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sábado, 1 de marzo de 2025

Simbología de la luna creciente con estrella en las monedas.

 

Simbología de la luna creciente con estrella en las monedas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1343) (Octubre, 2024): pp. 45-48.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

En la actualidad, asociamos la imagen de la media luna o luna creciente con estrella al mundo islámico, y efectivamente este símbolo aparece representado en las banderas de varios países norteafricanos como Argelia, Túnez, Mauritania o Libia, y también es el emblema nacional de Turquía, figurando también en países asiáticos de mayoría musulmana como Pakistán o Malasia. En tiempos recientes, algunas monedas emitidas por algunos de estos países como Turquía, Pakistán o Argelia, presentan la luna creciente con estrella en sus monedas (Fig. 1).

Figura 1.- Monedas contemporáneas que presentan la creciente con estrella.

a: 10 Kurus de Turquía; b: 50 rupias de Pakistán; c: 200 dinares de Argelia.

 

            Un primer detalle que convendría señalar es que la imagen que representa la luna creciente con una estrella situada entre sus puntas es sencillamente imposible, ya que la zona sombreada de la luna impediría visualizar la estrella, pero esta circunstancia no ha impedido que desde tiempos remotos, esta simbología ha sido ampliamente utilizada y ya aparece en petroglifos y estelas de la antigua civilización sumeria, y posteriormente en época greco-romana se asoció a algunas divinidades del mundo antiguo, como Selene, Artemisa, Afrodita, Zeus, Némesis, Tyche y Astarté.

Por otra parte, la figura estelar del emblema no es realmente una estrella, sino Venus. Los planetas Venus y Mercurio, al estar más cerca del sol que la Tierra, aparecen solamente en las horas del crepúsculo y al amanecer. Precisamente, los fundamentos de la astrología se basaron en los movimientos –aparentemente erráticos- de los planetas, y su conjunción con las diferentes constelaciones.

 

Figura 2.- Representaciones de la luna creciente y estrella en monedas del mundo antiguo.

a: Tetradracma de Mitríades VI (135-63 a. C.), rey del Ponto en Asia Menor; b: Denario de Augusto (27 a.C.- 14 d.C.) acuñado en Roma; c: denario de Juba II (30  a. C. - 23 d. C.), rey de Mauritania; d: moneda de bronce con la diosa Afrodita en el anverso (c. 300 a.C.); e: bronce de Trajano (98-117 d.C.) emitido en Bizancio; f: áureo de Licinio (308-324 d.C.) acuñado en Antioquía entre los años 317 y 319 d.C..

 

            La imagen de la creciente con estrella aparece representada en varias monedas del mundo antiguo, como por ejemplo en las emisiones de Mitríades VI rey del Ponto entre los años 120 y 63 a.C. Según la tradición, el año de su nacimiento apareció un cometa en la constelación de Pegaso, y otro tanto ocurrió el año que ocupó el trono, así en el reverso de algunas de sus monedas aparece la figura de una creciente con una estrella que podría simbolizar el cometa (Fig. 2a). También vemos esta simbología en algunos denarios acuñados en tiempos de Augusto (27 a.C.- 14 d.C.) (Fig. 2b) o Juba II, rey de Mauritania en la misma época (30 a.C.- 23 d.C.) (Fig. 2c), y en algunas monedas de Uranópolis en Macedonia y de Bizancio (Figs. 2d, e).

La ciudad griega de Bizancio que posteriormente pasaría a llamarse Constantinopla en el año 330 d. C. y más tarde Estambul en 1453, adoptó el símbolo de la creciente y estrella en sus monedas. El origen de esta representación radica en la leyenda de que en el año 340 a. C., cuando Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, estaba sitiando la ciudad, la aparición de una repentina luz en el cielo, alertó a los defensores a tiempo de evitar un ataque nocturno por sorpresa del enemigo a las murallas. En agradecimiento a la diosa lunar Hécate, la ciudad colocó una estrella y una media luna en sus monedas, costumbre que se mantuvo hasta bien entrada la época romana (Fig. 2e).

            Muchos reyes orientales y emperadores romanos contaban con el asesoramiento de astrólogos en la corte, y la aparición de eventos lunares significativos, como eclipses, interpretados como presagios favorables, quedaron reflejados en las acuñaciones de la época. El historiador Cayo Suetonio  relata como a finales del reinado de Vespasiano (69-79 d.C.), apareció un cometa en el cielo de Roma, con el que el emperador se permitió bromear diciendo que, al tener el cometa una abundante cabellera (haciendo alusión al nombre latino que recibían los cometas  “Stella Crinita”, es decir “estrella con pelos”), no podía anunciar su muerte, ya que él era calvo (Fig. 3a), sino la del rey persa Vologases I, que tenía mucho más pelo (Fig. 3b). No andaba muy “descabellado” Vespasiano, ya que el rey persa falleció ese mismo año, en el 78 d.C., mientras que el emperador romano lo hizo en el año siguiente.

Figura 3.- Busto del emperador Vespasiano y representación de Vologases I, rey de Partia.

 

            La actual interpretación de la luna creciente con estrella como representativa del Islam surge de forma tardía, cuando el Imperio Otomano la adopta como emblema nacional durante el reinado de Mustafá III (1757-1774), tomándola del símbolo utilizado en Constantinopla -antigua Bizancio- desde tiempos remotos, y la incorpora a su estandarte en 1844, conservándose en las banderas de Turquía y de otros estados islámicos como Libia, Túnez y Argelia, y ya en el siglo veinte en las de Azerbayán, Pakistán, Malasia, Mauritania, etc..., de forma que a finales del siglo veinte, el símbolo de la creciente y la estrella pasa a ser considerado como un “símbolo del Islam” y es utilizado ocasionalmente por el nacionalismo árabe en las décadas de los años 70 y 80 del siglo XX.

            Una curiosa anécdota nos relaciona una dramática situación acaecida en el presente siglo, con los tiempos medievales de Ricardo Corazón de León: en el año 2006, un ciudadano británico que visitaba Yemen por negocios, fue interceptado mientras viajaba por la carretera en su coche por miembros de un grupo fundamentalista islámico. A pesar de que todo hacía presagiar un final trágico, contra todo pronóstico, el ciudadano fue liberado por el grupo armado sin mayores complicaciones. El motivo de este cambio de actitud por parte de los secuestradores fue una pegatina del club de futbol de Portsmouth, con el símbolo de la media luna y estrella (Fig. 4c), que llevaba pegada en el parabrisas de su automóvil. Este singular emblema del equipo de futbol, está tomado del escudo de armas de William Lonchamp, canciller del monarca Ricardo I de Inglaterra, cuando se otorgó el estatuto a la ciudad de Portsmouth el dos de mayo de 1194 (Fig. 4b). Se da la circunstancia de que el símbolo de la creciente con estrella era utilizado en el Gran Sello de cera con el que Ricardo I, más conocido como Ricardo Corazón de León, rubricaba sus documentos oficiales (Fig. 4a), y este popular monarca inglés era precisamente cuñado del rey de Navarra Sancho VII “el Fuerte”, quien le había ayudado en tierras aquitanas a defender sus derechos en la Gascuña contra Felipe II Augusto de Francia.

Figura 4.- a: Gran sello de Ricardo I de Inglaterra; b: sello céreo de Raimundo, conde de Tolosa; c: escudo de armas de la ciudad de Portsmouth; c: emblema del equipo de futbol de Portsmouth.

 

            El monarca navarro Sancho VII (1194-1234) emitió durante su prolongado reinado ingentes cantidades de monedas de vellón, dineros y óbolos, y aunque mantuvo su efigie en los anversos modificó drásticamente el motivo del reverso, una cruz con adornos vegetales de inspiración bizantina, presente en la moneda pamplonesa y navarra desde su creación por Sancho V Ramírez en el año 1076, y que fue sustituida por la creciente con estrella (Fig. 5e).

Se da la curiosa circunstancia de que en tiempos de este monarca, en Navarra circulaban dos tipos monetarios principales, por una parte el dinero de vellón denominado popularmente “sanchete”, que no presenta la imagen de la cruz, ni como motivo principal ni como elemento de separación de las leyendas, hecho excepcional en la numismática de los reinos cristianos medievales, mientras que el segundo tipo, los “morabetinos alfonsinos” acuñados por Alfonso VIII de Castilla a imitación de la prestigiosa moneda musulmana de oro, presentan las leyendas en árabe, pero con una gran cruz en el anverso y leyendas cristianas.

   En época del monarca navarro Sancho VII podemos encontrar el símbolo de la luna creciente con estrella en algunos jetones ingleses y en “mereaux” franceses. Los jetones eran objetos con aspecto de moneda, utilizados por las administraciones contables para realizar los cálculos matemáticos cuando todavía no se aplicaba el álgebra, y las operaciones se realizaban con fichas, llamadas jetones, sobre un tablero a modo de ábaco. Los “mereaux” eran pequeñas piezas de plomo (Fig. 5b), que a diferencia de los jetones, que eran acuñados como las monedas, se fabricaban en moldes, utilizándose para entregar a los pobres y peregrinos, quienes los podían intercambiar por comida en las dependencias de los monasterios y abadías. También eran fabricados por los ayuntamientos de las villas, cuando escaseaba la moneda menuda, y entonces funcionaban como moneda de necesidad a nivel local. Uno de estos jetones ingleses, probablemente de la época del rey Ricardo I, lleva el símbolo de la creciente y estrella (Fig. 5a).

Figura 5.- El símbolo de la creciente con estrella en jetones, “mereaux” y monedas de los siglos XII-XIII.

a: jetón de cobre inglés s. XIII; b: “mereau” francés de plomo, s. XII-XIII; c: dinero de vellón de Raimundo VI,  conde de Tolosa (1173-1190); d: fracción de dinero de cobre de Bohemundo III de Antioquía (1163-1201); e: dinero “sanchete” de Sancho VII de Navarra (1194-1234); f:.moneda italiana de plata de Arlongo de Visgoni (1261-1281).

 

            También encontramos el símbolo de la luna creciente con estrella en algunas monedas de la época, como por ejemplo en los dineros de vellón del conde de Tolosa Raimundo VI, suegro del monarca navarro (Fig. 5c), en monedas de cobre de Bohemundo III de Antioquía, donde aparece este símbolo en el reverso, pero asociado a una gran cruz que ocupa el campo del anverso (Fig. 5d), en las emisiones irlandesas de Juan de Inglaterra (1199-1216) o en algunas monedas italianas algo más tardías (Fig. 5f).

            Precisamente una de las hipótesis que se han manejado, es que el monarca navarro adoptara para sus emisiones el motivo que utilizaba su suegro en los sellos céreos y en las prestigiosas monedas occitanas (Fig. 5c), pero también cabe la posibilidad de que este motivo fuera tomado de la simbología utilizada en los sellos reales por su cuñado Ricardo Corazón de León (Fig. 4b), con quien le unía una gran amistad.

            Durante cuatro décadas, la principal moneda que circuló en Navarra llevaba el símbolo de la creciente con estrella, por lo que resulta normal que esta imagen se adoptara en muchos lugares como elemento pre-heráldico, para convertirse en un símbolo utilizado en numerosos escudos de armas en Navarra (Fig. 6). Así en el siglo XIV la creciente y estrella aparece como símbolo de la ciudad de Pamplona, e incluso la podemos ver en algunas estampillas de elementos cerámicos como jarras, encontradas en las excavaciones de la Plaza del Castillo en Pamplona, y que pueden datarse entre finales del s. XIII y mediados del XIV.

Figura 6.- Iglesia de San Nicolás en Pamplona, con la imagen del sello del burgo medieval del mismo nombre.

 

 

jueves, 1 de julio de 2021

El informe de D. Pablo Ilarregui (Académico de la R.A.H.) sobre las monedas del Príncipe de Viana.

 El informe de D. Pablo Ilarregui (Académico de la R.A.H.) sobre las monedas del Príncipe de Viana. Artículo publicado en: Gaceta Numismática (2008) 170/171: pp. 23-28.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

















viernes, 1 de noviembre de 2019

El tesoro de la calle de la Merced de Pamplona.


El tesoro de la calle de la Merced de Pamplona. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 74(1278) (Noviembre 2018): pp. 51-53.

Miguel Ibáñez Artica


El 13 de marzo de 1940, los obreros que realizaban reformas en el número 27 de la calle de la Merced, en la parte vieja de Pamplona, encontraron un tesoro dentro de una bolsita de tejido mudéjar, integrado por un anillo de oro con una piedra azulada y 117 monedas medievales de oro, con rarísimas piezas aquitanas, francesas, italianas y castellanas del siglo XIV. Este conjunto monetario fue incorporado en 1941 a los fondos del monetario del Museo Arqueológico Nacional de Madrid donde se conserva (Figura 1).

Figura 1.- Tesoro de la calle de la Merced (Pamplona) y ubicación del lugar donde fue hallado.

El profesor Felipe Mateu y Llopis publicó en 1943 este importante descubrimiento (“hallazgo LXXII”) y en la exposición que tuvo lugar en el Museo de Navarra el año 2001 se pudo ver una selección de 18 monedas procedentes de este hallazgo (Figura 2). La composición del tesoro de las 117 monedas de oro es la siguiente:

Aragón (91 monedas):

Pedro IV (1335-1387)
Florines (Figs. 2a,b).
Barcelona                                                                            37
Valencia                                                                              14
Perpiñan                                                                              13
Valencia                                                                               1
Zaragoza                                                                              1
Fustros                                                                                 5
Medios Florines (Figs. 2c,d).
Barcelona                                                                            10
Valencia                                                                               6
Fustros                                                                                 3

Juan I (1387-1395)
Florín o medio florín de Valencia                                        1                          

Castilla (6 monedas):

Pedro I (1387-1395)
Dobla del busto de Sevilla   (Fig. 2e).                                 4
Dobla del busto de La Coruña                                             1
Dobla o cstellano de Sevilla (Fig. 2f).                                 1                          

Italia (11 monedas):

Ducados venecianos (1339-1367) (Figs. 2g,h)                   8
Ducado romano (1350-1439)                                              1
Florín florentino  (Fisg. 2i,j).                                              2                           

Francia (7 monedas):

Real de oro de Carlos IV (1322-1328) (Fig. 2k).               1
Id. De Felipe VI (1328-1350) (Fig. 2l).                             1
Franco a pie de Carlos V (1364-1380) (Figs. 2m,n).         4
Escudo de oro de Carlos VI (1380-1422) (Fig. 2o).          1           

Inglaterra-Aquitania (2 monedas):

Medio Hardi de oro de Burdeos de Ricardo II
(1377-1399) (Fig. 2p).                                                        2



Figura 2.- Selección de piezas del tesoro:
(a ) y (b): Florines de Pedro IV de Aragón. (c ) y (d): Medios florines de Pedro IV.  (e): Dobla de busto de Pedro I. ( f ): Castellano de Pedro I. (g ) e (h): Ducados venecianos de Andrea Dándolo y Andrea Contarini.  ( i ) y (j): Florines de Florencia. (k): Real de oro de Carlos IV de Francia.  (l): Real de oro de Felipe VI de Francia.  (m ) y (n ): Francos de oro a pie de Carlos V de Francia. (o): Escudo de Carlos VI de Francia. (p ) y (q ): Medios ardites de oro aquitanos de Ricardo II de Inglaterra.

            El peso total de las monedas es de 375 gramos, y  los florines aragoneses suponen casi las tres cuartas partes del peso (71,4%) y del número total (77,78%). El segundo lugar lo ocupa la moneda italiana con un 11,3 % en peso y un 9,4% del número de monedas, mientras que las monedas francesas y castellanas están representadas por el mismo porcentaje en peso (8,1%). Finalmente, la moneda anglo-aquitana supone tan solo el 1,12% del peso total del tesoro.



Figura 3.- Tipos monetarios del tesoro y ubicación del número 27 de la calle de la Merced.
a: florines y medios florines; b: dobla de busto; c: castellano; d: ducado; e: real; f: franco a pie; g: escudo; h: medio ardite.

            Este conjunto monetario fue ocultado alrededor del año 1400, durante el reinado de Carlos III “el Noble” de Navarra, y nos permite conocer las monedas de oro que circulaban en esa época.

            La gran cantidad de monedas de oro de diferentes tipos que circulaban juntas y mezcladas (Figura 3) hacía necesario que banqueros y comerciantes dispusieran de “libros de cambio” donde minuciosamente se detallaba el valor de las diferentes monedas en libras, sueldos y dineros, surgiendo la figura del “cambista” (habitualmente vinculado al banquero o prestamista). Con mucha frecuencia estas profesiones las ejercían judíos, y en menor medida “lombardos”, tal como se denominaba a los banqueros italianos. Podemos suponer que este tesoro pertenecería a alguno de estos personajes, que por razones desconocidas, ocultó el tesoro y posteriormente no pudo recuperarlo, permaneciendo escondido durante más de medio milenio hasta su descubrimiento accidental.

            Con respecto al origen de estos tipos monetarios foráneos, podríamos diferenciar entre las monedas cuya acuñación se debe a razones políticas (francesas y aquitanas cuyo origen está en el conflicto de la Guerra de los Cien Años) y las que responden a razones económicas (la moneda italiana).


Figura 4.- Comparación de la circulación monetaria de piezas de oro en Navarra en 1386 con los datos del tesoro de la calle de la Merced (Ibáñez, 1998).


El mejor muestreo de la moneda fuerte foránea que circuló en Navarra en esta época, lo encontramos en las 7.625 piezas de oro recaudadas en 1386 para pagar la dote de la infanta Juana, hija del Rey (Figura 4). En esta lista que recoge 20 tipos distintos de monedas (Ubieto, 1967) predomina el florín de Aragón, con un 64.3% del número de la moneda recaudada y un 55.5% del valor total de la moneda de oro, seguido por la moneda francesa (especialmente francos) que supone el 32.44% del número de monedas y el 40.7% del valor del oro recaudado. Siguen en importancia la moneda musulmana con un 1.3 y un 2% respectivamente y con menor representación la moneda italiana, la moneda de oro castellana, la corona de oro navarra, la moneda de oro anglo-aquitana y los florines de Hungría.

            Si comparamos estos datos con los del tesoro de la calle de la Merced (Figura 4), observamos como hacia 1400, el florín de Aragón seguía circulando en Navarra como la principal moneda fuerte, mientras que la moneda de oro francesa pierde peso en favor de la castellana e italiana, proceso que se aprecia durante el reinado de Carlos III, y que corresponde por una parte a la política de acercamiento a los reinos peninsulares del monarca navarro, y por otra, a la intensificación de las relaciones comerciales con Italia.

            Aparte del valor intrínseco de las propias monedas, lo más valioso de estos conjuntos monetarios es la información que nos proporcionan sobre la realidad cotidiana en épocas pasadas, que junto con la documentación conservada, nos permite reconstruir la historia económica y social.


Bibliografía:

Ibáñez, M., 1998. Monedas foráneas en época Medieval y Moderna. Actas X Congr. Nac. Numismática. Albacete 28-31 Octubre 1998. Madrid, Museo Casa de la Moneda: 129-171.
-Circulación de moneda foránea, falsificaciones y exportación fraudulenta. En: La moneda en Navarra. Ed. Gobierno de Navarra. Pamplona: 241-256.

Mateu y Llopis, F. 1943. Hallazgos monetarios (II). Ampurias 5: pp. 221-238.

Ubieto, A., 1967. Monedas que circulaban en Navarra en el siglo XIV y sus valores. Numisma 17(84/89), pp. 59-66.