Emisiones ibéricas en plata I: Siglos
V a III antes de nuestra Era. Artículo
publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1361) (Mayo, 2026): pp. 44-47.
Miguel Ibáñez Artica
Eco Filatélico y Numismático. (Mayo 2026) 82 (1361): pp. 44-47.
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Emisiones ibéricas en plata I: Siglos V a III antes de nuestra Era.
Cuando
comienza a utilizarse la moneda dentro de una sociedad, resulta posible
cuantificar de forma objetiva el valor de las mercancías y servicios.
Previamente a su aparición, y durante muchos siglos, las relaciones comerciales
se establecían mediante intercambios directos de productos, a través de dones y
favores recíprocos, o utilizando diferentes formas de dinero premonetario como
las “monedas mercancía” (lingotes de metal, sal, cereales, ganado,...) que
servían como referencia del valor de las cosas.
En
el momento en que hace su aparición la moneda metálica convencional -creada
hacia mediados del siglo VII a.C. por banqueros jonios-, fagocita los restantes
elementos premonetarios utilizados hasta la fecha (por ejemplo en la antigua
Grecia las varillas de hierro o asadores rituales denominados óbolos), y su uso
se extiende con gran rapidez por los territorios vecinos (Magna Grecia, Imperio
Aqueménida...).
Haciendo
un paralelismo entre el valor de las cosas y el calor, podemos decir que algo
está muy o poco caliente, pero si carecemos de un instrumento que lo mida
objetivamente (por ejemplo un termómetro), la valoración que hagamos carece de
precisión. Como el termómetro para medir la temperatura, la moneda permite
cuantificar el valor se bienes y servicios, convirtiéndose en un instrumento
muy útil para el desarrollo y la reproducción social(1).
En
el presente artículo trataremos de forma resumida acerca de las monedas de
plata que se produjeron y circularon en la Península Ibérica entre los siglos
quinto y primero antes de nuestra Era, y en primer lugar podemos diferenciar a
grandes rasgos, dos etapas cronológicas, la primera comprendida entre los
comienzos del s. V a.C. y finales del siglo segundo antes de nuestra Era, donde
circulan predominantemente emisiones de monedas griegas y cartaginesas que
siguen los patrones del dracma griego o del shekel cartaginés (Fig. 3), y una segunda fase que se
extiende desde mediados del siglo II y mediados del s. I a.C. donde circulan
los denarios ibéricos acuñados en 21 cecas peninsulares siguiendo el patrón del
denario romano (Fig. 1).
Con
respecto a las funciones de la moneda de
plata, podemos diferenciar por una parte la acuñada para cubrir los requisitos
comerciales del mercado y las necesidades cotidianas de la población, y en
segundo lugar, en épocas de conflictos bélicos (guerras púnicas entre romanos y
cartagineses [264-146 a.C.], guerra celtíbera [181-133 a.C.], guerra sertoriana [82-72 a.C.], segunda guerra civil romana [49-45 a.C.]), las monedas fabricadas en
grandes cantidades para pagar a las tropas regulares y a los mercenarios
auxiliares de los diferentes pueblos ibéricos que participaron en las
contiendas, tanto en uno como en otro bando. En estas especiales circunstancias
es cuando se emiten las monedas más espectaculares como los trisekhel o
dishekel cartagineses (Figs.4 f,
g, h y j). También pertenecen a
estas conflictivas épocas una gran parte
de los tesoros de monedas de monedas hallados en la Península Ibérica, generalmente de forma fortuita(2).
Las
“monedas de paz” emitidas con una finalidad comercial, se alternaron
frecuentemente con las “monedas de guerra” acuñadas para el pago de las tropas
en conflicto, transformándose unas en otras en función de la evolución de la situación
social predominante en cada momento.
Las
primeras monedas que circularon en la Península Ibérica a finales del siglo
sexto antes de nuestra Era proceden de la colonia griega de Ampurias. Se trata
de unas pequeñas moneditas de plata, hemióbolos de 0,4 g de peso y
triteratemorium de tan sólo 0,2 gramos y menos de diez milímetros de diámetro,
que presentan una variada tipología de motivos (figuras mitológicas como esfinges,
cabezas de Heracles, Medusa Gorgona, Sileno barbado, Atenea, toro
androcéfalo..., animales como cabras, vaca amamantando un ternero, carneros, leones,
lechuza en vista frontal, cangrejo, etc...). Esta variada iconografía está
tomada de las monedas acuñadas en otras ciudades griegas como Focea, Atenas,
Siracusa, Gela, Naxos, Akragas, etc..., y muchos de los tipos están
representados en el tesoro de Auriol, descubierto en febrero de 1867 al norte
de la isla de Baou-Rouge frente a Marsella, que contenía 2130 moneditas de
plata, y que ha sido datado hacia el 500 a.C.
Los
griegos focenses fundaron primero la colonia de Massalia (Marsella) en la
desembocadura del Ródano hacia el 600 a.C., y pocos años más tarde, en el 575
a.C. establecieron un nuevo emplazamiento que sería bautizada como Emporión (Ἐμπόριον) en
la costa del municipio de La Escala (Gerona). El término de “emporion” elegido
para dar nombre a la ciudad significa literalmente “mercado”, e ilustra muy
bien el objetivo y finalidad de la nueva colonia masaliota creada en la costa
norte mediterránea de la Península. Es en este lugar donde a finales del siglo
sexto antes de nuestra Era comenzaron a producirse las primeras monedas en la
Península Ibérica.
Tras
dos siglos donde las únicas monedas circulantes eran pequeñas emisiones de
plata (Fig. 2a) destinadas a cubrir
las necesidades cotidianas locales y el comercio con los pueblos ibéricos
vecinos, hacia el 300 a.C. comienzan a producirse en Ampurias unos dracmas
pesados de más de cuatro gramos y medio, que presentan en el reverso un caballo
parado y encima Niké sosteniendo una corona en señal de victoria (Fig. 2b). Este diseño del caballo, de clara
influencia cartaginesa, se transforma radicalmente en un pegaso (Fig. 2c) tras la derrota de los
cartagineses en la primera guerra púnica el año 241 a.C.(3), y poco
más tarde, hacia el 218 a.C. la cabeza del pegaso se transforma en un pequeño
personaje alado que con sus brazos extendidos toca sus pies con las manos (Fig. 2d), y que será el modelo
iconográfico más frecuente de los dracmas amporitanos y sus imitaciones
ibéricas (Figs. 2e y e’).
a: Divisores amporitanos de los
siglos V a II a.C.; b: Dracma pesado de Ampurias, tipo “caballo parado” (300-260
a.C.); c: Dracma de Ampurias con pegaso con cabeza de caballo (260-218
a.V.); d: Dracma de Ampurias
con pegaso con cabeza modificada (218-200 a.C.); e y e’: Imitaciones del
dracma amporitano de las cecas ibéricas de Alaun e Iltirta (segunda guerra
púnica c. 206-205 a.C.), f: Dracma de Rhode (300-260 a.C.); g:
Dracma de Arse (218-195 a.C.); h: Dracma de la colonia fenicia de
Gades (350-300 a.C.); i:Dracma de la colonia fenicia de
Ebusus (370-300 a.C.).
Hacia
el 375 a.C. los griegos de Massalia (Marsella) establecieron una nueva colonia
denominada Rhode al norte de Ampurias que también emitió dracmas y sus
divisores con la imagen de una rosa, símbolo de la ciudad (Fig. 2f).
Las colonias fenicias de Gades (Cádiz) y Ebusus (Ibiza),
a pesar de sus afinidades culturales con los cartagineses, emitieron monedas de
plata en el siglo IV a.C. siguiendo el patrón griego del dracma (Figs. 2 h e i), y también durante la segunda guerra púnica varias ciudades y
pueblos ibéricos ubicados en territorios de las actuales comunidades de
Cataluña, Valencia y Aragón acuñaron dracmas de imitación amporitana con
leyendas en caracteres ibéricos (Figs. 2e
y e’). Igualmente la primeras monedas
de plata emitidas en ciudades indígenas son los dracmas de la ceca de Arse, ubicada
en el yacimiento del Tossal del Castell en Sagunto (Valencia), en este caso la
figura del reverso es un característico toro androcéfalo con la cabeza vuelta (Fig. 2g).
Figura
3.- Cecas
griegas, fenicias y púnicas que
emitieron moneda de plata entre los siglos V y III a.V.
Dentro
de las primitivas emisiones de moneda de plata peninsulares, cabe destacar las
acuñaciones cartaginesas o púnicas del siglo III a.C., cuyo inicio puede
fecharse en la fundación de Cartago Nova hacia el año 227 a.C., y la posterior
expansión y dominio de Aníbal en el 220 a.C. sobre los pueblos ibéricos
ubicados al sur del río Ebro, y que finalizan con la conquista de Cartagena por
Escipión el Africano en el año 209 a.C.
La
riqueza de minas argentíferas en el territorio hispano-cartaginés,
especialmente en la costa de Cartagena y Mazarrón, permitió la acuñación
durante el período de ocupación cartaginesa de numerosas y variadas emisiones de
monedas de plata (Fig. 4). A pesar de
que tradicionalmente muchas de las emisiones se han atribuido a Cartagonova
(Cartagena), en general estas monedas son anepígrafas, lo que dificulta su
atribución a una ceca concreta.
Los
valores acuñados son muy variados y oscilan entre los espectaculares trishekel
de 20 a 22 g de peso (Figs. 4f, g, j) hasta los hemióbolos de 0,34 g (Fig. 4b)
y las moneditas de un cuarto de shekel, con menos de dos gramos de peso
(Fig. 2i).
Figura 4.- Emisiones púnicas de plata.
a: Dracma con cabeza de Tanit y
caballo (237-227 a.C.); b: Hemióbolo con el símbolo de la
diosa Tanit (221-206 a.C.); c y d: Shekel con cabeza de Tanit y caballo (237-227 a.C.);
e:
Trishekel con proa de nave en reverso (227-221 a.C.); f, g, h e i: Trishekel,
Dishekel, Un shekel y medio y un cuarto de shekel, con cabeza de Heracles en
anverso y elefante en reverso (227-221 a.C.); j y k: Trishekel y shekel con
cabeza masculina en anverso y caballo con palmera en reverso (221-206 a.C.).
Respecto
a los motivos que aparecen representados en las monedas hispano cartaginesas,
en los anversos figuran los bustos femeninos y masculinos de las dos
principales deidades púnicas , la diosa Tanit (equivalente a la egipcia Isis, la
fenicia Astarté, la griega Afrodita o la romana Venus) (Figs. 4a, c, d), y Melkart divinidad fenicia representado con los
atributos de Heracles (Hércules), una característica maza o clava que figura en
algunas monedas (Figs. 4f, g, h, i),
considerado como un dios protector de la navegación y
del comercio.
En los reversos predomina la figura de un caballo,
generalmente parado (Fig. 4a) o a
galope (Fig. 4d), y muchas veces
acompañado de una palmera (Figs. 4c, j, k).
También encontramos algunas emisiones de gran belleza, donde figura en el
reverso un elefante africano (Figs. 4f,
g, h, i), animal que tuvo un marcado protagonismo como “arma de guerra” en
el ejército cartaginés llegando a cruzar los Alpes entre mayo y octubre del año
218 a.C. en una épica expedición comandada por el general cartaginés Aníbal.
Notas:
(1)
Para simplificar consideraremos los términos de “valor” y “precio” como
sinónimos, aunque existe una diferencia
entre ambos conceptos, y parafraseando a Quevedo y Machado “sólo el necio
confunde valor y precio”
(2) Las relaciones más completas y
actualizadas sobre los tesoros de moneda ibérica hallados en la Península
pueden consultarse en las páginas:
https://denariosibericos.com/category/tesorillos/
https://monedaiberica.org/v2/hoards
(3)
La representación del pegaso era característica de las monedas de Corinto y sus
colonias desde el siglo IV a.C.



