Mostrando entradas con la etiqueta Marco Polo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marco Polo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de junio de 2016

Monedas de sal.

Monedas de sal. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 69(1222) (Octubre, 2013): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

La sal común, cloruro sódico, es un compuesto imprescindible en la alimentación animal. A escala planetaria es muy abundante, ya que las aguas de los océanos contienen unos cincuenta trillones de toneladas, y por este motivo no suele escasear en lugares situados cerca de la costa. Pero no ocurre lo mismo en localidades ubicadas en el interior de los continentes donde dicha sustancia se convierte en un preciado elemento, escaso e  indispensable para la supervivencia (Figura 1). Actualmente la rapidez de los medios de transporte minimiza el problema, pero hasta hace poco tiempo largas caravanas de camellos o mulos se encargaban de trasportar la valiosa sal a distancias de cientos de kilómetros, y durante la Edad Media, e incluso en tiempos posteriores, los reyes o las administraciones públicas controlaban en régimen de monopolio su explotación y comercio, cobrando por ello pingües beneficios en forma de tasas, lo mismo que ocurre actualmente con el tabaco y el alcohol.


Figura 1.- Recolector de sal en Senegal (http://ethnosal.uaic.ro/importance.html)

Aristóteles menciona la sal como un elemento común de intercambio, y su empleo como moneda se remonta a la antigüedad clásica. Una parte de lo que recibían como paga los legionarios romanos, se abonaba en sal, elemento muy valioso en la época, no solo por su importancia en la dieta, sino porque resultaba imprescindible para conservar durante algún tiempo los alimentos perecederos como el pescado y la carne. De esta utilización, ha llegado hasta nosotros la palabra “salario” -derivada del término “sal”-, como significado del pago realizado a cambio de un trabajo.

Marco Polo(1), señala en su libro de viajes que en el Tíbet se empleaban monedas de sal, e incluso describe pormenorizadamente su proceso de fabricación:

Libro II, CXVIII. Donde se habla de la provincia de Gaindú.

            “””En esta provincia tienen la moneda que voy a deciros. Sabed que tienen el oro en barras, que pesan en Saggi, y que evalúan al peso; se sirven para ello de fuertes sumas porque no tienen moneda acuñada. En cuanto a la calderilla, os hablaré de cómo es. Toman agua salada, la hacen hervir en un barreño, y, cuando ha hervido una hora, se espesa como pasta; entonces la meten en el molde y hacen panes parecidos a una hogaza de dos dinares, plana por debajo y redonda por arriba, de tal tamaño que puede pesar una media libra. Cuando están hechas, las ponen sobre piedras muy calientes junto al fuego, donde se secan y se ponen duras. Sobre esta especie de moneda ponen el sello del señor, y nadie puede hacerlo más que los oficiales del Señor. Algunos panes son de una libra, otros de media libra, otros de más, otros de menos, según su grosor y su peso en saggi. Ochenta sales semejantes valen un saggio de oro fino. Esa es su calderilla. Pero con esta moneda los mercaderes van en busca de las gentes que viven en las montañas salvajes, poco frecuentadas, y obtienen un saggio de oro por sesenta, cincuenta o incluso cuarenta de estas monedas de sal, según que las gentes del país estén en lugar más o menos salvaje, alejados de las ciudades y de las gentes civilizadas; como no pueden vender su oro o sus demás cosas, como el almizcle y todo lo demás, cada vez que quisieren, porque no tienen a quien vendérselo, lo ceden a buen precio; porque encuentran oro en los lagos y ríos como hemos dicho. Entonces van los mercaderes por esas montañas y localidades del Tebet donde se utiliza moneda de sal de la misma manera, y hacen grandes ganancias y beneficios, porque estas gentes ponen sal de esa en sus comidas, y también compran lo que necesitan. Pero en las ciudades utilizan casi únicamente fragmentos de esa moneda en sus alimentos, y gastan las monedas enteras.”””

            Tradicionalmente en muchas regiones del continente africano las monedas más utilizadas, además de las conchas de caurís, han sido el hierro, la sal y las telas de rafia. Podemos diferenciar dos tipos de monedas de sal que difieren tanto en su aspecto como en su origen y proceso de fabricación. Por una parte, en lugares con clima tropical alejados de la costa, la sal obtenida de las cenizas de algunas plantas o extraída de suelos salinizados, se disuelve en agua, y se purifica y concentra mediante laboriosos procesos. Este tipo de barras de sal suelen ser cilíndricas y se protegen con hojas secas o mimbre (Figura 2).


Figura 2.- Lingotes de sal utilizados en África. En la parte superior una barra protegida en su funda procedente del Congo (comienzos del siglo XX). En la parte inferior  recipiente cilíndrico elaborado con tiras de caña de bambú destinado a contener un cilindro de sal utilizado como moneda en Sierra Leona.

            Otro formato frecuente en las monedas de sal es el de placas rectangulares, en este caso la sal proviene de yacimientos minerales situados en zonas desérticas. El comerciante y viajero musulmán Ibn Batuta ya mencionaba el uso de este tipo de barras de sal como moneda al sur de Timbuktu en el siglo XIV, y posteriormente también las cita el misionero portugués Francisco Álvarez que permaneció en la antigua Abisinia entre 1520 y 1526.  Hasta bien avanzado el siglo veinte, se han utilizado los lingotes de sal denominados “amoli” en Malí, Etiopía y algunas zonas de Nigeria. Estas barras de forma rectangular, se protegen con tiras vegetales o de piel de camello y en ocasiones llevan un asa para facilitar su transporte (Figura 3).


Figura 3.- Barras rectangulares de “amoli” de Malí y Etiopía.

            Aparte de su función monetaria, estos bloques de sal llegado el momento pueden utilizarse para la alimentación humana o de animales. Sin embargo esto no siempre es así, entre el pueblo Baruya de Nueva Guinea, se utiliza una moneda de sal laboriosamente fabricada a partir de cenizas origen vegetal(2). Los nativos cuentan con talleres especializados y en ellos procesan las cenizas de una especie de gramínea gigante (Coix gigantea o “lágrimas de Job”) cuyas hojas alcanzan un metro de longitud y que se cultiva con este fin, obteniendo de sus cenizas una sal rica en potasio que no puede ser consumida en cantidad pues resultaría tóxica, estando restringido su consumo a las ceremonias rituales.

Con esta sal se preparan barras de tres tamaños, que reciben también nombres diferentes, (Figura 4) y que se utilizan como moneda de uso interno para pagos o regalos ceremoniales, o externo, para comerciar con tribus vecinas. El proceso de fabricación está fuertemente ritualizado y mientras dura su trabajo, el especialista no puede poner los pies en su hogar y tiene prohibido mantener relaciones sexuales con mujeres. En este caso, tal como ocurría con las monedas africanas de este tipo, las monedas de sal de los Baruya tienen forma cilíndrica y van protegidas con una funda elaborada con hojas secas.



Figura 4.- Monedas de sal. Papua-Nueva Guinea.

Notas:

         (1)   Aportaciones numismáticas en la obra de Marco Polo III: Monedas de sal, de pieles y tarjas. Eco Filatélico y Numismático (Octubre, 2008), 64(1167): 46-47.

(2)  Godelier, M., 1969. La “monnaie de sel” des Baruya de Nouvelle-Guinée. L’Homme, 9(2): 5-37.


martes, 3 de febrero de 2015

Miscelánea de Notafilia Infernal.

Miscelánea de Notafilia Infernal.
Los Euros del Infierno. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 68(1214) (Enero 2013): pp. 44-45.
Los “Papeles de Joss”, antecedentes de los “Billetes del Infierno”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 69(1217) (Abril 2013): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.

Los euros del “Infierno”.

            Después de más de una década desde la aparición del euro, se han comenzado a emitir en Hong Kong las primeras “Hell bank notes” con aspecto de euros (Figura 1). Los denominados “billetes del Infierno” son billetes que presentan diferentes motivos, formatos y valores, y su destino es el de ser quemados en los funerales para que el difunto disponga de dinero en la otra vida. El “dinero de los muertos” se ha venido utilizando en China desde hace más de tres milenios, cuando se colocaban en las tumbas reproducciones de arcilla de las conchas de cauris usadas como moneda, con el fin de que el finado dispusiera de moneda en el más allá; más tarde se utilizaron con este fin imitaciones en arcilla de las monedas Ban liang y Wu Zhu(1). La tradición de quemar billetes, se remonta a comienzos del período de los Tres Reinos (221- 420 d.C.) cuando se cortaban trozos de papel, dándoles forma de moneda, para ser quemados en honor a los espíritus, costumbre que ya es relatada por Marco Polo(2):

“””Y cuando llegan, sus parientes hacen recortar imágenes pintadas en hojas de papel de corteza de árbol, …del papel que se usa para moneda, grandes como besantes.... todas estas cosas las arrojan al fuego y las hacen arder con el cuerpo, diciendo que en el otro mundo el muerto tendrá tantos esclavos, sirvientes, caballos y dinero y animales de carga y carneros como imágenes han quemado por amor a él en este lugar.””” (Libro I, LVIII. Donde se habla de la provincia de Tangut. Actualmente las provincias de Kan-su y Ning-hit).


Figura 1.- “Euros del Infierno” comparados con los prototipos a los que imitan.

                La singular denominación que reciben este tipo de billetes tiene un curioso origen. En el siglo XIX, los misioneros cristianos insistían a los nativos, que aquellos que no se convirtieran a la nueva religión, al morir irían al infierno (Hell en inglés). Así pues para la mayoría de chinos no convertidos, y según la cosmología taoísta, el término “Hell” era equivalente a la del mundo del más allá o Diyu (地狱) de las religiones orientales, primer destino del alma de los muertos. En muchos billetes aparece el término inglés de “Hell” (infierno), sustituido en ocasiones por el más adecuado de “Heaven” (cielo).

 En la década de los ochenta del pasado siglo, tras una larga búsqueda, conseguimos los primeros billetes de este tipo -en paquetes de 50 ejemplares-, en un comercio de distribución de productos alimenticios chinos de Madrid (Figura 2). En España se ha venido utilizando un tipo muy común, el billete con formato y color del dólar americano con un valor de 10.000 dólares, y aunque no disponemos de datos estadísticos sobre su uso, las creencias en este tipo de rituales funerarios está muy arraigada en amplios sectores de la comunidad china. Hace varios años, hablando de este tema con un comerciante de un bazar donostiarra, nos relataba una anécdota que le había ocurrido recientemente. Tras el fallecimiento de un familiar, esa misma noche el espíritu del difunto se le había aparecido en sueños, y también a otros dos parientes, quejándose de que le faltaba dinero en el “otro mundo”. Para la persona que nos relataba esta anécdota, este hecho constituía una prueba irrefutable de la existencia real del “otro mundo” y de las necesidades económicas que los difuntos tenían al llegar a él. Sin embargo, podemos interpretar esta singular coincidencia desde una perspectiva sicológica: si los familiares del fallecido estaban preocupados por las penurias económicas que su pariente podía tener en la otra vida, era fácil y probable que varios de ellos tuvieran simultáneamente el mismo sueño/pesadilla.


Figura 2.- “Billetes del Infierno” utilizados tradicionalmente en España.

Además de los dólares americanos, también se han imitado los modelos de los billetes de otras regiones, la libra esterlina, el dólar australiano y el de Hong Kong, el yen japonés…, y finalmente ha llegado el Euro. El primer ejemplar que presentamos reproduce el formato del billete de 500 euros, pero indicando la cantidad en dólares y señalando como entidad emisora el “Banco del Infierno” (Bank of the Hell), mientras el segundo, de color verde, inspirado en el billete de cien euros, presenta un valor de 10.000, no especificando el tipo monetario. En este caso figura como entidad emisora  el “Banco del Cielo” cuya figura, con forma de pagoda, aparece en el anverso, mientras en el reverso está representado el convencional busto del “emperador del Infierno” (Figura 1).

            Durante la segunda mitad del pasado siglo se popularizaron los billetes con retratos de personajes famosos, como Mao, Stalin, Khruschev, Kennedy, Einstein o Marilyn Monroe, y actualmente proliferan variados personajes de la mitología oriental: Buda, los ocho inmortales, ave fénix y dragones…, predominando sobre todos ellos la imagen del rey del Infierno, representado con barba y un sombrero plano del que caen unas bolitas en los bordes frontal y trasero. Según la leyenda uno de los emperadores chinos cuyo mandato fue ejemplar, como recompensa tuvo el privilegio de reinar en el mundo del más allá. Mientras en muchos casos los anversos de los billetes presentan vistosos coloridos, los reversos suelen ser monocromáticos y en ellos aparece un edificio con forma de pagoda que representa el banco del infierno. Frecuentemente estos billetes están avalados por las firmas de Yu Wong Emperador de Jade y la de Yen Loo, Rey del Infierno.

A pesar de su popularidad, la tradición de quemar estos billetes para los difuntos no está bien vista por las autoridades chinas, y en el año 2006, Dou Yupei, Ministro de Asuntos Civiles, declaraba oficialmente esta costumbre como una “superstición feudal”. Otra anécdota muy ilustrativa a este respecto ocurrió hace un par de años, con motivo del viaje que realizaron unos amigos a lo largo del continente asiático. Una vez en China, consultado el guía oficial sobre el asunto, declaró tajantemente que dicha tradición ya no existía en el país, pero en la visita al Templo del Buda de Jade en Shanghai, una señora mayor ofrecía en la puerta paquetes de billetes del Infierno. Tras solicitar la ayuda del guía para que actuara como intérprete, éste, notablemente irritado se dirigió a la mujer reprendiéndola, aunque finalmente mis amigos pudieron adquirir los billetes por un módico precio (Figura 3).


Figura 3.- “Billetes del Infierno” adquiridos en el Templo del Buda de Jade en Shangai.

Podemos contextualizar las ofrendas a los antepasados dentro de los principios Confucionistas de la Piedad filial, como una prolongación del cuidado debido a los padres y parientes mayores vivos. Recientes encuestas en Hong Kong muestran que incluso muchos cristianos y budistas (los budistas ortodoxos no admiten el rito de quemar “dinero del infierno”) practican habitualmente la quema de estos billetes y otros “Papeles de Joss” ofrecidos a sus antepasados.

El coleccionismo de este tipo de billetes, que podríamos bautizar como “notafilia infernal”, resulta una actividad curiosa, divertida y barata, aunque muy poco o nada extendida en el campo del coleccionismo en nuestro país, y apenas conocida incluso por los profesionales de la numismática. Puede argumentarse que no son verdaderos billetes, y es cierto, pero sí pueden considerarse como un tipo de moneda de “uso especial” (Special purpose Money, “sensu” Polanyi), que tiene una finalidad concreta, ser usada en el más allá. Para un creyente en esta tradición, el “billete del Infierno” tiene un valor determinado, lo mismo que nos ocurre a los creyentes en los verdaderos billete de euros o dólares (que somos casi todos). Si nos paramos a pensar, en el fondo se trata tan solo de un trozo de papel al que hemos atribuido una propiedad simbólica de valor,  que se mantendrá más o menos estable sólo si las circunstancias económicas y sociales lo permiten.

Las nuevas tecnologías han “invadido” estas ancestrales costumbres, y desde hace poco existen aplicaciones en iPod que permiten quemar diferentes tipos de estos “billetes del Infierno” de forma virtual (Figura 4).


Figura 4.- Quema virtual de “Billetes del Infierno” en Ipod.


Los “Papeles de Joss”, antecedentes de los “Billetes del Infierno”.

Ya en el siglo trece, el viajero Marco Polo nos describe detalladamente la tradición de quemar diversos objetos elaborados en papel durante los funerales:

 “””Y también os diré que tienen por costumbre que, cuando muere un hombre rico, cuando el cuerpo del muerto es llevado a quemar, todos los parientes, hombres y mujeres se visten de modo barato, de cañamazo en señal de luto, y van con el cuerpo; cogen entonces sus instrumentos de música y van tocando y cantando oraciones a los ídolos con voz dulce. Una vez llegados allí donde el cuerpo debe ser quemado, se detienen y mandan hacer caballos, esclavos hombres y mujeres, camellos, sillas, arreos, vestidos de oro y de seda, monedas de oro y plata en gran abundancia, cosas toda que hacen de papel. Cuando han hecho todo esto, lo prenden y queman el cuerpo con esas cosas diciendo que ese muerto tendrá todas esas cosas en el otro mundo, como alguien que vive en carne y hueso, así como la moneda de oro y los vestidos de oro y de seda. Una vez acabado el fuego, tocan todos los instrumentos con gran regocijo, cantando continuamente....””” Libro II, CLIII.

Donde se habla de la noble y magnífica ciudad de Quinsai. (Actual Hangzhu). Todos estos objetos, ya sean láminas u objetos tridimensionales elaborados en papel de bambú o arroz, y cuya finalidad es la de ser quemados en los rituales funerarios o durante festividades especiales, reciben la denominación genérica de “Papeles de Joss” (Joss paper) (3). Los bidimensionales se cortan en cuadrados, rectángulos o círculos, y dependiendo de la región, se adornan con diferentes tipos de letras, sellos o dibujos estampados. Existen actualmente numerosas denominaciones para estos objetos, “papeles ceremoniales”, “de los espíritus”…, e incluso conservan su antiguo nombre de “caballos divinos”, en recuerdo de la tradición -mencionada por Marco Polo-, de quemar imágenes de caballos en papel, ritual introducido hacia el año 220 a.C., como alternativa menos cruenta a la ancestral costumbre de sacrificar los animales en los funerales con el fin de que el difunto dispusiera de ellos en la otra vida (Figura 5).


Figura 5.- Diferentes tipos de “Papeles de Joss”.

Los conocidos “billetes del Infierno” comentados en un aparado anterior, se corresponderían con una de las muchas variantes de estos “Papeles de Joss”, que pueden tener tres destinatarios distintos: los dioses, los fantasmas y los antepasados. De la misma forma que el panteón de dioses y diosas tradicionales es extraordinariamente variado y diverso, la clasificación y sistematización de estos “Papeles” es muy compleja, ya que además de diferir según las zonas, un mismo objeto puede ser utilizado en ceremonias diferentes (funerales, festividades en honor de algún dios….) y recibir según esto nombres distintos.


Figura 6.- a: Comercio de venta de “Joss paper”. b: Quema de “Papeles de Joss”.

Según recientes trabajos de investigación sobre esta materia(4), podemos diferenciar al menos los siguientes tipos: - Papel de oro y plata: destinado a los antepasados. - Papel de oro de la longevidad: destinado a los dioses principales. - Moneda blanca: destinada a dioses menores, fantasmas y antepasados. - Billetes del Infierno: destinados a antepasados y fantasmas. - Lingotes dorados: destinados a antepasados. - Primer tesoro: destinado a dioses y antepasados. - Gran tesoro brillante: con tres formatos diferentes. - Papeles de la gente honorable, con su variante “honorable gente encantadora”. - Papel de la fuente de la suerte: destinado a los dioses. - Documento de la gran suerte, con la solución a cien problemas o cien remedios para situaciones de crisis. - Moneda de la vida: utilizada en festivales. - Papel de cinco colores y papel de siete colores, representan la ropa que es ofrecida a antepasados y fantasmas.- Objetos (ropa, calzado, comida, útiles de aseo, televisor, ordenador, teléfono móvil, coches….) tridimensionales elaborados en papel. Además de esto, por ejemplo la comunidad Chauzhou de Hong Kong utiliza las siguientes monedas rituales de papel: Moneda de la paz (en vez de la Moneda de la gente honorable), Moneda grande de oro, Moneda bizcocho, Hogar de la moneda, Moneda cabeza del cielo, Moneda familiar, Moneda Kung, Moneda de invitación, Moneda para escapar de las dificultades, Ropa para los buenos hermanos, Próspero caballo verde y Papeles amarillo y verde (Scott, 2007, p. 258). Cada uno de estos elementos presenta un uso concreto y es utilizado en una ceremonia determinada, lo que les confiere la característica de verdaderas monedas de uso concreto (sensu Polanyi). Así pues los principales objetivos de estas ofrendas son, agradecer o solicitar favores de los dioses, proveer al familiar difunto de dinero y elementos cotidianos que pueda usar en la otra vida y ejercer la caridad con los espíritus “pobres”, fantasmas atormentados fallecidos lejos de sus hogares, sin descendientes que les rindan honores o víctimas de muerte violenta. Constituye un acto de caridad el consolarlos mediante ofrendas muy similares a las que se dedican a los propios difuntos. Dentro de la variedad de tipos de “Papeles de Joss”, destacaremos los denominados “papeles de la gente honorable”, una de cuyas variantes se presenta como un conjunto de cien caras de personas impresas sobre papel rojo (Figura 1), y aunque habitualmente el resto de las “monedas” se queman en bloque, es decir en paquetes de muchos ejemplares (Figura 2b), en este caso hay que cortar cada figura y quemarla individualmente. La “gente honorable” son personas desconocidas, que en algún momento de la vida nos prestan su ayuda, se supone que enviadas por los dioses, y a ellos y a dichas personas se ofrecen estos “papeles”. Más llamativo resulta el empleo de objetos tridimensionales en papel, representando los elementos más variados y exóticos, entre los que figuran ropa y zapatos de hombre, mujer o niños, alimentos chinos tradicionales y del McDonal, útiles de aseo, sirvientes, coches, casas, muebles, ordenadores portátiles, consolas de videojuegos, teléfonos móviles…, incluso pistolas o ametralladoras de papel (un amigo de Hong Kong se preguntaba recientemente ¿qué tipo de personas necesitarán estas armas en la otra vida?), también desde hace unos pocos años se queman condones, viagra y prostitutas de papel, y la última novedad en este campo es quemar comida y juguetes de papel para las mascotas (perros y gatos) fallecidas (Figuras 2a y 3). Los rituales funerarios tienen una gran importancia en casi todas las culturas de la Humanidad. Se producen dos cambios, en el primero el pariente vivo se transforma mediante la muerte en un difunto, esto es un hecho natural inevitable, pero seguidamente el cadáver, mediante los adecuados rituales funerarios pasa a adquirir la condición de “antepasado”, y es en esta segunda transformación donde interviene la quema ritual de muchos de los “Papeles de joss” en las tradiciones chinas. A pesar de lo extravagante que nos puedan parecer todos estos rituales desde la mentalidad occidental, lo cierto es que para los creyentes, el fuego posee un poder de transformación, y los objetos ficticios al quemarse son trasladados al mundo de los espíritus, convirtiéndose allí en objetos reales que pueden ser utilizados por el familiar difunto.


Figura 7.- Diferentes tipos de objetos funerarios en papel. a: Alimentos; b: Camisas y zapatos; c: Material de afeitar; d: Teléfonos móviles; e: Ordenador portátil; f: Coches.


Notas:
(1) Las monedas de la “Larga Vida”. Eco Filatélico y Numismático 68(1207) (Mayo 2012).
(2)   Aportaciones numismáticas en la obra de Marco Polo II: Cauris y monedas de los muertos. Eco Filatélico y Numismático. (Septiembre, 2008), 64(1166): 44-45.
(3) Hemos preferido no traducir el término inglés “Joss”, (ídolos chinos) conservando la denominación más conocida y popular de “papeles de Joss”, que podría interpretarse como “papeles de los dioses chinos”. El término inglés “Joss”, deriva del latín “Devs” utilizado por los portugueses en sus colonias asiáticas.

(4) Lai, Tsung-Wei, 2007. El significado simbólico y función de los “Papeles de joss” en las ceremonias de tránsito del taoísmo en Taiwan. Tesis Master. Instituto de Estudios Religiosos. Taiwan: 282 pp. (En chino) Scott, Janet Lee, 2007. For Gods, ghosts and ancestors: the Chinese tradition of paper offerings. Royal Asiatic Society. Hong Kong Studies Series. Hong Kong Univ. Press. 311 pp.+ 32 lám.; Tong, K., 2010. In Case it Rains in Heaven. Khrer Verlag Heidelberg Berlin: 95 pp. 

viernes, 30 de enero de 2015

Aportaciones numismáticas en la obra de Marco Polo.

Aportaciones numismáticas en la obra de Marco Polo:


I: El papel moneda en la corte del Gran Kan. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 64(1164) (Junio 2008): pp. 44-45.
II: Cauris y monedas de los muertos. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 64(1166) (Septiembre 2008): pp. 44-45.
III: Monedas de sal, de pieles y tarjas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 64(1167) (Octubre 2008): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

I: El papel moneda en la corte del Gran Kan.


         El libro de viajes más conocido y leído a lo largo de la historia es el que escribió el comerciante veneciano Marco Polo en el siglo XIII, en plena Edad Media (Figura 1), donde narra minuciosamente sus viajes a China y su larga estancia en la corte del emperador mongol Kublai Kan, conocido popularmente como Gran Kan, dueño en esa época de un inmenso imperio. Durante la estancia de Marco Polo en la cárcel de Génova, donde fue encerrado en 1298 tras ser capturado en un encuentro naval entre barcos genoveses y venecianos, enemigos y competidores en esta época, dictó su obra a su compañero de celda, un escritor llamado Reustichello de Pisa. El manuscrito fue posteriormente corregido y ampliado por el autor tras su salida de la cárcel y en él nos narra sus viajes iniciados en 1271, describiendo los países que visita, sus ciudades, gentes, costumbres e historia.


Figura 1.- Representaciones medieval y moderna de Marco Polo.

            Entre la multitud de datos e informaciones que nos aporta el viajero veneciano, se incluyen algunas de contenido numismático que pasaremos a comentar. En primer lugar, un hecho que sorprende a Marco Polo, y le parece mágico, es la utilización del papel moneda, mencionado en numerosas ocasiones en su libro de viajes (Figura 2), señalamos la principal cita al respecto:


Figura 2.- Fabricación de billetes en la corte del Gran Kan, según un manuscrito medieval.


Libro II, XCVII. De cómo el Gran Can hace gastar papel por dinero.

                “”””Es cierto que la moneda del Gran Señor está en esta ciudad de Cambaluc (actual Pekín), y montada de tal manera que puede decirse que el Gran Can domina perfectamente la alquimia; y os lo demostraré.

                Sabed que ordena hacer una moneda cuya forma es la que voy a deciros: hace coger a varios hombres cortezas de esos árboles que nosotros llamamos moreras y que ellos llaman “gelsus”, esos cuyas hojas comen los gusanos que hacen la seda, de los que hay tantos que todos los campos están llenos. Cogen la piel delgada que hay entre la espesa corteza exterior y la madera, y que es blanca; de esta delgada piel les manda hacer hojas semejantes a las del papel algodón, y son completamente negras. Y cuando están hechas las hace cortar de la siguiente manera: la más pequeña vale entre ellos aproximadamente la mitad de un pequeño “tornesel”(1) y la siguiente, algo mayor, un “tornesel”; la siguiente, aún algo mayor, medio grueso de plata de Venecia; la siguiente, un grueso de plata; la siguiente, dos gruesos; la siguiente cinco gruesos, la siguiente diez gruesos, la siguiente un besante de oro, y la siguiente dos besantes de oro, y así hasta diez besantes de oro. Todas estas hojas reciben el sello del Gran Señor, sin lo cual no valdrían nada. Se fabrican con tantas garantías y formalidades como si fuera oro puro o plata, porque muchos oficiales nombrados para esto escriben su nombre en cada billete, y ponen cada uno su marca, y cuando todo está hecho como se debe, su jefe, comisionado por el señor, imprime con  cinabrio el sello que le está confiado y lo apoya sobre el billete; y la forma del sello humedecido de cinabrio queda impresa; entonces esa moneda es válida. Y si a alguien se le ocurriese falsificarla, sería castigado con la pena capital hasta la tercera generación. Se imprimen distintas marcas según el destino del billete. Y manda hacer tan gran cantidad de ellos, que podría pagar todos los tesoros del mundo, y esto no le cuesta nada.

                Y cuando estas hojas están hechas de la forma que os he contado, manda hacer todos sus pagos y los hace distribuir por todas las provincias y reinos y países de los que es dueño; y nadie se atreve a rechazarlos, porque le costaría la vida. Y nadie de los demás reinos  puede dar otra moneda en los territorios del Gran Can. Y os diré también que todas las gentes y grupos de hombres que viven bajo sus leyes cogen gustosamente estas hojas como pago, porque, por donde quiera que van, hacen con él todos sus pagos por los géneros y las perlas, las piedras preciosas, el oro y la plata, y por todas las demás cosas que se llevan, compran o venden, cualquiera que sea su valor, como si realmente fueran oro o plata. Y os diré más incluso: son tan ligeras que la hoja que vale diez besantes no pesa siquiera uno...
               
                ...Y también os digo otra cosa que conviene contar. Quien conserva estas hojas tanto tiempo que se desgarran y estropean –aunque son muy duraderas-, las lleva a la Moneda donde le son cambiadas por otras limpias y nuevas, pero debe dejar el tres por ciento al Tesoro. Y también os diré un hecho curioso, que conviene poner en nuestro libro. Si un hombre desea comprar oro o plata, o piedras preciosas o perlas para hacerse vajilla, cinturón u otras cosas hermosas, se va a la Moneda del Gran Señor con algunas de estas hojas, y las da en pago del oro o de la plata que compra al Jefe de la Moneda. En resumen, no se paga jamás con oro ni con plata, los ejércitos y los funcionarios son pagados con esta moneda de papel, de la que tiene tanta cantidad como le place.””””


Figura 3.- “Torneseles” venecianos del s. XIV.

                Como otros muchos avances técnicos (pólvora, papel, imprenta,...), los billetes de papel moneda se inventaron en China hacia el siglo noveno de nuestra Era (Figura 4). Surgieron como certificados de depósito que los bancos privados hacían al Gobierno, y con el respaldo del Estado, estos billetes tenían valor en todo el imperio, facilitando así el transporte del dinero de un lugar a otro. Finalmente, durante la dinastía Sung (960-1279 d.C.) se convirtieron en monopolio del estado, siendo un dinero crediticio, es decir respaldado por el oro y la plata acumulado en los tesoros reales. Sin embargo Marco Polo, no llega a comprender este hecho y nos presenta el papel moneda como dinero fiduciario, es decir como él mismo señala, producto de la “alquimia” o de la magia, sin embargo los variados billetes que circulaban en China y en los dominios del Gran Kan (el propio Marco Polo señala en numerosas ocasiones como rasgos fundamentales de los pueblos que visita, su religión y si utilizan o no papel moneda) estaban refrendados por la autoridad del emperador y por sus inmensos tesoros. Desgraciadamente, y a pesar de que se fabricaron centenares de millones de billetes de diferentes valores, debido a su delicada composición, no han sobrevivido al paso de los siglos y no han llegado hasta nosotros. En Europa, aunque ya existían “letras de cambio” desde la Edad Media, el billete de banco fue “inventado” en época moderna por Palmstruch, banquero de Amsterdam; poco después, el Banco de Estocolmo (Figura 5), ante una repentina devaluación del cobre, comenzó a emitir papel moneda, y algo más tarde, este sistema se popularizó en Gran Bretaña, culminando con la creación en 1694 del Banco de Inglaterra. La principal diferencia de estos nuevos billetes, es que a diferencia de la “letra de cambio” que tenía una vida limitada, el nuevo billete podía circular indefinidamente hasta que alguien se decidiera a cambiarlo por metal.



Figura 4.- Antiguos billetes chinos: en la parte superior un “kuan”, dinastía Ming, s. XIV, en la inferior, billetes de corteza de morera de la región de Xinjiang.



Figura 5.- Billete del Banco de Estocolmo.


II: Cauris y monedas de los muertos.


                En la obra de Marco Polo no solo se habla del papel moneda, también se recogen informaciones sobre otros elementos premonetarios circulantes en la época como las conchas de cauri (Figura 1), un pequeño caracolillo (de la especie Monetaria moneta) del grupo de las llamadas porcelanas -al recordar su concha a este material-, que se utilizó como moneda en China desde finales del tercer milenio a.C., constituyendo probablemente la primera moneda económica utilizada en forma masiva por la humanidad.

            Sobre este particular encontramos las siguientes referencias:

Libro II, CXIX. Donde se habla de la gran provincia de Caragián. (Al norte de Vietnam):

“””Tienen la moneda que voy a deciros: pagan con porcelana blanca, conchas que se encuentran en el mar, que se llevan al cuello como adorno y que se ponen de collar a los perros; ochenta porcelanas valen un saggio de plata, o sea dos gruesos de Venecia. Y sabed que ocho saggi de plata fina valen un saggio de oro fino.”””

Libro II, CXX, Donde todavía se habla de la provincia de Caragián.

“””También tienen por moneda las porcelanas de que os he hablado antes. Y yo os digo que estas porcelanas no se encuentran en el país, sino que proceden de la India, traídas por los mercaderes.”””

Libro II, CXXX. Donde se habla de la provincia de Tolomán.

“””También se encuentra oro suficiente, pero su calderilla es de porcelana, y de la manera que ya os he contado. Y también todas esas provincias de que se ha hablado, es decir, Bengala, Caugigú y Amú, tienen moneda de oro y de porcelana.”””


Libro III, CLXV. Donde se habla de la isla de Sondur y de la de Condur. (Del grupo Con Son, frente al delta del Mekong).

“””De este reino vienen todas las porcelanas que sirven de moneda a todas las provincias de que os he hablado.”””


Figura 6.-  Conchas de cauris chinas usadas como moneda hace más de tres milenios.

            La utilización de las conchas de cauri como moneda se remonta al año 2.200 a.C, a finales de la dinastía Xia. En China el cauri es el símbolo por excelencia de la riqueza, y la letra que lo representa (bei) aparece en numerosos caracteres relacionados con el concepto “valioso”, p. ej. en las palabras riqueza, tributo, precioso, recompensa, etc… En excavaciones arqueológicas, se han encontrado caurís desde el período Shang (1600-1050 a.C.), que se unían en ristras de diez (peng). En una inscripción de hacia el 1024 a.C. puede verse el precio de un recipiente, 14 peng, es decir 140 conchas. Así mismo en las prospecciones arqueológicas realizadas en los últimos años en las tumbas de los personajes importantes de la cultura Dian (1000 a.C. a 100 d.C.), han aparecido lujosas vasijas de bronce, profusamente decoradas, destinadas a almacenar los cauris utilizados como moneda, y estos recipientes constituyen en esta cultura el símbolo más importante de autoridad (Figura 7).


Figura 7.- Recipiente para guardar las conchas de cauris, cultura Dian (China).              

A finales del período Shang (hacia el año 1000 a.C.) la gran demanda de cauris hizo que se fabricaran en diferentes materiales como jade, con otras conchas recortadas dándoles la apariencia de cauris, en piedra, hueso, madera y bronce (Figura 8), de hecho estas imitaciones de bronce fueron la primera moneda metálica utilizada por la humanidad, varios siglos antes de que surgieran las primeras acuñaciones en Asia Menor y Grecia.


Figura 8.- Imitaciones de cauris, arriba en concha, abajo de bronce sobredorado.

Además de estas “monedas económicas”, ya en esta temprana época se fabricaban imitaciones en arcilla, con la finalidad de depositarlas en enterramientos, y constituyen el precedente más antiguo del “dinero de los muertos” o los “billetes del infierno” (Figura 9), utilizados aún hoy en día en los funerales budistas(2), costumbre que también es recogida en la obra de Marco Polo:

Libro I, LVIII. Donde se habla de la provincia de Tangut. (En la actualidad , las provincias de Kan-su y Ning-hit).

“””Y cuando llegan, sus parientes hacen recortar imágenes pintadas en hojas de papel de corteza de árbol, imágenes de caballos, de camellos, de carneros y de otros animales, y del papel que se usa para moneda, grandes como besantes.... todas estas cosas las arrojan al fuego y las hacen arder con el cuerpo, diciendo que en el otro mundo el muerto tendrá tantos esclavos, sirvientes, caballos y dinero y animales de carga y carneros como imágenes han quemado por amor a él en este lugar.”””


Figura 9.- Billetes del Infierno.


Libro II, CLIII. Donde se habla de la noble y magnífica ciudad de Quinsai. (Actual Hangzhu).

“””Y también os diré que tienen por costumbre que, cuando muere un hombre rico, cuando el cuerpo del muerto es llevado a quemar, todos los parientes, hombres y mujeres se visten de modo barato, de cañamazo en señal de luto, y van con el cuerpo; cogen entonces sus instrumentos de música y van tocando y cantando oraciones a los ídolos con voz dulce. Una vez llegados allí donde el cuerpo debe ser quemado, se detienen y mandan hacer caballos, esclavos hombres y mujeres, camellos, sillas, arreos, vestidos de oro y de seda, monedas de oro y plata en gran abundancia, cosas toda que hacen de papel. Cuando han hecho todo esto, lo prenden y queman el cuerpo con esas cosas diciendo que ese muerto tendrá todas esas cosas en el otro mundo, como alguien que vive en carne y hueso, así como la moneda de oro y los vestidos de oro y de seda. Una vez acabado el fuego, tocan todos los instrumentos con gran regocijo, cantando continuamente....”””

                Todavía en nuestros días se mantiene esta ancestral costumbre, y en la actualidad, en algunos funerales chinos celebrados en España, se queman unos “billetes del infierno”, donde figura el valor de 10.000 dólares, y cuyo aspecto imita al billete de un dólar americano, en la creencia que el difunto podrá disponer en la otra vida de este dinero simbólico (Figura 10).



Figura 10.- Incineración de billetes durante un funeral budista.


III: Monedas de sal, de pieles y tarjas.



                Para finalizar, comentaremos brevemente algunas “premonedas” citadas en la obra de Marco Polo (Figura 11), como las monedas de sal utilizadas en el Tíbet:


Figura 11.- Monedas de China y Mongolia con el retrato de Marco Polo.

Libro II, CXVI. Donde se habla de la provincia de Tebet (Tíbet, parte occidental del Szechwán).

                “””No tienen moneda de plata, ni de esos billetes del Gran Can, sino que hacen moneda de sal.”””

Libro II, CXVIII. Donde se habla de la provincia de Gaindú.

                “””En esta provincia tienen la moneda que voy a deciros. Sabed que tienen el oro en barras, que pesan en Saggi, y que evalúan al peso; se sirven para ello de fuertes sumas porque no tienen moneda acuñada. En cuanto a la calderilla, os hablaré de cómo es. Toman agua salada, la hacen hervir en un barreño, y, cuando ha hervido una hora, se espesa como pasta; entonces la meten en el molde y hacen panes parecidos a una hogaza de dos dinares, plana por debajo y redonda por arriba, de tal tamaño que puede pesar una media libra. Cuando están hechas, las ponen sobre piedras muy calientes junto al fuego, donde se secan y se ponen duras. Sobre esta especie de moneda ponen el sello del señor, y nadie puede hacerlo más que los oficiales del Señor. Algunos panes son de una libra, otros de media libra, otros de más, otros de menos, según su grosor y su peso en saggi. Ochenta sales semejantes valen un saggio de oro fino. Esa es su calderilla. Pero con esta moneda los mercaderes van en busca de las gentes que viven en las montañas salvajes, poco frecuentadas, y obtienen un saggio de oro por sesenta, cincuenta o incluso cuarenta de estas monedas de sal, según que las gentes del país estén en lugar más o menos salvaje, alejados de las ciudades y de las gentes civilizadas; como no pueden vender su oro o sus demás cosas, como el almizcle y todo lo demás, cada vez que quisieren, porque no tienen a quien vendérselo, lo ceden a buen precio; porque encuentran oro en los lagos y ríos como hemos dicho. Entonces van los mercaderes por esas montañas y localidades del Tebet donde se utiliza moneda de sal de la misma manera, y hacen grandes ganancias y beneficios, porque estas gentes ponen sal de esa en sus comidas, y también compran lo que necesitan. Pero en las ciudades utilizan casi únicamente fragmentos de esa moneda en sus alimentos, y gastan las monedas enteras.”””

            El empleo de la sal como moneda, se remonta a la antigüedad clásica, de hecho, parte de lo que recibían como paga los legionarios romanos, se abonaba en sal, elemento muy valioso en la época, no solo por su importancia en la dieta, sino sobre todo, porque resultaba imprescindible para conservar durante algún tiempo alimentos perecederos como el pescado y la carne. De esta utilización ha llegado hasta nosotros la palabra “salario”. Igualmente la sal se ha empleado como moneda (en este caso una sal potásica no apta para el consumo) por algunos pueblos indígenas de Papua (Figura 12a), y hasta hace relativamente poco tiempo en Etiopía se utilizaban barras de sal (“amole”) como moneda cotidiana (Figura 12b).



Figura 12.- a: Sal utilizada como moneda en Papúa-Nueva Guinea; b: Barras de sal “amole” usadas como moneda en Etiopía y bloque de sal utilizado en Malí.

            También encontramos alguna referencia a la utilización de pieles como moneda en algunas frías regiones del norte de Rusia:

Libro III, CCXX, Donde se habla de la provincia de Rosia y de sus gentes.

                “””Las grades piezas de monedas de estas gentes son barras de oro de medio pie de largas, cada una de las cuales vale quizá cinco céntimos de grueso (18 gruesos = un ducado veneciano). En cuanto a las monedas pequeñas, son cabezas de marta.”””

            Los ugrios y los samoyedos que habitan en las heladas regiones de Siberia  (“el valle de la oscuridad”) utilizaban las pieles de animales como monedas.

            También se recogen en el Libro de Viajes de Marco Polo algunas técnicas contables utilizadas también algo más tarde en la Europa medieval, como los “tally stick” ingleses o las “tarjas”, usadas en Navarra y País Vasco hasta el siglo XX (Figura 13) (3):

               


Figura 13.- “Tarjas” utilizadas como recibos de pago en Navarra y País Vasco.

Libro II, CXXI. Donde se habla de la gran provincia de Cardanán.

                “””Y cuando tienen algún negocio entre sí, y quieren levantar acta o contrato, toman un trozo de madera, bien redondo, bien cuadrado, y lo hienden por la mitad, y uno coge una mitad y el otro otra. Pero bien es verdad que antes han hecho en él dos o tres muescas, o las que quieran, marcando así el monto de la deuda. Y cuando llega el vencimiento, acercan los dos testigos, y las pequeñas marcas coinciden. Cuando ha pagado, el que debía el dinero se hace entregar la mitad del trozo que tenía el otro y de ese modo los dos quedan contentos y satisfechos.”””


NOTAS:

(1)  “Tornesel”: moneda veneciana que contenía cerca de medio gramo de plata, equivalente a cuatro denarios venecianos.

(2) Ver artículo del Eco Filatélico y Numismático de noviembre del 2001: Historias (monetarias) de difuntos: del óbolo de Caronte a los billetes del Infierno, pp. 44-45.


(3) Ver artículo del Eco Filatélico y Numismático de Junio del 2004: Monedas de madera primitivas: “Tukula” africana, proas de canoa de las islas Trobriand, monedas chinas de bambú, “tally sticks” europeos y “tarjas” del País Vasco y Navarra, páginas 46-47.