domingo, 1 de marzo de 2026

Los cien escudos de oro de 1609. Moneda “de Prestigio” y una de las joyas de la numismática española y mundial.

 

Los cien escudos de oro de 1609. Moneda “de Prestigio” y una de las joyas de la numismática española y mundial. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81 (1356) (Diciembre, 2025): pp. 44-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

            La reciente subasta de un “centén” o moneda española de cien escudos de oro constituye un gran acontecimiento numismático, y nos motiva a tratar el tema de las “monedas de prestigio”, acuñadas sobre todo en la Era Moderna para resaltar el poder y riqueza del monarca que las emite.

            La moneda, además de su misión fundamental de dar soporte al sistema económico, presenta también una función propagandística de la autoridad responsable de su fabricación. La primera acción de los emperadores romanos al llegar al poder era precisamente  la de batir moneda nueva con su efigie, que era rápidamente distribuida por todo el Imperio como instrumento publicitario, con el fin de dar a conocer al pueblo el nuevo mandatario en el poder, y se da la circunstancia de que conocemos algunos personajes, usurpadores que ocuparon el trono de forma muy efímera, tan solo por las monedas que emitieron, sin que haya quedado constancia de su existencia en la historiografía posterior.

            En ocasiones excepcionales también se acuñaban valiosas monedas en metales preciosos de gran tamaño y peso, que no tenían una función económica, sino que cumplían la misión de ser objetos de regalo y obsequio por parte del monarca a sus más fieles aliados. Esta costumbre queda reflejada por ejemplo en la Gran dobla de oro de Pedro I “el Cruel” (Fig. 2a) con valor de 10 doblas, acuñada en Sevilla en 1360 (en el reveso de la moneda figura el año MCCCLXXXXVIII de la Era Hispánica), utilizada como obsequio del monarca castellano a los señores que le apoyaron en el enfrentamiento con su hermanastro Enrique de Trastámara (1).

Figura 1.- Monedas de 20 excelentes de los Reyes Católicos y centén de Felipe IV expuestas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

 

            Otra excepcional moneda es la de veinte excelentes de oro emitida por los Reyes Católicos (Fig. 2b) que si bien tiene menor módulo que la pieza anterior (52 mm frente a los 68 mm de la gran dobla de Pedro I), al ser más gruesa, presenta un peso muy superior (70 gramos frente a los 45 gramos de la gran dobla) (2).

            Estas dos espectaculares monedas pueden verse en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (Fig. 1).

            Por último y ya en época moderna encontramos la moneda de cien ducados zaragozanos emitidos en 1528 para conmemorar el juramento como rey de Aragón de Carlos I (Fig. 2c). Esta espectacular moneda, de la que tan solo se conoce el ejemplar conservado en el Gabinete de monedas y medallas de la Biblioteca Nacional de París, presenta un diámetro de 82 mm y tiene un peso de 350 gramos.

 

Figura 2.- Monedas de prestigio; a: Gran dobla de Pedro I “el Cruel” (1350-1369); b: Veinte excelentes de los Reyes Católicos (1497-1504); c: Cien ducados zaragozanos de Carlos y Juana (1528).

 

Los Centenes de oro de Felipe III y Felipe IV.

            Durante la primera mitad del siglo XVII se acuñaron las dos monedas de prestigio más espectaculares de la numismática española, los centenes segovianos o monedas de cien escudos de oro con un módulo de 75,5 mm y un peso de 338 gramos.

            La primera emisión fue realizada en 1609 bajo el reinado de Felipe III (Fig. 3a) y la segunda en 1633 bajo el mandato de Felipe IV (Fig. 3b). En ambos casos la función de estas monedas era la de servir como regalo u obsequio a destacados personajes de la nobleza castellana o a embajadores de otros países, como ostentación del poder del monarca español (3).

Figura 3.- Monedas de cien escudos de oro denominadas “centén”; a: a nombre de Felipe III (1609); b: a nombre de Felipe IV (1633).

 

            El “pedigri” de los Centenes.

            En monedas tan especiales y únicas como estas emisiones de oro, conviene tener muy en cuenta el “pedigrí” de las mismas, es decir el historial de sus antiguos propietarios. Pon ejemplo, el centén de 1633 que puede verse en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (Figs. 1 y 3b) perteneció en el siglo dieciocho a la colección de Tomás Francisco Prieto, grabador de la Casa de la Moneda, pasando en 1842 a formar parte de la colección del Museo de Medallas de la Biblioteca Nacional, y en 1867 fue transferido al Museo Arqueológico Nacional donde se encuentra en la actualidad.

            Más reducido es el “curriculum” del centén de Felipe III de 1609 recientemente subastado en Suiza y que formó parte de la colección “Caballero de Yndias”, un emigrante vasco coleccionista de monedas de oro españolas, que hizo su fortuna en Cuba, y que a lo largo de su vida consiguió reunir 2.200 piezas entre las que figuraban los dos centenes existentes, el de 1609 y el de 1633.

            Esta impresionante colección fue subastada por sus herederos en la prestigiosa casa Aureo & Calico de Barcelona en octubre del año 2009, y el centén de 1609, único conocido hasta la fecha, se adjudicó al precio de salida en 800.000 euros, mientras que el de 1633, del que se conoce la existencia de cuatro ejemplares (incluyendo el del MAN) se quedó en “tan solo” 500.000 euros.

            Se da la circunstancia de que en esos momentos el País estaba sumido en lo más profundo de la crisis financiera del 2008, y por este motivo el Ministerio de Cultura no participó en la puja. Cuando apareció el centén segoviano de 1609, uno solo de los doscientos asistentes en la sala de subastas participó en la puja, y al no recibirse ninguna contraoferta, fue adjudicado a un comerciante centroeuropeo, quien no pudo disimular su asombro al ver que nadie más pujaba por esta extraordinaria pieza, que finalmente se vendió por el precio de salida.

            Esta es la misma moneda que ahora ha salido nuevamente a subasta en la casa suiza “Numismatica Genevensis S.A.” con un precio de salida de dos millones de euros, muy superior al que tuvo hace dieciséis años cuando se adjudicó por primera vez.

Otras monedas españolas de prestigio del siglo XVII. Los cincuentines de plata.

            Además de los espectaculares “centenes” de oro, durante todo el siglo diecisiete se acuñaron otras prestigiosas monedas de plata con un valor de 50 reales. Estas piezas fueron emitidas durante los reinados de Felipe III (1578-1621), Felipe IV (1605-1665) y Carlos II (1661-1700), en el Real Ingenio de la Moneda de Segovia (Figs. 4 y 6c), única ceca dotada de la maquinaria necesaria para acuñar con calidad monedas de semejantes dimensiones (las grandes prensas hidráulicas de rodillo instaladas por Felipe II).

Figura 4.- Real Casa de la Moneda de Segovia, antes y después de su restauración.

 

            A diferencia de los centenes de oro, emitidos exclusivamente para uso del rey, los cincuentines podían ser acuñados por los nobles, previa autorización real. Por ejemplo  a través de la documentación del Archivo General de Simancas, conocemos que en 1626 el Marqués de Eliche obtuvo licencia para fabricar 300 cincuentines en la ceca de Segovia.

            Estas monedas especiales, utilizadas para obsequiar a personajes ilustres se acuñaron en Segovia en cantidades reducidas al menos durante los años 1609, 1610, 1613, 1614, 1617, 1618, 1620, 1622, 1623, 1626, 1628, 1631, 1632, 1633, 1635, 1636, 1651, 1652, 1659 y 1682 (Figs. 5a-c). 

Figura 5.- Monedas de cincuenta reales de plata denominadas “cincuentines”. 

a y b: Cincuentines segovianos de Felipe III de 1613 y 1620; c: Cincuentín segoviano de Felipe IV de 1631; d: Cincuentín navarro de Felipe IV (VI de Navarra) de 1652.

 

El cincuentín más especial es el fabricado en Pamplona en 1652 (Fig.5d), justo tras la reapertura de la ceca a partir del denominado “escándalo de Potosí”(4), en este contexto se emitió en 1652 el cincuentín navarro, del que se conserva la “pila” o cuño de anverso en el Museo de Navarra (Fig. 6a). Sin embargo el tamaño de la pieza haría muy difícil su acuñación “a martillo” y probablemente se fabricaron mediante fusión en molde.

Figura 6.- a: “Pila” o cuño de anverso del cincuentín navarro acuñado “a martillo”; b: Rodillo utilizado para acuñar un cincuentín segoviano utilizando la presión hidráulica del “Ingenio” de Segovia.

 

 

Notas:

 

(1) La función de estas monedas como objetos valiosos coleccionables queda de manifiesto en un documento conservado en el Archivo General de Navarra, donde Carlos II “el Malo” adquiere una Gran dobla acuñada por Pedro I en Sevilla como regalo navideño (en 1383/4) para su hijo, el futuro monarca navarro Carlos III “el Noble”, coleccionista de monedas y que transmitió su afición numismática a su nieto, Carlos Príncipe de Viana (Ibáñez, 1996).

 

(2) Existen también otras espectaculares monedas como la de  cincuenta y veinte doblas de Juan II de Castilla (1406-1454) y la de 50 enriques de oro de Enrique IV (1454-1475) que ya fueron descritas por Aloiss Heiss en 1865 (pp. 91 & 100; lams.11,1 & 13,1), y en la colección de Vidal Quadras figura una pieza, ensayo de una moneda de 50 excelentes de los Reyes Católicos (Vidal Quadras, 1892: p. 137/7; lám. 21, 3).

 

(3) Se da la paradoja de que durante el siglo XVII y mientras se acuñan estas espectaculares monedas de oro de cien escudos y las de 50 reales de plata, se producen varias crisis económicas que obligan a resellar la moneda de vellón para hacer frente a la urgente necesidades de numerario, necesario para financiar la guerra de Flandes, lo que provoca una subida de los precios de los alimentos básicos que experimentan una fuerte inflación.

 

(4) Durante la década de 1640 se produjo un complot en el que los operarios de la ceca de Potosí, compinchados con los proveedores de plata y las autoridades locales, fabricaron la moneda de plata con una ley muy inferior a la legalmente establecida, obteniendo pingües ganancias con el fraude. Descubierto el engaño, culminó a comienzos de 1650 con el ajusticiamiento del maestro de la ceca  Francisco Gómez de la Rocha, y el ensayador de la Casa de la Moneda de Potosí, Felipe Ramírez de Arellano, dándose instrucciones para que las casas de moneda peninsulares (Valladolid, Burgos, Cuenca, Zaragoza, Granada y Pamplona) recogieran las piezas potosinas para ser fundidas y nuevamente acuñadas según la ley y peso establecidos

 

 

 

Bibliografía:

 

Heiss, A. 1865. Descripción general de las monedas hispano-cristianas desde la invasión de los árabes. Tomo I: 435 pp. + 70 lám.

 

Ibáñez, M., 1996.

Una Dobla de diez doblas de Pedro I de Castilla en la documentación navarra del s. XIV. Boletín del Museo Arqueológico Nacional  XIV: pp. 111-113.

 

Roma, A. 2010. Doblas mayores castellanas. Omni 2: pp. 66-69.

 

Vidal Quadras, M., 1892. Catálogo de la colección de monedas y medallas de Manuel Vidal Quadras y Ramón de Barcelona. Vol. II. Barcelona: 444 pp. + 47 lám.

 

VVAA, 1999. Las 100 mejores piezas del Monetario del Museo Arqueológico Nacional. Real Academia de la Historia y Museo Arqueológico Nacional, Madrid: 214 pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

“Post Scriptum”

El centén segoviano de 1609 se subastó el día 24 de noviembre del 2025 en la casa “Numismatica Genevensis” de Suiza, alcanzando los 2,4 millones de euros (que sumadas tasas y comisiones ascienden a tres millones de euros).

 

domingo, 1 de febrero de 2026

La moneda más "friki" del año 2025

 

La moneda más “friki” del año 2025. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1357) (Enero, 2026): pp. 46-49.

 

Miguel Ibáñez Artica

 



 

000.- La moneda más “friki” del año 2025.

            Cada año que transcurre, resulta más difícil poder establecer cuál ha sido la moneda más original, extravagante o “friki” del Planeta, ya que el número de emisiones susceptibles de optar a esta categoría va incrementándose sin parar.

            Para el año 2025 podemos destacar en primer lugar la serie de monedas de dos mil francos CFA de temática religiosa, emitidas a nombre de Camerún, y que incluyen en primer lugar una emisión con forma de crucifijo dedicada a la Santísima Trinidad (Fig. 1a), y otras doce dedicadas a los apóstoles: San Pedro (Fig. 1b); San Andrés (Fig. 1c); San Simón (Fig. 1d); San Juan (Fig. 1e); Santo Tomás (Fig. 1f); San Mateo (Fig. 1g); Santiago el Mayor (Fig. 1h); San Matías (Fig. 1i); San Bartolomé (Fig. 1j); Santiago el Menor (Fig. 1k); San Judas Tadeo (Fig. 1l) y San Felipe (Fig. 1m). En contraposición, y para complementar el reparto de personajes religiosos se incluye una moneda dedicada al Ángel Caído (Fig. 1n). De esta forma Lucifer, además de contar con un monumento en el Retiro madrileño y una serie de televisión, ahora ya tiene también su propia moneda.

            Otra serie de monedas con valor facial de diez cedis emitidas a nombre de la república de Ghana, y fabricadas por la empresa polaca “Mint XXI” está dedicada a los planetas del Sistema Solar, y en el año 2025 se han emitido las correspondientes al sol, Venus, Júpiter, Saturno (Fig. 1x), Urano, Neptuno (Fig. 1y) y la Luna (Fig. 1z). Otra moneda esférica de cinco dólares de Samoa (Fig. 1q’), reproduce la forma de una pelota de béisbol.

            Con apariencia terrorífica encontramos cuatro monedas: los cinco dólares de Niue (Fig. 1o) que muestra el diabólico rostro de un roquero “skulleather”, los cinco cedis de Ghana con una calavera vikinga (Fig. 1p), los tres dólares de Niue con la réplica de la llave esqueleto de los Goonies (Fig. 1q) y los dos mil francos de Camerún con la representación de un zombi urbano (Fig. 1w).

            Como contraste, también en este año se han emitido monedas conmemorativas de los populares “teleñecos” como las de dos dólares de Niue dedicadas a la señorita Piggi (Fig. 1ab), la rana Gustavo (Fig. 2t), y Gonzo (Fig. 2t’), celebrando el 70 aniversario de los “Muppets”, y otra al popular personaje de la franquicia “Stitch” (Fig. 1aa).

            Con una temática variada encontramos la espectacular moneda de veinte dólares de las Islas Cook (Fig. 1t) que muestra en una cara y en relieve, la erupción del Vesubio, arrojando ríos de lava sobre la ciudad de Pompeya situada a los pies del volcán.

            Otra sensacional moneda es la de cinco dólares de las Islas Pitcairn (Fig. 1r), de la que se han fabricado tan solo 300 ejemplares. Con un peso de 140 gramos de plata reproduce el diseño de la vidriera de la Sagrada Familia de Barcelona.

            Encontramos también otras dos curiosas monedas de dos dólares de Niue que reproducen respectivamente la forma de un teléfono “Nokia” (Fig. 1s) y de un avión de papel (Fig. 1u).

            En las emisiones realizadas durante el año 2025 escasean las dedicadas a plantas o animales, entre las últimas podemos señalar los dos mil francos de Camerún que reproducen el águila calva, símbolo de los Estados Unidos (Fig. 2n), y especialmente la moneda de 125 dólares de Canadá (Fig. 1v) con un peso de medio kilo de plata, y que lleva adherida en una de sus caras una delicada mariposa monarca policromada, elaborada en cristal de Murano.

Figura 1: Monedas de temática religiosa de 2000 francos de Camerún (a: Crucifijo de la Santísima Trinidad; b: San Pedro; c: San Andrés; d: San Simón; e: San Juan; f: Santo Tomás; g: San Mateo; h: Santiago el Mayor; i: San Matías; j: San Bartolomé; k: Santiago el Menor; l: San Judas Tadeo; m: San Felipe; n: Lucifer);  o: 5 dólares de Niue; p: 5 cedis de Ghana; q: tres dólares de Niue; r: cinco dólares de las Islas Pitcairn; s: dos dólares de Niue; t: veinte dólares de las Islas Cook; u: dos dólares de Niue; v: 125 dólares de Canadá; w: 2000 francos de Camerún; x, y & z: diez cedis de Ghana: aa & ab: dos dólares de Niue. 

 

Tampoco durante este año han proliferado las “monedas meteorito”, tan abundantes en épocas pasadas, y en este caso limitadas a los cinco cedis de Ghana (Fig. 2r) que llevan un pequeño cubo del meteorito Muonionalusta, hallado en 1906 en Suecia, y la moneda de dos mil francos de Camerún que lleva incrustado un pequeño fragmento del meteorito Nantan (Fig. 2s).

            Una nueva tipología monetaria surgida recientemente es la de las “criptomonedas”, representadas en este caso por una emisión de la empresa “United Crypto States”, que combina la numismática tradicional tangible con las criptomonedas intangibles. Se trata de una moneda de plata con valor facial de mil “satoshi” (equivalentes a 980 dólares US) (Fig.2a).

Figura 2.a: Criptomoneda de mil “satoshi”; b: Moneda de 4 tala (dólar) de Samoa; c & d: dos mil francos de Camerún; e: cinco mis francos de Chad; f; cinco dólares de Samoa; g & h: dos mil francos de Camerún; i: diez mil francos de Chad; j & k: cinco dólares de Samoa; l, m & n: dos mil francos de Camerún; o & p: quinientos francos de Camerún; q: dos dólares de Niue; r: cinco cedis de Ghana; s: dos mil francos de Camerún; t & t’: dos dólares de Niue; u & v: cinco dólares de Niue; w: diez dólares de Samoa; x: tres mil francos de Camerún; y: dos mil francos de Camerún.

 

            Uno de los grupos de monedas “frikis” que ha incrementado su producción en el año 2025 es el de las monedas cuya forma reproduce un arma (blanca o de fuego), tal vez debido a la globalizada sensación de conflicto armado que se vive en la actualidad a escala mundial. Algunas de estas monedas reproducen la legendaria espada Excalibur como los dos mil francos de Camerún (Fig. 2d) o los cinco mil francos de la república de Chad (Fig. 2e). Otras armas clásicas están representadas en las moneda de dos mil francos de Camerún con forma de “gladius” romano (Fig. 2h) o de antigua espada china (Fig. 2c), así como en los 5 tala (dólares) de Samoa con forma de albarda china (Fig. 2b) o reproduciendo la famosa espada de Tutankamón (Fig. 5f).

            Dentro de las armas mitológicas encontramos la moneda de diez mil francos de Chad cuyo aspecto simula el legendario tridente de Poseidón (Fig. 2i) o los dos mil francos de Camerún que simulan una daga en cuya empuñadura figura la cabeza de la Medusa Gorgona (Fig. 2g), y aunque no se trata propiamente de un arma, podemos incluir en este grupo la moneda de cinco dólares de Samoa que reproduce el caduceo del dios Hermes, mensajero de los dioses, con dos serpientes entrelazadas y alas en su parte superior (Fig. 2j).

            Respecto a las armas de fuego, encontramos en primer lugar otra moneda de cinco dólares de Samoa que adopta la forma de la antigua pistola de chispa de Jorge Washington (Fig. 2k), mientras otras dos monedas de dos mil francos de Camerún reproducen respectivamente un lanza-cohetes (Fig.2l) o un fusil con mira telescópica (Fig. 2m). En este último caso se han fabricado tres terminaciones diferentes: en dorado (con una tirada de 166 piezas), plateado (300 piezas) o negro (333 piezas), y presentan la singularidad de que vienen dentro de una caja sellada (Fig. 2m’), de forma que el comprador descubre cuál es el modelo adquirido únicamente tras abrir la “caja sorpresa”, añadiendo un “plus” de incertidumbre a la compra realizada de esta moneda.

            Otras dos monedas singulares con valor facial de quinientos francos emitidas a nombre de Camerún son las que adoptan la forma tridimensional de una “hormiga robot” (Fig. 2o), o la que reproduce en una de sus caras un huevo frito (Fig. 2p).

            Para los amantes de las películas de ciencia ficción, dos monedas de cinco dólares de Niue adoptan la forma de naves interestelares, la nave insignia de Darth Vader de “la guerra de las galaxias” (Fig. 2u) y la “USS Voyager” de “Star Trek” (Fig. 2v). Otra moneda de dos dólares de Niue reproduce la controvertida obra del artista italiano Maurizio Cattelan, titulada “Comediant”, consistente en un plátano pegado a la pared con cinta adhesiva, y que alcanzó los 5.200.000 dólares en una subasta el 20 de noviembre del 2024 (Fig. 2q). Se trata pues de una moneda “friki” que reproduce la obra de arte más “friki” de la historia. Pero no todo son irreverentes extravagancias artísticas, también encontramos una moneda de tres mil francos de Camerún que representa la imagen tridimensional de la musa Talia (Fig. 2x).

             Otra serie de monedas originales reproduce de forma tridimensional algunos monumentos históricos, como el Partenón de Atenas en los dos mil francos de Camerún (Fig. 2y), el castillo de Hogwarts de la serie “Harry Potter” en los diez dólares de Samoa (Fig. 2w), el edificio presidencial de La Casa Blanca en Washington (Fig. 3a); o la catedral de San Basilio de Moscú (Fig. 3b) en sendas monedas de tres mil francos de Camerún o el Templo del Cielo al sur de Pekín (Fig. 3c) en una moneda de cinco dólares de Samoa.

            Cuatro monedas de dos dólares de Niue reproducen robots ficticios como el C-3PO (Fig. 3d) y el BD-72 (Fig. 3e) de la popular serie de “La Guerra de las Galaxias”, o los robots “WALL-E y EVE” de la factoría Disney (Fig. 3f). De temática variada encontramos una moneda de cinco dólares de Samoa que adopta la forma de una cinta en VHS de la película “Los Goonies” (Fig. 3i), la de dos dólares de Niue que reproduce la placa que lleva la sonda Pioneer 10 lanzada del dos de marzo del año 1972 y que actualmente viaja por el espacio (Fig. 3i), dos monedas de dos mil francos de Camerún la primera con forma de diente, alusiva al “hada de los dientes” (versión anglosajona de nuestro “ratoncito Pérez”) (Fig. 3h), y la segunda reproduciendo el aspecto de un abanico (Fig. 3j). Otras tres espectaculares monedas son las de cinco dólares de Samoa que presenta el nacimiento de Venus surgiendo de las valvas de una concha perlífera (Fig. 3k) o la que adopta la forma tridimensional de una cobra (Fig. 3p), así como la de diez dólares del mismo país que reproduce en miniatura el cáliz del Santo Grial (Fig. 3o).

            Otras monedas curiosas son la de dos mil francos de Camerún con aspecto de un águila mecánica (Fig. 3n), la de cien francos del mismo país presentando la silueta de la campana de la catedral de Notre Dame de París (Fig. 3l), los cinco dólares de Samoa que adoptan la forma de una primitiva máquina tragaperras (Fig. 3q) y finalmente la moneda de dos dólares de las Islas Salomón con la forma de un coche “24 seven” (Fig. 3m). Una singularidad que presenta esta moneda es que a diferencia de otras emisiones donde aparece el nuevo monarca Carlos III, el retrato que figura en esta emisión es el de Isabel II (Fig. 3m’) fallecida en septiembre del año 2022.

Figura 3.- a & b: Tres mil francos de Camerún; c: cinco dólares de Samoa; d, e & f: dos dólares de Niue; g: cinco dólares de Samoa; h: dos mil francos de Camerún; i: dos dólares de Niue; j: dos mil francos de Camerún; k: cinco dólares de Samoa; l: cien francos de Camerún; m: dos dólares de las Islas Salomón; n: dos mil francos de Camerún; o: diez dólares de Samoa; p & q: cinco dólares de Samoa; r- ad: estatuillas de plata.

 

            Durante el año 2025 vemos un incremento en la producción de pequeñas estatuillas de plata con una variada temática: gladiador romano (Fig. 3r), guerrero vikingo (Fig. 3s), soldado paracaidista (Fig. 3t), Godzilla (Fig. 3v), Bigfoot (Fig. 3v), platillo volante (Fig. 3w), aliens (Figs. 3x & y), astronauta (Fig. 3z), dinosaurios (Figs. aa, ab & ac), animales fantásticos (Figs. ad & ae) o reales (Fig. af), etc... Estas figuritas de plata están fabricadas y distribuidas por las mismas empresas que comercializan muchas de las monedas tridimensionales que tradicionalmente hemos incluido en la categoría de monedas ·frikis”, pero en este caso al no llevar ni valor facial ni autoridad o país emisor no pueden ser consideradas como monedas sino tan solo como curiosos objetos artísticos coleccionables sin relación con la numismática.

            Las monedas reseñadas constituyen tan solo una pequeña parte de todas las emitidas a nombre de diferentes países, y que podrían ser incluidas bajo el epígrafe de monedas singulares, extravagantes o frikis. Determinar cuál debe ser considerada como la moneda más “friki” de 2025 no es tarea sencilla. Para las emisiones realizadas en este año, hemos seleccionado dos monedas que comparten “ex aequo” esta nominación.

Figura 4.- Monedas de quinientos francos de Camerún reproduciendo la figura de una “hormiga robot” (a) y de un huevo frito (b).

 

 

            Se trata de dos monedas de plata con valor facial de quinientos francos CFA emitidas a nombre de Camerún y que adoptan el aspecto de una hormiga robot (Fig. 4a) y de un huevo frito respectivamente (Fig. 4b). En el primer caso, la moneda con un peso de diez gramos de plata, adopta la forma tridimensional de una hormiga mecánica, que lleva en la parte inferior de su abdomen los datos de valor facial, año y país emisor y de la que se han fabricado tan solo 333 ejemplares. En el segundo caso, con una tirada de 777 ejemplares,  la moneda, fabricada por la Casa de Moneda de Polonia con 16,81 gramos de plata, reproduce en una de sus caras la imagen de un huevo frito, figurando en la otra cara el país emisor, junto con su escudo de armas, así como el año y valor facial de la moneda.

Si juntamos ambas monedas, obtenemos una surrealista imagen que podríamos titular “Hormiga robot comiendo un huevo frito” (Fig. 5), digna del mismo Salvador Dalí, y que podría figurar sin complejos en cualquier Museo de Arte Contemporáneo.

Figura 5.- Hormiga robot comiendo un huevo frito.

 

            Con respecto a la procedencia de la selección de monedas “frikis” emitidas durante el año 2025, podemos observar como casi la mitad (un 49,3%) figuran a nombre de Camerún, un 22,4% pertenecen a Niue, un 14,9 a Samoa, un 7,5% a Ghana y el resto a Canadá y las islas Salomón, Pitcairn y Cook. Como también ocurría el pasado año estas monedas “frikis” se reparten por igual entre unos pocos países africanos y varias pequeñas islas/estado del Pacífico.

            Otra cuestión de interés es la relación entre valor y precio de estas monedas de colección, si tomamos por ejemplo una de las finalistas, la que adopta la forma de un huevo frito, tenemos por una parte su valor facial de quinientos francos CFA, equivalentes a 0,76 euros, por otra parte el valor de la plata que contiene la moneda, que es de 17,65 euros, y finalmente el precio de venta al público de 90 euros, y que supone cinco veces el valor de la plata contenida en la moneda y más de cien veces su valor facial.

 

 

 

jueves, 1 de enero de 2026

El dinero del Anillo del Kula.

 

El dinero del Anillo del Kula. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1357) (Enero, 2026): pp. 44-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 


            Actualmente la percepción que tenemos del dinero, ya sea físico o virtual, es el de un conjunto de monedas o billetes, que en nuestro caso oscila entre la diminuta moneda de un céntimo hasta el billete de 500 euros (resulta curioso pensar que un solo billete de 500 euros equivale a 115 Kg de moneditas de un céntimo), y con respecto a sus principales funciones, lo consideramos como unidad de cuenta, medio de pago generalizado y depósito de valor. Además, al pensar en una moneda la imaginamos como un objeto metálico, aplanado y redondo, que lleva acuñado su valor y el nombre de la autoridad emisora.

            Sin embargo entre las denominadas “monedas tradicionales” las definiciones y los usos no son exactamente los mismos. Por una parte estas “monedas” o premonedas pueden ser de muy diversa naturaleza (pueden estar fabricadas con conchas, dientes, plumas, metales, tejidos, sal, etc...) siendo de uso generalizado en algunos casos (como la moneda moderna convencional), pero otras veces presentando una utilización restringida a determinados pagos o compensaciones (dinero de sangre y dinero de la novia), o a intercambios ceremoniales como es el caso de las “monedas” utilizadas todavía en la actualidad en las lejanas islas del Pacífico, en lo que se conoce como el “Anillo del Kula”.

Figura 1.- a: Ubicación de las Islas Tobriand; b: El “anillo del Kula”.

 

            El antropólogo de origen polaco Bronislaw Malinowski, durante su estancia en las islas Tobriand, al oriente de la costa de la isla de Nueva Guinea (Fig. 1a), descubrió un curioso y singular sistema de relaciones comerciales entre los habitantes de esta remota región del planeta: "El comercio Kula consiste en una serie de expediciones periódicas al extranjero, que unen a los varios grupos de islas, y anualmente traen grandes cantidades de vaygu'a y de comercio subsidiario de un distrito a otro. El comercio se utiliza y se agota, pero los vaygu’a –los brazaletes y los collares– dan vueltas y vueltas en el anillo"(1).

            Estos intercambios ceremoniales son realizados por dieciocho comunidades distintas de la región Massim que pueblan las diferentes islas, y cada año los participantes recorren por mar cientos de kilómetros en canoas lujosamente decoradas con conchas, para intercambiar con sus vecinos dos tipos de elementos, los collares denominados “soulava” o “bagi”,  y los brazaletes llamados  mwali”.  Resulta sorprendente que cien años después de que Malinowski describiera pormenorizadamente la ceremonia del Kula en su libro “Los argonautas del Pacífico”, publicado en 1922, hoy en día todavía siga en vigor este original sistema de intercambios (Fig. 2).

Figura 2.- a: La ceremonia del Kula según Malinowski (1922); b: Las monedas del Kula en la actualidad (2024).

 

            Para explicar este “anillo del Kula”, podemos hacer un sencillo esquema (Fig. 3), que comienza cuando un habitante de la isla “A”, recibe un brazalete (“mwali”) de un habitante de la isla “B”, y lo transfiere a otro de la isla “C”, quien a su vez lo trasporta de nuevo a la isla “B”. Simultáneamente, el habitante de la isla “A”, que ha recibido un collar (“soulava”) procedente de la isla “C”, lo entrega a un habitante de la isla “B” quien lo devuelve a otra persona de la isla “C”, completando el ciclo de circulación de estos objetos, los collares (“soulava”) en el sentido de las agujas del reloj, y los brazaletes (“mwali”) en sentido inverso.

Figura 3.- Esquema básico de la circulación de las “monedas” del Kula.

 

            Imaginemos la complejidad del sistema si tenemos en cuenta que estos intercambios se realizan entre decenas de islas (Fig. 1b).  En todas ellas y en todos los poblados un pequeño número de hombres forma parte del mismo, es decir reciben los objetos (collares y brazaletes), los retienen en su poder durante un corto espacio de tiempo y los ponen nuevamente en circulación. Aunque la mayoría de las personas que participan en la ceremonia del Kula tienen tan solo dos socios, uno con quien intercambian “soulava” por “mwali”, y otro con quien realizan el intercambio inverso (Fig. 5b), algunos personajes importantes pueden disponer de varios, lo que les proporciona un elevado status social (Fig. 5c). Hay que tener en cuenta que las personas pueden ser poseedoras de las monedas del Kula (soulavas y mwalis), pero salvo algunas excepciones no son propietarias de las mismas, y tienen la obligación moral de ponerlas en circulación al cabo de cierto tiempo, traspasándolas a sus vecinos de otras islas.

            En definitiva los colgantes y brazaletes, con formas características, pueden compararse en cuanto a su función con las antiguas teseras de hospitalidad hispanas, son instrumentos que vertebran las relaciones sociales entre diferentes comunidades(2), en este caso entre pequeñas islas aisladas y esparcidas por cientos o miles de kilómetros cuadrados de océano.

            Acompañando a los dos elementos principales del Kula, los colgantes (soulava) y brazaletes (mwali), circulan otra serie de elementos secundarios más o menos valiosos, como el caso del “doga”, un collar fabricado con discos rojos de Chama sp. y terminado en un colmillo curvo de cerdo (Fig. 4f y f’), espátulas (“kena”), pequeñas figuras de cerdos talladas en madera, proas de canoas finamente talladas (“sakusaku”), hachas de piedra (“beku” o “kukumali”), discos de conchas rojas (“kaloma” o “koso”) etc...

            Las ceremonias de entrega o recepción de estos objetos vienen acompañadas de intercambios económicos comerciales de distintos tipos de mercancías (pescados, productos vegetales...), y este original sistema ha conseguido integrar desde hace mucho tiempo a distintas comunidades muy alejadas a través de rutas marítimas de cientos o miles de kilómetros, posiblemente herederas relictas de un sistema mucho más extenso que estuvo vigente entre los años 1600 y 500 antes de nuestra Era, el denominado “complejo Lapita”, una cultura se extendió entre Papúa-Nueva Guinea y el archipiélago Bismark hasta Nueva Caledonia y las islas Samoa y Tonga en el Pacífico occidental.


Figura 4.- Monedas del Kula.

Diferentes tipos de Soulava (a, a’, b, b’ y c); Sello postal con una representación de Soulava (a”); Ejemplares de Mwali (d, d’ y e, e’); Sello postal con una representación de Mwali (e”); Doga (f) y su representación en un sello postal (f’).

 

Las monedas del Kula.

El Mwali es un brazalete constituido por un anillo central de concha blanca formada por la parte basal recortada de Conus leopardus, rodeado de varias piezas de Ovula ovulum (Figs. 4d y 4e), mientras que el “Soulava” es un complejo collar  realizado con  conchas de color rojo (Figs. 4a, b y c), elaboradas a partir de las especies Chama croceata o Ch. pacifica.

Mientras los brazaletes circulan de Oeste a Este en sentido opuesto al de las agujas del reloj, los collares lo hacen en sentido contrario (Fig. 1b), y un brazalete nunca puede ser intercambiado por otro brazalete, ni un collar por otro collar. Un brazalete (mwali) será intercambiado en la ceremonia del Kula por un collar de igual valor (soulava), o viceversa.

Una expresión simbólica del Kula es la del matrimonio entre los “mwali”, brazaletes, símbolos femeninos, con los “soulava”, collares, símbolos masculinos que tienden unos hacia los otros. Ocasionalmente estas monedas, sirven también para adquirir bienes, por ejemplo una canoa puede costar cinco “mwalis” o “soulavas”, y con una pieza pueden adquirirse varios cerdos o compensar una muerte.

Figura 5.- a: Exhibición pública de “mwalis” y “soulavas”; b: Habitante de las Tobriand con un “mwali” y un “soulava”; c: Personaje importante mostrando varias “monedas” del Kula.

 

Hasta la primera mitad del siglo veinte, la coloración de los “mwali” y “soulava” dependía fundamentalmente de la variedad cromática de las conchas utilizadas, mientras los ejemplares posteriores llevan incorporadas bolitas de plástico de vistosos colores rojos, azules y amarillos (Figs 4d’ y e’).

Se ha discutido sobre la consideración de los objetos utilizados en el Kula como monedas. En realidad podemos considerar que tanto el “mwali” como el “soulava” constituyen “unidades de cuenta”, pero lo que miden en realidad es el prestigio y reputación personal del donante, así pues pueden considerarse dentro de la categoría de “special purpose money” (dinero para fines especiales) definida por Polanyi (1968), y los objetos utilizados (soulava y mwali), con formas características y bien definidas, como “monedas de uso especial”.

 

 

 

Notas:

(1)  Malinowski, 1920: 105.

(2) Tanto las teseras prerromanas como las “monedas” del Kula constituyen elementos que estructuran las relaciones intraespecíficas humanas, transformando la “hostilidad” en “hospitalidad”, es decir inhibiendo la competencia y propiciando la cooperación, que se traduce en un tejido de relaciones sociales y comerciales (Ibáñez, 2023: 179).

 

Bibliografía:

Campbell, S.F. 1983. Attaining rank: a classification of Kula shell valuables. En: The Kula New Perspectives on Massin Exchange. Cambridge Univ. Press: pp. 229-248.

Damon, F.H., 1980, The Kula and generalised exchange: considering some unconsidered aspects of the elementary structures on kinship. Man, 15(2), pp. 267-292.

Damon, F.H.,  2002, Kula valuables. The Problem of Value and the Production of Names. L’Homme, n° 162: p. 107-136.

Ibáñez, M., 2023, Dinero del mar. Objetos de uso monetario procedentes del medio marino. Colección Miscelánea Numismática n. 3: 218 pp.

Leach, J. & E. (Eds.), 1983, The Kula: new perspectives on Massim exchange. Cambridge Univ. Press: 577 pp.

Malinowski, B., 1920, Kula; the circulating exchange of valuables in the Archipelagoes of Eastern New Guinea. MAN 20, pp. 97-105.

Malinowski, B., (1922) 1986. Los argonautas del Pacífico occidental. Ed. RBA: 515 pp.

Malnic, J., 1998. Kula. Ed. Cowrie Books, Wahroonga Australia: 222 pp.

Polanyi, K. 1968, Primitive, archaic, and modern economies: essays. Ed. G. Dalton. Garden City, N.Y.: Anchor Books: 346 pp.

Weiner, A., 1992, Kula: the paradox of keeping-while-giving. En: Inalienable possessions: the paradox of keepingwhile-giving. Berkeley Univ. Calif. Press., pp. 131-148.