Emisiones ibéricas en plata II: Siglos
II y I antes de nuestra Era. Artículo
publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1362) (Junio, 2026): pp. 46-50.
Miguel Ibáñez Artica
El
año 218 antes de nuestra Era marca el inicio de una nueva etapa numismática en
la Península Ibérica, con el desembarco del ejército romano en Ampurias al
mando del general Cneo Cornelio Escipión Calvo (Fig. 1).
Lo
que en un principio se consideró como una campaña estratégica para cortar el
abastecimiento del ejército cartaginés en su ataque a la Península Itálica, se
transformó en una auténtica invasión militar que en doce años conseguiría la
expulsión de los cartagineses de Hispania, creándose en el 197 a.C. dos nuevas
provincias romanas, la Citerior al norte y la Ulterior al sur, con Tarraco y
Corduba como capitales respectivamente.
Sin embargo Roma tardaría aún dos siglos en completar su dominio total sobre la Península debido a la fuerte resistencia de los pueblos celtíberos del interior. Durante este período de tiempo fue imponiéndose progresivamente el modelo de moneda basado en el denario, unidad básica del sistema monetario romano desde el año 212 a.C., seis años después del desembarco en Ampurias de Cneo Escipión.
Figura
1.- a: Busto
identificado tradicionalmente con Escipión el Africano, sobrino de Cneo
Cornelio Escipión (Museo de Nápoles); b: Monumento funerario
conocido como “Torre de los Escipiones” en Tarragona; c: Shekel cartaginés con
un busto masculino interpretado por algunos autores como el de Escipión el Africano.
Entre finales del siglo III y comienzos del s. II a.C. se
produjo un período de transición, donde algunas ciudades y pueblos ibéricos del
área levantina emitieron moneda, en unos casos como en Saiti (Xátiva), basada
únicamente en el patrón griego del dracma (Fig.
2a, b), en otros casos como en Iltirta (Lleida) y Kese (Tarrragona), se
emitieron al principio monedas siguiendo los modelos metrológicos griegos del dracma
(Fig. 2c), hemidracma (Fig. 2h), óbolo (Fig. 2h) y tritartemorion (Fig.
2d), que se transformaron a comienzos del siglo segundo en denarios (Figs. 2e & i) y quinarios (Figs. 2f & j) siguiendo los nuevos
patrones metrológicos impuestos por Roma, y finalmente hay poblaciones como
Ausesken (Vic. Barcelona) donde la moneda de plata que se acuñó por vez primera
a comienzos del s. II a.C. se hizo ya utilizando el nuevo modelo del denario
romano (Fig. 2k).
La transición entre dracmas y denarios no se produjo
bruscamente, durante algún tiempo los dracmas y sus divisores (´hemidracmas,
óbolos y tritartemorion) convivieron con los nuevos denarios y quinarios
acuñados por las poblaciones ibéricas levantinas, hasta que los tipos
monetarios romanos acabaron por sustituir completamente a la primitiva moneda ibérica
de metrología griega.
Figura
2.- Primeras
emisiones ibéricas.
a & b: Didracma y hemidracma de Saiti
(Xátiva, Valencia, 218-200 a.C.); c & d: Dracma y tritartemorion
de Iltirta (Lleida, 218-206 a.C.); e
& f: Denario y quinario de Iltirta (Lleida, 195-170 a.C.); g &
h: Hemidracma y óbolo de Kese (Tarragona, 218-192 a.C.); i
& j: Denario y quinario de Kese (Tarragona, 195-170 a.C.); k: Denario de Ausesken (Vic, Barcelona,
195-170 a.C.).
Si bien la presencia romana favoreció e impulsó el uso de
la moneda, en un principio, tras la victoria romana sobre los cartagineses, más
de 170.000 kilos de plata en forma de monedas(1) (dracmas
amporitanos y sus imitaciones, monedas púnicas...) que se estima existían en la
Península en esos momentos, fueron llevados como botín de guerra a Roma, desapareciendo del circuito económico
peninsular y provocando una recesión en la cantidad de moneda circulante
durante la primera mitad del siglo II a.C.
En los ciclos de producción monetaria de esta época,
alternaban los períodos de “monedas de paz”, es decir las producidas para
satisfacer las necesidades comerciales habituales de la población, con las
“monedas de guerra”, acuñadas a veces en grandes cantidades para financiar los
gastos de los ejércitos beligerantes (tropas regulares de las legiones,
auxiliares, mercenarios...). Una vez finalizados los conflictos, estas monedas
se incorporaban al circuito económico, y tal como ocurriría siglos después con
los indianos, emigrantes enriquecidos en América que retornaban a sus lugares
de origen construyendo en ellos magníficas casas o palacios con el dinero
obtenido, los mercenarios sobrevivientes, al retornar a sus pueblos de origen
fomentarían el desarrollo urbano de los mismos, financiando también la
construcción de infraestructuras y edificios públicos(2). Sobre este
fenómeno, se superpone una creciente romanización de la sociedad, con el
desarrollo de centros urbanos, vías de comunicación, y el surgimiento de una
nueva población de artesanos y comerciantes que requerían de numerario para
llevar a cabo sus actividades económicas, y que junto con las emisiones
acuñadas para financiar los gastos de la guerra, generarán la eclosión de
monedas de plata autóctonas -y también de cobre-, que se expande a partir de la
segunda mitad del siglo II a.C. por toda la Península.
Figura
3.-
Cronología y principales acontecimientos de los dos siglos anteriores a nuestra
Era en la Península Ibérica.
En un período relativamente corto de unos cien años
comprendidos entre mediados del siglo segundo y la primera mitad del siglo
primero antes de nuestra Era, se produjeron la mayor parte de las monedas
ibéricas acuñadas en la Península (Fig. 3).
En total son veintiuna las cecas que emitieron denarios
de plata siguiendo los patrones metrológicos romanos pero manteniendo una
iconografía indígena, tanto en anversos como en reversos, así como leyendas con
caracteres ibéricos. Las cecas de Iltirta (Lleida), Kese (Tarragona), Sesars (provincia
de Huesca?) y Turiasu (Tarazona) acuñaron también quinarios de plata con valor
de medio denario (Fig. 4).
Los hechos más destacables acaecidos en la Península en
este período y que motivaron una intensa producción de moneda de plata, fueron
por una parte las Guerras celtíberas y lusitanas del siglo II a.C. (181-179;
154-152, 143-133 a.C.) que finalizaron con el asedio y destrucción de Numancia
en el año 133 a.C., y la Guerra Sertoriana del siglo I a.C. (82-72 a.C.) que
finalizó con la muerte del general romano Sertorio.
Ambos conflictos resultan completamente distintos en
cuanto a los bandos que participaron. En el primer caso se trató de un
enfrentamiento entre Roma y un conjunto de pueblos indígenas que se oponían a
la supremacía romana, mientras que la Guerra Sertoriana fue un conflicto
interno entre dos generales romanos, Sertorio y Pompeyo. Sin embargo tanto la
guerra celtíbera como la sertoriana tienen elementos comunes, en ambas
contiendas intervinieron numerosos pueblos ibéricos como tropas auxiliares en los
distintos bandos en conflicto, y dichas tropas fueron remuneradas con los
abundantes denarios acuñados para financiar la guerra.
Figura
4.- Cecas
Ibéricas que emitieron denarios.
Con respecto a la iconografía de los
denarios ibéricos existe una cierta homogeneidad en las imágenes representadas,
un busto viril, unas veces barbado y otras imberbe, mirando a la derecha en el
anverso, y en el reverso un jinete.
Es en la actitud del jinete y en los
elementos que le acompañan donde encontramos unas trascendentales diferencias.
Por una parte en la zona levantina (Fig.
5a) vemos al jinete en actitud victoriosa, con túnica ondeando al viento y portando
una palma apoyada en el hombro (Ausesken, Kelse, Iltirta, Kese, Sekaisa). En la
zona meridional, (en la ceca de Ikalesken, en la provincia de Cuenca), el
jinete con dos caballos lleva un escudo, y a diferencia del resto de emisiones
ibéricas mira a la izquierda (Fig. 5b).
En las restantes emisiones ubicadas
hacia el interior, el jinete adopta unas características bélicas, generalmente
embistiendo con una lanza, y a veces provisto de casco (Arekorata, Arsakoson,
Belikion, Bolskan, Kontebria Karbika, Oilaunu, Sesars y Turiasu), o incluso de
una armadura completa y con un casco provisto de un gran penacho como en las
cecas de Kolounioku y Sekobirikes (Fig.
2c). En la zona septentrional, en el territorio de vascones y berones, el
jinete porta un arma corta, una espada en las cecas de Baskunes y Bentian, y
una especie de dardo –interpretado como un hacha de guerra bipennis-, en la
ceca de Arsaos (Fig. 2d).
La actitud combativa y beligerante del
jinete ilustra bien las conflictivas circunstancias en las que se emitieron
estas monedas, acuñadas en su mayoría como “monedas de guerra” para financiar
el pago de las tropas indígenas auxiliares.
Figura
5.-
Diferentes tipos de jinetes representados en los reversos de los denarios
ibéricos.
a: Jinete con palma; b:
Jinete con escudo y dos caballos; c: Jinete lancero; d:
Jinete provisto de arma corta.
Estos denarios serían acuñados unas veces en las
localidades que figuran con caracteres ibéricos en el reverso de las monedas,
pero en ocasiones las emisiones se realizarían en cecas volantes que
acompañarían en sus desplazamientos a los ejércitos en contienda. Teniendo en
cuenta que las campañas eran estacionales y que en algunos casos las legiones y
sus contingentes auxiliares indígenas debían pasar varios meses acantonados en
los cuarteles de invierno, alguno de ellos convertido posteriormente en ciudad,
como ocurrió con Pompaelo (Pamplona), resultado del campamento de invierno del
ejército de Pompeyo en el año 74 a.C., resulta factible que en estas cecas
volantes se emitieran varios tipos de monedas distintas, para remunerar en cada
caso a las diferentes tribus de mercenarios auxiliares según su procedencia(3).
Otra valiosa fuente de información nos la proporcionan los
numerosos tesoros de denarios ibéricos aparecidos en la Península(4).
Los ocultamientos de monedas suelen estar correlacionados con los períodos de
inestabilidad social, y en este caso resultan significativos los datos que nos
ofrecen los tesoros ocultados durante la guerra sertoriana y que proceden del
bando pompeyano. Si analizamos la composición de siete de los más importantes
(tesoros de Uástegi, Larrabezúa, Barcus en la zona septentrional y Alagón,
Borja, Tarazona y Nájera en la meridional) encontramos los siguientes
porcentajes de las diferentes cecas representadas:
Turiasu 51,7%
Sekobirikes 27,9%
Baskunes 11,6%
Arekorata 4,2%
Arsaos 4,1%
Bentian 0,3%
Bolskan 0,2%
Vemos que las cecas de Turiasu, Sekobirikes y Baskunes
son las mejor representadas con más del 90% de las más de dos mil denarios que
suponen el conjunto de estos tesoros (Fig.
6), mientras que las de Arekorata, Arsaos, Bentian y Bolskan suman menos del
10% restante. Podría deducirse de estos datos que las principales procedencias
de los aliados de Pompeyo serían los lusones de Turiasu (Tarazona, Zaragoza),
los arévacos de Sekobirikes (Pinilla
Trasmonte, Burgos) y Arekorata (Muro de Ágreda, Soria), y los vascones de
Baskunes, Bentian, (Navarra) y Arsaos (Aragón en la frontera con Navarra).
Llama
la atención la escasez de monedas de Bolskan en estos hallazgos, teniendo en
cuenta que es la ceca que acuñó más cantidad de denarios ibéricos. Las monedas
de esta ceca suelen aparecer en tesoros sin mezcla, como el de Quintana Redonda
(Soria) donde se contabilizaron más de un millar de denarios de Bolskan, o el
tesoro de Burgo del Ebro con 400 denarios. Podemos suponer que dado que Bolskan
(Huesca) era la capital de Sertorio, los denarios acuñados en dicho lugar pudieron
servir para remunerar a su ejército. También en este caso muchos de estos
muchos de ellos se acuñarían en las cecas volantes que acompañarían al ejércitos
sertoriano, tal como queda patente con la aparición cerca de la antigua Bilbilis, de un patriz en positivo
para fabricar cuños de reverso de denarios de Bolskan.
Figura
6.- Tesoros
de la Guerra Sertoriana(5).
En ocasiones resulta difícil establecer una cronología
precisa para los diferentes tipos de denarios ibéricos. Comentaremos brevemente
el ejemplo de los denarios de Bolskan (Husca), que comenzaron a fabricarse en
algún momento anterior al año 133 a.C. como queda acreditado por la aparición
de un ejemplar en las excavaciones del campamento romano que asedió la ciudad
de Numancia (Fig. 7a). Los tesoros de
Granada con 233 denarios de Bolskan (el 79% de las monedas) y Córdoba con 23
(el 30% de las monedas ibéricas del hallazgo) se estima que fueron ocultados
entre los años 105 y 100 a.C. por la fecha de los denarios romanos que
aparecieron en dichos tesoros, mientras que los tesoros de Azaila y Palenzuela parecen
corresponder a una fase inmediatamente posterior a la guerra sertoriana. A
dicho período (82-72 a.C.) corresponden muchas ocultaciones de denarios, los
“sertorianos” con presencia de monedas de Bolskan e Ikalkusken, en ocasiones
denarios republicanos, y en menor medida otras cecas. Los tesoros que podemos
definir como “pompeyanos”, como señalamos anteriormente presentan
mayoritariamente monedas de Turiasu, Sekobirikes y Baskunes.
Las monedas del tesoro de Palenzuela, donde se
hallaron 2.628 denarios ibéricos y 14 republicanos, ocultados hacia el años 74
a.C., permitieron establecer un punto de referencia, diferenciando las
emisiones pre-Palenzuela y Palenzuela. Con posterioridad, en algún momento
cercano al final de las emisiones ibéricas, la letra silábica “Bo” de la
leyenda se simplificó, transformándose en una letra ibérica “o”, de forma que
aparentemente el nombre de la ceca se convirtió en Olscan (Fig. 7f). Hace algunos años tuvimos la ocasión de estudiar el hallazgo
fortuito de tres denarios, que aparecieron juntos en una huerta a seis
kilómetros de Guadalajara en los años sesenta del siglo veinte(6),
dos de las monedas son denarios de Bolscan donde el alógrafo “Bo” ya ha
degenerado hacia un aspecto de vocal “o”, tanto en el reverso como en el
anverso (Figs. 7d y d’), el tercer denario nos da la pista
cronológica, se trata de una emisión de Marcius Philippus donde aparece en el
anverso la leyenda ANCVS y el busto diademado de Ancus Marcius, cuarto rey de
Roma, de quien descendía la gens Marcia. El reverso muestra una estatua ecuestre
sobre un acueducto, conmemorando la construcción de “Aqua Marcia”, importante
obra de ingeniería hidráulica para el
abastecimiento de Roma (Fig. 7e).
Esta emisión data de los años 57-56 a.C., lo que nos da una fecha de cuando
pudo modificarse el nombre de la ceca de Bolscan, unos doce años antes de la
batalla de Munda. La rareza de las piezas con la inicial de la leyenda
transformada nos indica que la producción monetaria debió descender
notablemente tras finalizar la guerra sertoriana.
Figura
7.- Denarios
de la ceca de BOLSKAN.
a: Moneda hallada en el campamento
romano que rodeaba Numancia, anterior al 133 a.C.; b: Emisión de 140-100
a.C.; c: : Emisión de 100-72 a.C.; d y d’: Emisiones tardías del
tesorillo de Guadalajara; e: Denario romano de Marcius Philippus del año 57-56 a.C. aparecido en el tesorillo de
Guadalajara; f: Transformación de la silábica “Bo” en la vocal “O”; g:
Denario acuñado en Osca (Huesca) por el procónsul Domitius Calvinus el año 39 a.C.
El año 39 a.C. fue nombrado gobernador de Hispania
Gneo Domitius Calvinus, quien emitió denarios conmemorando su victoria sobre
los pueblos ceretanos (Fig. 7g).
Estas monedas mantienen intacto el busto barbado del anverso, detrás del cual
aparece el nombre latinizado de la ceca “Osca”, mientras el reverso copia los
motivos de un denario de César, los instrumentos sacerdotales:
secur, aspergillo, secespita y apex.
Notas:
(1)
Estos datos implican que se pudieron llevar a Roma más de treinta millones de
monedas de plata.
(2)
Se estima que entre los siglos II y I a.C. existían en lo que viene a
denominarse como Celtiberia entre quince y cincuenta mil indígenas cuya principal
ocupación era la de combatir como tropas
auxiliares de los ejércitos en contienda.
(3) Esto podría explicar la existencia de algunas
raras emisiones híbridas, con anverso de Arsaos y reverso de Baskunes: https://monedaiberica.org/v2/type/19746,
o la aparición de un cuño de Turiasu hallado en la zona de Pau (Francia).
(4) Las relaciones más completas y
actualizadas sobre los tesoros de moneda ibérica hallados en la Península
pueden consultarse en las páginas:
https://monedaiberica.org/v2/hoards
https://denariosibericos.com/tesorillos/
(5)
Ibáñez, M. (2013). Imágenes de la charla-taller sobre las cecas vasconas y la
moneda romana impartida el 12 de julio del 2013 en Gordailua (Centro de
Patrimonio Cultural Mueble de Gipuzkoa), Irún: https://numisarchives.blogspot.com/2014/11/imagenes-de-la-charla-taller-sobre-las.html
(6)
Ibáñez, M., (2011). El final de las acuñaciones de moneda ibérica. Eco Filatélico y Numismático 67
(1200): pp. 42-43.



















