Los cien escudos de oro de 1609. Moneda “de
Prestigio” y una de las joyas de la numismática española y mundial. Artículo
publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81
(1356) (Diciembre, 2025): pp. 44-47.
Miguel Ibáñez Artica
La
reciente subasta de un “centén” o moneda española de cien escudos de oro
constituye un gran acontecimiento numismático, y nos motiva a tratar el tema de
las “monedas de prestigio”, acuñadas sobre todo en la Era Moderna para resaltar
el poder y riqueza del monarca que las emite.
La
moneda, además de su misión fundamental de dar soporte al sistema económico,
presenta también una función propagandística de la autoridad responsable de su
fabricación. La primera acción de los emperadores romanos al llegar al poder
era precisamente la de batir moneda
nueva con su efigie, que era rápidamente distribuida por todo el Imperio como
instrumento publicitario, con el fin de dar a conocer al pueblo el nuevo
mandatario en el poder, y se da la circunstancia de que conocemos algunos
personajes, usurpadores que ocuparon el trono de forma muy efímera, tan solo
por las monedas que emitieron, sin que haya quedado constancia de su existencia
en la historiografía posterior.
En
ocasiones excepcionales también se acuñaban valiosas monedas en metales preciosos
de gran tamaño y peso, que no tenían una función económica, sino que cumplían
la misión de ser objetos de regalo y obsequio por parte del monarca a sus más
fieles aliados. Esta costumbre queda reflejada por ejemplo en la Gran dobla de
oro de Pedro I “el Cruel” (Fig. 2a)
con valor de 10 doblas, acuñada en Sevilla en 1360 (en el reveso de la moneda
figura el año MCCCLXXXXVIII de la Era Hispánica), utilizada como obsequio del
monarca castellano a los señores que le apoyaron en el enfrentamiento con su
hermanastro Enrique de Trastámara (1).
Figura 1.- Monedas de 20
excelentes de los Reyes Católicos y centén de Felipe IV expuestas en el Museo
Arqueológico Nacional de Madrid.
Otra
excepcional moneda es la de veinte excelentes de oro emitida por los Reyes
Católicos (Fig. 2b) que si bien tiene
menor módulo que la pieza anterior (52 mm frente a los 68 mm de la gran dobla
de Pedro I), al ser más gruesa, presenta un peso muy superior (70 gramos frente
a los 45 gramos de la gran dobla) (2).
Estas
dos espectaculares monedas pueden verse en el Museo Arqueológico Nacional de
Madrid (Fig. 1).
Por
último y ya en época moderna encontramos la moneda de cien ducados zaragozanos
emitidos en 1528 para conmemorar el juramento como rey de Aragón de Carlos I (Fig. 2c). Esta espectacular moneda, de
la que tan solo se conoce el ejemplar conservado en el Gabinete de monedas y
medallas de la Biblioteca Nacional de París, presenta un diámetro de 82 mm y
tiene un peso de 350 gramos.
Figura 2.- Monedas de
prestigio; a: Gran dobla de Pedro I “el Cruel” (1350-1369); b:
Veinte excelentes de los Reyes Católicos (1497-1504); c: Cien ducados
zaragozanos de Carlos y Juana (1528).
Los Centenes de oro de Felipe III y Felipe IV.
Durante
la primera mitad del siglo XVII se acuñaron las dos monedas de prestigio más
espectaculares de la numismática española, los centenes segovianos o monedas de
cien escudos de oro con un módulo de 75,5 mm y un peso de 338 gramos.
La
primera emisión fue realizada en 1609 bajo el reinado de Felipe III (Fig. 3a) y la segunda en 1633 bajo el
mandato de Felipe IV (Fig. 3b). En
ambos casos la función de estas monedas era la de servir como regalo u obsequio
a destacados personajes de la nobleza castellana o a embajadores de otros
países, como ostentación del poder del monarca español (3).
Figura
3.-
Monedas de cien escudos de oro denominadas “centén”; a: a nombre de Felipe III
(1609); b: a nombre de Felipe IV (1633).
El “pedigri” de los Centenes.
En
monedas tan especiales y únicas como estas emisiones de oro, conviene tener muy
en cuenta el “pedigrí” de las mismas, es decir el historial de sus antiguos
propietarios. Pon ejemplo, el centén de 1633 que puede verse en el Museo
Arqueológico Nacional de Madrid (Figs. 1
y 3b) perteneció en el siglo
dieciocho a la colección de Tomás Francisco Prieto, grabador de la Casa de la
Moneda, pasando en 1842 a formar parte de la colección del Museo de Medallas de
la Biblioteca Nacional, y en 1867 fue transferido al Museo Arqueológico
Nacional donde se encuentra en la actualidad.
Más
reducido es el “curriculum” del centén de Felipe III de 1609 recientemente
subastado en Suiza y que formó parte de la colección “Caballero de Yndias”, un
emigrante vasco coleccionista de monedas de oro españolas, que hizo su fortuna
en Cuba, y que a lo largo de su vida consiguió reunir 2.200 piezas entre las
que figuraban los dos centenes existentes, el de 1609 y el de 1633.
Esta
impresionante colección fue subastada por sus herederos en la prestigiosa casa
Aureo & Calico de Barcelona en octubre del año 2009, y el centén de 1609,
único conocido hasta la fecha, se adjudicó al precio de salida en 800.000
euros, mientras que el de 1633, del que se conoce la existencia de cuatro
ejemplares (incluyendo el del MAN) se quedó en “tan solo” 500.000 euros.
Se
da la circunstancia de que en esos momentos el País estaba sumido en lo más
profundo de la crisis financiera del 2008, y por este motivo el Ministerio de
Cultura no participó en la puja. Cuando apareció el centén segoviano de 1609,
uno solo de los doscientos asistentes en la sala de subastas participó en la
puja, y al no recibirse ninguna contraoferta, fue adjudicado a un comerciante
centroeuropeo, quien no pudo disimular su asombro al ver que nadie más pujaba
por esta extraordinaria pieza, que finalmente se vendió por el precio de
salida.
Esta
es la misma moneda que ahora ha salido nuevamente a subasta en la casa suiza
“Numismatica Genevensis S.A.” con un precio de salida de dos millones de euros,
muy superior al que tuvo hace dieciséis años cuando se adjudicó por primera
vez.
Otras monedas españolas de prestigio del siglo XVII. Los cincuentines
de plata.
Además
de los espectaculares “centenes” de oro, durante todo el siglo diecisiete se
acuñaron otras prestigiosas monedas de plata con un valor de 50 reales. Estas
piezas fueron emitidas durante los reinados de Felipe
III (1578-1621), Felipe IV (1605-1665) y Carlos II (1661-1700), en el Real
Ingenio de la Moneda de Segovia (Figs. 4 y 6c), única ceca dotada de la maquinaria
necesaria para acuñar con calidad monedas de semejantes dimensiones (las
grandes prensas hidráulicas de rodillo instaladas por Felipe II).
Figura 4.- Real Casa de la
Moneda de Segovia, antes y después de su restauración.
A
diferencia de los centenes de oro, emitidos exclusivamente para uso del rey, los
cincuentines podían ser acuñados por los nobles, previa autorización real. Por
ejemplo a
través de la documentación del Archivo General de Simancas, conocemos que en
1626 el Marqués de Eliche obtuvo licencia para fabricar 300 cincuentines en la
ceca de Segovia.
Estas
monedas especiales, utilizadas para obsequiar a personajes ilustres se acuñaron
en Segovia en cantidades reducidas al menos durante los años 1609, 1610, 1613, 1614, 1617, 1618, 1620, 1622, 1623, 1626, 1628,
1631, 1632, 1633, 1635, 1636, 1651, 1652, 1659 y 1682 (Figs. 5a-c).
Figura 5.- Monedas de
cincuenta reales de plata denominadas “cincuentines”.
a y b: Cincuentines
segovianos de Felipe III de 1613 y 1620; c: Cincuentín segoviano de Felipe IV
de 1631; d: Cincuentín navarro de Felipe IV (VI de Navarra) de 1652.
El cincuentín más especial es el fabricado en Pamplona en 1652 (Fig.5d), justo tras la reapertura de la ceca a partir del denominado “escándalo de Potosí”(4), en este contexto se emitió en 1652 el cincuentín navarro, del que se conserva la “pila” o cuño de anverso en el Museo de Navarra (Fig. 6a). Sin embargo el tamaño de la pieza haría muy difícil su acuñación “a martillo” y probablemente se fabricaron mediante fusión en molde.
Figura 6.- a: “Pila” o cuño de
anverso del cincuentín navarro acuñado “a martillo”; b: Rodillo utilizado para
acuñar un cincuentín segoviano utilizando la presión hidráulica del “Ingenio”
de Segovia.
Notas:
(1) La función de estas
monedas como objetos valiosos coleccionables queda de manifiesto en un
documento conservado en el Archivo General de Navarra, donde Carlos II “el
Malo” adquiere una Gran dobla acuñada por Pedro I en Sevilla como regalo
navideño (en 1383/4) para su hijo, el futuro monarca navarro Carlos III “el
Noble”, coleccionista de monedas y que transmitió su afición numismática a su
nieto, Carlos Príncipe de Viana (Ibáñez, 1996).
(2) Existen también otras espectaculares monedas como la de cincuenta y veinte doblas de Juan II de
Castilla (1406-1454) y la de 50 enriques de oro de Enrique IV (1454-1475) que ya
fueron descritas por Aloiss Heiss en 1865 (pp. 91 & 100; lams.11,1 &
13,1), y en la colección de Vidal Quadras figura una pieza, ensayo de una
moneda de 50 excelentes de los Reyes Católicos (Vidal Quadras, 1892: p. 137/7;
lám. 21, 3).
(3) Se da la paradoja de
que durante el siglo XVII y mientras se acuñan estas espectaculares monedas de
oro de cien escudos y las de 50 reales de plata, se producen varias crisis
económicas que obligan a resellar la moneda de vellón para hacer frente a la
urgente necesidades de numerario, necesario para financiar la guerra de
Flandes, lo que provoca una subida de los precios de los alimentos básicos que
experimentan una fuerte inflación.
(4) Durante la década de
1640 se produjo un complot en el que los operarios de la ceca de Potosí,
compinchados con los proveedores de plata y las autoridades locales, fabricaron
la moneda de plata con una ley muy inferior a la legalmente establecida,
obteniendo pingües ganancias con el fraude. Descubierto el engaño, culminó a
comienzos de 1650 con el ajusticiamiento del maestro de la ceca Francisco Gómez de la Rocha,
y el ensayador de la Casa de la Moneda de Potosí, Felipe Ramírez de Arellano, dándose
instrucciones para que las casas de moneda peninsulares (Valladolid, Burgos,
Cuenca, Zaragoza, Granada y Pamplona) recogieran las piezas potosinas para ser
fundidas y nuevamente acuñadas según la ley y peso establecidos
Bibliografía:
Heiss, A. 1865. Descripción general de las monedas
hispano-cristianas desde la invasión de los árabes. Tomo I: 435 pp. + 70
lám.
Ibáñez, M., 1996.
Una Dobla de diez doblas de Pedro
I de Castilla en la documentación navarra del s. XIV. Boletín del Museo Arqueológico Nacional XIV: pp. 111-113.
Roma, A. 2010. Doblas mayores
castellanas. Omni 2: pp. 66-69.
Vidal Quadras,
M., 1892. Catálogo de la colección de
monedas y medallas de Manuel Vidal Quadras y Ramón de Barcelona. Vol. II.
Barcelona: 444 pp. + 47 lám.
VVAA, 1999. Las 100 mejores piezas del Monetario del Museo Arqueológico Nacional.
Real Academia de la Historia y Museo Arqueológico Nacional, Madrid: 214 pp.
“Post Scriptum”
El centén segoviano de 1609 se
subastó el día 24 de noviembre del 2025 en la casa “Numismatica Genevensis” de
Suiza, alcanzando los 2,4 millones de euros (que sumadas tasas y comisiones
ascienden a tres millones de euros).



















