Mostrando entradas con la etiqueta Malaita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Malaita. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de febrero de 2022

El dinero del mar I: Caparazones de tortuga y dientes de delfines y cachalote.

 

El dinero del mar I: Caparazones de tortuga y dientes de delfines y cachalote. Artículo publicado en “Eco filatélico y numismático” (Septiembre 2020) 76 (1298): pp. 47-49.

 

Miguel Ibáñez Artica



            El mar ha constituido la despensa de la humanidad desde sus primeros tiempos, cuando poblaciones de las especies de Homo sp. se asentaron en zonas del litoral, preferentemente cerca de las desembocaduras de los ríos, donde la productividad marina es más elevada por el aporte de nutrientes arrastrados por las aguas dulces, y mediante el marisqueo principalmente de moluscos gasterópodos (caracolillos) y lamelibranquios (mejillones, ostras, almejas...) estas poblaciones encontraron un importante suplemento dietético, tanto en proteínas como en oligoelementos esenciales.

 

            Las pruebas de estos asentamientos, que en ocasiones se prolongaron durante varios milenios, las tenemos en los depósitos de conchas denominados concheros que pueden encontrarse en las cuevas situadas cerca del litoral en el Cantábrico (Mazaculos en Asturias, Cobrante y Portillo en Cantabria, Santimamiñe en Vizcaya, etc...) y en otros lugares a lo largo de las costas de todos los continentes (Fig. 1).

 

 

Figura 1.- a: Conchero al sur de Puerto Deseado en Argentina; b: Gigantesco conchero de varios kilómetros de longitud y decenas de metros de altura en el Parque Nacional del Banco de Arguin, Mauritania. (Fuente Wikipedia).


Cabe suponer la atracción que  los primitivos habitantes de la costa en todas las regiones del Planeta tendrían por las conchas encontradas en la playa, tanto por sus características visuales de formas y colores, como por la suavidad de su tacto. Podemos suponer que en una primera fase, los colgantes realizados con estas conchas tendrían un significado de prestigio y poder para quien las portaba, y tal vez pudieron llegar a convertirse en una importante seña de identidad, como parece indicar el hecho de que fueran depositados en las tumbas de sus propietarios. Por supuesto que en las zonas del interior estas conchas tenían aún más valor, pues eran objetos nunca vistos en la naturaleza, y por tanto fabricados por los dioses (tal como se consideran las monedas conchas “Ndap” en la isla Rossel y en otras zonas de la Melanesia).

            Este papel de elementos valiosos o sagrados se transformó en una función monetaria, no de tipo económico en sentido estricto. En una primera fase estas “monedas” sirvieron para comprar una vida humana, cono el “dinero” de la novia para comprar una esposa, o la “moneda” de sangre para compensar a los familiares de una víctima de homicidio. Estas funciones de algunas “monedas concha” todavía siguen vigentes en pleno sigo XXI en algunas zonas del Pacífico (Fig. 2) (1).

 



Figura 2.- a y a’: Entrega del “dinero de la novia” en Malaita (Islas Salomón: To'abaita Authority for Research & Development); b: Entrega de “dinero de sangre”, familiares de un fallecido por homicidio  reciben dos monedas concha de los representantes del pueblo donde ocurrió la muerte, que expresan su pesar, y piden disculpas a los compañeros del fallecido entregándoles dos “tafuliae”. De esta forma ambas comunidades se comprometen a mantener la paz dejando que la ley siga su curso. (Solomon Star, edición del miércoles, 26 de octubre de 2011).

 

            Estos objetos elaborados a partir de las conchas de moluscos no son los únicos que tienen un origen marino, trataremos en primer lugar de aquellos elementos de uso monetario cuya materia prima procede de vertebrados, como reptiles y mamíferos marinos.

 

            En el caso de los reptiles, encontramos varios objetos de uso monetario elaborados a partir de la especie Eretmochelys imbricata L. 1766, que recibe el nombre vulgar de “tortuga carey” (Fig. 3g). Se trata de una especie cosmopolita que presenta dos subespecies, una en el Atlántico y la otra en el Pacífico, y se supone que puede vivir unos 50 años. Dada la sobreexplotación  que a lo largo de la historia ha sufrido este animal marino, desde 1996 está incluida en el listado de “especies en peligro crítico de extinción”.

 

 


Figura 3.- Objetos de uso monetario elaborados a partir del caparazón de la tortuga carey; a: brazalete utilizado como “dinero de la novia” en la provincia de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea); b: espátula ceremonial de las Islas Trobriand (Papúa-Nueva Guinea); c: “Tema” de la isla de Santa Cruz (Islas Salomón); d: “Dala” o “Kap kap” de Malaita o Guadalcanal (Islas Salomón); e: “Dafi” de la isla de Malaita (Islas Salomón) representando un pájaro fragata atacando a un bonito; f: anzuelo de Papúa-Nueva Guinea. (a y f: MAN, Madrid; b y d: Quay Branly, París; c y e: colección privada).

 

En la provincia de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea) se utilizan como moneda unos brazaletes denominados “Navoi”, elaborados con el caparazón de la tortuga carey (Fig. 3a), y también en las Islas Trobriand, se emplean como moneda para adquirir bienes y como regalo en la ceremonia del “Kula”, unas decoradas espátulas de aspecto característico denominadas “Bosu” o “Potuma”, en muchos casos fabricadas con caparazón de tortuga (Fig. 3b) utilizadas para tomar la cal que se mezcla con el betel para masticar.

 

Además, fragmentos recortados de carey son utilizados como elementos complementarios en adornos y utensilios que sirven como moneda y que podemos catalogar como “monedas cocha”, por ejemplo en los “Tema” de la Isla de Santa Cruz (Fig. 3c), los “Kap kap” (Fig. 3d) y los “Dafi” de Malaita (Fig. 3e), en las Islas Salomón. En ocasiones la figura recortada de concha de carey presenta la silueta de un ave marina, la fragata pelágica (Fregata minor Gmelin, 1789), animal que con sus chillidos indica a los pescadores donde se encuentran los cardúmenes de peces. Por este motivo se venera y respeta a esta ave marina que aparece representada en las valiosas monedas concha, tanto en la de forma circular denominadas “Tema” y utilizadas en la isla de Santa Cruz, como en las “Dafi” de Malaita utilizadas también como adorno de manera exclusiva por los hombres(2).

 

            Finalmente, los tradicionales anzuelos elaborados con conchas recortadas, presentan la aguda punta tallada en caparazón de carey. Estos anzuelos sirven también como monedas (Fig. 3f).

 

            Con respecto a los mamíferos marinos podemos considerar dos grandes grupos, por una parte los dientes de varias especies de delfínidos, principalmente el delfín manchado tropical (Stenella attenuata Gray, 1846), el delfín acróbata de hocico largo (Stenella longirostris Gray1828), así como de las pequeñas marsopas, que son utilizados para elaborar ornamentos en forma de cintas para colocar en la cabeza o el cuello como el “I’a’afu”, antaño utilizado como moneda en el norte de Malaita (Fig. 4a).

 

Los dientes de delfines y marsopas se han venido utilizando en las Islas Salomón como “dinero de la novia” y en pagos rituales de fiestas funerarias, y de cada delfín capturado se obtienen unos 120 dientes. La protección de estos cetáceos marinos ha provocado algunos problemas, y aunque en  el año 2000, en Malaita existían cinco poblaciones especializadas en la pesca de delfines, que obtenían unos cien mil dientes al año, tras llegar a un acuerdo para cesar las capturas, en el año 2013 la aldea de Fanalei volvió a las actividades depredadoras, capturando ese año más de 1600 delfines para obtener los preciados dientes.

 

 


Figura 4.- a: Cinta elaborada con dientes de delfín “Barulifai’a” (Malaita, Islas Salomón) (Colección del MAN, Madrid); b: “Tabua” y c: collar de dientes de cachalote (Islas Fiji); d: sellos postales de Fiji con la representación del “tabua”; e: moneda de 20 céntimos de Fiji.

 

            Otra moneda tradicional, en este caso elaborada con los grandes dientes de los cachalotes, es el “Tambua”, que se utilizaba como moneda en el siglo XIX para grandes transacciones, y cuando un joven busca una esposa, la solicitud debe estar acompañada por un diente de cachalote, y su aceptación establece el contrato de matrimonio con un papel simbólico similar al de nuestro anillo de compromiso. Esta “moneda” tradicional de las Islas Fiji figura en algunos sellos (Fig. 4d, d’) y monedas (Fig. 4e).

 

            El cachalote en la actualidad está incluido en la lista de especies vulnerables, por lo que el comercio de estos dientes es muy limitado y sometido a restricciones. En mayo del 2017, el gobierno de Nueva Zelanda devolvió 148 de estos dientes a las autoridades de Fiji, tras haber sido incautados en la frontera (Fig. 5).

 


Figura 5.- Devolución de 148 “tabua” incautados por el gobierno de Nueva Zelanda a las autoridades de Fiji  el 29 de mayo del 2017 (RNZ, Radio Nueva Zelanda; imágenes del Gobierno de Fiji).

 

 

 

 

Notas:

 

(1) Las monedas más antiguas: “moneda de sangre” y “moneda de la novia”. Eco Filat. y Numism. (Noviembre, 2007), 63(1157): 44-46.

 

(2) La pesca del bonito en una premoneda de las Islas Salomón.  Eco Filatélico y Numismático 71(1244) (Octubre 2015): pp. 48-49.

http://www.fesofi.es/wp-content/uploads/2015/09/25.jpg 

 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 15 de julio de 2017

La pesca del bonito en una premoneda de las Islas Salomón.

La pesca del bonito en una premoneda de las Islas Salomón. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 71(1244) (Octubre 2015): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.


            Malaita es una pequeña isla volcánica de forma alargada, con 164 Km. de longitud y 37 km. de anchura, actualmente habitada por una población de unos 140.000 melanesios, y que pertenece a las Islas Salomón del Pacífico Sur. En esta isla, descubierta en 1568 por el español Álvaro de Mendaña, la moneda más valiosa es la denominada “Dafi”, que consiste en un colgante elaborado con la concha de la ostra perlífera Pinctada maxima (Jameson, 1901) recortada en forma de luna creciente y que habitualmente presenta una figura superpuesta del ave marina conocida como fragata pelágica Fregata minor (Gmelin, 1789), elaborada con concha de tortuga marina. Esta moneda concha, utilizada como adorno exclusivamente por los hombres, sirve como “moneda de sangre” para resarcir a los familiares de alguien que ha muerto de forma violenta(1).

            La forma de la concha recuerda la “kina”, moneda tradicional en la vecina Papúa-Nueva Guinea, país que actualmente denomina “kina” a su moneda oficial en recuerdo de las monedas-concha autóctonas. Sin embargo la figura de la fragata es  característica de las Islas Salomón, y la fascinación por esta ave marina reiteradamente representada en el arte popular de la región, tiene una explicación que va más allá del papel premonitorio que tienen estas aves al anunciar huracanes y tormentas, y está relacionada con el “culto del bonito”(Ross, 1981).

            Uno de los principales recursos de la población de Malaita es la pesca de túnidos medianos o pequeños, denominados conjuntamente con el nombre español de “bonito”, entre estas especies destaca el listado o Katsuwonus pelamis (L. 1758), muy apreciado para la industria conservera y en la gastronomía japonesa donde recibe el nombre de “katsuo”, así como algunas especies más pequeñas del género Sarda (S. australis, Macleay, 1881 & S. orientalis, Temminck & Schlegel, 1884).


Figura 1.- Ataque de las “fragatas” a un cardumen de peces y pesca del bonito en las Islas Salomón.

            Los cardúmenes de estos peces constituyen un impresionante espectáculo cuando son atacados desde el cielo por las aves fragata, que como dardos, se lanzan en picado para conseguir sus presas (Figura 1), mientras otros grandes depredadores como los tiburones atacan desde las profundidades (2). Este frenesí de depredación, donde se mezclan los chillidos de las aves con el chapotear de los peces que saltan fuera del agua, señala a los pescadores el lugar donde se concentran los peces, de forma que las fragatas constituyen unos importantes aliados para la localización de la pesca. Por este motivo se venera y respeta a esta ave marina que aparece representada en las valiosas monedas concha, tanto en la de forma circular denominada “tema” y utilizada en la isla de Santa Cruz, como en las “dafi” de Malaita utilizadas también como adorno de manera exclusiva por los hombres.

            En fecha reciente hemos tenido ocasión de estudiar una de estas monedas concha (Figura 2) que excepcionalmente presenta un estilizado grabado donde se refleja el ataque de uno de estos pájaros a un bonito. La concha tiene una anchura de 20 cm. y una altura máxima de 7 cm., y en sus extremos muestra sendas cabezas de fragatas recortadas en la concha.


Figura 2.-  Moneda-concha “dafi” de la Isla de Malaita que muestra el ataque de un pájaro fragata a un bonito.

            Los habitantes de las Islas Salomón destacan el hecho de que tanto los hombres como los peces denominados “bonito”, tienen en común el color rojo de su sangre, y las acciones de ambos están controladas por espíritus sobrenaturales. Por este motivo las ceremonias de iniciación de los jóvenes están centradas en las expediciones de pesca del bonito. Tras capturar su primer pescado, los jóvenes pescadores lo colocan entre sus brazos como si fuera un bebé y los llevan al mar. Ritualmente transformados o renacidos en una ceremonia equivalente a un bautismo, los jóvenes regresan al poblado donde suben a una gran plataforma con forma de animal denominada “gea”, al abandonar esta plataforma, los muchachos pasan de ser niño/bonito a convertirse en hombre/tiburón, iniciando con esta ceremonia su etapa de vida como adultos. El inciado se convierte, como el resto de los depredadores en guardian y protector del bonito, de cuya existencia depende en definitiva su propia supervivencia. El bonito representa la fase infantil mientras el tiburón, como depredador final, simboliza la etapa del hombre adulto (Werness, 2006, p.52).

En esta región del Pacífico centro.occidental, área 71 de la FAO, se capturan todos los años más de millón y medio de toneladas de listados (Katsuwonus pelamis), parte de las cuales se captura por la flota de atuneros congeladores de Bermeo, y el crecimiento de esta pesquería es espectacular, desde las 100 toneladas de los años 70 del siglo XX hasta los 1,6 millones de toneladas en el 2009.

Notas:

(1) “Si un hombre mata a otro hombre debe pagar como recompensa de sangre lanzas, colgantes dafi, flechas o tierras. Esto es lo que se pagaba antaño.” (Traducción de una grabación realizada a Bita Saetana).

(2)  Las impresionantes imágenes del ataque combinado de fragatas y tiburones, puedne verse en el documental “Océanos” (2009) (http://www.youtube.com/watch?v=YG0WE2MgTBs).

Bibliografía:

Akin, C., 1981. The origins of Shell Money in Kwaio. From a tape by Bita Saetana. Traditional Money Ass. 2, 2: 8-11.

FAO, 2011. Review of the state of world marine  shery resources. Fao Fisheries and Aquaculture Technical Paper n. 569: 354 pp.

Ross, K., 1981. Shell ornaments of Malaita: Currency and ritual valuables in the Central Solomons. Expedition 23(2): 20-26.

San Millán, M.D. & M. Ibáñez, 2012.
Las “monedas-concha” de Oceanía. Numisma 62(256): pp. 147-206.
http://www.numisarchives.blogspot.com.es/2014/08/imagenes-del-articulo-las-monedas.html

Werness, H. B., 2006. Continuum Encyclopedia of Animal Symbolism in World Art. The Continuum Int. Publ. Group. N.Y. 476 pp.





lunes, 15 de mayo de 2017

El "tambú", una moneda de concha utilizada en la actualidad.

El “tambú”, una moneda de concha utilizada en la actualidad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 60(1112) (Septiembre 2004): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Aunque pueda parecer increíble, todavía en el siglo XXI se siguen utilizando de forma cotidiana primitivas monedas-concha en algunos remotos y apartados lugares del planeta. El ejemplo más destacado lo encontramos en el “tambu” o “diwarra” utilizado por las gentes de la población Tolai, que vive en las islas del Duque de York y Península de Gazelle, en la provincia de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea, Figura 1). La moneda “tambú” está formada por pequeños caracolillos de la especie Nassarius camelus, atravesados por una larga varilla, que se mide en brazas (1 braza= 183 cm.), éstas pueden determinarse de una forma aproximada y sencilla estirando los brazos, la distancia entre ambas manos viene a ser una braza,  a su vez  divisible en pequeños fragmentos o varillas que llevan 10-12 conchas cada una.


Figura 1.- Zona habitada por el pueblo Tolai.

Este pequeño caracolillo es recolectado por los habitantes del poblado de Olive, situado al sur de la isla de Nueva Georgia en las Islas Salomón, y tanto hombres como mujeres, bucean para obtener estas pequeñas conchas, que tras un proceso de secado y limpieza, son vendidas a los Tolai de Nueva Bretaña en Papua. Se trata por tanto de un comercio “internacional” entre dos estados vecinos: en las Islas Salomón está la “fabrica” de la moneda que será utilizada por sus vecinos isleños de Papúa. Una vez en manos de los Tolai, se les practica un orificio en la parte superior, con el fin de poder ensartarlos en una varilla de mimbre. Cada braza (“pokono”) contiene unos 300 caracolillos y tiene un valor aproximado de unas 3.5 kinas (aproximadamente un dólar americano).


Figura 2.- Ristras de “tambu”. (a): detalle del caracolillo Nassarius camelus.

En Rabaul (capital de la región) existía un banco donde se guardaba y almacenaba esta singular moneda. En este “Centro de Cambio de Tambú” había incluso un curioso teléfono que funcionaba con monedas-concha, pero dicho banco y toda la región fue arrasada por una erupción volcánica en 1994. A pesar de ello, la moneda-concha sigue utilizándose en la actualidad, y los datos del año 2002 indican que existen en circulación o almacenadas (como ahorros), una cantidad de monedas-concha equivalentes a unos ocho millones de kinas (más de dos millones de dólares USA).

Figura 3.- La ciudad de Rabaul destruida por la erupción volcánica de 1994 (1).

El 13 de febrero del año 2002, se restableció en Rabaul un centro de cambio oficial denominado “A Pal na Tabu” (Casa de la moneda-concha), con una conversión de 1 braza de moneda-concha = 4 kinas, centro autorizado oficialmente por el gobierno de la provincia de Nueva Bretaña del Este (Papua). Se trata pues, de una moneda-concha legal u “oficial”, reconocida por el Estado como tal. En la actualidad “circulan” como moneda más de seiscientos millones de caracolillos, pero tampoco se libra de las falsificaciones: con conchas muy parecidas, de la especie Nasarius fraudulentus, ensartadas de la misma forma que el “diwarra”, se fabrica el “eddi” o falso diwarra. También los comerciantes europeos, a finales del s. XIX, fabricaron imitaciones de este caracolillo para comerciar con los tolai, pero a diferencia de lo que ocurrió en otros lugares donde las imitaciones fueron aceptadas (dientes de perro de porcelana fabricados por los alemanes para comerciar en sus colonias de Papúa, discos de cerámica fabricados por los portugueses  a imitación del “ndoro” realizado con la concha de la caracola Conus, para comerciar en la costa de África oriental, introducción en la costa occidental africana de la especie Cypraea annulus en vez de C. moneta, etc...), los tolai rechazaron sistemáticamente las imitaciones y falsificaciones. Sin duda, esta fidelidad a la moneda tradicional genuina, es una de las causas que han permitido que conserve su valor y vigencia en nuestros días.


Figura 4.- Compra cotidiana en el mercado con “moneda concha” (2). (a): Detalle de la moneda concha utilizada en transacciones; (b): Cestillo utilizado para llevar la “moneda”.

Además de su uso cotidiano para realizar pequeñas compras, el tambú también se almacena en largas ristras, que se atan a una estructura circular formando un rollo o “loloi” con aspecto de neumático con un diámetro de un metro y una anchura del cilindro que forma el rollo de unos 14 centímetros. Todo el rollo se recubre con hojas secas y se ata con cuerdas para proteger su valioso contenido. Estos “loloi” pueden almacenar unos 600 metros de varilla, que lleva unos cien mil caracolillos regular y cuidadosamente ensartados. Aunque su tamaño real es de un metro, si desplegamos su interior, tal como se hace por ejemplo en las ceremonias funerarias para distribuir su contenido, en realidad sería la moneda más larga del mundo, con una longitud de más de medio kilómetro!. Algunos de estos rollos de moneda concha constituyen los ahorros de toda una vida y se usan para repartir entre los herederos y amigos tras la muerte del propietario, en ceremonias donde se cortan públicamente y distribuyen fragmentos del “loloi”.
Las primeras observaciones realizadas sobre estas primitivas monedas-concha se remontan a 1875, fecha en que arribaron a la zona los primeros misioneros a quienes llamó la atención el complejo y sofisticado sistema monetario existente en la región. A pesar de la introducción y uso de la moneda occidental (primero la inglesa como colonia de Gran Bretaña, luego la australiana y actualmente la moneda oficial de Papúa, la kina), aún se conserva la moneda-concha tradicional, tanto para su uso económico cotidiano (para hacer la compra en el mercado), como para su utilización en ceremonias (bodas, funerales...).


Figura 5.- “Loloi” o rollo de moneda concha. Imágenes de exhibición de la moneda concha en 1910 y en el 2010. Al fondo, grabado de 1882 donde se muestra el cadáver de un jefe expuesto junto con los aros de moneda concha que poseía, como símbolo de prestigio.

Otra zona donde actualmente siguen en vigor las monedas-concha, es en la provincia de Malaita en las Islas Salomón (Figura 6), donde se usan con este fin varios tipos diferentes de collares de cuentas elaborados con conchas de variados colores. Como ocurre con el “tambú”, también aquí existen especialistas en fabricar este tipo de moneda-concha, son los habitantes de Langa Langa, en la costa noroccidental, los que se ocupa actualmente de recoger las conchas, fabricar las cuentas, que a diferencia del “tambú” exigen un mayor trabajo de manipulación, ya que cada una de ellas está formada por un pequeño disco o cilindro delicadamente pulido y perforado, así como la elaboración de los diferentes tipos de “collares” que servirán como moneda para ellos mismos y para otras tribus de la zona. La moneda “isae galia”, fabricada con conchas blancas, se utiliza exclusivamente para regalos de boda, pero existen otros muchos tipos de collares que reciben la denominación genérica de “Akwala afu”, desde el más valioso “maifuo”, donde las hileras de sartas de diferentes colores se combinan de forma determinada, hasta los más modestos “gwae-uruuru” o “buigao”. Con estos diferentes tipos de monedas-concha, se realiza el comercio con las tribus vecinas. En 1990, 150 cuentas “ke’e” equivalían a un dólar USA.  


Figura 6.- “Tafuliae”, moneda concha de las Islas Salomón, detrás una antigua imagen de una mujer perforando los discos de concha para fabricar la “moneda”.

(1) Imágenes del U. S. Geological Survey Volcano Disaster Assistance Program's

(2) Imagen del Geldgeschichliches Museum, Kreissparkasse Köln, Alemania.



lunes, 1 de agosto de 2016

Las monedas de los caníbales.

Las monedas de los caníbales. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 69(1224) (Enero, 2014): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.


            El canibalismo es un fenómeno muy extendido en el reino animal, e incluso forma parte de la estrategia reproductiva de algunos artrópodos. En las mantis religiosas y en las arañas se produce un original comportamiento: tras realizar la cópula, la hembra devora al macho, cuyos elementos nutritivos se incorporan como sustancias de reserva en los huevos de la futura descendencia.

            En la especie humana, la antropofagia constituye un tabú en todas las culturas actuales, sin embargo ha sido una práctica ancestral, común hace 800.000 años en el Homo antecesor, tal como se ha puesto en evidencia en los restos hallados en Atapuerca. Pero no hace falta remontarse tan lejos en el tiempo para encontrar numerosos ejemplos de prácticas de canibalismo, que son relatadas por algunos exploradores en Sudamérica, África o en las Islas del Pacífico, tradiciones que en algunos casos han sobrevivido hasta bien avanzado el siglo veinte (Figura 1).


Figura 1.- Cacería caníbal en las Islas Fiji, según una fotografía de 1907.

            Cuando el explorador español Álvaro de Mendaña descubrió las islas Salomón en 1568, los nativos le ofrecieron carne humana como obsequio en señal de amistad, y en fechas mucho más recientes, ya bien avanzado el siglo XIX,  el conde Rodolfo Festetics de Tolna y su esposa, una millonaria californiana, emprendieron su viaje de bodas por el Océano Pacífico, visitando las islas Salomón, recopilando las experiencias vividas en un libro titulado “Con los caníbales: Ocho años de crucero en el Océano Pacífico”, y en él se narra:
Al día siguiente de nuestra llegada (a la isla Malaita)  fui a visitar una aldea indígena. Las chozas, entretejidas y cubiertas de hojas, están emplazadas sobre pequeños montículos de tierra gredosa, alrededor de las cuales serpentea un sendero estrecho y resbaladizo. Un jefe joven, que hablaba un poco de pidgin (la algarabía o mezcla de varias lenguas que suelen hablar los indígenas) me dijo que el emplazamiento, algo raro, de las chozas tenía por objeto proteger las habitaciones contra los cazadores de cabezas. Me enseñó, encerradas en una casa, a unas cuantas jóvenes que habían sido apresadas en otra isla y que estaban engordando para la próxima fiesta caníbal. Acababa de decidirse que la fiesta se verificaría aquel mismo día, para celebrar nuestra presencia en Malaita. A las muchachas prisioneras se las había advertido, sin duda alguna, que estaba próxima su última hora. De todos modos, no podían hacerse ilusiones acerca del destino que las aguardaba. Parecieron aceptar resignadas su situación. Hice su fotografía; tenían más miedo de mí que de los indígenas que a los pocos momentos iban a matarlas. Mi máquina fotográfica era un peligro desconocido y misterioso que las asustaba más que la muerte inevitable en la forma familiar de sus costumbres ancestrales.
            Lo más espeluznante de esta historia es que el conde pudo fotografiar a las muchachas (Figura 2a), más asustadas de la máquina de fotos que del futuro que les esperaba(2).


Figura 2.-
            a.- Muchachas capturadas para ser devoradas en la isla Malaita a finales del s. XIX.
            b.- Fabricación de “moneda concha” en la actualidad.
c.- La novia sostiene entre sus brazos un “tafuliae”, moneda concha utilizada en las bodas.

            En la actualidad la isla Malaita es famosa por sus variadas monedas concha (Figura 2b), elaboradas con cuentas de variados colores, así como dientes de delfín(1). Entre estas monedas, la más espectacular es la denominada “tafuliae”, utilizada como “dinero de la novia” (Figura 2c), y los habitantes de la isla al utilizar casi exclusivamente la “moneda concha” tradicional, presumen de tener una independencia económica real respecto al gobierno de las Islas Salomón.

            A veces conocemos incluso el precio de la carne humana, por ejemplo entre los Tolai de Nueva Irlanda y norte de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea), en 1887 un cuerpo humano completo venía a costar entre 50 y 80 brazas de la moneda-concha tradicional o tambú(3).

            Sin embargo donde las monedas han tenido una relación más directa con las prácticas del canibalismo ha sido en la isla Rossel, donde existen dos tipos diferentes de “monedas concha”, las “ndap” y las “ke”.  En la actualidad perviven 20 tipos de “ndap” y 14 de “ke” (4), los cuatro niveles superiores han dejado de ser utilizados como moneda pasando a la categoría de objetos valiosos intransferibles. La explicación a este fenómeno es que dichas monedas se utilizaban exclusivamente para resarcir a los parientes de aquellas personas que eran objeto de canibalismo, dado que ningún ser humano podía cocinarse o comerse hasta que los familiares de la víctima hubieran aceptado el pago. Al eliminarse esta ancestral costumbre, el uso de dichas monedas perdió su sentido. Aun así cada una de ellas conserva su propio nombre y siguen siendo objetos de extraordinario valor que se heredan de padres a hijos (Figura 3).


Figura 3.- Monedas “Ndap” de la isla Rossel fabricadas por el dios Wonajo antes de la llegada del hombre a la isla. Cada una tiene su propia denominación (a: Tebuda; b: Diama; c: Kechem; d: Kweia). El anterior poseedor de estas monedas fue Jerome Kaiobu de la villa de Njaru, quien a su vez las recibió, de la familia de de Tadia Tebi de la villa de Mala, como pago por un cerdo destinado a un festín ritual (comunicación personal de Colin Davidson). El último ejemplar (e), denominado “Davere”, se utiliza como moneda en las islas del sudeste del archipiélago de las Louisiadas y la valiosa moneda se protege con una funda de mimbre.


Figura 4.- Diferentes tipos de monedas “ke” utilizadas en el comercio local en la isla Rossel.

            La isla Rossel, de apenas veinte kilómetros de longitud y unos diez de anchura, es la más oriental del archipiélago de las Louisiadas y es famosa por dos hechos aparentemente contradictorios, por una parte, por su complejo sistema monetario de conchas, objeto de numerosos estudios y de una reciente tesis doctoral (5),  así como por su tradición de canibalismo en el pasado. Esta tradición fue conocida en todo el mundo a raíz de un trágico accidente. En julio del año 1858 el buque francés de tres mástiles denominado “St. Paul” salió del puerto de Hong Kong con una tripulación de veinte marineros y 327 trabajadores chinos, con destino a las minas de oro australianas. Una tormenta embarrancó el buque en los arrecifes próximos a la isla de Rossel, y el capitán y once tripulantes salieron en una lancha de siete metros a buscar ayuda, dejando al resto de la tripulación y pasaje en tierra. En diciembre del mismo año, el vapor francés Styx salía de Nueva Caledonia para auxiliar a los náufragos. A su llegada un superviviente les contó cómo unos trescientos compatriotas chinos habían sido capturados y sacrificados como bestias cada cierto tiempo, para ser devorados en los banquetes colectivos que se celebraban en la isla. Sobrevivieron cinco jóvenes que habían sido “adoptados” por los jefes de las tribus. El ocho de enero el buque francés Styx regresó al puerto de Sydney, en cuya prensa se publicó a toda plana la masacre caníbal de la isla Rossel el día 26 de enero de 1859, noticia que se difundió rápidamente por todo el Planeta.



Figura 5.- Fragmento de una placa de cobre del forro del casco del St. Paul, procedente de la isla Rossel y antiguo grabado del buque.

Notas:

(1) Ver artículo: Monedas-concha en las Islas Salomón. Eco Filatélico y Numismático (Abril, 2007), 62(1151): pp.60-61.
(2) Festetics von Tolna, Count Rudolf. 1903. Chez les Cannibales. Paris Plon-Nourrit: 407 pp
(3) Parkinson, R., 1887. Im Bismarck Archipel: Erlebnisse und Beobachtungen auf der Insel Neu-Pommern (Neu Britanien). Leipzig, F.A. Brockhaus.
(4) Ver artículo: Las monedas de la Isla Rossel (Papua-Nueva Guinea). Eco Filatélico y Numismático. (Marzo, 2010), 66(1183): 42-43.
(5) Liep, J., 2009. A Papuan Plutocracy. Ranked Exchange on Rossel Island. Aarhus Univ. Press Dinamarca: 376 pp.