martes, 1 de septiembre de 2026

Emisiones monetarias conjuntas de Aragón y Navarra en la Edad Media

 

Emisiones monetarias conjuntas de Aragón y Navarra en la Edad Media. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1363) (Julio/Agosto, 2026): pp. 49-52.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

            Durante el transcurso dela Edad Media el reino de Pamplona/Navarra estuvo vinculado durante algunos períodos de tiempo tanto al reino de Aragón como al de Francia. Precisamente las primeras monedas autóctonas que circularon en el reino de Pamplona fueron emitidas a partir de que en el año 1076 el monarca aragonés Sancho Ramírez ocupara el trono pamplonés al morir asesinado Sancho IV “de Peñalén”. En ese momento, se produce  una “explosión” monetaria acuñándose una gran cantidad de dineros y óbolos que siguen los patrones metrológicos de la moneda carolingia, pero introducen elementos iconográficos singulares como el busto de perfil del monarca en el anverso y una cruz sustentada sobre un árbol, tradicionalmente denominado “árbol crucífero” en el reverso, a imitación de modelos bizantinos de la época.

            Alrededor del busto del monarca figura su nombre e intitulación “SANCIVS REX”, mientras que en el reverso aparece habitualmente la leyenda “ARA GON” partida en dos por el vástago de la cruz (Figura 1).

Figura 1.- Una de las primeras emisiones monetarias de Sancho Ramírez realizadas tras la ocupación del reino de Pamplona en 1076.

 

            Este modelo, con más o menos variantes se mantuvo en el resto de las monedas acuñadas por Sancho Ramírez y sus hijos Pedro y Alfonso, y durante el reinado de este último surgió una nueva tipología que introduce cambios sustanciales iconográficos y epigráficos en el reverso de la moneda. El “árbol crucífero” es sustituido por una gran cruz patada sobre una columna, rodeada por una la leyenda circular “ARGONENSIS” (Fig. 2). Esta nueva tipología coexistió con la tradicional del “árbol crucífero”.

Figura 2.- Dinero de Alfonso I “el Batallador” con leyenda “ARAGONENSIS”.

 

            Las numerosas monedas (dineros y óbolos de vellón) que circularon en los reinos de Pamplona y Aragón durante el reinado de la dinastía aragonesa (1076-1134) presentan la leyenda de “ARAGON” o “ARAGONENSIS” y puntualmente “IACCA” (Jaca) o “MONSON” (Monzón), emitidas a nombre de Sancho Ramírez tras la concesión de fueros a la ciudad de Jaca en 1077, y  a nombre de Sancho Ramírez y del infante Pedro tras la reconquista de Monzón por parte de este último en 1089, a partir de que Sancho Ramírez creara el “reino de Monzón” para el heredero al trono, antes de ser proclamado rey de Aragón como Pedro I en 1094 (Fig. 3).

Figura 3.- Emisiones de Jaca y Monzón de Sancho Ramírez y Pedro I. Al fondo un documento de la catedral de Jaca con una miniatura de Ramiro I y Sancho Ramírez.

 

            Durante más de medio siglo, entre los años 1076 y 1134, los reinos de Aragón y Pamplona (que es el nombre que recibía en ese tiempo el reino de Navarra) mantuvieron su identidad bajo un monarca común: Sancho Ramírez entre 1076 y 1094 (Fig. 4a), Pedro I entre 1094 y 1104 (Fig. 4b) y Alfonso I “el Batallador” entre 1104 y 1134 (Fig. 4c).

            En este tiempo las numerosas monedas acuñadas para circular en Aragón y Pamplona no presentan alusión alguna a este último reino, aunque en las subscripciones de los escatocolos en la documentación regia figura: “Ego sancius, o Petrus Sancii, Dei Gracia rex Aragonensium et Pampilonenium”, o en los de Alfonso: “Regnante me Dei Gratia in Aragone et in Pampilona in Superaui vel Ripacurcia”.

            Tras el fallecimiento de Alfonso I por las heridas recibidas en el asedio de la población musulmana de Fraga el 7 de septiembre de 1134, al morir sin descendencia dejaba los reinos de Aragón y Pamplona como herencia en su testamento a las tres órdenes religiosas militares que operaban en ambos territorios: los Templarios, los Hospitalarios y la orden del Santo Sepulcro de Jerusalén.

            Tanto la nobleza aragonesa como la pamplonesa se opusieron drásticamente a dicho testamento(1), y los aragoneses decidieron que el sucesor en Aragón sería un hermano del monarca fallecido, Ramiro, quien hasta ese momento había pasado su vida dedicado a la Iglesia donde había alcanzado el rango de obispo de  la diócesis de Roda-Barbastro. Por su parte los nobles pamploneses eligieron como rey a García Ramírez “el Restaurador”, un noble hijo del infante don Ramiro y de una hija de El Cid. Don Ramiro era a su vez hijo de un infante “el bastardo del rey navarro García Sánchez III de Nájera”. De esta forma y después de. un período de más de medio siglo se separaban los reinos de Aragón y Pamplona(2).

 

Figura 4.- Reyes de Aragón y Pamplona.

a: Sancho Ramírez (1063-1076-1094); b: Pedro I (1094-1104); c: Alfonso I (1104-1134); d: Ramiro II rey de Aragón (1134-1137); e: García IV de Navarra (1134-1150).

 

            La forzada aceptación al trono de Aragón por parte de Ramiro II, tenía como único objetivo mantener la línea sucesoria, de forma que renunció a su condición de eclesiástico para casarse con la princesa Inés de Poitou en noviembre de 1135, y según declaraba el monarca aragonés “tomé esposa no por deseo de la carne, sino por la restauración de la sangre y de la estirpe”. En agosto de 1136 nacía la heredera al trono Petronila y un año más tarde Ramiro “donaba a su hija   « por mujer», con todo el reino aragonés íntegro” al conde de Barcelona Ramón Berenguer, tras lo cual Ramiro se retiró al monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca.

            Entre 1134 y 1137 Ramiro II (Fig. 4d) acuñó dineros y óbolos de vellón con la tipología del reverso de los emitidos por su hermano Alfonso con cruz patada y leyenda “ARAGONENESIS”, pero en los anversos y alrededor del busto no figura su nombre, sino el de su padre: “SANCIVS REX” (Fig. 5), lo que ha hecho que tradicionalmente estas monedas hasta hace poco tiempo fueran adscritas al reinado de Sancho Ramírez en la bibliografía numismática(3).

Figura 5.- Dinero de vellón de Ramiro II (1134-1137) emitido a nombre de Sancho.

 

            Respecto al nuevo monarca pamplonés García IV apodado “el Restaurador” (1134-1150), emitió variados tipos monetarios, al principio imitando los modelos del tradicional “árbol crucífero” con leyendas “NAI ARA” y “ARA GON” en el reverso, y más tarde variados motivos del árbol y con la leyenda “NAVARA” (Fig. 6B).

            Surge así en las monedas el corónimo Navarra para designar al nuevo reino que sustituye al de Pamplona(4). Tras la división y reparto del reino de Pamplona acaecido en 1076 entre los reyes Alonso VI de León y Castilla y Sancho Ramírez de Aragón, dentro de los dominios pamploneses de este último se creó el denominado Condado de Navarra que comprendía un territorio que incluía Pamplona, Tafalla, Falces...., y que quedaba bajo el vasallaje de Alfonso VI de León y Castilla a cambio del reconocimiento de Sancho Ramírez como rey de Pamplona, aunque la mitad de dicho reino ya se había incorporado al territorio castellano (Fig. 6A).

Figura 6.- A: Reparto del reino de Pamplona en 1076 y ubicación del Condado de Navarra.

            B: Tipos monetarios de García IV “el Restaurador”.

 

            Así pues, aunque en la documentación todavía figura como rey de Pamplona: “Ego Garsias Ranimiriç, gratia Dei Pampilonensium rex”, en las monedas ya aparece como rey de Navarra, tal como lo hará su sucesor Sancho VI (1150-1194) quien adoptará en la documentación el título de rey de Navarra: “Ego Sanctius per Dei gratiam rex Navarre”.

            Desde que los reinos de Aragón y Navarra se separaran en 1134, sus destinos están a punto de unirse de nuevo en 1234. Cuando fallece Sancho VII “el Fuerte” sin descendencia existía un pacto previo de prohijamiento en virtud del cual Jaime I de Aragón debía heredar el reino. Nuevamente la nobleza navarra se opuso, y proclamó a Teobaldo I, conde de Champaña y sobrino del monarca difunto como nuevo rey. A partir de este momento los destinos de ambos reinos se separan y Navarra entra en la órbita francesa (con Champaña, Francia y Evreux) durante casi tres siglos.

            Mucho más tarde, el 10 de junio de 1420, la princesa Blanca de Navarra contraía matrimonio con Juan de Aragón, quien se convertiría en rey consorte  de Navarra tras el fallecimiento de Carlos III “el Noble” en 1425. Tras la muerte de Blanca en 1441, el reino debía pasar a manos del heredero Carlos, príncipe de Viana, sin embargo Juan no abandonó el trono lo que motivó una larga guerra civil entre los partidarios del Príncipe de Viana (beamonteses) y los de su padre Juan II (agramonteses). A partir de 1451 y hasta la muerte del Príncipe de Viana en 1461 se acuñaron en Navarra monedas (gruesos, medios gruesos, cornados y medios cornados) a nombre de Carlos de Viana (Figs. 7a-c)

Figura 7.- Grueso (a), medio grueso (b) y cornado (c) de Carlos de Viana sobre un documento manuscrito con la firma del Príncipe.

Monedas de Juan II acuñadas a partir de 1458 en Navarra, escudo (d), medio escudo de oro (e), grueso (f); Monedas de Aragón (g) y Sicilia (h).

 

            En 1458, y en plena guerra civil entre beamonteses y agramonteses, tras el fallecimiento de su hermano Alfonso V “el Magnánimo”, Juan II hereda los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Sicilia y Cerdeña, así como el condado de Barcelona, y comienza a emitir moneda a su nombre en sus distintas posesiones. En Navarra se producen acuñaciones de monedas de oro (escudos y medios escudos), de plata (gruesos y medios gruesos), de vellón (blancas y medias blancas) y cobre (cornados y medios cornados). En todas estas monedas navarras en el reverso aparece la leyenda (con más o menos abreviaturas) “IOHANNES DEI GRA REX NAVARRE Z ARAG”, es decir figura como rey de Navarra y Aragón (Fig. 7d’), lo que indica que las emisiones fueron realizadas entre los años 1458 y 1479, fecha de su fallecimiento. Durante este tiempo, las acuñaciones navarras estuvieron destinadas a circular exclusivamente en Navarra, mientras que en Aragón se emitieron ducados de oro (Fig. 7g) y reales de plata, en Sicilia  reales de oro (Fig. 7h) y pirrales de plata, etc...

            Así pues durante casi dos décadas, entre 1458 y 1479, los reinos de Navarra y Aragón estuvieron de nuevo bajo la autoridad de un mismo monarca, Juan II de Navarra y Aragón. Tras su fallecimiento en 1479 el reino de Navarra fue heredado por Leonor, la tercera hija de Juan y su primera esposa la reina Blanca de Navarra, quien murió a las dos semanas de ser proclamada, sucediéndola en el trono su nieto Francisco Febo (1479-1483). Por otra parte el reino de Aragón lo heredó Fernando “el Católico”, hijo de su segunda unión con Juana Enríquez y que en esos momentos ya era rey consorte de Castilla por su matrimonio con Isabel “la Católica” el 19 de octubre de 1469.

Durante unos años en el reino de Navarra se acuñan monedas primero a nombre de Francisco Febo y después a nombre de Catalina y Juan de Albret, hasta que ya en época moderna, y tras la conquista de Navarra en 1512, Fernando el Católico acuña a su nombre diversas monedas de oro (Figs. 8a, b), plata (Figs. 8c, d) y vellón bajo (Fig. 8e) en la ceca de Pamplona, y en los cuádruples y dobles ducados de oro figura como rey de Navarra y Aragón con la leyenda “FERNANDVS:D:G:R:NAVARE:ET:ARA”.

Figura 8.- Emisiones navarras de Fernando el Católico.

a: Cuádruple ducado; b: Doble ducado de oro; c: Real de plata; d: Medio real de plata; e: Cornado.

 

 

Notas:

(1) Esta actitud contrasta con lo ocurrido en 1076, cuando tras el asesinato de Sancho IV en Peñalén, Alfonso VI de Castilla/León y Sancho Ramírez de Aragón se repartieron el reino sin encontrar oposición alguna por parte de la nobleza y el clero local. En el momento de su asesinato Sancho IV tenía un hijo de corta edad, García Sánchez, a quien correspondía heredar el trono de Pamplona, pero la nobleza pamplonesa probablemente sobornada por los monarcas castellano y aragonés, aceptó el reparto del reino de Pamplona.

 

(2) Tal como le había ocurrido anteriormente a Sancho Ramírez, la llegada al trono de Pamplona de un descendiente por vía “ilegítima”  (nieto de un hijo “bastardo” de García Sánchez III de Pamplona) planteaba cuestiones de legitimidad en su ascenso al trono, y por ejemplo la Santa Sede se referiría a García y luego a sus descendientes Sancho VI “el Sabio” y Sancho VII “el Fuerte” con el tratamiento de “Dux” (duque) y no como Rey. Situación que cambió a partir de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, cuando el monarca navarro Sancho VII fue finalmente reconocido en la diplomacia vaticana como “Rex”.

 

(3) Ibáñez, M., 2022. Las enigmáticas monedas de Ramiro II “el Monje”, rey de Aragón (1134-1137-1157). Eco Filatélico y Numismático (Octubre, 2022) 78 (1321): 45-47.

 

(4) A pesar de que en la documentación García IV figura como rey de Pamplona, en las monedas ya utiliza el corónimo Navarra, término que emplearán tanto Sancho VI como sus descendientes en un futuro. Este cambio de denominación tiene sentido en cuanto a que el reino que heredó García tenía una extensión mucho menor que el antiguo reino de Pamplona original que existía en tiempos de Sancho IV “de Peñalén” y sus antepasados García III y Sancho “el Mayor”, al que se había sustraído la mitad  occidental que había quedado incorporada a Castilla. La persistencia en la utilización de “rey de Pamplona” en la documentación queda justificada por la inercia de los escribanos que se limitaban a repetir los escatocolos de los documentos antiguos, sin embargo los abridores de cuños de las nuevas monedas, incorporan desde un primer momento el término de Navarra para denominar el reino.

 

 

domingo, 2 de agosto de 2026

Propaganda política en monedas y jetones de Carlos II “el Malo”, rey de Navarra (1349-1387).

 

Propaganda política en monedas y jetones de Carlos II “el Malo”, rey de Navarra (1349-1387). Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1342) (Septiembre, 2024): pp. 44-47.

 

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 



            Las imágenes que aparecen en las monedas desde la Edad Antigua, son en muchas ocasiones instrumentos propagandísticos de la autoridad que las emite. Un caso especial se da en las acuñaciones de los emperadores romanos, donde frecuentemente quedan reflejadas sus victorias en el campo de batalla o las obras públicas más importantes (acueductos, puentes, templos, anfiteatros...) realizadas bajo su mandato (Fig. 1). Sin embargo la publicidad más evidente que muestran estas monedas es el retrato que figura en sus anversos. La primera acción de un nuevo emperador al llegar al trono, era precisamente la de mandar acuñar monedas a su nombre y con su imagen representada en el anverso. Era la fórmula más eficaz para dar a conocer al pueblo la llegada de un nuevo personaje al poder. Incluso conocemos numerosas monedas de emperadores que fueron asesinados a los pocos días de ocupar el trono, y aún más, se sabe de la existencia de algunos efímeros personajes que pretendieron usurpar el trono en algún momento tan solo por las monedas que mandaron acuñar, sin que su presencia haya quedado reflejada en la historiografía.

Figura 1.- Monedas romanas conmemorativas de la construcción de edificios públicos.

 

            Durante la Edad Media, en los reinos cristianos de la Península Ibérica, las primeras monedas fueron emitidas por el monarca aragonés Sancho Ramírez, tras la anexión en el año 1076 del reino de Pamplona, y en ellas mandó incluir su efigie en el anverso como símbolo de la nueva autoridad real, que por otra parte podía ser cuestionadas al no ser descendiente por vía legítima del monarca pamplonés Sancho III “el Mayor”. Una década más tarde, hacia 1085, Alfonso VI de Castilla y León también emitió monedas, que en este caso no muestran el busto regio, sino un crismón o estrellas y roeles. En este caso el monarca no necesitaba demostrar su legitimidad dinástica y no era necesario incluir su efigie en las monedas.

Figura 2.- Bustos de los monarcas de Aragón/Pamplona y Navarra en el anverso de las monedas; a: Sancho V Ramírez, b: Pedro I, c: Alfonso I, d: García IV, e: Sancho VI, f: Sancho VII.

 

            Así pues, desde 1076 hasta 1234, en las monedas pamplonesas y navarras figuró el busto del monarca reinante, con una efigie muy tosca en vista lateral y sin corona, a lo sumo algunas veces aparece un pequeño moño o algún adorno nucal en forma de bolitas o estrella (Fig. 2).

            Con la llegada al trono del monarca champañés Teobaldo I, la efigie real desaparece de las monedas navarras y es sustituida por una gran cruz a imitación de las monedas feudales francesas. La figura del rey volverá a aparecer un siglo más tarde, en tiempos de Carlos II “el Malo”, en los escudos y francos de oro, emitidos en Saint Palais en 1352 y algo más tarde en Evreux, entre 1355 y 1356.

            En este caso, a imitación de la moneda real francesa de la época, la figura majestuosa del monarca aparece sentada en el trono sujetando en su mano derecha la espada y en la izquierda el emblema de las armas de Evreux en los escudos (Fig. 3a), y de pie sujetando en su mano derecha una flor de lis (Fig. 3b), símbolo de la realeza de Francia, en los reales de oro.

Figura 3.- Representación del monarca Carlos II en escudos (a) y reales (b) de oro.

 

            En 1377, cuando las posesiones del monarca navarro en Normandía se encontraban en una situación crítica (finalmente le fueron arrebatadas por su cuñado, el rey de Francia al año siguiente), Carlos II ordena acuñar moneda de oro y plata en Navarra donde por primera vez figura como Conde de Evreux. En las anteriores emisiones realizadas en Navarra y Normandía aparecía solamente como rey de Navarra o de los navarros. En estas monedas, acuñadas entre 1377 y 1380 en diferentes emisiones, cada vez con peor ley, se trata de transmitir a sus súbditos un mensaje reivindicativo a través de las monedas.

            Durante los últimos años de vida del monarca navarro, a partir de 1383 se inicia una masiva acuñación de gruesos y medios gruesos en las cecas de Monreal y San Juan de Pie de Puerto, en los que se abandona el modelos anterior del grueso tornés que imita la moneda francesa y se introduce un busto coronado frontal (Figs. 4b, c), a imitación de los “croats” ingleses (Fig. 4a). En este caso la iconografía intenta contrarrestar los difíciles momentos que el monarca estaba pasando, cargado de deudas, encerrado en Navarra, enfrentado con Francia y Castilla, y habiendo perdido definitivamente sus territorios de Normandía y Languedoc.

Figura 4.- a: “Croat” de Eduardo III de Inglaterra; b y c: Grueso y medio grueso de Carlos II de Navarra.

 

            Con respecto a los abundantes jetones (fichas utilizadas para realizar la contabilidad) emitidos en tiempos de este monarca, una serie de ellos presentan el escudo con las armas de Evreux y Navarra y la leyenda “ARMS.A.REI.NOBL.ET.POI” (Armas del rey noble y poderoso) (Fig. 5a). Curiosamente encontramos una leyenda similar en los jetones emitidos por el delfín de Francia, el futuro Carlos V, donde podemos ver la figura idealizada de un delfín con la leyenda “LE NOBLE ET FIER POI” (El noble y fiero pez [poisson]) (Fig. 5b).

En 1349, siendo todavía un joven príncipe, el hijo de Juan II de Francia, Carlos, recibió de su abuelo, la provincia del Delfinado para que la gobernase, lo que le permitió llevar el título de “delfín” hasta su coronación, y desde esta fecha, todos los herederos al trono de Francia llevaron este título. 

 

            Durante varios años, desde que Juan II fue capturado en 1356 por los ingleses en la batalla de Poitiers y su posterior liberación en julio de 1360, el Delfín Carlos asumió la regencia del reino, enfrentado con su cuñado Carlos II de Navarra que pretendía el trono de Francia como nieto de Luis X de Francia, y que llegó a ser aclamado en París por una multitud de ciudadanos en noviembre de 1357.

 

            En este caso, tanto los jetones navarros como los franceses, presentan unas leyendas que hacen referencia a la nobleza, poder y fiereza de los personajes para quienes son acuñados, por una parte el rey de Navarra “noble y poderoso” (Fig. 5a) y por otra el Delfín de Francia “noble y fiero” (Fig. 5b). Mientras en el primer caso se hace referencia explícita al rey de Navarra, en el segundo se utiliza la metáfora con la imagen de un delfín, que simboliza al heredero del trono de Francia, pero que en la leyenda es interpretado como un “pez”. A los ojos de la población de mediados del siglo catorce el delfín era considerado como un pez y no como un mamífero marino(1).

Figura 5.- Jetones de Carlos II de Navarra (a) y del Delfín, futuro Carlos V de Francia (b).

 

            La utilización del término “noble” provocó la confusión de algunos autores (Mitchiner, 1988: 167) que adscriben los jetones navarros que llevan esta palabra  a Carlos III “el Noble” y no a Carlos II “el Malo”. Lo que está claro es que en la época en que se emitieron, el calificativo de “malo” no se utilizaría para aludir al monarca durante su reinado, y es siglo y medio después de su fallecimiento cuando el médico y cronista castellano Diego Ramírez de Ávalos, en su libro quinto de la “Crónica de los muy excelentes reyes de Navarra” acuñó este epíteto para referirse al monarca navarro Carlos II, que fue rápidamente adoptado por los historiadores franceses, contraponiéndolo a Juan II, llamado “el Bueno”.

 

            En realidad ni Carlos era tan “malo” ni Juan tan “bueno”, pero la historia la escriben los ganadores, y el monarca navarro, que durante toda su vida reivindicó sus derechos al trono de Francia como descendiente legítimo de la rama Capeta, al final de sus días, no solo se truncaron sus aspiraciones a la corona de Francia, sino que se vio despojado de los territorios que le correspondían por herencia paterna (el condado de Evreux y otras posesiones en Francia).

Figura 6.- Diferentes reversos del jetón con leyenda “armas de un rey noble y poderoso” (la numeración se corresponde con los tipos descritos en Ibáñez, 2026).

 

            Con respecto a los jetones acuñados para la casa real y la administración de Carlos II de Navarra y que llevan la leyenda “ARMS.A.REI.NOBL.ET.POI”, existen dos tipos que presentan la cruz arqueada del reverso cantonada por leones -tal vez en referencia a las alianzas del monarca navarro con Eduardo III de Inglaterra-, con las leyendas “AVE MA RIA GAS” (nº 74)  y “.AVEV.  .MAR. .GAR. .SIA.” (nº 75).

            Otros siete jetones muestran la cruz arqueada en el reverso con las siguientes leyendas (Fig. 6):

REI CAIV:REI.VNE.VRAN:V (nº 85)

ISERSPTVRAIESRTVRERSI (nº 87)

PATR.NOCR.ENGR.GROBAV (nº 88)

POVR:BIAVTE:SVI:VE:NVS (nº 89)

PSIVI(EA)RVSIRVR.SITRTSR (nº 90)

KMAPS.NVSRVSRS.RARVR (nº 92)

AVMAME///IAMER///NMV (nº 93)

 

            Algunos de estos jetones, como los dos primeros, han sido hallados al norte de Francia, y otros en el sur de Inglaterra, lo que podría tener relación con la intensa actividad política y bélica que el monarca navarro desarrolló en la región durante el conflicto que enfrentó a Francia e Inglaterra durante la “Guerra de los Cien Años” (Ibáñez, 2021).

            Mientras la propaganda que exhiben las monedas va destinada a toda la población, la que aparece en los jetones está dirigida a los funcionarios encargados de la administración de las finanzas del reino y de la Casa Real (rey, reina, príncipes...), y mientras la utilización de la moneda es imprescindible para el normal desarrollo económico, los jetones podrían ser fácilmente sustituidos, pero se mantienen precisamente como símbolo de la autoridad regia para quien se emiten (en este caso el monarca Carlos II de Navarra), siendo profusamente utilizados en sus dominios de Evreux durante las dos primeras décadas de su reinado.

 

Notas:

(1) Mientras que los jetones navarros son bastante raros y pueden ser atribuidos a Carlos II de Navarra, los que llevan la figura del delfín son muy abundantes y presentan numerosas leyendas (“LE NOBLE ET FIER POIS”, “IE SVIS DE LATON BO”, “AVE MARIA GRACIA PN”, “DE BIEN EN MIEVLN”...) y pueden ser atribuidos tanto a Carlos V como a Carlos VI de Francia.

 

 

Bibliografía:

Ibáñez, M., 2017. Jetones Medievales para uso de personajes de la Casa Real de Navarra y servicios de la administración del reino: 195 pp.

- 2021. Jetones navarros medievales hallados en el sur de Inglaterra: testimonio de la Guerra de los Cien Años. Eco Filatélico y Numismático (Mayo, 2021) 77 (1306): pp. 44-47.

Mitchiner, M. 1988. Jetons, Medalets & Tokens. The Medieval period and Nuremberg. Vol. I. Seaby Ed. London: 704 pp.

 

 

 

miércoles, 1 de julio de 2026

Los jetones de la policia.

 

Los jetones de la policía. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81 (1354) (Octubre, 2025): pp. 46-49.

Miguel Ibáñez Artica

 




            Los jetones eran fichas metálicas con aspecto de moneda, usadas durante las Edades Media y Moderna para realizar la contabilidad administrativa y cotidiana, en épocas en las que aún no se habían introducido la numeración arábiga y el álgebra, y seguía utilizándose la antigua numeración en cifras romanas.

Estos jetones surgieron en Francia, Italia e Inglaterra a finales del siglo trece, y aunque desde un principio -además de su principal función como instrumento contable-, sirvieron también como elementos de propaganda política. Es sobre todo durante los siglos XVI y XVII, ya en la Edad Moderna, cuando se diversifican los motivos que aparecen ellos, reflejando de forma más o menos implícita importantes acontecimientos acaecidos en la época, y sirviendo como publicidad de los distintos actores que participaron en las frecuentes contiendas que tuvieron lugar durante estos siglos en Europa.  



Figura 1.- Diferentes jetones franceses y de los Países Bajos de los siglos XVI y XVII.

 

            Destacan por su abundancia y diversidad de motivos los numerosos jetones acuñados en Francia por Enrique IV (1589-1610) y Luis XIII (1610-1643), y en los Países Bajos por Alberto e Isabel de Austria, soberanos y gobernadores (1598-1621-1633), así como por las Provincias Unidas rebeldes, que apoyadas por Inglaterra y Francia mantuvieron un prolongado conflicto de ochenta años (1568-1648), conocido en España como la “Guerra de Flandes” y como “Guerra de la Independencia” en los Países Bajos.

            Los jetones emitidos en cada uno de los bandos contendientes mostraban y destacaban las virtudes propias (victorias militares, bienestar y abundancia de alimentos, generosidad de los gobernantes....) y los vicios y maldades del contrincante (traiciones, asesinatos y ejecuciones, penuria y miseria...). De esta forma la iconografía que aparece representada en estos jetones nos proporciona una extraordinaria ilustración gráfica de los avatares de esta larga contienda, en la que se mezclaron intereses políticos y religiosos, alianzas e intrigas, saqueos y masacres, grandes victorias y amargas derrotas, y que finalizó 1648 en la Paz de Westfalia que puso fin a la “Guerra de los Treinta Años” en Alemania (1618-1648) y a la “Guerra de los Ochenta Años” (1568-1648) en los Países Bajos, donde se creó un nuevo orden en Europa Central, basado en el concepto de “soberanía nacional” marcando el nacimiento del concepto de “Estado/Nación”


Figura 2.- Jetón de la Corte de Monedas de París de Enrique III de Francia (1583).

 

            Entre los motivos que figuran en los jetones de esta época, llama la atención un diseño que muestra en el centro del reverso una corona inscrita en un círculo del que salen una serie de rayos, y un conjuntos de seis ojos y seis orejas que se alternan rodeando a la figura central, con la leyenda “SERVAT VIGILANTIA REGNA” (su vigilancia protege los reinos). Este singular motivo aparece por vez primera en un jetón de la Corte de las Monedas de París acuñado en 1583, en tiempos de Enrique III de Francia (1574-1589) que presenta en su anverso el escudo de tres lises de Francia, coronado y rodeado del collar de la orden de San Miguel (Fig. 2). Existe otro jetón de este tipo con el mismo reverso pero con fecha de 1585 en el anverso (Feuardent, nº 2249).

            Feuardent (1904: 169) adscribe este tipo de jetones a la policía, si bien en realidad esta institución fue creada más tarde en Francia por Luis XIV en 1667 (Fig. 3), sin embargo lo que podríamos denominar como ”servicios de inteligencia y espionaje” eran muy activos en la época y tenían que realizar numerosos pagos a los informantes y agentes, a los que hacen alusión los ojos y orejas que aparecen en los jetones, que reportaban las informaciones recogidas que podían comprometer la autoridad real o la seguridad del reino(1).


Figura 3.- Edicto de creación del servicio de Policía en Francia (1667) y dos jetones de 1713 para Marc René d’Argenson, lugarteniente general de la policía de París.

 

            Los siguientes jetones que presentan los ojos y orejas fueron emitidos a finales del reinado de Enrique IV en1609 y 1610 (Fig. 5 b, c), pero  la vigilancia y control que se manifiesta en la iconografía de estos jetones, fue sobrepasada el 14 de mayo de 1610 en París, cuando el fanático católico Francisco Ravaillac asesinó al monarca francés por la condescendencia y permisividad de éste hacia los protestantes (Fig. 4a). Ravaillac fue torturado y descuartizado en público (Fig. 4b), emitiéndose por parte de los protestantes de los Países Bajos una serie de jetones propagandísticos en los que de forma metafórica se reflejaba el magnicidio. En estos jetones figura en una de las caras, un lobo con un birrete jesuita, (que simboliza al asesino), atacando por el cuello a un cordero que representa al monarca galo asesinado (Fig. 4c). 


Figura 4.- a: Asesinato de Enrique IV el 14 de mayo de 1610; b: Ajusticiamiento público del  regicida Ravaillac; c: Jetón de los Países Bajos alusivo al magnicidio.

 

            Enrique IV de Francia, primer monarca de la casa Borbón, se convirtió en rey de Navarra como Enrique III en junio de 1572 tras el fallecimiento de su madre, la reina Juana de Albret, librándose providencialmente dos meses más tarde de la matanza de San Bartolomé dirigida por los católicos contra los protestantes de París, pero finalmente terminó años más tarde -tras convertirse en rey de Francia en 1589-, siendo asesinado por un fanático católico.

            La figura de este personaje que siendo rey de Navarra se convirtió en rey de Francia tras convertirse al catolicismo(2), ha sido considerada tradicionalmente como el fundador de la Francia moderna. Restauró la autoridad real controlando el acceso a los puestos de la administración, y tras rodearse de buenos consejeros se convirtió en uno de los gobernantes más prestigiosos y respetados de la Historia de Francia.

            Enrique IV introdujo en la representación del escudo que aparece en los jetones, las armas de Navarra que figuran junto con las de Francia, bajo una corona y rodeadas por los collares de San Miguel y del Espíritu Santo(4) (Figs. 5b. c).


Figura 5.- Jetones de Francia y Países bajos con ojos y orejas.

Francia: a: Enrique III, para el Tribunal de monedas de París, 1583; b y c: Enrique IV, 1609 y 1610; d: Luis XIII, 1631; e: Luis XIII, sin fecha.  Países Bajos: f: Alberto e Isabel, jetón bimetálico 1609; g: Alberto e Isabel, 1609; h: El mismo tipo, cisco central de un jetón bimetálico.

 

            Durante el reinado de Luis XIII (1610-1643), también se emitieron jetones con la representación de los ojos y orejas vigilantes, algunos sin fecha (Fig. 5e), y un tipo datado en 1631 (Fig. 5d). Estos jetones se atribuyen a la Cámara de Comptos o a la Cámara de  las monedas, al igual que las anteriores emisiones con esta tipología de tiempos de Enrique IV.

            En los jetones franceses de Enrique III, Enrique IV y Luis XIII podemos ver la evolución de las figuras representadas, al principio con una corona central pequeña en 1583 (Fig. 6a), que progresivamente va aumentando de tamaño en las emisiones de 1609 y 1631 (Figs. 6b y c). También los rayos que irradian de la corona y que son rectos en las primeras emisiones (Figs. 6a y b), adquieren formas flamígeras en la emisión de 1631 (Fig. 6c).

            Con respecto al escudo de Navarra introducido por Enrique IV en los jetones, las primeras representaciones son de un escudo cuadrado con carbunclos (Fig. 6d), que se convierten en cadenas a partir de algunas emisiones de Luis XIII (Fig. 6e).


Figura 6.- Evolución de las figuras y escudos representados en los jetones franceses de “ojos y orejas”.

 

            El tipo de jetón con ojos y orejas también fue utilizado por los servicios de la administración de Alberto e Isabel de Austria, gobernadores de los Países Bajos, acuñándose en 1609 en la misma ceca donde se fabricaban las piezas de esta tipología para Enrique IV con el mismo cuño de reverso, posiblemente tras la tregua de doce años firmada el 9 de abril de ese año entre los españoles y el Príncipe de Orange, Mauricio de Nassau, líder de los ejércitos de las Provincias Unidas. El anverso de este jetón muestra el escudo de la Casa de Austria coronado y rodeado por el collar del Toisson de Oro (Figs. 5f-h) con la leyenda “ALBERTVS. ET - ELIZABET. D. G.”   

            Se emitieron con los mismos cuños jetones de cobre y también algunas raras piezas bimetálicas fabricadas tanto a nombre de Alberto e Isabel (Fig. 5f), como de Enrique IV(3), que presentan el mismo reverso y diferentes anversos, e incluso en algunos casos conservan el disco central faltando la orla con las leyendas (Fig. 5h).

            Habitualmente asociamos las monedas bimetálicas a tiempos modernos, las primeras de época contemporánea fabricadas en serie son las de quinientas liras acuñadas en Italia en 1982. Este sistema tenía como objetivo el evitar falsificaciones y fue adoptado con posterioridad por diversos países, incluidos los de la zona Euro para las monedas de uno y dos euros(5).


Figura 7.- Monedas y jetones bimetálicos.

a: “Moneda llave” con incrustaciones de oro, China, Wang Mang (7-23 d.C.); b: Monedas del reino de Axum de los siglos IV-VI  con incrustaciones de oro; c: Jetones bimetálicos de los siglos XVI y XVII.

 

            En realidad ya se habían fabricado monedas bimetálicas en la Edad Antigua, como las “monedas llave” del emperador chino Wang Mang a comienzos del siglo primero de nuestra Era (Fig. 7a), o las monedas del reino africano aksumita de los siglos IV al VI (Fig. 7b), que llevan pequeñas incrustaciones en oro en una de las caras de la moneda, pero ya hace más de cuatro siglos, entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, se produjeron en Francia jetones bimetálicos que guardan mucha similitud con las monedas actuales de uno y dos euros. Estos raros jetones presentan un disco central de cobre rodeado por un aro de latón (Fig. 7c) y se acuñaron durante un corto período de ocho décadas comprendido entre 1577 y 1658.

            En este caso el motivo no era el dificultar las posibles falsificaciones sino el de mostrar las posibilidades de las modernas técnicas de acuñación con la prensa de tornillo del proceso de fabricación que utilizaba la fuerza de un molino hidráulico y que en esos momentos competía con la tradicional acuñación “a martillo”(6). Estos jetones bimetálicos eran encargados por algunas autoridades (consejo del rey, administraciones, municipios y particulares) como señal de prestigio(7).

 

 

Notas:

 

(1) Por ejemplo en España la creación de Superintendencia general de la Policía del Reino tuvo  lugar en 1824, pero ya desde tiempos de Felipe II, el palacio de San Lorenzo del Escorial albergaba la sede de los servicios secretos del Imperio, la más extensa e importante del mundo en esos momentos.                                                                                                    

                                                                                                                                                                                                               

(2) El monarca navarro abjuró del protestantismo para optar al trono de Francia, atribuyéndosele  al hacerlo la famosa frase “París bien vale una misa”.

 

(3) Weil & Pastoureau (1986).

 

(4)  La Orden de San Miguel fue creada en 1469 por Luis XI para la defensa del reino, y la del Espíritu Santo por Enrique III en 1578 por Enrique III de Francia. La Orden del Toison de Oro, ligada a la dinastía española fue creada en 1429 por Felipe III de Borgoña.

 

(5) En la actualidad la tecnología también está disponible para los falsificadores, que fabrican los cospeles bimetálicos en China para acuñar fraudulentamente las monedas de dos euros en España, como queda reflejado en varias intervenciones policiales de fechas recientes. 

 

(6) En España esta moderna tecnología fue introducida en 1583 por Felipe II, instalándose en Segovia la primera fábrica mecanizada de moneda.

 

(7) Sombart (2019). 

 

 

 

Bibliografía:

 

Feuardent, F., 1904, 1907, 1915. Collection Feuardent; Jetons et méreaux depuis Louis IX jusqu’à la fin du consulat de Bonaparte (3 vols.)

Sombart, S., 2019. Les jetons bimétalliques des 16e et 17e siècles (1577 - c.1655) Cahier ivoire iNumis 46. https://www.inumis.com/wp-content/uploads/2019/04/Les-jetons-bim%C3%A9talliques-des-16e-et-17e-si%C3%A8cles.pdf

Weil, A. & M. Pastoureau, 1986. Les jetons bimétalliques français de XVIe et XVIIe siècles. Numismatics witness to history, Int. Ass. Of Professional Numismatics 8: pp. 171-181 + lám. 34-35.