sábado, 15 de agosto de 2015

El Wampum, la moneda de los indios de Norteamérica.

El Wampum, la moneda de los indios de Norteamérica. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 67(1201) (Noviembre 2011): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.


            La palabra wampum es una simplificación del término de los indios algonquios Wampumpeage, que significa literalmente “ristra de cuentas de conchas blancas” (wamp= blanco; umpe= ristra de cuentas de concha; ag= forma plural), y estas ristras o collares servían como moneda en el comercio con las tribus indias, remontándose su uso a comienzos del s. XVI. Las referencias más antiguas documentadas, se encuentran en 1535, en el diario del explorador francés Jacques Cartier, quien cita el uso del wampum como moneda entre los indios Hurones de Montreal. En cualquier caso han aparecido numerosos cilindros de wampum en excavaciones arqueológicas correspondientes al período arcaico tardío, entre el 3000 y el 1000 a.C. y se ha propuesto su utilización como “moneda” desde tiempos antiguos, con una especialización en los talleres de producción de cuentas de wampum hacia el año 1000 d.C. y un incremento de su producción con fines ceremoniales o para realizar pagos de tributos. Posiblemente, tal como ocurre actualmente en algunas poblaciones de Melanesia, la moneda-concha era antes de la llegada de los europeos una moneda de uso social, y tras la colonización se convirtió en moneda económica, en un proceso de aculturización que se repite en diferentes épocas y continentes a lo largo de la historia (Figura 1).


Figura 1.- Wampum.
a.- Conchas de Mercenaria (materia prima del wampum púrpura).
b.- Cuentas púrpuras.
c.- Cuentas blancas.
d.- Columnelas de Busycon (materia prima del wampum blanco).
e.- Brazaletes de wampum.

En ocasiones el término “wampum” ha sido utilizado para designar indiscriminadamente las diferentes “monedas-concha” utilizadas en Norteamérica, como por ejemplo las elaboradas por los indios Chumash de California a partir de pequeños caracolillos denominados “poncos” de la especie Olivella biplicata (Sowerby, 1825), monedas que ya fueron citadas en 1792 por el explorador español José Longinos Martínez, quien señaló su utilización por los indios como unidad de peso y de valor. También en California encontramos abalorios fabricados con la concha “oreja de mar” (Haliotis rufescens, Swainson, 1822), la mayor especie de su género, que llega a medir hasta 30 cm. de longitud. Con piezas recortadas de este molusco, se fabricaba la moneda denominada “uhl-lo”, que tenía diferente valor según el tamaño y belleza de la concha.  Otra moneda-concha muy extendida era la de los indios Yurok, consistente en hileras de conchas del escafópodo Dentalium pretiosum (Sowerby, 1860), denominadas “allicotsik”, que literalmente significa “moneda india” en lenguaje Yurok(1). 

Pero a diferencia de otras conchas utilizadas como moneda (el cauri en China y África o el citado dentalium en América), el auténtico “wampum” es un producto manufacturado, es decir transformado, y cuyo aspecto final es muy diferente al del molusco del que procede. Está formado por pequeñas cuentas cilíndricas de color blanco o púrpura oscuro. En el primer caso se utiliza para su fabricación la “columella” o eje central de las caracolas Buccinum undatum (Linnaeus, 1758), Busycon canaliculatum (L., 1758), B. carica (Gmelin, 1791) y Colus stimpsoni (Mörch, 1867); mientras las cuentas de color púrpura se obtienen de la zona más gruesa de la almeja Mercenaria mercenaria (Linnaeus, 1758), denominada “quahaug” por los indios, todos estos moluscos son comunes en las costas atlánticas de Norteamérica (Figura 2).


Figura 2.- Proceso de fabricación del wampum por los indios iroqueses.
            a: Recolección de las conchas.
            b: Transporte.
            c: Conchas utilizadas; 1: Buccinum y Busycon para las cuentas blancas
                                               2: Mercenaria para las cuentas de color violeta.
            d: Proceso de pulido y perforación de las cuentas.
            e: Ensartado de las cuentas.
            f: Cinturones de wampum ya elaborados

En el proceso de la fabricación del wampum participaba toda la familia, los menores recogían las conchas, los hombres pulían y elaboraban las cuentas y las mujeres las ensartaban,  fabricando los cinturones o brazaletes. Algo similar ocurre hoy en día entre los Tolai de Nueva Bretaña del Este (Papua-Nueva Guinea) en la elaboración de la moneda concha denominada “tambu” (moneda reconocida oficialmente por el Estado).

            Con la llegada de los colonos y la utilización de tecnología europea en el proceso de manufactura del wampum, éste sufrió una devaluación, y por ejemplo en 1643 una braza de conchas pasó a valer cinco chelines en vez de los diez en que se cotizaba hasta ese momento. Sin embargo el declive de la utilización de estas cuentas de concha como moneda, comenzó en 1869 cuando el colono de origen europeo James Campbell comenzó la producción industrial del “wampum” utilizando maquinaria, el abaratamiento conseguido, unido a la fabricación de grandes cantidades de moneda-concha, trajo consigo una gran inflación. Por este motivo, tras cuatro siglos de vigencia, el comercio con cuentas de concha finalizó, y la factoría de Campbell tuvo que cerrar definitivamente el año 1905, aunque con posterioridad a esa fecha, aún seguía utilizándose el .wampum como moneda cotidiana en algunas comunidades indias (Figura 3). 


Figura 3.- Recibo de dos brazas y ochenta pulgadas de “wampum”, moneda-concha de los indios Seminola (2 de febrero de 1915).

El wampum no era tan sólo una moneda, las cuentas cilíndricas se utilizaban para fabricar collares, brazaletes y cinturones, combinando las blancas y púrpuras en la elaboración de delicados dibujos geométricos; estas cuentas mantenían su valor como moneda cotizándose las oscuras entre dos y tres veces más que las blancas. Las ristras y cinturones de wampum podían incluir cuentas de otros colores adquiriendo así diferentes significados, guerra, paz, amistad o lo que la ocasión demandara. Mientras las ristras de una hilera se empleaban en actos protocolarios de poca trascendencia, o para adquirir bienes o servicios, los cinturones se reservaban como obsequio protocolario en las ceremonias importantes.
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            En la diplomacia india, el wampum tenía un importante papel, no era solamente un elemento utilizado como moneda, poseía también unas cualidades místicas intrínsecas, similares a las que todavía encontramos actualmente en las monedas-concha de Malaita en las Islas Salomón, entre los Kanak de Nueva Caledonia o los Tolai de Papua, y los wampum más importantes servían como medio de comunicación entre las tribus de la América colonial. Cuando los indios realizaban una expedición guerrera, enviaban cinturones de wampum a las tribus aliadas para convocarlas al combate. Los europeos también utilizaban el wampum en sus negociaciones con los indígenas, a mediados del siglo XVIII, el superintendente de asuntos indios Sir William Johnson presentó como obsequio un gran cinturón de wampum -de 7000 cuentas-, en su reunión con los representantes de las seis naciones indias y sus aliados (Figura 4). En algunos de estos cinturones aparece una cadena de figuras humanas unidas por las manos en símbolo de amistad, pero también los hay con el significado opuesto de una declaración de guerra formal.


Figura  4.- Cinturones de Wampum y medalla conmemorativa

            Así pues el wampum utilizado por los indios de Norteamérica reunió una triple funcionalidad, la ornamental, la de moneda de uso económico, y por último la de servir como medio de comunicación.

Notas:

(1) En Sudamérica también se utilizaban cuentas elaboradas a partir de la concha roja del lamelibranquio Spondylus, para fabricar el “mullu”, denominado “chaquira” por los conquistadores. Ver artículo: El “Mullu”: oro rojo de los Incas.



sábado, 1 de agosto de 2015

Antonio, el primer rey Borbón, en sus monedas, jetones y medallas.

Antonio, el primer rey Borbón, en sus monedas, jetones y medallas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 61(1127) (Febrero 2005): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.


Es bien conocido que la dinastía de los Borbones reinó en Francia desde 1568 hasta la muerte de Luís XVI en la guillotina en 1793 (con un breve período de restauración monárquica entre 1814 y 1830) y también lo hace en España desde 1700 hasta la actualidad, con breves interrupciones (ocupación napoleónica, república, dictadura…). Lo que resulta menos conocido es que el primer miembro de la familia Borbón que ocupó un trono real, fue Antonio rey de Navarra, y por ejemplo en un jetón acuñado en 1577 a nombre de su hija Catalina, figura la leyenda “KATERINAE* BORBO*NAVARRE” (Schlumberger, n. 19).


Figura 1.- Retrato de Antonio de Borbón en un grabado de la época.

Los orígenes de la casa Borbón se remontan a la Edad Media y comenzaron en 1272 con el matrimonio de Roberto de Francia (sexto hijo del rey Luís IX –San Luís de Francia-) con Beatriz de Burgundia, heredera de la casa Borbón. En 1279 nacería Luís, primer duque de Borbón que inauguró la dinastía. Tres siglos más tarde, Antonio heredó el título de duque tras la muerte de su padre Carlos en 1537, y al contraer matrimonio con la reina de Navarra Juana III en 1548, se convirtió tras la muerte de Enrique II de Navarra en 1555, en el primer miembro de la dinastía Borbón proclamado rey.
Le tocó vivir y reinar en una turbulenta época, azotada por las guerras de religión que asolaron Europa, y buen reflejo de ello es cómo terminaron su vida varios monarcas de la época, Enrique III de Francia asesinado por un monje fanático, Antonio de un tiro de arcabuz, y su mismo hijo, rey de Navarra y primer monarca Borbón de Francia, moriría años más tarde, también asesinado por un fanático religioso.


Figura 2.- Monedas acuñadas por Antonio de Borbón y Juana de Albret.

También habían sido conflictivos los orígenes del trono que ocupó como rey consorte. Tras la ocupación de Navarra en 1512 por Fernando el Católico, el reino había experimentado una especie de mitosis quedando dividido en dos, por una parte, la mayoría del territorio fue incorporado a la corona de Castilla (si bien hasta 1841 conservó su propia identidad como reino), y por otra, los monarcas navarros que se habían refugiado en sus posesiones al norte de los Pirineos, tras abandonar Carlos V las tierras de Ultrapuertos en 1530 constituyeron, junto con el territorio del Bearne, el reino independiente de la Baja Navarra.


Figura 3.- Castillo de Pau, sede de los reyes de Navarra.

La reina Juana, nieta de los últimos reyes navarros Catalina de Foix y Juan de Albret, había sido educada por el humanista Nicolás Bourbon, convirtiéndose al calvinismo en 1555; dos años más tarde también lo hacía su marido Antonio, si bien, tras haber capitaneado la coalición de hugonotes y borbones en 1562 abjuró del protestantismo, poniéndose al mando de la armada católica, siendo herido de muerte ese mismo año en el sitio de Rouen. A diferencia de su marido, que educado en la fe católica, se había pasado primero al calvinismo y luego a la doctrina de Lutero, para volver finalmente al catolicismo, Juana siguió fiel a sus ideas hasta su muerte en 1572, financiando al sacerdote  Ioannes Leizarraga la traducción y publicación de tres obras religiosas en euskera, entre las cuales la más famosa es la traducción del Nuevo Testamento “Iesus Christ Gure Jaunaren Testamentu Berria”, una de los primeros libros publicados en este idioma. Tras el fallecimiento de la reina, su hijo Enrique heredó la corona de Navarra, y al ser asesinado el monarca francés Enrique III, se convirtió en el primer rey de la dinastía Borbón en Francia, con el nombre de Enrique IV.


Figura 3.- Placa metálica renacentista con la efigie de Antonio de Borbón, fotografiada sobre la lámina del Schlumberger (1893).

Bajo el reinado de Juana de Albret y Antonio de Borbón, se emitieron numerosas monedas en las cecas de Pau y Morlaas: escudos de oro, testones y medios testones de plata con los bustos enfrentados de los monarcas, douzains, y pequeños liards y vaquetas. Además de monedas se acuñaron numerosos jetones y medallas. En algunos jetones de plata y cobre emitidos entre 1555 y 1560 (Schlumberger, números 8 a 10) figura una curiosa leyenda en castellano “NO SON TALES MYS AMORES” con el escudo partido en dos, por una parte el de Borbón, y por otra, dividido en seis partes, los escudos de Navarra, Albret, Bearn, Armañac, Evreux, Aragón, Castilla-León y Bigorre. Las leyendas en lengua español a sobreviven en algunos jetones de la Baja Navarra, territorio que desde la conquista de Navarra por Fernando el Católico en 1512, había quedado bajo una clara influencia francesa, como ejemplo resulta llamativa la leyenda o divisa: “HASTA LA MVERTE” que figura en un ejemplar de la reina Juana (Schlumberger n. 17). Los escudos de Aragón y Castilla-León aparecen también en las monedas acuñadas por la reina Juana a partir de 1562 y en las de su hijo Enrique III de Navarra (futuro Enrique IV de Francia). 


Figura 4.- Medalla de Antonio de Borbón y grabado del sitio de Rouen.

Además de monedas y jetones existen hermosas medallas renacentistas de Antonio de Borbón como rey de Navarra, en ellas aparece generalmente su busto vestido con una coraza y la leyenda “ANTONIVS DEI GRACIA REX NAVARRAE”.

Bibliografía:

Schlumberger, G., 1893.

Description des monnaies, jetons & medailles du Béarn.  París: 80 pp. + 17 lám.

miércoles, 15 de julio de 2015

Monedas radioactivas.

Monedas “radiactivas”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 64(1169) (Diciembre 2008): pp. 42-43.

Miguel Ibáñez Artica.


            La radiactividad, se considera hoy en día como algo peligroso y potencialmente dañino, pero esta percepción no siempre ha sido así. A comienzos del siglo XX, a los pocos años de descubrirse esta propiedad que presentan algunos elementos naturales como el Radio, las sustancias radioactivas se pusieron de moda utilizándose indiscriminadamente en todo tipo de productos, atribuyéndoles propiedades mágicas y curativas. Las aguas minero-medicinales incluían en su publicidad la dosis radioactiva que portaban, se fabricaban pinturas fluorescentes, cremas de belleza, anticonceptivos y ungüentos radioactivos, y nadie parecía hacer caso a las advertencias de unos pocos científicos que alertaban de la peligrosidad del uso indiscriminado de estas sustancias. Todavía a comienzos de los años 50 del siglo XX, se publicaban en prestigiosas revistas, artículos sobre los “beneficios” para la salud de un peligroso gas radioactivo, el radón.

            Durante esta década de los 50, el reactor nuclear de Oak Ridge (Tennesse, EEUU), fue el mayor productor del mundo de elementos radioactivos artificiales, obtenidos al bombardear diferentes sustancias con un chorro de neutrones, y una de las actividades divulgativas realizadas como publicidad en el Museo Americano de Energía Atómica, fue la de bombardear con neutrones pequeñas monedas en circulación, convirtiéndolas así en “monedas radioactivas”, que los visitantes podían llevarse a casa como recuerdo (Figura 1).


Figura 1.- Acuñación de “Monedas radioactivas”, y Mis Universo recibiendo una como recuerdo de su visita en 1966 al Museo de Energía Atómica.

            Un artículo de prensa del año 1954 señalaba: “Una de las actividades más populares del Museo Americano de Energía Atómica es el irradiador de “dimes” (pequeñas monedas americanas de diez  céntimos de dólar). Hasta la fecha se han irradiado más de 250.000 monedas, encapsuladas en plástico y devueltas a sus propietarios como souvenirs. La irradiación se realiza de la siguiente forma: En un recipiente de plomo se colocan una mezcla de antimonio radioactivo y berilio. Los rayos gama del antimonio son absorbidos por los átomos de berilio que a su vez expulsa a los neutrones. Estos neutrones no tienen carga eléctrica y penetran en los átomos de plata de la moneda, convirtiendo la plata normal 109 (masa atómica) en plata 110 radioactiva. Tras su irradiación, la moneda se coloca en un recipiente de plomo donde se mide su radiactividad con un contador Geiger, entonces se encapsula la moneda. La plata radioactiva que tiene una vida media de 22 segundos desaparece rápidamente transformándose en cadmio 110, solamente una pequeñísima fracción de átomos de plata permanece radioactiva.”

            Estas monedas irradiadas tienen una composición de un 90% de plata y un 10% de cobre, y esta plata está compuesta a partes iguales de plata 107 y plata 109, el problema es que parte de la plata 107 se transforma en plata 108, cuyo período de semidesintegración es de ¡400 años!.

            Esta fabricación de “monedas radioactivas” comenzó su declive a partir de 1964, cuando finalizó en Estados Unidos la circulación de monedas de pequeño valor en plata, metal que fue sustituido por cuproníquel, aunque durante los años siguientes el Museo consiguió aprovisionares de las antiguas monedas suministradas por los bancos locales, con la intención de prolongar la vida de este programa publicitario. Se calcula que entre 1949, cuando comenzó esta actividad, y 1967, se irradiaron aproximadamente un millón de monedas.

            Sin embargo, la opinión generalizada de que las bajas dosis de radiación eran inofensivas, había cambiado ya radicalmente a partir de un dramático suceso conocido como el de las “chicas del radio” (Figura 2). Estas muchachas, eran trabajadoras de una fábrica de Orange (New Jersey) que se dedicaba a pintar con una sustancia “Undark” las manillas de relojes y despertadores, de forma que éstas fueran visibles durante la noche. Ello era debido a la presencia en la pintura de un elemento altamente radioactivo, el radio.



Figura 2.- Las “Chicas del radio” trabajando en una fábrica de la “U.S. Radium Corporation” y publicidad de los relojes con agujas radioactivas.

          Las muchachas realizaban este trabajo manualmente con ayuda de finos pinceles, y frecuentemente se los llevaban a la boca para, con la saliva, “afilarlos”, e incluso muchas de ellas se pintaban los labios y las uñas con este producto de propiedades sorprendentes, ya que brillaba en la oscuridad con una intensidad y color parecido al de la luz de la Luna. Esto provocó que muchas de ellas murieran y otras sufrieran diversas enfermedades como anemias, cáncer, necrosis mandibular, etc..., estableciéndose un largo y popular debate jurídico, cuyo resultado obligó a la empresa a abonar indemnizaciones, que constituyeron un precedente en la legislación laborar mundial.


Figura 3.- A la izquierda, diez monedas “irradiated dime” sobre un contador: vemos como marca muy poca radiación; a la derecha, un aparentemente inofensivo salero, que lleva un recubrimiento de esmalte fabricado con óxido de uranio, y que marca 1.700 cpm, mucho más que las monedas irradiadas (1).

            En la actualidad, se siguen bombardeando monedas con neutrones rápidos, pero en el campo de la investigación, y con una finalidad muy diferente, la de averiguar la composición metalográfica de la moneda mediante métodos no destructivos. Ello nos ha permitido por ejemplo, descubrir grandes variaciones en el contenido de plata que presentan los dineros y óbolos emitidos en Aragón y Navarra durante los siglos XI, XII y XIII (2).

(1). La compañía Homer Laughlin de Virginia, comenzó a fabricar cerámica esmaltada en 1936, utilizando óxidos y sales de uranio, que alcanzan un 14 % del peso del esmalte, para obtener unos hermosos colores rojo y anaranjado. Dado que este uranio podía ser utilizado en la producción de la bomba atómica, en 1943 el gobierno de Estados Unidos confiscó las existencias de este elemento, y la gama “Fiesta de color rojo” desapareció hasta 1959, cuando se reanudó la producción utilizando uranio empobrecido, que se mantuvo hasta 1973 en que el uranio dejó de utilizarse para este fin. Más información en:


(2) Ibáñez, M., 1998. Estudio metalográfico de monedas medievales: Reino de Pamplona/Navarra, siglos XI-XIII. Numisma 48(241): 59-93.


miércoles, 1 de julio de 2015

Ovnis y extraterrestres.


Ovnis y extraterrestres.
Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 69(1218) (Mayo, 2013): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica



            Hace varios años publicamos un par de artículos sobre “numismática extraterrestre”, en los que comentábamos las representaciones de meteoritos, considerados como piedras sagradas enviadas por los Dioses, que aparecen en varias emisiones de la antigua Grecia y Roma, así como algunas monedas modernas destinadas al mercado del coleccionismo numismático, que se fabrican incluyendo en ellas pequeños fragmentos de meteoritos. Estos tipos monetarios, aun resultando originales, no presentan ningún misterio.

Uno de los meteoritos más famoso en la Antigüedad era la “piedra negra” venerada en la ciudad Siria de Emesa, y que aparece representada en algunas monedas de Antonino Pío (138-161) y Caracalla (211-217). En tiempos del emperador Heliogábalo (218-222) fue solemnemente trasladada a Roma, figurando en los aureos, denarios y moneda de bronce de dicho emperador. Con anterioridad otro meteorito era venerado en Pafos (Chipre) en el templo de Afrodita, y aparece representado en emisiones de Augusto (27 a.C.-14 d.C.) y Septimo Severo (193-211 d.C.). También el emperador hispano Trajano (98-117 d.C.) acuñó en Siria monedas donde aparece representada la piedra sagrada del templo de Zeus Kasios.


Figura 1.- Jetones franceses con representaciones de “ovnis”.

            A diferencia de lo anteriormente expuesto, las figuras que presentamos, y que aparecen en algunos jetones franceses de la segunda mitad del siglo XVII, siguen representando a fecha de hoy un misterio. Existen dos tipos diferentes (Figura 1), en el primero de ellos, un objeto con forma de disco aparece flotando entre las nubes del cielo sobre un paisaje con colinas y montañas, y en el segundo, es atacado con lanzas o flechas. Del primer tipo existen varios anversos: con el busto del monarca Luís XIV, fechado en 1656, del mismo año para la Cámara de Comptos de Normandía, y otro sin fecha donde aparecen unas flores de lis bajo la lluvia (Figura 4). El segundo tipo fue emitido por el duque de Enghien, con motivo de la petición de nuevos recursos para la guerra en 1648 a los Estados de Borgoña. El especialista F. Feuardent a comienzos del siglo XX, se limita a describir escuetamente estos elementos como “escudos celestiales”.

            La similitud entre estos objetos y los enigmáticos “platillos volantes” es evidente (Figura 2), y por este motivo, estos singulares jetones se han utilizado en numerosas publicaciones esotéricas de “ufología” como prueba y argumento de la presencia de ovnis en diferentes épocas históricas del pasado. Si a esto añadimos la leyenda que aparece en el primer tipo “OPPORTVNUS ADEST”: “Está presente en el momento oportuno”, o “Ayuda en el momento oportuno”, ya tenemos todos los ingredientes para cocinar un sinfín de elucubrativas teorías sobre la visita de ovnis y extraterrestres.


Figura 2.- Representación convencional de un “Platillo volador” u “Ovni”.

            Otras hipótesis más realistas interpretan estas enigmáticas figuras como la rueda del carro que subió al profeta Ezequiel al cielo, o el escudo protector de Júpiter de la mitología romana, tan utilizada en los jetones franceses de los siglos XVI y XVII. Cuenta la leyenda que Numa Pompilio, segundo rey de Roma, consultó a Júpiter cómo podía defenderse de sus rayos, a cambio del secreto Jupiter le pide un sacrificio humano, a lo que el prudente rey se niega, pero gracias a su ingenio consigue que Júpiter le prometa revelarle el secreto.

            Tras convocar solemnemente a los representantes del pueblo, al día siguiente una gran cantidad de rayos surcaron el cielo con estruendo, y un escudo oval cayó a los pies del rey. Júpiter anunció a los romanos que nunca tendrán que temer a sus enemigos mientras conserven y protejan el sagrado escudo. En agradecimiento, el rey ordenó sacrificar una joven, y ante el miedo de que alguien pudiera robarlo, mandó fabricar once copias idénticas, que serían paseadas durante la festividad anual del día dos de marzo. Según los autores clásicos, el gobierno del mundo está destinado a la ciudad que conserve dicho escudo.

            Así pues, una probable explicación a estas enigmáticas imágenes es, en el primer caso: el escudo de Júpiter aparece entre las nubes y cae a la tierra, y en el segundo tipo: si invertimos la figura, podemos ver cómo el escudo protege la tierra de los rayos que salen de las nubes del cielo (Figura 4). La única objeción que puede hacerse es que el ancile, el famoso escudo protector de Júpiter es ovalado con dos escotaduras laterales, y el que se representa en los jetones es una rodela perfectamente circular, similar a la que aparece en algunas representaciones pictóricas de la época (Figura 3).


Figura 3.- Representación de San Miguel con rodela.

            Sean lo que sean estos singulares objetos, lo que está claro es que a fecha de hoy, siguen siendo unos “objetos voladores no identificados”, es decir, unos auténticos “OVNIS”.


Figura 4.- Diferentes emisiones de los “Jetones del Ovni”.

            Como esotérico-satírico colofón, citaremos unas moneditas, imitaciones de los cuartos de dólar americanos, alusivos al Área 51 de Nevada y a Roswell en Nuevo México, que presentan imágenes caricaturizadas de alienígenas (Figura 5), y que se venden a los turistas que acuden a estas zonas, atraídos por las numerosas leyendas que genera la “teoría de la conspiración”, en relación con los visitantes extraterrestres.


Figura 5.- Tokens satíricos americanos con representaciones de extraterrestres.



domingo, 14 de junio de 2015

Nociones de Numismática extraterrestre.


Nociones de Numismática extraterrestre.
I: La Antigüedad clásica. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1140) (Abril, 2006): pp. 46-47.
II: La actualidad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1141) (Mayo, 2006): pp. 46-48.
III: La moneda más “friki” del año 2013. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 69(1224) (Diciembre, 2013): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica


I: La antigüedad clásica.


            Si en un libro sobre monedas encontramos un capítulo dedicado a “numismática extraterrestre”, probablemente pensaríamos que se trata de una broma. Sin embargo dicho capítulo podría existir perfectamente, ya que por una parte existen varias monedas emitidas en tiempos del Imperio Romano donde figuran objetos extraterrestres, y por otra parte, en tiempos muy recientes, se han acuñado algunas piezas utilizando elementos que provienen de fuera de nuestro Planeta.

            Aproximadamente todos los días caen sobre la Tierra unas 300 toneladas de materiales procedentes del espacio exterior, en su mayor parte son pequeños fragmentos conocidos como meteoritos, que se desintegran al entrar en contacto con la atmósfera terrestre, tan sólo unos pocos tienen suficiente tamaño para conservar sus características e impactar contra el suelo, si bien en su mayor parte se estrellan en los diferentes océanos del Planeta sin llegar a ser observados. Afortunadamente los impactos de grandes asteroides son excepcionales, si bien han marcado la evolución de los seres vivos durante millones de años (las extinciones masivas ocurridas hace 225 y 66 millones de años y que marcan la transición entre las Eras geológicas Primaria, Secundaria y Terciaria fueron debidas a grandes impactos de cuerpos extraterrestres).

            Se han encontrado objetos fabricados en hierro y que pertenecen a la Edad del Bronce(1), cuando todavía la humanidad no tenía conocimientos suficientes de metalurgia para obtener este metal de los abundantes minerales que lo contienen. En 1911 fueron halladas nueve cuentas de collar de hierro en las excavaciones de Gerzeh, cuyo análisis metalográfico dio un contenido en niquel del 7,5%, confirmando su origen extraterrestre. En la tumba de Tutankamon, a comienzos del siglo XX, se encontraron 18 objetos de hierro meteorítico, el más famoso es una daga, y también se han hallado objetos similares en África y China. En época relativamente reciente, el diez de abril de 1621, un gran meteorito de hierro cayó en la India, y el emperador Jahangir ordenó fabricar con él dos espadas, una daga y un cuchillo, atribuyéndose a estos objetos propiedades mágicas. Actualmente sólo se conserva el cuchillo en una institución científica de Washington.

            Cuando en 1818 los primeros exploradores europeos entraron en contacto con las tribus inuits en el noroeste de Groenlandia, encontraron que los esquimales fabricaban numerosos objetos de hierro elaborados a partir de meteoritos. Tras varios intentos fallidos por encontrar la “montaña de hierro”, en 1894 finalmente una expedición descubrió un gran meteorito llamado “Ahnighito” de 34 toneladas de peso que fue trasladado a Nueva York, donde actualmente lo podemos contemplar en el Museo de Historia Natural de la ciudad. En la Edad Antigua, los materiales que caían sobre la Tierra eran interpretados como objetos sagrados enviados por los dioses, el más antiguo del que tenemos conocimiento es el que representaba la diosa madre Cibeles en el templo de Pessinus (en la actual Turquía). El año 205 a.C., con motivo de la invasión cartaginesa de Aníbal, los oráculos señalaron que la ciudad se salvaría con la presencia en ella de la diosa Cibeles. Una embajada se dirigió a solicitar el sagrado objeto al rey Atalo, y transportó solemnemente el meteorito a Roma donde fue instalado en el templo de la Victoria, donde fue venerado durante 500 años. En las excavaciones arqueológicas realizadas en 1730 se encontró el meteorito, pero desgraciadamente fue desechado como una piedra sin valor al no ser reconocido como tal. El profesor Lanciani lo describió en su informe de la excavación “de un color marrón profundo, muy parecido a un trozo de lava y terminado en punta”.

            Sin embargo, el objeto extraterrestre más representado en la numismática romana es otro meteorito, la famosa “piedra negra” de la ciudad de Emesa en Siria(*), que ya aparece representada en algunas monedas de Antonio Pío (138-161) (Fig. 1) y Caracalla (211-217), y que en tiempos del último de los Antoninos, el emperador Heliogábalo (218-222), fue solemnemente trasladada a Roma. Este personaje era nieto de la influyente princesa romana de origen sirio Julia Maesa (madre del emperador Alejandro Severo) (Fig. 2), que fue precisamente quien en el año 218 y aprovechando el descontento popular, hizo que el senado le proclamara emperador cuando tan sólo contaba catorce años de edad. Heliogábalo era sacerdote del dios de Emesa (ciudad donde había nacido), famosa por conservar una piedra sagrada en forma cónica que tiempos atrás había caído desde el cielo cerca de la ciudad. Este meteorito aparece representado en numerosas monedas de oro, plata y bronce (Fig. 3).


Figura 1.- Bronce de Antonino Pío (138-161 d.C.) acuñado en Emesa (Siria) (Æ  23 mm). Reverso: Águila sobre la piedra sagrada de Emesa. Ref. BMC 1. 


Figura 2.- Bronce de Julia Maesa, AE20. Sidón. Reverso: Carro de Astarté llevando la piedra sagrada. Ref. BMC 300, lám. XXV.


Figura 3.- Monedas de Heliogábalo (218-222 d.C.) representando el transporte en cuádriga de la piedra de Emesa. a y b: Áureos acuñado en Roma (Ref. RIC 143, BMC 273; RIC 61, BMC 198); c: Antoniniano, en el reverso figura Eliogábalo realizando un sacrificio sobre el altar y la piedra sagrada de Emesa (Roma 219-220); d: Bronce, reverso con olivo sagrado flanqueado por las piedras de Emesa (Tiro, Fenicia 218-222 d.C.).

            Sin embargo no es este el primer caso de representaciones de materiales extraterrestres en las monedas, en algunas emisiones provinciales del emperador hispano Trajano (98-117 d.C.) acuñadas en Siria, aparece representada la piedra sagrada (posiblemente otro meteorito) del templo de Zeus Kasios (Fig. 4a), también de época posterior tenemos algunas emisiones del efímero y poco conocido usurpador Uranius Antonius (253-254?) con imágenes de la “piedra de Emesa” (Fig. 4b). Otro meteorito era venerado en Pafos (Chipre) en el templo de Afrodita, y también aparece representado en emisiones de Augusto (27 a.C.-14 d.C.) y Septimo Severo (193-211 d.C.), así como el de Sidón que figura en las emisiones de Caracalla (211-217) (Fig. 4c).


Figura 4.- a: Bronce de Trajano acuñado en Siria (98-117 d.C.) (Æ 20 mm). Reverso: Piedra sagrada de Zeus Kasios bajo un palio. Ref: SNG Copenhagen 403-4, BMC 40; b: Bronce de Uranius Antoninus acuñado en Emesa el año 565 de la Era Seleúcida = 253/4 d.C. (Æ 32mm). Reverso: Templo y en su interior la piedra sagrada de Emesa. Ref. BMC 24; c: Tetradracma de Caracalla, Sidón, Reverso: Águila sobre carro de Astarté con la piedra sagrada de Sión. Ref: Bellinger 5291.



(1) Uno de los elementos más antiguos ha sido encontrado en la cueva de Zatoya (Navarra), donde en un nivel del Neolítico (aproximadamente hacia el 6.000 a.C.) apareció una cuenta de collar en forma de disco, elaborada con hierro meteorítico (Barandiarán, 1989, p. 199).       

* La ciudad de Emesa corresponde a la actual Homs, la tercera población más importante de Siria, actualmente destruida y asolada por la guerra.


II: La actualidad.


            A lo largo de la historia de la moneda se han empleado los más diversos materiales para su fabricación. Aunque al principio utilizaron metales preciosos -como el oro y la plata-, pronto se introdujeron otros menos nobles como el cobre o sus diversas aleaciones (bronce, oricalco….), incluso encontramos algunas monedas acuñadas en hierro, o en época moderna con aluminio, níquel o las más variadas aleaciones. Actualmente se utilizan diferentes mezclas, como el denominado “oro nórdico”, compuesto por un 89% de cobre, 5% de aluminio, 5% zinc y 1% de estaño, con el que por ejemplo se fabrican las monedas de 10, 20 y 50 céntimos de euro.

            En situaciones excepcionales se ha llegado a acuñar con el bronce procedente de cañones (con un contenido de 88 % cobre, 10% estaño y 2% zinc), como por ejemplo las raras monedas de ocho maravedís de Fernando VII, emitidas por los constitucionales cercados en Pamplona durante el año 1823, con el bronce de tres cañones que se conservaban en la Cámara de Comptos de la ciudad, y hasta se han emitido monedas conmemorativas con materiales bélicos tan curiosos, como el metal procedente de los misiles nucleares rusos SS-20 desmantelados como consecuencia del tratado ruso-americano INF de destrucción de armas nucleares(1). Otro exótico metal utilizado desde hace pocos años es el Niobio, cuyo nombre deriva de un personaje mitológico, Niobe, hija de Tántalo, a su vez uno de los hijos mortales de Zeus, con el que recientemente se han acuñado piezas bimetálicas, como los 25 euros en Austria (Fig. 5) y la de un “lat” en Letonia. Sin embargo, todavía existen elementos más originales utilizados en la fabricación de monedas, nos referimos a materiales “extraterrestres” procedentes de meteoritos que han impactado con la Tierra.
           

Figura 5.- Moneda de 25 euros acuñada en Austria con el metal Niobio.

            Son dos las piezas fabricadas recientemente donde se han utilizado estos extraordinarios materiales, en primer lugar podemos mencionar una ficha o token fabricada para el mercado del coleccionismo(Fig. 6), y que lleva las leyendas de “Space coin” (Moneda del espacio) y “In skies we trust” (En el cielo confiamos), imitando el lema nacional de los Estados Unidos de América (In God we trust= En Dios confiamos), utilizado desde 1864 en las monedas, y en todos los billetes emitidos a partir del 1 de octubre de 1957. En la zona central figura el texto “Campo del Cielo”, lugar de Argentina donde cayó este meteorito hace unos seis milenios.


Figura 6.- “Moneda” fabricada íntegramente con el metal del meteorito.

            Se da la circunstancia de que este objeto extraterrestre fue descubierto por el capitán español Hernán Mexia de Miraval en 1576. Antes los rumores de la existencia de una “ciudad de plata”, el gobernador de la provincia ordenó su localización, y el mencionado militar al mando de un grupo de soldados, se aventuró en su búsqueda en la que tuvo que luchar contra los indios Chiriguanos, que según sus relatos consumían carne humana. No encontraron el valioso metal, pero localizaron un gran “peñol de hierro” del que tomaron algunos fragmentos.

Dos siglos más tarde, entre 1774 y 1776 se realizaron expediciones al mando de Bartolome Francisco de Maguna, localizándose una gran masa metálica, cuyo peso fue estimado en  23 toneladas, tomándose algunas muestras para analizar con las cuales, don Francisco de Serra y Canals determinó en 1778, que no se trataba de plata, sino de "fierro de muy particular calidad". El siguiente año, una nueva expedición, ahora bajo el mando del sargento Francisco de Ibarra, aportó datos sobre su tamaño, 3,52 metros de largo por 1,85 metros de ancho, poco después, en 1783, se realizaron análisis metalúrgicos, excavando los alrededores hasta determinar que se trataba de una masa aislada de hierro. Debido a las explosiones realizadas, el meteorito se fragmentó y dispersó, quedando sus trozos enterrados.

            Recientemente, el interés por estos materiales ha llevado a los “cazadores de meteoritos” a la localización y comercialización de numerosos fragmentos hallados en esta zona, el caso más espectacular ocurrió en 1992, cuando las autoridades argentinas detuvieron al americano Robert Haag, cuando intentaba sacar del país un enorme bloque de 37 toneladas de peso.

            El meteorito denominado “Campo del Cielo” es un siderito del grupo I, formado por Octaedrita (con cristalización en forma de octaedro) rico en inclusiones de grano grueso, con una composición química de 92,6 % de hierro, seguido por un 6,7 % de níquel, un 0.4 % de cobalto, un 0,25% de fósforo, 407 partes por millón de galio y 3,6 ppm de iridio.

            La segunda pieza que pasamos a comentar, es la moneda de diez dólares emitida en Liberia el año 2004 (Fig. 7). En este caso se trata de una emisión oficial, acuñada en plata y que incluye en una pequeña cavidad unos pequeños fragmentos del meteorito identificado como “NWA 267”, encontrado en la frontera entre Marruecos y Argelia el año 2000. En la cara de la moneda donde están los fragmentos, aparece la figura de un nómada a camello, detrás una estrella fugaz surca el cielo, y sobre una duna, aparece un grupo de meteoritos (auténticos) del tipo H4, es decir condritos ricos en olivino con cóndrulos (pequeñas bolitas) de piroxenos. Inspirándose en esta moneda se han realizado algunas medallas que en una cara llevan incrustado un pequeño fragmento de meteorito.


Figura 7.- Moneda de diez dólares de Liberia, acuñada en el año 2004.

            Las piezas descritas están dirigidas al mercado del coleccionismo más que a circular como verdaderas herramientas al servicio de la economía, ya que es prácticamente imposible realizar una emisión abundante con estos rarísimos materiales extraterrestres. De hecho la tirada de las “monedas” fabricadas con el meteorito argentino es tan sólo de 400 ejemplares, mientras que las emitidas en Liberia ascienden a 999 piezas acuñadas.

           Los meteoritos, aparte de su interés como elementos curiosos procedentes del espacio exterior, y de protagonizar varias películas catastrofistas, han marcado la evolución de los seres vivos de nuestro Planeta, provocando extinciones masivas en forma periódica (como las acaecidas hace 250 millones de años que supuso el final de la Era primaria y el comienzo del Mesozóico, o la más reciente ocurrida hace “sólo” unos 65 millones de años y que teminó con la vida de los grandes dinosaurios).

            El año 1969 cayeron sobre la Tierra dos fragmentos especialmente interesantes, el primero, lo hizo el 9 de febrero en la localidad mejicana de Allende, mientras el segundo se estrelló cerca del pequeño pueblo de Murchison, a unos cien Kilómetros al norte de Melbourne en Australia. Estos meteoritos ya vagaban por el espacio antes de que se formasen la Tierra y el sistema solar, pertenecen a la familia de los condritos carbonatados, y poseen unas peculiares características, como presencia de gran cantidad de agua y aminoácidos (moléculas orgánicas presentes en los seres vivos), su estudio ha hecho revivir la hipótesis de la “panspermia” (“semillas por todas partes”) enunciada por Arrenius en 1903 que propone un origen extraterrestre de la vida. De igual forma, los análisis realizados, han aportado datos fundamentales para el conocimiento de cómo se formó nuestro planeta hace 4.500 millones de años. En definitiva, los objetos llegados del espacio han fascinado al hombre desde siempre, y algunos de ellos han quedado inmortalizados en las monedas, desde la antigüedad clásica hasta nuestros días (Fig. 8).


Figura 8.- Meteoritos cayendo sobre Basilea (Suiza) el 7 de agosto de 1566 en la obra de Samuel Coccius.


(1) Ver artículo de Mayo del 2003: “Tiempos de guerra, monedas de paz”  Eco Filat. y Numism. nº1108: p.40.


III: La moneda más “friki” del año 2013.


      Siguiendo la tradición, hemos seleccionado como la moneda más “friki” u original de las fabricadas durante el año 2013, la emisión de diez dólares de las Islas Fiji, acuñada en plata de 999 milésimas, y que lleva incrustados unos trocitos del famoso meteorito Murchison (Figura 9). En este caso la selección se ha realizado no tanto por la curiosidad o rareza de la moneda (desde hace varios años se ha puesto de moda la fabricación de piezas destinadas al mercado del coleccionismo, que incluyen pequeños fragmentos de meteoritos(1)), sino por el interés científico del meteorito incluido, que contiene nada menos que las moléculas orgánicas a partir de las cuales se generó la vida en nuestro Planeta.



Figura 9.- Fragmentos del meteorito Murchison y moneda de diez dólares con pequeños trocitos del mismo.

     Esta emisión forma parte de una serie dedicada a los meteoritos, iniciada en Fiji el año 2012, con cinco piezas en las que se incluyen pequeños fragmentos originales de los meteoritos Brenham (que cayó en 1882 en los Estados Unidos de América), Kaisnaz (Rusia, 1937), Abee (Canadá, 1952), Jilin (China, 1976) y Neuschwanstein (Alemania, 2002), y que ha continuado durante el año 2013 con las monedas dedicadas a los meteoritos Chassigny (Francia, 1815), Morasko (Polonia, 1914) y la que nos ocupa, que incluye un pequeño fragmento del famoso meteorito Murchison, que se precipitó del cielo a las 10.58 a.m. (hora local), cerca de la ciudad australiana de Murchison (Victoria) el 28 de septiembre de 1969. Este año fue especialmente importante en el mundo científico a causa de dos acontecimientos singulares que se produjeron en un corto período de tiempo, por una parte la caída en la población mejicana de Allende, a la una de la noche del día 8 de febrero, de un gran meteorito, denominado “Allende” por el nombre de la localidad donde cayó, mientras que el segundo hecho asombroso ocurrió unos meses más tarde, el 28 de septiembre de ese mismo año, a las 10.58 hora local, cerca de la ciudad de Murchison en Australia, se observó una brillante bola de fuego que se separó en tres fragmentos, antes de desaparecer dejando una nube de humo. Unos 30 segundos más tarde, se sintió un temblor producido por el impacto. Los fragmentos del meteorito se dispersaron en una superficie de 13 km², con masas individuales de hasta 7 kg. Uno de ellos de  680 g. de peso, atravesó el techo de una nave de ganado cayendo en el heno. La masa total de los fragmentos recogidos de este meteorito supera los 100 kilogramos.



Figura 10.- Caída de un meteorito sobre la Tierra.

Aunque todos los años caen sobre el planeta Tierra millares de meteoritos (Figura 10), ninguno ha proporcionado tanta información sobre el origen del Sistema Solar y sobre las posibles causas de la aparición de la vida en nuestro planeta como estos dos mensajeros de las estrellas, que casualmente arribaron a nuestro planeta en mismo año. Ambos pertenecen al mismo grupo de meteoritos, el de los condritos carbonáceos, con una composición química que incluye moléculas de agua y compuestos orgánicos, además de silicatos y otros minerales, en proporciones similares a las que tendría hace más de 4.500 millones de años la nebulosa a partir de la cual se formó nuestro sistema solar.

Los análisis realizados sobre fragmentos del meteorito Allende, mostraron que en realidad se trata de un superviviente formado a partir de la unión de las partículas de la nebulosa que dio  lugar al sistema solar, y se formó treinta millones de años antes de que surgiera nuestro planeta. Poco más tarde, los nuevos análisis realizados en el meteorito Murchison desvelaron nuevos secretos que asombraron a la comunidad científica. En la roca venida del espacio, se encontraron numerosas moléculas orgánicas complejas entre las cuales figuran hasta 15 aminoácidos diferentes, algunos de los cuales como la glicina, la alanina o el ácido glutámico están presentes en las proteínas de todos los seres vivos del planeta (Figura 11). Además el año 2008 se descubrió que el meteorito albergaba una nueva sorpresa, contenía bases nitrogenadas(2), como las que conforman el código genético de los seres vivos, y en el 2010 se llegaron a identificar hasta 14.000 moléculas orgánicas diferentes, entre las que se encontraron 70 aminoácidos, muchos de ellos desconocidos en nuestro Planeta(3).


Figura 11.- Diferentes moléculas orgánicas complejas halladas en el meteorito Murchison.

A partir de estos sorprendentes descubrimientos tomó fuerza la antigua teoría de la “panspermia”, es decir del origen extraterrestre de la vida, o mejor dicho, de las moléculas que permitieron que la vida surgiera en nuestro planeta hace unos tres mil quinientos millones de años. Tanto el agua de los océanos como las moléculas orgánicas que permitieron la aparición de la vida proceden de los meteoritos, pero no de cualquier meteorito, sino de los que como el Allende y el Murchison fueron mudos testigos de la formación de nuestro sistema solar y cayeron hace millones de años en el Planeta aportando las semillas en forma de moléculas orgánicas complejas, de las que poco más tarde surgirían a través de reacciones químicas los primeros seres vivos, de los que los seres humanos en definitiva descendemos (Figura 12).



Figura 12.- Las moléculas orgánicas complejas que cayeron sobre la Tierra dentro de los meteoritos hace 4.500 millones de años, fueron la materia prima a partir de la cual mil millones de años más tarde, se formaron los primeros seres vivos del Planeta.

Así pues, podemos decir que en esta moneda de diez dólares acuñada en el año 2013 en las islas Fiji, se encuentran los vestigios más antiguos de nuestro remoto pasado, los del hombre y los de la totalidad de seres vivos, desde las bacterias más pequeñas hasta las ballenas y demás mamíferos, incluida nuestra especie, el Homo sapiens.

Notas:

(1) Nociones de numismática extraterrestre II. (Mayo, 2006), Eco Filatélico y Numismático 62(1141): 46-48.