viernes, 19 de agosto de 2016

"Premoneda" social en la Melanesia y Micronesia: un puente entre el pasado y el futuro.

“Premoneda” social en la Melanesia y Micronesia: un puente entre el pasado y el futuro. Artículo publicado en el 2007 en F.J. Antón Burgos (Editor): Tradiciones y nuevas realidades en Asia y el Pacífico. Asociación Española de Estudios del Pacífico, pp 97-105. 

Miguel Ibáñez Artica (Instituto Bidebieta, San Sebastián) & Mª Dolores San Millán Vergé (U.P.V. San Sebastián).

En abril del año 2006, los jefes del poblado de Ambanga (en la Isla de Ambae, Vanuatu), ante la amenaza de una inminente erupción, y como ofrenda de paz a los dioses “Kelevu” y “Tagaro”, arrojaron al lago formado en el cráter del volcán Manaro una valiosa esterilla roja y tres colmillos curvados de cerdo, elementos utilizados como moneda y símbolo de valor en la región. Esta información, publicada el 18 de abril en el “Vanuatu Daily Post” fue rápidamente criticada y rebatida unos pocos días más tarde (el 27 de abril) en el mismo medio de comunicación: “En mi opinión” -dice el comentarista, refiriéndose a la persona que ha realizado las declaraciones sobre la ceremonia- “debe guardar sus creencias para sí mismo y para sus niños y no cuestionar los principios cristianos sobre los que se ha fundado esta nación”.

Figura 1.- Volcán de Ambae y jefes de la zona con colgantes de colmillos curvados.

El ocho de junio del 2006, entre 150 y 200 líderes tolai se concentraron, clavando una lanza frente a las oficinas del gobierno en Vunadidir, como señal de protesta. Este enojo estaba motivado por una gran ofensa infringida a sus tradiciones: días antes, un conjunto de máscaras rituales “tubuan” habían sido mostradas en la capital de Papua-Nueva Guinea a una delegación de extranjeros de la Unión Europea(1). Como compensación, los líderes recibieron 300 brazas de moneda-concha (tambú) y a cambio, retiraron la lanza y regresaron a sus aldeas. (Información del Post-Courier, edición del fin de semana: 9 -11 Junio, 2006). Basta con seguir la prensa local de algunas zonas de la Melanesia y Micronesia para encontrar hoy en día referencias al uso de la “moneda primitiva” (“kastom moni”), que convive en mejor o peor armonía con la moderna (“bisnis moni”), emitida por la correspondiente autoridad estatal. Estas monedas tradicionales se han venido utilizando en la región desde la época precolonial, y se dieron a conocer a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando se publicaron varios trabajos describiendo los diferentes tipos de monedas utilizadas en algunas islas del Pacífico Sur(2)


Figura 2.- Portada del periódico “Post Courier” de junio del 2006.

La moneda económica actual presenta diez funciones principales: 1.- unidad de cuenta; 2.- medida común del valor; 3.- medio de intercambio; 4.- medio de pago; 5.- estandar para el pago diferido; 6.- almacenamiento de valor; 7.- posesión de liquidez; 8.- marco del sistema de reparto del mercado (precios); 9.- factor causal en la economía, y 10.- elemento de control de la economía. Las seis primeras funciones son muy concretas, mientras las cuatro restantes son de tipo más general, y afectan al campo de la macroeconomía (Davies, 2002). En cuanto a las características que deben cumplir los objetos utilizados como moneda, pueden señalarse: que sean fácilmente reconocibles, útiles, portátiles, divisibles, indestructibles, de valor estable y homogéneos. Además de esta “moneda económica”, en culturas calificadas como “primitivas”, hallamos otros tipos, que presentan una función social distinta a la estrictamente económica, como “monedas” específicas para realizar obsequios, con reciprocidad como en el caso del Kula, o sin ella, como el Potlatch americano o la sal potásica entre los Baruya de Nueva Guinea; para el pago de dotes matrimoniales –dinero o “riqueza” de la novia-, como el “talipún” de las regiones de Boiken y Abelam, el “ot” de los Muyu de Irian Jaya en Papua o los “peniques kissi” de Sierra Leona;  para pago de multas y compensaciones por ofensas, heridas o incluso muerte –dinero de sangre-, indemnizaciones por adulterio y divorcio, etc...  Sin embargo, la especificidad de su uso, les acarrea una fuerte desventaja frente a la moderna “moneda económica”, de forma que cuando ésta surge en una determinada cultura (generalmente importada por otra sociedad más desarrollada) tiende a fagocitar y sustituir al resto de las “monedas” haciéndolas desaparecer(3).

            La teoría convencional generalmente aceptada por economistas y numismáticos, del “trueque” primitivo como antecesor directo de la “moneda económica”, es la principal causa de la interpretación que hacemos de este elemento en el contexto de nuestro sofisticado sistema económico, y sin embargo dicha teoría es en realidad un mito surgido en el s. XVIII (Servet, 2001). A través de la antropología se ha llegado a poseer una visión mucho más amplia acerca de la complejidad de funciones asociadas a la denominada “moneda primitiva”. 

La moneda es un “invento” relativamente reciente; en occidente su antigüedad se remonta al último cuarto del siglo VII a. C., y sin embargo el hombre venía comerciando desde hacía varios milenios, aparentemente sin utilizarla. Antes de su aparición se empleaban diferentes elementos entre los que podemos destacar los lingotes de metal, a veces con marcas que señalan su procedencia, pertenencia o controles de peso y calidad. Es precisamente a partir de unas “gotas” de electro (aleación de oro/plata) de donde surgieron las primeras monedas, convirtiéndose en un signo social, medida universal de valor y medio de compra garantizado. El salto entre “lingote premonetario” a “moneda” se produjo con la aparición del pensamiento racional en las comunidades políticas griegas (Parise, 2003; p. 63), y su éxito y rápida propagación, se debieron no sólo a su utilidad práctica como herramienta económica al servicio del poder establecido(4), sino a que también pudo actuar sicológicamente en la población como una droga (Lea & Webley, 2006).

            Las investigaciones antropológicas realizadas desde finales del siglo XIX por diferentes especialistas en lejanas zonas aisladas como la Melanesia, han permitido descubrir una gran variedad de formas y usos de “monedas”, que probablemente existieron también en otros lugares y culturas antes de que surgiera la “moneda económica”. En 1914, Mauss realizó una novedosa proposición sobre el concepto de “moneda”, señalando su carácter mágico-religioso en las sociedades primitivas de África, América y Oceanía, y frecuentemente encontramos un origen sagrado en las monedas-concha de las islas del Pacífico. Por ejemplo, según la tradición, las monedas “ndap” y “nkö” de las islas Rosell fueron fabricadas en lugares sagrados por un dios, y mientras las primeras son objetos personalizados con su propio nombre e historia y sólo pueden ser poseídas por los jefes, las segundas pueden pertenecer a las mujeres (Armstrong, 1924).  Recientemente, numerosos autores han profundizado sobre el carácter sacro de estas monedas primitivas (Weiner, 1985, 1992; Godelier, 1996, Werner & Bell, 2004), de forma que podemos identificar tres familias de objetos “premonetarios”, los sagrados (intransferibles, donados originariamente por los dioses, no circulan), los preciosos (de carácter ceremonial y circulación especial, pueden ser donados en ciertos casos como en matrimonios, deudas de sangre…) y los comunes o profanos (que sirven como moneda de uso cotidiano asumiendo una función económica)(5). En ocasiones estos tres elemento se imbrican, entre sí, y un buen ejemplo lo encontramos en Nueva Caledonia, donde las “monedas concha” se conservaban en un cesto denominado “cabeza del antepasado”. Estas monedas, unidas por un gancho al cesto, formaban el “cuerpo” que recibía la “vida” de la “cabeza”. Mientras cestos y ganchos eran conservados como objetos sagrados por los jefes, las ristras de conchas circulaban como moneda común (Leenhardt, 1930, citado en Godelier, 1998). Ocasionalmente encontramos que algunos elementos rituales pasan a la esfera comercial,  como por ejemplo los “mwali” o “soulava” que salen del circuito del Kula y sirven para adquirir canoas o posesiones valiosas; también se puede dar el cambio en sentido inverso, y un curioso ejemplo lo encontramos en las  islas Rossel: la familia “ndap” de monedas concha, anteriormente mencionada, se divide a su vez en 22 tipos distintos, entre ellos, los cuatro valores más altos se utilizaban tradicionalmente como compensación a los familiares de las víctimas de canibalismo, pero al desaparecer esta práctica, también ha cambiado el papel de estos cuatro tipos de moneda concha, que actualmente han pasado a la categoría de “objetos intransferibles” (Liep, 1999).

            La sacralización de los objetos valiosos es un mecanismo que permite reforzar la jerarquización social, ya que las monedas no sirven únicamente para adquirir bienes o servicios, también permiten a su poseedor disponer de un elevado status social. Tal como se ha podido estudiar en las Islas Salomón, las monedas concha se consolidaron sinérgicamente con la aparición de una sociedad más jerarquizada, los objetos de valor (las monedas-concha) fueron sacralizados y su posesión por los jefes incrementó su autoridad, actuando como catalizadoras en la expansión de las formas de intercambio en la sociedad (Aswani & Sheppard, 2003). Podemos encontrar ciertos paralelismo en la antigua Grecia, donde también se producía una clara diferenciación entre los objetos valiosos adquiridos o “riqueza móvil” (probasis) y aquellos que debían conservarse en casa (keimelia). Como en los soulava y mwali del anillo del Kula en la actualidad(6), los keimelion tenían su propia historia, iban unidos a su poseedor y al pasar de mano en mano acrecentaban su valor (Parise, 2003). Queda por determinar si en la antigua Grecia la “medida del valor” (como precursora de la moneda) en realidad tuvo un origen sacro y no comercial, o como sugiere Parise (op.cit.) “las cosas no adquirían su valor por usarse en el ámbito religioso, sino que los objetos más valiosos se consagraban precisamente por ser preciosos”.

Elementos utilizados con fines monetarios en la Melanesia y Micronesia.

            Dentro de los diversos materiales utilizados con fines monetarios a lo largo del espacio y del tiempo, podemos diferenciar dos grandes grupos o familias, en primer lugar los que son (o derivan) de objetos o elementos de utilidad práctica, como los “utensilios-herramientas-armas”, lingotes metálicos, o materiales fungibles como alimentos, sal, ganado, te, tabaco, tejidos (raffia, algodón, paños de corteza, etc...). En un segundo grupo podemos incluir los elementos ornamentales con un importante valor simbólico añadido, como diferentes tipos de joyas y adornos. Resulta difícil establecer cuál de estas dos categorías fue la primera en utilizarse con fines premonetales, parecería lógico pensar que fueron los elementos indispensables para la supervivencia los más valorados en un principio, pero es muy probable que los objetos ornamentales, dotados de un poder simbólico/mágico, surgieran en época muy temprana como objetos de valor, susceptibles de ser utilizados como moneda de cambio. Dentro de este grupo de “objetos-adorno”, podemos encontrar a lo largo de los cinco continentes numerosas premonedas, los más antiguos documentados son las pequeñas conchas de caurís (Cypraea moneta y C. annulus) ya utilizadas en China durante la primera dinastía histórica (Shang, s. XVIII-XIII a. C.)(7), ampliamente utilizadas en época moderna para la adquisición de esclavos en la costa occidental africana (Hogendorn & Jhonson, 1985), y que en la actualidad permanecen como monedas comunes, cosidas en largas cintas como el “jetac” o “yerak” entre los Dani de la provincia de Irian Jaya en Papua.


            Con respecto a la Melanesia y Micronesia, aún hoy en día encontramos en estas regiones una de las mayores diversidades culturales del Planeta(8). La razón esta gran diversidad se debe fundamentalmente a la existencia de numerosas barreras para las comunicaciones humanas (islas, densas selvas, pantanos y caudalosos ríos), al igual que ocurre con la evolución biológica y la biodiversidad, la evolución cultural en estos ambientes aislados ha favorecido el desarrollo de un mosaico de culturas diferenciadas. Esta “patchines” cultural se traduce también en los elementos utilizados como moneda, desde los enormes discos de aragonito con varias toneladas de peso de la isla de Yap(9), hasta las delicadas monedas-pluma de Santa Cruz (en las Islas Salomón), fabricadas con el plumón rojo de una pequeña ave del bosque tropical (Myzomela cardinalis), plumas de pichón gris (Ducula pacifica) y como pegamento, la savia mucilaginosa del árbol Broussonetia papyrifera.

Figura 3.- “Monedas” de piedra de la isla de Yap, representadas en una antigua tarjeta de propaganda comercial alemana.

La premoneda como elemento estructurador de la sociedad.

Dentro de esta enorme diversidad destacaremos cuatro ejemplos de “monedas primitivas” que siguen plenamente vigentes en la actualidad. En primer lugar citaremos uno de los casos más significativos, el “tambu” o “diwarra” empleado por el pueblo Tolai, de la provincia de Nueva Bretaña en Papúa-Nueva Guinea (Braun, 2003). Se trata de sartas de pequeños caracolillos Nassarius camelus (v. Martens, 1897) atravesados en una larga varilla, que se mide en brazas (183 cm.), a su vez divisible en pequeños fragmentos con 10-12 conchas. Cada braza contiene unos 300 caracolillos y tiene un valor aproximado de unas 3.5 kinas (aproximadamente un dólar americano). El 13 de febrero del año 2002, se restableció en Rabaul un centro de cambio oficial denominado “A Pal na Tabu” (Casa de la moneda-concha), autorizado oficialmente por el gobierno de la provincia de Nueva Bretaña del Este (Papúa), con una conversión de 1 braza de moneda-concha = 4 kinas. Se trata pues, de una moneda-concha “oficial” y reconocida por el Estado como tal. En la actualidad “circulan” como moneda más de seiscientos millones de caracolillos en la provincia de Nueva Bretaña del Este (Ibáñez, 2004). El “tambu” no sólo funciona como una verdadera moneda económica, también es utilizada con otros fines sociales como restablecer la paz tras una disputa, y se acumula en largas ristras circulares (loloi) para ser troceado y distribuido en determinadas ceremonias, como en los funerales(10) (Emst, 1954, Epstein, 1979). Tampoco esta “moneda-concha” se libra de las falsificaciones: con conchas muy parecidas de la especie Nasarius fraudulentus (Marrat, 1877), ensartadas de la misma forma que el “diwarra”, se fabrica el “eddi” o falso diwarra (Quiggin, 1949). Esta moneda sigue utilizándose como medio de circulación universal entre los Tolai, funcionando a corto plazo como elemento de pago en mercados y transacciones comerciales, y como instrumento de integración social a largo plazo (regalos, multas o compensaciones como el “kamara”,  ceremonias, etc...). A pesar de las numerosas restricciones a su uso (en 1900 los alemanes prohibieron la utilización de monedas-concha entre nativos y europeos), e imposiciones (los japoneses introdujeron de forma obligatoria su moneda durante la segunda Guerra Mundial, y posteriormente los australianos hicieron lo mismo), el “tambu” se ha mantenido posibilitando el estatus y reproducción de las relaciones sociales matrilineales (Foster, 1999)(11).

Figura 4.- A la izquierda, antiguo grabado del s. XIX mostrando un jefe difunto honrado por el pueblo, detrás, los aros de “loloi” o “moneda concha”. A la derecha, en la parte superior, exhibición de “tambu” a comienzos del siglo veinte, en la inferior, la misma ceremonia a comienzos del siglo XXI.

         El segundo ejemplo de “moneda-social”  es el “vaygu’a” de las Islas Trobriand  (Papúa-Nueva Guinea) utilizado en lo que se conoce como el “anillo del Kula”. Aunque ya existían trabajos antropológicos sobre la “moneda primitiva” utilizada en pueblos considerados como “salvajes”, fueron los estudios de Malinowsky (1920, 1921, 1922) quienes pusieron en evidencia la complejidad de los sistemas sociales y económicos donde se utilizaba dicha moneda, y a partir de ese momento los términos  “salvaje” y “primitivo” se relativizaron en la bibliografía antropológica. Ente otras costumbres, Malinowsky describió la ceremonia del Kula,  donde se produce un intercambio ritual entre dos tipos de objetos principales (vaygu’a), por un lado brazaletes denominados “mwali”, fabricados con la concha del caracol marino Conus leopardus (Röding, 1798) con adornos complementarios de caracoles porcelana de la especie Ovula ovum (L. 1758), y por otro, collares “soulava” elaborados con conchas del lamelibranquio Chama pacifica (Broderip, 1834)(12). Este complejo ritual de intercambio de regalos entre islas distanciadas, vertebra un complejo sistema de relaciones sociales y económicas, donde además de los dos tipos principales mencionados, se utilizan diversos objetos como monedas. A pesar de los pronósticos que vaticinaban su desaparición, la ceremonia del “Anillo del Kula” se conserva vigente en la islas Trobriand con algunas diferencias respecto a lo descrito por Malinowsky, como la utilización de embarcaciones con motor o la participación de las mujeres, antaño vetada. (Leach, 1983; Malnic, 1998; Campbell, 2002, Kuhling, 2003)(13).


Figura 5.- “Monedas” del “Anillo del Kula”.

            Un tercer ejemplo de utilización de monedas-concha, lo encontramos en la isla de Malaita (Islas Salomón), donde se usan ristras y collares de cuentas de conchas de colores de distintas formas y tamaños, siendo su fabricación competencia exclusiva de las mujeres, a partir de cuatro tipos diferentes de moluscos lamelibranquios(14). El pueblo Langalanga, en la costa norocidental, es el encargado actualmente de recoger las conchas y fabricar los diferentes tipos de “collares” que servirán como moneda para ellos mismos y para otras tribus de la zona. También en este caso las funciones de estas monedas-concha rebasan su papel estrictamente económico. La denominada “isae galia”, de color blanco, se utiliza exclusivamente para regalos de boda como “dinero de la novia”, pero existen otros muchos tipos de collares que reciben la denominación genérica de “akwala afu”, desde el más valioso “maifuo”, donde las hileras de sartas de diferentes colores se combinan de forma determinada, hasta los más modestos “gwae-uruuru” o “buigao”. En ocasiones se combinan las conchas con dientes de delfín para elaborar sofisticadas monedas locales(15). Esta utilización de dientes como moneda la encontramos mencionada en el informe elaborado por Hernán Gallego, piloto mayor de la expedición de Álvaro de Mendaña, al visitar la Isla San Jorge (al  sur de Santa Isabel en las Islas Salomón) en la primavera de 1568 (publicado por Zaragoza, 1876, p. 6), donde indica:
Viéronse en esta isla algunas perlas, y los indios no hacían mucho caso de ellas, dábanlas todas por el rescate de una canoa que se les había tomado, también trujeron unos dientes que parecieron ser de algún grande animal, estimábanlos en mucho, y decían que los tomasen y volviesen su canoa.”

            Las monedas valiosas se utilizan fundamentalmente para resolver conflictos intertribales y las restantes son empleadas en el comercio con los pueblos vecinos. Recientemente se han analizado las relaciones entre el dinero oficial, los billetes de dólares de las Salomón (en los que se representa una imagen de la fabricación de las monedas tradicionales), y las monedas-concha. Generalmente se utilizan los dos tipos, pero en ámbitos diferentes, así mientras la moneda oficial es empleada para las compras cotidianas, la tradicional se reserva para los pagos ceremoniales (bodas, funerales, resarcimiento de delitos, etc…). Mientras las poblaciones paganas de las zonas montañosas siguen utilizando casi exclusivamente las monedas-concha, las poblaciones más cristianizadas de la costa, habían abandonado progresivamente su uso debido a la influencia de los misioneros (católicos, evangelistas y adventistas) contrarios a las creencias religiosas –como el origen divino de la moneda tradicional- de los nativos, sin embargo, recientemente, incluso las comunidades cristianas están recuperando el uso ritual de la moneda-concha (kofu). Este Kofu en la actualidad presenta una cantidad enorme de denominaciones y valores, desde pequeñas ristras de poco más de un centímetro de longitud hasta cordones de varios metros; las piezas menos valiosas se utilizan para las adquisiciones cotidianas en el mercado, mientras las mayores se reservan para las ceremonias públicas como bodas y especialmente funerales. Algunos pueblos como los Kwaio, al utilizar casi exclusivamente la moneda concha tradicional, presumen de tener una independencia económica real respecto al gobierno de las Islas Salomón (Akin, 1999)(16).

Figura 6.- Moneda concha denominada “tafuliae”.

            Para finalizar podemos comentar la utilización que actualmente se hace de la moneda tradicional en el estado de Vanuatu, conocido antes de su independencia en 1980 como el archipiélago de Nuevas Hébridas, y descubierto por el navegante Pedro Fernandez de Quirós entre 1605 y 1606. Precisamente el primer dato referente a la utilización de los colmillos de cerdo circulares, característicos de estas islas, data del 28 de abril de 1606, tal como figura en el diario de navegación de Gaspar González de Leza, piloto mayor de la expedición de Quirós: “Traia este indio en vn brazo vn gran diente de jauali por manilla” (17).

.           Este país de la Melanesia conserva excepcionalmente una serie de costumbres y tradiciones ancestrales, entre las que figura la utilización de diversos elementos como moneda y símbolo de poder. Uno de los más valiosos es el colmillo circular de cerdo intersexual, que incluso llega a figurar en la bandera nacional. El escudo de la república, creado tras su independencia, que aparece en los anversos de las monedas,  presenta la figura de un jefe de Vanuatu provisto de una serie de elementos simbólicos, como brazaletes de concha usados como moneda, indicando su papel de organizador de los intercambios económicos y distribuidor de servicios, bienes y recursos, mientras el colmillo circular de cerdo simboliza unidad, riqueza, prosperidad y su autoridad. La esterilla representa la importancia de la agricultura y el papel de la mujer en la economía agrícola de la región. Estos son precisamente los tres tipos de moneda tradicional utilizados en las islas: los cerdos y sus colmillos curvados, las monedas-concha y las esterillas rojas. Uno de los principales elementos que cumplen una función monetaria en esta región, es el cerdo intersexual y especialmente sus colmillos. Este tipo de animales pertenece a la denominada especie “Sus papuensis”, que en realidad es un híbrido de la especie autóctona (Sus celebensis) y el cerdo europeo (Sus scrofa)(18). A los dos años de edad, se les extraen los caninos superiores, de forma que los inferiores puedan crecer sin limitaciones, creando un círculo completo a los 7-8 años, y tras 12-14 años de cuidados pueden llegar incluso a formar un doble círculo. Disponer de este tipo de colmillos (estado “Nimangki”) confiere autoridad a su poseedor, siendo el colmillo curvado de un cerdo intersexual el elemento más valioso en el marco social de las poblaciones de Vanuatu(19). Además de los cerdos intersexuales y los colmillos circulares, en algunas zonas, como en la mencionada isla de Ambae, se utilizan también como moneda unas esteras elaboradas con fibras sacadas de las hojas de un pequeño árbol, “Pandarus tectorius”, mientras el pigmento rojo utilizado se obtiene de la planta llamada “lapwe” (“Ventilago neocaledonica”), tinte que se estampa en la estera con ayuda de una madera tallada. Un tercer tipo de moneda utilizado actualmente en las pequeñas islas del norte y en menor proporción al norte de la isla Pentecostés son el “som” y el “homu”, cuentas de collar realizadas con conchas.


Figura 7.- Mercado de esterillas en Ambae, Vanuatu.
 http://www.tranquillity.net/Vanuatu/basketmaking.jpg

            Las autoridades de Vanuatu promueven el desarrollo y utilización de las “monedas tradicionales” como elementos fundamentales para el desarrollo de las pequeñas poblaciones, incluso proponen la creación para el año 2008, de “bancos” de cerdos, usados como moneda. Igualmente se ha propuesto la declaración del año 2007, como año de la “moneda tradicional” (Kastom mane) (Anónimo, 2005).

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ZARAGOZA, J. (1876): Historia del descubrimiento de las regiones australes hecho por el general Pedro Fernandez de Quirós. Bibl. Hispano-Ultramarina, Madrid, 411 pp.

Notas pie de página:
(1) “Tubuan” es una máscara femenina que representa a un antepasado, y de la que “nacen” numerosas máscaras masculinas de forma cónica, denominadas “Dukduk”. Este nacimiento simbólico da lugar al inicio de la ceremonia festiva el “DukDuk”, donde los nuevos miembros son iniciados en las costumbres y leyes de la sociedad.
(2) Danks, 1888, en Nueva Bretaña; Stearn, 1889, con su estudio pionero de Etno-Malacología; Woodford, 1908, en la Isla de Malaita; Malinowsky, 1920, 1921, 1922, en las islas Trobriand de Papua-Nueva Guinea; Armstrong,1924, en las islas Rossel y Lewis, 1929, con su recopilación de “monedas-concha” de los principales museos.
(3) Un buen ejemplo de la evolución experimentada en la moneda tradicional, con la evolución hacia un sistema capitalista de la “moneda concha” se ha dado entre los Muyu de Irian Jaya a mediados del s. XX, a través de  cuatro etapas sucesivas: 1.- apreciación de la moneda tradicional, el “ot”; 2.- apreciación de los objetos occidentales, especialmente hachas y cuchillos; 3.- aceptación de la moneda occidental, y 4.- esfuerzos por internalizar la forma de vida occidental (Schoorl, 1976).
(4) En la antigua Grecia ya existían importantes depósitos de metales preciosos en los templos desde el s. VIII a.C., y la plata estaba institucionalizada como medio de pago (Seaford, 2004). Este hecho y la existencia previa  de elementos premonetales de forma y tamaño (peso) estandarizados por la comunidad, como los asadores de hierro (obelos), que en grupos de seis recibían el nombre de “dracma”, propiciaron la rápida difusión de la moneda, que incluso recibió la misma denominación utilizada para los mencionados elementos premonetales: óbolos y dracmas.
(5) Encontramos numerosos ejemplos de esta división de funciones en las monedas-concha, en la sociedad Tangan (Nueva Irlanda central) se utilizan discos de concha en los ritos funerarios, pagos matrimoniales y compras. Estos  discos, denominados Tintol son anillos fabricados a partir de la concha gigante tridacna y reciben el nombre genérico de am fat. No se fabrican en cantidades desde 1985, y un disco requiere aproximadamente seis meses de trabajo. El tipo más común lleva un surco inciso en el borde exterior, con un tamaño medio de 10 cm. de diámetro. La variedad más grande llamado waratang no circula nunca (Foster, 1990). 
(6) Alguien que llega a poseer en el Kula una pieza famosa, puede retenerla en su poder 10, 15 o incluso 30 años antes de reincorporarla al circuito del Kula. Las conchas se jerarquizan según estándares explícitos en función del peso, circunferencia, longitud y edad. Solamente algunos brazaletes y collares alcanzan el nivel más alto y llevan nombres individuales (como las joyas importantes en el mundo occidental).
(7) El caurí en China es el símbolo por excelencia de la riqueza, y la letra que lo representa (bei) aparece en numerosos caracteres relacionados con el concepto “valioso” (p. ej. en las palabras riqueza, tributo, precioso, recompensa, etc…). A finales del período Shang la gran demanda de caurís hizo que se fabricaran en diferentes materiales como jade, con otras conchas recortadas para darles apariencia de caurís, en piedra, hueso, madera y bronce. De hecho se considera estos caurís de bronce como las primeras monedas metálicas conocidas (Thierry, 1986). Además de estas “monedas económicas”, ya en esta temprana época se fabricaban imitaciones en arcilla, con la finalidad de depositarlas en enterramientos, constituyendo el precedente más antiguo del “dinero de los muertos” o los “billetes del infierno”, utilizados aún hoy en día en los funerales budistas.
(8) Tomando como referencia la riqueza lingüística, en la actualidad existen en Vanuatu, con unos 200.000 habitantes, 109 idiomas locales diferentes, en las Islas Salomón, con poco más de medio millón de habitantes, encontramos 120 lenguas, mientras en Papua-Nueva Guinea con cinco millones y medio de habitantes se hablan 715 lenguas locales.
(9) Estos discos, que se fabricaron hasta 1931, han sido utilizados más como símbolo de riqueza que como moneda de uso comercial. Para este menester se emplean en la actualidad (año 2003) hasta 15 tipos diferentes de “monedas tradicionales”, entre las que destacan las monedas-concha (gau, thaue, yar y anu), de piedra (rai), y unas esterillas de fibra de coco denominadas “lavalava” (Opitz, 2004).
(10) Esta moneda originalmente recibía el nombre de “tambu” en la provincia de Nueva Bretaña y de “diwarra” en Nueva Irlanda (Danks, 1888). Tras la introducción de la moneda occidental, la cantidad de tambú en circulación ha sido controlada  por los líderes locales, y la principal finalidad de su atesoramiento es su distribución tras la muerte del individuo que las ha acumulado durante su vida (Connell, 1977;.Clark, 1995). Actualmente se utilizan diez unidades monetarias de tambú, desde la más pequeña, el “taptikai” con unas 10 a 12 conchas, que equivale a unos dos céntimos de euro, hasta la más valiosa “tana”, de cinco mil brazas de longitud, con 1.200.000 caracolillos, y con un valor equivalente a 3.500 euros (DeMeulenaere, 2006)..
(11) La recolección de los caracolillos utilizados para la confección del “tambu”, tiene lugar en otro lugar, en el lago Roviana, (Nueva Georgia, Islas Salomón), donde constituye una importante actividad económica de los habitantes del poblado de Olive (Aswani, 2000, 2002) que venden su producción a sus vecinos Tolai de Papua.
(12) Malinowsky, interpretó la especie como “Spondylus”, y de esta forma se ha mantenido en algunos trabajos posteriores.
(13) Las principales monedas del Kula, también constituyen “unidad de cuenta”, “medida de valor”,  y “medio de intercambio”. La diferencia, es que en realidad lo que miden o cuentan es la cantidad de reputación personal de quien realiza el obsequio. Se ha llegado a interpretar la ceremonia del Kula, como un “intercambio agonístico” homérico, donde la posición social de un aristócrata dependía tanto de su ascendencia como de su habilidad y éxito en los “intercambios agonísticos”, única forma de elevar su autoridad entre sus semejantes (Weiner, 1992).   
(14) Chama pacifica, llamada en idioma nativo ”romu”, de donde se obtienen las cuentas más apreciadas de color rojo; Beguina semiorbiculata, de coloración marrón o púrpura, denominada “ke’e”; Anadara granosa o “kakandu” con las que se fabrican las cuentas de color blanco, y por último Atrina vexillum  o “kurila” de color negro.
(15) En Malaita hay cinco poblaciones especializadas en la captura de delfines para la obtención de sus dientes como moneda, con una producción anual de unos 100.000 dientes (Takekawa, 2000).
(16) Además de estos collares usados como moneda tradicional en Malaita, los objetos utilizados generalmente como moneda en las islas Salomón, son aros elaborados con conchas, generalmente de la especie “Tridacna gigas”. El nombre genérico que reciben estos anillos es “Poata”, aunque también se les asigna localmente variadas denominaciones como “kiha” o “Hata ‘imu”. El más valioso se denomina “Bakia” y va adornado con fibras vegetales y semillas, lo utilizan como colgante los jefes y se empleaba tan sólo para grandes adquisiciones de tierras y alimentos, y también para solucionar problemas entre diferentes tribus o familias enfrentadas. Un “poata” de gran tamaño se denomina “umbu”, y cuando el contorno externo es irregular recibe el nombre de “mbarake”, por contra los finos aros de Trochus o Conus se denominan “Hinuili” y sirven en pequeñas transacciones, también se han encontrado en enterramientos rituales en la isla de Vella Lavella (Sheppard & Walter, 2005).  Con varios hinuili se elaboraban objetos sagrados como el “serubule” con propiedades mágicas (Sheppard et al., 1998), o monedas complejas como el “Virivirikana”, moneda concha utilizada para hacer la paz. Otra moneda-concha característica es la “kesa” de la isla Choiseul, formada por un cilindro de paredes muy finas de tridacna fosilizada. Todavía en la actualidad puede encontrarse este tipo de moneda, utilizada históricamente como “precio de la novia”, compensaciones por muertes u ofensas, ceremonias de alianzas etc... El arte tradicional de la fabricación de estas monedas se concentra en Nuatabu, al este de la isla (Anónimo, 2001).
(17) Relación verdadera del viaje y suceso que hizo el Capitán Pedro Fernández de Quirós por orden de su majestad a la tierra Austral e incógnita. Por Gaspar González de Leza, piloto maior de la dicha armada. Año de 1605. Biblioteca Nacional de Madrid,  Sección Manuscritos. S. XVI. 3211.
(18) Un cierto porcentaje de los machos nacidos (hasta un 20%) no llegan a desarrollar los caracteres sexuales masculinos, convirtiéndose en machos seudohermafroditas (técnicamente intersexuales), que son los animales más codiciados, utilizados como símbolo de valor y como moneda.


(19) En los préstamos realizados, se aplica un tipo de interés muy lógico, que se determina por la tasa de crecimiento de los colmillos del cerdo durante el tiempo que éste ha sido prestado (Emst, 1954).

lunes, 15 de agosto de 2016

Falsificaciones e imitaciones de monedas.

Falsificaciones e imitaciones de monedas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 61(1129) (Abril, 2005): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.


Las falsificaciones monetarias son tan antiguas como la propia moneda y son bien conocidos los fraudes en las acuñaciones desde tiempos muy remotos. El mismo Herodoto relata cómo Polícrates de Samos, en el siglo VI a.C., engañó a los espartanos que sitiaban la ciudad pagándoles con monedas forradas de oro, y no es raro ver monedas griegas, persas y fenicias, que presentan un marcado corte en su superficie, realizado en su momento por banqueros y comerciantes, para comprobar que no se trataba de monedas falsas de cobre plateado. Uno de los ejemplos más curiosos, sobre el que los investigadores de la numismática no se han puesto completamente de acuerdo, es el de los denarios romanos republicanos forrados, monedas que presentan un alma de cobre recubierta de una fina capa de plata y que se fabricaron con profusión, al parecer utilizando los cuños oficiales. También aparecen frecuentemente denarios ibéricos forrados en muchas de las cecas hispanas (Bolscan, Bascunes, Sesars, Iltirta, Turiasu, Arsaos…).


Figura 1.- Denarios ibéricos forrados de las cecas de Baskunes, Turiasu y Arsaos.

Probablemente la gran demanda de plata necesaria para pagar a las tropas mercenarias que actuaron en los diferentes conflictos peninsulares (como el enfrentamiento de los generales romanos Sertorio y Pompeyo entre los años 80 y 72 a.C), propició que las cecas oficiales, ante la escasez de metal precioso, optaran por fabricar monedas de cobre forradas de plata para pagar a dichas tropas. Curiosamente existe una variante de denarios republicanos que presenta los bordes recortados, son los conocidos como denarios “serrati”, y se ha interpretado que la fabricación de estas monedas respondería a la necesidad de demostrar que no estaban “rellenas” de cobre. Paradójicamente, una gran proporción de estos denarios “serrati”, son precisamente monedas forradas.


Figura 2.- “Serrati” y denarios romanos forrados.

Se plantea la duda a la hora de catalogar estas monedas como “falsas”, cuando realmente se acuñaron con toda probabilidad por orden de las autoridades competentes y en las cecas oficiales.

Aparte de estas falsificaciones que podrían considerarse “legales”, eran muy frecuentes los fraudes realizados por falsarios, ya los códices de Teodosio (año 438 d.C.) y Justiniano (534 d.C.), así como el famoso edicto de Pistes (862 d.C.), se hacen eco de este problema.

Pero antes de profundizar en esta controvertida materia, conviene diferenciar varios matices en el concepto de “falsificación”. Por una parte tenemos las falsificaciones “de época”, que indiscutiblemente presentan un gran valor histórico y numismático, y que constituyen el tema que seguidamente abordaremos. Por otra parte podemos citar las copias o falsificaciones modernas de monedas antiguas, o piezas originales retocadas y manipuladas con el fin de engañar al mercado del coleccionismo, fraude o delito que en principio carece de interés numismático.

Con respecto a las monedas falsas de época, también cabe distinguir dos categorías diferentes, en primer lugar las “falsificaciones ilegales” realizadas por individuos que realizaban acuñaciones sin la autorización preceptiva al margen de la ley (normalmente el derecho de acuñación correspondía al rey o al correspondiente señor feudal), pero también tenemos lo que podríamos calificar como “falsificaciones legales” o imitaciones de otras monedas, realizadas con el consentimiento y autorización de la autoridad competente (como es el caso de los denarios “forrados” anteriormente comentados). Estas imitaciones, siguiendo el criterio establecido por Ian Steward(1), pueden diferenciarse a su vez en dos categorías, la de “copias” y  las “adaptaciones” o “derivados”.


Figura 3.-
a: Penique de Elteredo II (Canterbury, 997-1003 d.C.); b: Imitación escandinava de la época.

Las “copias” en función de la fidelidad con los modelos originales pueden ser agrupadas en tres clases, en la primera se incluyen réplicas realizadas por monederos profesionales y son difíciles de diferenciar de las auténticas, una segunda clase incluye piezas de peor estilo, donde se reconoce la imitación y por último, un tercer grupo de monedas más burdas, generalmente de estilo muy degenerado, donde se evidencia con claridad que se trata de imitaciones. Entre las monedas del primer grupo pueden citarse las abundantes copias de los peniques ingleses de los reyes Eduardos realizadas en los Países Bajos, las imitaciones escandinavas de los de Elteredo y Canuto (Figura 3) o los gruesos torneses de Felipe III y IV de Francia, acuñados en el siglo XIII al norte de Alemania. Estos tipos de copias son de buena ley y tienen el mismo valor que las monedas originales, solían acuñarse para abastecer de moneda a una población acostumbrada ya a la utilización de estos tipos foráneos o incluso para competir con las cecas originales en el ámbito internacional de circulación de monedas de buena calidad, estas monedas son difíciles de diferenciar de las auténticas, incluso para los especialistas. Las piezas del segundo y tercer grupo son más fácilmente distinguibles, suelen tener un ámbito de circulación más restringido y acaban desapareciendo al poco tiempo. Dentro de esta categoría podemos incluir las copias bárbaras de los denarios republicanos acuñados en Panonia por las tribus celtas, o las frecuentes imitaciones de la moneda de cobre tardorromana.


Figura 4.- Imitaciones del senado romano (siglos XII-XIII) de la prestigiosa moneda de Provins con “peineta”. Abajo, prototipo imitado del s. XI

Las “adaptaciones” copian los tipos de las monedas originales y son muy frecuentes en las emisiones europeas de los siglos XIII y XIV. En este caso, aunque se conservan los mismos motivos y representaciones, se producen variaciones con respecto a las piezas originales, como por ejemplo en las leyendas, que suelen hacer alusión al monarca o autoridad que las emite. La inclusión de estas piezas dentro del apartado de las “monedas falsas” dependerá de si estas imitaciones conservan la calidad (ley, es decir contenido en metal precioso, y peso) de las monedas imitadas(2).


Figura 5.-
a: Imitación del grueso con corona de Aimón, conde de Savoya (1340-1343); b: prototipo imitado, el grueso con corona de Felipe VI de Francia (1328-1350).

(1) Steward, I., 1983. Imitation in later medieval coinage: the influence of Scottish types abroad. En: “Studies in Numismatic Method presented to Philip Grierson. Cambridge: 302-325.

(2) En el siguiente artículo sobre “Falsificaciones legales” se comentarán algunos ejemplos. 



lunes, 1 de agosto de 2016

Las monedas de los caníbales.

Las monedas de los caníbales. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 69(1224) (Enero, 2014): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.


            El canibalismo es un fenómeno muy extendido en el reino animal, e incluso forma parte de la estrategia reproductiva de algunos artrópodos. En las mantis religiosas y en las arañas se produce un original comportamiento: tras realizar la cópula, la hembra devora al macho, cuyos elementos nutritivos se incorporan como sustancias de reserva en los huevos de la futura descendencia.

            En la especie humana, la antropofagia constituye un tabú en todas las culturas actuales, sin embargo ha sido una práctica ancestral, común hace 800.000 años en el Homo antecesor, tal como se ha puesto en evidencia en los restos hallados en Atapuerca. Pero no hace falta remontarse tan lejos en el tiempo para encontrar numerosos ejemplos de prácticas de canibalismo, que son relatadas por algunos exploradores en Sudamérica, África o en las Islas del Pacífico, tradiciones que en algunos casos han sobrevivido hasta bien avanzado el siglo veinte (Figura 1).


Figura 1.- Cacería caníbal en las Islas Fiji, según una fotografía de 1907.

            Cuando el explorador español Álvaro de Mendaña descubrió las islas Salomón en 1568, los nativos le ofrecieron carne humana como obsequio en señal de amistad, y en fechas mucho más recientes, ya bien avanzado el siglo XIX,  el conde Rodolfo Festetics de Tolna y su esposa, una millonaria californiana, emprendieron su viaje de bodas por el Océano Pacífico, visitando las islas Salomón, recopilando las experiencias vividas en un libro titulado “Con los caníbales: Ocho años de crucero en el Océano Pacífico”, y en él se narra:
Al día siguiente de nuestra llegada (a la isla Malaita)  fui a visitar una aldea indígena. Las chozas, entretejidas y cubiertas de hojas, están emplazadas sobre pequeños montículos de tierra gredosa, alrededor de las cuales serpentea un sendero estrecho y resbaladizo. Un jefe joven, que hablaba un poco de pidgin (la algarabía o mezcla de varias lenguas que suelen hablar los indígenas) me dijo que el emplazamiento, algo raro, de las chozas tenía por objeto proteger las habitaciones contra los cazadores de cabezas. Me enseñó, encerradas en una casa, a unas cuantas jóvenes que habían sido apresadas en otra isla y que estaban engordando para la próxima fiesta caníbal. Acababa de decidirse que la fiesta se verificaría aquel mismo día, para celebrar nuestra presencia en Malaita. A las muchachas prisioneras se las había advertido, sin duda alguna, que estaba próxima su última hora. De todos modos, no podían hacerse ilusiones acerca del destino que las aguardaba. Parecieron aceptar resignadas su situación. Hice su fotografía; tenían más miedo de mí que de los indígenas que a los pocos momentos iban a matarlas. Mi máquina fotográfica era un peligro desconocido y misterioso que las asustaba más que la muerte inevitable en la forma familiar de sus costumbres ancestrales.
            Lo más espeluznante de esta historia es que el conde pudo fotografiar a las muchachas (Figura 2a), más asustadas de la máquina de fotos que del futuro que les esperaba(2).


Figura 2.-
            a.- Muchachas capturadas para ser devoradas en la isla Malaita a finales del s. XIX.
            b.- Fabricación de “moneda concha” en la actualidad.
c.- La novia sostiene entre sus brazos un “tafuliae”, moneda concha utilizada en las bodas.

            En la actualidad la isla Malaita es famosa por sus variadas monedas concha (Figura 2b), elaboradas con cuentas de variados colores, así como dientes de delfín(1). Entre estas monedas, la más espectacular es la denominada “tafuliae”, utilizada como “dinero de la novia” (Figura 2c), y los habitantes de la isla al utilizar casi exclusivamente la “moneda concha” tradicional, presumen de tener una independencia económica real respecto al gobierno de las Islas Salomón.

            A veces conocemos incluso el precio de la carne humana, por ejemplo entre los Tolai de Nueva Irlanda y norte de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea), en 1887 un cuerpo humano completo venía a costar entre 50 y 80 brazas de la moneda-concha tradicional o tambú(3).

            Sin embargo donde las monedas han tenido una relación más directa con las prácticas del canibalismo ha sido en la isla Rossel, donde existen dos tipos diferentes de “monedas concha”, las “ndap” y las “ke”.  En la actualidad perviven 20 tipos de “ndap” y 14 de “ke” (4), los cuatro niveles superiores han dejado de ser utilizados como moneda pasando a la categoría de objetos valiosos intransferibles. La explicación a este fenómeno es que dichas monedas se utilizaban exclusivamente para resarcir a los parientes de aquellas personas que eran objeto de canibalismo, dado que ningún ser humano podía cocinarse o comerse hasta que los familiares de la víctima hubieran aceptado el pago. Al eliminarse esta ancestral costumbre, el uso de dichas monedas perdió su sentido. Aun así cada una de ellas conserva su propio nombre y siguen siendo objetos de extraordinario valor que se heredan de padres a hijos (Figura 3).


Figura 3.- Monedas “Ndap” de la isla Rossel fabricadas por el dios Wonajo antes de la llegada del hombre a la isla. Cada una tiene su propia denominación (a: Tebuda; b: Diama; c: Kechem; d: Kweia). El anterior poseedor de estas monedas fue Jerome Kaiobu de la villa de Njaru, quien a su vez las recibió, de la familia de de Tadia Tebi de la villa de Mala, como pago por un cerdo destinado a un festín ritual (comunicación personal de Colin Davidson). El último ejemplar (e), denominado “Davere”, se utiliza como moneda en las islas del sudeste del archipiélago de las Louisiadas y la valiosa moneda se protege con una funda de mimbre.


Figura 4.- Diferentes tipos de monedas “ke” utilizadas en el comercio local en la isla Rossel.

            La isla Rossel, de apenas veinte kilómetros de longitud y unos diez de anchura, es la más oriental del archipiélago de las Louisiadas y es famosa por dos hechos aparentemente contradictorios, por una parte, por su complejo sistema monetario de conchas, objeto de numerosos estudios y de una reciente tesis doctoral (5),  así como por su tradición de canibalismo en el pasado. Esta tradición fue conocida en todo el mundo a raíz de un trágico accidente. En julio del año 1858 el buque francés de tres mástiles denominado “St. Paul” salió del puerto de Hong Kong con una tripulación de veinte marineros y 327 trabajadores chinos, con destino a las minas de oro australianas. Una tormenta embarrancó el buque en los arrecifes próximos a la isla de Rossel, y el capitán y once tripulantes salieron en una lancha de siete metros a buscar ayuda, dejando al resto de la tripulación y pasaje en tierra. En diciembre del mismo año, el vapor francés Styx salía de Nueva Caledonia para auxiliar a los náufragos. A su llegada un superviviente les contó cómo unos trescientos compatriotas chinos habían sido capturados y sacrificados como bestias cada cierto tiempo, para ser devorados en los banquetes colectivos que se celebraban en la isla. Sobrevivieron cinco jóvenes que habían sido “adoptados” por los jefes de las tribus. El ocho de enero el buque francés Styx regresó al puerto de Sydney, en cuya prensa se publicó a toda plana la masacre caníbal de la isla Rossel el día 26 de enero de 1859, noticia que se difundió rápidamente por todo el Planeta.



Figura 5.- Fragmento de una placa de cobre del forro del casco del St. Paul, procedente de la isla Rossel y antiguo grabado del buque.

Notas:

(1) Ver artículo: Monedas-concha en las Islas Salomón. Eco Filatélico y Numismático (Abril, 2007), 62(1151): pp.60-61.
(2) Festetics von Tolna, Count Rudolf. 1903. Chez les Cannibales. Paris Plon-Nourrit: 407 pp
(3) Parkinson, R., 1887. Im Bismarck Archipel: Erlebnisse und Beobachtungen auf der Insel Neu-Pommern (Neu Britanien). Leipzig, F.A. Brockhaus.
(4) Ver artículo: Las monedas de la Isla Rossel (Papua-Nueva Guinea). Eco Filatélico y Numismático. (Marzo, 2010), 66(1183): 42-43.
(5) Liep, J., 2009. A Papuan Plutocracy. Ranked Exchange on Rossel Island. Aarhus Univ. Press Dinamarca: 376 pp.  


viernes, 15 de julio de 2016

Las monedas de la Isla Rossel (Papúa-Nueva Guinea).

Las monedas de la Isla Rossel (Papúa-Nueva Guinea). Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 66(1183) (Marzo, 2010): pp. 42-43.

Miguel Ibáñez Artica.

            Dos años después de que el antropólogo Bronislaw Malinowski publicara su impactante obra “Los argonautas del Pacífico” en 1922 (1), Wallace Armstrong dio a conocer una curiosa forma de economía monetaria en la isla de Rossel, situada muy cerca de la zona estudiada por Malinowski. Mientras en las Trobriand los “souvala” y “mwali” (las principales monedas-concha) se utilizaban como monedas ceremoniales, en Rossel existía un sofisticado y complejo sistema monetario, con dos familias completamente diferentes de monedas. En primer lugar las “ndap”, formadas por fragmentos redondeados y pulidos de conchas del género Spondylus, con una coloración rojiza, naranja o amarillenta, y que presentan un pequeño orificio cerca del extremo más agudo (Figura 1 parte superior). Dentro de esta familia de monedas existían 22 categorías diferentes, y cada una de las monedas de los ocho tipos más valiosos, fabricadas por los dioses según la mitología local, tenía su propio nombre individual y era reconocida por todos.


Figura 1.- En la parte superior dos valiosas monedas “ndap”, en la inferior una “ke”.

            El segundo tipo monetario, de aspecto muy diferente era el “ke” del que existían 16 tipos  diferentes, dependiendo su importancia en la clasificación del tamaño de las piezas que integran la moneda (entre 8 y 40 mm.). La moneda está formada por diez pequeños discos elaborados con la concha del molusco de la especie Chama pacifica unidos en hilera (Figura2), y  tienen menos valor que las “ndap”.  


Figura 2.- Diferentes partes de la moneda “ke” (según Liep, 2007, p. 195)

            La publicación de los descubrimientos de Armstrong en revistas de antropología y economía (2), junto con los espectaculares hallazgos de Malinowski, contribuyeron en buena medida a cambiar la percepción que tenían los antropólogos occidentales, y la mayoría de la gente, acerca de los “pueblos primitivos”, poseedores de una estructura social, y en este caso económica, mucho más compleja de lo que hasta la fecha se consideraba.

            Ha pasado casi un siglo desde que se realizaron estos hallazgos, y podríamos suponer que estos originales sistemas monetarios han desaparecido hace tiempo, engullidos por la moneda económica occidental, que surgida en Asia Menor en el siglo VIII a.C. se ha expandido a todos los rincones del Planeta, fagocitando otros tipos de monedas locales de uso más restringido. Pero todavía en la actualidad encontramos muchas de estas monedas tradicionales vivas en algunos lugares (Figura 3).


Figura 3.-  Billete de 5 kinas donde aparecen algunas monedas tradicionales en uso:
            a.- Moka-Kina de los montes de Highland.
            b.- Talipún de la zona del río Sepik.
            c.- Manum de Nueva Irlanda.
d.- Ke de la isla de Rossel, dibujado a partir del ejemplar depositado por el Dr. Liep en el Museo Nacional de Port Moresby.

En septiembre del pasado año (2009), la universidad de Aarhus (Dinamarca) editó una importante publicación (Figura 3), que recoge el fruto de más de tres décadas de trabajo del profesor John Liep en la isla Rossel, y con mínimas variaciones con lo observado hace un siglo por Armstrong, este original sistema monetario sigue todavía vivo y vigente (3).


Figura 4.- Portada del libro del Dr. Liep sobre las monedas de la Isla Rossel, mostrando la entrega de valiosas monedas “ndap”, collares de conchas y hachas de piedra en una ceremonia funeraria.

            En la actualidad existen 20 tipos de “ndap” y 14 de “ke”, los cuatro niveles superiores han dejado de ser utilizados como moneda pasando a la categoría de objetos valiosos intransferibles. La explicación a este fenómeno es que dichas monedas se utilizaban exclusivamente para resarcir a los parientes de aquellas personas que habían sido objeto de canibalismo, al eliminarse esta ancestral costumbre, el uso de dichas monedas ha perdido su sentido. Aun así cada una de ellas tiene su propio nombre y siguen siendo objetos de extraordinario valor que se heredan de padres a hijos. Las cinco categorías siguientes de monedas ndap se utilizan excepcionalmente en pagos muy importantes, mientras las once restantes circulan habitualmente en intercambios rituales o comerciales (Figura 4).  La clasificación de las monedas “ke” es complementaria a la anterior, y salvo las del primer tipo, correspondiente a ejemplares muy antiguos, utilizados también en su día como resarcimiento a los familiares de víctimas de canibalismo, las restantes son utilizados en pagos e intercambios cotidianos.

            No solo se utilizan estos dos tipos de monedas concha, también presentan la misma finalidad otros objetos como las hachas de piedra, espátulas ceremoniales y collares de conchas, estos collares son exportados a las vecinas islas Trobriand donde se convierten en monedas del Kula. Con la parte más gruesa de la concha de la especie Chama pacifica, se fabrican los discos que componen el soulava (una de las monedas del Kula de las islas Trobriand), mientras que las partes más delgadas de la concha sirven para la fabricación de la moneda local, el “ke”.


Figura 5.- Transacción  en una fiesta del cerdo donde se utilizan monedas ndap y ke.

            Actualmente (Figura 5) se utilizan en la isla Rossel cuatro tipos monetarios, las monedas ndap, las ke, los útiles como hachas, espátulas y collares, y el dinero normal (billetes de banco en kinas, moneda oficial de Papua-Nueva Guinea). Los cuatro tipos de intercambios donde se utilizan dichas monedas son las dotes matrimoniales (dinero de la novia), las fiestas del cerdo, la adquisición de casas o canoas y los intercambios mortuorios en funerales. Mientras las monedas ndap circulan en todos estos ámbitos de intercambio, las ke están ausentes en los funerales, y los billetes de moneda moderna son utilizados (muchas veces junto con los otros tipos de moneda) en las fiestas del cerdo y en la adquisición de bienes.

Notas:

(1)  Donde se describe la compleja ceremonia del “anillo del Kula” de las islas Trobriand (Papúa-Nueva Guinea), en la que se intercambian “mwali” y “soulava”, valiosas “monedas-concha”.

(2)  Armstrong, W.E., 1924. Shel’-Money from Rossel Island, Papua. MAN 24: pp. 161-162; Armstrong, W.E., 1924. Rossel Island Money: A Unique Monetary System. The Economic Journal 34(135): pp. 423-429.

(3) Liep, J., 2009. A Papuan Plutocracy. Ranked Exchange on Rossel Island. Aarhus Univ. Press Dinamarca: 376 pp.  





viernes, 1 de julio de 2016

Dos casos de depredación entre animales marinos en las antiguas acuñaciones griegas (Cumas y Accragas).

Dos casos de depredación entre animales marinos en las antiguas acuñaciones griegas (Cumas y Acragas). Artículo publicado en “Abissalia” 1 (1987, ISSN 0214-0268) pp. 21-22.

Miguel Ibáñez Artica.

            Las representaciones faunísticas son particularmente abundantes en la iconografía griega, donde alcanzan una gran perfección; y es en las primitivas acuñaciones donde aparecen gran cantidad de animales, tanto imaginarios (tritones, serpientes marinas…) como reales, y dentro de estas últimos, tanto marinos como terrestres.

            Con respecto a la fauna marina que aparece en las primitivas monedas griegas son varios los animales que encontramos representados (mejillón, concha de peregrino, murícidos, sepias, pulpos, camarones, cangrejos y peces) (Ibáñez, 1982 (1987)).

            Aunque podemos encontrar varias especies animales representadas en una misma moneda, es más raro encontrarlos relacionados entre sí, y esto es lo que ocurre en las dos monedas que presentamos.

            La primera es una estátera eubéa de plata de 8,4 gramos de peso (Robinson, 1971) en cuyo anverso figura la diosa Atenea con casco corintio y la leyenda KUN AION, y en el reverso un cangrejo sujetando a un mejillón en actitud de comérselo (Figura 1).


Figura 1.- Estátera de Cumas, c. 480 a.C.

            La ciudad de Cumas, situada en la costa de Campania en la Italia Meridional (Magna Grecia) fue una primitiva factoría griega desde el siglo X a.C., y es donde según la tradición, llegó Eneas tras el desastre de la guerra de Troya.

            Es sin embargo en el siglo octavo antes de nuestra Era cuando, colonizada por los Eubeos, alcanza su máxima prosperidad.

            Las primeras monedas fueron acuñadas hacia el año 490 a.C. por Aristodemo Malacos (“el afeminado”) quien apoyó a los romanos contra los etruscos que querían restablecer la dinastía de los Tarquinos en Roma. Hacia el 458 Aristodemo es depuesto por la Aristocracia de la ciudad que apoya al tirano Hierón de Siracusa en su lucha contra los Etruscos.

            La victoria en el 474 de Hierón, libra a los habitantes de Cumas de la amenaza etrusca, pero otros pueblos vecinos se ciernen sobre la ciudad que finalmente es capturada por los Samnitas en el año 423 a.C.

            En las monedas acuñadas por esta ciudad figura en el anverso una cara femenina, identificada con la ninfa Cumas (Babelon, 1907) o con Sibila (Poole, 1873), o bien con la diosa Atenea con casco corintio (más raramente el casco sólo o una cabeza de león).

            En el reverso figura un mejillón (Mytilus galloprovincialis), a veces acompañado de otras representaciones (ratón, arco, punta de lanza, grano de trigo, delfines, serpiente marina…).

            El mejillón, animal que caracteriza las monedas de Cumas, fue sin duda una importante fuente económica en la ciudad y debía de ser importante la producción de este molusco (¿tal vez cultivado?) en los lagos salinos próximos a la ciudad (Fusaro, Licola, Lucrina).

            La moneda aquí representada fue acuñada hacia el año 480 a.C. y resulta extraña, ya que normalmente la figura que acompaña al mejillón es de menor tamaño y en este caso se trata de una representación donde ambos animales están relacionados (el cangrejo sujeta al mejillón con sus pinzas. ¿Pudo deberse esta escena a una plaga de cangrejos que asolaron los ricos bancos de mejillón? ¿Se trata de alguna alusión indirecta a los turbulentos acontecimientos que se produjeron durante la deposición de Aristodemo o la amenaza que vivió la ciudad proveniente de sus vecinos Etruscos?

            Tal vez nunca sabremos la respuesta, pero sí parece claro que tal representación, aislada en el contexto numismático, no debió ser casual.


            La segunda moneda representada es un Hemilitron de bronce de 22 gramos de peso acuñado en la ciudad siciliana de Acragas (Agrigento) entre el 425 y el 406 a.V.

            La ciudad de Acragas en el sur de la Isla fue colonizada hacia el 528 a.C. por los Dorios venidos de Gela y Rodas que seguían las rutas “minóicas” tradicionales (Bayet, 1930).

            Falaris, cruel tirano de Acragas (565-549) embelleció la ciudad construyendo un famoso templo dedicado a Zeus; precisamente el águila que figura en los anversos de las monedas acuñadas en Acragas representa al dios Zeus Atabyros de los Rodios. Este águila a veces lleva una liebre entre sus garras (la liebre aparece en las monedas de la vecina ciudad de Messana) o como en el presente caso un atún (símbolo utilizado frecuentemente por los fenicios, precisamente es abundante en las ciudades ibéricas de Gades, Sexi y Abdera).

            El cangrejo hace alusión al nombre de la ciudad, y si bien parece corresponder a  la especie fluvial Pomaton fluviatile (Delorme & Roux, 1987), abundante en los ríos Hypsas (Drago) y Acragas (San Biasio) que se unen cerca de la ciudad, posteriormente la figura degenera y en unos casos se parece al cangrejo de mar Pachygrapsus marmoratus, mientras en otros adopta formas difíciles de identificar.

            La moneda (Figura 2) presenta el reverso rodeado de seis glóbulos o puntos (indicadores del valor de seis uncias), un caracol marino y un pulpo, encima el cangrejo que lleva en su pinza izquierda un “gusano” (posiblemente poliqueto) interpretado por varios autores como una “angula” (Poole, 1876, Sear, 1978).



Figura 2.- Hemilitron de Akragas, 425-406 a.C.

            En este caso no cabe pensar en una interpretación oculta y la representación que se nos ofrece es una simple y sencilla depredación.

            Hemos visto como en las acuñaciones griegas, y más concretamente del sur de Italia y Sicilia, encontramos casos excepcionales donde se ven acciones depredadoras en animales marinos (cangrejo-mejillón en Cumas y cangrejo-poliqueto en Acragas). Estas representaciones de depredación son frecuentes en animales terrestres (león-toro, águila-liebre…) y presentan un contenido simbólico. En el presente caso la figura que aparece en la moneda de Cumas podría tener un cierto significado.

Bibliografía:

Babelon, E. (1907). Traité des Monnaies Grecques et Romaines (2e part, T.1): 1670 pp.
Bayet, J. (1930). La Sicile Greque. Les Belles Letres: 56 pp.
Delorme, J. & Ch. Roux (1987). Guide illustré de la Faune aquatique dans l’art Grec. A.P.D.C.A.: 175 pp.
Ibáñez, M. (1982(1987)). La fauna marina en las antiguas acuñaciones griegas. III Simposio Ibérico de Estudios del Bentos Marino, Pontevedra 4-8 octubre 1982: pp. 43-50.
Poole, R.S. (1873). A catalogue of the Greek coins in the British Museum: Italy: 432 pp.
Poole, R.S. (1876). Ibid: Sicily: 292 pp.
Robinson, E.S.G. (1971). A catalogue of the Calouste Gulbenkian collection of Greek Coins. F.C. Gulbenkian: 136 pp.

Sear, D.R. (1978). Greek Coins and their values (V.I: Europe). R. Stockwell Ltd.: 317 pp.