domingo, 1 de noviembre de 2026

Emisiones ibéricas en plata II: Siglos II y I antes de nuestra Era.

 

Emisiones ibéricas en plata II: Siglos II y I antes de nuestra Era. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1362) (Junio, 2026): pp. 46-50.

Miguel Ibáñez Artica

           


El año 218 antes de nuestra Era marca el inicio de una nueva etapa numismática en la Península Ibérica, con el desembarco del ejército romano en Ampurias al mando del general Cneo Cornelio Escipión Calvo (Fig. 1).

Lo que en un principio se consideró como una campaña estratégica para cortar el abastecimiento del ejército cartaginés en su ataque a la Península Itálica, se transformó en una auténtica invasión militar que en doce años conseguiría la expulsión de los cartagineses de Hispania, creándose en el 197 a.C. dos nuevas provincias romanas, la Citerior al norte y la Ulterior al sur, con Tarraco y Corduba como capitales respectivamente.

Sin embargo Roma tardaría aún dos siglos en completar su dominio total sobre la Península debido a la fuerte resistencia de los pueblos celtíberos del interior. Durante este período de tiempo fue imponiéndose progresivamente el modelo de moneda basado en el denario, unidad básica del sistema monetario romano desde el año 212 a.C., seis años después del desembarco en Ampurias de Cneo Escipión.

Figura 1.- a: Busto identificado tradicionalmente con Escipión el Africano, sobrino de Cneo Cornelio Escipión  (Museo  de Nápoles); b: Monumento funerario conocido como “Torre de los Escipiones” en Tarragona; c: Shekel cartaginés con un busto masculino interpretado por algunos autores como el de Escipión el Africano.

 

            Entre finales del siglo III y comienzos del s. II a.C. se produjo un período de transición, donde algunas ciudades y pueblos ibéricos del área levantina emitieron moneda, en unos casos como en Saiti (Xátiva), basada únicamente en el patrón griego del dracma (Fig. 2a, b), en otros casos como en Iltirta (Lleida) y Kese (Tarrragona), se emitieron al principio monedas siguiendo los modelos metrológicos griegos del dracma (Fig. 2c), hemidracma (Fig. 2h), óbolo (Fig. 2h) y tritartemorion (Fig. 2d), que se transformaron a comienzos del siglo segundo en denarios (Figs. 2e & i) y quinarios (Figs. 2f & j) siguiendo los nuevos patrones metrológicos impuestos por Roma, y finalmente hay poblaciones como Ausesken (Vic. Barcelona) donde la moneda de plata que se acuñó por vez primera a comienzos del s. II a.C. se hizo ya utilizando el nuevo modelo del denario romano (Fig. 2k).

            La transición entre dracmas y denarios no se produjo bruscamente, durante algún tiempo los dracmas y sus divisores (´hemidracmas, óbolos y tritartemorion) convivieron con los nuevos denarios y quinarios acuñados por las poblaciones ibéricas levantinas, hasta que los tipos monetarios romanos acabaron por sustituir completamente a la primitiva moneda ibérica de metrología griega.


Figura 2.- Primeras emisiones ibéricas.

a & b: Didracma y hemidracma de Saiti (Xátiva, Valencia, 218-200 a.C.); c & d: Dracma y tritartemorion de Iltirta (Lleida, 218-206 a.C.);  e & f: Denario y quinario de Iltirta (Lleida, 195-170 a.C.); g & h: Hemidracma y óbolo de Kese (Tarragona, 218-192 a.C.); i & j: Denario y quinario de Kese (Tarragona, 195-170 a.C.); k: Denario de Ausesken (Vic, Barcelona, 195-170 a.C.).

 

            Si bien la presencia romana favoreció e impulsó el uso de la moneda, en un principio, tras la victoria romana sobre los cartagineses, más de 170.000 kilos de plata en forma de monedas(1) (dracmas amporitanos y sus imitaciones, monedas púnicas...) que se estima existían en la Península en esos momentos, fueron llevados como botín de guerra  a Roma, desapareciendo del circuito económico peninsular y provocando una recesión en la cantidad de moneda circulante durante la primera mitad del siglo II a.C.

            En los ciclos de producción monetaria de esta época, alternaban los períodos de “monedas de paz”, es decir las producidas para satisfacer las necesidades comerciales habituales de la población, con las “monedas de guerra”, acuñadas a veces en grandes cantidades para financiar los gastos de los ejércitos beligerantes (tropas regulares de las legiones, auxiliares, mercenarios...). Una vez finalizados los conflictos, estas monedas se incorporaban al circuito económico, y tal como ocurriría siglos después con los indianos, emigrantes enriquecidos en América que retornaban a sus lugares de origen construyendo en ellos magníficas casas o palacios con el dinero obtenido, los mercenarios sobrevivientes, al retornar a sus pueblos de origen fomentarían el desarrollo urbano de los mismos, financiando también la construcción de infraestructuras y edificios públicos(2). Sobre este fenómeno, se superpone una creciente romanización de la sociedad, con el desarrollo de centros urbanos, vías de comunicación, y el surgimiento de una nueva población de artesanos y comerciantes que requerían de numerario para llevar a cabo sus actividades económicas, y que junto con las emisiones acuñadas para financiar los gastos de la guerra, generarán la eclosión de monedas de plata autóctonas -y también de cobre-, que se expande a partir de la segunda mitad del siglo II a.C. por toda la Península.

Figura 3.- Cronología y principales acontecimientos de los dos siglos anteriores a nuestra Era en la Península Ibérica.

 

            En un período relativamente corto de unos cien años comprendidos entre mediados del siglo segundo y la primera mitad del siglo primero antes de nuestra Era, se produjeron la mayor parte de las monedas ibéricas acuñadas en la Península (Fig. 3).

            En total son veintiuna las cecas que emitieron denarios de plata siguiendo los patrones metrológicos romanos pero manteniendo una iconografía indígena, tanto en anversos como en reversos, así como leyendas con caracteres ibéricos. Las cecas de Iltirta (Lleida), Kese (Tarragona), Sesars (provincia de Huesca?) y Turiasu (Tarazona) acuñaron también quinarios de plata con valor de medio denario (Fig. 4).

            Los hechos más destacables acaecidos en la Península en este período y que motivaron una intensa producción de moneda de plata, fueron por una parte las Guerras celtíberas y lusitanas del siglo II a.C. (181-179; 154-152, 143-133 a.C.) que finalizaron con el asedio y destrucción de Numancia en el año 133 a.C., y la Guerra Sertoriana del siglo I a.C. (82-72 a.C.) que finalizó con la muerte del general romano Sertorio.

            Ambos conflictos resultan completamente distintos en cuanto a los bandos que participaron. En el primer caso se trató de un enfrentamiento entre Roma y un conjunto de pueblos indígenas que se oponían a la supremacía romana, mientras que la Guerra Sertoriana fue un conflicto interno entre dos generales romanos, Sertorio y Pompeyo. Sin embargo tanto la guerra celtíbera como la sertoriana tienen elementos comunes, en ambas contiendas intervinieron numerosos pueblos ibéricos como tropas auxiliares en los distintos bandos en conflicto, y dichas tropas fueron remuneradas con los abundantes denarios acuñados para financiar la guerra.

 

Figura 4.- Cecas Ibéricas que emitieron denarios.

            Con respecto a la iconografía de los denarios ibéricos existe una cierta homogeneidad en las imágenes representadas, un busto viril, unas veces barbado y otras imberbe, mirando a la derecha en el anverso, y en el reverso un jinete.

            Es en la actitud del jinete y en los elementos que le acompañan donde encontramos unas trascendentales diferencias. Por una parte en la zona levantina (Fig. 5a) vemos al jinete en actitud victoriosa, con túnica ondeando al viento y portando una palma apoyada en el hombro (Ausesken, Kelse, Iltirta, Kese, Sekaisa). En la zona meridional, (en la ceca de Ikalesken, en la provincia de Cuenca), el jinete con dos caballos lleva un escudo, y a diferencia del resto de emisiones ibéricas mira a la izquierda (Fig. 5b).

            En las restantes emisiones ubicadas hacia el interior, el jinete adopta unas características bélicas, generalmente embistiendo con una lanza, y a veces provisto de casco (Arekorata, Arsakoson, Belikion, Bolskan, Kontebria Karbika, Oilaunu, Sesars y Turiasu), o incluso de una armadura completa y con un casco provisto de un gran penacho como en las cecas de Kolounioku y Sekobirikes (Fig. 2c). En la zona septentrional, en el territorio de vascones y berones, el jinete porta un arma corta, una espada en las cecas de Baskunes y Bentian, y una especie de dardo –interpretado como un hacha de guerra bipennis-, en la ceca de Arsaos (Fig. 2d).

            La actitud combativa y beligerante del jinete ilustra bien las conflictivas circunstancias en las que se emitieron estas monedas, acuñadas en su mayoría como “monedas de guerra” para financiar el pago de las tropas indígenas auxiliares.

Figura 5.- Diferentes tipos de jinetes representados en los reversos de los denarios ibéricos.

a: Jinete con palma; b: Jinete con escudo y dos caballos; c: Jinete lancero; d: Jinete provisto de arma corta.

            Estos denarios serían acuñados unas veces en las localidades que figuran con caracteres ibéricos en el reverso de las monedas, pero en ocasiones las emisiones se realizarían en cecas volantes que acompañarían en sus desplazamientos a los ejércitos en contienda. Teniendo en cuenta que las campañas eran estacionales y que en algunos casos las legiones y sus contingentes auxiliares indígenas debían pasar varios meses acantonados en los cuarteles de invierno, alguno de ellos convertido posteriormente en ciudad, como ocurrió con Pompaelo (Pamplona), resultado del campamento de invierno del ejército de Pompeyo en el año 74 a.C., resulta factible que en estas cecas volantes se emitieran varios tipos de monedas distintas, para remunerar en cada caso a las diferentes tribus de mercenarios auxiliares según su procedencia(3).

            Otra valiosa fuente de información nos la proporcionan los numerosos tesoros de denarios ibéricos aparecidos en la Península(4). Los ocultamientos de monedas suelen estar correlacionados con los períodos de inestabilidad social, y en este caso resultan significativos los datos que nos ofrecen los tesoros ocultados durante la guerra sertoriana y que proceden del bando pompeyano. Si analizamos la composición de siete de los más importantes (tesoros de Uástegi, Larrabezúa, Barcus en la zona septentrional y Alagón, Borja, Tarazona y Nájera en la meridional) encontramos los siguientes porcentajes de las diferentes cecas representadas:

Turiasu            51,7%

Sekobirikes     27,9%

Baskunes         11,6%

Arekorata        4,2%

Arsaos             4,1%

Bentian           0,3%

Bolskan           0,2%

 

            Vemos que las cecas de Turiasu, Sekobirikes y Baskunes son las mejor representadas con más del 90% de las más de dos mil denarios que suponen el conjunto de estos tesoros (Fig. 6), mientras que las de Arekorata, Arsaos, Bentian y Bolskan suman menos del 10% restante. Podría deducirse de estos datos que las principales procedencias de los aliados de Pompeyo serían los lusones de Turiasu (Tarazona, Zaragoza), los arévacos de Sekobirikes (Pinilla Trasmonte, Burgos) y Arekorata (Muro de Ágreda, Soria), y los vascones de Baskunes, Bentian, (Navarra) y Arsaos (Aragón en la frontera con Navarra).

            Llama la atención la escasez de monedas de Bolskan en estos hallazgos, teniendo en cuenta que es la ceca que acuñó más cantidad de denarios ibéricos. Las monedas de esta ceca suelen aparecer en tesoros sin mezcla, como el de Quintana Redonda (Soria) donde se contabilizaron más de un millar de denarios de Bolskan, o el tesoro de Burgo del Ebro con 400 denarios. Podemos suponer que dado que Bolskan (Huesca) era la capital de Sertorio, los denarios acuñados en dicho lugar pudieron servir para remunerar a su ejército. También en este caso muchos de estos muchos de ellos se acuñarían en las cecas volantes que acompañarían al ejércitos sertoriano, tal como queda patente con la aparición cerca de  la antigua Bilbilis, de un patriz en positivo para fabricar cuños de reverso de denarios de Bolskan.

 

Figura 6.- Tesoros de la Guerra Sertoriana(5).

 

            En ocasiones resulta difícil establecer una cronología precisa para los diferentes tipos de denarios ibéricos. Comentaremos brevemente el ejemplo de los denarios de Bolskan (Husca), que comenzaron a fabricarse en algún momento anterior al año 133 a.C. como queda acreditado por la aparición de un ejemplar en las excavaciones del campamento romano que asedió la ciudad de Numancia (Fig. 7a). Los tesoros de Granada con 233 denarios de Bolskan (el 79% de las monedas) y Córdoba con 23 (el 30% de las monedas ibéricas del hallazgo) se estima que fueron ocultados entre los años 105 y 100 a.C. por la fecha de los denarios romanos que aparecieron en dichos tesoros, mientras que los tesoros de Azaila y Palenzuela parecen corresponder a una fase inmediatamente posterior a la guerra sertoriana. A dicho período (82-72 a.C.) corresponden muchas ocultaciones de denarios, los “sertorianos” con presencia de monedas de Bolskan e Ikalkusken, en ocasiones denarios republicanos, y en menor medida otras cecas. Los tesoros que podemos definir como “pompeyanos”, como señalamos anteriormente presentan mayoritariamente monedas de Turiasu, Sekobirikes y Baskunes.  

Las monedas del tesoro de Palenzuela, donde se hallaron 2.628 denarios ibéricos y 14 republicanos, ocultados hacia el años 74 a.C., permitieron establecer un punto de referencia, diferenciando las emisiones pre-Palenzuela y Palenzuela. Con posterioridad, en algún momento cercano al final de las emisiones ibéricas, la letra silábica “Bo” de la leyenda se simplificó, transformándose en una letra ibérica “o”, de forma que aparentemente el nombre de la ceca se convirtió en Olscan (Fig. 7f). Hace algunos años tuvimos la ocasión de estudiar el hallazgo fortuito de tres denarios, que aparecieron juntos en una huerta a seis kilómetros de Guadalajara en los años sesenta del siglo veinte(6), dos de las monedas son denarios de Bolscan donde el alógrafo “Bo” ya ha degenerado hacia un aspecto de vocal “o”, tanto en el reverso como en el anverso (Figs. 7d y d’), el tercer denario nos da la pista cronológica, se trata de una emisión de Marcius Philippus donde aparece en el anverso la leyenda ANCVS y el busto diademado de Ancus Marcius, cuarto rey de Roma, de quien descendía la gens Marcia. El reverso muestra una estatua ecuestre sobre un acueducto, conmemorando la construcción de “Aqua Marcia”, importante obra de ingeniería hidráulica  para el abastecimiento de Roma (Fig. 7e). Esta emisión data de los años 57-56 a.C., lo que nos da una fecha de cuando pudo modificarse el nombre de la ceca de Bolscan, unos doce años antes de la batalla de Munda. La rareza de las piezas con la inicial de la leyenda transformada nos indica que la producción monetaria debió descender notablemente tras finalizar la guerra sertoriana.

Figura 7.- Denarios de la ceca de BOLSKAN.

a: Moneda hallada en el campamento romano que rodeaba Numancia, anterior al 133 a.C.; b: Emisión de 140-100 a.C.; c: : Emisión de 100-72 a.C.; d y d’: Emisiones tardías del tesorillo de Guadalajara; e: Denario romano de Marcius Philippus del año 57-56 a.C. aparecido en el tesorillo de Guadalajara; f: Transformación de la silábica “Bo” en la vocal “O”; g: Denario acuñado en Osca (Huesca) por el procónsul Domitius Calvinus el año 39 a.C.

 

El año 39 a.C. fue nombrado gobernador de Hispania Gneo Domitius Calvinus, quien emitió denarios conmemorando su victoria sobre los pueblos ceretanos (Fig. 7g). Estas monedas mantienen intacto el busto barbado del anverso, detrás del cual aparece el nombre latinizado de la ceca “Osca”, mientras el reverso copia los motivos de un denario de César, los instrumentos sacerdotales: secur, aspergillo, secespita y apex.

 

 

 

 

Notas:

(1) Estos datos implican que se pudieron llevar a Roma más de treinta millones de monedas de plata.

(2) Se estima que entre los siglos II y I a.C. existían en lo que viene a denominarse como Celtiberia entre quince  y cincuenta mil indígenas cuya principal ocupación  era la de combatir como tropas auxiliares de los ejércitos en contienda.

(3)  Esto podría explicar la existencia de algunas raras emisiones híbridas, con anverso de Arsaos y reverso de Baskunes: https://monedaiberica.org/v2/type/19746, o la aparición de un          cuño de Turiasu hallado en la zona de Pau (Francia).

(4) Las relaciones más completas y actualizadas sobre los tesoros de moneda ibérica hallados en la Península pueden consultarse en las páginas:

https://monedaiberica.org/v2/hoards

https://denariosibericos.com/tesorillos/

(5) Ibáñez, M. (2013). Imágenes de la charla-taller sobre las cecas vasconas y la moneda romana impartida el 12 de julio del 2013 en Gordailua (Centro de Patrimonio Cultural Mueble de Gipuzkoa), Irún: https://numisarchives.blogspot.com/2014/11/imagenes-de-la-charla-taller-sobre-las.html

(6) Ibáñez, M., (2011). El final de las acuñaciones de moneda ibérica. Eco Filatélico y Numismático 67 (1200): pp. 42-43.

 

 

 

 

jueves, 1 de octubre de 2026

Emisiones Ibéricas en plata I: Siglos V a III antes de nuestra Era.

 

Emisiones ibéricas en plata I: Siglos V a III antes de nuestra Era. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1361) (Mayo, 2026): pp. 44-47.

Miguel Ibáñez Artica

Eco Filatélico y Numismático. (Mayo 2026) 82 (1361): pp. 44-47.

 

257.- Emisiones ibéricas en plata I: Siglos V a III antes de nuestra Era.

 

Cuando comienza a utilizarse la moneda dentro de una sociedad, resulta posible cuantificar de forma objetiva el valor de las mercancías y servicios. Previamente a su aparición, y durante muchos siglos, las relaciones comerciales se establecían mediante intercambios directos de productos, a través de dones y favores recíprocos, o utilizando diferentes formas de dinero premonetario como las “monedas mercancía” (lingotes de metal, sal, cereales, ganado,...) que servían como referencia del valor de las cosas.

En el momento en que hace su aparición la moneda metálica convencional -creada hacia mediados del siglo VII a.C. por banqueros jonios-, fagocita los restantes elementos premonetarios utilizados hasta la fecha (por ejemplo en la antigua Grecia las varillas de hierro o asadores rituales denominados óbolos), y su uso se extiende con gran rapidez por los territorios vecinos (Magna Grecia, Imperio Aqueménida...).

Haciendo un paralelismo entre el valor de las cosas y el calor, podemos decir que algo está muy o poco caliente, pero si carecemos de un instrumento que lo mida objetivamente (por ejemplo un termómetro), la valoración que hagamos carece de precisión. Como el termómetro para medir la temperatura, la moneda permite cuantificar el valor se bienes y servicios, convirtiéndose en un instrumento muy útil para el desarrollo y la reproducción social(1).

En el presente artículo trataremos de forma resumida acerca de las monedas de plata que se produjeron y circularon en la Península Ibérica entre los siglos quinto y primero antes de nuestra Era, y en primer lugar podemos diferenciar a grandes rasgos, dos etapas cronológicas, la primera comprendida entre los comienzos del s. V a.C. y finales del siglo segundo antes de nuestra Era, donde circulan predominantemente emisiones de monedas griegas y cartaginesas que siguen los patrones del dracma griego o del shekel cartaginés (Fig. 3), y una segunda fase que se extiende desde mediados del siglo II y mediados del s. I a.C. donde circulan los denarios ibéricos acuñados en 21 cecas peninsulares siguiendo el patrón del denario romano (Fig. 1).

Con respecto a las funciones de la  moneda de plata, podemos diferenciar por una parte la acuñada para cubrir los requisitos comerciales del mercado y las necesidades cotidianas de la población, y en segundo lugar, en épocas de conflictos bélicos (guerras púnicas entre romanos y cartagineses [264-146 a.C.], guerra celtíbera [181-133 a.C.], guerra sertoriana [82-72 a.C.], segunda guerra civil romana [49-45 a.C.]), las monedas fabricadas en grandes cantidades para pagar a las tropas regulares y a los mercenarios auxiliares de los diferentes pueblos ibéricos que participaron en las contiendas, tanto en uno como en otro bando. En estas especiales circunstancias es cuando se emiten las monedas más espectaculares como los trisekhel o dishekel cartagineses (Figs.4 f, g, h y j). También pertenecen a estas conflictivas  épocas una gran parte de los tesoros de monedas de monedas hallados en la Península Ibérica,  generalmente de forma fortuita(2).

Las “monedas de paz” emitidas con una finalidad comercial, se alternaron frecuentemente con las “monedas de guerra” acuñadas para el pago de las tropas en conflicto, transformándose unas en otras en función de la evolución de la situación social predominante en cada momento.

Figura 1.- Emisiones monetarias en la Península Ibérica entre los siglos quinto y primero antes de nuestra Era.

 

Las primeras monedas que circularon en la Península Ibérica a finales del siglo sexto antes de nuestra Era proceden de la colonia griega de Ampurias. Se trata de unas pequeñas moneditas de plata, hemióbolos de 0,4 g de peso y triteratemorium de tan sólo 0,2 gramos y menos de diez milímetros de diámetro, que presentan una variada tipología de motivos (figuras mitológicas como esfinges, cabezas de Heracles, Medusa Gorgona, Sileno barbado, Atenea, toro androcéfalo..., animales como cabras, vaca amamantando un ternero, carneros, leones, lechuza en vista frontal, cangrejo, etc...). Esta variada iconografía está tomada de las monedas acuñadas en otras ciudades griegas como Focea, Atenas, Siracusa, Gela, Naxos, Akragas, etc..., y muchos de los tipos están representados en el tesoro de Auriol, descubierto en febrero de 1867 al norte de la isla de Baou-Rouge frente a Marsella, que contenía 2130 moneditas de plata, y que ha sido datado hacia el 500 a.C.

Los griegos focenses fundaron primero la colonia de Massalia (Marsella) en la desembocadura del Ródano hacia el 600 a.C., y pocos años más tarde, en el 575 a.C. establecieron un nuevo emplazamiento que sería bautizada como Emporión (Ἐμπόριον) en la costa del municipio de La Escala (Gerona). El término de “emporion” elegido para dar nombre a la ciudad significa literalmente “mercado”, e ilustra muy bien el objetivo y finalidad de la nueva colonia masaliota creada en la costa norte mediterránea de la Península. Es en este lugar donde a finales del siglo sexto antes de nuestra Era comenzaron a producirse las primeras monedas en la Península Ibérica.

Tras dos siglos donde las únicas monedas circulantes eran pequeñas emisiones de plata (Fig. 2a) destinadas a cubrir las necesidades cotidianas locales y el comercio con los pueblos ibéricos vecinos, hacia el 300 a.C. comienzan a producirse en Ampurias unos dracmas pesados de más de cuatro gramos y medio, que presentan en el reverso un caballo parado y encima Niké sosteniendo una corona en señal de victoria (Fig. 2b). Este diseño del caballo, de clara influencia cartaginesa, se transforma radicalmente en un pegaso (Fig. 2c) tras la derrota de los cartagineses en la primera guerra púnica el año 241 a.C.(3), y poco más tarde, hacia el 218 a.C. la cabeza del pegaso se transforma en un pequeño personaje alado que con sus brazos extendidos toca sus pies con las manos (Fig. 2d), y que será el modelo iconográfico más frecuente de los dracmas amporitanos y sus imitaciones ibéricas (Figs. 2e y e’).

Figura 2.- Dracmas y divisores.

a: Divisores amporitanos de los siglos V a II a.C.; b: Dracma pesado de Ampurias, tipo “caballo parado” (300-260 a.C.); c: Dracma de Ampurias con pegaso con cabeza de caballo (260-218 a.V.); d:  Dracma de Ampurias con pegaso con cabeza modificada (218-200 a.C.); e y e’: Imitaciones del dracma amporitano de las cecas ibéricas de Alaun e Iltirta (segunda guerra púnica c. 206-205 a.C.), f: Dracma de Rhode (300-260 a.C.); g: Dracma de Arse (218-195 a.C.); h: Dracma de la colonia fenicia de Gades (350-300 a.C.); i:Dracma de la colonia fenicia de Ebusus (370-300 a.C.).

 

Hacia el 375 a.C. los griegos de Massalia (Marsella) establecieron una nueva colonia denominada Rhode al norte de Ampurias que también emitió dracmas y sus divisores con la imagen de una rosa, símbolo de la ciudad (Fig. 2f).

            Las colonias fenicias de Gades (Cádiz) y Ebusus (Ibiza), a pesar de sus afinidades culturales con los cartagineses, emitieron monedas de plata en el siglo IV a.C. siguiendo el patrón griego del dracma (Figs. 2 h e i), y también durante la segunda guerra púnica varias ciudades y pueblos ibéricos ubicados en territorios de las actuales comunidades de Cataluña, Valencia y Aragón acuñaron dracmas de imitación amporitana con leyendas en caracteres ibéricos (Figs. 2e y e’). Igualmente la primeras monedas de plata emitidas en ciudades indígenas son los dracmas de la ceca de Arse, ubicada en el yacimiento del Tossal del Castell en Sagunto (Valencia), en este caso la figura del reverso es un característico toro androcéfalo con la cabeza vuelta (Fig. 2g).

 

Figura 3.- Cecas griegas, fenicias  y púnicas que emitieron moneda de plata entre los siglos V y III a.V.

 

Dentro de las primitivas emisiones de moneda de plata peninsulares, cabe destacar las acuñaciones cartaginesas o púnicas del siglo III a.C., cuyo inicio puede fecharse en la fundación de Cartago Nova hacia el año 227 a.C., y la posterior expansión y dominio de Aníbal en el 220 a.C. sobre los pueblos ibéricos ubicados al sur del río Ebro, y que finalizan con la conquista de Cartagena por Escipión el Africano en el año 209 a.C.

La riqueza de minas argentíferas en el territorio hispano-cartaginés, especialmente en la costa de Cartagena y Mazarrón, permitió la acuñación durante el período de ocupación cartaginesa de numerosas y variadas emisiones de monedas de plata (Fig. 4). A pesar de que tradicionalmente muchas de las emisiones se han atribuido a Cartagonova (Cartagena), en general estas monedas son anepígrafas, lo que dificulta su atribución a una ceca concreta.

Los valores acuñados son muy variados y oscilan entre los espectaculares trishekel de 20 a 22 g de peso (Figs. 4f, g, j)  hasta los hemióbolos de 0,34 g (Fig. 4b)  y las moneditas de un cuarto de shekel, con menos de dos gramos de peso (Fig. 2i).

 

Figura 4.- Emisiones púnicas de plata.

a: Dracma con cabeza de Tanit y caballo (237-227 a.C.); b: Hemióbolo con el símbolo de la diosa Tanit (221-206 a.C.); c y d: Shekel  con cabeza de Tanit y caballo (237-227 a.C.); e: Trishekel con proa de nave en reverso (227-221 a.C.); f, g, h e i: Trishekel, Dishekel, Un shekel y medio y un cuarto de shekel, con cabeza de Heracles en anverso y elefante en reverso (227-221 a.C.); j y k: Trishekel y shekel con cabeza masculina en anverso y caballo con palmera en reverso (221-206 a.C.).

 

                Respecto a los motivos que aparecen representados en las monedas hispano cartaginesas, en los anversos figuran los bustos femeninos y masculinos de las dos principales deidades púnicas , la diosa Tanit (equivalente a la egipcia Isis, la fenicia Astarté, la griega Afrodita o la romana Venus) (Figs. 4a, c, d), y Melkart divinidad fenicia representado con los atributos de Heracles (Hércules), una característica maza o clava que figura en algunas monedas (Figs. 4f, g, h, i), considerado como un dios protector de la navegación y del comercio.

En los reversos predomina la figura de un caballo, generalmente parado (Fig. 4a) o a galope (Fig. 4d), y muchas veces acompañado de una palmera (Figs. 4c, j, k). También encontramos algunas emisiones de gran belleza, donde figura en el reverso un elefante africano (Figs. 4f, g, h, i), animal que tuvo un marcado protagonismo como “arma de guerra” en el ejército cartaginés llegando a cruzar los Alpes entre mayo y octubre del año 218 a.C. en una épica expedición comandada por el general cartaginés Aníbal.

 

 

 

 

Notas:

(1) Para simplificar consideraremos los términos de “valor” y “precio” como sinónimos, aunque  existe una diferencia entre ambos conceptos, y parafraseando a Quevedo y Machado “sólo el necio confunde valor y precio”

(2) Las relaciones más completas y actualizadas sobre los tesoros de moneda ibérica hallados en la Península pueden consultarse en las páginas:

https://denariosibericos.com/category/tesorillos/

https://monedaiberica.org/v2/hoards

(3) La representación del pegaso era característica de las monedas de Corinto y sus colonias desde el siglo IV a.C.

 

 

 

martes, 1 de septiembre de 2026

Emisiones monetarias conjuntas de Aragón y Navarra en la Edad Media

 

Emisiones monetarias conjuntas de Aragón y Navarra en la Edad Media. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1363) (Julio/Agosto, 2026): pp. 49-52.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

            Durante el transcurso dela Edad Media el reino de Pamplona/Navarra estuvo vinculado durante algunos períodos de tiempo tanto al reino de Aragón como al de Francia. Precisamente las primeras monedas autóctonas que circularon en el reino de Pamplona fueron emitidas a partir de que en el año 1076 el monarca aragonés Sancho Ramírez ocupara el trono pamplonés al morir asesinado Sancho IV “de Peñalén”. En ese momento, se produce  una “explosión” monetaria acuñándose una gran cantidad de dineros y óbolos que siguen los patrones metrológicos de la moneda carolingia, pero introducen elementos iconográficos singulares como el busto de perfil del monarca en el anverso y una cruz sustentada sobre un árbol, tradicionalmente denominado “árbol crucífero” en el reverso, a imitación de modelos bizantinos de la época.

            Alrededor del busto del monarca figura su nombre e intitulación “SANCIVS REX”, mientras que en el reverso aparece habitualmente la leyenda “ARA GON” partida en dos por el vástago de la cruz (Figura 1).

Figura 1.- Una de las primeras emisiones monetarias de Sancho Ramírez realizadas tras la ocupación del reino de Pamplona en 1076.

 

            Este modelo, con más o menos variantes se mantuvo en el resto de las monedas acuñadas por Sancho Ramírez y sus hijos Pedro y Alfonso, y durante el reinado de este último surgió una nueva tipología que introduce cambios sustanciales iconográficos y epigráficos en el reverso de la moneda. El “árbol crucífero” es sustituido por una gran cruz patada sobre una columna, rodeada por una la leyenda circular “ARGONENSIS” (Fig. 2). Esta nueva tipología coexistió con la tradicional del “árbol crucífero”.

Figura 2.- Dinero de Alfonso I “el Batallador” con leyenda “ARAGONENSIS”.

 

            Las numerosas monedas (dineros y óbolos de vellón) que circularon en los reinos de Pamplona y Aragón durante el reinado de la dinastía aragonesa (1076-1134) presentan la leyenda de “ARAGON” o “ARAGONENSIS” y puntualmente “IACCA” (Jaca) o “MONSON” (Monzón), emitidas a nombre de Sancho Ramírez tras la concesión de fueros a la ciudad de Jaca en 1077, y  a nombre de Sancho Ramírez y del infante Pedro tras la reconquista de Monzón por parte de este último en 1089, a partir de que Sancho Ramírez creara el “reino de Monzón” para el heredero al trono, antes de ser proclamado rey de Aragón como Pedro I en 1094 (Fig. 3).

Figura 3.- Emisiones de Jaca y Monzón de Sancho Ramírez y Pedro I. Al fondo un documento de la catedral de Jaca con una miniatura de Ramiro I y Sancho Ramírez.

 

            Durante más de medio siglo, entre los años 1076 y 1134, los reinos de Aragón y Pamplona (que es el nombre que recibía en ese tiempo el reino de Navarra) mantuvieron su identidad bajo un monarca común: Sancho Ramírez entre 1076 y 1094 (Fig. 4a), Pedro I entre 1094 y 1104 (Fig. 4b) y Alfonso I “el Batallador” entre 1104 y 1134 (Fig. 4c).

            En este tiempo las numerosas monedas acuñadas para circular en Aragón y Pamplona no presentan alusión alguna a este último reino, aunque en las subscripciones de los escatocolos en la documentación regia figura: “Ego sancius, o Petrus Sancii, Dei Gracia rex Aragonensium et Pampilonenium”, o en los de Alfonso: “Regnante me Dei Gratia in Aragone et in Pampilona in Superaui vel Ripacurcia”.

            Tras el fallecimiento de Alfonso I por las heridas recibidas en el asedio de la población musulmana de Fraga el 7 de septiembre de 1134, al morir sin descendencia dejaba los reinos de Aragón y Pamplona como herencia en su testamento a las tres órdenes religiosas militares que operaban en ambos territorios: los Templarios, los Hospitalarios y la orden del Santo Sepulcro de Jerusalén.

            Tanto la nobleza aragonesa como la pamplonesa se opusieron drásticamente a dicho testamento(1), y los aragoneses decidieron que el sucesor en Aragón sería un hermano del monarca fallecido, Ramiro, quien hasta ese momento había pasado su vida dedicado a la Iglesia donde había alcanzado el rango de obispo de  la diócesis de Roda-Barbastro. Por su parte los nobles pamploneses eligieron como rey a García Ramírez “el Restaurador”, un noble hijo del infante don Ramiro y de una hija de El Cid. Don Ramiro era a su vez hijo de un infante “el bastardo del rey navarro García Sánchez III de Nájera”. De esta forma y después de. un período de más de medio siglo se separaban los reinos de Aragón y Pamplona(2).

 

Figura 4.- Reyes de Aragón y Pamplona.

a: Sancho Ramírez (1063-1076-1094); b: Pedro I (1094-1104); c: Alfonso I (1104-1134); d: Ramiro II rey de Aragón (1134-1137); e: García IV de Navarra (1134-1150).

 

            La forzada aceptación al trono de Aragón por parte de Ramiro II, tenía como único objetivo mantener la línea sucesoria, de forma que renunció a su condición de eclesiástico para casarse con la princesa Inés de Poitou en noviembre de 1135, y según declaraba el monarca aragonés “tomé esposa no por deseo de la carne, sino por la restauración de la sangre y de la estirpe”. En agosto de 1136 nacía la heredera al trono Petronila y un año más tarde Ramiro “donaba a su hija   « por mujer», con todo el reino aragonés íntegro” al conde de Barcelona Ramón Berenguer, tras lo cual Ramiro se retiró al monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca.

            Entre 1134 y 1137 Ramiro II (Fig. 4d) acuñó dineros y óbolos de vellón con la tipología del reverso de los emitidos por su hermano Alfonso con cruz patada y leyenda “ARAGONENESIS”, pero en los anversos y alrededor del busto no figura su nombre, sino el de su padre: “SANCIVS REX” (Fig. 5), lo que ha hecho que tradicionalmente estas monedas hasta hace poco tiempo fueran adscritas al reinado de Sancho Ramírez en la bibliografía numismática(3).

Figura 5.- Dinero de vellón de Ramiro II (1134-1137) emitido a nombre de Sancho.

 

            Respecto al nuevo monarca pamplonés García IV apodado “el Restaurador” (1134-1150), emitió variados tipos monetarios, al principio imitando los modelos del tradicional “árbol crucífero” con leyendas “NAI ARA” y “ARA GON” en el reverso, y más tarde variados motivos del árbol y con la leyenda “NAVARA” (Fig. 6B).

            Surge así en las monedas el corónimo Navarra para designar al nuevo reino que sustituye al de Pamplona(4). Tras la división y reparto del reino de Pamplona acaecido en 1076 entre los reyes Alonso VI de León y Castilla y Sancho Ramírez de Aragón, dentro de los dominios pamploneses de este último se creó el denominado Condado de Navarra que comprendía un territorio que incluía Pamplona, Tafalla, Falces...., y que quedaba bajo el vasallaje de Alfonso VI de León y Castilla a cambio del reconocimiento de Sancho Ramírez como rey de Pamplona, aunque la mitad de dicho reino ya se había incorporado al territorio castellano (Fig. 6A).

Figura 6.- A: Reparto del reino de Pamplona en 1076 y ubicación del Condado de Navarra.

            B: Tipos monetarios de García IV “el Restaurador”.

 

            Así pues, aunque en la documentación todavía figura como rey de Pamplona: “Ego Garsias Ranimiriç, gratia Dei Pampilonensium rex”, en las monedas ya aparece como rey de Navarra, tal como lo hará su sucesor Sancho VI (1150-1194) quien adoptará en la documentación el título de rey de Navarra: “Ego Sanctius per Dei gratiam rex Navarre”.

            Desde que los reinos de Aragón y Navarra se separaran en 1134, sus destinos están a punto de unirse de nuevo en 1234. Cuando fallece Sancho VII “el Fuerte” sin descendencia existía un pacto previo de prohijamiento en virtud del cual Jaime I de Aragón debía heredar el reino. Nuevamente la nobleza navarra se opuso, y proclamó a Teobaldo I, conde de Champaña y sobrino del monarca difunto como nuevo rey. A partir de este momento los destinos de ambos reinos se separan y Navarra entra en la órbita francesa (con Champaña, Francia y Evreux) durante casi tres siglos.

            Mucho más tarde, el 10 de junio de 1420, la princesa Blanca de Navarra contraía matrimonio con Juan de Aragón, quien se convertiría en rey consorte  de Navarra tras el fallecimiento de Carlos III “el Noble” en 1425. Tras la muerte de Blanca en 1441, el reino debía pasar a manos del heredero Carlos, príncipe de Viana, sin embargo Juan no abandonó el trono lo que motivó una larga guerra civil entre los partidarios del Príncipe de Viana (beamonteses) y los de su padre Juan II (agramonteses). A partir de 1451 y hasta la muerte del Príncipe de Viana en 1461 se acuñaron en Navarra monedas (gruesos, medios gruesos, cornados y medios cornados) a nombre de Carlos de Viana (Figs. 7a-c)

Figura 7.- Grueso (a), medio grueso (b) y cornado (c) de Carlos de Viana sobre un documento manuscrito con la firma del Príncipe.

Monedas de Juan II acuñadas a partir de 1458 en Navarra, escudo (d), medio escudo de oro (e), grueso (f); Monedas de Aragón (g) y Sicilia (h).

 

            En 1458, y en plena guerra civil entre beamonteses y agramonteses, tras el fallecimiento de su hermano Alfonso V “el Magnánimo”, Juan II hereda los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Sicilia y Cerdeña, así como el condado de Barcelona, y comienza a emitir moneda a su nombre en sus distintas posesiones. En Navarra se producen acuñaciones de monedas de oro (escudos y medios escudos), de plata (gruesos y medios gruesos), de vellón (blancas y medias blancas) y cobre (cornados y medios cornados). En todas estas monedas navarras en el reverso aparece la leyenda (con más o menos abreviaturas) “IOHANNES DEI GRA REX NAVARRE Z ARAG”, es decir figura como rey de Navarra y Aragón (Fig. 7d’), lo que indica que las emisiones fueron realizadas entre los años 1458 y 1479, fecha de su fallecimiento. Durante este tiempo, las acuñaciones navarras estuvieron destinadas a circular exclusivamente en Navarra, mientras que en Aragón se emitieron ducados de oro (Fig. 7g) y reales de plata, en Sicilia  reales de oro (Fig. 7h) y pirrales de plata, etc...

            Así pues durante casi dos décadas, entre 1458 y 1479, los reinos de Navarra y Aragón estuvieron de nuevo bajo la autoridad de un mismo monarca, Juan II de Navarra y Aragón. Tras su fallecimiento en 1479 el reino de Navarra fue heredado por Leonor, la tercera hija de Juan y su primera esposa la reina Blanca de Navarra, quien murió a las dos semanas de ser proclamada, sucediéndola en el trono su nieto Francisco Febo (1479-1483). Por otra parte el reino de Aragón lo heredó Fernando “el Católico”, hijo de su segunda unión con Juana Enríquez y que en esos momentos ya era rey consorte de Castilla por su matrimonio con Isabel “la Católica” el 19 de octubre de 1469.

Durante unos años en el reino de Navarra se acuñan monedas primero a nombre de Francisco Febo y después a nombre de Catalina y Juan de Albret, hasta que ya en época moderna, y tras la conquista de Navarra en 1512, Fernando el Católico acuña a su nombre diversas monedas de oro (Figs. 8a, b), plata (Figs. 8c, d) y vellón bajo (Fig. 8e) en la ceca de Pamplona, y en los cuádruples y dobles ducados de oro figura como rey de Navarra y Aragón con la leyenda “FERNANDVS:D:G:R:NAVARE:ET:ARA”.

Figura 8.- Emisiones navarras de Fernando el Católico.

a: Cuádruple ducado; b: Doble ducado de oro; c: Real de plata; d: Medio real de plata; e: Cornado.

 

 

Notas:

(1) Esta actitud contrasta con lo ocurrido en 1076, cuando tras el asesinato de Sancho IV en Peñalén, Alfonso VI de Castilla/León y Sancho Ramírez de Aragón se repartieron el reino sin encontrar oposición alguna por parte de la nobleza y el clero local. En el momento de su asesinato Sancho IV tenía un hijo de corta edad, García Sánchez, a quien correspondía heredar el trono de Pamplona, pero la nobleza pamplonesa probablemente sobornada por los monarcas castellano y aragonés, aceptó el reparto del reino de Pamplona.

 

(2) Tal como le había ocurrido anteriormente a Sancho Ramírez, la llegada al trono de Pamplona de un descendiente por vía “ilegítima”  (nieto de un hijo “bastardo” de García Sánchez III de Pamplona) planteaba cuestiones de legitimidad en su ascenso al trono, y por ejemplo la Santa Sede se referiría a García y luego a sus descendientes Sancho VI “el Sabio” y Sancho VII “el Fuerte” con el tratamiento de “Dux” (duque) y no como Rey. Situación que cambió a partir de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, cuando el monarca navarro Sancho VII fue finalmente reconocido en la diplomacia vaticana como “Rex”.

 

(3) Ibáñez, M., 2022. Las enigmáticas monedas de Ramiro II “el Monje”, rey de Aragón (1134-1137-1157). Eco Filatélico y Numismático (Octubre, 2022) 78 (1321): 45-47.

 

(4) A pesar de que en la documentación García IV figura como rey de Pamplona, en las monedas ya utiliza el corónimo Navarra, término que emplearán tanto Sancho VI como sus descendientes en un futuro. Este cambio de denominación tiene sentido en cuanto a que el reino que heredó García tenía una extensión mucho menor que el antiguo reino de Pamplona original que existía en tiempos de Sancho IV “de Peñalén” y sus antepasados García III y Sancho “el Mayor”, al que se había sustraído la mitad  occidental que había quedado incorporada a Castilla. La persistencia en la utilización de “rey de Pamplona” en la documentación queda justificada por la inercia de los escribanos que se limitaban a repetir los escatocolos de los documentos antiguos, sin embargo los abridores de cuños de las nuevas monedas, incorporan desde un primer momento el término de Navarra para denominar el reino.