miércoles, 1 de julio de 2026

Los jetones de la policia.

 

Los jetones de la policía. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81 (1354) (Octubre, 2025): pp. 46-49.

Miguel Ibáñez Artica

 




            Los jetones eran fichas metálicas con aspecto de moneda, usadas durante las Edades Media y Moderna para realizar la contabilidad administrativa y cotidiana, en épocas en las que aún no se habían introducido la numeración arábiga y el álgebra, y seguía utilizándose la antigua numeración en cifras romanas.

Estos jetones surgieron en Francia, Italia e Inglaterra a finales del siglo trece, y aunque desde un principio -además de su principal función como instrumento contable-, sirvieron también como elementos de propaganda política. Es sobre todo durante los siglos XVI y XVII, ya en la Edad Moderna, cuando se diversifican los motivos que aparecen ellos, reflejando de forma más o menos implícita importantes acontecimientos acaecidos en la época, y sirviendo como publicidad de los distintos actores que participaron en las frecuentes contiendas que tuvieron lugar durante estos siglos en Europa.  



Figura 1.- Diferentes jetones franceses y de los Países Bajos de los siglos XVI y XVII.

 

            Destacan por su abundancia y diversidad de motivos los numerosos jetones acuñados en Francia por Enrique IV (1589-1610) y Luis XIII (1610-1643), y en los Países Bajos por Alberto e Isabel de Austria, soberanos y gobernadores (1598-1621-1633), así como por las Provincias Unidas rebeldes, que apoyadas por Inglaterra y Francia mantuvieron un prolongado conflicto de ochenta años (1568-1648), conocido en España como la “Guerra de Flandes” y como “Guerra de la Independencia” en los Países Bajos.

            Los jetones emitidos en cada uno de los bandos contendientes mostraban y destacaban las virtudes propias (victorias militares, bienestar y abundancia de alimentos, generosidad de los gobernantes....) y los vicios y maldades del contrincante (traiciones, asesinatos y ejecuciones, penuria y miseria...). De esta forma la iconografía que aparece representada en estos jetones nos proporciona una extraordinaria ilustración gráfica de los avatares de esta larga contienda, en la que se mezclaron intereses políticos y religiosos, alianzas e intrigas, saqueos y masacres, grandes victorias y amargas derrotas, y que finalizó 1648 en la Paz de Westfalia que puso fin a la “Guerra de los Treinta Años” en Alemania (1618-1648) y a la “Guerra de los Ochenta Años” (1568-1648) en los Países Bajos, donde se creó un nuevo orden en Europa Central, basado en el concepto de “soberanía nacional” marcando el nacimiento del concepto de “Estado/Nación”


Figura 2.- Jetón de la Corte de Monedas de París de Enrique III de Francia (1583).

 

            Entre los motivos que figuran en los jetones de esta época, llama la atención un diseño que muestra en el centro del reverso una corona inscrita en un círculo del que salen una serie de rayos, y un conjuntos de seis ojos y seis orejas que se alternan rodeando a la figura central, con la leyenda “SERVAT VIGILANTIA REGNA” (su vigilancia protege los reinos). Este singular motivo aparece por vez primera en un jetón de la Corte de las Monedas de París acuñado en 1583, en tiempos de Enrique III de Francia (1574-1589) que presenta en su anverso el escudo de tres lises de Francia, coronado y rodeado del collar de la orden de San Miguel (Fig. 2). Existe otro jetón de este tipo con el mismo reverso pero con fecha de 1585 en el anverso (Feuardent, nº 2249).

            Feuardent (1904: 169) adscribe este tipo de jetones a la policía, si bien en realidad esta institución fue creada más tarde en Francia por Luis XIV en 1667 (Fig. 3), sin embargo lo que podríamos denominar como ”servicios de inteligencia y espionaje” eran muy activos en la época y tenían que realizar numerosos pagos a los informantes y agentes, a los que hacen alusión los ojos y orejas que aparecen en los jetones, que reportaban las informaciones recogidas que podían comprometer la autoridad real o la seguridad del reino(1).


Figura 3.- Edicto de creación del servicio de Policía en Francia (1667) y dos jetones de 1713 para Marc René d’Argenson, lugarteniente general de la policía de París.

 

            Los siguientes jetones que presentan los ojos y orejas fueron emitidos a finales del reinado de Enrique IV en1609 y 1610 (Fig. 5 b, c), pero  la vigilancia y control que se manifiesta en la iconografía de estos jetones, fue sobrepasada el 14 de mayo de 1610 en París, cuando el fanático católico Francisco Ravaillac asesinó al monarca francés por la condescendencia y permisividad de éste hacia los protestantes (Fig. 4a). Ravaillac fue torturado y descuartizado en público (Fig. 4b), emitiéndose por parte de los protestantes de los Países Bajos una serie de jetones propagandísticos en los que de forma metafórica se reflejaba el magnicidio. En estos jetones figura en una de las caras, un lobo con un birrete jesuita, (que simboliza al asesino), atacando por el cuello a un cordero que representa al monarca galo asesinado (Fig. 4c). 


Figura 4.- a: Asesinato de Enrique IV el 14 de mayo de 1610; b: Ajusticiamiento público del  regicida Ravaillac; c: Jetón de los Países Bajos alusivo al magnicidio.

 

            Enrique IV de Francia, primer monarca de la casa Borbón, se convirtió en rey de Navarra como Enrique III en junio de 1572 tras el fallecimiento de su madre, la reina Juana de Albret, librándose providencialmente dos meses más tarde de la matanza de San Bartolomé dirigida por los católicos contra los protestantes de París, pero finalmente terminó años más tarde -tras convertirse en rey de Francia en 1589-, siendo asesinado por un fanático católico.

            La figura de este personaje que siendo rey de Navarra se convirtió en rey de Francia tras convertirse al catolicismo(2), ha sido considerada tradicionalmente como el fundador de la Francia moderna. Restauró la autoridad real controlando el acceso a los puestos de la administración, y tras rodearse de buenos consejeros se convirtió en uno de los gobernantes más prestigiosos y respetados de la Historia de Francia.

            Enrique IV introdujo en la representación del escudo que aparece en los jetones, las armas de Navarra que figuran junto con las de Francia, bajo una corona y rodeadas por los collares de San Miguel y del Espíritu Santo(4) (Figs. 5b. c).


Figura 5.- Jetones de Francia y Países bajos con ojos y orejas.

Francia: a: Enrique III, para el Tribunal de monedas de París, 1583; b y c: Enrique IV, 1609 y 1610; d: Luis XIII, 1631; e: Luis XIII, sin fecha.  Países Bajos: f: Alberto e Isabel, jetón bimetálico 1609; g: Alberto e Isabel, 1609; h: El mismo tipo, cisco central de un jetón bimetálico.

 

            Durante el reinado de Luis XIII (1610-1643), también se emitieron jetones con la representación de los ojos y orejas vigilantes, algunos sin fecha (Fig. 5e), y un tipo datado en 1631 (Fig. 5d). Estos jetones se atribuyen a la Cámara de Comptos o a la Cámara de  las monedas, al igual que las anteriores emisiones con esta tipología de tiempos de Enrique IV.

            En los jetones franceses de Enrique III, Enrique IV y Luis XIII podemos ver la evolución de las figuras representadas, al principio con una corona central pequeña en 1583 (Fig. 6a), que progresivamente va aumentando de tamaño en las emisiones de 1609 y 1631 (Figs. 6b y c). También los rayos que irradian de la corona y que son rectos en las primeras emisiones (Figs. 6a y b), adquieren formas flamígeras en la emisión de 1631 (Fig. 6c).

            Con respecto al escudo de Navarra introducido por Enrique IV en los jetones, las primeras representaciones son de un escudo cuadrado con carbunclos (Fig. 6d), que se convierten en cadenas a partir de algunas emisiones de Luis XIII (Fig. 6e).


Figura 6.- Evolución de las figuras y escudos representados en los jetones franceses de “ojos y orejas”.

 

            El tipo de jetón con ojos y orejas también fue utilizado por los servicios de la administración de Alberto e Isabel de Austria, gobernadores de los Países Bajos, acuñándose en 1609 en la misma ceca donde se fabricaban las piezas de esta tipología para Enrique IV con el mismo cuño de reverso, posiblemente tras la tregua de doce años firmada el 9 de abril de ese año entre los españoles y el Príncipe de Orange, Mauricio de Nassau, líder de los ejércitos de las Provincias Unidas. El anverso de este jetón muestra el escudo de la Casa de Austria coronado y rodeado por el collar del Toisson de Oro (Figs. 5f-h) con la leyenda “ALBERTVS. ET - ELIZABET. D. G.”   

            Se emitieron con los mismos cuños jetones de cobre y también algunas raras piezas bimetálicas fabricadas tanto a nombre de Alberto e Isabel (Fig. 5f), como de Enrique IV(3), que presentan el mismo reverso y diferentes anversos, e incluso en algunos casos conservan el disco central faltando la orla con las leyendas (Fig. 5h).

            Habitualmente asociamos las monedas bimetálicas a tiempos modernos, las primeras de época contemporánea fabricadas en serie son las de quinientas liras acuñadas en Italia en 1982. Este sistema tenía como objetivo el evitar falsificaciones y fue adoptado con posterioridad por diversos países, incluidos los de la zona Euro para las monedas de uno y dos euros(5).


Figura 7.- Monedas y jetones bimetálicos.

a: “Moneda llave” con incrustaciones de oro, China, Wang Mang (7-23 d.C.); b: Monedas del reino de Axum de los siglos IV-VI  con incrustaciones de oro; c: Jetones bimetálicos de los siglos XVI y XVII.

 

            En realidad ya se habían fabricado monedas bimetálicas en la Edad Antigua, como las “monedas llave” del emperador chino Wang Mang a comienzos del siglo primero de nuestra Era (Fig. 7a), o las monedas del reino africano aksumita de los siglos IV al VI (Fig. 7b), que llevan pequeñas incrustaciones en oro en una de las caras de la moneda, pero ya hace más de cuatro siglos, entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, se produjeron en Francia jetones bimetálicos que guardan mucha similitud con las monedas actuales de uno y dos euros. Estos raros jetones presentan un disco central de cobre rodeado por un aro de latón (Fig. 7c) y se acuñaron durante un corto período de ocho décadas comprendido entre 1577 y 1658.

            En este caso el motivo no era el dificultar las posibles falsificaciones sino el de mostrar las posibilidades de las modernas técnicas de acuñación con la prensa de tornillo del proceso de fabricación que utilizaba la fuerza de un molino hidráulico y que en esos momentos competía con la tradicional acuñación “a martillo”(6). Estos jetones bimetálicos eran encargados por algunas autoridades (consejo del rey, administraciones, municipios y particulares) como señal de prestigio(7).

 

 

Notas:

 

(1) Por ejemplo en España la creación de Superintendencia general de la Policía del Reino tuvo  lugar en 1824, pero ya desde tiempos de Felipe II, el palacio de San Lorenzo del Escorial albergaba la sede de los servicios secretos del Imperio, la más extensa e importante del mundo en esos momentos.                                                                                                    

                                                                                                                                                                                                               

(2) El monarca navarro abjuró del protestantismo para optar al trono de Francia, atribuyéndosele  al hacerlo la famosa frase “París bien vale una misa”.

 

(3) Weil & Pastoureau (1986).

 

(4)  La Orden de San Miguel fue creada en 1469 por Luis XI para la defensa del reino, y la del Espíritu Santo por Enrique III en 1578 por Enrique III de Francia. La Orden del Toison de Oro, ligada a la dinastía española fue creada en 1429 por Felipe III de Borgoña.

 

(5) En la actualidad la tecnología también está disponible para los falsificadores, que fabrican los cospeles bimetálicos en China para acuñar fraudulentamente las monedas de dos euros en España, como queda reflejado en varias intervenciones policiales de fechas recientes. 

 

(6) En España esta moderna tecnología fue introducida en 1583 por Felipe II, instalándose en Segovia la primera fábrica mecanizada de moneda.

 

(7) Sombart (2019). 

 

 

 

Bibliografía:

 

Feuardent, F., 1904, 1907, 1915. Collection Feuardent; Jetons et méreaux depuis Louis IX jusqu’à la fin du consulat de Bonaparte (3 vols.)

Sombart, S., 2019. Les jetons bimétalliques des 16e et 17e siècles (1577 - c.1655) Cahier ivoire iNumis 46. https://www.inumis.com/wp-content/uploads/2019/04/Les-jetons-bim%C3%A9talliques-des-16e-et-17e-si%C3%A8cles.pdf

Weil, A. & M. Pastoureau, 1986. Les jetons bimétalliques français de XVIe et XVIIe siècles. Numismatics witness to history, Int. Ass. Of Professional Numismatics 8: pp. 171-181 + lám. 34-35.

 

lunes, 1 de junio de 2026

Objetivos y limitaciones en una exposición monetaria temporal.

 

Objetivos y limitaciones en una exposición monetaria temporal. Artículo publicado en: Gaceta Numismática (2003) nº 149: pp. 39-48.

Miguel Ibáñez Artica

 












 


















Catálogo de la Exposición en pdf:

https://www.fundacioncajanavarra.es/cultura-y-educacion/archivo/la-moneda-en-navarra.pdf


viernes, 1 de mayo de 2026

Monedas musicales I.

 

Monedas musicales I. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1344) (Noviembre, 2024): pp. 45-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

            Si intentamos relacionar la música con el dinero, la primera imagen que nos viene a la cabeza es la de la enorme cantidad de beneficios que obtienen los compositores o grupos musicales de la industria discográfica, lo que probablemente nunca imaginemos es que determinados instrumentos musicales han servido -y en algunos casos aún se siguen utilizando- como moneda.

            Antes de implantarse de forma irreversible la moneda metálica, entre los variados objetos que han servido como “moneda tradicional” en algunas culturas, podemos señalar una heterogénea lista de elementos como adornos, armas o diversas herramientas, entre las que encontramos algunos instrumentos musicales utilizados habitualmente en determinadas ceremonias rituales (Fig. 1).

            Estos instumentos suelen ser de percusión, ya sean membranófonos como tambores o timbales de madera o metal, o bien idiófonos como cascabeles, campanillas y gongs. Dentro del primer grupo podemos señalar los “tambores de bronce”, que surgieron en el valle del río Rojo desde China hasta Vietnám hace más de dos milenios y se expandiero hacia el sur.     Estos tambores han sido utilizados como dinero tradicional en diferentes zonas del sudeste asiático como Birmania, Tailandia, Borneo, Java, Sulawesi y las islas Filipinas.

Figura 1.- Algunos timbales metálicos y de madera utilizados como moneda.

 

El mejor ejemplo de una variante de estos timbales metálicos. cuyo uso como moneda social y económica está perfectamente acreditado, es el denominado “moko”” que todavía se utiliza como moneda en Alor, una pequeña isla de poco más de dos mil kilómetros cuadrados al norte de Timor en Indonesia (Fig. 2).   

Figura 2.- Ubicación de la isla de Alor en Indonesia y un ejemplar de “moko”.

 

            La primera referencia a esta zona figura en la expedición de Magallanes, cuando tras su muerte el 27 de abril de 1521, y ya bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, recorrió en enero de 1522 el archipiélago a su regreso de las Islas Molucas. Siglos más tarde, fueron descritos por vez primera en 1851, y en 1944 la antropóloga norteamericana Cora Alice Dubois publicó una detallada descripión de las costumbres de Alor, señalando que el sistema financiero de la isla estaba compuesto por tres tipos principales de “monedas”: los cerdos, los gongs y unos timbales metálicos denominados “moko” (Dubois, 1944: 22), complementado por flechas utilizadas como modedas de poco valor. Estos instrumentos fueron importados en la isla desde hace más un milenio, primero desde Vietnam por los comerciantes chinos que los intercambiaban por productos alimenticios, y posteriormente durante el período colonial desde las islas vecinas como Java.

            Mientras los gongs de bronce son instrumentos sencillos y no suelen presentar decoración (Fig. 3), los “moko” son timbales cuyo aspecto recuerda el de un reloj de arena, miden entre 80 y 100 centímetros y suelen estar muy decorados. Se han establecido cuatro tipos principales según su tamaño y ornamentación, y son muy parecidos a los timbales tilizados por el pueblo Pejeng de la isla de Bali en Indonesia.

Figura 3.- Diferentes tipos de gongs usados como moneda.

 

 

 

            Los timbales denominados “moko” en la isla de Alor cumplen hasta seis funciones diferentes:

1.- En primer lugar, simbolizan el estatus social de su poseedor. Disponer de un cierto número de estos instrumentos es un indicador de la importancia e influencia de la persona que los posee. Actualmente todas las familias indígenas de Alor tienen al menos un moko en su casa.

2.- Son utilizados como “dinero de la novia”, de forma que el hombre que va a contraer matrimonio debe entregar una determinada cantidad de estos timbales a la familia de la novia.

3.- Son utilizados como moneda en los intercambios económicos. A comienzos del siglo veinte había censados unos 20.000 mokos en la isla, todos ellos importados de islas vecinas, ya que en Alor no se practicaba la metalurgia. Con el fin de fomentar el uso del dinero occidental, los holandeses prohibieron en 1914 el uso monetario de los mokos, excepto para pagar impuestos, sin embargo estos instrumentos siguieron utilizándose a pesar de la prohibición.

4.- Los mokos conservan su función original y sirven como instrumento musical junto con los gongs con forma de platillo, siendo utilizados en danzas ceremoniales (Fig. 4). El gong aplanado en posición boca abajo es un símbolo de feminidad, mientras que un moko de pie es considerado como símbolo de virilidad.

5.- El moko constituye un símbolo de la armonía socio-religiosa de la sociedad.

            Aún podemos añadir una sexta función del moko, como elemento catalizador de la identidad local, ante el surgimiento de un incipiente turismo en esta remota región.

Figura 4.- Tocando un “moko” en una ceremonia en la isla de Alor.

 

            En Kalabahi, la única ciudad de la Isla, existe un museo donde se conserva y expone al público visitante una importante colección de mokos, que incluye desde los más antiguos fabricados en bronce hasta los más modernos de latón (Fig. 5).

Figura 5.- Museo “1000 moko” de Kalabahi en la isla de Alor.

 

 

            Relacionados con los “mokos”, encontramos en Birmania unos timbales de bronce denominados “tambores de lluvia” o “kyee-zee”, que suelen llevar en la tapa cuatro pequeñas figuras de ranas, y que  han sido utilizados tradicionalmente, y todavía mantienen su uso como “dinero de la novia”. Existen diferentes tipos según su tamaño (Fig. 6b), y su valor se establece en función de la potencia y calidad del sonido que emiten al ser tañidos, constituyendo como los “mokos” un símbolo del estatus social. En 1937 un hombre rico poseía al menos dos tambores y cinco o seis búbalos. También en Birmania los gongs tawak eran usados como “dinero de sangre” para indemnizar a los allegados de una víctima de homicidio en una cantidad de cinco gongs tawak grandes y otros cinco más pequeños (Fig. 3). Igualmente en Sittwe (antiguo Akyab), los gongs formaban parte del “dinero de la novia”, y para celebrar un matrinonio el novio debía entregar un toro salvaje, un búfalo, siete gongs y cinco lanzas que se repartían ente el padre, el tío y el hermano mayor de la mujer, y la compensación por el adulterio era un búfalo blanco, una escopeta y seis o siete gongs.

Figura 6.- En la parte superior grabado del libro  Voyage autour du monde  (1826) de Louis Isidore Duperrey, donde se muestra a músicos y dignatarios en el pueblo de Caieli en la isla de Buru, (actualmente en Indonesia) durante una festividad religiosa. Duperrey (1786-1865), fue un marino francés, comandante del 'Coquille' durante su viaje (1822-1825) a Chile, Perú, Polinesia, las Islas Molucas (Indonesia), Nueva Irlanda (Papua Nueva Guinea) y Australia.

En la figura inferior tres tipos de “tambor de la lluvia”.

 

            En la provincia indonesia de Papúa y en el estado independiente de Papúa-Nueva Guinea encontramos otro tipo de timbal completamente diferente, mucho más estilizado y tallado en madera denominado “kundu”. Estos instrumentos llevan en su extremo una membrana que suele ser de piel de lagarto, y en muchos casos presentan asas, con un tamaño que puede oscilar entre los treinta centímetros y los dos metros (Fig. 1: los dos instrumentos del centro). El sonido que emiten los “kundus” es interpretado como la voz de los espíritus, y suelen ser utilizados en ceremonias como entierros o en la inauguración de una nueva casa o canoa, considerándose en diferentes regiones de Papúa como un símbolo de riqueza. Su importancia cultural queda reflejada en su presencia, junto con un ave del paraíso, en el escudo de armas de Papúa-Nueva Guinea.

 

            En la cultura tradicional del pueblo Asmat, un grupo étnico que habita en una zona de 19.000 kilómetros cuadrados en la provincia indonesia de Papúa, los “kundu” ocupan una posición destacada. Según sus mitos tradicionales, el héroe Fumeripits talló en madera las primeras figuras de hombres y mujeres, y al tocar el tambor las figuras cobraron vida y se pusieron a bailar.

 

Figura 7.- Utilización de “kundus” en un festival (Papúa).

 

Bibliografía:

 

Adams, K. M., 2004. The genesis of touristic imagery: Politics and poetics in the creation of a remote Indonesian island destination. Tourist Studies, 4(2): pp. 115–135.

Du Bois, C., 1944. The People of Alor: A Social-Psychological Study of an East Indian Island. Cambridge, MA: Harvard University Press: 654 pp.

Hägerdal, H., 2010. Van Galen’s memorandum on the Alor Islands in 1946. An annotated translation with an introduction. Part 1. HumaNetten: pp.14-20.

Hananto, A., 2016. Moko. Tradisi Berabad-abad di Alor, satu-satunya di dunia?. <https://www.goodnewsfromindonesia.id/2016/02/25/moko-tradisi-berabad-abad-di-alor-satu-satunya-di-dunia> (consulta 2/07/2023).

Kawangung, I. & Y. Kawangung, 2021. Moko symbolization as socio-religious harmony of Alor society in East Nusa Tenggara. Analisa Journal of Social Science and Religion 6 (2): pp. 181-198.

Opitz, Ch., 2011. Odd & Curious and Traditional Money. Ocala Fl.: 843 pp.

Purna, H., 2024. Moko dalam tradisi masyarakat Alor. Ed. Ombak, Yakarta: 133 pp.

Quiggin, A.H., 1949, A survey of Primitive Money. Methuen & Co. G.B.: 344 pp. + 32 lám.

Bronze drums classification. <https://bronzedrums.jimdofree.com/home/classification/> (consulta 2/07/2023).

 

 

miércoles, 1 de abril de 2026

El cincuentín navarro de 1652

 

El cincuentín navarro de 1652. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 58 (1097) (Mayo, 2002): pp. 44-45.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

Recientemente (en 2002) ha sido puesto a la venta en la casa “Numismatica Ars Classica” de Zurich (Suiza) un cincuentín navarro, por este motivo merece la pena realizar algún comentario sobre esta singular y rara moneda.

Las mayoría de las emisiones navarras en plata de Felipe IV se realizaron en 1651 y 1652, a partir de las monedas faltas de peso de ocho y cuatro reales de Perú, retiradas de la circulación a finales de 1650  (Archivo General de Navarra. Sección de Moneda, pesos y medidas, Legajo 1º, carpeta 15).

Las emisiones de 1651, 1652 y 1653 llevaban la leyenda “Castelle et Navarre”, lo cual provocó una encendida protesta de las Cortes del Reino de Navarra, que solicitaron la supresión del término “Castilla” en las leyenda monetales, así como que figurase tan sólo “Navarre Rex” en las monedas acuñadas en Pamplona (Nov. Recopilacion (1735) Lib. V, tít. VI, Ley XII). Las protestas fueron tenidas en cuenta, y se recogieron posteriormente en las emisiones de 1658 y 1659, donde ya no aparece ninguna alusión al reino de Castilla. De hecho, en las monedas de oro (ocho escudos) y plata (cincuentín) de 1652 ya aparece la nueva leyenda “Navarre Rex”, y el cuño de la pieza de ocho reales de 1653 con la leyenda antigua, que se conserva en el Museo de Navarra, se encuentra sin usar, no conociéndose ninguna moneda con esta fecha. Posiblemente a pesar de estar ya el cuño preparado (probablemente los correspondientes a los años 1651, 1652 y 1653 se fabricaron a la vez, a finales de 1650 o en 1651), no se llegó a utilizar, al modificarse la leyenda de las monedas durante el año 1652. Por el contrario durante 1652 siguieron acuñándose con la leyenda antigua (Castelle et Navarre) monedas de medio, uno, dos y cuatro reales de plata.

Figura 1.- Cincuentín navarro conservado en el Museo de Navarra.

 

En algún momento indeterminado del año 1652 se acuñan en Navarra las monedas más espectaculares de toda su historia, las piezas de ocho y cuatro escudos de oro,  y la de cincuenta reales de plata o cincuentín. Si bien las dos primeras no llevan año de emisión, y no se ha encontrado de momento ninguna referencia documental al año de su fabricación, bien podemos situarlas en torno a esta época.

Con respecto al cincuentín, el ejemplar ofertado recientemente en Suiza es el mismo que se vendió el 30 de abril de 1981 en una subasta de la madrileña casa Numinter, y en el catálogo de la firma helvética (nº 22 de marzo del 2002), se aportan interesantes datos sobre la composición metalográfica del cincuentín navarro, que presenta una pureza en plata de más del 95%. Con respecto al método utilizado para la fabricación de esta singular pieza, se ha sugerido repetidamente que dada la imposibilidad de disponer en la ceca de Pamplona de una técnica que permitiera la acuñación de estas grandes monedas (técnica que existía en la casa de moneda de Segovia donde se emitieron la mayor parte de cincuentines) la fabricación del mismo se hizo por fundición, utilizando como moldes los cuños. Sin embargo, en el cincuentín que se conserva en las colecciones del Museo de Navarra, y que proviene del antiguo monetario de la Catedral de Pamplona, se observan claras señales de “repintado” es decir de doble acuñación. Por lo que podemos suponer que estas piezas en realidad se acuñaron, sobre cospeles fabricados por fundición y probablemente fuertemente recalentados para aumentar su maleabilidad y facilitar así su acuñación.

Figura 2.- Cuño de anverso del cincuentín, conservado en el Museo de Navarra.

 

Tal como se puede observar en la pieza conservada en el Museo de Navarra, con posterioridad a la acuñación, las letras fueron retocadas manualmente con el fin de conseguir una estilización y una mejor presentación, retoque que no se hizo en la moneda puesta a la venta recientemente.

Desconocemos por completo las circunstancias y número de piezas fabricadas en Pamplona del singular cincuentín navarro, es de suponer que este tipo de monedas en la práctica no llegaron a circular como moneda, sino que fueron utilizadas para obsequios a personajes importantes, cumpliendo una función más medallística que numismática, si bien se trata de verdaderas monedas, cuando menos desde la perspectiva teórica. Hay que suponer por tanto una corta emisión, y un tratamiento artesanal e individualizado para cada una de las piezas fabricadas.

 

Artículo original:





domingo, 1 de marzo de 2026

Los cien escudos de oro de 1609. Moneda “de Prestigio” y una de las joyas de la numismática española y mundial.

 

Los cien escudos de oro de 1609. Moneda “de Prestigio” y una de las joyas de la numismática española y mundial. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81 (1356) (Diciembre, 2025): pp. 44-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

            La reciente subasta de un “centén” o moneda española de cien escudos de oro constituye un gran acontecimiento numismático, y nos motiva a tratar el tema de las “monedas de prestigio”, acuñadas sobre todo en la Era Moderna para resaltar el poder y riqueza del monarca que las emite.

            La moneda, además de su misión fundamental de dar soporte al sistema económico, presenta también una función propagandística de la autoridad responsable de su fabricación. La primera acción de los emperadores romanos al llegar al poder era precisamente  la de batir moneda nueva con su efigie, que era rápidamente distribuida por todo el Imperio como instrumento publicitario, con el fin de dar a conocer al pueblo el nuevo mandatario en el poder, y se da la circunstancia de que conocemos algunos personajes, usurpadores que ocuparon el trono de forma muy efímera, tan solo por las monedas que emitieron, sin que haya quedado constancia de su existencia en la historiografía posterior.

            En ocasiones excepcionales también se acuñaban valiosas monedas en metales preciosos de gran tamaño y peso, que no tenían una función económica, sino que cumplían la misión de ser objetos de regalo y obsequio por parte del monarca a sus más fieles aliados. Esta costumbre queda reflejada por ejemplo en la Gran dobla de oro de Pedro I “el Cruel” (Fig. 2a) con valor de 10 doblas, acuñada en Sevilla en 1360 (en el reveso de la moneda figura el año MCCCLXXXXVIII de la Era Hispánica), utilizada como obsequio del monarca castellano a los señores que le apoyaron en el enfrentamiento con su hermanastro Enrique de Trastámara (1).

Figura 1.- Monedas de 20 excelentes de los Reyes Católicos y centén de Felipe IV expuestas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

 

            Otra excepcional moneda es la de veinte excelentes de oro emitida por los Reyes Católicos (Fig. 2b) que si bien tiene menor módulo que la pieza anterior (52 mm frente a los 68 mm de la gran dobla de Pedro I), al ser más gruesa, presenta un peso muy superior (70 gramos frente a los 45 gramos de la gran dobla) (2).

            Estas dos espectaculares monedas pueden verse en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (Fig. 1).

            Por último y ya en época moderna encontramos la moneda de cien ducados zaragozanos emitidos en 1528 para conmemorar el juramento como rey de Aragón de Carlos I (Fig. 2c). Esta espectacular moneda, de la que tan solo se conoce el ejemplar conservado en el Gabinete de monedas y medallas de la Biblioteca Nacional de París, presenta un diámetro de 82 mm y tiene un peso de 350 gramos.

 

Figura 2.- Monedas de prestigio; a: Gran dobla de Pedro I “el Cruel” (1350-1369); b: Veinte excelentes de los Reyes Católicos (1497-1504); c: Cien ducados zaragozanos de Carlos y Juana (1528).

 

Los Centenes de oro de Felipe III y Felipe IV.

            Durante la primera mitad del siglo XVII se acuñaron las dos monedas de prestigio más espectaculares de la numismática española, los centenes segovianos o monedas de cien escudos de oro con un módulo de 75,5 mm y un peso de 338 gramos.

            La primera emisión fue realizada en 1609 bajo el reinado de Felipe III (Fig. 3a) y la segunda en 1633 bajo el mandato de Felipe IV (Fig. 3b). En ambos casos la función de estas monedas era la de servir como regalo u obsequio a destacados personajes de la nobleza castellana o a embajadores de otros países, como ostentación del poder del monarca español (3).

Figura 3.- Monedas de cien escudos de oro denominadas “centén”; a: a nombre de Felipe III (1609); b: a nombre de Felipe IV (1633).

 

            El “pedigri” de los Centenes.

            En monedas tan especiales y únicas como estas emisiones de oro, conviene tener muy en cuenta el “pedigrí” de las mismas, es decir el historial de sus antiguos propietarios. Pon ejemplo, el centén de 1633 que puede verse en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (Figs. 1 y 3b) perteneció en el siglo dieciocho a la colección de Tomás Francisco Prieto, grabador de la Casa de la Moneda, pasando en 1842 a formar parte de la colección del Museo de Medallas de la Biblioteca Nacional, y en 1867 fue transferido al Museo Arqueológico Nacional donde se encuentra en la actualidad.

            Más reducido es el “curriculum” del centén de Felipe III de 1609 recientemente subastado en Suiza y que formó parte de la colección “Caballero de Yndias”, un emigrante vasco coleccionista de monedas de oro españolas, que hizo su fortuna en Cuba, y que a lo largo de su vida consiguió reunir 2.200 piezas entre las que figuraban los dos centenes existentes, el de 1609 y el de 1633.

            Esta impresionante colección fue subastada por sus herederos en la prestigiosa casa Aureo & Calico de Barcelona en octubre del año 2009, y el centén de 1609, único conocido hasta la fecha, se adjudicó al precio de salida en 800.000 euros, mientras que el de 1633, del que se conoce la existencia de cuatro ejemplares (incluyendo el del MAN) se quedó en “tan solo” 500.000 euros.

            Se da la circunstancia de que en esos momentos el País estaba sumido en lo más profundo de la crisis financiera del 2008, y por este motivo el Ministerio de Cultura no participó en la puja. Cuando apareció el centén segoviano de 1609, uno solo de los doscientos asistentes en la sala de subastas participó en la puja, y al no recibirse ninguna contraoferta, fue adjudicado a un comerciante centroeuropeo, quien no pudo disimular su asombro al ver que nadie más pujaba por esta extraordinaria pieza, que finalmente se vendió por el precio de salida.

            Esta es la misma moneda que ahora ha salido nuevamente a subasta en la casa suiza “Numismatica Genevensis S.A.” con un precio de salida de dos millones de euros, muy superior al que tuvo hace dieciséis años cuando se adjudicó por primera vez.

Otras monedas españolas de prestigio del siglo XVII. Los cincuentines de plata.

            Además de los espectaculares “centenes” de oro, durante todo el siglo diecisiete se acuñaron otras prestigiosas monedas de plata con un valor de 50 reales. Estas piezas fueron emitidas durante los reinados de Felipe III (1578-1621), Felipe IV (1605-1665) y Carlos II (1661-1700), en el Real Ingenio de la Moneda de Segovia (Figs. 4 y 6c), única ceca dotada de la maquinaria necesaria para acuñar con calidad monedas de semejantes dimensiones (las grandes prensas hidráulicas de rodillo instaladas por Felipe II).

Figura 4.- Real Casa de la Moneda de Segovia, antes y después de su restauración.

 

            A diferencia de los centenes de oro, emitidos exclusivamente para uso del rey, los cincuentines podían ser acuñados por los nobles, previa autorización real. Por ejemplo  a través de la documentación del Archivo General de Simancas, conocemos que en 1626 el Marqués de Eliche obtuvo licencia para fabricar 300 cincuentines en la ceca de Segovia.

            Estas monedas especiales, utilizadas para obsequiar a personajes ilustres se acuñaron en Segovia en cantidades reducidas al menos durante los años 1609, 1610, 1613, 1614, 1617, 1618, 1620, 1622, 1623, 1626, 1628, 1631, 1632, 1633, 1635, 1636, 1651, 1652, 1659 y 1682 (Figs. 5a-c). 

Figura 5.- Monedas de cincuenta reales de plata denominadas “cincuentines”. 

a y b: Cincuentines segovianos de Felipe III de 1613 y 1620; c: Cincuentín segoviano de Felipe IV de 1631; d: Cincuentín navarro de Felipe IV (VI de Navarra) de 1652.

 

El cincuentín más especial es el fabricado en Pamplona en 1652 (Fig.5d), justo tras la reapertura de la ceca a partir del denominado “escándalo de Potosí”(4), en este contexto se emitió en 1652 el cincuentín navarro, del que se conserva la “pila” o cuño de anverso en el Museo de Navarra (Fig. 6a). Sin embargo el tamaño de la pieza haría muy difícil su acuñación “a martillo” y probablemente se fabricaron mediante fusión en molde.

Figura 6.- a: “Pila” o cuño de anverso del cincuentín navarro acuñado “a martillo”; b: Rodillo utilizado para acuñar un cincuentín segoviano utilizando la presión hidráulica del “Ingenio” de Segovia.

 

 

Notas:

 

(1) La función de estas monedas como objetos valiosos coleccionables queda de manifiesto en un documento conservado en el Archivo General de Navarra, donde Carlos II “el Malo” adquiere una Gran dobla acuñada por Pedro I en Sevilla como regalo navideño (en 1383/4) para su hijo, el futuro monarca navarro Carlos III “el Noble”, coleccionista de monedas y que transmitió su afición numismática a su nieto, Carlos Príncipe de Viana (Ibáñez, 1996).

 

(2) Existen también otras espectaculares monedas como la de  cincuenta y veinte doblas de Juan II de Castilla (1406-1454) y la de 50 enriques de oro de Enrique IV (1454-1475) que ya fueron descritas por Aloiss Heiss en 1865 (pp. 91 & 100; lams.11,1 & 13,1), y en la colección de Vidal Quadras figura una pieza, ensayo de una moneda de 50 excelentes de los Reyes Católicos (Vidal Quadras, 1892: p. 137/7; lám. 21, 3).

 

(3) Se da la paradoja de que durante el siglo XVII y mientras se acuñan estas espectaculares monedas de oro de cien escudos y las de 50 reales de plata, se producen varias crisis económicas que obligan a resellar la moneda de vellón para hacer frente a la urgente necesidades de numerario, necesario para financiar la guerra de Flandes, lo que provoca una subida de los precios de los alimentos básicos que experimentan una fuerte inflación.

 

(4) Durante la década de 1640 se produjo un complot en el que los operarios de la ceca de Potosí, compinchados con los proveedores de plata y las autoridades locales, fabricaron la moneda de plata con una ley muy inferior a la legalmente establecida, obteniendo pingües ganancias con el fraude. Descubierto el engaño, culminó a comienzos de 1650 con el ajusticiamiento del maestro de la ceca  Francisco Gómez de la Rocha, y el ensayador de la Casa de la Moneda de Potosí, Felipe Ramírez de Arellano, dándose instrucciones para que las casas de moneda peninsulares (Valladolid, Burgos, Cuenca, Zaragoza, Granada y Pamplona) recogieran las piezas potosinas para ser fundidas y nuevamente acuñadas según la ley y peso establecidos

 

 

 

Bibliografía:

 

Heiss, A. 1865. Descripción general de las monedas hispano-cristianas desde la invasión de los árabes. Tomo I: 435 pp. + 70 lám.

 

Ibáñez, M., 1996.

Una Dobla de diez doblas de Pedro I de Castilla en la documentación navarra del s. XIV. Boletín del Museo Arqueológico Nacional  XIV: pp. 111-113.

 

Roma, A. 2010. Doblas mayores castellanas. Omni 2: pp. 66-69.

 

Vidal Quadras, M., 1892. Catálogo de la colección de monedas y medallas de Manuel Vidal Quadras y Ramón de Barcelona. Vol. II. Barcelona: 444 pp. + 47 lám.

 

VVAA, 1999. Las 100 mejores piezas del Monetario del Museo Arqueológico Nacional. Real Academia de la Historia y Museo Arqueológico Nacional, Madrid: 214 pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

“Post Scriptum”

El centén segoviano de 1609 se subastó el día 24 de noviembre del 2025 en la casa “Numismatica Genevensis” de Suiza, alcanzando los 2,4 millones de euros (que sumadas tasas y comisiones ascienden a tres millones de euros).