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jueves, 1 de noviembre de 2018

El "Kwele", una moneda tradicional en la antigua Guinea Española.


El “Kwele”, una moneda tradicional en la antigua Guinea Española. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 74(1272) (Abril 2018): pp. 45-47.

Miguel Ibáñez Artica.

            Entre las diferentes formas de dinero primitivo que fueron utilizadas como moneda en el África subsahariana antes y durante la colonización, las hay de muy diversos tipos(1), en unos casos son de naturaleza orgánica (semillas vegetales, rafia, conchas, pelos, colmillos, etc.) y otras veces son de origen mineral, especialmente metálicas, elaboradas en hierro o cobre.

Dentro de esta premoneda africana, el grupo más numeroso y diversificado está constituido por una serie de variados objetos metálicos (mayoritariamente de hierro), entre los que podríamos establecer cuatro familias principales, a: adornos; b: utensilios como azadas y cencerros; c: armas, y d: varillas o lingotes. Frecuentemente se produce una sinécdoque, es decir, los utensilios necesarios para la vida cotidiana (instrumentos agrícolas, armas de caza...) acaban representando el valor del trabajo realizado con ellos, convirtiéndose de esta forma en “moneda”. En un segundo proceso estos instrumentos se transforman, pierden su función original, y quedan reducidos a monedas única y exclusivamente (Figura 1).


Figura 1.- Algunas monedas de hierro africanas.
 a: Sengese”, cuchillo arrojadizo de hierro. Chad, Camerún. Pueblo Matakam;  b:Liganda” (hierro). República Democrática del Congo. Zona de  Kisahghani. Pueblo Topoke; c: Likonga” (hierro), variante de la anterior de los pueblos Lokele y Olombo (Congo); d: Zong” (hierro). Gabón. Pueblo Kwele. “Moneda mariposa” de hierro; e:  Penique Ogoja”, “Iyawa”, “Efufy” o “Yakaro” (hierro). Nigeria, República Democrática del Congo. Pueblos Akiuju, Nkun y Munshi; f:  Oshele”, “Woshele” o “Shongo” (hierro).República Democrática del Congo. Entre los ríos Kasai y Sankuru. Pueblos Nkutshu, Bankutu, Zande y Bushongo; g: Pinga”. Cuchillo arrojadizo (hierro). República Democrática del Congo, Sudán y República Centroafricana. Pueblo Zande; h:Mgulu”, “M’boutou”. Cuchillo de verdugo de hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Nagala y Ngombe; i:Ngindza” (hierro). República Democrática del Congo, República Centroafricana. Pueblos Bubu y Nzakkara; j:M’bili ngbaka” (moneda de los Ngbaka) (hierro). República Democrática del Congo- República Centroafricana. Pueblo Ngbaka; k:Kul”, cuchillo arrojadizo de hierro. Chad. Pueblo Ngama; l: “Suu” Moneda escudo de hierro. Camerún. Pueblo Mambilla; m: Mapuka”, lámina de hierro con apéndices. República Democrática del Congo Pueblo Mangbetu; .n:Peniques Kissi”, “Gitzi” o “Kilindi” (hierro). Liberia y Sierra Leona. Pueblo Kissi; o: Shoka” Azada de hierro del pueblo Zande. República Democrática del Congo, República Centroafricana, Sudán; p: Lokongo”, “Guindja” o “Moneda azada” (hierro). República Democrática del Congo. Pueblo Ngabandi; q: Ikonga”, punta de lanza decorada (hierro). República Democrática del Congo; r:Shoka”. República Democrática del Congo. Pueblos Lokele y Olombo; s: Dikonga” Punta de lanza (hierro). República Democrática del Congo. Pueblos Tetela, Mbole y Nkutshu; t: Kundja” e “Iwenga” (hierro). República Democrática del Congo. Pueblo Nkutshu; u: “Sombe”, Costa de Marfil.Pueblo Baule; v:  Bikie”, lámina de hierro. Gabón, Camerún. Pueblo Fang; x: “Moneda murciélago” de hierro. Camerún. Pueblo Mambila; y: Trombasc”. Cuchillo ritual de hierro con mango de madera, marfil o metal. República Democrática del Congo, Sudán. Pueblo Mangbetu; z: Lámina de hierro, moneda en distrito Dutsi. Nigeria.

            Antes de centrarnos en las monedas primitivas de la zona del Golfo de Guinea, conviene señalar que las divisiones administrativas de los países africanos, son fruto de un burocrático proceso cartográfico de descolonización, donde las fronteras se trazaron con regla y tiralíneas sobre la mesa de un despacho, y no se corresponden en absoluto con las zonas geográficas habitadas por las diferentes etnias y culturas (Figura 2). Así por ejemplo en Nigeria existen 516 lenguas vivas pertenecientes a las familias Hausa, Igbo y Yoruba. Esta “patchiness” o heterogeneidad cultural dentro de un mismo país ha sido motivo de numerosos conflictos y guerras civiles en épocas recientes en diferentes regiones del continente africano.



Figura 2.- Países y grupos étnicos en la región del Golfo de Guinea.

            Con respecto a la antigua Guinea Española, todavía en la actualidad se hablan varias lenguas autóctonas diferentes, y además del Fang que es la principal, también se utilizan el Bubi, el Benga, el Batanga, el Yasa, el Seki, el Kwasio y el Belengue, lo cual da un reflejo de la pluriculturalidad en un país que cuenta con una población de apenas un millón doscientos mil habitantes (menos que la ciudad de Barcelona).

            Hasta comienzos del siglo veinte, fueron varias las “premonedas” utilizadas en la zona, y además de algunas conchas, las monedas principales, conocidas como “Kuele” o “Kwele” tienen el aspecto de pequeñas flechas de hierro o varillas con una expansión en un extremo, y se utilizaban individualmente, o más frecuentemente en grupos o puñados de 5, 10, 30 o 100 piezas (Figura 3).

            Estas monedas tenían una especial relevancia en el “nsoa” o “nswa” de los Fang que consiste en un pago de la familia del novio a la de la novia, en lo que se conoce como “brideprice” o “dinero de la novia”. El origen de esta dote inversa reside en que en las culturas “primitivas” la mujer es un apreciado elemento de mano de obra, que el clan pierde cuando se casa y va a vivir con otro clan (el del marido), así pues hay que compensar esta perdida y para ello se utilizaron primero las monedas tradicionales o “Kwele” y después, durante la colonización las pesetas españolas. Una nsoa a finales de la segunda década del siglo veinte incluía hasta 10.000 bikuele, equivalentes a 400 ntets,  o paquetes de 100 ekuele, es decir, unos 160 kilos de hierro (Martino Martín, 2016)(2).



Figura 3.- Principales monedas de hierro en la zona de Guinea Ecuatorial según Guyer (1986)(3).

            En las recientes excavaciones arqueológicas realizadas en la región de Guinea Ecuatorial se han hallado objetos de hierro utilizados como moneda hace casi dos mil años, y tal como señala González Ruibal: “los mismos artefactos (ekuele) fueron utilizados en las transacciones matrimoniales por los descendientes de aquellos comunidades entre el siglo XVI y mediados del siglo XX..... La moneda de hierro no es un mero reflejo de una tradición cultural: ha tenido un papel activo en estabilizar y prevenir su transformación radical. Sin el ekuele, la relación entre riqueza, parentesco y matrimonio habría sido menos sólida”.(4)

            En África precolonial las premonedas no solo tuvieron un papel económico, también sirvieron para estructurar y mantener la reproducción social. Esta función ya se ha perdido en el continente africano y las monedas tradicionales han dejado de utilizarse, sin embargo su presencia aún pervive en remotas regiones de Oceanía.
 
En el año 1975 se produjo una curiosa coincidencia, mientras en Papúa-Nueva Guinea, tras su independencia, se creó una nueva moneda, la “kina”, con sus divisores en “toea”, nombres que recibían las monedas-concha tradicionales en la zona, en las mismas fechas, a miles de kilómetros de distancia en Guinea Ecuatorial, se creó también una nueva moneda, el “ekwele” o “ekuele”, recuperando también la denominación de la moneda tradicional, que sustituyó a la peseta guineana en circulación desde la independencia de la colonia en 1968. Esta moneda, que pervivió hasta 1985 en que fue sustituida por el franco CFA, presenta la figura de la primitiva moneda de hierro de donde deriva su denominación en los billetes emitidos con diferentes valores (Figura 4).


Figura 4.- Billetes guineanos de Ekueles y Bipkweles.

Notas:

(1) Ibáñez, M., 2002. La moneda africana, antes y durante la colonización (I). Crónica Numismática 13(140): 42-46. http://numisarchives.blogspot.com.es/2014/08/la-moneda-africana-antes-y-durante-la.html

(2) Martino Martín, E., 2016.  Nsoa (“dote”), dinero, deuda y peonaje: cómo el parentesco Fang tejió y destejió la economía colonial de la Guinea Española. ENDOXA nº 37: pp. 337-361.


(3) Guyer, J. I., 1986. Indigenous Currencies and the History of Marriage Payments. A Case Study from Cameroon. Cahiers d'études africaines, vol. 26, n°104: pp. 577-610.  

(4) González Ruibal, A., 2013. Reclaiming Archaeology. Beyond the Tropes of Modernity. Ed. Routledge. Archaeological Orientations: 392 pp.






domingo, 15 de noviembre de 2015

La "Moneda pluma" de Santa Cruz (Islas Salomón) y otras "Monedas-pluma".

La “Moneda pluma” de Santa Cruz (Islas Salomón) y otras “Monedas pluma”. Artículos publicados en: Eco Filatélico y Numismático 59(1113) (Noviembre 2003): pp. 42-43, y 60(1115) (Enero, 2004): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.

La “Moneda pluma” de Santa Cruz (Islas Salomón).
Una de las últimas incorporaciones a las colecciones del Museo Arqueológico Nacional(1) es una valiosa moneda que, paradójicamente, no está hecha de ningún metal noble como el oro o la plata, y ni tan siquiera es de metal. Está fabricada con las plumas rojas de un pequeño pajarillo que vive en las lejanas islas del Sur del Pacífico.
Se trata de la famosa moneda pluma, utilizada en las Islas de Santa Cruz, cuyo uso se ha mantenido vigente hasta finales del siglo veinte y de la que tenemos una completa información acerca de su proceso de fabricación y formas de empleo, gracias a las investigaciones realizadas en los años sesenta por el antropólogo William Davenport, profesor de la universidades de Hawai y Yale(2).


Figura 1.- “Monedas pluma” del Museo Arqueológico Nacional (Madrid).

Santa Cruz es una isla volcánica rodeada de otras islas más pequeñas (Tinakula, Utupua, Duff, Vanikoro...) y todas ellas forman parte del estado de las Salomón, extendiéndose sobre una superficie de unas quince mil millas cuadradas al norte de las Islas de Nuevas Hébridas, con una población de unas 7.000 personas.

En esta zona, se ha utilizado hasta hace muy poco tiempo una moneda, posiblemente la más exótica del mundo, que consiste en un largo cinturón con una longitud de más de nueve metros y una anchura de unos cinco centímetros, fabricado con el plumón rojo de una pequeña ave del bosque tropical (Myzomela cardinalis), plumas de pichón gris (Ducula pacifica) y como pegamento, la savia mucilaginosa del árbol Broussonetia papyrifera.


Figura 2.- Preparación de las “moneda pluma” (Fotos: William Davenport).

Su fabricación es muy sofisticada y requiere de tres tipos diferentes de especialistas, el primero se dedica a cazar con reclamos los pajarillos, atrayéndolos hacia ramas untadas con un látex pegajoso donde quedan atrapados, otros artesanos se dedican a fabricar placas donde van pegadas las plumas y un tercer grupo se encarga de ensamblar las 750 placas necesarias para construir el cinturón de moneda pluma. En total son necesarias más de trescientas aves y un total de seiscientas horas de trabajo artesanal para fabricar cada una de estas monedas(3).

A pesar de que las monedas pluma se guardan enrolladas y recubiertas de hojas en lugares secos para evitar su deterioro, con el tiempo van perdiendo el color y su valor disminuye. De esta forma el número de monedas en circulación se estabiliza y no se producen fenómenos inflacionarios que derivarían de un “exceso” de moneda circulante. La producción de nueva moneda viene limitada por la disponibilidad de aves cuyas plumas son necesarias para su fabricación y por el tiempo que necesitan cazadores y artesanos para fabricarla, mientras que la eliminación de la moneda vieja viene dada por el tiempo. Poco a poco esta frágil moneda acaba destruyéndose y desapareciendo en este clima tropical. De esta forma durante siglos se ha mantenido un equilibrio en la cantidad de moneda disponible, lo cual ha facilitado que su valor se haya mantenido sin experimentar grandes cambios. En la segunda mitad del siglo XX, la entrada de dinero convencional extranjero (moneda australiana) ha provocado un descenso en la fabricación de esta singular moneda.


Figura 3.- Desfile de las “monedas pluma” desde el poblado del novio hasta la casa de los padres de la novia. Se trata de exhibir las riquezas que se van ofrecer. A la derecha una imagen reciente de la ceremonia.

Uno de los usos que se da a estas monedas es para pagar el “dinero de la novia”, es decir la dote matrimonial que la familia del novio paga a los padres de la novia. Se reúnen ambas familias y en primer lugar se selecciona la “moneda pluma” más valiosa, es decir la que tiene colores más vivos. Encima de ésta se van apilando otras en valor decreciente hasta llegar a la décima que suele ser una moneda muy deteriorada y vieja. Cada una de estas monedas vale como dos de las que están inmediatamente encima, de forma que la moneda inferior equivale en valor a 512 de las situadas en el último lugar.

Así pues, existen en realidad monedas de diferentes valores (monedas fraccionarias) que permiten realizar numerosos y variados pagos. Estos objetos cumplen estrictamente las condiciones que debe tener una moneda: son un medio de acumular riqueza y constituyen un medio universal de intercambio en el variado comercio que tiene lugar entre las diferentes islas.

Otras  “monedas-pluma”.

En el  apartado anterior hemos abordado moneda-pluma más conocida de la Isla de Santa Cruz, (Pacífico Sur), sin embargo no es ésta la única moneda fabricada con tan delicados materiales, con las plumas rojas del  mismo pájaro (Myzomela cardinalis) se adornan unas varillas de madera que son también utilizadas como moneda en las Islas Salomón (Figura 5c), y también encontramos monedas elaboradas con plumas de avestruz o de otras aves (como el turaco violeta Musophaga violacea) en Nigeria o Sudáfrica.


Figura 4.- Myzomela cardinalis.

En zonas tropicales abundan las aves de llamativos colores, cuyas plumas han sido utilizadas como valiosos objetos de adorno desde la más remota antigüedad. Tal como ocurre con otros elementos, que comenzaron teniendo una función estrictamente decorativa, con el paso del tiempo evoluciona su uso, convirtiéndose de forma progresiva en objetos de prestigio, que acaban siendo utilizados como moneda (diversos tipos de conchas o collares de conchas, collares de dientes de perro, el “wampum” de los indios americanos, los variados brazaletes africanos, las pulseras y colgantes de concha tallada, etc... e incluso el mismo oro metálico, utilizado en un principio como adorno y que en época posterior se ha convertido en el patrón monetario universal). Mientras en algunos casos las “monedas” pierden su función ornamental, en otros la mantienen, y es en este caso cuando puede resultar complicado -y a veces objeto de controversia- asignarles una función monetaria o no. Mientras la moneda propiamente dicha constituye un medio comúnmente aceptado para pagar bienes y servicios, el trueque o intercambio afecta exclusivamente a las partes que lo practican. Donde podemos poner la frontera de lo ¿“comúnmente aceptado”?, ¿cuántas personas deben aceptarlo para considerar un determinado objeto como moneda?. El asunto se nos complica aún más cuando aparecen “monedas” que no tienen una estricta función económica, sino que sirven para establecer lazos y vínculos entre personas, clanes o poblaciones (el “kula”, el “moka kina”, el potlatch”, etc...) o son utilizadas con unos fines muy concretos (“moneda de la novia”, “moneda de sangre”, etc...).

Dentro de lo normalmente se ha considerado como “monedas primitivas” o “tradicionales”, aceptadas como tales en la bibliografía especializada (Quiggin, Einzig, Taxay, Víctoor, Opitz, Davies, etc...), encontramos varias “monedas pluma”.  Una de las más vistosas es la elaborada con las del Quetzal (Pharomacrus mocino), ave de gran porte y plumaje verdes, frecuente en las selvas tropicales de Mesoamérica (que aunque goza de protección oficial desde 1895, actualmente se encuentra en peligro de extinción).


Figura 5.- a: Detalle del Quetzal en el “Códice Mendoza”; b: Ejemplar disecado del Museo de América (Madrid); c: Moneda de un “quetzal” de Guatemala.

En las culturas azteca y maya, las plumas de este ave eran valiosos elementos utilizados como adorno y moneda, y  se obtenían tras abatir los pájaros con bolas de arcilla, aprovechando para arrancárselas el momento en que quedaban atontados. Tal como nos informa Fray Bartolomé de Las Casas: “En la provincia de Vera Paz, se castiga con la pena capital al que mata una de estas aves de ricas plumas, ya que no se puede encontrar en otros lugares, y estas plumas tienen un gran valor ya que se usan como moneda”. Es decir, matar uno de estos pájaros sagrados se consideraba un delito gravísimo. Entre los aztecas, los mantos de plumas de quetzal servían como moneda (la más hermosa del mundo según el investigador americano D. Taxay) y con uno de ellos podían adquirirse hasta cien canoas.

El códice Mendoza(4) nos ilustra sobre los impuestos pagados en forma de plumas de quetzal, y en la actualidad, éste es el nombre que recibe la unidad monetaria de Guatemala, en cuyos billetes aparece representada esta majestuosa ave, el símbolo más sagrado de los antiguos mayas y actualmente considerada como emblema nacional (Figura 5).

Además de estas singulares monedas americanas, todavía podemos encontrar numerosos ejemplos de “monedas pluma” en la Melanesia (Pacífico Sur), como varillas adornadas con plumas de numerosas especies tropicales que combinan todos los colores posibles y sirven también como elementos decorativos (Figura 6b), o las colas e incluso los pájaros enteros disecados de las espectaculares aves del paraíso que pueblan las selvas tropicales de las islas (Figura 6a).


Figura 6.- a: Ave del paraíso; b: Adornos de plumas usados como moneda; c: Adorno elaborado con plumas de Myzomela cardinalis (ejemplares del Museo Arqueológico Nacional de Madrid).

Las aves del paraíso pertenecen a la familia Paradisaeidae existiendo solamente 43 especies diferentes en todo el mundo, de las cuales 35 viven confinadas en Nueva Guinea. Fueron precisamente los españoles de la nao Victoria (de la expedición de Magallanes y Elcano en el siglo XVI) quienes las descubrieron, y las bautizaron así por su excepcional porte y belleza; de igual forma los nativos de las Molucas las denominan ”Bolong diuata”, es decir, “pájaros de los dioses”. Se trata de aves de tamaño mediano que viven entre 15 y 25 años,  cuyos machos –muy territoriales- al alcanzar la madurez sexual a los cinco años de edad, presentan unas espectaculares plumas (en comparación las hembras son mucho menos vistosas). Cada especie exhibe una danza nupcial característica y viven en los árboles más altos de la selva tropical, alimentándose de insectos, semillas y pequeños vertebrados.

Durante el siglo XIX cientos de miles de aves del paraíso fueron sacrificadas y sus valiosas plumas terminaron sirviendo de adorno en los sombreros de las puritanas damas inglesas de la época victoriana, de forma que estas maravillosas aves estuvieron a punto de desaparecer. Por este motivo las autoridades coloniales británicas prohibieron su caza en 1922.

En Papúa-Nueva Guinea, las aves del paraíso (consideradas como emblema nacional) aún son utilizadas como moneda hoy en día (su posesión está prohibida a los extranjeros). A veces se utiliza el animal entero toscamente disecado (Figura 6a), a veces las largas colas de los machos, o en ocasiones en forma de elaborados y vistosos sombreros que son utilizados en las ceremonias festivas.

En algunas zonas de Nueva Guinea, también se usan como moneda las plumas de casuar (Casuarius bennetti y C. unappendiculatus), grandes aves corredoras parecidas a las avestruces. Como ocurre con las aves del paraíso, también se utilizan las plumas de casuar para decorar otros objetos usados como moneda (sombreros ceremoniales, armas de piedra y hueso...).

Como hemos podido ver, la utilización de las “monedas-pluma” se da en zonas tropicales donde habitan aves de vistoso colorido. En España lo más próximo que encontramos es la utilización de gallinas como moneda para realizar pagos en el medio rural, si bien en este caso se trata más bien de un “alimento moneda”.


Notas:
(1) http://www.man.es/man/coleccion/catalogo-cronologico/numismatica/tevau.html
(2) Davenport, W., 1962. Red-Feather Money. Scientific American 206(3): 94-104. El profesor Davenport falleció el 12/III/2004, unos meses después de publicarse este artículo. Sirva esta contribución como un homenaje a su memoria.
(3) Cada artesano “firma” su obra con una figura geométrica en la parte central de la cinta por su cara interna, visible solamente cuando se desenrolla. Recientemente se ha publicado un listado de estas firmas: Denk, R. & R. Braun (2015). Handwerkermarken auf Federgeldrollen von Santa Cruz, Salomonen. Der Primitivgeldsammlet 36(2): 54-56 + 9 lám.
(4) El Códice Mendoza es un manuscrito conservado en la biblioteca de la Universidad de Oxford. Elaborado a requerimiento del Virrey Mendoza, por escribanos nativos (“tlacuilos”) poco después de la conquista, es uno de los manuscritos precolombinos más valiosos. Embarcado en 1542 con destino a España, el barco que lo transportaba fue atacado por piratas franceses, y acabó en manos de André Thevet, cosmógrafo del monarca francés Francisco I. Posteriormente fue adquirido por un coleccionista inglés y terminó en la Biblioteca de Oxford, donde se encuentra en la actualidad. El “Códice Mendoza” es un documento de gran valor etnográfico y económico, fue escrito en Méjico en 1541 y en su sección segunda (páginas 17 a 55) se relatan los tributos pagados por las diferentes poblaciones, entre los que destacan las plumas de quetzal.


domingo, 12 de enero de 2014

Las monedas más antiguas: “moneda de sangre” y “moneda de la novia”.


1.2.- Las monedas más antiguas: “moneda de sangre” y “moneda de la novia”. Eco Filat. y Numism. (Noviembre, 2007), 63(1157): 44-46.

            Con anterioridad a la aparición de las “monedas económicas”, elementos bien conocidos y utilizados en la actualidad, existieron otros tipos de “monedas” cuya función era la de mantener un equilibrio en las delicadas relaciones sociales entre los seres humanos, relaciones que siempre han estado en la frontera de dos opciones opuestas, la cooperación y la competencia. Con el fin de favorecer la cooperación, se institucionalizó la “hospitalidad”, que si bien aparece de forma tardía en el Imperio Romano, ya se venía aplicando entre los pueblos ibéricos como lo demuestran las numerosas “tesseras de hospitalidad” encontradas(1).




Figura 1.- Teseras de Hospitalidad del poblado de La Custodia (Viana, Navarra).
Estas teseras son pequeñas placas de bronce con variadas formas, desde las puramente geométricas que encajan como un puzle (Figura 1a), hasta las más frecuentes con formas de animales (Figura 1b) o de manos entrelazadas. En cada pareja de placas gemelas y complementarias, se escribe en caracteres latinos o ibéricos una contraseña de hospitalidad, es decir una inscripción que contiene el pacto establecido entre dos ciudades, dos tribus, o entre una ciudad o tribu y uno o más individuos. Mientras un ejemplar queda en poder de la comunidad que la ha emitido, el otro queda en manos de la persona que ha recibido la hospitalidad. En este caso la tesera es un salvoconducto para que su portador sea recibido amistosamente en la ciudad, incluso en un futuro lejano.

            La institución de la “hospitalidad” queda bien documentada en época romana en el área celtibérica, si bien se trata de una tradición anterior, que servía tanto a nivel intracomunitario, entre individuos y ciudades de la misma cultura, o intercomunitario, entre ciudades o individuos de diferentes regiones, tratándose en este caso de una primitiva manifestación del derecho internacional. Con esta herramienta, que favorecía la cooperación a través de la institución de la Hospitalidad, se prevenía la acción contraria de competencia que desembocaba inevitablemente en Hostilidad, nótese la común etimología de estos dos términos opuestos.

            Podemos remontarnos hacia atrás en el tiempo, observando las costumbres e instituciones de ciertas culturas primitivas que aún hoy en día (aunque probablemente ya por poco tiempo) sobreviven en apartadas regiones de la Melanesia, y encontraremos elementos que anteceden a la institución de la Hospitalidad anteriormente comentada.

            En estas sociedades es frecuente la existencia de dos tipos de “monedas” que tienen una función muy específica, en primer lugar son las denominadas “monedas de sangre” (o precio de la sangre) cuya función es la de resarcir con ellas a los familiares de una víctima de homicidio. El pago de esta moneda a los parientes de la víctima por parte del agresor, devuelve la paz social que en otro caso derivaría en la aplicación de la “ley de Talión” donde previsiblemente se produciría más derramamiento de sangre(2).

            El segundo tipo es la denominada “moneda de la novia” (o precio de la novia), que la familia del novio debe presentar a los familiares de la novia a cambio de ésta y que residualmente encontramos hoy en día en nuestra cultura, en forma de las “arras matrimoniales” que el novio entrega a la novia en la ceremonia de la boda.

            Mientras en algunas sociedades ambos tipos monetarios son idénticos, es decir se utiliza la misma “moneda” para los dos fines, en otros casos, cada uno de ellos tiene su propia función específica. Por ejemplo los Wodani, habitantes de las tierras altas de la provincia de Irian Jaya (en Papua occidental) utilizan cauris, denominados “kipe” en todo tipo de prestaciones sociales y económicas. Para los Wodani, el origen del Kipe es un misterio, según ellos los caurís han llegado a la región al mismo tiempo que los hombres. El Kipe se describe con una anatomía humana, tiene nariz, ano, muslos, piel, ojos, boca, dientes. En realidad se considera a esta moneda-concha como una “persona” y por tanto es adecuada para realizar los pagos por matrimonio u homicidio (perdida para el clan de una hija casada o de un hijo asesinado). En este caso la “moneda de la novia” actúa metafóricamente como la “moneda de sangre”, las monedas son “personas virtuales” y en ambos casos sirven para compensar la pèrdida de un individuo del grupo, ya sea una hija que se casa y abandona el clan familiar para ir con su marido, o un hijo que es asesinado en una disputa con un clan vecino.



            Por contra, entre los Maenge de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea), existen dos tipos principales de moneda, el “Page” que son anillos de concha de Tridacna y el “Tali” que está elaborado con ristras de fragmentos de moluscos gasterópodos. Dentro del “Page” se diferencian dos categorías, los “agiana” son los más valiosos, cada moneda tiene su propio nombre e historia, y son de propiedad colectiva, es precisamente esta moneda, la más valiosa, la que se utiliza exclusivamente como “moneda de sangre”. Una segunda categoría de anillos “page” son los “vulutu”, que pueden ser de propiedad individual y se utilizan como “moneda de la novia”. Por último el tercer grupo de moneda concha el “tali”, se emplea para recompensar algunas acciones, sobre todo en las ceremonias rituales.


Figura 2.-  Monedas “Ndap” y “Ke” de la isla Rossel (la isla más oriental del archipiélago Louisiade, provincia de Milne Bay de Papúa Nueva Guinea).

            En las Islas Rossel existen también dos tipos diferentes de “monedas concha”, las “ndap” y las “Ke” (Figura 2). Según la tradición, las monedas “ndap” y algunas “ke” o “nkö” fueron fabricadas en lugares sagrados por un dios, y mientras las primeras sólo pueden ser poseídas por los jefes, las segundas pueden pertenecer también a las mujeres. Aquí se ha producido una curiosa transformación, las monedas concha “ndap” se dividen a su vez en 22 tipos distintos, de los cuales, los cuatro valores más altos se utilizaban tradicionalmente como compensación a los allegados de las víctimas de canibalismo (costumbre muy popular en la zona y que poseía para ello su peculiar “moneda de sangre”), al desaparecer esta práctica hace algún tiempo, también ha cambiado el papel de los cuatro tipos más valiosos de moneda concha, que en la actualidad han pasado a la categoría de “objetos instransferibles”           



            No todas las “monedas de sangre” tienen aspecto tan humilde como las utilizadas en la isla de Rossel, en las Islas Salomón encontramos sofisticados objetos elaborados con un anillo de concha profusamente adornado y que se denomina “Bakhia” (Figura 3), empleado como ornamento por los jefes y utilizado como moneda en las grandes ocasiones, como por ejemplo para poner fin a una guerra entre vecinos..



Figura 3.-  Moneda “Bakhia” de las Islas Salomón, utilizada como “moneda de sangre”

 También en ocasiones las “monedas de la novia” son espectaculares, como los grandes discos de concha de Tridacna utilizados en Maprik, en en la zona este del río Sepik (Figura 4), e incluso podemos encontrarnos con auténticas obras de arte. Tal como señalamos en un artículo anterior,
el “talipún” es la moneda “de la novia” más famosa, que incluso figura en el billete de cinco kinas que circula en la actualidad en Nueva Guinea. Esta moneda se utiliza por algunos poblados del noroeste del área de Boiken y en algunas lejanas aldeas del territorio Abelam en Papúa-Nueva Guinea, y consta de dos partes: el elemento más valioso es un trozo del caracol marino Turbo marmoratus, obtenido a través del comercio con las tribus costeras. Convenientemente tallado y recortado actúa como elemento basal, mientras la parte superior es una especie de máscara elaborada con mimbre y arcilla, que puede tener varias formas y generalmente se adorna con plumas de casuar y con diferentes pigmentos naturales (Figura 5). La máscara se sujeta a la concha mediante una cuerda y cada moneda puede ser utilizada durante varias generaciones, sustituyendo o repintando la máscara de tejido vegetal cuando se deteriora.



Figura 4.- Ceremonia de pago del “precio de la novia” en Maprik (Papúa-Nueva Guinea)

 

            Resulta significativo que estos dos tipos de moneda social, las monedas de sangre y de la novia, aparezcan en culturas muy alejadas, incluso en continentes distintos, desde tiempos muy remotos, y mucho antes de que surgiera el concepto de “moneda económica”. En cualquier tipo de sociedad, lo más valioso es la vida del individuo que aporta su trabajo para la supervivencia del grupo, y ya en las sociedades primitivas surgieron unas “monedas” cuyo valor era precisamente el de la propia vida de sus miembros.



Figura 5.-  “Talipun” utilizados como “moneda de la novia” en la zona del río Sepik (Papúa-Nueva Guinea).
 
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(1) El historiador Diodoro Siculo señala que los celtíberos competían entre sí por dar la mejor hospitalidad a los extranjeros.
(2) En la actualidad, en numerosos países musulmanes (Arabia Saudí, Yemen, Somalia...), las leyes coránicas  establecen que bajo determinadas circunstancias, los familiares del condenado a muerte puedan pagar a los parientes de la víctima la “diya” (dinero de sangre), con el fin de obtener su perdón y salvarle la vida.