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jueves, 15 de diciembre de 2016

Monedas de madera: los "wooden nickels" americanos.

Monedas de madera: los “wooden nickels” americanos. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 60(1121) (julio/agosto, 2004): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Las “monedas” de madera más populares en la actualidad, son los llamados “wooden nickels” americanos, que si bien en su origen (durante la recesión de los años treinta) tuvieron una función económica y monetaria, en la actualidad desempeñan un papel estrictamente publicitario y propagandístico.

Dentro del amplio campo del coleccionismo numismático, existe una sección que se ocupa de objetos monetiformes, que aunque no son verdaderas monedas, en ocasiones han llegado a funcionar como tales. Esta sección conocida como “exonumia”(1) agrupa una amplia gama de objetos como jetones, fichas o tokens de cooperativas, municipios, casinos, servicios públicos o privados, etc...

Entre estos últimos objetos cabe destacar, por su importancia en los Estados Unidos y Canadá, los denominados “wooden nickels” (2), o fichas de madera impresas, que tienen múltiples funciones y constituyen un amplio y económico campo del coleccionismo, contando con numerosas asociaciones, clubs y publicaciones especializadas sobre el tema. Estas curiosas “monedas” se “inventaron” durante la crisis económica de los años treinta. En diciembre de 1931, y ante la quiebra del banco de Tenino (Washington), los comerciantes  hicieron billetes de 25 céntimos, uno, cinco y diez dólares sobre finas láminas de madera que imitaban a los billetes de curso legal, imprimiéndose por un total de 11.582,50 dólares. Estos billetes de necesidad fueron avalados por la cámara de comercio local, funcionando como moneda durante algún tiempo, y pronto atrajeron la atención e interés de los coleccionistas. De hecho, el que se imprimieran sobre madera fue una casualidad, ya que en un principio estaba previsto fabricarlos en papel, pero una industria local realizó una prueba sobre una fina lámina de madera, que al final se adoptó para fabricar esta moneda de necesidad. Se realizaron emisiones en diciembre de 1931, febrero, marzo, abril, junio, julio y agosto de 1932 y en enero de 1933 (Figura 1).


Figura 1.- Primeros “Wooden nickels” emitidos como moneda en Tenino (Washington) en 1931 y primeras piezas circulares “acuñadas” en 1933 en Chicago.

Esta medida fue imitada en otros lugares, y así al quebrar el banco de Blaine en 1933, se comenzaron a imprimir piezas de 25 céntimos sobre discos de madera redondos, imitando las populares monedas denominadas “nickels” por el metal con el que se fabricaban. Así surgió la denominación de “wooden nickels” o monedas de madera. Muchas otras poblaciones siguieron su ejemplo emitiendo estas monedas “de necesidad” sobre un soporte de madera, unas veces con forma rectangular -como los billetes de madera impresos en Tenino-, y otras veces dándoles forma redondeada a imitación de los de Blaine, modelo que en la actualidad es el más utilizado.

En fecha temprana, estas piezas se utilizaron también como elementos publicitarios en determinados eventos, así en 1933 durante la celebración del “Siglo del Progreso” en Chicago, se utilizaron estos “wooden nickels” como elemento propagandístico, y las comunidades locales encontraron una sencilla fórmula, que permitía a la vez hacer propaganda de los actos y celebraciones populares, y recolectar fondos para las mismas. Las fichas sirven como recuerdo de las ceremonias y se adquieren a cambio de una módica cantidad de dinero considerada como un donativo. 


Figura 2.- “Wooden nickels” publicitarios y conmemorativos. Entre ellos, uno de propaganda de Sos del Rey Católico, primer “wooden nickel” o “wooden euro” europeo.

En la actualidad estas “monedas” ya no cumplen su objetivo original de ser alternativa y sustituto de la “moneda legal”, pero desde los grandes empresarios hasta los políticos, desde las universidades hasta los pequeños comerciantes, incluyendo también a los particulares, una gran cantidad de personas utilizan estas “monedas” de madera para hacer publicidad de sus comercios, en forma de vales de descuento en la compra de algún artículo, vales de consumición en restaurantes, bares y cafeterías, como propaganda electoral (y también para desprestigiar al candidato oponente), para anunciar y financiar fiestas universitarias, como recuerdo de bodas, bautizos y aniversarios, como publicidad de conocidas marcas de refrescos, asociaciones de protección de la naturaleza, conjuntos musicales, felicitaciones navideñas, y en general para cualquier tipo de celebración, tanto pública como privada. Muchas de estas piezas presentan los tipos de la tradicional moneda de cinco céntimos denominada “buffalo nickel” que lleva en un lado la cara de un indio y en el otro la figura de un búfalo.

Existen en Estados Unidos numerosas empresas que se dedican a fabricar estos “wooden nickels”, siendo la más antigua la “Old Time Wooden Nickle Co.” de San Antonio (Texas), que viene fabricándolos desde 1948 y en la actualidad produce una media de unos cinco millones de piezas al año.


Figura 3.- Primer “wooden nickel” europeo, fabricado en Tejas.

 (1)   La palabra “Exonumia” fue creada por R. Rulau en 1960.  Autor bien conocido por sus trabajos sobre los “tokens” americanos, es autor de numerosos libros como “United States Tokens 1700-1900”, “Latin American Tokens”, “Early American Tokens” etc...


(2) La denominación “wooden nickel” es una antinomia (dos enunciados contradictorios sobre un objeto, con la fundamentación lógica convincente por igual) derivada de la utilización de la palabra “nickel” como sinónimo de la moneda americana de poco valor acuñada en ese metal, generando el oxímoron: “níquel de madera”.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El record mundial de inflación: Hungría tras la segunda Guerra Mundial.

El record mundial de inflación: Hungría tras la segunda Guerra Mundial. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 60(1119) (Mayo, 2004): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

En un artículo anterior señalamos la existencia de monedas y billetes con valores millonarios -incluso de billones de marcos- emitidos durante la gran inflación que se produjo en Alemania tras la primera guerra mundial (Figura 1) y que sorprendió por su magnitud a los economistas de la época. Mientras en 1919 un dólar USA equivalía a ocho marcos, en noviembre de 1923, el cambio había ascendido a más de cuatro billones (europeos*) de marcos por dólar.


Figura 1.- Monedas y billetes inflacionistas de Alemania tras la I Guerra Mundial.

Situaciones parecidas a ésta, han sido relativamente frecuentes en la historia económica reciente, y a lo largo del siglo veinte han experimentado hiperinflación países tan diversos como Argentina, Bolivia, Nicaragua, Perú, Alemania, Grecia, Turquía, Zaire (Congo), China, Rusia, Polonia, Rumanía, Bielorrusia,  Georgia, Ucrania y Yugoslavia. En todos ellos se han emitido billetes con valores millonarios, pero con muy poca capacidad adquisitiva a pesar del elevado número de ceros que aparece impreso en los mismos.

Si bien resulta bastante conocido el caso de Alemania tras la primera Guerra Mundial, el record en este tipo de inflación ha pasado más desapercibido en la bibliografía especializada. Tuvo lugar en Hungría tras la segunda Guerra Mundial; así, mientras en julio de 1945 un dólar equivalía a 100 pengos (el pengo era la unidad monetaria de este país), un año más tarde (julio de 1946) un dólar equivalía a una astronómica cifra de veinticinco dígitos (¡6 cuatrillones de pengos!). Las causas de esta descontrolada inflación hay que buscarlas en las desastrosas consecuencias del conflicto bélico. A pesar de que en un principio el país pretendió quedar fuera de la contienda, fue invadido por las tropas alemanas, que actuaron como auténticos depredadores, saqueando sus reservas bancarias y  dejándolo  totalmente arruinado. Tras la guerra, y con un gobierno comunista, se produjo la inflación más espectacular que se conoce en la historia económica del Planeta. La moneda oficial, el “pengo” sufrió tal descalabro(**) que en noviembre de 1945 fue necesario emitir billetes de uno y diez millones de pengos (Pick, 122 y 123), y en marzo del año siguiente de cien, y mil millones de pengos (Pick, 124 y 125). En abril de 1946, comenzó a circular como unidad monetaria el millón de pengos (denominado “milpengo”) y en los meses siguientes se imprimieron billetes de diez mil y cien mil milpengos, así como de uno, diez, cien y mil millones de milpengos (es decir de billones de pengos)  (Pick, 126 a 131). En junio nuevamente se cambió el nombre de la unidad monetaria, que pasó a ser el billón de pengos (“billpengo o “B-pengo”), emitiéndose billetes de diez mil, cien mil, uno, diez, cien y mil billones de pengos (Pick, 132 a 137).

Simultáneamente se  creó una nueva moneda, el “adopengo” (con un valor de 1 adopengo = 2 trillones de pengos), en un intento de frenar la desbocada inflación, pero las medidas fallaron y volvieron a fabricarse billetes de uno, diez y cien millones de adopengos (Pick, 140 a 142). En este momento el billete de cien millones de adopengos equivalía a 2004000.0003000.0002000.0001000.000, es decir doscientos cuatrillones de los antiguos pengos (Figura 2). Cuando se puso fin a la escalada inflacionista en julio de 1946, se creó una nueva moneda, el “forint”, con una equivalencia de 1 forint=  Cuatrocientos mil cuatrillones de pengos (4 x 1029, ¡un número muy superior al número de Avogadro!, casi un millón de veces el número de moléculas que contiene un mol).


Figura 2.- A la izquierda, billete de un millón de adopengos, a la derecha, de diez millones de adopengos, y en el centro, cien millones, equivalente a doscientos cuatrillones de pengos, la cifra record en un billete.

Llegados a estas cifras, resulta muy difícil racionalizarlas y compararlas con algo que nos pueda resultar familiar. Podemos hacer un pequeño ejercicio matemático y considerando que la moneda de un pengo tenía un diámetro de 23 mm., colocando en fila el número necesario de monedas equivalentes a un billete de cien millones de adopengos, tardaríamos cinco años viajando a la velocidad de la luz (300.000 Km. por segundo) en recorrer dicha hilera, o expresado de otra forma: con las monedas que equivaldrían a veinte de estos billetes, podríamos crear una hilera que recorrería nuestra Galaxia de un extremo a otro (Figura 3).


Figura 3.- Poniendo en fila las monedas de un pengo señaladas en unos pocos billetes, recorrerían la Galaxia de un extremo a otro.

Las magnitudes expresadas en estos billetes hiperinflacionarios son típicas de la astronomía (como las distancias entre estrellas o galaxias) o en la física de las partículas (cuando se trata de medir el número de átomos o moléculas contenidas en unos pocos gramos de materia), pero resulta increíble que en un proceso económico pueda darse una tasa de inflación de 1022 anual, que es lo que se produjo en Hungría en 1946. Al analizar mediante modelos matemáticos este proceso inflacionista (Mizuno et al., 2002) se encuentra que la relación entre los precios y el tiempo (expresado en días) sigue una ecuación exponencial doble, provocada por un fenómeno autocatalítico (de retroalimentación positiva) en lo que podríamos definir como una histeria colectiva incontrolada de subida de precios.
               
Bibliografía:

Bomberger, W.A. & G.E. Makinen, 1983. The Hungaryan Hyperinflation and Stabilization of 1945-1946. J. Polit. Economy 91(5): pp. 801-824.

Mizuno, T., M. Takayasu & H. Takayasu, 2002. The mechanism of double exponential growth  in hyper-inflation. Physica A: Statistical Mechanics and its Applications, 308 (1/4): pp: 411–419

Notas:

*             El billón europeo es un millón de millones, mientras que en Estados Unidos se denomina “billón” al “millardo”, es decir mil millones.

**           El desencadenante de la hiperinflación es la incontrolada subida de precios, que tiene como resultado inmediato la puesta en circulación de mayor cantidad de dinero para estabilizar la situación, con ello la moneda sufre una fuerte depreciación y se entra en un círculo vicioso (subida de precios-fabricación de más cantidad de moneda) imparable.




domingo, 16 de octubre de 2016

La ceca ibérica de ARSAOS.

La ceca ibérica de ARSAOS. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 59(1110) (Julio-Agosto, 2003): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.


          La división administrativa de la Península Ibérica en dos provincias, la Ulterior (sur) y la Citerior (norte) se remonta a comienzos del s. II a.C. y las emisiones monetarias acuñadas en ambas regiones muestran grandes diferencias. Por un lado, las poblaciones de la provincia Ulterior, tempranamente romanizadas, acuñan exclusivamente monedas de bronce y presentan una iconografía muy variada: elementos agrícolas como el trigo o la vid, peces y actividades de pesca, representaciones mitológicas y seres fantásticos, gladiadores etc..., utilizando también diversas lenguas y alfabetos: fenicio, ibérico meridional y latino. Por el contrario, en la provincia Citerior, se acuña en bronce (ases y sus divisores) y en plata (denarios), con un motivo predominante: el jinete guerrero en el reverso y un busto masculino, generalmente barbado en el anverso. En cuanto la escritura, con algunas variantes, es más homogénea y se corresponde con el alfabeto silábico ibérico. Resulta indiscutible que la aparición de la moneda indígena vino forzada por los nuevos conquistadores, los romanos. Aunque respecto a los motivos que aparecen en las monedas, y en cuanto a la escritura, los pueblos indígenas tenían una cierta autonomía, los pesos y tamaños de las monedas de plata y bronce, se corresponden exactamente con el patrón oficial impuesto por Roma.

          La primera dificultad para identificar las ciudades que en estos tiempos acuñaron moneda, es determinar la zona ocupada por los antiguos pueblos hispánicos prerromanos. Estos pueblos no tenían unas fronteras estables y podían expandirse, o incluso desaparecer en cortos períodos de tiempo. Los vascones ocupaban el actual territorio de Navarra, y se extendieron hacia el sur, este y oeste, abarcando en el siglo primero antes de nuestra Era (según Plinio y Ptolomeo) ciudades como Jaca, Egea de los Caballeros, Calahorra y Alfaro. Esta expansión vascona ocurrida hacia el siglo primero antes de Cristo, fue sin duda favorecida por los romanos, a quienes los vascones ayudaron en sus guerras, primero contra los celtíberos y más tarde participando como aliados del general Pompeyo (fundador de Pamplona) en su pugna contra Sertorio, quien había establecido su capital en Huesca.

Figura 1.- Denarios y ases de Arsaos.

          Una característica de las monedas “vasconas”, también común a otras vecinas poblaciones beronas que emitieron moneda (Teitiakos y Uarakos), es que a diferencia del típico jinete celtibérico portador de una lanza, en la moneda “vascona” generalmente el jinete lleva un arma corta, generalmente una espada, o a veces un dardo, hacha o una hoz de guerra (“falx”). Este hecho ha sido interpretado como reflejo de que en realidad el mercenario vascón estaría integrado en las tropas de infantería, mientras que el celtibérico actuaría en la caballería. Las armas cortas más adecuadas en el combate a pie le serían por tanto más familiares al mercenario vascón, y son las que representa en sus monedas.

          Las monedas con leyenda “BARSKUNES”, “BASKUNES”(1),  “BENTIAN” y “OLKAIRUN” fueron acuñadas en poblaciones situadas cerca de la actual Pamplona y la palabra “Baskunes” es una simplificación de la anterior “Barskunes”. Llama poderosamente la atención, la gran cantidad de emisiones de monedas de plata (denarios) acuñados en la ceca de  Baskunes, difícilmente justificables dentro de un contexto económico, y que sólo pueden interpretarse como monedas destinadas a pagar a los ejércitos mercenarios que actuaban como aliados de los romanos. El popular denario de Baskunes es incluso copiado en la lejana Galia Belga , latinizando la palabra ibérica que da como resultado una lectura de “IMONES”, que posteriormente se convierte en “IMONIO”.     

Figura 2.- Representación de una doble hacha de guerra en denarios de Augusto acuñados en Emerita.

          Otra importante ceca que emitió monedas de plata (denarios) y  bronce (ases,  semises y cuadrantes) es “ARSAOS”. Estas emisiones presentan una característica que las hace únicas en la numismática ibérica, el jinete lleva una especie de dardo corto (Figura 1), que ha sido interpretado como un hacha doble de guerra (bipenne) (Figura 2). En los anversos de denarios y ases aparece un busto barbado mirando a la derecha, delante de él un delfín y detrás un arado. En una de las emisiones de ases figuran las letras “O N” bajo la barbilla del busto (Figura 3), leyenda idéntica a la que aparece en la ceca de Segia (Egea de los Caballeros) en denarios y ases, o en una emisión de ases de la ceca vascona de Bentian (una leyenda similar pero con la silábica Bo, en vez de la O, aparece en las monedas de Bolskan-Huesca, Iaka-Jaca y Sesars). Otras dos cecas vasconas presentan la leyenda “ETa  ON” (Arsakos y Umanbaate).

Figura 3.- Detalle de la leyenda ibérica “ON” en el anverso de un as de Arsaos.

          La principal pista sobre donde pudo estar localizada la ceca de Arsaos la aportó en 1976 G. Fatás: en Sofuentes (Sos del Rey Católico(2)) existe una inscripción funeraria en piedra con la leyenda Arsitanvs: “BUCCO.IIV / SADANSIS.F / ARSITANVS / H.S.E.”, si bien en la actualidad esta importante lápida forma parte de una puerta donde está sujeta la verja de una casa, en su momento señalaba la tumba de un magistrado (duunviro) Bucco de Arsaos (Figura 4).


Figura 4.- Placa funeraria de Sofuentes (Sos del Rey Católico) alusiva a un personaje de Arsaos, y vías y yacimientos romanos en la zona.

          La comarca de Sos del Rey Católico pertenecía a comienzos del siglo II a.C. al territorio suessetano, pueblo que desaparece de las fuentes documentales romanas tras la campaña de Catón contra Jaca en el 184 a.C. Presumiblemente a partir de este momento la zona quedó controlada por los vascones bajo cuya influencia se emitieron las monedas a partir de la segunda mitad del s. II a.C. La emisión de divisores (semises y cuadrantes) indica unas necesidades monetarias diversificadas de la población que habitaba esta zona. Los ases acuñados en esta ceca presentan una gran variabilidad de estilos, pesos y tamaños y han sido encontrados en diversos lugares (Zaragoza, Navarra, La Rioja, Soria, Cuenca, Barcelona, Gerona e incluso en Ibiza). Más abundantes son los hallazgos de denarios (108 en Palenzuela, 33 en Barcus –Francia-, 26 en Alagón, 14 en Borja y ejemplares dispersos en Vizcaya, Logroño, Burgos, Salamanca, Soria, Córdoba y Jaén) (3).


(1) Según una reciente teoría, ampliamente aceptada por los especialistas de lenguas prerromanas, la terminación –es, correspondería a un ablativo plural y no a un nominativo plural (como se pensaba hasta hace poco), con lo cual el nombre de la ciudad emisora de estas monedas sería “Baskon” o “Barskon”, significando la leyenda: “para los de Baskon”.
(2) Algunas cecas celtibéricas como Oilaunikos y Areikoratas, presentan en el anverso la leyenda SOS, de significado desconocido.     
(3) Con  posterioridad a la aparición de este artículo, se ha publicado una monografía sobre esta ceca: Fernández Gómez, J., 2009, Arsaos, reflexiones históricas, geográficas y tipológicas en torno a unaceca indígena en territorio vascón. Col.lecció Instrumenta 32 (Univ. Barcelona): pp. 437-480. 



viernes, 1 de enero de 2016

Una moneda de un billón de marcos. La moneda inflacionaria.

Una moneda de un billón de marcos. La moneda inflacionaria. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 56(1075) (Mayo 2000): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.

Es normal que los estados modernos acuñen piezas de gran tamaño y valor, utilizadas más como objetos decorativos y de prestigio, que como medio de pago. Esta costumbre que se remonta a tiempos antiguos, fue revivida en la Edad Media con la acuñación de espectaculares monedas como la dobla de diez doblas acuñada en tiempos de Pedro I de Castilla, las monedas de 20 excelentes de los Reyes Católicos, y ya en época moderna, las impresionantes emisiones de cien ducados de oro emitidos en Zaragoza por Juana y Carlos I, el centén o cien escudos de oro de Felipe IV o los cincuentines de plata de Felipe III y Felipe IV.

Sin embargo, y aunque pudiera parecerlo, no es éste el caso de la moneda de un billón de marcos emitida en Alemania (concretamente en Westfalia) en 1923. Se trata del más claro ejemplo de un dramático proceso inflacionista, que desembocó en la total ruina económica del estado europeo, hasta hacía poco tiempo, más poderoso de Europa (Figura 1).


Figura 1.- Monedas y billetes inflacionarios alemanes de 1923 por valor de millones y billones de marcos.

La historia de una hiperinflación que aún causa asombro a los estudiosos e investigadores de la historia económica comienza tras el armisticio que pone fin a la primera guerra mundial. Si bien es cierto que el fenómeno de la inflación es algo muy antiguo, ya experimentado en el siglo III de nuestra Era con el hundimiento del sistema monetario romano, y posteriormente puesto de manifiesto primero durante la Edad Media con la moneda de Castilla (el maravedí) y en época moderna con la crisis del vellón castellano -experimentada durante la primera mitad del s. XVII- o con la inflación causada por los “asignados” emitidos en tiempos de la revolución francesa, nunca anteriormente había alcanzado el nivel que tuvo en la Alemania de postguerra.

Como referencia podemos dar unos datos de la cotización de un dólar americano en marcos alemanes durante este período:

Enero 1919                 1 dólar americano= 7,95 marcos alemanes
Junio 1919                  1 dólar americano= 13,32 marcos alemanes
Enero 1920                 1 dólar americano= 49,8 marcos alemanes
Junio 1920                  1 dólar americano= 39,25 marcos alemanes
Enero 1921                 1 dólar americano= 74,5 marcos alemanes
Junio 1921                  1 dólar americano= 63,37 marcos alemanes
Enero 1922                 1 dólar americano= 186,75 marcos alemanes
Junio 1922                  1 dólar americano= 7.650 marcos alemanes
Enero 1923                 1 dólar americano= 7.260 marcos alemanes
Junio 1923                  1 dólar americano= 7.650 marcos alemanes
Agosto 1923               1 dólar americano= 1.100.000 marcos alemanes
Septiembre 1923         1 dólar americano= 9.700.000 marcos alemanes
1 Octubre 1923                       1 dólar americano= 242.000.000 marcos alemanes
10 Octubre 1923         1 dólar americano= 2.975.000.000 marcos alemanes
19 Octubre 1923         1 dólar americano= 12.000.000.000 marcos alemanes
31 Octubre 1923         1 dólar americano= 72.500.000.000 marcos alemanes
1 Noviembre 1923      1 dólar americano= 130.000.000.000 marcos alemanes
10 Noviembre 1923    1 dólar americano= 630.000.000.000 marcos alemanes
20 Noviembre 1923    1 dólar americano= 4.200.000.000.000 marcos alemanes.

En esta tabla puede apreciarse cómo la crisis de la moneda alemana se acentuó durante la segunda mitad del año 1923, como consecuencia de la ocupación del Ruhr por Francia, y lo más angustioso para la población es que la subida de los precios iba paralela a la cotización del dólar. Evidentemente era imposible acuñar moneda a la velocidad requerida por este proceso hiperinflacionista, lo que se emitían eran billetes, para lo cual trabajaban día y noche 30 fábricas de papel y hasta 1.723 prensas, emitiéndose billetes por parte del Reichsbank (banco oficial) y por  comunidades y regiones que fabricaban frenéticamente billetes de emergencia.

En las fábricas los salarios se abonaban al día. A las once de la mañana, y sobre un camión cargado de billetes, el cajero leía los nombres de los operarios e iba arrojando paquetes de papel moneda con valores millonarios. Tan pronto se retiraba el dinero, los obreros se lo entregaban a sus familiares que esperaban en el exterior de la fábrica y acudían a las tiendas más próximas, a gastarlo inmediatamente, adquiriendo lo primero que encontraban, fuera lo que fuera. Un café que costaba cinco mil marcos, a los pocos minutos valía catorce mil, y una carretilla cargada de billetes apenas si servía para comprar el periódico (Figura 02).


Figura 02.- Imágenes de la época mostrando a un empleado municipal barriendo en las calles billetes de banco, y su uso como combustible en una estufa.

En este contexto es lógico que no se emitiera moneda metálica, y tan sólo se utilizaran billetes (más fáciles de fabricar). Excepcionalmente se acuñaron monedas con valores millonarios, si bien no llegaron a circular, como la de un billón de marcos (Figura 1), que en realidad en otoño de 1923 valía menos de 25 centavos de dólar.

Esta hiperinflación se dio también en Rusia, aunque por otros motivos, y tras la segunda guerra mundial, se repitió el proceso en algunos países como Hungría y Grecia. En tiempos más recientes muchos países (en Sudamérica: Bolivia, Perú, Nicaragua, Argentina....; en Europa los  países surgidos tras la desaparición de la antigua Yugoslavia y la Unión Soviética) han sufrido y todavía algunos sufren este demoledor proceso que desemboca inevitablemente en la ruina económica nacional. Sin embargo es esperanzador el ejemplo alemán, en el que tras el huracán inflacionista siguió el milagro del Marco-renta (Rentenmark) iniciado a finales de 1923, con una paridad de 1 rentenmark= mil millones de antiguos marcos, y que consiguió estabilizar la maltrecha economía alemana.

*Nota adicional: La política de recortes, mantenida por las autoridades europeas ante la última crisis económica, tiene su origen en la actitud de Alemania, contraria a la puesta en circulación de masa monetaria, por el recuerdo –aún vigente- de la grave crisis que provocó la hiperinflación de los años 20 del pasado siglo. Por el contrario, la respuesta de los Estados Unidos frente a la crisis de fabricar más moneda, ha permitido una rápida recuperación de su economía sin caer en la temida inflación.

Bibliografía reciente: A. Sferrazza (2016): “Money for nothing” ou quand l’argent ne vaut plus rien. Buletin Numismatique n. 149: pp. 22-26.



martes, 15 de diciembre de 2015

Constantino y el culto al "Sol Invicto", un preludio de la Navidad.

Constantino y el culto al “Sol Invicto”, un preludio de la Navidad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 61(1136) (Diciembre 2005): pp. 50-51.

Miguel Ibáñez Artica.




            Aunque la fecha real del nacimiento de Jesús puede remontarse hacia la primavera del año 5 antes de Cristo, la tradicional festividad navideña tiene un origen desconocido. A comienzos del siglo segundo, dentro de los diez primeros días de Enero se celebraban en la misma fecha, la Navidad, los Reyes Magos y el bautismo de Jesús, los armenios aún celebran la Natividad el seis de Enero.


Representación navideña en un códice medieval y en un jetón del siglo XVI.

            Su traslado a la fecha actual tuvo como finalidad contrarrestar la enorme popularidad del culto al “Sol Invicto” en tiempos del Emperador Constantino el Grande. Este culto al dios Sol, procedente de Siria, fue instaurado por Caracalla a comienzos del siglo tercero y aunque tras la violenta muerte del emperador Heliogábalo en el año 222 d.C. quedó prohibido, Aureliano (270-275) lo reinstauró de nuevo por motivos políticos, fijándose su aniversario el 25 de diciembre, día natalicio de las divinidades solares orientales.

            La fecha no es casual, tras el solsticio de Invierno, los días comienzan a alargarse, tras un período de reducción que se inicia a partir del 24 de Junio. Es como si por fin el sol triunfase sobre la oscuridad, un “sol invencible” adorado como un dios. Curiosamente el emperador Constantino I (306-337) que oficializó el cristianismo en Roma, acuñó una gran cantidad de monedas con la figura del “sol invicto”, deidad que en esta época tenía una gran importancia en Roma (Figura 1). Tras la adopción del cristianismo se trasladó la fiesta de la Navidad (nacimiento del Niño Dios) al mismo día que se celebraba el rito pagano del nacimiento del sol, el 25 de diciembre y de esta forma, aunque con un cambio en la divinidad a la que se rendía culto, se conservaba la tradición popular de la fecha de la celebración. También hasta esas fechas, el día semanal de descanso para los cristianos seguía siendo -según la tradición judía-, el sábado, pero el edicto de Constantino en el año 321 d.C. trasladó esta festividad al Día del Sol (el domingo-“Sunday”).


Figura 1.- Tesorillo de monedas de Constantino I, representando la figura del “Sol Invicto”.

            Se ha exagerado el papel de Constantino como introductor del cristianismo. En realidad su predisposición y tolerancia hacia la nueva religión era interesada, los cristianos eran numerosos y Constantino los necesitaba para combatir a Majencio en su lucha por el Imperio. En el año 312 d.C., Majencio fue aniquilado en la batalla de Puente Milvio, y la tradición señala que, inmediatamente antes de la mencionada batalla, Constantino tuvo la visión de una cruz luminosa pendiendo en el cielo. A partir de aquí se ha venido aceptando que el emperador convirtió el Imperio Romano al cristianismo, sin embargo esto no es lo que nos transmite la numismática, que nos muestra solamente representaciones de dioses paganos (Júpiter y el Sol) en sus monedas (Figura 1). De hecho en el arco triunfal que el senado construyó en el coliseo para celebrar la victoria de Constantino, la inscripción señala que la victoria de debió a la mano de la deidad, pero del dios “Sol Invicto” del que Constantino fue durante toda su vida su Sacerdote Supremo. El emperador fue finalmente bautizado el año 337 en su lecho de muerte, tal vez imposibilitado para negarse a ello.

            El culto al Sol Invicto era esencialmente monoteísta,  asumía que el dios sol era la suma de los atributos de todos los otros dioses, así de forma pacífica, asimiló a todos sus posibles competidores, además armonizaba convenientemente con el culto de Mitra, muy popular en el Imperio Romano en esa época y que también incluía la adoración del sol. Dentro de la política de Constantino de conseguir la unidad política, territorial y religiosa del extenso y  diverso Imperio Romano, una religión estatal que aglutinara a todos los cultos era en esos momentos la más conveniente, y fue precisamente bajo los auspicios del “Sol Invicto” como el cristianismo consolidó su implantación. Las tres religiones más populares en esa época (Sol, Mitra y Cristianismo), finalmente acabaron confluyendo en una sola, el cristianismo (Figura 2).


Figura 2.- Las tres religiones monoteístas del Imperio Romano: Mitra, el Sol Invicto y el Cristianismo.

            Constantino construía al mismo tiempo iglesias cristianas y estatuas a la diosa Cibeles y al Sol Invicto, en este caso con las facciones del propio emperador. La fe era para el emperador estrictamente una cuestión de estado, y cualquier religión que condujera a la unidad era tratada con preferencia. Así convocó el Concilio de Nicea el año 325 donde quedaron establecidas las reglas de la Iglesia y se decidió por mayoría que Jesús era Dios y no un simple profeta mortal, tal como sostenía el arrianismo.

            Si bien lo más frecuente en las emisiones monetarias del emperador Constantino es que aparezcan representados dioses paganos, ocasionalmente muestran símbolos cristianos asociados a la figura del emperador, como por ejemplo en una temprana moneda de plata acuñada en la ceca de Ticinum (Pavía, Italia. R.I.C.VII, 36) donde aparece el busto del emperador con escudo, cota y casco adornado por un pequeño cristrograma, detalle que se repite en un pequeño “nummus” de Siscia (Croacia; R.I.C.VII, 95). Resulta curioso que en todos los casos el elemento cristiano aparezca asociado a una imagen del emperador fuertemente armado con casco, coraza, escudo y lanza. Posiblemente Constantino utilizaba el crismón como elemento decorativo en su armadura y así es como figura también en las escasas monedas donde aparece el símbolo cristiano.

            La primera cruz cristiana claramente representada en una moneda aparece en una tardía emisión del tipo de los “dos soldados” (leyenda “GLORIA EXERCITVS”) acuñada en Aquileia (Italia) y que puede datarse entre los años 334-5 (R.I.C. VII ns. 124-7). Su presencia parece responder más a una concesión a los encargados monetarios de la ciudad, probablemente cristianos, que a una intencionalidad explícita del Emperador en representar la cruz en sus monedas (Figura 3).


Figura 3.- Medio centenonial de Constantino I. Ceca de Aquileia (334-335 d.C.). Al fondo una representación pictórica renacentista de la victoria de Constantino en el Puente Milvio.
Reverso: GLORIA EXERCITVS, dos soldados enfrentados, dos estandartes y entre ellos la cruz | AQS en exergo (RIC VII 124).

            Los símbolos cristianos aparecerán de forma inequívoca algo más tarde, en algunas monedas de oro y plata acuñadas por sus hijos Constante (337-350 d.C.) y Constancio II (337-361), en las que la figura del emperador porta un estandarte con el crismón (símbolo cristiano). En cuanto a las pequeñas monedas de bronce, Constante acuñó en la ceca de Siscia una emisión del tipo de “dos soldados” en cuyo reverso aparece en forma destacada la figura del crismón en el estandarte central que portan los soldados (Figura 4). Aparte de estas apariciones relativamente puntuales, es a partir de Teodosio I (379-395) cuando las representaciones monetarias se “cristianizan”, dentro de una política general de supresión del tradicional paganismo y afirmación de la religión cristiana, y donde las monedas, además de su función económica, servían como elementos de propaganda política del Estado (en este caso lo político y lo religioso se encuentran fuertemente entremezclados).


Figura 4.- Monedas de Constante con estandarte donde figura el símbolo cristiano.


viernes, 16 de octubre de 2015

Monedas humanas, los esclavos como moneda.

Monedas humanas, los esclavos como moneda. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 66(1186) (Junio 2010): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.






            La esclavitud como institución, se remonta a los orígenes de la humanidad, así figura en los textos más antiguos como la Biblia, o el Código de Hammurabi (1760 a.C.). Por ejemplo José es vendido por sus hermanos por veinte monedas de plata (Génesis 37: 25-28), o los hebreos son esclavizados en Egipto y liberados por Moisés, quien había nacido esclavo (Figura 1).


Figura 1.- Venta de esclavos, obra del pintor Jean-Léon Gérôme (hacia 1867).

            En las culturas mediterráneas, existían tres motivos por los que las personas libres se convertían en esclavos, al ser capturadas como botín de guerra, como castigo a algún crimen cometido, o por deudas, y la mayor parte de estos esclavos eran utilizados en labores agrícolas, domésticas, o en la construcción de infraestructuras, templos o monumentos, de forma que en algunas culturas el porcentaje de población esclavizada podía ser muy elevado. En la antigua Atenas los esclavos alcanzaban un 30% de la población total, cifras similares a las que posteriormente se dieron en el imperio romano, incluso mayores en las zonas agrícolas del norte de África, sur de la Península Ibérica y oeste de Anatolia.

            Los turbulentos inicios de la Edad Media en Europa facilitaron la obtención de cautivos, que constituían un lucrativo negocio para vikingos y musulmanes, el mismo San Patricio fue capturado y vendido como esclavo. Las leyes visigodas castigaban con la esclavitud a aquellos que no pudieran pagar las multas impuestas por crímenes cometidos, y se calcula que en época carolingia, aproximadamente un 20 por ciento de la población eran esclavos. La Iglesia admitía la esclavitud, pero en repetidas ocasiones prohibió la venta de esclavos cristianos en territorios no cristianizados. En1452, el Papa Nicolás V garantizaba los derechos de Alfonso V de Portugal a esclavizar a los sarracenos y paganos capturados y a sus descendientes, legitimando el posterior tráfico de esclavos y el depredador colonialismo europeo de los siguientes siglos. En la abundante documentación referida a los esclavos en las colonias del Nuevo Mundo, no es raro que sean utilizados como regalo, en dotes matrimoniales o para pagar ciertas deudas económicas, sin embargo no podemos certificar en este caso su estricta utilización monetaria.

            La moneda se define como una unidad de valor, medio de cambio, forma de acumulación del valor y medio de pago diferido, y si frecuentemente se han empleado cabezas de ganado como moneda (recordemos la etimología de la palabra “capital”) ¿por qué no iban a utilizarse los esclavos con este fin? (Figura 2).


Figura 2.- Documento de venta de esclavos, donde se definen como “alma en boca y huesos en costal”.
            Posiblemente los esclavos hayan sido considerados como moneda en varias regiones y culturas a lo largo de la historia de la Humanidad, pero donde este hecho queda perfectamente acreditado de forma documental es en África, durante el siglo XIX. El califato de Sokoto se fundó en Nigeria hacia 1800. Establecido al principio en la región de la etnia Fulani, fue ampliándose hasta ocupar los actuales territorios de Burkina Faso y Camerún convirtiéndose en un extenso y poderoso estado musulmán, que prosperó durante todo el siglo XIX, hasta ser ocupado y repartido, en el proceso de colonización, entre Francia y Gran Bretaña a comienzos del siglo XX.

Durante esta época, la moneda utilizada en la región eran las conchas del cauri Monetaria moneta, pero la masiva importación de grandes cantidades de Monetaria annulus, produjo en el s. XIX una fuerte depreciación de su valor, de forma que un penique inglés equivalía a 125 cauris. Los comerciantes debían transportar grandes cantidades de cauris en camellos y recorrer largas distancias. Unos 400.000 cauris pesaban entre media y una tonelada, según la proporción de conchas de las especies Monetaria moneta y M. annulus, esta última de tamaño más pequeño. Este hecho obligaba a llevar un cierto número de porteadores, que se ocuparan del transporte de los cauris necesarios para las transacciones comerciales realizadas entre las distintas zonas del califato, elevando considerablemente los costes.


Figura 3.- Mercado de esclavos en Zanzibar. Grabado de Emile Antoine Bayard, publicado en 1878 en la revista “The World in the Hands”.

            Aunque en la región se utilizaba también una moneda fuerte, el Thaler de Maria Teresa de Austria  (cinco monedas equivalían a una libra esterlina), así como algunos antiguos reales de a ocho españoles, no resultaban suficientes para cubrir las necesidades del próspero comercio del califato, así que la solución al problema surgió de forma espontánea, en un país donde se utilizaban los esclavos en abundancia y cada uno equivalía en valor a 50.000 cauris. Los esclavos tenían la ventaja de que se autotransportaban, abaratando notablemente los gastos de desplazamiento, de forma que la devaluación del cauri revalorizó el papel de los esclavos como moneda fuerte (Figura 3). Las ventajas eran evidentes, por ejemplo el emirato de Karsina pagaba anualmente un tributo de 100 esclavos, cuyo valor equivalía a 20 toneladas de cauris, que hubieran necesitado 500 personas para su transporte. Con la llegada de los colonizadores europeos se produjo la abolición de la esclavitud, con una gran reticencia de los nativos, dado que formaban una parte imprescindible de su sistema económico tradicional (Figura 4). Algunos informes de compañías británicas y numerosos testimonios de la época acreditan que la segunda moneda en importancia, después del cauri, eran los esclavos. La introducción del numerario occidental (monedas de oro y plata) minimizó parcialmente el problema de la carencia de una moneda fuerte.


Figura 4.- Medallas o tokens en contra de la esclavitud (finales del s. XVIII) y conmemorativo de la ley abolicionista de 1807.



Bibliografía:


Hogendorn, J., 1999. Slaves as Money in the Sokoto Caliphate. En: Credit, Currencies and Culture: African financial institutions in Historial perspective. Ed. E. Stiansen & J.I. Guyer. Uppsala. Nordiska Afrikainstitutet, 174 pp.: 55-71 pp.