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jueves, 15 de septiembre de 2016

Falsificaciones legales de moneda: las emisiones francesas de Carlos II de Navarra.

Falsificaciones legales de moneda: las emisiones francesas de Carlos II de Navarra. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 61(1131) (Junio, 2005): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.


            El monarca navarro Carlos II “el Malo”, realizó varias emisiones en sus territorios de Normandía (condado de Evreux) imitando siempre los modelos que aparecían en las monedas reales francesas. La estrategia utilizada era la de fabricar monedas muy parecidas, pero con menor ley (tanto en las emisiones de oro como en las de plata), de forma que al intercambiarlas por las originales se obtenían buenos beneficios. Aunque en estas copias las leyendas que figuran hacen alusión al monarca navarro, el aspecto general de la moneda corresponde al de la pieza original francesa, a la que imita incluso al utilizar las abreviaturas, de forma que para una población en su mayor parte analfabeta, diferenciar las monedas acuñadas por Carlos II de las originales era una tarea difícil. De hecho, la mayor parte de estas copias han sido halladas en tesorillos de monedas de oro o plata, mezcladas con las piezas reales francesas a las que imitan.

            Entre los años 1351 y 1360 Carlos II fabricó numerosas imitaciones, conservando las imágenes originales de las monedas reales pero con leyendas alusivas al rey de Navarra. Paradójicamente, en las monedas emitidas en sus territorios de Normandía, no figura nunca su titulación como conde de Evreux, apareciendo únicamente como rey de Navarra. Será más tarde, cuando tras haber perdido sus posesiones en Francia, la moneda acuñada en Navarra (coronas de plata o parpallolas) presente su doble titulación de rey de Navarra y conde de Evreux. Este hecho pudo deberse a la intención que tenía en esos momentos Carlos II en recuperar sus posesiones francesas, actividad que inició en la primavera de 1378.

Se conocen dos emisiones del escudo de oro que imita la moneda real francesa acuñada por orden del 22 de septiembre de 1351, en una de ellas figura la leyenda “Navarre” y en la otra “Navarra”, se fabricaron entre esta fecha y 1355, cuando el escudo fue sustituido por el “mouton”. Unos años más tarde se acuñaron al menos otras dos variantes de reales de oro imitando la segunda emisión francesa del 15 de abril de 1359; en la primera aparece la leyenda “Krolvs” y en la segunda “K’olvs”. Estas monedas se hicieron entre abril de 1359 y diciembre de 1360 cuando el real fue sustituido por el “franco a caballo”.


Figura 1.- a: Escudo de oro de Carlos II de Navarra; b: Prototipo francés de Juan II; c.- Real de oro de Carlos II “el Malo”; d.- Prototipo francés de Juan II.

            Con respecto a las monedas de plata, encontramos varias imitaciones, el grueso con tres flores de lis (Figura 2a) que copia la moneda francesa acuñada entre junio y octubre de 1359, el grueso con estrella (Figura 2b), similar a las emisiones reales realizadas entre noviembre de 1359 y marzo de 1560, el grueso tornés flordelisado (Figura 2c) que copia la moneda real acuñada entre marzo y mayo de 1360, el grueso con corona (Figura 2d), inspirado en las fabricadas en Francia entre agosto y octubre de 1360 y el grueso blanco con flores de lis (Figura 2e) acuñado entre el 5 de diciembre de 1360 y el 14 de abril de 1361.


Figura 2.- Imitaciones francesas de Carlos II “el Malo”: a.- Grueso con tres lises, imitación de la emisión francesa de 1359 (a’); b.- Grueso de estrella, imitación de las emisiones francesas  de 1359-1360 (b’); c.- Grueso blanco de castillo flordelisado, imitación de la emisión francesa de 1360 (c’, c”); d.- Grueso banco con corona, imitación de la emisión francesa de 1360 (d’); e.- Grueso banco con flores de lis, imitación de las emisiones francesas  de 1360-1361 (e’); f.- Dinero parisino, imitación de las emisiones francesas  de 1343, 1355 y 1365 (f’); g.- Doble dinero parisino falso, recubierto de estaño.
Imitaciones francesas de Felipe de Longueville: h.- Grueso “con cola”, imitación de las emisiones francesas de 1355-56 (h’); i.- Blanca de castillo flordelisado, imitación de la emisión francesa de 1356.

            Además de estas imitaciones, se conocen otras dos a nombre de Felipe de Longueville, hermano de Carlos II, una blanca de castillo flordelisado (Figura 2i) que copia la moneda real emitida en enero de 1356 y un grueso “à la queue” (Figura 2h) inspirado en los acuñados entre 1348 y 1355. Estas monedas debieron fabricarse durante la estancia de Carlos II en prisión, entre abril de 1356 y noviembre de 1357, cuando su hermano Felipe se hizo cargo del gobierno de Evreux.

Por último encontramos imitaciones de moneda negra, es decir de poco valor como el dinero (Figura 2f) o el doble dinero parisino (Figura 2g), en este último caso se trata de una moneda doblemente falsa, por un lado, como las anteriormente reseñadas, copia servilmente los tipos de la moneda real francesa, pero además se trata de una falsificación en toda regla ya que está formada de un alma de cobre (un 97,5% de cobre, un 3,51% de estaño y un 0.78% de plomo), recubierta de dos finas láminas de estaño y sin ningún contenido en plata. Queda la duda de si esta moneda fue acuñada por orden del monarca o bien por alguno de sus seguidores, en unos turbulentos años donde el monarca navarro estuvo muy cerca de alzarse en el trono de Francia.

            Llama la atención la celeridad con que la ceca del monarca navarro en Evreux respondía a los cambios acaecidos en la moneda del rey de Francia. En esta época, sumido en la “guerra de los cien años”, el monarca galo necesitaba continuamente recursos, y una de las formas de obtenerlos era precisamente emitiendo nueva moneda con menor contenido en plata. Así, entre 1337 y 1360 se produjeron en Francia hasta 20 tipos diferentes de moneda, reduciéndose el contenido de metal precioso cada pocos meses (a veces semanas), de forma que con cada nueva emisión, se recogían las antiguas monedas en circulación y con ellas se fabricaba una cantidad mayor de piezas, simplemente añadiendo cobre. Además de esto en los territorios vecinos (Bretaña y Normandía) se fabricaban imitaciones de estas monedas todavía de peor calidad. Si bien estas copias estaban prohibidas en Francia, poco podía hacerse en la situación conflictiva en la que unas veces el rey navarro establecía alianzas con Inglaterra y en otras ayudaba a Francia. De hecho Juan II obtuvo una bula papal de excomunión contra los falsificadores de moneda y ordenó publicarla en septiembre de 1361, haciendo alusión expresa al caso de las monedas fabricadas en Normandía. Tras la incorporación de esta zona a la corona de Francia, continuó siendo la región con mayor número de falsificadores de moneda de todo el reino hasta bien avanzado el s. XV.


Bibliografía:

Ibáñez, M. (1995/6). Catálogo Numismático de Navarra II: Monetario del Museo de Navarra, Museo Arqueológico Nacional, Gabinete de Monedas y Medallas de París, Gabinete Numismático de Cataluña, Museo de la Casa de la Moneda, American Numismatic Society y colección Bergua. Carlos II (1349-1387). Trabajos de Arqueología Navarra 12: 175-234.

Moesgaard, J.C. (1999). Les émissions monétaires de Charles dit le Mauvais à Évreux (1351/56-1361). Revue Numismatique 6(154): pp. 231-265.



jueves, 1 de septiembre de 2016

Falsificaciones legales de moneda: las emisiones navarras de Carlos II “el Malo”.

Falsificaciones legales de moneda: las emisiones navarras de Carlos II “el Malo”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 61(1130) (Mayo, 2005): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.

En ocasiones, han sido precisamente los monarcas los que han cometido adulteraciones en sus propias monedas, con el fin de obtener beneficios en situaciones críticas como períodos de guerras o invasiones. Las denominadas  “monedas de necesidad” con menor calidad, pero igual valor nominal, dejaban unos sustanciales beneficios a la corona a cambio de provocar inflación e inestabilidad económica entre la población del reino.
Estas crisis monetarias se remontan a los primeros tiempos de las acuñaciones de los reinos hispanos, así por ejemplo desde las primeras emisiones de Sancho V Ramírez de Pamplona y Aragón, hasta las últimas de su hijo Pedro I “el Batallador”, la moneda se depreció (en contenido en plata y peso) un 77%, en tan sólo treinta años.
La fórmula de rebajar el contenido en plata de la moneda como medio de conseguir recursos en momentos difíciles era bien conocido en la Edad Media.  El tesorero de Navarra Guillermo Le Soterel redactó en 1340(1) un informe en el que se establecían los tipos monetarios que eran necesario para satisfacer las necesidades económicas del reino. Definía tres tipos principales, una moneda fuerte para aquellos que viven de las rentas, una moneda mediana, necesaria para el comercio y la burguesía y una tercera moneda débil o menuda para los que “viven del trabajo de su cuerpo”, es decir agricultores y asalariados. A estos tres tipos monetarios, Le Soterel, añade un cuarto: el que emiten los señores cuando están en guerra que pueden acuñar moneda tan débil como quieran, con el fin de poder pagar a las tropas, pero advirtiendo que al finalizar la guerra, la moneda deberá recuperar su calidad.


Figura 1.- Informe de Paulo Girardi sobre los tipos monetarios necesarios para el Reino (1340). (AGN caj. 24, nº 38 II).

Una década más tarde, bajo el reinado de Carlos II “el Malo”, se pondrá en práctica de forma continua, tanto en los territorios de Normandía dependientes del monarca navarro, como en el propio reino de Navarra, la bajada continua de la ley de la moneda con el fin de incrementar los beneficios de la corona (en lo que se denominaba “el provecho de la moneda”).
En Navarra, hacia 1350 el florín de oro había remplazado al escudo francés, que hasta esas fechas era la principal moneda fuerte utilizada. Al principio circuló el florín de Florencia que progresivamente fue sustituido por el de Aragón. Hacia 1356 Carlos II mandó fabricar florines de oro imitando los tipos florentinos y aragoneses, y según la documentación conservada (A.G.N., Caj. 13, n. 190) uno de estos florines navarros valía dos florines de Florencia o 17 libras de carlines prietos.


Figura 2.- a: Florín de oro de Florencia; b: Florín “falso” o de baja ley, acuñado en Pamplona por Carlos II “el Malo”; c: Florín falso de Florencia en cobre sobredorado.

El florín de Florencia era una prestigiosa moneda de oro puro (24 kilates) y 3,5 gramos de peso, que comenzó a acuñarse a mediados del s. XIII, convirtiéndose en la unidad monetaria por excelencia de toda la Europa medieval. Aprovechando esta circunstancia muchos reinos y señoríos acuñaron imitaciones o “adaptaciones” del florín. En un interesante documento sobre las monedas que circularon en el Principado de Cataluña, atribuido al cronista y archivero Pedro Miguel Carbonell (1434-1517), encontramos una valiosa referencia sobre los florines navarros de Carlos II, catalogados en el apartado de florines falsos (Conaxença de florins falsos): “flori Darago appellat de Navarra se coneix que de la part de la flor de lys diu Navarra ita dices é son axi mateix dits contrafets, val VIII sol.” Es decir que a pesar de los deseos del monarca navarro de que su florín valiese el doble del florentino, en realidad su cotización real era de tan sólo la mitad. Este es un claro ejemplo de las divergencias entre el poder político que emite la moneda, que lógicamente la define como “moneda legal” u “oficial” y el sistema económico que al final es quien decide considerarla como “moneda falsa”.

Figura 3.- Saint Palais y detalle de la “calle de la Moneda”, lugar donde se ubicó la ceca hasta tiempos modernos.

Algo similar ocurrió con el resto de las monedas, en 1351 la ceca de San Palais había comenzado a acuñar dineros torneses a nombre de Carlos II de Navarra, imitando los modelos franceses, llegándose a prohibir en 1352 la circulación de moneda de vellón extranjera, pero la calidad de la nueva moneda fabricada era tan mala, que en 1353 la documentación señala que “la moneda del dicto Seynnor Rey no ha corso fuera del dicto Reyno”, es decir las imitaciones de los dineros torneses que acuñó Carlos II con la denominación de “dineros carlines” eran tan malas, que no se admitían en otros lugares fuera de la propia Navarra. La progresiva degeneración de este tipo monetario queda patente si comparamos su equivalencia con el florín a comienzos del reinado, cuando valía doce sueldos de dineros carlines, mientras que en 1386 se cotizaba a 40 sueldos. 

Otra “adaptación” navarra fue la “corona” que imita fielmente a la “parpallola” emitida desde 1337 en el condado de Provenza. En 1377 se acuñan con valor de un sueldo (12 dineros) cada pieza, pero también esta moneda sufrirá una importante devaluación, bajando desde un 78,75% de contenido en plata en las primeras emisiones a solamente un 30% en las últimas.


Figura 2.- a: Grueso tornés navarro de Carlos II “el Malo”; b: Grueso tornés de Carlos IV de Francia y I de Navarra, emisión de febrero de 1322; c: Dinero tornés de Carlos II de Navarra; d: Dinero tornés de Felipe IV de Francia (1285-1314); e: “Parpallola” navarra de Carlos II; f: Sueldo coronado provenzal de Roberto de Anjou (1309-1343).

            También Carlos II acuña en Navarra gruesos torneses, imitando al principio los modelos franceses, pero los más abundantes son los emitidos a partir de 1380 en San Juan de Pie de Puerto, que sustituyen el típico esquema del castillo tornés por un busto frontal inspirado en las acuñaciones inglesas. De nuevo asistiremos a una caída en picado de la ley de la moneda que comienza con un 83,3% en plata para terminar con un 50% en 1386. El mismo monarca es consciente del quebranto producido en la moneda y en la orden de acuñación, se menciona el escándalo producido y la vergüenza que pasa el propio rey obligado a realizar tales emisiones. Gracias a esta devaluación, Carlos II obtenía en año y medio la nada despreciable cantidad de 30.000 libras de beneficios.


Figura 5.- Los gruesos de busto (a), emitidos en forma masiva durante  los últimos años del reinado de Carlos II de Navarra, resultan unas imitaciones híbridas, que copian los anversos de los gruesos torneses de Francia (a) y en su reverso, los anversos de los “croats” ingleses (b)


(1) Comptos Caj. 24, nº 38, I. Actualmente se considera al italiano Paulo Girardi como autor de dicho informe (Mugueta, 2004).

                         

martes, 1 de diciembre de 2015

Los primeros "tokens" y el origen de la escritura.

Los primeros “tokens” y el origen de la escritura. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1138) (Febrero 2006): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.

            El término anglosajón “token” describe cualquier tipo de ficha utilizada con fines contables, monetarios, propagandísticos o de celebración de algún acontecimiento especial (bodas, comuniones, bautizos…). La palabra deriva del vocablo anglo-sajón “tacen” = símbolo o signo, y aunque podría considerarse sinónimo del término francés “jetón” o del español “ficha”, en inglés presenta un significado algo más amplio, de forma que se aplica tanto a objetos monetiformes como a otros de aspecto muy variado, como por ejemplo los “slave tokens” (tokens de esclavos), como suele designarse a las “manillas”, objetos de latón con aspecto de pulsera fabricados en Europa y utilizados como moneda para la compra de esclavos en las costas africanas(1).

            La historia de estas “fichas”, “tokens” o “jetones” resulta particularmente interesante ya que constituyeron los cimientos de lo que más tarde se convertiría en la escritura. Los primeros “tokens” fueron fabricados por el hombre con la finalidad de conservar la información de sus posesiones (aceite, grano o ganado), y surgieron hacia el año 8.000 antes de nuestra Era en la antigua civilización Sumeria. Eran pequeñas fichas o tokens de arcilla de uno a dos centímetros de tamaño, cónicas, cilíndricas, esferas o discos planos, con forma de animales, etc…(Figura 1).


Figura 1.- Diferentes tipos de “tokens” sumerios.

Cada tipo tenía un significado concreto, cada token constituía un ideograma que simbolizaba una determinada mercancía, por ejemplo, un disco con una línea incisa representaba una medida de miel, con dos líneas en forma de cruz, una jarra de aceite, conos y esferas simbolizaban diferentes unidades de cereal, etc…. Estos pequeños objetos tenían una función contable, sirviendo exclusivamente para conservar la información de los bienes acumulados en palacios y templos, y su uso era un instrumento de poder de la élite que controlaba los bienes reales (Schmandt-Besserat, 1992). En una primera fase que coincide con los inicios de la “revolución neolítica” (entre el 8.000 y el 7.500 a.C.) se utilizaron solamente tokens planos y sencillos, mientras algo más tarde, hacia el cuarto milenio antes de nuestra Era, surgieron tokens más complejos coincidiendo con un incipiente desarrollo urbano (Schmandt-Besserat, op. cit.) (2).

            Este primitivo sistema de tokens constituyó un verdadero medio de comunicación, cada elemento constituía un ideograma o singo para representar un concepto o una unidad de mercancías, de hecho constituyen el primer código no verbal inventado por el hombre para transmitir información económica (Schmandt-Besserat, 1999). Un hecho que puede resultar significativo es que en algunos casos, se han encontrado estos tokens en depósitos funerarios del sexto milenio antes de nuestra Era, lo cual parece conferirles un valor simbólico. El difunto era enterrado junto con los símbolos de sus posesiones o con ofrendas simbólicas  (ganado, cereal, aceite…). 

            Los tokens se guardaban dentro de una especie de hucha esférica de arcilla (Figura 2), y el sistema tenía el inconveniente de que cada vez que era necesario realizar una comprobación, era preciso romper el recipiente para contar los tokens contenidos en su interior, por este motivo el primer paso, fue marcar sobre la superficie de estos recipientes las figuras de los tokens contenidos en cada uno de ellos. La operación era muy sencilla y consistía en utilizar los mismos tokens como sellos, dejando en la pared exterior de las vasijas usadas como huchas, la impronta o marca impresa con su forma. Estos recipientes se dejaban secar sin cocer, de forma que podían romperse con facilidad para comprobar su contenido. Pronto se cayó en la cuenta de que este sistema permitía prescindir de los tokens, ya que bastaba con marcar la impronta de los tokens sobre una superficie de arcilla para conservar la misma información que contenían las huchas y de esta forma surgieron los primeros registros escritos.


Figura 2.- Cápsulas (“huchas”) y tokens contenidos en ellas, procedentes de las excavaciones      de la ciudad sumeria de Uruk (Irak).

            En el cuarto milenio antes de nuestra Era, en la ciudad sumeria de Uruk se llegaron a utilizar hasta 250 tipos diferentes de tokens que simbolizaban, además de los productos agrícolas y ganaderos, representaciones de textiles, perfumes, herramientas, vestidos, joyas, mobiliario, etc…

            Se da la circunstancia de que el hombre descubrió antes el cálculo que la escritura, y de hecho la primera forma de escritura cuneiforme se utilizó precisamente para llevar un registro de los tokens que se guardaban en pequeñas huchas de barro, y hacia el año 3.300 antes de nuestra Era, finalmente las pequeñas tablillas de arcilla con unos signos grabados sustituyeron a los tokens utilizados para contar (Figura 3). ¡Había nacido la escritura! Todavía se siguieron utilizando las pequeñas fichas de arcilla durante medio milenio, hasta que fueron definitivamente sustituidas por los registros impresos en tablillas hacia el año 2.700 a.C. Progresivamente la escritura cuneiforme se hizo fonética surgiendo palabras monosilábicas y finalmente la invención del alfabeto hacia el 1.500 a.C. culminó el largo proceso de creación de la escritura tal y como la conocemos.


Figura 3.- Tablillas de arcilla con inscripciones de los tokens, antecedentes inmediatos de la escritura cuneiforme (Irán).

Bibliografía:
Schmandt-Besserat, D., 1992.
Before Writing. Vol. I: From Counting to Cuneiform. Austin Texas. Univ. Press.

Schmandt-Besserat, D., 1999.
Tokens: The cognitive significance. Documenta Praehistorica. Vol. XXVI.

Notas:

(1) Ver artículo sobre “Manillas y calderos utilizados como moneda” en el Eco Numismático y Filatélico de Diciembre del 2004.


(2) Varios milenios más tarde, en la Edad Media, se volvieron a fabricar “jetones” o fichas con aspecto de monedas, cuya función era en este caso la de realizar operaciones aritméticas, colocando estas fichas sobre una tabla de madera provista de unas líneas o cuadrículas. En este caso los jetones representaban o simbolizaban a las monedas.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Monedas de piedra de la isla de Yap

Monedas de piedra de la isla de Yap. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 68(1211) (Octubre 2012): pp. 44-45.
Miguel Ibáñez Artica.

            Aunque el remoto archipiélago de las Carolinas en el Pacífico Sur, fue descubierto en 1526 por el explorador español Álvaro de Saavedra, no fue hasta 1686, cuando Francisco de Lezcano arribó a la isla de Yap, y lo bautizó con el nombre de “Las Carolinas”, en honor al rey Carlos II. Durante más de dos siglos, las islas estuvieron incorporadas, al menos teóricamente, a la corona española, hasta que su conservación no tuvo sentido, tras la derrota contra Estados Unidos y la pérdida de las Islas Filipinas, siendo vendidas a Alemania en 1899 –junto con las Marianas y Palaos- por veinticinco millones de pesetas (Figura 1).


Figura 1.- Publicidad alemana de comienzos del siglo XX y grabado en madera mostrando el proceso de transporte de las piedras.

            Dentro de este archipiélago encontramos la isla de Yap, uno de los cuatro Estados Federados de Micronesia, independiente desde 1985, con una extensión de unos cien kilómetros cuadrados y poco más de seis mil habitantes, que a pesar de su pequeño tamaño es mundialmente famoso por poseer las “monedas” más grandes y pesadas del Planeta (Figura 2).


Figura 2.- Fotografía de 1880 y grabado de la misma época mostrando las piedras-moneda de Yap.

Estos gigantescos discos de piedra, con un orificio central para facilitar su transporte, han constituido un tradicional tipo monetarios utilizado por los habitantes de Yap como símbolo de riqueza, y como moneda importante de uso específico (p. ej. como dote matrimonial, herencia, o para sellar la amistad entre dos grupos vecinos), aunque también, los ejemplares más pequeños se han utilizado como moneda económica para pagar equipos de pesca, canoas, cerdos, fiestas y danzas. Además de estas monedas monumentales, se utilizan monedas-concha fabricadas con madreperlas (yar) o con espóndilos importados (gau). En la actualidad, se sigue empleando el tabaco y los “lava lava”, por parte de los habitantes de las islas cercanas, para adquirir medicinas, arroz y otros alimentos, o al realizar gestiones administrativas en Yap. 

Las grandes monedas de piedra, de hasta 4,5 metros de diámetro conocidas como “rai” o “fei” en Yap, se extraían en la vecina isla de Palau donde recibían el nombre de “balang”, transportandose en frágiles canoas, o posteriormente en embarcaciones comerciales europeas, a distancias de más de 400 Km. Las referencias más antiguas al uso de esta singular moneda datan de los informes del capitán Andrew Cheyne en 1852, personaje que vivió en Palau, comerciando en la zona entre los años 1841 y 1844. En 1871, todavía bajo la dependencia española, el capitán americano David Dean O´Keefe naufragó en Yap(1), y utilizando un antiguo junco chino se dedicó a transportar a los trabajadores de las canteras de Yap a Palau, y las piedras talladas en sentido inverso, cobrando el transporte en copra (pulpa de coco desecada) y holoturias (equinodermos marinos), que enviaba a los puertos asiáticos donde dichos productos tenían gran demanda, obteniendo así pingües beneficios. De esta forma se intensificó la producción y hacia 1880 unas 400 personas de Yap trabajaban “fabricando moneda” en las canteras de Palau. La introducción de herramientas metálicas y la utilización de modernos sistemas de transporte, trajo consigo  una inevitable “depreciación” de la moneda, que dejó de producirse en cantidad a finales del siglo XIX, si bien la última de la que se tiene constancia fue fabricada en 1931 y llevada a Yap el años siguiente, siendo destruida por los japoneses durante la guerra.


Figura 3.- a: Danza ritual a comienzos del s. XX; b: Escena de la película “His Majesty O’Keefe” donde se muestra el proceso de fabricación de las piedras; c: Transporte de las piedras en el festival del año 2011.

De esta forma al comienzo de la segunda Guerra Mundial se contabilizaban 13.281 discos de piedra en Yap, cifra que disminuyó drásticamente en el transcurso de la contienda, quedando reducida a menos de la mitad (unos 6.000) en la actualidad. El valor de dichas “monedas” depende de su tamaño y de los riesgos padecidos en su traslado, así una pieza de menor tamaño puede tener mayor valor si en su transporte falleció alguna persona.

En 1988 se inició un proyecto de investigación de la Universidad de Oregón (USA) en colaboración con las instituciones locales, con el fin de establecer la antigüedad de las canteras de aragonito -mineral de carbonato cálcico-, de Palau de donde se extraían dichas monedas de piedra, y entre 1999 y el 2000 se hallaron 15 discos en diferentes estados de elaboración, asociados a restos cerámicos, conchas y huesos, con una antigüedad de unos 400 años, lo que coincide con las tradiciones orales sobre el momento de introducción de este singular tipo monetario, es decir más de dos siglos antes del contacto efectivo con los occidentales.

            Actualmente, las monedas de piedra constituyen el símbolo nacional de identidad de la Isla, y son un elemento esencial de atractivo turístico. Las mayores que se conservan alcanzan un diámetro de más de cuatro metros superando las cinco toneladas de peso. Todavía cambian de dueño durante algunas transacciones sociales, como herencias o matrimonios, pero aunque su propietario cambie, la piedra se mantiene siempre en el mismo lugar.

Notas:

(1) La aventura del capitán  O´Keefe en la isla de Yap, interpretado por el actor Burt Lancaster, fue llevada al cine en la película “Su majestad de los Mares del Sur” (1958).

Bibliografía:

Fitzpatrik, S.M., 2002. A Radiocarbon Chronology of Yapese Stone Money Quarries in Palau. Micronesica 34(2): pp. 227-242.
Gilliand, C.L.C., 1975. The Stone Money of Yap: A Numismatic Survey. Smithsonian Studies in History and Technology. 23: 75 pp.
Kuwahara S. 1999. Tourism, tradicional culture and autonomy in a small island: Yap faces a new Millennium. Koroshima Univ. Rech. Cent. Pacific Islands. Occ. Pap. 34: pp, 15-24.

Lautz, T., 2004. The Wold’s most curious Money?. 11th Annual Meeting of the Int. Com. Money and Banking Museums ICOMON. Seul: pp. 105-127.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Un jetón de la reina de Aragón Germana de Foix.

Un jetón de la reina de Aragón Germana de Foix. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 70(1230) (Junio 2014): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Denominamos “jetones” a los objetos monetiformes que presentan una finalidad contable y eran utilizados sobre una mesa, para realizar las cuentas aritméticas antes de popularizarse en matemáticas los números arábigos. A comienzos del siglo XVI, en tiempos del emperador Carlos V, estos objetos fueron introducidos en España desde los Países Bajos, castellanizando su nombre francés en el término “gitón”.

            Sin embargo, desde finales del siglo XIII y hasta las postrimerías del XV se habían acuñado numerosos jetones que llevan el escudo de Navarra por influencia francesa. Se considera que los primeros jetones se acuñaron en Francia a comienzos del siglo trece a imitación de los “quarterouli” lombardos. En una primera fase eran anepígrafos, presentando imágenes alusivas a la administración para la que habían sido fabricados: un escudo con dos barras horizontales para la cámara de comptos reales; balanza de dos platos para la cámara de las monedas; una llave para la cámara del tesoro real; un rastrillo para los establos y perreras reales; un ciervo para los servicios de caza, etc… Se reponían semestralmente en juegos de un centenar de piezas, que eran entregados a los diferentes servicios de la casa real. Uno de los primeros jetones conocidos presenta la imagen de un castillo en el reverso, y ha sido atribuido a Blanca de Castilla (1200-1252), esposa de Luis VIII de Francia. 

             A comienzos del siglo catorce surgieron, de forma complementaria, los primeros jetones con leyenda acuñados para las distintas administraciones, y que reproducen los tipos de las monedas de oro o plata más comunes (reales, escudos, “agnels”, gruesos, gruesos...). Aunque los textos que aparecen en las leyendas suelen ser de tipo religioso, frecuentemente despejan cualquier duda sobre la autenticidad de estas piezas como monedas: "jetones de latón, falsos somos como el limón", "soy de latón para ser usado como jetón", "yo soy de latón, no soy de oro fino", “no soy un auténtico agnel de oro”, “soy falso y de mala naturaleza”, etc... (1)  

            Un personaje muy poco conocido en la Historia de España es Germana de Foix (Figura 1), que con 18 años contrajo matrimonio con Fernando II de Aragón el 19 de octubre de 1505, quien a sus 53 años de edad había enviudado hacía menos de un año de Isabel la Católica. El matrimonio se celebró según lo acordado en Blois con Luís XII de Francia, de forma que el monarca galo cedió a su sobrina Germana los derechos dinásticos del reino de Nápoles, concediéndole  también el título de reina de Jerusalén, a cambio de lo cual Fernando se comprometía a nombrar heredero al posible hijo del matrimonio. Este compromiso levantó las iras de los nobles castellanos, que lo vieron como una maniobra de Fernando el Católico para impedir que Felipe el Hermoso y Juana heredasen la Corona de Aragón. La reacción no se hizo esperar y en 1505 Juana acuñó jetones con la leyenda “LA+ROINE+DE+CASTILLE+ DE+LEON+ET+DE+GRANAD”, siendo proclamado un año más tarde Felipe como rey de Castilla en las Cortes de Valladolid con el nombre de Felipe I, retirándose Fernando a sus territorios de Aragón. En ese momento Felipe se proclamó en los jetones como rey de Castilla: “+PHS.DEI-GRA.REX”, con el escudo coronado cuartelado con las armas de Felipe y Juana. En septiembre de 1506 moría prematuramente Felipe el Hermoso, y en 1509 nacía el único hijo de Fernando y Germana, que falleció a las pocas horas, y que de haber sobrevivido hubiera cambiado sustancialmente el curso de la historia.


Figura 1.- Retrato de Germana de Foix.

            En esta época, también Germana mandó acuñar siguiendo la tradición francesa, jetones con sus armas. Este tipo ya fue descrito parcialmente por Feuardent en 1907(2), pero ha permanecido prácticamente desconocido hasta la fecha. Los jetones acuñados (Figura 2) presentan en el anverso la leyenda “POVR LA ROYNE DARRAGON” y su escudo franqueado por las iniciales góticas coronadas “F” (de Fernando) y “G” (de Germana). En el reverso una cruz arqueada rematada por florones, con un rombo inscrito en su interior, y la leyenda “GARDEZ VOVS DE MESCONTER” (Guardaros de cometer errores en los cálculos).


Figura 2.- Jetón de cobre de  Germana de Foix como reina de Aragón (29,5 mm.: 4,7 g.).

            Resalta la espectacularidad del escudo que recoge tanto las posesiones de Fernando (en la parte izquierda): cuartelado de Castilla/León y Aragón/Sicilia, con una granada en la parte inferior, como los de Germana (en la parte derecha): Jerusalén, Navarra y Foix; debajo: Bearne y Evreux, con un escudete sobrepuesto con las armas de Bigorre (Figura 3).


Figura 3.- Escudos de Germana de Foix, como reina consorte de Fernando el Católico y tras su segundo matrimonio. (Fuente : Wikipedia).

            Tras el fallecimiento de Fernando en 1516, se le asignó a la reina viuda una renta anual de cincuenta mil florines de oro, y en 1517 recibió la autorización para acuñar jetones de plata en la ceca del Louvre en París, jetones que por ahora son desconocidos. Ese mismo año conoce a su nietastro Carlos I, y entre ambos se produce una relación algo más que amistosa, de la que es fruto una hija, la infanta Isabel. Tras un corto matrimonio con un noble del séquito personal de Carlos I, contrae por tercera vez esponsales con Fernando de Aragón, duque de Calabria (Figura 3), y ambos son nombrados en 1523 virreyes y lugartenientes generales de Valencia, donde ejercieron un gobierno autoritario. Germana murió en Liria en 1538, siendo enterrada en el Monasterio de San Miguel de los Reyes.

Notas:

(1)Los jetones medievales de Navarra han sido objeto de una reciente publicación del Gobierno de Navarra que puede consultarse en forma gratuita en la página web:
 http://www.navarra.es/NR/rdonlyres/A5B3EB05-A36A-4EFE-AA09-E65757B292C3  /270956/TAN251.pdf 


(2)FEUARDENT, F., 1907, Collection Feuardent; Jetons et méreaux depuis Louis IX jusqu’à la fin du consulat de Bonaparte (2º vol.)

martes, 1 de septiembre de 2015

La "Diosa de las Alcantarillas" en las monedas de la Antigua Roma.

La “Diosa de las Alcantarillas” en las monedas de la Antigua Roma. Artículo publicado en: Eco Filatélico y
Numismático 70(1229) (Mayo 2014): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.




Una de las representaciones monetales más curiosas de la numismática romana, la encontramos en un denario que muestra en su reverso un pequeño templo circular dedicado a la diosa “Cloacina”, palabra que figura escrita en la base del monumento (Figura 1). Corresponde a una serie de emisiones que con el mismo reverso y diferentes anversos realizó durante el segundo Triunvirato, el magistrado monetario Lucius Mussidius Longus en el año 42 antes de nuestra Era. Esta moneda está dedicada a “Venus Cloacina”, diosa de las cloacas y alcantarillas.


Figura 1.- Denario romano de L. Mussidius Longus, acuñado en Roma el año 42 a.C.

Ante tan curiosa y extravagante deidad, tal vez más de uno puede pensar como Obelix “¡están locos estos romanos!”, ya que actualmente los términos de cloaca o alcantarilla nos evocan conceptos de suciedad e inmundicia (Figura 2). Sin embargo, una de las principales obras públicas que posibilitó el crecimiento y desarrollo de la ciudad de Roma, fue la construcción de la “Cloaca Maxima”, complejo sistema de canalizaciones, inicialmente diseñado por los etruscos para drenar la zona pantanosa del Tiber, donde durante varios siglos se asentaría la capital del mundo civilizado. La ciudad de Roma llegó a albergar un millón de habitantes en tiempos del emperador Augusto, y un número tan grande de personas viviendo en un espacio tan reducido, sería impensable sin la existencia de un sofisticado sistema de alcantarillado público, capaz de garantizar la salubridad de la ciudad, y la adecuada evacuación de las aguas residuales generadas diariamente por una población tan numerosa y concentrada.


Figura 2.- Antiguas alcantarillas romanas.

Desde esta perspectiva, era lógico que dentro de la religión romana, existiera una deidad encargada del mantenimiento de las cloacas y de la salubridad de la ciudad, y esta diosa era Venus Cloacina,  la “Diosa de las Alcantarillas” asociada a la limpieza, y venerada el día primero de abril con un ritual en el que las mujeres se bañaban en agua de mirto en el templo que la diosa tenía en el Foro (Figura 3).


Figura 3.- Baño ritual.

No es esta la única deidad escatológica, y aunque también existe un personaje mitológico llamado “Caca”, hermana de Caco, hijo de Vulcano que robó el ganado de Hércules, en este caso, el nombre de esta diosa del fuego no tiene que ver con el significado de la palabra “caca” en español. Por el contrario, entre los dioses venerados en la antigua Roma, encontramos otro curioso personaje, “Esterculinus” (literalmente estiércol), es decir el dios de los excrementos, considerado como el dios de la fertilización de los campos, y venerado especialmente por los agricultores, que utilizaban el estiércol del ganado para abonar los campos. Existe una especie de hongo que ha recibido su nombre: Coprinus sterquilinus, debido a que esta seta crece exclusivamente sobre los excrementos del ganado. Este hongo cosmopolita es muy similar al “mataparientes” (Coprinus atramentarius), de tamaño un poco más grande y que suele encontrarse en zonas húmedas. Por cierto, el nombre de “mataparientes” tiene una curiosa explicación, estos hongos poseen una sustancia denominada “coprina”, que en principio es inofensiva, salvo que se consuma con alcohol, en cuyo caso y dependiendo de la cantidad de alcohol ingerida y de la resistencia de la persona, puede tener efectos muy graves.

Por este motivo, en el ámbito rural circula la leyenda de que cuando uno se quiere deshacer de un pariente molesto, le invita a comer estas setas y hace que su invitado consuma gran cantidad de vino, mientras el anfitrión, con cualquier pretexto, se abstiene de beber. Ambas personas han comido la misma cantidad de hongos, pero sus efectos perniciosos se manifestarán solamente en el que ha ingerido alcohol, y de esta forma se evitan las sospechas y se consigue el “crimen perfecto”. Como señalamos, estas creencias no pasan de ser simplemente una “leyenda rural” y los efectos nocivos del hongo, en el peor de los casos no suelen ser mortales. Sin embargo la observación de este fenómeno ha dado lugar a la singular denominación que recibe este hongo de “mataparientes”.


Figura 4.- El hongo Coprinus sterquilinus creciendo sobre excrementos.

Retomando el motivo de este artículo dedicado a Venus Cloacina, la diosa de las alcantarillas, durante las excavaciones realizadas entre los años 1899 y 1901 en el foro romano, se descubrió la base de un pequeño santuario de planta circular con un diámetro de 2,4 metros, y construido con mármol travertino (Figura 5), que fue identificado como el monumento de Cloacina que aparece en las monedas. En éstas se aprecia que en su parte superior disponía de una balaustrada metálica y en el centro dos estatuas femeninas de pie, posiblemente una de la diosa y la otra de una mujer con una rama en una mano en actitud de saludo. En este caso, a través de la numismática, nos es posible reconstruir con bastante precisión el aspecto que tenía este monumento hace más de dos milenios, y del que actualmente solamente se conserva su base.


Figura 5.- Base del santuario dedicado a Venus Cloacina en el Foro romano.

Bibliografía: Edlund-Berry, I., 2006. Hot, cold, or smelly: the power of sacred water in Roman religion, 400-100 BCE. En : Religion in Republic Italy. Cambridge ed.: 162-180.


domingo, 8 de marzo de 2015

El "Nununiga", una moneda exclusiva de las mujeres.

El “Nununiga”, una moneda exclusiva de las mujeres.
Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 65(1172) (Marzo 2009): pp. 42-43.

Miguel Ibáñez Artica

            Cuando en junio de 1971 la antropóloga Annette Weiner visitó por vez primera Kiriwina, la principal población de las Islas Trobriand al oeste de Papúa-Nueva Guinea, las mujeres le comentaron que los manojos de hojas de banano, denominados “Nununiga”, constituían su propia moneda. Paradójicamente, a pesar de los exhaustivos trabajos de investigación llevados a cabo por Bronislaw Malinowsky desde comienzos del siglo veinte y los realizados posteriormente por otros antropólogos, estos objetos habían pasado completamente desapercibidos, al ser fabricados y utilizados exclusivamente por las mujeres.


Figura 1.- Exhibición de una falda utilizada como “doba”, al fondo las “casas del yam”. El ejemplar de la derecha: MAN, 2009/159/109.  

            Estos manojos, así como las vistosas faldas elaboradas con fibras vegetales, constituyen aún en la actualidad, el “doba” o dinero de las mujeres (figura 1), monedas que son utilizadas en las ceremonias “sagali” de los rituales mortuorios, y sirven para pagar las labores de las mujeres que han colaborado en alguna medida en el funeral. La primera ceremonia tiene lugar el día siguiente al sepelio y esta distribución de “moneda” se denomina “selubulabu”, en ella se entregan grupos de veinte a cincuenta nununiga a cada participante. Durante el día siguiente tiene lugar una segunda distribución denominada “tadabali” donde las parientas del fallecido entregan faldas y diez manojos de banano a las parientas del esposo o esposa del difunto, quienes cortan sus cabelleras en señal de duelo. El intercambio de manojos de hojas por otros utensilios se denomina “valova”, vendiéndose a las visitantes de otros pueblos todo tipo de objetos a cambio de “nununiga” (palabra que literalmente significa “leche materna”).



Figura 2.- Materiales para fabricar el nununiga (manojo de hojas que aparece en la parte inferior). MAN, 2009/159/093 & 121.

            Para fabricar esta moneda, la mujer separa trozos de hojas de la longitud deseada, apoyándolos sobre una tabla (“kidawagu”, figura 2), en la que hay figuras geométricas talladas -este objeto forma parte imprescindible del  ajuar de una mujer casada-, raspan la superficie de la hoja con una concha de borde afilado y aprietan con una paleta de madera, de forma que las figuras en relieve, como un “sello en seco”, se transfieren a las hojas, que luego son cuidadosamente secadas al sol tras ser unidas en grupos por un extremo (figura 3).


Figura 3.- Fabricación del “nununiga” a partir de hojas frescas de banano y ceremonia “sagali”.

Los nununiga se guardan en grandes cestos hasta que se llenan, y dependiendo de la importancia del evento, se presentan en pequeños grupos o incluso en cestos enteros, que muestran la importancia de la persona que los ha fabricado, destacando así su prestigio social (figura 4).


Figura 4.- Reparto de nununiga en un funeral (año 2007).

            Las islas Trobriand han constituido durante casi un siglo una auténtico paraíso -podríamos considerar una “reserva”-, para la antropología cultural y social, y son bien conocidas algunas ceremonias como el “anillo del Kula”, donde mediante el intercambio de elaboradas monedas-concha (“mwali” y “soulava”) se establece el ranking de prestigio entre los jefes. Entre la población masculina, esta jerarquización  se determina también a través de la prominencia y vistosidad de las “casas del yam” (almacenes de madera donde se guarda este alimento básico). Tal como hemos señalado, una singularidad de esta cultura es que las mujeres tiene su propia y particular forma de riqueza, el doba, integrado por vistosas faldas y manojos de hojas de banana que exhiben e intercambian durante los funerales, y aunque esta riqueza no se exhibe fuera de dichas ceremonias, la presencia de grandes cestos llenos de nununiga en el soportal de las casas proporcionan  reputación de “mujer fuerte” a la propietaria de los mismos. 

            En contraste con la durabilidad de los elementos utilizados como moneda tradicional por los hombres (monedas-concha, hachas de piedra....) que sobreviven a sus poseedores, las monedas “femeninas” (faldas y manojos de hojas de banano) son efímeras y perecederas, pero la vida continúa y la mujer trobriandesa se asegura la inmortalidad a través del control del “dala”, el clan matrilineal que vertebra la sociedad. A pesar de no participar en las estrategias políticas (reservadas a los hombres), la mujer asegura su importancia en la sociedad a través de la continuidad del ciclo eterno de vida y muerte, mediante el “doba” (monedas-falda y manojos de hojas de banano), en definitiva la mujer trobriandesa controla los dos extremos del ciclo de la vida, el nacimiento y la muerte.

            Al clasificar las monedas primitivas podemos identificar dos familias principales, las que son o derivan de elementos útiles empleados en la vida cotidiana (sal, armas como cuchillos y hachas, paños de corteza, fibra de palmera o coco, anzuelos....) y un segundo grupo de objetos ornamentales con un alto valor añadido (collares, pulseras, etc...). Frecuentemente en el primer caso las herramientas se miniaturizan para ser usadas como moneda (es el caso de las monedas “navaja” y “arado” chinas o las “hachas” de la América precolombina), y en el presente caso también el “nununiga” resulta de la miniaturización de una falda femenina. Curiosamente, la moneda de la mujer tobriandesa, el doba, integra ambos elementos, la falda y su representación en miniatura.

            No es éste el único caso donde encontramos faldas-moneda, en una zona relativamente próxima, en Nueva Caledonia, encontramos las “mada jahi”, elaboradas con fibras vegetales de bourao y utilizadas en las ceremonias matrimoniales por el pueblo Kanak (ver artículo “La “cabeza” de la moneda” del Eco Filatélico y Numismático de marzo del 2008).


Bibliografía:

Ibáñez, M., 2006. La premoneda social, precursora de la moneda económica. Nvmisma, 56(250): 21-40.

Jolly, M.. 1992. Banana Leaf Bundles and Skirts: A Pacific Penelope's Web?. En: History and Tradition in Melanesian Anthropology, ed. James G. Carrier. Studies in Melanesian Anthropology, vol. 10. Berkeley: University of California Press: 38-63.
Lussu, L.J., 1995. The Significance of Doba within Trobriand Society. Dyn 11: 1-21.  (Durham Anthropology Journal)

Weiner, A., 1976. Women of Value, Men of Renown: New Perspectives in Trobriand Exchange.  University of Texas Press, Austin: XXII + 300pp.