en boca y huesos en costal”.
            Posiblemente los esclavos hayan sido considerados como moneda en varias regiones y culturas a lo largo de la historia de la Humanidad, pero donde este hecho queda perfectamente acreditado de forma documental es en África, durante el siglo XIX. El califato de Sokoto se fundó en Nigeria hacia 1800. Establecido al principio en la región de la etnia Fulani, fue ampliándose hasta ocupar los actuales territorios de Burkina Faso y Camerún convirtiéndose en un extenso y poderoso estado musulmán, que prosperó durante todo el siglo XIX, hasta ser ocupado y repartido, en el proceso de colonización, entre Francia y Gran Bretaña a comienzos del siglo XX.

Durante esta época, la moneda utilizada en la región eran las conchas del cauri Monetaria moneta, pero la masiva importación de grandes cantidades de Monetaria annulus, produjo en el s. XIX una fuerte depreciación de su valor, de forma que un penique inglés equivalía a 125 cauris. Los comerciantes debían transportar grandes cantidades de cauris en camellos y recorrer largas distancias. Unos 400.000 cauris pesaban entre media y una tonelada, según la proporción de conchas de las especies Monetaria moneta y M. annulus, esta última de tamaño más pequeño. Este hecho obligaba a llevar un cierto número de porteadores, que se ocuparan del transporte de los cauris necesarios para las transacciones comerciales realizadas entre las distintas zonas del califato, elevando considerablemente los costes.


Figura 3.- Mercado de esclavos en Zanzibar. Grabado de Emile Antoine Bayard, publicado en 1878 en la revista “The World in the Hands”.

            Aunque en la región se utilizaba también una moneda fuerte, el Thaler de Maria Teresa de Austria  (cinco monedas equivalían a una libra esterlina), así como algunos antiguos reales de a ocho españoles, no resultaban suficientes para cubrir las necesidades del próspero comercio del califato, así que la solución al problema surgió de forma espontánea, en un país donde se utilizaban los esclavos en abundancia y cada uno equivalía en valor a 50.000 cauris. Los esclavos tenían la ventaja de que se autotransportaban, abaratando notablemente los gastos de desplazamiento, de forma que la devaluación del cauri revalorizó el papel de los esclavos como moneda fuerte (Figura 3). Las ventajas eran evidentes, por ejemplo el emirato de Karsina pagaba anualmente un tributo de 100 esclavos, cuyo valor equivalía a 20 toneladas de cauris, que hubieran necesitado 500 personas para su transporte. Con la llegada de los colonizadores europeos se produjo la abolición de la esclavitud, con una gran reticencia de los nativos, dado que formaban una parte imprescindible de su sistema económico tradicional (Figura 4). Algunos informes de compañías británicas y numerosos testimonios de la época acreditan que la segunda moneda en importancia, después del cauri, eran los esclavos. La introducción del numerario occidental (monedas de oro y plata) minimizó parcialmente el problema de la carencia de una moneda fuerte.


Figura 4.- Medallas o tokens en contra de la esclavitud (finales del s. XVIII) y conmemorativo de la ley abolicionista de 1807.



Bibliografía:


Hogendorn, J., 1999. Slaves as Money in the Sokoto Caliphate. En: Credit, Currencies and Culture: African financial institutions in Historial perspective. Ed. E. Stiansen & J.I. Guyer. Uppsala. Nordiska Afrikainstitutet, 174 pp.: 55-71 pp.

jueves, 1 de octubre de 2015

El origen de las Columnas de Hércules en las monedas.

El origen de las Columnas de Hércules en las monedas.
Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 68(1204) (Febrero 2012): pp. 42-43.

Miguel Ibáñez Artica

Una de las monedas españolas más difundidas en el Planeta ha sido la pieza de ocho reales de plata o “duro”, y aunque las primeras monedas de este tipo figuran a nombre de los Reyes Católicos, en realidad comenzaron a fabricarse en tiempos de Carlos I.  Respecto a las monedas emitidas en el Nuevo Mundo, nueve años después de fundarse la Casa de Moneda de Méjico, el 6 de junio de 1544 el Emperador remitía una provisión señalando las características que debían tener los reales de a ocho: “De una parte castillos y leones con la granada, e de la otra parte las dos columnas, estrellas e un retulo que diga PLUS ULTRA, que es la divisa de mi el Rey”. Estas monedas se han descubierto recientemente en el pecio de un navío español hundido en aguas del Caribe hacia 1550(1) (Figura 1a).

Figura 1.-
a: Las columnas de Hércules en el primer Real de a 8 mejicano, a nombre de Carlos y Juana.
b: Símbolo del dólar, inspirado en la banderola que rodea a la columna de los columnarios españoles.

Las nuevas monedas, inspiradas en los “táleros” acuñados desde 1486 en el Tirol y 1519 en Bohemia(2), se convirtieron en la moneda americana y universal por excelencia, de forma que cuando el congreso de los Estados Unidos creó la moneda nacional, el dólar, lo equiparó en valor al duro de plata español, con la denominación de “spanish dolar” o “pillar dolar”, debido a que en la moneda española figuraban las columnas de Hércules. Estas monedas hispanas coloniales tuvieron curso legal en Estados Unidos hasta 1857, e incluso el conocido símbolo universal del dólar derivó de una simplificación de la columna, rodeada por una banderola serpentiforme, donde figura la divisa “Plus Ultra” (Figura 1b).

Remontándonos a los orígenes de la representación de dicha figura en las monedas, la imagen de las Columnas de Hércules surge en 1516-1617 como un símbolo personal y heroico del futuro Emperador, y algo más tarde, hacia 1535, adquieren un significado geopolítico convirtiéndose en una metáfora de la proyección del imperio español hacia el Nuevo Mundo. En la celebración del 15 cumpleaños de Carlos V, el 6 de enero de 1515, no aparecen todavía las columnas, solamente se representa un gran león portando en una mano el fuego y en la otra la piedra de pedernal, emblemas familiares de la casa de Burgundia. También en un jetón de 1515 con leyenda KAROLUS PRINCEPS HISPANIARUM aparece la figura del león.

            Las columnas se diseñaron en verano de 1516 para el decimoctavo capítulo de la orden del Vellocinio de Oro que se celebró en Bruselas en octubre de 1516, presidido por vez primera por el joven Carlos como soberano. Siguiendo la costumbre de Burgundia de que el Maestro de la orden dispusiera de una divisa personal, el milanés Luigi Marliano, físico de la corte de los duques de Milán, y al servicio del príncipe Carlos desde 1512, diseñó el emblema de las columnas con la finalidad de ser utilizado como divisa por el nuevo Maestro, al principio acompañado de la leyenda “Plus Oultre”, que a finales del año siguiente se transformaría definitivamente en “Plus Ultra”. Las columnas comienzan a aparecer en los jetones en 1518 (Figura 2a), y en un principio representan a los imperios Español y de los Habsburgo, como garantes de la Orden del Vellocinio de oro, nombre que rememora la mitológica aventura de Jason, que recupera el reino usurpado por su tío, de la misma forma en que los reyes de la Orden pretenden recuperar los Santos Lugares a los turcos.


Figura 2.-
            a: Jetón de 1518 con la representación de las columnas.
            b: Jetón de 1547 con las columnas y leyenda PLVS OVLTRE.

La utilización de elementos alusivos a la mitología greco-romana encaja muy bien con las tendencias renacentistas de la época. En la corte de Flandes existía un gran interés por las representaciones de Hércules, como lo reflejan los tapices de mediados del s. XV, e incluso se llegaba a escribir que los duques descendían directamente del héroe griego, y hasta que su nieto Hispanus había fundado la línea real española. Además la Casa de Austria tambíen reclamaba a Hercules como antepasado, de forma que Carlos I como heredero de Burgundia, Castilla y Austria podía atribuirse la ascendencia de Hércules por partida triple.

Las columnas de Hércules no fueron representadas solamente en las valiosas monedas de plata, uno de los lugares donde se introdujo la nueva divisa en las monedas más humildes fue el reino de Navarra, que paradójicamente seguía emitiendo monedas de oro y plata a nombre de Fernando el Católico. La primera emisión de estos cornados presenta en el anverso la leyenda horizontal PLVS VLT (con distintas variantes y separación por las columnas en formas diferentes: PL-VS-VL; PL-SVL-T...). Una segunda emisión, presenta la leyenda circular, rota ahora por la corona que supera las columnas, y entre ellas una gran letra P. La leyenda unas veces comienza en el extremo superior de la columna derecha y en otros casos en el inferior de la columna de la izda. El reverso de estos tipos monetarios presenta una letra N sin coronar, generalmente franqueada de equis o círculos, dentro de una gráfila de puntos, y con la tradicional leyenda exterior SIT NOMEN DOMIN. Probablemente estas emisiones, iniciadas en tiempos del monarca Carlos I, se prolongaron durante los primeros años del reinado de Felipe II, hasta que en la cortes de Sangüesa de 1561 se solicita al rey “que en los cornados que se batiesen de aquí en adelante en este Reino, en la parte de las columnas se ponga como antiguamente una Cruz, y de la otra parte una N y encima de ella una corona (3).

            La representación de las columnas con la leyenda “Plus Ultra”, fue imitada también en algunos jetones franceses de Carlos IX (1560-1574), donde por una cara aparece la figura del monarca entre las columnas, y en la otra las columnas rematadas por una corona, con una banderola que porta también la leyenda “Plus Ultra” y las tres flores de lis símbolo de la dinastía gala (Fig. 3b1), o incluso podemos ver la figura de Hércules transportando las columnas (Fig. 3b2). Esta curiosas representaciones pueden estar relacionada con las pretensiones del rey de Francia a ceñir la corona de emperador tras su matrimonio en 1570 con Isabel de Austria, hija del emperador Maximiliano y María de España.


Figura 3.- Las columnas de Hércules en un jetón de Carlos V de 1522 (Monetario del Museo de la Casa de Moneda de Madrid nº 51180) y en otros dos de Carlos IX de Francia (1560-1574).


Notas pie de página:

(1)  Ver artículo: Dos monedas “record” del año 2006. Eco Filatélico y Numismático (Enero, 2007): pp. 50-51.
(2) Las monedas acuñadas por el conde de Schlick se denominaron en un principio “joachimsthaler”, por su origen en el Valle de San Joaquín (en alemán, valle= tal), luego el término se abrevió a “taler”, del que deriva la palabra dólar.
(3) Ver artículo: Cornados navarros del siglo XVI. Eco Filatélico y Numismático (Abril, 2002): pp. 42-43.

Bibliografía:

Rosenthal, E.E., 1973. The Invention of the Columnar Device of Emperor Charles V at the Court of Burgundy in Flanders in 1516. Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, Vol. 36: pp. 198-230.



martes, 15 de septiembre de 2015

Follis de Constantino I (s. IV d.C.) reacuñado y reutilizado como moneda en el siglo XVII.

Follis de Constantino I (s. IV d.C.) reacuñado y reutilizado como moneda en el siglo XVII. Traducción del artículo: Follis de Constantin Ier (IVe s.), surfrappée et réutilisé comme monnaie au XVIIe s. Bulletin de la Société Française de Numismatique. 1997, 52(9): pp. 196-198. (Figura 4)

Miguel Ibáñez Artica.

La cronología de las monedas que ocasionalmente aparecen en hallazgos arqueológicos contextualizados en las Edades Media y Moderna, a menudo no se corresponden con las fechas en que las piezas en cuestión fueron depositadas. Encontramos a veces  monedas con más de dos siglos de antigüedad que todavía están en circulación (1).

La utilización o reutilización de monedas antiguas parece ser un hecho habitual durante épocas con escasez de numerario (2), y un caso extremo de este fenómeno es la moneda  que pasaremos a describir (Figura 1).


Figura 1.- a: “Follis” de Constantino I; b: “Sou” de Carlos II; c: Moneda híbrida.

Características de la moneda original:
Módulo: 20 mm; peso: 3,02 g; espesor: 1,1 mm
Anverso: Busto a la derecha. Leyenda: CONSTAN TINVSAUG.
Reverso: DNCONSTANTIN(IMAXAVG). Corona de laurel, dentro: VOT XX(?) o VOT XXX(?) en dos líneas. Exergo no identificable.
No puede identificarse la marca de taller, que puede corresponder a varias localidades, dado que este tipo monetario se acuñó en Trèves, Arlés, Roma, Aquileia, Siscia, Tesalónica y Heraclea (RIC VII).

El resello presenta las siguientes características: sobre la efigie de Constantino I hay un nuevo busto, también a la derecha, con una corona radiada y con un seis delante. No se aprecia la leyenda. En el reverso, castillo de tres torres sobre línea, rodeado de un reborde de puntos. Puede distinguirse la leyenda (VNIVER)EBV(SI.DNS).II. Se trata de un “sou” (sueldo) ibicenco de Carlos II de España (1665-1700) (Figura 2). Esta emisión se corresponde con el tipo 9-10 de Crusafont (1996).


Figura 2.- Reconstrucción de las dos monedas superpuestas.

Existe documentación sobre esta reacuñación (Figura 3). El gobernador de la isla, Juan de Bayarte, informa en 1690 que de las cinco emisiones realizadas, una se ha hecho utilizando como cospeles monedas de Constantino encontradas en un campo (Botet, 1913, Crusafont, op. cit.).


Figura 3.- Documento donde se especifica que una de las emisiones de sueldos ibicencos  a nombre de Carlos II, se realizó utilizando como cospeles “una cantidad de monedas del emperador Constantino, las cuales se hallaron, arando en un campo, dentro de un baso de tierra”. (Archivo de la Corona de Aragón).

Las monedas reacuñadas conservan muchas de las características de las piezas originales, que permanecen visibles, pero también podemos pensar que en muchos otros casos, lo más habitual sería fundir las piezas para obtener el metal, o simplemente poner de nuevo en circulación las monedas procedentes de los hallazgos fortuitos (3).

Notas:

(1) Por ejemplo, en las excavaciones realizadas en la población medieval de Rada (Navarra), arrasada en 1455, y que no fue posteriormente reconstruida (por mandato expreso del monarca Juan II de Aragón y Navarra), se han encontrado en una habitación que hacía las funciones de cantina, fichas de juego y monedas de diversos orígenes, las más antiguas de Jaime I de Aragón (1213-1276), acuñadas dos siglos antes del momento de destrucción de la villa. Como el pavimento de la estancia es de piedra lisa, no cabe la opción de que las monedas se deslizaran entre las tarimas y quedaran allí olvidadas desde tiempos atrás (Tabar & Ibáñez, 1994).

(2) Se han descrito monedas del siglo IV reacuñadas sobre monedas más antiguas (Brenot & Rogers, 1978; RIC VIII; Schmitt, 1992).

(3) Esto podría explicar la presencia de algunas monedas romanas en contextos medievales o modernos. Por ejemplo en las excavaciones de Oyarzun (Guipúzcoa, España) (Guereñu et al., 1996) se ha encontrado una única pieza de Constantino I entre más de 900 ejemplares de monedas medievales y modernas (siglos XIII-XVIII) utilizadas como “óbolo de Caronte”.

Bibliografía:

Brenot, C. & G. Rogers, 1978. Trois nummi constantiniens surfrapées sur deux pièces de Licinius. BSFN, 33-09, pp. 436-437.

Botet i Siso, J., 1913. Monedas d’Ibiça. Bol. R. Acad. Buenas Letras de Barcelona, 49, pp. 1-22.

Bruun, P.M., 1966 (RIC VII). The Roman Imperial Coinage. Vol. VII: Constantine and Licinius A.D. 313-337, Londres.

Crusafont, M., 1996. Las monedas de Ibiza desde Carlos I al 1887. Gac. Numism. 121, pp. 11-36.

Guereñu, M., M.M. López & M. Ibáñez, 1996. Hallazgo monetario de Oiartzun (Guipúzcoa): Datos preliminares. Gac. Numism. 122, pp. 61-68.

Kent, J.P.C., 1981 (RIC VIII). The Roman Imperial Coinage. Vol. VIII: The family of Constantine I A.D. 337-364. Londres.

Tabar, M.I. & M. Ibáñez, 1994. Hallazgos monetarios en el desolado de Rada (Navarra). Gac. Numism. 114, pp. 67-74.




Figura 4.- Artículo original.


sábado, 5 de septiembre de 2015

Un jetón de la reina de Aragón Germana de Foix.

Un jetón de la reina de Aragón Germana de Foix. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 70(1230) (Junio 2014): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Denominamos “jetones” a los objetos monetiformes que presentan una finalidad contable y eran utilizados sobre una mesa, para realizar las cuentas aritméticas antes de popularizarse en matemáticas los números arábigos. A comienzos del siglo XVI, en tiempos del emperador Carlos V, estos objetos fueron introducidos en España desde los Países Bajos, castellanizando su nombre francés en el término “gitón”.

            Sin embargo, desde finales del siglo XIII y hasta las postrimerías del XV se habían acuñado numerosos jetones que llevan el escudo de Navarra por influencia francesa. Se considera que los primeros jetones se acuñaron en Francia a comienzos del siglo trece a imitación de los “quarterouli” lombardos. En una primera fase eran anepígrafos, presentando imágenes alusivas a la administración para la que habían sido fabricados: un escudo con dos barras horizontales para la cámara de comptos reales; balanza de dos platos para la cámara de las monedas; una llave para la cámara del tesoro real; un rastrillo para los establos y perreras reales; un ciervo para los servicios de caza, etc… Se reponían semestralmente en juegos de un centenar de piezas, que eran entregados a los diferentes servicios de la casa real. Uno de los primeros jetones conocidos presenta la imagen de un castillo en el reverso, y ha sido atribuido a Blanca de Castilla (1200-1252), esposa de Luis VIII de Francia. 

             A comienzos del siglo catorce surgieron, de forma complementaria, los primeros jetones con leyenda acuñados para las distintas administraciones, y que reproducen los tipos de las monedas de oro o plata más comunes (reales, escudos, “agnels”, gruesos, gruesos...). Aunque los textos que aparecen en las leyendas suelen ser de tipo religioso, frecuentemente despejan cualquier duda sobre la autenticidad de estas piezas como monedas: "jetones de latón, falsos somos como el limón", "soy de latón para ser usado como jetón", "yo soy de latón, no soy de oro fino", “no soy un auténtico agnel de oro”, “soy falso y de mala naturaleza”, etc... (1)  

            Un personaje muy poco conocido en la Historia de España es Germana de Foix (Figura 1), que con 18 años contrajo matrimonio con Fernando II de Aragón el 19 de octubre de 1505, quien a sus 53 años de edad había enviudado hacía menos de un año de Isabel la Católica. El matrimonio se celebró según lo acordado en Blois con Luís XII de Francia, de forma que el monarca galo cedió a su sobrina Germana los derechos dinásticos del reino de Nápoles, concediéndole  también el título de reina de Jerusalén, a cambio de lo cual Fernando se comprometía a nombrar heredero al posible hijo del matrimonio. Este compromiso levantó las iras de los nobles castellanos, que lo vieron como una maniobra de Fernando el Católico para impedir que Felipe el Hermoso y Juana heredasen la Corona de Aragón. La reacción no se hizo esperar y en 1505 Juana acuñó jetones con la leyenda “LA+ROINE+DE+CASTILLE+ DE+LEON+ET+DE+GRANAD”, siendo proclamado un año más tarde Felipe como rey de Castilla en las Cortes de Valladolid con el nombre de Felipe I, retirándose Fernando a sus territorios de Aragón. En ese momento Felipe se proclamó en los jetones como rey de Castilla: “+PHS.DEI-GRA.REX”, con el escudo coronado cuartelado con las armas de Felipe y Juana. En septiembre de 1506 moría prematuramente Felipe el Hermoso, y en 1509 nacía el único hijo de Fernando y Germana, que falleció a las pocas horas, y que de haber sobrevivido hubiera cambiado sustancialmente el curso de la historia.


Figura 1.- Retrato de Germana de Foix.

            En esta época, también Germana mandó acuñar siguiendo la tradición francesa, jetones con sus armas. Este tipo ya fue descrito parcialmente por Feuardent en 1907(2), pero ha permanecido prácticamente desconocido hasta la fecha. Los jetones acuñados (Figura 2) presentan en el anverso la leyenda “POVR LA ROYNE DARRAGON” y su escudo franqueado por las iniciales góticas coronadas “F” (de Fernando) y “G” (de Germana). En el reverso una cruz arqueada rematada por florones, con un rombo inscrito en su interior, y la leyenda “GARDEZ VOVS DE MESCONTER” (Guardaros de cometer errores en los cálculos).


Figura 2.- Jetón de cobre de  Germana de Foix como reina de Aragón (29,5 mm.: 4,7 g.).

            Resalta la espectacularidad del escudo que recoge tanto las posesiones de Fernando (en la parte izquierda): cuartelado de Castilla/León y Aragón/Sicilia, con una granada en la parte inferior, como los de Germana (en la parte derecha): Jerusalén, Navarra y Foix; debajo: Bearne y Evreux, con un escudete sobrepuesto con las armas de Bigorre (Figura 3).


Figura 3.- Escudos de Germana de Foix, como reina consorte de Fernando el Católico y tras su segundo matrimonio. (Fuente : Wikipedia).

            Tras el fallecimiento de Fernando en 1516, se le asignó a la reina viuda una renta anual de cincuenta mil florines de oro, y en 1517 recibió la autorización para acuñar jetones de plata en la ceca del Louvre en París, jetones que por ahora son desconocidos. Ese mismo año conoce a su nietastro Carlos I, y entre ambos se produce una relación algo más que amistosa, de la que es fruto una hija, la infanta Isabel. Tras un corto matrimonio con un noble del séquito personal de Carlos I, contrae por tercera vez esponsales con Fernando de Aragón, duque de Calabria (Figura 3), y ambos son nombrados en 1523 virreyes y lugartenientes generales de Valencia, donde ejercieron un gobierno autoritario. Germana murió en Liria en 1538, siendo enterrada en el Monasterio de San Miguel de los Reyes.

Notas:

(1)Los jetones medievales de Navarra han sido objeto de una reciente publicación del Gobierno de Navarra que puede consultarse en forma gratuita en la página web:
 http://www.navarra.es/NR/rdonlyres/A5B3EB05-A36A-4EFE-AA09-E65757B292C3  /270956/TAN251.pdf 


(2)FEUARDENT, F., 1907, Collection Feuardent; Jetons et méreaux depuis Louis IX jusqu’à la fin du consulat de Bonaparte (2º vol.)