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lunes, 1 de junio de 2026

Objetivos y limitaciones en una exposición monetaria temporal.

 

Objetivos y limitaciones en una exposición monetaria temporal. Artículo publicado en: Gaceta Numismática (2003) nº 149: pp. 39-48.

Miguel Ibáñez Artica

 












 


















Catálogo de la Exposición en pdf:

https://www.fundacioncajanavarra.es/cultura-y-educacion/archivo/la-moneda-en-navarra.pdf


miércoles, 1 de abril de 2026

El cincuentín navarro de 1652

 

El cincuentín navarro de 1652. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 58 (1097) (Mayo, 2002): pp. 44-45.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

Recientemente (en 2002) ha sido puesto a la venta en la casa “Numismatica Ars Classica” de Zurich (Suiza) un cincuentín navarro, por este motivo merece la pena realizar algún comentario sobre esta singular y rara moneda.

Las mayoría de las emisiones navarras en plata de Felipe IV se realizaron en 1651 y 1652, a partir de las monedas faltas de peso de ocho y cuatro reales de Perú, retiradas de la circulación a finales de 1650  (Archivo General de Navarra. Sección de Moneda, pesos y medidas, Legajo 1º, carpeta 15).

Las emisiones de 1651, 1652 y 1653 llevaban la leyenda “Castelle et Navarre”, lo cual provocó una encendida protesta de las Cortes del Reino de Navarra, que solicitaron la supresión del término “Castilla” en las leyenda monetales, así como que figurase tan sólo “Navarre Rex” en las monedas acuñadas en Pamplona (Nov. Recopilacion (1735) Lib. V, tít. VI, Ley XII). Las protestas fueron tenidas en cuenta, y se recogieron posteriormente en las emisiones de 1658 y 1659, donde ya no aparece ninguna alusión al reino de Castilla. De hecho, en las monedas de oro (ocho escudos) y plata (cincuentín) de 1652 ya aparece la nueva leyenda “Navarre Rex”, y el cuño de la pieza de ocho reales de 1653 con la leyenda antigua, que se conserva en el Museo de Navarra, se encuentra sin usar, no conociéndose ninguna moneda con esta fecha. Posiblemente a pesar de estar ya el cuño preparado (probablemente los correspondientes a los años 1651, 1652 y 1653 se fabricaron a la vez, a finales de 1650 o en 1651), no se llegó a utilizar, al modificarse la leyenda de las monedas durante el año 1652. Por el contrario durante 1652 siguieron acuñándose con la leyenda antigua (Castelle et Navarre) monedas de medio, uno, dos y cuatro reales de plata.

Figura 1.- Cincuentín navarro conservado en el Museo de Navarra.

 

En algún momento indeterminado del año 1652 se acuñan en Navarra las monedas más espectaculares de toda su historia, las piezas de ocho y cuatro escudos de oro,  y la de cincuenta reales de plata o cincuentín. Si bien las dos primeras no llevan año de emisión, y no se ha encontrado de momento ninguna referencia documental al año de su fabricación, bien podemos situarlas en torno a esta época.

Con respecto al cincuentín, el ejemplar ofertado recientemente en Suiza es el mismo que se vendió el 30 de abril de 1981 en una subasta de la madrileña casa Numinter, y en el catálogo de la firma helvética (nº 22 de marzo del 2002), se aportan interesantes datos sobre la composición metalográfica del cincuentín navarro, que presenta una pureza en plata de más del 95%. Con respecto al método utilizado para la fabricación de esta singular pieza, se ha sugerido repetidamente que dada la imposibilidad de disponer en la ceca de Pamplona de una técnica que permitiera la acuñación de estas grandes monedas (técnica que existía en la casa de moneda de Segovia donde se emitieron la mayor parte de cincuentines) la fabricación del mismo se hizo por fundición, utilizando como moldes los cuños. Sin embargo, en el cincuentín que se conserva en las colecciones del Museo de Navarra, y que proviene del antiguo monetario de la Catedral de Pamplona, se observan claras señales de “repintado” es decir de doble acuñación. Por lo que podemos suponer que estas piezas en realidad se acuñaron, sobre cospeles fabricados por fundición y probablemente fuertemente recalentados para aumentar su maleabilidad y facilitar así su acuñación.

Figura 2.- Cuño de anverso del cincuentín, conservado en el Museo de Navarra.

 

Tal como se puede observar en la pieza conservada en el Museo de Navarra, con posterioridad a la acuñación, las letras fueron retocadas manualmente con el fin de conseguir una estilización y una mejor presentación, retoque que no se hizo en la moneda puesta a la venta recientemente.

Desconocemos por completo las circunstancias y número de piezas fabricadas en Pamplona del singular cincuentín navarro, es de suponer que este tipo de monedas en la práctica no llegaron a circular como moneda, sino que fueron utilizadas para obsequios a personajes importantes, cumpliendo una función más medallística que numismática, si bien se trata de verdaderas monedas, cuando menos desde la perspectiva teórica. Hay que suponer por tanto una corta emisión, y un tratamiento artesanal e individualizado para cada una de las piezas fabricadas.

 

Artículo original:





miércoles, 1 de mayo de 2024

El tesoro Ibero-Romano de Ablitas (Navarra).

 

El tesoro Ibero-Romano de Ablitas (Navarra).  Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 79 (1333) (Noviembre, 2023): pp. 45-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

 

            Hace aproximadamente un siglo, se produjo un importante hallazgo de monedas de bronce ibero-romanas en la localidad de Ablitas, en el sur de Navarra (Fig. 1). Se desconocen las circunstancias concretas del descubrimiento, y desgraciadamente las monedas se dispersaron antes de ser estudiadas. Por suerte, un centenar de ellas fueron recogidas por la institución “Príncipe de Viana” de la Diputación Foral de Navarra, y pudieron ser analizadas por el numismático Felipe Mateu y Llopis quien las publicó en 1945.

            Estas monedas se incorporaron al monetario del Museo de Navarra cuando se creó dicha institución en 1956, pero al agruparse los fondos, las monedas se incorporaron a las piezas ya existentes, clasificadas por cecas, de forma que no se conservó la información sobre su origen, y en la actualidad se encuentran mezcladas con otras monedas.

            No es raro que, en los tesoros incorporados a las colecciones de los museos en la primera mitad del pasado siglo, se haya perdido la trazabilidad sobre la procedencia de las piezas. Esto ocurre también con las monedas de Sancho VI encontradas al construir los cuarteles en Estella en 1906, o con el tesoro de la calle de la Merced en Pamplona hallado en 1940, piezas que se integraron en las colecciones del Museo Arqueológico Nacional  de Madrid.

 



Figura 1.- Conjunto de monedas ibero-romanas del tesoro de Ablitas.

 

 

            Los datos aportados por Mateu y Llopis sobre las cecas del centenar de monedas recuperadas son los siguientes:

Celsa (Velilla del Ebro, Zaragoza)

2 Bilingües de Kesle

27 Provinciales romanas

2 Colonia Lepida

26 Caesaraugusta (Zaragoza)

Bilbilis (cerro Bámbola, Calatayud).

3 Ibéricas de Bilbilis con jinete lancero        

Provinciales romanas

            5 Con jinete lancero en reverso

            14 Con láurea

17 Calagurris (Calahorra, La Rioja)

2 Osca (Huesca)

2 Turiaso (Tarazona, Zaragoza)

4 Fustras irreconocibles

 

            La revisión más completa de este conjunto monetario es la realizada en la tesis doctoral de Tomás Hurtado (2013: pp. 149-152), según el cual, las monedas identificables más tardías de este conjunto se corresponderían con las dos emitidas a nombre de Augusto en  Turiasu, y que al llevar la titulación de  Pater Patriae” podrían datarse a partir del año 2 a.C., de forma que la ocultación se habrá producido en tiempos de dicho emperador, entre el cambio de era y el comienzo del reinado de Tiberio en el año 14 d.C..

            Como ocurre con el tesoro de denarios ibéricos de Tarazona, hallado en 1828 y reconstruido por Isabel Rodríguez a partir de la documentación conservada en la Real Academia de la Historia, donde de 183 denarios ibéricos, tan solo el 22% corresponden con emisiones del lugar donde se produjo el hallazgo, mientras que las restantes pertenecen a lugares más distantes como Sekobirikes, Arsaos, Arekorata y Baskunes, también en el caso de Ablitas, las monedas de los lugares más próximos como Turiasu o Calagurris, están peor representadas que las que pertenecen a cecas más distantes como Caesaraugusta o Bilbilis (Fig. 2).

 



Figura 2.- Procedencias de las monedas del tesoro de Ablitas.

 

Este “tesoro” presenta dos singularidades que lo hacen muy especial, en primer lugar que contenga monedas de bronce, cuando lo habitual en los atesoramientos de la época, es que se acumulen denarios de plata de mayor valor. Si por ahora nos resulta imposible determinar la composición del hallazgo (del que las monedas conocidas solo constituyen una parte, ignoramos si grande o pequeña), tampoco podemos establecer las posibles causas de dicho ocultamiento. La segunda singularidad es que se trata de un conjunto mixto de monedas ibéricas e ibero-romanas, es decir correspondiente a una época de transición, donde las monedas ibéricas, que probablemente dejaron de acuñarse tras la batalla de Munda en marzo del  año 45 a.C., circulaban de forma residual, mezcladas con las emisiones recientes de las cecas ibero-romanas asentadas en el Valle del Ebro.  

Cuando preparamos la exposición “La moneda en Navarra”, que tuvo lugar el año 2001 en Pamplona, intentamos identificar las piezas procedentes del tesoro de Ablitas en base a las fotografías que ilustran el citado artículo de Mateu y Llopis, llegando a la conclusión de que una gran parte de los ejemplares estaban rotos y presentaban graves problemas de conservación, por lo que optamos por “reconstruir” el tesoro con las monedas mejor conservadas de los tipos y cecas indicados, existentes en el monetario del Museo (Fig. 3).

 



Fig. 3.- Reconstrucción “hipotética” del tesoro de Ablitas.

            En algunas de las piezas pertenecientes al tesoro podemos  observar una fractura biselada, faltando un trozo del cospel (Figuras 4c, d, g, h, i), mientras en otros casos llevan adheridas fragmentos de otras monedas (Figura 4e). Esto nos lleva a pensar que originalmente las monedas formaban un bloque concrecionado, del que se extrajeron las piezas mecánicamente, “arrancándolas” del mismo, lo que provocó su fractura.

            Hay que considerar que el hallazgo tuvo lugar hace un siglo, y que si se hubiera producido en la actualidad, mediante técnicas físico-químicas (electrolisis) hubiera sido posible recuperar las monedas con muchos menos daños.

            En cualquier caso, y para la época en la que se produjo el hallazgo, es una gran suerte que al menos haya trascendido una información, que aunque parcial, resulta de un extraordinario interés.

 



 

Figura 4.- Selección de monedas procedentes del tesoro de Ablitas: a-b: Bilbilis; c: Celsa; d-h: Caesaraugusta; i: Calagurris.

 

 

 

Bibliografía:

 

Hurtado, T., 2013. Las emisiones monetarias de la Colonia Victrix Iulia Lepida-Celsa. Tesis Doctoral, Universidad de Valencia, 734 pp. + 145 láms.

 

Mateu y Llópis, F., 1945. El hallazgo ibero-romano de Ablitas (Tudela-Navarra). Príncipe de Viana 6(21): pp. 694-699.

 

Rodríguez, I., 2006. Noticia de un tesorillo de denarios celtibéricos descubierto en Tarazona de Aragón (Zaragoza) en 1828. Numisma 56(250): pp. 279-294.

 

domingo, 1 de mayo de 2016

Monedas españolas de personajes que no llegaron a reinar: Juan de Gante, Duque de Lancáster y pretendiente a la corona de Castilla y León (1380-1387).

Monedas españolas de personajes que no llegaron a reinar: Juan de Gante, Duque de Lancáster y pretendiente a la corona de Castilla y León (1380-1387). Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 58(1101) (Octubre, 2002): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.

       Recientemente (en el año 2002*), el monetario del Museo Arqueológico Nacional, se ha visto enriquecido por una valiosa pieza: un real de Juan de Gante, pretendiente a la corona de Castilla por su matrimonio con la hija de Pedro el  Cruel. Este singular personaje tuvo un gran protagonismo durante un conflictivo período de la historia donde las guerras y la peste, como jinetes del Apocalipsis,  se extendieron por toda Europa, llevando a todos los rincones el hambre, la muerte y la desolación.

         Juan de Gante, que recibió este apodo debido a su nacimiento en la mencionada ciudad en 1340, era el cuarto hijo del rey Eduardo III de Inglaterra y hermano menor de Eduardo, más conocido como el “Príncipe Negro”, destacado protagonista en el conflicto mantenido entre Francia e Inglaterra por el control de Aquitania, durante la Guerra de los Cien años.


Figura 1.-   Juan de Gante participa en una comida ofrecida por el rey de Portugal (miniatura francesa del s. XV). https://en.wikipedia.org/wiki/John_of_Gaunt#/media/File:John_of_Gaunt,_Duke_of_Lancaster_dining_with_the_King_of_Portugal_-_Chronique_d%27_Angleterre_(Volume_III)_(late_15th_C),_f.244v_-_BL_Royal_MS_14_E_IV.png

      El príncipe Juan de Gante, al casarse con Blanca en 1359, heredó el título de duque de Lancaster en 1362, convirtiéndose de esta forma en uno de los personajes más ricos e influyentes de Inglaterra. En la compleja política de alianzas de la época, tras enviudar en 1369, contrajo nuevamente matrimonio en 1371 con Constanza, hija del monarca castellano Pedro I el Cruel, que había sido ejecutado tres años antes  (1368) por su hermano Enrique de Trastámara (Enrique II). Constanza, heredera de las coronas de Castilla y León, se encontraba en Bayona (Francia), bajo la protección de Eduardo III de Inglaterra y en esta coyuntura, Juan de Gante añadió a sus numerosos títulos, el de pretendiente a la corona de Castilla. Mientras tanto, tras el asesinato de Pedro I, Enrique II ocupó el trono de Castilla y León hasta su muerte en 1379, sucediéndole Juan I. En estas fechas Juan de Gante acuñó moneda en algún lugar de Aquitania, siéndole prestado para tal fin el maestro de la moneda de Pamplona, Pelegrin del Serre. Sin embargo, la principal campaña militar que este personaje realizó contra el monarca castellano Juan I, data de 1386, cuando con la ayuda del rey de Portugal (quien de esta forma “devolvía” la agresión sufrida por parte del monarca castellano en tiempos recientes: ver el próximo artículo sobre las monedas de Beatriz de Portugal) desembarcó cerca de La Coruña el 23 de julio de este año, conquistando rápidamente toda Galicia, si bien, tras una laboriosa negociación, renunció a sus pretensiones en 1388 a cambio de una sustanciosa compensación económica.

     Los ejemplares conocidos de las monedas acuñadas, por Juan de Gante, llevan en el anverso las iniciales IL coronadas, único carácter que permite atribuirlas a Juan de Lancáster, y en el reverso, el escudo cuartelado de Castilla y León en el real de plata, y un castillo en el medio real, siguiendo el modelo de los reales y medios reales de Pedro I de Castilla. Estas emisiones castellanas del duque de Lancáster podrían corresponder a la emisión realizada en Gascuña (Francia) hacia 1380 por el maestro de la moneda del monarca navarro Carlos II “el Malo”, o bien a una posterior acuñación llevada a cabo tras su desembarco en Galicia en 1386. En ambas fechas ya se consideraba pretendiente legítimo al trono castellano.  Sin embargo, una observación detallada del tipo de letras góticas que figuran en las leyendas, nos muestra un estilo mucho más parecido al empleado en las monedas portuguesas y castellanas de la época, muy diferente al que en esos momentos se empleaba en las acuñaciones navarras de la ceca Pamplona, bajo la dirección de Pelegrin del Serre. Este hecho viene a confirmar la sugerencia de A. Orol de que posiblemente las piezas reseñadas fueron acuñadas en Galicia (o más probablemente en Portugal) entre 1386/1387, en cualquier caso con la colaboración de maestros monederos portugueses.


Figura 2.- Real y medio real castellanos de Juan Duque de Lancáster, sobre una ilustración medieval donde se representa al rey Ricardo II de Inglaterra y a Juan de Gante.

     Otro hecho curioso es el singular texto en latín de las leyendas que presentan estas monedas: “Deus iudicium tuum regid – Aed iusticiam tu” / “Iusticiam tuam fili regis” en el real, y las mismas leyendas abreviadas: “Deus iudicium tuum” / “Iusticiam tuam fil”, en el medio real, frases inéditas en la numismática medieval, que fueron acertadamente interpretadas por D. Pío Beltrán, a partir de un texto bíblico, donde David pide a Dios que le dé buen juicio y pide justicia para el hijo del rey: “Oh Dios da tu juicio al rey; y tu justicia al hijo del rey” (Salmo LXXI del Psalterium), expresiones que se adaptan bien a las condiciones del pretendiente Juan de Gante (como hijo político del asesinado monarca Pedro I). Queda por señalar, que la pieza de real de plata recientemente adquirida por el Museo Arqueológico Nacional es de un cuño distinto al ejemplar publicado por P. Beltrán en 1960, por lo que debieron realizarse al menos dos emisiones con cuños diferentes de estas rarísimas monedas.

Figura 3.- Retrato del Duque de Lancáster elaborado en el s. XVI a partir de la efigie de su sepulcro y token inglés del s. XVIII.

      En la presente ocasión, el interés numismático de estas piezas, no reside solamente en su gran rareza, se trata de un documento histórico de extraordinario valor, que refleja unos violentos acontecimientos en los que estuvieron involucrados varios reinos europeos (Castilla, Inglaterra, Portugal, Francia, Aragón y Navarra), cuando la ya de por sí conflictiva situación de los reinos hispanos, se vio agravada por el enfrentamiento de la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia por el control de Aquitania. De forma, que toda Europa se convirtió en un gigantesco tablero de ajedrez, donde los diferentes reinos cristianos se vieron atrapados en múltiples alianzas y enfrentamientos continuos.  

·         http://www.man.es/man/en/dms/man/estudio/publicaciones/memorias-anuales/MAN-Memoria-2002.pdf

Bibliografía: Beltrán, P. (1960), Monedas castellanas de Juan de Gante, Duque de Lancáster. Nummus 20/21, Oporto: pp.100-105.