viernes, 15 de abril de 2016

Monedas españolas de personajes que no llegaron a reinar: Carlos “IV” de Navarra, Príncipe de Viana (1441-1461).

Monedas españolas de personajes que no llegaron a reinar: Carlos “IV” de Navarra, Príncipe de Viana (1441-1461). Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 58(1103) (Diciembre, 2002): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

El ocho de septiembre de 1425, fallecía en la ciudad de Tafalla el rey de Navarra Carlos III “el Noble”, tras un prolongado reinado de paz, en gran parte debida a la prudente y conciliadora actitud del monarca. Heredaba la corona su hija, Blanca, casada con Juan (uno de los “infantes de Aragón” citados por Jorge Manrique). Blanca y Juan por esas fechas ya habían tenido un hijo llamado Carlos en honor a su abuelo, nacido en 1421 y para quien el monarca Carlos III creó el “Principado de Viana”.

Tras la muerte de la reina de Navarra en 1441, el Príncipe de Viana debía haber sido proclamado rey, pero su padre, el ambicioso e intrigante Juan II, no estaba dispuesto a renunciar al título real, y tras una reunión mantenida en noviembre de ese mismo año en Santo Domingo de la Calzada, Carlos fue nombrado Lugarteniente General del Reino, manteniendo su padre la corona de Navarra. En estos momentos Juan II se encontraba muy ocupado en mantener y acrecentar su influencia en territorios castellanos, contrayendo matrimonio con Juana Enriquez, hija del almirante de Castilla (13 de julio de 1447), sin ni siquiera notificarlo oficialmente al reino de Navarra.


Figura 1.- Miniatura representando a Carlos, Príncipe de Viana, con sus divisas y símbolos característicos. La figura del trifolio también aparece en sus monedas de plata, como en el anverso del medio grueso que se ilustra.

De esta forma fue incrementándose la animadversión por el monarca, hasta producirse en 1450 la ruptura entre padre e hijo, formándose dos partidos, los Beamonteses que apoyan al Príncipe de Viana y los Agramonteses favorables a Juan II. Carlos fue hecho prisionero por su padre, y precisamente estando preso en la Aljafería de Zaragoza, tuvo conocimiento del nacimiento en Sos de su hermanastro, el futuro Fernando el Católico.


Figura 2.- Precisamente en la piedra angular de una casa noble de Sos del Rey Católico (entrada al alojamiento “Ruta del Tiempo”), encontramos en un escudo, la leyenda Ihs en letra gótica, flanqueada con sendas figuras de trifolio, similares a las que podemos observar en el grueso emitido a nombre del Príncipe de Viana que se ilustra en la imagen.

 Liberado poco tiempo después, continúa el enfrentamiento con su padre siendo desheredado en 1455. Cuando la mediación de Alfonso el Magnánimo, rey de Aragón y hermano de Juan II parecía que podría solucionar el enfrentamiento dinástico, se produce el fallecimiento de dicho monarca (junio de 1459), heredando Juan II la corona de Aragón, lo cual reforzaba aún más su posición de fuerza. Se renueva entonces un período hostilidades y treguas sucesivas, en marzo de 1460 el príncipe conocía por vez primera a su madrastra y hacía las paces con su padre, pero en diciembre era nuevamente apresado, reavivándose la guerra civil en Navarra. El 23 de septiembre de 1461 fallecía Carlos, Príncipe de Viana, propagándose entre la  población el bulo de que había sido envenenado por su madrastra (la madre de Fernando el Católico), y fue aclamado por el pueblo que lo quería llevar a los altares. Hasta el siglo XVIII se le atribuían numerosos milagros en el monasterio de Poblet, donde permanece enterrado.


Figura 3.- Fotografías tomadas entre 1933 y 1934 de la supuesta momia del Príncipe de Viana, enterrado en el monasterio de Poblet (figura superior). En el año 2008, las pruebas de ADN realizadas a los restos demostraron que no se trataba del Príncipe.

Durante varios años (1350-1361) existieron en Navarra dos administraciones públicas, la que mantuvo lealtad al monarca y la que crearon los seguidores del Príncipe de Viana. En ambos bandos se acuñó moneda, en un caso a nombre de Juan II y en el otro a nombre de Carlos, Príncipe de Viana. Desgraciadamente tras la muerte en 1361 del Príncipe de Viana, se destruyeron todos los documentos referentes a su administración y por ello no se conservan datos concretos de las monedas que acuñó. Emitió gruesos y medios gruesos de plata, así como cornados y medios cornados de vellón pobre, y las emisiones debieron ser numerosas como nos lo indica la variedad de cuños y el relativamente alto número de ejemplares conservados. En el grueso de plata figura el emblema del príncipe y la leyenda “KARTVS:D:PROPIETARIVS:NAVR”, es decir el numeral que le correspondería (Carlos Cuarto) y haciendo clara alusión a que es el legítimo “propietario” del reino.


Figura 4.- Grueso, cornado y medio grueso de Carlos, Príncipe de Viana, sobre la firma del Príncipe en una nota manuscrita.

A pasar de que estas monedas se conocían desde hace tiempo, figurando incluso en la colección del monarca Luis XV de Francia, tradicionalmente se atribuían a Carlos II “el Malo”. En fechas relativamente recientes, L. Domingo Figuerola (1978) y M. Crusafont (1979) las adjudicaron correctamente al Príncipe de Viana*.

Nota adicional:
*En febrero de 1868, D. Pablo Ilarregui, secretario del Ayuntamiento de Pamplona y vicepresidente de la Comisión de Monumentos de Navarra, con motivo de la incorporación al monetario del Cabildo de la Catedral de Pamplona de un grueso de este tipo, envió un interesante informe manuscrito a la Real Academia de la Historia (R.A.H. GN 1868-2(1). En el mismo, acompañado de un dibujo de la moneda, se discute y propone la atribución de la misma al Príncipe de Viana, en contra de lo recientemente publicado por Poey d’Avant (op. cit.). Desgraciadamente este informe no llegó a ver la luz, y en la bibliografía posterior (Heiss, 1869, tomo III, nº 5 y 6; Vidal Quadras, 1892, tomo II, nº 5650; Mateu y Llopis, 1946, p. 212, etc...) estas piezas siguieron atribuyéndose a Carlos II durante más de un siglo.

Ibáñez, M. (2008). El informe de D. Pablo Ilarregui, (Académico de la R.A.H.) sobre las monedas del Príncipe de Viana. Gaceta Numismática 170/171: pp. 23-28.
http://www.numisane.org/Gaceta/GN170.pdf




viernes, 1 de abril de 2016

Figuras humanas en las monedas musulmanas: los dírhems de cobre Artúquidas de los siglos XII y XIII.

Figuras humanas en las monedas musulmanas: los dírhems de cobre Artúquidas de los siglos XII y XIII. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 66(1191) (Diciembre, 2009): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.


            La dinastía Artúquida se desarrolló en Turquía, en el este de Anatolia, norte de Siria y norte de Irak durante los siglos XI al XIII de nuestra era. El nombre deriva de su fundador Artuk, hijo de un general del emir de Damasco Tutush I, quien lo nombró gobernador de Jerusalén en el año 1086. Tras su muerte, sus hijos Sokman e Ilghazi fueron expulsados de la ciudad por los fatimíes, instalándose en Mardín y llevando a cabo victoriosas campañas contra los cristianos que en esos momentos llevaban a cabo las cruzadas en Tierra Santa. Uno de los principales dirigentes de los artúquidas fue el kurdo Al-Nāsir Salāh ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, más conocido como Saladino, uno de los grandes gobernantes del mundo islámico que unificó política y religiosamente el Oriente Próximo, combatiendo y liderando la lucha contra los cruzados.
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            Se ha propuesto la hipótesis de que las representaciones humanas en la monedas, fueran incluidas por estos turcomanos, con el fin de que las mismas resultaran más familiares a los cruzados, con quienes en ocasiones mantenían relaciones comerciales, pero hay que tener en cuenta que las variadas imágenes que muestran estas monedas, copian, adaptan o combinan muy diferentes estilos de emisiones clásicas griegas y romanas, o monedas bizantinas de varios siglos de antigüedad, que no debían resultar familiares a los cristianos que en esos momentos participaban en las cruzadas.


Figura 1.- Monedas artúquidas con motivos griegos y romanos.
a.- Hisn Nur al-din Muhammed, 562-581 Año de la Hégira.
b.- Kutb al-din Eel Ghazi, 572-580 AH.
c.- Hosam al din Yuluk Arslan, 580-597 AH.
d.- Nasir al-Din Artuq Arslan, 597-637 AH.
e y f.- Fakhr al-Din Qara Arslan, 543-570 AH.

            Una de las singularidades del sistema monetario artúquida es que utilizaba gruesos dirhems de bronce, de 12 a 15 gramos de peso, en vez de los finos dirhems de plata tradicionales de tres gramos. Tal vez al utilizar un metal menos valioso, las representaciones iconográficas con motivos épicos o legendarios, tuvieran como finalidad conferir un aspecto externo más noble a la moneda, ya que no estaba hecha con materiales de buena calidad.

            Hay que considerar que el territorio artúquido y su capital Mardin, situada cerca de la frontera del actual Irak, era un crisol y punto de encuentro de diferentes culturas musulmanas y cristianas. Bizantinos, selyúcidas, armenios, cruzados latinos, ayúbidas y timuríes mantenían relaciones, unas veces amistosas y otras como enemigos, y las alianzas no siempre se producían entre los cristianos o los musulmanes. Tal como ocurrió en la Península Ibérica durante la época de los reyes taifas, muchas veces grupos o reinos cristianos y musulmanes se unían ante un enemigo común. En este caldo de cultivo, prosperó esta singular iconografía de la moneda artúquida, dentro de un clima de cierta tolerancia y relaciones amistosas entre musulmanes y cristianos sirios y nestorianos, incluso algunos cristianos llegaron a formar parte de la corte, y no sería imposible que fueran los autores de algunos de los grabados que llevan las monedas


Figura 2.- Monedas artúquidas con motivos bizantinos.
a.- Fakhr al-Din Qara Arslan, 543-570 AH.
b.- Nasir al-Din Muhammad, 557-565 AH. Fechado en el 558 AH.(1162/3 d.C.).
c.- Qutb al-Din Il-Ghazi II, 572-580 AH.

            En ocasiones, encontramos imágenes que muestran hermosos bustos de estilo griego o latino (Figura 1), imitaciones de la moneda seleúcida de Antíoco VII o tardorromana. Mientras unas veces se copian  los anversos (Figuras 1d, f), en otros casos aparecen representados los reversos de las primitivas emisiones (Figura 1e). Llaman poderosamente la atención las monedas que copian o imitan motivos bizantinos (Figura 2), dado que mantienen los símbolos cristianos en su totalidad, e incluso llega a figurar el rostro frontal de Jesucristo en una de ellas (Figura 1a).
           
            No sólo se dan imitaciones de las imágenes que aparecen en otras monedas, los artífices de las emisiones artúquidas desarrollan variados motivos que en ocasiones llaman la atención por su singularidad, como es el caso de una emisión de Hosam al din Yuluk Arslan, donde aparece un hombre sentado blandiendo una espada con su mano derecha y sujetando la cabeza de un enemigo decapitado con la izquierda (Figura 3a), u otra moneda del mismo dirigente donde se aprecia una escena de duelo (Figura 3b), interpretada generalmente como la muerte de Saladino, pero que algunos autores explican como una escena donde aparecen representados Virgo, Júpiter y Mercurio, basándose en la importancia de las representaciones astrológicas en la numismática turcomana (Figuras 3g y h). También es frecuente la orientalización de los rasgos faciales (Figuras 3c a 3f), pero en cualquier caso, el arte y factura de estas monedas no tiene nada que ver con el estilo rudo y primitivo, que en estas fechas se manifestaba en las emisiones de todos los reinos cristianos, donde los retratos de los monarcas parecen más bien caricaturas de los mismos.


Figura 3.- Dirhems de cobre artúquidas con representaciones humanas.
a, b y c.- Hosam al din Yuluk Arslan, 580-597 AH.
d.- Kutb al-din Eel Ghazi, 572-580 AH.
e.- Sinjar. al-'Adil I Sayf al-Din Ahmad, 589-596 AH.
f.- Najm al-Din Alpi, 547-572 AH.
g.- Nasir al-Din Muhammad, 557-565 AH.
h.- Nasir al-din Urtuk Arslan Al Mansur, 597-637 AH.

            En fechas próximas a las que se emitieron estos dirhems de cobre artúqidas, el vecino Sultanato de Rüm gobernado por turcos selyúcidas, fabricó monedas, en este caso de plata, con representaciones humanas (un arquero a caballo, Figura 4a) y animales (un león, Figura 4b).


Figura 4.- Dirhems de plata del sultanato de Rüm (Anatolia).
a.- Rukn ad-Din Kilij Arslan IV (1248–1265 d.C.).
b.- Kay Chosrau II (1237-1245 d.C.).



martes, 15 de marzo de 2016

Figuras humanas en las monedas musulmanas: imitaciones de las monedas sasánidas y bizantinas de los siglos VII y VIII.

Figuras humanas en las monedas musulmanas: imitaciones de las monedas sasánidas y bizantinas de los siglos VII y VIII. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 66(1190) (Noviembre, 2009): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.


            Las antiguas monedas emitidas en países de cultura islámica, no suelen presentar representaciones iconográficas, sustituidas por delicadas leyendas cúficas generalmente de temática religiosa, aunque muy excepcionalmente pueden llevar alguna imagen zoológica o astral (Figuras 1c).

            Sin embargo esto no siempre ha sido así, y encontramos dos circunstancias  en las que la moneda musulmana exhibe hermosas representaciones de bustos humanos, animales y hasta figuras mitológicas; nos ocuparemos ahora de la primera de ellas que afecta a las monedas emitidas durante los siglos VII-VIII de nuestra Era.


Figura 1.- Monedas de oro
a.- Imitación del tremisis de Heraclio, ceca del norte de África (697-750 d.C.)
                        b.- Dinar de Abd al Malik, Damasco (685-705 d.C.)
                        c.- Dinar mameluco, Baybars I (1260-1277 d.C.)

En los primeros tiempos de la expansión musulmana se acuñaron monedas en los territorios ocupados respetando los módulos, pesos y tipología del numerario local. Así se emitieron dinares de oro de imitación bizantina (Figura 1a), dirhems de plata con los patrones y modelos sasánidas (Figura 3) y feluses de cobre imitando la abundante moneda bizantina (Figura 4).

            Especial interés reviste la evolución de los dirhems, término que deriva del de los dracmas sasánidas a los que imita (Figura 2). En la Persia preislámica el dracma era la unidad monetaria y de peso (con aproximadamente 4 gramos), y pervivió desde su introducción en época seleúcida (330 a.C.- 150 a.C.), en el transcurso de los imperios parto (150 a.C.-226 d.C.) y sasánida (226 d.C.-650 d.C.).  Estas monedas se mantuvieron durante siglos con una pureza de más del 90% de plata, incluso en épocas de guerra -donde lo normal suele ser que la moneda devalúe su contenido en metal precioso-,  superando a veces el 95% del porcentaje en plata, lo que les confirió un gran prestigio como moneda fuerte y estable(1). Tras la ocupación islámica, los gobernadores musulmanes mantuvieron al principio la tipología de las monedas, con un peso de 2,9-3 gramos y un diámetro de 29 milímetros, imitando los dracmas de Yezdegird III,  pero añadiendo algunas palabras en árabe (“en el nombre de Alá”). Luego sustituyeron el nombre del rey sasánida por el del califa, pero manteniendo la escritura pahlavi, y añadieron el nombre de los gobernadores (Figura 3). Finalmente desapareció toda la iconografía manteniéndose el aspecto de la moneda (diámetro, espesor, peso y pureza de ley) pero sustituyéndose las típicas imágenes sasánidas por leyendas cúficas de contenido religioso.


Figura 2.- Tesorillo de dracmas sasánidas.



Figura 3.- Monedas de plata.
Dracmas arábigo-sasánidas. En la parte superior emitido por el gobernador Umar ibn Ubayd Allah (686-689 d.C.) en Bishapur, en la inferior emisión de Khorshid (740-761 d.C.).

            Un proceso similar ocurrió con la moneda de bronce, en este caso surgida con la ocupación del territorio bizantino.  La prolongada guerra entre los imperios Sasánida y Bizantino durante los siglos sexto y séptimo de nuestra Era, los había dejado exhaustos y vulnerables ante el maremoto que supuso la expansión del Islám tras la unificación de Arabia en el año 620 d.C. El emperador Heraclio no pudo hacer nada para detener el ejército musulmán que ocupó Siria y Palestina en el año 634 d.C., conquistando la ciudad de Jerusalén en el 637. Las nuevas autoridades mantuvieron los tipos monetarios bizantinos, llegando a respetar incluso la simbología cristiana (Figura 4), pero introduciendo leyendas en caracteres cúficos con el nombre de las cecas donde se emitía la moneda (Jerusalén, Baalbek, Emesa, Damasco….), en una fase posterior se sustituyó la figura del emperador bizantino por la del califa (Figura 4c), añadiendo un círculo en el extremo de la cruz para hacerla desaparecer, finalmente las monedas llevaron las leyendas en caracteres árabes “Mahoma el enviado de Alá” en el anverso, y la sura coránica “No hay Dios sino Dios” en el reverso. Tal como ocurrió con las monedas de oro y plata, también en la moneda de cobre las representaciones de personajes terminaron por desaparecer, sustituyéndose por inscripciones de temática religiosa.


Figura 4.- Monedas de bronce, feluses árabe-bizantinos
                        a y b.- Emisiones seudobizantinas del Califato de Damasco, 661-697 d.C.
                        c.- Emisión árabe-bizantina de Jerusalén, 670-685 d.C.
                        d.- Emisión árabe-bizantina de Emesa, 670-700 d.C.

            Las monedas árabe-bizantinas no son muy conocidas y suelen confundirse con facilidad con las abundantes emisiones bizantinas a las que imitan. Curiosamente, la moneda medieval más antigua aparecida en el País Vasco, es un fals de este tipo encontrado en el transcurso de unas excavaciones arqueológicas realizadas hace algunos años en pleno corazón del casco viejo donostiarra.

(1). Bacharach, J.L. & A.A. Gordus, 1972. The purity of Sasanian silver coins: an introduction. Journal Amer. Oriental Soc. 92(2): 280-283.



martes, 1 de marzo de 2016

De la premoneda a la moneda virtual.

De la premoneda a la moneda virtual. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 65(1176) (Julio-Agosto, 2009): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.


            Tradicionalmente la historia la han escrito y contado los vencedores, los que han impuesto finalmente su cultura, en este caso los conquistadores europeos, y tan sólo en fechas muy recientes se ha considerado el punto de vista de los nativos conquistados. Así volviendo al “comercio silencioso” descrito por Herodoto, podemos considerar que para los indígenas africanos la percepción fuera la de unos visitantes (los fenicios) que les dejaban obsequios, a los cuales tenían la obligación de corresponder con otros aún más valiosos, de forma que lo que para unos era simplemente “comercio”, para los otros era un “intercambio de regalos” (Figura 1).


Figura 1.- Fenicios y rutas comerciales.

            A veces estos regalos se hacían en forma de determinados objetos rituales que servían como moneda(1), y en otro pasaje del descubrimiento en 1568 de las islas Salomón se narra:

Viéronse en esta isla muchas perlas y los indios no hacen mucho caso de ellas... también trajeron unos dientes que parecieron ser de algún animal grande, estimábanlos mucho, y decián que los tomasen

            Posiblemente el pasaje citado refleja la utilización de los colmillos curvados de cerdo como moneda, que  aún se siguen empleando en la actualidad(2). Cabría plantearse si, tal como se ha propuesto desde las diferentes escuelas económicas, el trueque primitivo fue el antecesor directo de la moneda, o si fue la premoneda de uso social, utilizada en el intercambio ritual de regalos, la que generó finalmente la aparición de la moneda en Asia Menor. Un detalle que puede resultar significativo es que las denominaciones de estas primitivas monedas (óbolos y dracmas) eran precisamente los términos utilizados para designar los asadores rituales utilizados como premoneda en la Antigua Grecia(3).

            En el siglo XXI ha surgido un nuevo tipo de “comercio silencioso”, definido en el año 2000 como un sistema mediante el que los aparatos se comunican y comercian entre sí por señales de radiofrecuencia. El antecedente inmediato a este modelo de comercio lo encontramos en la utilización de forma ya habitual de la tarjeta del “bonobús” en los transportes urbanos, de forma que en este caso adquirimos un servicio (de transporte) sin mediar palabra con el conductor del autobús, este mecanismo también está ya operativo en algunas cadenas de distribución de alimentos que suministran a supermercados, de forma que algunas funciones (como el inventariado) se simplifican en forma significativa, así como en compañías de transportes de mercancías, etc...

            En un futuro no muy lejano un sistema informático “inteligente” controlará, entre otras muchas cosas,  las actividades domésticas, y por ejemplo cuando en el frigorífico escasee algún tipo de alimento, el ordenador de la casa procederá a hacer el pedido directamente al ordenador de la tienda de alimentos, quien lo facturará automáticamente en la cuenta de cargo del cliente. En este caso los tres agentes que intervienen en la operación, el ordenador doméstico, el del comercio y el de la entidad bancaria se relacionarán entre sí de forma autónoma y “silenciosa”, los ingredientes tecnológicos necesarios para desarrollar este nuevo tipo de comercio ya existen en el mercado, son etiquetas de identificación por radiofrecuencias (RFID) que incluyen un microtransmisor, que transmite una señal a un receptor o sensor (Figura 2). Estas nuevas etiquetas sustituirán en el futuro a los actuales códigos de barras, generándose un comercio virtual, sin intervención humana directa, que utilizará también una moneda virtual. ¡Los numismáticos y coleccionistas de monedas del futuro lo van a tener difícil!, -siempre quedarán las emisiones conmemorativas que realizan los diferentes Estados-,  y que generan pingües beneficios a la hacienda pública.

           
Figura 2.- Etiqueta de identificación por radiofrecuencia (RFID) y tarjetas de crédito.


            Resulta curioso comparar ambos tipos de “comercio silencioso”, que aunque se definen con las mismas palabras, responden a realidades antagónicas, el primero permitía establecer relaciones pacíficas entre personas pertenecientes a culturas muy diversas evitando el riesgo de potenciales confrontaciones debidas a malentendidos y al desconocimiento de la realidad social y cultural del “otro”, mientras que el segundo se produce precisamente en un ambiente opuesto, de globalización y homogenización cultural universal, y en este caso la comunicación se establece directamente entre las máquinas.


(1) Monedas para regalar, Eco Filatélico y Numismático, nº 1126, pp 46-47. (Enero de 2005).

(2) Monedas asexuadas: los cerdos de Vanuatu, Eco Filatélico y Numismático, nº 1149, pp. 57-59. (Febrero de 2007)

(3) La invención de la moneda en la antigua Grecia. Eco Filat. y Numism. (2008), 64(1168): 46-47.



lunes, 15 de febrero de 2016

La teoría del "Comercio silencioso", realidad o mito.

La teoría del “Comercio silencioso”, realidad o mito. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 65(1175) (Junio, 2009): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.


            Durante muchos siglos, antes de la aparición de la moneda metálica en los siglos VIII-VII antes de nuestra Era en Asia Menor, existió un activo comercio interno e internacional, que en la actualidad nos resulta difícil comprender sin la utilización de la moneda económica convencional.

            El mejor exponente documentado de este comercio lo tenemos en los pueblos fenicios (Figura 1), experimentados navegantes que obtuvieron mediante el trueque grandes riquezas (oro, marfil, pieles...) a cambio de modestas mercancías (cerámicas, ungüentos, vino...). Este intercambio adoptaba una forma peculiar en el litoral atlántico africano descrita por Herodoto (IV,196) como “comercio silencioso”, en el cual los comerciante cartagineses depositaban sus productos en una playa cercana a un poblado, los nativos acudían y depositaban a su vez el oro, los cartagineses regresaban y si consideraban adecuada la cantidad dejada en contrapartida, los retiraban y se marchaban, pero en caso de considerarla insuficiente, no se recogía, retornando a sus naves a la espera de que los nativos incrementaran la cantidad depositada, y así hasta llegar a un acuerdo entre ambas partes. Este mecanismo se siguió empleando en África por parte de los comerciantes árabes para obtener oro durante la Edad Media, e incluso en tiempos posteriores (Bovill, 1929; Farias, 1974), también se ha descrito este tipo de “comercio silencioso” en China y entre los pueblos precolombinos (Chibchas colombianos, Perú...). La utilización frecuente de determinados lugares costeros donde se producía este intercambio, dio lugar a la aparición de los primitivos “emporios” o puertos comerciales, que según algunos autores, fueron los puntos clave del desarrollo de la economía mundial en la era precolonial, superando en importancia a los lugares de mercado (Polanyi, 1963).



Figura 1.- Las monedas fenicias frecuentemente presentan imágenes de embarcaciones.
a: Sidón, tetrashekel, s. IV a.C.; b: Biblos, dishekel, s. IV a.C.; c: Sidón, medio shekel, s.V a.C.


            La explicación de cómo se originó este peculiar mecanismo de intercambio “silencioso” es fácil de entender. En la relación del primer viaje en 1568 a las Islas Salomón (Pacífico Sur) del español Álvaro de Mendaña (Figura 2), tenemos un buen ejemplo de lo que ocurre cuando se ponen en contacto dos culturas completamente diferentes:

...vino al puerto, un tauriqui que se dice Bene, que tiene su asiento a la parte del poniente de esta isla, y estando yo oyendo misa en tierra, llegó con quince canaluchos llenos de gente, bien abastecidos de sus aras, y me envió un cuarto de carne humana, que parecía ser de muchacho, y con él unas raíces de binahu y me dijo en su lengua “Naleha” “naleha”, que quiere decir cómelo. Yo recibí el presente y me pesó mucho de que tuviesen en aquella tierra tan perniciosa costumbre.... y mandé hacer un hoyo a la lengua del agua y en presencia suya hice enterrar el cuarto y le dije en su lengua: “Teo naleha arra” que quiere decir “yo no lo como” a lo cual estuvo muy atento, y viendo que habíamos tenido en poco su presente, como hombres corridos o agraviados se echaron todos de pechos sobre los canaluchos y las cabezas bajas se hicieron a lo largo y se fueron

Saltando a tierra el general... los indios decían por señas a los nuestros que se volviesen, y viendo no querían, fue cosa notable de ver las bravuras que hicieron, visajes, temblores y revolcar y escarbar la arena con los pies y manos, irse a la mar, echar agua por alto y otros muy extraños ademanes... tiraron muchas piedras, diciendo mate, mate. Matamos algunos de ellos con los arcabuces, con que se retiraron


Figura 2.- El canibalismo fue práctica común en algunos pueblos de las islas del Pacífico hasta mediados del siglo veinte. Incluso existen postales “turísticas” de comienzos del siglo XX con las imágenes de estas prácticas.

            En el primer caso vemos como los nativos obsequian a los españoles con un suculento trozo de cuerpo humano, se trataba de un valioso y preciado regalo culinario en señal de bienvenida, lógicamente no fue interpretado así por los europeos, que no tenían precisamente los mismos gustos gastronómicos. En el segundo caso los indígenas confunden a los visitantes con los espíritus de antepasados (tamate) realizando una serie de rituales para alejarlos, el resultado es una matanza de indígenas por parte de los arcabuceros españoles. Estas anécdotas explicarían y justificarían el peculiar comportamiento del “comercio silencioso”, donde se evita el contacto personal y con ello posibles equívocos que fácilmente pueden desembocar en una tragedia.


Figura 3.- Representación de Álvaro de Mendaña en una moneda conmemorativa de las Islas Salomón, acuñada en 1991.


            La interpretación “comercial” de los primitivos intercambios, sirvió de base al establecimiento en el siglo XIX del modelo del “Homo oeconomicus”, sin embargo los recientes estudios antropológicos muestran una situación más compleja, donde el individualista “homo oeconomicus” es sustituido por un sofisticado sistema de relaciones sociales, donde se realizan intercambios de regalos (no de mercancías). Las principales diferencias entre el “comercio” y el “intercambio de regalos” pueden sintetizarse de la siguiente forma (según Van Baal, 1976):
 :
                        Comercio                                                       Intercambio de regalos

Se realiza entre “iguales” (igual rango social).                                             Los participantes no siempre son iguales.
Las relaciones sociales finalizan al terminar el intercambio.                    Las relaciones sociales se potencian tras el intercambio.
El objetivo son los bienes del otro.                                                                 El objetivo es el otro.
Los bienes intercambiados frecuentemente son poco valiosos.               Los bienes intercambiados frecuentemente son  valiosos.
No existe la obligación de comerciar o aceptar una oferta.                      Obligación de aceptar y realizar obsequios.
Contratos (relaciones comerciales) protegidos por la ley.                          Intercambio de regalos no protegido por la ley.
El comercio no establece un vínculo entre los participantes.                 Se establece un vínculo que convierte a los participantes     en socios.

Bibliografía:

Bovill, E.W., 1929. The Silent Trade of Wangara. J. Royal African Soc. 29(113): 27-38.
Farias, P.F. de Morais, 1974. Silent Trade: Myth and Historical Evidence. History in Africa I: 9-24.
Polanyi, K., 1963. Ports of Trade in Early Societies. The Journal of Economic History 23(1): 30-45.





lunes, 1 de febrero de 2016

Una especie en peligro de extinción representada en la moneda griega: la "foca monje".

Una especie en peligro de extinción representada en la moneda griega: La “foca monje”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1147) (Diciembre 2006): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.

            La polis griega de Focea, una de las doce ciudades Jonias situada en el golfo de Esmirna, hacia el siglo séptimo antes de nuestra Era, comenzó a desarrollar una estrategia expansionista enviando colonos, que se asentaron por todo el Mediterráneo, dando lugar a importantes ciudades como Ampurias o Marsella* (Figura 1).


Figura 1.- Colonias focenses del Mediterráneo.

            Focea fue fundada hacia el siglo VIII a.C. con los habitantes de la región periférica de la Fócida, expertos navegantes y constructores de barcos, perfeccionaron las técnicas de construcción naval utilizadas por los cretenses y después por los fenicios, y un siglo más tarde comenzaron a organizarse desde la ciudad numerosas expediciones con el fin de colonizar nuevas regiones. Según cuenta el historiador Herodoto, los focenses utilizaban enormes navíos de cincuenta remos, capaces de albergar cada uno unas quinientas personas, extendiendo así su influencia por todo el litoral mediterráneo, atravesando incluso el Estrecho de Gibraltar y penetrando por el valle del Guadalquivir hasta la mítica Tartesos. Fundaron tres colonias en el Mediterráneo Ibérico, Ampurias, Mainake (Málaga) y Hemeroskopeion, ubicada posiblemente en el Peñon de Ifac (Denia). Eran famosas sus espadas, escudos y armaduras de hierro, y también se da la circunstancia de que Focea fue la segunda ciudad en Grecia (después de Miletos) que acuñó moneda hacia el 630 a.C.

            Sin embargo, la independencia de la próspera ciudad duró poco, y cuando Ciro el Grande, rey de los persas, propuso la sumisión de las ciudades griegas del Asia Menor, solamente Miletos aceptó, en consecuencia, el general persa Arpagos fue destruyendo una por una las restantes ciudades, en el año 545 a.C. le tocó el turno a Focea que fue arrasada, si bien previamente sus habitantes habían huido en masa a las colonias de Masalia (la actual Marsella) y Alalia (actualmente Aleria en Córcega).

El emblema de la ciudad de Focea era la foca monje (de aquí viene precisamente la palabra “foca”), muy frecuente en aquella época en todas las costas del Mediterráneo, y así aparece representada en las raras monedas emitidas en la ciudad (Figura 2). Sin embargo las diferentes colonias que fueron fundando los griegos focenses se constituían como ciudades-estado independientes, aunque adoptasen muchas instituciones de la metrópoli, y también eligieron otros símbolos para sus monedas (el toro en Marsella, el pegaso en Ampurias...). Así, cuando la ciudad desapareció dramáticamente en el 545 a.C., se extinguió también la presencia simbólica de la foca en sus monedas.


Figura 2.- Estáteras y fracciónes de estátera de Focea, 600-520 a.C.

            Como si fuera un mal presagio, dos mil quinientos años más tarde, lo que está a punto de desaparecer es la foca del Mediterráneo o “foca monje”, de la cual quedan tan sólo unos pocos ejemplares en la actualidad, amenazados por las redes de los pescadores y la contaminación.

            Aunque la foca ha sido capturada por el hombre desde la antigüedad, para aprovechar su piel, su carne, la abundante grasa que servía para alimentar las lámparas de aceite y también con fines medicinales, para curar el insomnio (se pensaba que las focas eran muy dormilonas por naturaleza), y a pesar de que su población fue reducida drásticamente e tiempos del Imperio Romano y de ser también capturada durante la Edad Media, la expansión de la pesquería industrial y la contaminación generada a lo largo del siglo XX, están a punto de hacer desaparecer de la faz de la Tierra esta simpática especie de mamífero marino, de la que actualmente tan sólo quedan dos poblaciones importantes, una en el Mediterráneo oriental y otra en la costa atlántica del noroeste africano, que en la actualidad suman un total de 300 a 500 ejemplares.

            Su nombre científico es “Monachus monachus”, y llega a alcanzar los 2,4 metros de longitud con un peso que supera los 300 kilos (Figura 3). Esta singular especie ha sido expulsada por el hombre de sus lugares de cría y en la actualidad solamente se reproduce en apartadas y remotas islas deshabitadas. Tanto los machos como las hembras alcanzan su madurez sexual a los 5 o 6 años y las crías nacen entre septiembre y octubre, abandonan la lactancia materna a las 16 semanas para comenzar a alimentarse de peces y cefalópodos (pulpos), pudiendo alcanzar una longevidad de 30 a 40 años.


Figura 3.- Foca Monje o foca del Mediterráneo y distribución geográfica actual de la especie.

            La foca del Mediterráneo, además de aparecer representada en las antiguas monedas focenses, también figura en otras emisiones más modernas, como por ejemplo la de 100 escudos acuñada por el banco de Portugal en conmemoración de la “Expo 92” (Figura 4a), en la de un millón de liras de 1996 acuñada en Turquía (Figura 4b), en la moneda de 10 “lev” emitida en Bulgaria en 1999 (Figura 4c) y por último en la pieza de una libra de Chipre, fabricada en el año 2005 (Figura 4d).


Figura 4.-
a: Moneda portuguesa de 100 escudos de 1992; b: Moneda turca de un millón de liras de 1996; c: Moneda de 10 “lev” de Bulgaria, año 1999; d: Moneda de una libra de Chipre del 2005.


*Dominguez Monedero, A.J., 1985. Focea y sus colonias: a propósito de un reciente coloquio. Gerión. Revista de Historia Antigua 3: 357-377



viernes, 15 de enero de 2016

Imágenes de especies extinguidas en la moneda griega: El "silfio", una planta desaparecida en tiempos del emperador Nerón.

Imágenes de especies extinguidas en la moneda griega: El “silfio”, una planta desaparecida en tiempos del emperador Nerón. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1146) (Noviembre 2006): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

            En la Grecia Clásica era frecuente representar en las monedas numerosas y variadas especies de plantas y animales, unas veces reales, como leones, cabras, toros, delfines, palomas, liebres, águilas, cangrejos, etc... y otras fantásticos, como pegasos, grifos, quimeras, gorgonas, etc.... (Figura 1). En algunos casos los animales y plantas representados eran los símbolos totémicos de la ciudad, el ejemplo más conocido es la lechuza que simboliza a la diosa Atenea, patrona y protectora de la ciudad de Atenas, y cuya representación –junto con una rama de olivo-, es característica de las monedas atenienses, e incluso aparece en la actual moneda griega de un euro.


Figura 1.- Representaciones de animales reales o ficticios en monedas griegas.

            Una de las figuras más interesantes y curiosas que podemos encontrar en la numismática griega es la planta de silfio, que aparece en las monedas emitidas en la región de la Cirenaica (que se corresponde con la actual Libia, Figura 2).


Figura 2.- Mapa de la provincia Cirenaica según Ptolomeo, mosaico representando a Cirene en la fuente Castalia, ruinas de Cirene y tetradracma mostrando una cabeza de león, la planta de silfio y su semilla

            El silfio, conocido también como “laser” en la literatura clásica, era una planta extinguida del género “Ferula” perteneciente a la familia de las “Umbelíferas”, de aspecto similar al apio y con racimos de pequeñas flores amarillas, sus semillas tenían forma acorazonada y aparecen representadas en las primeras emisiones hacia el año 500 a.C.. Esta planta era muy valorada en la antigüedad clásica (“digna de su peso en denarios”), debido a que su raíz aromática y resinosa se usaba como alimento, como condimento y también por las propiedades medicinales de su jugo (denominado sirpe, laser o laserpicium) en remedios contra la tos, fiebre y dolores. El naturalista Plinio el Viejo le atribuye propiedades contra la lepra o la caída del cabello, así como antídoto contra algunos venenos, también se utilizaba como anticonceptivo, dado que posiblemente tenía propiedades abortivas.


Figura 3.- Antigua emisión de Cirenaica del 525-480 a.C.  donde se representa a la ninfa Cirene sentada mostrando la planta de silfio.

            Esta peculiar especie era en realidad un endemismo, que crecía exclusivamente en una reducida franja costera de la Cirenaica. Los griegos creían que esta planta era un regalo del dios Apolo, que había surgido tras una intensa lluvia que tuvo lugar en el siglo VII antes de nuestra Era, en las fechas de la fundación de la colonia griega de Cirene, que dio su nombre a la región circundante, sin embargo, existen evidencias de su utilización también en el antiguo Egipto.

            La economía de la región dependió durante mucho tiempo del comercio de esta preciada planta silvestre, y en el siglo primero antes de Cristo se realizaron en Roma grandes importaciones de este preciado vegetal, de forma que cuando el año 49 a.C Cesar vació el tesoro público de la ciudad, halló en él casi media tonelada de esta valiosa especie. Sin embargo, desgraciadamente, la planta de silfio no pudo cultivarse en suficiente cantidad, ni trasplantarse a otras regiones, de forma que este vegetal, considerado como “el más precioso regalo que la naturaleza ha dado al hombre”, en palabras del naturalista romano Plinio, terminó por desaparecer en el siglo primero de nuestra era, debido por una parte a la sobreexplotación, posiblemente también por la introducción de ganado en la zona, o por cambios en la climatología de la región.


Figura 4.- Diferentes formas de representar el Silfio en las acuñaciones griegas de Cirenaica. En las monedas de un dracma y hemidracma representadas, aparece una figura acorazonada que ha sido interpretada como la semilla de la planta.

            La última referencia que nos ha llegado del silfio, es la de un ejemplar que fue solemnemente presentado ante el emperador Nerón. Como podemos ver, ahora que está tan de moda la pérdida de biodiversidad y la extinción de especies, hace casi dos milenios ya se producían desapariciones de especies, algunas de gran importancia económica como el silfio.

            En tiempos de  Marco Gavius Apicio (siglo I de nuestra Era), autor del primer libro de recetas culinarias conocido “De re coquinaria”, esta especie estaba prácticamente extinguida y lo que se cita como silfio (libros III y IV.1) debe ser en realidad un sustituto, la gomorresina de una planta similar denominada “Ferula assafoetida” que crece en Persia y Armenia, de sabor amargo y desagradable olor (se la denomina vulgarmente “estiercol del diablo”), y que sin embargo era muy apreciada en la cocina romana, distinguiéndose el “laser parthicum” llamado también “laser syriacum” y el cirenaico, este último más antiguo y que fue progresivamente desplazado por el láser parto, más abundante y barato.
            La especie “Ferula assafoetida” (como su nombre científico indica) tiene un olor apestoso, pero en pequeñas cantidades actúa como potenciador del sabor de los alimentos, y todavía se comercializa en la India con la denominación de “hing”.


Figura 5.- Planta de “Ferula assaofoetida” y preparado comercial de la misma.