domingo, 15 de enero de 2017

Anverso y Reverso de la moneda

Anverso y Reverso de la moneda. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 66(1184) (Abril, 2010): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.

            Tradicionalmente se ha denominado “anverso” y “reverso” a las dos caras que presenta una moneda, términos importantes a la hora de describir y estudiar el material numismático. El problema surge a la hora de definir dichos conceptos que curiosamente están ausentes en algún importante glosario numismático como el de Mateu y Llopis (1966).

En primer lugar recurriremos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua donde hallaremos la siguiente definición:

Anverso: En las monedas y medallas, haz que se considera principal por llevar el busto de una persona o por otro motivo.

Reverso: En las monedas y medallas, haz opuesto al anverso.

Podemos observar una cierta vaguedad en esta definición, ya que faltaría por establecer cuál puede ser el motivo por el que consideremos a una de las caras como la principal (Figura 1).


Figura 1.- En las emisiones de blancas de Juan I de Castilla y León (1379-1390), encontramos en una cara de la moneda el cordero con la leyenda “AGNVS DEI QVITOLIS P”, y en la otra la letra “Y” coronada, y la continuación de la leyenda “ECATA MVNDI MISERE”.

Si atendemos a la leyenda, deberíamos considerar el anverso como la cara donde figura el inicio de la misma, pero la inicial de la autoridad emisora (la “Y” coronada) presenta en este caso prioridad, y el lado donde aparece, es el que debe ser considerado como anverso de la moneda.

La ausencia del nombre del monarca en la leyenda, que en su integridad es de tema religioso, ha motivado que alguna de estas piezas encontradas en Francia o Inglaterra, hayan sido interpretadas como jetones, dada su similitud con la serie francesa de “jetones del Agnus Dei” tan frecuentes en los siglos XIV y XV.

En otros diccionarios numismáticos podemos encontrar definiciones algo más completas, como por ejemplo en la excelente obra de H.F. Burzio “Diccionario de la Moneda Hispanoamericana” (Santiago de Chile, 1958):

Anverso: Cara o haz principal de las monedas y medallas, que es el lado que ostenta el busto del soberano o las armas distintivas del estado, o cualquier otro signo de autoridad de la que emana la moneda. La fijación como anverso de la cabeza o busto grabada en la moneda, es tan antigua como la misma y las primeras series griegas y romanas, que ostentan la efigie de sus divinidades o emperadores, sirvieron a los iniciadores de la ciencia numismática como patrón para su determinación, incorporándolo a su léxico.

A falta de cara principal o su especificación en la ley u ordenanza monetaria, se la determina mediante su leyenda, que en general es continua, fijando como anverso la cara de su comienzo. Este procedimiento es el que debe aplicarse en la amonedación hispanoamericana para evitar confusiones, en las series de tipo macuquina de los reinados de Felipe II a Carlos III, en las cuales la cruz cantonada de Jerusalén es reverso hasta Felipe IV y anverso a contar desde este reinado hasta el de Carlos III (Potosí).

Reverso: Haz opuesto al anverso, cuya impronta muestra el tipo secundario de la moneda o medalla. Las piezas primitivas sólo traen un hueco que correspondía a la forma de la herramienta del yunque que sujetaba a la moneda para inmovilizarla, a fin de que el acuñador pudiese cómodamente estampar a fuerza de golpes de maza o martillo, la figura del anverso.

El progreso de la técnica monetaria hizo que más tarde se grabasen en el reverso figuras mitológicas, alegorías, emblemas de la localidad que las batía, la cruz en los pueblos cristianos. Modernamente se reserva el campo de reverso para la indicación del valor.

Otro criterio, relacionado con el proceso de fabricación de la moneda, ha sido el de considerar como “anverso” la cara de la moneda impresa con el cuño fijo o inferior (pila), y “reverso” la fabricada con el superior o troquel (Figura 2). En las monedas acuñadas con la técnica denominada de “martillo”, el cospel se colocaba encima del cuño inferior que iba sujeto a una mesa, y encima se colocaba el troquel cilíndrico que era la pieza que recibía el martillazo. Por este motivo los troqueles duraban mucho menos que las pilas o cuños. Sabemos por la documentación conservada, que en Navarra, durante el reinado de Felipe V (VII de Navarra) con cada cuño de anverso se obtenían unas 40.000 monedas, y con cada troquel de reverso unas trece mil, de forma que el motivo principal o más complejo solía grabarse en el cuño fijo, ya que por cada pila o cuño inferior había que fabricar al menos tres troqueles (y en ocasiones hasta diez o más).



Figura 2.- Troquel y cuños fijos (“pilas”) para acuñar moneda.

Sin embargo, hemos podido comprobar como este criterio puede variar en pocos años. En la colección de cuños conservada en el Museo de Navarra, vemos como en las primeras emisiones de Carlos III (VI de Navarra), se grabó en el cuño móvil la cara de la moneda donde aparece el monograma y nombre del monarca, y en el cuño fijo el escudo con las cadenas y el año de emisión, pero a partir de 1784 la situación se invirtió, grabándose en el cuño fijo la cara del monograma y en el móvil el escudo. Con  lo cual la propuesta de denominar anverso a la cara grabada por el cuño fijo o pila y reverso a la correspondiente al troquel o cuño móvil, no constituye un criterio válido, y menos cuando en la mayoría de los casos ignoramos esta circunstancia.


Figura 3.- En las monedas ibéricas el nombre de la autoridad emisora (la ciudad que acuñó o para la que se acuñó la moneda), aparece en la cara tradicionalmente considerada como reverso. El busto del anverso probablemente simboliza la figura de algún héroe o deidad indígena, y en este caso su representación tiene prioridad a la hora de definir la cara del anverso.

Retomando la definición anterior en la que denominamos anverso a “el lado que ostenta el busto del soberano o las armas distintivas del estado, o cualquier otro signo de autoridad de la que emana la moneda”, o simplificando, la cara donde se representa la autoridad emisora de la moneda, podemos establecer una adecuada definición. Sin embargo este criterio plantea también numerosos problemas, por ejemplo en la moneda ibérica (Figura 3) el nombre del pueblo emisor aparece en el lado opuesto al busto, tradicionalmente denominado como reverso. También en algunas emisiones medievales, como en los gruesos de Carlos II de Navarra, el nombre del monarca aparece en el lado opuesto a la cara donde figura su busto frontal (Figura 4).


Figura 4.- Los “gruesos de busto” del monarca navarro Carlos II “el Malo”, presentan el nombre del rey (KROLVS DEI GR) en la cara donde aparece la cruz, siguiendo la costumbre de los gruesos torneses de Francia.


Establecer un criterio universal para definir los términos de anverso y reverso, en un período cronológico de más de 2.500 años y que abarque a todo el Planeta, resulta como vemos bastante complejo.


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