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jueves, 1 de octubre de 2020

Los Jetones de Nuremberg.

 

Los Jetones de Nuremberg Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 75(1290) (Diciembre, 2019): pp. 43-46.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 


Bajo la denominación genérica de “jetones” o “tokens”, se agrupan una gran variedad de objetos monetiformes con funciones muy diversas, que incluyen desde las fichas de teléfono y casinos de juego, hasta las monedas de necesidad emitidas por las administraciones locales en tiempos de crisis, o las monedas de uso interno en haciendas o cooperativas. Entre estos objetos encontramos unos que presentan una finalidad contable, son (eran) utilizados sobre una mesa (Fig. 1), para realizar las cuentas aritméticas antes de popularizarse en matemáticas los números arábigos. A comienzos del siglo XVI, en tiempos del emperador Carlos V, estos objetos fueron introducidos en España desde los Países Bajos, castellanizando su nombre francés en el término “gitón”.

 

            La necesidad de contar y realizar operaciones matemáticas sencillas surgió en época muy temprana, y las primeras herramientas fabricadas por el hombre con la finalidad de facilitar las operaciones contables, aparecieron hace diez mil años, en la antigua civilización Sumeria(1). Estos primitivos “jetones” eran pequeñas figuras de arcilla con formas variadas (cónicas, cilíndricas, esferas o discos planos), que servían exclusivamente para contabilizar los bienes acumulados en palacios y templos, siendo su uso un instrumento de poder de la élite que controlaba los tesoros reales. El empleo de pequeñas fichas fabricadas con diversos materiales (madera, arcilla, vidrio, cerámica, concha…) para realizar operaciones aritméticas sencillas, se mantuvo durante la época clásica a través de los “pessoi” griegos y los “calculi” romanos. Estos últimos eran pequeñas piedras redondeadas, utilizadas en las operaciones contables (de aquí deriva el término utilizado en matemáticas de “cálculo”). Durante la Edad Media se emplearon las mismas monedas como fichas o jetones contables, e incluso monedas falsas confiscadas. Simultáneamente comenzaron a usarse pequeñas piezas de plomo, que terminaron acuñándose en materiales más resistentes como cobre o latón utilizadas tal como se indica en la Figura 1.

 


Figura 1.- Operaciones con jetones: se colocan los jetones o contadores sobre unas líneas horizontales, la inferior contiene las unidades, la segunda las decenas, la tercera las centenas y la superior los millares. Entre estas líneas se sitúan el 5, el 50 y el 500, de forma que por ejemplo la cifra “1864” estaría representada por un jetón en la línea de los millares (1000), 800 estaría representado por un jetón en la línea de 500 y tres en las centenas, 60 lo estaría por un jetón en la línea de 50 y otro en la de las decenas, y finalmente 4 quedaría como cuatro jetones en la línea inferior de las unidades. Si queremos hacer la suma MDCCCLXIV (1864) + CMLXXXVII (987), colocamos ambas cantidades sobre el tablero de la forma indicada y los juntamos, de forma que cada 5 jetones de la línea inferior se juntan y se llevan a la superior, cada dos de esta última línea se juntan y colocan superpuestos en la línea de las decenas, y así sucesivamente hacia arriba de forma que finalmente obtenemos la imagen de la derecha con dos jetones en la línea superior, uno en la que marca 500, tres en las centenas, uno en la línea de 50 y otro en las unidades, es decir MMDCCCLI (2851) que resulta la cifra obtenida al sumar los dos números indicados.

 

            Posiblemente los primeros jetones fueron utilizados por los comerciantes y banqueros italianos (denominados “lombardos”) y desde finales del s. XIII fueron copiados en Francia e Inglaterra introduciendo leyendas, en su mayoría de contenido religioso, y en el siglo XIV Francia se convirtió en la principal productora de estos instrumentos contables. A finales del s. XV comienzan a producirse en la ciudad alemana de Nuremberg, la avanzada tecnología de laminación de planchas de latón de donde se recortaban los cospeles redondos para su posterior acuñación permitió una producción masiva y un abaratamiento de costes, de forma que a mediados del s. XVI los jetones de Nuremberg habían conseguido el monopolio en su fabricación que continuó durante más de tres siglos(2) (Fig. 2).

 

Figura 2.- Jetones de Nuremberg de diferentes épocas.

 

            Dentro de los denominados “jetones de Nuremberg” o “de estilo de Nuremberg”, encontramos básicamente dos familias principales, por una parte los denominados “rechen pfennig”, que son los utilizados para realizar operaciones de cálculo, comienzan a fabricarse en forma masiva para la exportación a finales del siglo XV, con un máximo de producción hacia 1580,  reduciéndose su uso a partir de 1625, cuando se impone progresivamente el empleo del álgebra que simplifica las operaciones matemáticas. La produción de Nuremberg se dirige entonces hacia un segundo tipo de aspecto muy siilar, los “spiel marken” o fichas de juego, que se fabricarán hasta 1920 con un máximo de piezas emitidas hacia 1880.

 

            Además de estas dos familias podemos definir los “jetones de muestra” de estilo francés que comienzan a fabricarse hacia 1680 y duran hasta 1720, y por último los “jetones miniatura”, de unos 13 milímetros de diámetro, fabricados antes de la Segunda Guerra Mundial y exportados a toda Europa y Norteamérica como “recuerdos”, fichas de juego y monedas para juegos infantiles, en ocasiones usados como “confeti” en fiestas y celebraciones.

 

            En este artículo nos ocuparemos solamente de los “rechen pfennig” utilizados para el cálculo y que podemos asimilar a los “jetones”, de los que se produjeron miles de tipos diferentes y millones de ejemplares que actualmente aparecen por toda Europa, especialmente en Francia e Inglaterra(3).   

 


Figura 3.- Jetones que presentan un globo terráqueo superado por una cruz. a: Tipo de “rosa y globo”, el primer ejemplar de finales del s. XV con leyenda ficticia, el segundo de Hans Klauwinckel II (1586-1635) y leyenda “GOTES GABEN SOL MAN LOB” (Uno debe alabar los dones de Dios); b: Tipo del “león de San Marcos”, el primer ejemplar de finales del s. XV con leyenda ficticia, el segundo de Hans Klauwinckel I (1562-1586); c: Tipo de “lises y globo” finales del s. XV con leyenda ficticia; d: Tipo “Mercurio y globo” de Hans Klauwinckel II (1586-1535) y leyenda “GOTES SEGEN MACHT REICH” (La bendición de Dios trae riquezas).

 

            Abordaremos en primer lugar un grupo de jetones muy numeroso compuesto por los denominados “jetones de la rosa y el globo” (Fig. 3a) que presentan en su anverso tres lises alternando con otras tres coronas rodeando una flor de cinco pétalos, y en el reverso un globo terráqueo encima del cual figura una cruz, todo ello rodeado de una orla trilobulada. También presentan este tipo de reverso los jetones “del león de San Marcos” (Fig. 3b), algunos que llevan el escudo de Francia (Fig. 3c) y los que llevan en el anverso el busto del dios mitológico Mercurio (Fig. 3d).

 

            Otro grupo también numeroso es el de los jetones que presentan en una cara el escudo con cuatro lises en losange (rombo) y en la otra una rudimentaria nave de aspecto medieval (Fig. 4e y f) existiendo también otro tipo con el mismo reverso, pero con el escudo de Francia tradicional de tres lises en el anverso (Fig. 4g).

 


Figura 4.- Jetones que presentan la figura de una nave: e: Tipo de “lises en losange y nave”, el primer ejemplar con la leyenda “VIVE LE BON ROY DE FRANCE” de comienzos del s. XVI y el segundo de Hans Schultes (s. XVI) y leyenda “SCHIF PFENING NVRENBERG” (penique de la nave, Nuremberg); f: mismo tipo de Hans Klauwinckel (1562-1586); g: Tipo de “lises y nave”  de Hans Lauffer (1611-1632).

 

            Por último señalaremos algunos tipos menos frecuentes de entre los centenares de motivos (mitológicos, bíblicos...) existentes. Uno de los jetones más curiosos de es el que presenta en el anverso, la figura de un contable (según algunas interpretaciones un maestro de escuela) que realiza las operaciones con jetones en una mesa, mientras que en la otra cara figura el alfabeto (Fig. 5h). Otro jetón singular es el que presenta un dragón de siete cabezas sobre el que va sentada una mujer y la leyenda “MERITRIX BA” (meretriz de Babilonia) haciendo una referencia al capítulo 17 del Apocalipsis(4) (Fig. 5i y 6), y finalmente otro donde se hace alusión a la muerte, en la línea de las populares “danzas macabras” (5) (Fig. 5j).

 

Figura 5.- Jetones del “alfabeto” y otros tipos. h1-3: Jetones que muestran al personaje contando con jetones en una mesa sin leyenda en una cara, y el alfabeto en la otra, el primer ejemplar presenta fecha de acuñacion 1553. Podemos datar estas piezas en la segunda mitad del s. XVI; h4: Jetón del mismo tipo de Hans Krauwinckel con leyenda “FLEISIGE RECHNUMG MACHT RICHTIKEIT” (la contabilidad diligente hace la exacitud); i: Jetón bíblico del Apocalipsis de Hans Krauwinckel II (1586-1635); j: Jetón del tipo “la muerte y la reina” de Hans Krauwinckel II (1586-1635).

 

            También a finales del siglo XVIII se acuñaron jetones con motivos religiosos para ser utilizados como medallas. Un tipo muy poco conocido presenta la figura de San Ignacio de Loyola blandiendo una espada enfrentándose a un dragón, y con la palabra “IETTON” en el exergo (Fig. 6). Se da la circunstancia de que en esos momentos, la Compañía de Jesús, fundada por el santo pasaba por unos momentos críticos, habiendo sido expulsada de casi todos los países europeos y colonias americanas (la situación de esta época queda bien reflejada en el argumento de la película “La Misión”).

 


Figura 6.- Jetones/medallas de San Ignacio de Loyola.

            Encontramos tres variantes de este jetón de Nuremberg: en el primero, procedente de Alemania, figura en la otra cara el rostro frontal de la Virgen María (Fig. 6a). Un segundo tipo, hallado en Polonia (Fig. 6b) presenta el rostro de la Virgen en visión lateral, y por último en un tercer tipo (Fig.6c), en este caso procedente de Italia, aparece la imagen del santo veneciano Jerónimo Emiliani, contemporáneo de San Ignacio de Loyola.

            En 1594 la Asamblea Imperial del Sacro Imperio Romano Germánico dictó un decreto que eliminó el derecho de los gremios de fabricantes de jetones de Nuremberg a establecer libremente los motivos de las piezas, que a partir de dicho momento necesitaban la supervisión y aprobación imperial. Esto era debido a que los jetones podían ser unos importantes elementos de propaganda política (tal como ocurrió en los Países Bajos en el s. XVII) y también a que podían utilizarse motivos similares a los que figuraban en las monedas, con el riesgo de que fueran utilizados fraudulentamente como monedas. A partir de este momento en los jetones debía figurar el nombre del responsable de la emisión. Gracias a este hecho, podemos datar muchos de estos jetones, al conocer las fechas en que estos maestros fabricantes estuvieron activos. 


Figura 7.- Grabado ruso de la Bestia del Apocalipsis del s. XIX inspirado en un jetón de Nuremberg del s. XVI-XVII.

 

 

Notas:

 

(1) Los primeros “tokens” y el origen de la escritura. (Febrero, 2006) Eco Filatélico y Numismático 62(1138): pp. 52-53. (http://www.numisarchives.blogspot.com.es/2015/12/los-primeros-tokens-y-el-origen-de-la.html)

 

(2) Entre finales del s.XV y comienzos del XVI Nuremberg exportaba no solo jetones, sino también importantes cantidades de latón, con el que, por ejemplo, se fabricaban las “manillas” destinadas al conercio de esclavos en África.

    

(3) Existen pocos datos documentados de hallazgos de jetones en prospecciones arqueológicas controladas en la Península Ibérica: en las excavaciones de la Iglesia de San Salvador de Guetaria (Guipúzcoa) aparecieron entre otros 5 ejemplares tardomedievales de Nuremberg, y un jetón del tipo del “globo y la rosa” de Nuremberg en las excavaciones de la catedral de Tudela (Navarra). Podemos ver que los datos registrados se circunscriben por el momento al País Vasco y Navarra, pero es previsible que irán surgiendo nuevos hallazgos de estos objetos, considerados hasta tiempos muy recientes como “piezas sin valor”. La presencia de estos jetones, que aparecen entre las monedas halladas en los enterramientos, nos hace suponer que estas piezas fueron utilizadas como monedas de poco valor en épocas de penuria monetaria (como ocurrió en los siglos XV y XVI).

 

(4) La ramera de Babilonia es uno de los personajes que aparecen en el libro bíblico del Apocalipsis. Se asocia con el Anticristo y la Bestia del Apocalipsis y aparece en el Apocalipsis 17:1-2: Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló: Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Ramera, que se sienta sobre grandes aguas, con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución”. (Fig. 7).

 

(5) Las “danzas macabras” o “danzas de la muerte” constituyen un género artístico tardo-medieval cuyo tema es la universalidad de la muerte, que representada por un esqueleto, llama a personas de diferentes rangos sociales, desde el emperador o el papa al humilde campesino, para bailar en torno a una sepultura, recordándoles lo efímero de  los gozos terrenales que finalizan al morir. Más información en: “Representaciones de la muerte en objetos monetiformes”. Eco Filatélico y Numismático 61(1135) (Noviembre 2005): pp. 52-53.   (http://numisarchives.blogspot.com.es/2017/11/representaciones-de-la-muerte-en.html)

 

 

Bibliografía:

 

Fauver, L.B., 2002: “Nuremberg and Nuremberg style jetons”Oak Grove Publ., Menio Park, CA (USA): 299 pp.

 

Mitchiner, M. 1988. Jetons, Medalets & Tokens. The Medieval period and Nuremberg. Vol. I. Seaby Ed. London: 704 pp.

 

 

sábado, 1 de abril de 2017

Monedas populares o sociales: almudes, fanegas y jornales.

Monedas populares o sociales: almudes, fanegas y jornales. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 59(1105) (Febrero 2003): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.

Además de la moneda “oficial”, durante ciertas épocas y en determinados lugares, han circulado otros tipos de moneda “local” en ámbitos más o menos restringidos. Los primeros antecedentes documentados sobre este fenómeno aparecen  en los informes presentados ante la inquisición española y ante el monarca Carlos III, por Agustín Coronas y Paredes, entre los años 1724 y 1768. En ellos se daba cuenta de un tipo de moneda popular, denominado “claco” o “tlaco”: “ ...numerosos tipos de monedas que se usan en las tiendas de los mestizos de la ciudad de México y en otras partes de reino, las hay de metal, de cobre y algunas son de madera y cada una de ellas lleva un nombre o es denominada por algún sonido...”. Debido a la escasez de moneda fraccionaria, los comerciantes, las haciendas y las empresas mineras acuñaban su propia moneda, llamada “claco” que en lenguaje náhuatl significa “mitad”.

No hay que viajar mucho en el tiempo para descubrir este tipo de moneda social alternativa a la oficial. La mejor conocida actualmente es la utilizada en los “clubs de trueque” en Argentina, denominada “crédito”. Cada club está formado por una serie de personas, “prosumidores”, utilizado el término acuñado por Toffler. Es decir personas, que son simultáneamente productores y consumidores de bienes y servicios. El primer club de trueque surgió en Buenos Aires en abril de 1995 con una treintena de socios. En la actualidad (2003) ya existen más de 450 clubs, donde medio millón de personas utilizan este sistema de forma cotidiana, y más de un millón de forma esporádica. Se estima que cada año se intercambian bienes y servicios por unos 400 millones de dólares utilizando los “créditos” (Figura 1).


Figura 1.- Ejemplos de “moneda social”: “Crédito” argentino,

La experiencia no es nueva y tiene precedentes en los “notegeld” alemanes emitidos después de la I Guerra Mundial. En la actualidad son numerosas las comunidades que en  todo el mundo utilizan monedas sociales o alternativas, como mecanismo de defensa ante la profunda crisis económica que atenaza y ahoga a numerosos países en todo el planeta.


Figura 2.- “Notegeld” alemanes emitidos tras la I Guerra Mundial. Estas monedas de necesidad locales se fabricaron con elementos muy variados, como cerámica o hierro.

Estas “monedas sociales” o “paralelas” son objeto de estudio por parte  de los economistas y sociólogos(1), pero sin embargo constituyen el “pariente pobre” en el campo de la numismática y suelen considerarse como fichas u objetos monetiformes pero no como auténticas monedas. Por el contrario, los magníficos ejemplares de oro y plata acuñados desde la Edad Media, como las doblas de diez doblas, los centenes o los cincuentines, que probablemente nunca fueron utilizados como moneda, sino más bien como objetos de regalo y prestigio, sí que aparecen en todos los catálogos, al igual que las modernas acuñaciones conmemorativas en oro y plata que realiza la Fábrica de la Moneda, dirigidas exclusivamente al mercado del coleccionismo. Todas estas vistosas piezas son denominadas monedas, aunque cumplen una función medallística, por el contrario, las “monedas paralelas” que sí han circulado y cumplido plenamente una función monetaria, muchas veces son denominadas “fichas” o “tokens”.

Con respecto al contexto en que han circulado las monedas populares, existe una enorme variedad de ámbitos: emisiones realizadas por los ayuntamientos, por algunas fincas y haciendas para sus trabajadores, por sindicatos y cooperativas obreras, por gremios de comerciantes, etc... También son variadas las denominaciones o unidades de valor que expresan, y aunque en muchos casos se indica en ellas la moneda oficial en curso (reales, pesos, centavos, bolívares, pesetas, céntimos...) en otros,  presentan denominaciones populares como “jornales”, “peones” (peonadas), “días” y “días de trabajo”, “tareas”, “cajones”, “cajas”, “cajuelas”, “barriles”, “tarros”, “bolsas”, “medidas”, “mitades”,   “fanegas”, “almudes”, “cuartillos”, etc... No hay que olvidar que la misma palabra “peseta”,  proviene del apelativo popular con que la gente bautizó la pieza de dos reales de plata, y este término fue adoptado para designar la unidad monetaria española tras el derrocamiento de Isabel II, sustituyendo la antigua denominación de “real”.


Figura 3.- Jornales, cuartos y medios jornales emitidos en Osuna (Sevilla) y Fanegas y medias fanegas acuñadas en Antequera (Málaga).

Al analizar las diversas denominaciones que han recibido las monedas populares, tanto en España como en América, encontramos por una parte nombres que hacen referencia al pago de un tiempo determinado de trabajo (jornales, peonadas, días de trabajo, horas...), lo cual resulta lógico, ya que el trabajador recibe su jornal en una moneda denominada precisamente “jornal”. Lo que resulta más curioso es la frecuencia de términos relacionados con diferentes medidas de capacidad, generalmente utilizadas para los cereales: almudes, fanegas, cajuelas, cuartillos...


Figura 4.- Almudes y fanegas utilizados en Puerto Rico y Cuba.

Este hecho está relacionado con la costumbre de abonar los salarios en especies  (muchas veces en cereal) medidas en unidades de capacidad, como las fanegas y los almudes. En muchos pueblos de Navarra, hasta bien avanzado el s. XIX, existía la costumbre de abonar el salario del maestro o maestra del pueblo en robos de trigo, siendo el robo una medida tradicional en Navarra hasta hace muy poco tiempo. En otros casos, el trabajador que recolectaba un determinado número de unidades de volumen (de café, cereal…), recibía estas fichas acreditativas, que posteriormente canjeaba por dinero en las oficinas de la hacienda o cortijo.

A pesar de la existencia de importantes catálogos para algunas regiones (la obra de A. López sobre las monedas de cooperativas catalanas o la de R. Rulau sobre los “tokens” latino-americanos) queda un largo camino por recorrer en el estudio y conocimiento de este interesante y desconocido campo de la numismática.

(1) En los últimos años, y con posterioridad a la publicación de este artículo, han aparecido varios trabajos sobre este tema, por ejemplo:
Gryckiewicz,M.  & M. Puertas A la sombra delarbolito. Catálogo de monedas sociales de Argentina y Uruguay. II Conferencia Internacional en Circuitos Monetarios Complementarios en las Diversas Economías. La Haya, Holanda. 19-23 junio, 2013. 

miércoles, 28 de enero de 2015

Cara y cruz de la moneda.

Cara y cruz de la moneda.
Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 66(1185) (Mayo 2010): pp. 42-43.

Miguel Ibáñez Artica.


            Los términos “cara y cruz” de una moneda, son una forma popular de expresar los conceptos de “anverso” y “reverso” comentados en un artículo anterior. Este vocabulario no forma parte de los tratados de numismática, sino que se refiere a la utilización de una moneda en un sencillo entretenimiento de azar, que consiste en lanzarla al aire, y donde las probabilidades de acertar el lado elegido son del 50%. Esta modalidad constituye una de las formas de juego más extendidas en todo el mundo y es utilizada de forma cotidiana (incluso para determinar la posición de los equipos en el campo durante los partidos de fútbol).

En castellano las palabras “cara” y “cruz” hacen alusión a las antiguas emisiones en cobre de los monarcas Borbones de la segunda mitad del s. XVIII y del s. XIX, donde aparecía el busto del rey en el anverso y la cruz de San Pelayo en el reverso. Pero también podemos encontrar variantes más arcaicas, por ejemplo en algunas zonas rurales del País Vasco, la expresión fosilizó mucho antes bajo la forma de “leon-kastillo”, en clara reminiscencia a las abundantes emisiones de maravedís de cobre, acuñados por los monarcas de la casa de Austria durante los siglos XVI y XVII, que llevaban en una cara la figura de un castillo y en la opuesta la de un león rampante (símbolos de Castilla-León) (Figura 1).


Figura 1.-      a: Moneda de ocho maravedís con el león y el castillo (siglo XVII).
                         b: Moneda de dos maravedís con el busto y la cruz (siglo XVIII).

Los antecedentes más antiguos los encontramos en los escritos de Pollux, un retórico del siglo II, quien describe un juego denominado “ostrakinda”  (ostrakinda), que consiste en lanzar al aire un fragmento de concha de ostra (u otro molusco bivalvo, e incluso pequeños fragmentos de ánfora), y ver si la cara que queda hacia arriba es la oscura de la superficie externa del animal o la nacarada más clara del interior de la concha. Otro juego similar, e incluso más antiguo, es el del astrágalo, conocido popularmente como “taba”, que es un hueso corto, parte del tarso del pie. Con la taba de algunos animales, normalmente de cerdo o vaca, se practica un juego de apuestas muy simple que consiste en lanzarla al aire, ganando el jugador si queda la parte convexa del hueso hacia arriba o perdiendo si queda la parte cóncava en la cara superior, sin embargo antiguamente se podían dar más opciones: si  caía mostrando el lado plano valía un punto; por el sinuoso, seis; por el cóncavo, tres, y por el convexo, cuatro (datos conocidos a partir de las perforaciones que presentan algunos ejemplares encontrados en diferente excavaciones arqueológicas). A partir de una pintura griega se sabe que los huesos se tiraban al aire y se recogían en el dorso de la mano, y además del azar, en este juego intervenía la pericia del apostante. En realidad, el juego del astrágalo sería más bien el precursor del de los dados, donde se recuperan estrictamente las leyes del azar (los primeros dados se fabricaban en hueso), y posee también un componente mágico adivinatorio (aún en uso en culturas primitivas). En una de las primeras monedas emitidas en Roma hacia mediados del siglo III a.C. podemos ver representadas las dos caras del astrágalo (Figura 2) (1).


Figura 2.- Onza de Aes grave, (Roma, 269-240 a.C.) mostrando un astrágalo.

La utilización de monedas en este tipo de pasatiempo comenzó en la antigua Roma, donde el juego de “cara o cruz” recibió el nombre de “caput aut navis”, en referencia a las primitivas monedas republicanas de un as, en las que figuraba por un lado la cara del dios Jano bifronte, y en la otra una proa de nave simbolizando el poderío naval de Roma (Figura 3).


Figura 3.- Primitivo “Aes” romano donde aparecen, en una cara el busto de Jano y en la otra la proa de una nave.

            En época medieval, en Francia este juego se denominó “croix et pile”, términos alusivos a la iconografía de los dineros torneses, que circularon por gran parte de Europa durante los siglos XIII y XIV, en un trágico período de tiempo marcado por la guerra y la peste en el que -como suele ocurrir en tiempos de crisis-, proliferaron todo tipo de juegos de azar. En estas monedas (Figura 4) aparece por un lado la cruz y en el otro, el denominado “castillo tornés” simplificado en forma de triángulo, y que recuerda al cuño de anverso o “pila” utilizado en el proceso de fabricación de la moneda, y la expresión francesa “n’avoir ni croix ni pile” podía traducirse por nuestra popular frase de “estar sin blanca”, es decir sin dinero. También en Inglaterra este juego recibió el nombre de “cross and pile”, nombres probablemente importados de la región de Aquitania durante la época de la Guerra de los Cien años. En la documentación navarra encontramos estos términos en referencia a los dineros torneses que no eran aceptados debido a que “fuesen faltos, quemados o peciados ata la cruz, o pelados, que non pareciese cruz ni pila” (AGN, Año 1345, reg.54).


Figura 4.- Dinero “carlín prieto” de Carlos II de Navarra, imitación del “dinero tornés” de Francia, muestra por una cara la cruz, y por la otra la “pila”.

            A partir del 8 de agosto de 1548 comenzó a figurar en la moneda francesa la efigie del monarca (face), y ya en el siglo diecinueve, se acuña la nueva expresión de “pile ou face” utilizada hoy en día para designar el juego de “cara o cruz”, conservándose el término “pile” como sinónimo del reverso.

            En los países hispanoamericanos se dan variantes en la denominación de este juego, como el “águila o sol” mejicano, en referencia a las monedas de dicho país (Figura 5), mientras en Argentina se utiliza la expresión “cara o seca”, en Perú, Chile, Colombia, Ecuador y Panamá “cara o sello”, y en Brasil “cara ou coroa” (cara o corona).


Figura 5.- En Méjico, el juego de “cara o cruz” se conoce con el nombre de “águila o sol” en referencia a la iconografía de sus antiguas monedas.

En italiano se emplean los términos de “testa o croce” y en alemán “kopf oder zahl” (cabeza o cifra). Otros idiomas también hacen alusión a las imágenes que aparecen en las monedas, como la expresión noruega “mynt/krone” (pieza/corona), la rusa “Орёл или ре́шка (Oryól ili réshka, águila u otro símbolo) , la irlandesa “heads or harps” (en irlandés “ceann nó cláirseach”, cabeza o arpa, que es el símbolo o escudo del país), en Israel la denominación “ets o Pally” (árbol o Pally), tiene su origen en la ocupación británica de Palestina, cuando las monedas llevaban en una cara una rama de olivo y en la otra el nombre de Palestina.  Sin embargo en el mundo anglosajón el término utilizado para el juego de “cara o cruz” es el de “heads or tails”, es decir “cabezas o colas” en relación con los extremos de la anatomía de un animal, e incluso se fabrican fichas o tokens satíricos específicos para este juego (Figura 6). La etimología de la frase en origen parece referirse también al busto que aparece en el anverso de las monedas (head), pero en este caso para expresar el concepto opuesto al de “cabeza” se utiliza el de “cola”, tal vez como un signo popular de irreverencia a la autoridad establecida.


Figura 6.- Tokens americanos para jugar a “heads or tails”.

Notas:


(1)  Se ha propuesto también la utilización del astrágalo como moneda primitiva en la zona del Mediterráneo, durante las Edades de Bronce y Hierro: Holmgren, R., 2004. “Money on the hoof”. The astragalus bone: religión, gaming and primitive Money. En: Pecus. Man and animal in antiquity. Proc. Conf. Swedish Inst. in Rome. Roma: pp. 212-220.