domingo, 1 de noviembre de 2026

Emisiones ibéricas en plata II: Siglos II y I antes de nuestra Era.

 

Emisiones ibéricas en plata II: Siglos II y I antes de nuestra Era. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1362) (Junio, 2026): pp. 46-50.

Miguel Ibáñez Artica

           


El año 218 antes de nuestra Era marca el inicio de una nueva etapa numismática en la Península Ibérica, con el desembarco del ejército romano en Ampurias al mando del general Cneo Cornelio Escipión Calvo (Fig. 1).

Lo que en un principio se consideró como una campaña estratégica para cortar el abastecimiento del ejército cartaginés en su ataque a la Península Itálica, se transformó en una auténtica invasión militar que en doce años conseguiría la expulsión de los cartagineses de Hispania, creándose en el 197 a.C. dos nuevas provincias romanas, la Citerior al norte y la Ulterior al sur, con Tarraco y Corduba como capitales respectivamente.

Sin embargo Roma tardaría aún dos siglos en completar su dominio total sobre la Península debido a la fuerte resistencia de los pueblos celtíberos del interior. Durante este período de tiempo fue imponiéndose progresivamente el modelo de moneda basado en el denario, unidad básica del sistema monetario romano desde el año 212 a.C., seis años después del desembarco en Ampurias de Cneo Escipión.

Figura 1.- a: Busto identificado tradicionalmente con Escipión el Africano, sobrino de Cneo Cornelio Escipión  (Museo  de Nápoles); b: Monumento funerario conocido como “Torre de los Escipiones” en Tarragona; c: Shekel cartaginés con un busto masculino interpretado por algunos autores como el de Escipión el Africano.

 

            Entre finales del siglo III y comienzos del s. II a.C. se produjo un período de transición, donde algunas ciudades y pueblos ibéricos del área levantina emitieron moneda, en unos casos como en Saiti (Xátiva), basada únicamente en el patrón griego del dracma (Fig. 2a, b), en otros casos como en Iltirta (Lleida) y Kese (Tarrragona), se emitieron al principio monedas siguiendo los modelos metrológicos griegos del dracma (Fig. 2c), hemidracma (Fig. 2h), óbolo (Fig. 2h) y tritartemorion (Fig. 2d), que se transformaron a comienzos del siglo segundo en denarios (Figs. 2e & i) y quinarios (Figs. 2f & j) siguiendo los nuevos patrones metrológicos impuestos por Roma, y finalmente hay poblaciones como Ausesken (Vic. Barcelona) donde la moneda de plata que se acuñó por vez primera a comienzos del s. II a.C. se hizo ya utilizando el nuevo modelo del denario romano (Fig. 2k).

            La transición entre dracmas y denarios no se produjo bruscamente, durante algún tiempo los dracmas y sus divisores (´hemidracmas, óbolos y tritartemorion) convivieron con los nuevos denarios y quinarios acuñados por las poblaciones ibéricas levantinas, hasta que los tipos monetarios romanos acabaron por sustituir completamente a la primitiva moneda ibérica de metrología griega.


Figura 2.- Primeras emisiones ibéricas.

a & b: Didracma y hemidracma de Saiti (Xátiva, Valencia, 218-200 a.C.); c & d: Dracma y tritartemorion de Iltirta (Lleida, 218-206 a.C.);  e & f: Denario y quinario de Iltirta (Lleida, 195-170 a.C.); g & h: Hemidracma y óbolo de Kese (Tarragona, 218-192 a.C.); i & j: Denario y quinario de Kese (Tarragona, 195-170 a.C.); k: Denario de Ausesken (Vic, Barcelona, 195-170 a.C.).

 

            Si bien la presencia romana favoreció e impulsó el uso de la moneda, en un principio, tras la victoria romana sobre los cartagineses, más de 170.000 kilos de plata en forma de monedas(1) (dracmas amporitanos y sus imitaciones, monedas púnicas...) que se estima existían en la Península en esos momentos, fueron llevados como botín de guerra  a Roma, desapareciendo del circuito económico peninsular y provocando una recesión en la cantidad de moneda circulante durante la primera mitad del siglo II a.C.

            En los ciclos de producción monetaria de esta época, alternaban los períodos de “monedas de paz”, es decir las producidas para satisfacer las necesidades comerciales habituales de la población, con las “monedas de guerra”, acuñadas a veces en grandes cantidades para financiar los gastos de los ejércitos beligerantes (tropas regulares de las legiones, auxiliares, mercenarios...). Una vez finalizados los conflictos, estas monedas se incorporaban al circuito económico, y tal como ocurriría siglos después con los indianos, emigrantes enriquecidos en América que retornaban a sus lugares de origen construyendo en ellos magníficas casas o palacios con el dinero obtenido, los mercenarios sobrevivientes, al retornar a sus pueblos de origen fomentarían el desarrollo urbano de los mismos, financiando también la construcción de infraestructuras y edificios públicos(2). Sobre este fenómeno, se superpone una creciente romanización de la sociedad, con el desarrollo de centros urbanos, vías de comunicación, y el surgimiento de una nueva población de artesanos y comerciantes que requerían de numerario para llevar a cabo sus actividades económicas, y que junto con las emisiones acuñadas para financiar los gastos de la guerra, generarán la eclosión de monedas de plata autóctonas -y también de cobre-, que se expande a partir de la segunda mitad del siglo II a.C. por toda la Península.

Figura 3.- Cronología y principales acontecimientos de los dos siglos anteriores a nuestra Era en la Península Ibérica.

 

            En un período relativamente corto de unos cien años comprendidos entre mediados del siglo segundo y la primera mitad del siglo primero antes de nuestra Era, se produjeron la mayor parte de las monedas ibéricas acuñadas en la Península (Fig. 3).

            En total son veintiuna las cecas que emitieron denarios de plata siguiendo los patrones metrológicos romanos pero manteniendo una iconografía indígena, tanto en anversos como en reversos, así como leyendas con caracteres ibéricos. Las cecas de Iltirta (Lleida), Kese (Tarragona), Sesars (provincia de Huesca?) y Turiasu (Tarazona) acuñaron también quinarios de plata con valor de medio denario (Fig. 4).

            Los hechos más destacables acaecidos en la Península en este período y que motivaron una intensa producción de moneda de plata, fueron por una parte las Guerras celtíberas y lusitanas del siglo II a.C. (181-179; 154-152, 143-133 a.C.) que finalizaron con el asedio y destrucción de Numancia en el año 133 a.C., y la Guerra Sertoriana del siglo I a.C. (82-72 a.C.) que finalizó con la muerte del general romano Sertorio.

            Ambos conflictos resultan completamente distintos en cuanto a los bandos que participaron. En el primer caso se trató de un enfrentamiento entre Roma y un conjunto de pueblos indígenas que se oponían a la supremacía romana, mientras que la Guerra Sertoriana fue un conflicto interno entre dos generales romanos, Sertorio y Pompeyo. Sin embargo tanto la guerra celtíbera como la sertoriana tienen elementos comunes, en ambas contiendas intervinieron numerosos pueblos ibéricos como tropas auxiliares en los distintos bandos en conflicto, y dichas tropas fueron remuneradas con los abundantes denarios acuñados para financiar la guerra.

 

Figura 4.- Cecas Ibéricas que emitieron denarios.

            Con respecto a la iconografía de los denarios ibéricos existe una cierta homogeneidad en las imágenes representadas, un busto viril, unas veces barbado y otras imberbe, mirando a la derecha en el anverso, y en el reverso un jinete.

            Es en la actitud del jinete y en los elementos que le acompañan donde encontramos unas trascendentales diferencias. Por una parte en la zona levantina (Fig. 5a) vemos al jinete en actitud victoriosa, con túnica ondeando al viento y portando una palma apoyada en el hombro (Ausesken, Kelse, Iltirta, Kese, Sekaisa). En la zona meridional, (en la ceca de Ikalesken, en la provincia de Cuenca), el jinete con dos caballos lleva un escudo, y a diferencia del resto de emisiones ibéricas mira a la izquierda (Fig. 5b).

            En las restantes emisiones ubicadas hacia el interior, el jinete adopta unas características bélicas, generalmente embistiendo con una lanza, y a veces provisto de casco (Arekorata, Arsakoson, Belikion, Bolskan, Kontebria Karbika, Oilaunu, Sesars y Turiasu), o incluso de una armadura completa y con un casco provisto de un gran penacho como en las cecas de Kolounioku y Sekobirikes (Fig. 2c). En la zona septentrional, en el territorio de vascones y berones, el jinete porta un arma corta, una espada en las cecas de Baskunes y Bentian, y una especie de dardo –interpretado como un hacha de guerra bipennis-, en la ceca de Arsaos (Fig. 2d).

            La actitud combativa y beligerante del jinete ilustra bien las conflictivas circunstancias en las que se emitieron estas monedas, acuñadas en su mayoría como “monedas de guerra” para financiar el pago de las tropas indígenas auxiliares.

Figura 5.- Diferentes tipos de jinetes representados en los reversos de los denarios ibéricos.

a: Jinete con palma; b: Jinete con escudo y dos caballos; c: Jinete lancero; d: Jinete provisto de arma corta.

            Estos denarios serían acuñados unas veces en las localidades que figuran con caracteres ibéricos en el reverso de las monedas, pero en ocasiones las emisiones se realizarían en cecas volantes que acompañarían en sus desplazamientos a los ejércitos en contienda. Teniendo en cuenta que las campañas eran estacionales y que en algunos casos las legiones y sus contingentes auxiliares indígenas debían pasar varios meses acantonados en los cuarteles de invierno, alguno de ellos convertido posteriormente en ciudad, como ocurrió con Pompaelo (Pamplona), resultado del campamento de invierno del ejército de Pompeyo en el año 74 a.C., resulta factible que en estas cecas volantes se emitieran varios tipos de monedas distintas, para remunerar en cada caso a las diferentes tribus de mercenarios auxiliares según su procedencia(3).

            Otra valiosa fuente de información nos la proporcionan los numerosos tesoros de denarios ibéricos aparecidos en la Península(4). Los ocultamientos de monedas suelen estar correlacionados con los períodos de inestabilidad social, y en este caso resultan significativos los datos que nos ofrecen los tesoros ocultados durante la guerra sertoriana y que proceden del bando pompeyano. Si analizamos la composición de siete de los más importantes (tesoros de Uástegi, Larrabezúa, Barcus en la zona septentrional y Alagón, Borja, Tarazona y Nájera en la meridional) encontramos los siguientes porcentajes de las diferentes cecas representadas:

Turiasu            51,7%

Sekobirikes     27,9%

Baskunes         11,6%

Arekorata        4,2%

Arsaos             4,1%

Bentian           0,3%

Bolskan           0,2%

 

            Vemos que las cecas de Turiasu, Sekobirikes y Baskunes son las mejor representadas con más del 90% de las más de dos mil denarios que suponen el conjunto de estos tesoros (Fig. 6), mientras que las de Arekorata, Arsaos, Bentian y Bolskan suman menos del 10% restante. Podría deducirse de estos datos que las principales procedencias de los aliados de Pompeyo serían los lusones de Turiasu (Tarazona, Zaragoza), los arévacos de Sekobirikes (Pinilla Trasmonte, Burgos) y Arekorata (Muro de Ágreda, Soria), y los vascones de Baskunes, Bentian, (Navarra) y Arsaos (Aragón en la frontera con Navarra).

            Llama la atención la escasez de monedas de Bolskan en estos hallazgos, teniendo en cuenta que es la ceca que acuñó más cantidad de denarios ibéricos. Las monedas de esta ceca suelen aparecer en tesoros sin mezcla, como el de Quintana Redonda (Soria) donde se contabilizaron más de un millar de denarios de Bolskan, o el tesoro de Burgo del Ebro con 400 denarios. Podemos suponer que dado que Bolskan (Huesca) era la capital de Sertorio, los denarios acuñados en dicho lugar pudieron servir para remunerar a su ejército. También en este caso muchos de estos muchos de ellos se acuñarían en las cecas volantes que acompañarían al ejércitos sertoriano, tal como queda patente con la aparición cerca de  la antigua Bilbilis, de un patriz en positivo para fabricar cuños de reverso de denarios de Bolskan.

 

Figura 6.- Tesoros de la Guerra Sertoriana(5).

 

            En ocasiones resulta difícil establecer una cronología precisa para los diferentes tipos de denarios ibéricos. Comentaremos brevemente el ejemplo de los denarios de Bolskan (Husca), que comenzaron a fabricarse en algún momento anterior al año 133 a.C. como queda acreditado por la aparición de un ejemplar en las excavaciones del campamento romano que asedió la ciudad de Numancia (Fig. 7a). Los tesoros de Granada con 233 denarios de Bolskan (el 79% de las monedas) y Córdoba con 23 (el 30% de las monedas ibéricas del hallazgo) se estima que fueron ocultados entre los años 105 y 100 a.C. por la fecha de los denarios romanos que aparecieron en dichos tesoros, mientras que los tesoros de Azaila y Palenzuela parecen corresponder a una fase inmediatamente posterior a la guerra sertoriana. A dicho período (82-72 a.C.) corresponden muchas ocultaciones de denarios, los “sertorianos” con presencia de monedas de Bolskan e Ikalkusken, en ocasiones denarios republicanos, y en menor medida otras cecas. Los tesoros que podemos definir como “pompeyanos”, como señalamos anteriormente presentan mayoritariamente monedas de Turiasu, Sekobirikes y Baskunes.  

Las monedas del tesoro de Palenzuela, donde se hallaron 2.628 denarios ibéricos y 14 republicanos, ocultados hacia el años 74 a.C., permitieron establecer un punto de referencia, diferenciando las emisiones pre-Palenzuela y Palenzuela. Con posterioridad, en algún momento cercano al final de las emisiones ibéricas, la letra silábica “Bo” de la leyenda se simplificó, transformándose en una letra ibérica “o”, de forma que aparentemente el nombre de la ceca se convirtió en Olscan (Fig. 7f). Hace algunos años tuvimos la ocasión de estudiar el hallazgo fortuito de tres denarios, que aparecieron juntos en una huerta a seis kilómetros de Guadalajara en los años sesenta del siglo veinte(6), dos de las monedas son denarios de Bolscan donde el alógrafo “Bo” ya ha degenerado hacia un aspecto de vocal “o”, tanto en el reverso como en el anverso (Figs. 7d y d’), el tercer denario nos da la pista cronológica, se trata de una emisión de Marcius Philippus donde aparece en el anverso la leyenda ANCVS y el busto diademado de Ancus Marcius, cuarto rey de Roma, de quien descendía la gens Marcia. El reverso muestra una estatua ecuestre sobre un acueducto, conmemorando la construcción de “Aqua Marcia”, importante obra de ingeniería hidráulica  para el abastecimiento de Roma (Fig. 7e). Esta emisión data de los años 57-56 a.C., lo que nos da una fecha de cuando pudo modificarse el nombre de la ceca de Bolscan, unos doce años antes de la batalla de Munda. La rareza de las piezas con la inicial de la leyenda transformada nos indica que la producción monetaria debió descender notablemente tras finalizar la guerra sertoriana.

Figura 7.- Denarios de la ceca de BOLSKAN.

a: Moneda hallada en el campamento romano que rodeaba Numancia, anterior al 133 a.C.; b: Emisión de 140-100 a.C.; c: : Emisión de 100-72 a.C.; d y d’: Emisiones tardías del tesorillo de Guadalajara; e: Denario romano de Marcius Philippus del año 57-56 a.C. aparecido en el tesorillo de Guadalajara; f: Transformación de la silábica “Bo” en la vocal “O”; g: Denario acuñado en Osca (Huesca) por el procónsul Domitius Calvinus el año 39 a.C.

 

El año 39 a.C. fue nombrado gobernador de Hispania Gneo Domitius Calvinus, quien emitió denarios conmemorando su victoria sobre los pueblos ceretanos (Fig. 7g). Estas monedas mantienen intacto el busto barbado del anverso, detrás del cual aparece el nombre latinizado de la ceca “Osca”, mientras el reverso copia los motivos de un denario de César, los instrumentos sacerdotales: secur, aspergillo, secespita y apex.

 

 

 

 

Notas:

(1) Estos datos implican que se pudieron llevar a Roma más de treinta millones de monedas de plata.

(2) Se estima que entre los siglos II y I a.C. existían en lo que viene a denominarse como Celtiberia entre quince  y cincuenta mil indígenas cuya principal ocupación  era la de combatir como tropas auxiliares de los ejércitos en contienda.

(3)  Esto podría explicar la existencia de algunas raras emisiones híbridas, con anverso de Arsaos y reverso de Baskunes: https://monedaiberica.org/v2/type/19746, o la aparición de un          cuño de Turiasu hallado en la zona de Pau (Francia).

(4) Las relaciones más completas y actualizadas sobre los tesoros de moneda ibérica hallados en la Península pueden consultarse en las páginas:

https://monedaiberica.org/v2/hoards

https://denariosibericos.com/tesorillos/

(5) Ibáñez, M. (2013). Imágenes de la charla-taller sobre las cecas vasconas y la moneda romana impartida el 12 de julio del 2013 en Gordailua (Centro de Patrimonio Cultural Mueble de Gipuzkoa), Irún: https://numisarchives.blogspot.com/2014/11/imagenes-de-la-charla-taller-sobre-las.html

(6) Ibáñez, M., (2011). El final de las acuñaciones de moneda ibérica. Eco Filatélico y Numismático 67 (1200): pp. 42-43.