Mostrando entradas con la etiqueta Isabel II. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Isabel II. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de diciembre de 2017

La peseta antes de la peseta.

La peseta antes de la peseta. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 58(1093) (Febrero 2002): pp. 42-43.

Miguel Ibáñez Artica.


Las diferentes denominaciones que reciben las monedas responden fundamentalmente a dos criterios, puede tratarse de nombres “oficiales”, establecidos por las autoridades monetarias correspondientes (tal como ocurre con la nueva moneda: el Euro), o bien pueden responder a una denominación popular, surgida  de forma espontánea e imprevista, que es recogida y expandida rápidamente, con gran aceptación por parte de la población que utiliza cotidianamente esta moneda.

Con anterioridad a la implantación de la peseta como moneda oficial de España en el año 1869, circulaban escudos de oro, reales de plata y maravedís de cobre, con valores que oscilaban bastante en función de las vicisitudes económicas que en esos momentos padeciera la hacienda pública. Uno de los términos monetarios más antiguos es el de “maravedí”, palabra derivada del antiguo “morabetino”, o moneda de oro de buena ley y peso, que comenzó a acuñarse en Castilla a finales del siglo XII imitando la dobla de oro musulmana. Poco a poco el “maravedí” castellano se fue devaluando hasta convertirse ya en tiempos de los Reyes Católicos en una humilde monedita de cobre, que sobrevivió hasta el siglo XIX, si bien durante mucho tiempo fue utilizada como unidad de cuenta.

En el siglo XVIII circulaban, además de la moneda de oro y cobre, monedas de plata de  ocho, cuatro, dos, uno y medio real. La más extendida por todo el mundo era el “duro” de plata o “real de a ocho”, y en segundo lugar la pieza de dos reales. Mientras la primera de estas monedas fue bautizada como “peso fuerte” o “peso duro” (de aquí su posterior denominación popular de “duro”), a la segunda se la denominó popularmente “peseta”, como diminutivo de la anterior. Parece ser que fue en Cataluña donde  se utilizó por vez primera esta denominación, y el término de “peseta”, referido a una pequeña moneda de plata, se utilizaba desde el siglo XV. Es a partir de las abundantes emisiones realizadas por el archiduque Carlos de Austria, pretendiente a la corona, durante la guerra de sucesión a comienzos del siglo XVIII, cuando el término “peseta”, referido a la moneda de dos reales de plata, se populariza y extiende por toda España.

Encontramos por ejemplo un documento de 1752 (Figura 1), donde se señala a un contrabandista al que se ha interceptado en la frontera de Behobia con una cantidad de pesos fuertes y una “peseta”. Era práctica habitual en esta época el contrabando de dinero, de forma que se sacaba la moneda de oro y plata, más valorada en Francia, y se introducía moneda de cobre, de mayor valor en España y en este contexto encontramos la denominación de “peseta” referida a la moneda de dos reales de plata.


Figura 1.- Varias “pesetas”, o monedas de dos reales, sobre un documento de 1752 donde se utiliza el término “peseta”.

El término popular “peseta” queda reflejado en las monedas durante un breve período de tiempo, entre 1809 y 1814, se acuñaron en Barcelona, bajo la ocupación napoleónica monedas de una, dos y media y cinco pesetas de plata, así como monedas de oro de veinte pesetas. También y durante en esta época se fabricaron en Gerona y Lérida “duros” y monedas de cinco pesetas a nombre de Fernando VII en los años 1808 y 1809. Tras este corto período de tiempo, se retornó al viejo sistema de escudos de oro, reales de plata y maravedís de cobre, si bien excepcionalmente volvieron a acuñarse pesetas en Barcelona durante los años 1836 y 1837, como resultado de la escasez de numerario provocado por la guerra carlista.


Figura 2.- a: primeras pesetas acuñadas dentro del nuevo sistema monetario; b: “Perra chica”; c: “Perra gorda”.


La ley de Isabel II de 26 de junio de 1864, fue un último intento para armonizar y establecer un sistema decimal entre el oro, plata y cobre en España, donde convivían una gran cantidad de sistemas monetarios diferentes. Poco después, el año siguiente, nació la Unión monetaria latina integrada por Francia, Suiza, Italia y Bélgica, países que establecieron un sistema monetario común. Durante el Gobierno Provisional que sucede a Isabel II, se crea en España un nuevo sistema monetario, acorde con el desarrollado en la Unión latina, estableciéndose el 19 de octubre de 1868 la peseta como nueva moneda oficial (Figura 2a). Las circunstancias políticas del momento favorecieron el cambio de nombre, tal como se señala en el Decreto de creación de la peseta: “conviene olvidar lo pasado rompiendo los lazos que a él nos unían y haciendo desaparecer... aquellos objetos que pueden con frecuencia traerlo a la memoria”, rescatando una denominación surgida de la voluntad popular y que de hecho, ya se utilizaba desde hacía tiempo de una forma coloquial, incluso en documentos oficiales como decretos y cédulas reales. También se emitieron monedas de diez y cinco céntimos de cobre, que presentaban en un lado la imagen de un león sobre el escudo. De nuevo la imaginación popular se puso en acción, rebautizando a estas monedas como “perra gorda” (la de diez céntimos, Figura 2c) y “perra chica” (la de cinco céntimos, Figura 2b), en una peculiar y desmitificadora interpretación de la majestuosa figura del rey de la selva. Curiosamente, tras la aparición de la peseta, dividida en cien céntimos, se siguió utilizando la terminología antigua para algunos de sus divisores, así el término de “dos reales” se ha aplicado a la moneda perforada de cincuenta céntimos hasta tiempos muy recientes. Desde su creación la peseta ha sufrido un típico proceso de devaluaciones sucesivas, desde la primitiva pieza de plata hasta las diminutas pesetas de aluminio acuñadas en tiempos recientes. 


Figura 3.- Primera peseta acuñada en latón (1937), y última acuñada en plata (1933).

Los nuevos tiempos no favorecen demasiado la secular costumbre de poner  apodos tanto a personas como a objetos, pero es posible (y hasta culturalmente deseable) que la sabiduría popular genere en poco tiempo un  vocabulario castizo en torno a las nuevas monedas.








miércoles, 15 de marzo de 2017

El español en monedas y jetones.

El español en monedas y jetones. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1253) (Julio/Agosto 2016): pp. 45-47.

Miguel Ibáñez Artica.






            Desde el siglo primero antes de nuestra Era, cuando tras la batalla de Munda el 45 a.C., la escritura en caracteres “ibéricos” comenzó a abandonarse para desaparecer en tiempos de Augusto, los textos que figuran de las monedas hispanas fueron redactados en latín durante las Edades Media y Moderna (con la excepción del período de ocupación musulmana en el que se utilizó el árabe) hasta comienzos del siglo diecinueve.

En Barcelona, durante la ocupación francesa, se produjeron diferentes emisiones con la leyenda en castellano (monedas de plata de 5, 2,5 y una peseta, y de cobre de 4, 2, 1 y ½ cuarto) emitidas a nombre de José Napoleón entre 1808 y 1814 (Figura 1a), y poco después, en 1822 y 1823 a nombre de Fernando VII con las leyendas: “FERNANDO 7 POR LA GRACIA DE DIOS Y LA CONSTITUCION”, y “REY DE LAS ESPAÑAS”” (Figura 1b).


Figura 1.- Monedas con leyendas en español, acuñadas en Barcelona a nombre de José Bonaparte y Fernando VII.

            Aunque estas monedas suelen figurar como las primeras que presentan la leyenda escrita en español, las emisiones más antiguas en castellano se remontan al siglo XVI: son las piezas de vellón de dos cuartos, acuñadas en las cecas de Burgos, Valladolid y La Coruña entre 1566 y 1598.

Se trata de unas modestas moneditas, relativamente comunes y que suelen estar muy recortadas, con lo que las leyendas no suelen estar completas (Figura 2). En el anverso rodeando al castillo, podemos leer: “+ DON º PHILIPPE º”, mientras en el reverso, circundando la figura del león, aparece el texto: “+ REI º DE º HESPANA º”. Estas piezas, las primeras monedas españolas que presentan sus textos escritos en castellano, convivieron con otras similares, pero con leyendas escritas en latín, acuñadas con el mismo valor de dos cuarto en las cecas de Cuenca, Granada, Segovia y Toledo.


Figura 2: Las primera monedas con leyendas en español en tiempos de Felipe II.

            Este intento de “popularizar” la moneda, utilizando el castellano en vez de la tradicional lengua culta itálica, no llegó a cuajar y no tuvo continuidad, así que durante los siguientes reinados hasta comienzos del siglo XIX, las leyendas monetarias siguieron redactándose en latín.

            La “normalización” del uso del castellano, vino como consecuencia de la entrada de España en el “Nuevo Régimen”, lo mismo que previamente había ocurrido en Francia a partir de la Revolución Francesa, donde a partir de los decretos del 9 de abril de 1791 y 6 de febrero de 1793 los textos de las monedas en latín fueron definitivamente sustituidos por el francés. Sin embargo, tal como hemos visto que ocurrió en España, en Francia también existía un precedente, en este caso de época medieval: la moneda de vellón con valor de medio carlín acuñada en la villa de Aquila (reino de Nápoles) a nombre de Carlos VIII (1483-1498) donde figuran las leyendas “CHARLES*ROI*DE*FRE” y “+CITE*DE*LEIGLE” escritas excepcionalmente en francés (Duplessy, 1988, nº 623).

            Los inicios del uso del español en las monedas de forma generalizada(1), se dan durante el denominado “Trienio Liberal”, entre 1820 y 1823, desapareciendo completamente en el período siguiente denominado “Década Ominosa” (1823-1833), para volver a reaparecer, esta vez de forma definitiva en el estado liberal surgido durante el reinado de Isabel II (1833-1868). Las primeras monedas en oro y plata con leyendas en castellano se corresponden con las emisiones de piezas de 80 y 20 reales de la ceca de Madrid en 1834, mientras que las de cobre comienzan un año más tarde en la ceca de Segovia (Figura 3).


Figura 3: Primeras monedas de oro, plata y cobre, acuñadas con las leyendas en castellano bajo el reinado de Isabel II.

            Además de lo comentado hasta ahora sobre el empleo de la lengua española en los epígrafes monetarios, hay que mencionar un hecho muy poco conocido: su uso en el siglo XVI en los jetones emitidos por los monarcas navarros (que gobernaban en la denominada “Navarra Francesa” o “Baja Navarra”) (Figura 4).


Figura 4.- Jetones de la Navarra francesa en español.

            En primer lugar encontramos dos tipos de jetones de Antonio de Borbón, rey consorte de Navarra desde 1555 hasta su muerte en el sitio de Rouen en 1561, donde aparece en el anverso la enigmática leyenda “NO SON TALES MYS AMORES”. En este tipo, emitido en plata en 1555 y en cobre en 1560, figura en el anverso la referida leyenda en castellano y un escudo coronado semipartido: a la izquierda, los escudos de Navarra y Borbón, y a la derecha los de Navarra, Albret, Bearn, Armañac-Rodez, Evreux, Aragón, Castilla y León, y Bigorre en el centro. Todo ello entre dos ramas de rosal entrelazadas. En el reverso, la leyenda “AD CALCVLOS REVERTERE 1555 (o 1560)”y  el escudo coronado cuartelado de Navarra y Borbón, rodeado del collar de San Miguel (Figura 5). Esta última leyenda, que podemos traducir por “el regreso al cálculo”, tal vez podría referirse a la intrusión que en esos momentos hacía el álgebra como herramienta matemática, compitiendo con la tradicional forma de llevar la contabilidad administrativa con ayuda de jetones.

            Un segundo tipo emitido en plata, muestra el mismo anverso con la leyenda en castellano, y en el reverso: “EX TOTO PARS EX VERO SIMILE” con un corazón en el centro rodeado de seis crucecitas, todo ello dentro de un óvalo.


Figura 5.- Jetones de Antonio de Borbón (1555 y 1560) con leyenda en español “NO SON TALES MYS AMORES”.

            También la reina Juana III de Navarra, esposa de Antonio de Borbón emitió un tipo en plata, cobre y latón con la leyenda en castellano “HASTA LA MVERTE” en el reverso. El anverso de esta emisión presenta el busto real con tocado de viuda  mirando a la derecha y la leyenda “IEHANNE PAR LA G. D. DIEV RE D. NAVAR” y en el reverso una gran letra S cruzada por una barra y la mencionada leyenda “HASTA LA MVERTE” (Figura 6).


Figura 6.- Jetones de Juana de Albret con la leyenda en castellano: “HASTA LA MVERTE”.

En este caso, dado que el busto de la reina presenta el característico tocado de viuda, estos jetones tuvieron que emitirse en la década comprendida entre 1562 (muerte del rey) y 1572 (fallecimiento de la reina Juana).

            Resulta problemática la interpretación de las leyendas “NO SON TALES MYS AMORES” y “HASTA LA MVERTE”. En el primer caso, habida cuenta de que este tipo de jetones comienza a emitirse en 1555, fecha en la que Antonio de Borbón es rey consorte de Navarra, en el mejor de los casos, podríamos hacer una interpretación de esta divisa en el sentido de que Antonio, en una declaración de modestia,  no ambicionaba los bienes terrenales, representados por este jetón que servía para llevar las cuentas de ingresos y gastos de la casa real (la leyenda rodea el escudo de la reina). Pero dadas las vicisitudes del momento, esta frase parece vaticinar lo que acaecería pocos años más tarde cuando Antonio se pasa al bando católico, mientras Juana sigue defendiendo tenazmente la causa protestante(2).

            Más sencilla resulta la interpretación de la segunda leyenda “HASTA LA MVERTE”, habida la firme creencia de la reina Juana en el protestantismo, que abrazó en 1560, imponiendo el calvinismo en todos sus dominios. En esos años proliferaban los enfrentamientos entre católicos y hugonotes (denominación que se daba a los calvinistas), y precisamente Antonio de Borbón, esposo de Juana, se había pasado en 1561 al bando católico, falleciendo un año más tarde mientras sitiaba a los protestantes en Rouen. Con esta divisa, escrita en castellano, la reina reafirmaba sus convicciones religiosas de forma inequívoca “Hasta la muerte”.

            Estos jetones emitidos en la Navarra Francesa, parecen establecer un diálogo premonitorio entre Antonio y Juana. A la afirmación del primero de “no son tales mis amores”, leyenda que rodea el escudo de Juana de Albret, ésta, tras el fallecimiento de su marido contesta con una reafirmación en su fe protestante “hasta la muerte”. La causa de que estas leyendas figuren excepcionalmente en castellano y no en latín, como en el resto de las numerosas monedas y jetones emitidos en la Navarra Francesa y Bearne, permanece siendo un misterio difícil de resolver.

            Como curiosidad, y a pesar de que en los primeros tiempos de la emancipación de los Estados Unidos de América se utilizó el denominado “Spanish dollar” o Real de a 8 español como moneda oficial(3), la primera vez que aparece un texto redactado en castellano en una moneda de Estados Unidos, es en marzo del 2009, cuando se emite la pieza de 25 centavos dedicada a Puerto Rico, en esta denominada “peseta puertorriqueña” o “peseta boricua” aparece la frase en español “Isla del Encanto”.


Notas:
(1)                  Se produce una excepción, con textos nuevamente redactados en latín, en algunas emisiones del pretendiente Carlos VII (1868-1876).   
(2)            Más conocido que la presencia del castellano en los jetones de la reina de Navarra, resulta su mecenazgo en la traducción del Nuevo Testamento al euskera, la conocida “Biblia protestante de Leizarraga” (Iesus Christ Gure Iaunaren Testamentu Berria). El ejemplar que estuvo en posesión de la Reina Juana fue adquirido por 33 millones de las antiguas pesetas el 15 de marzo de 1995 por la Caja de Ahorros de Navarra y depositado en la Biblioteca General de Navarra el año 2014.
(3)          Ver el artículo: Elorigen de las Columnas de Hércules en la moneda española. Eco Filatélico y Numismático 68(1204) (Febrero 2012): pp. 42-43.