domingo, 5 de octubre de 2014

Dos monedas "de la tierra": El Robo de trigo en Navarra y el Almud de Café en Puerto Rico.

Artículo publicado el año 2001 en la revista “Crónica Numismática”:
Migue Ibáñez Artica (2001). Dos monedas “de la tierra”: El Robo de trigo en Navarra y el Almud de café en Puerto Rico. Crónica Numismática 12 (nº132): 48-52.


El grano como moneda.

Resulta curioso observar cómo bajo el epígrafe de "moneda tradicional" se incluyen aquellos objetos no monetiformes que se han utilizado en algunas culturas (y que ocasionalmente aún se emplean en ciertos lugares) como moneda1. Sin embargo, en un futuro inmediato, habrá que referirse con el término de "tradicional" a la moneda convencional, es decir los billetes y monedas metálicas hoy en curso,  engullidas progresivamente por los sofisticados sistemas de pago del comercio electrónico, donde el dinero es solamente información (cifras y códigos en sistema binario) contenida en las bases de datos de los ordenadores, dinero que viaja a la velocidad de la luz por los circuitos de fibra óptica, y puede dar seis veces la vuelta a la Tierra en un segundo. 

Volviendo a la moneda "tradicional" o "primitiva", desde la más remota antigüedad, los productos agrícolas y ganaderos han sido empleados como medio de cambio y moneda en todos los rincones del planeta, siendo muy frecuentes los ejemplos documentados que nos ilustran de la utilización de diferentes clases de granos (trigo, arroz, cebada, avena, maíz, cacao...) como unidad monetaria.

Ya en el código de Hamurabi (2123-2080 a.C.) se especifica la obligatoriedad del pago en grano, en los casos de alquileres de bueyes o campos de labor, mientras que el pago de otros servicios profesionales prestados por cirujanos, veterinarios, artistas, fabricantes de ladrillos o sastres, debía realizarse en plata. El mantenimiento de estos dos tipos de "moneda": plata y cereal, con unas equivalencias establecidas, favorecía a medio plazo la estabilidad del precio de la plata2.


Figura 1: Código de Hammurabi.

En China el uso del cereal como medio de cambio, fue desplazado por la utilización de monedas o "premonedas" metálicas, si bien ocasionalmente, como ocurrió entre los siglos I y V de nuestra Era, volvió a emplearse el grano como moneda. En Indochina, la tasa más antigua se conocía como "dime du riz" abonándose en arroz, y mientras los grandes pagos se hacían en oro o plata, los pequeños, se realizaban en arroz o telas; también en Filipinas se usaba como unidad monetaria el "manojo" de "palay", es decir el puñado de arroz3. Tal vez una de las zonas donde más ha perdurado el uso del cereal como moneda es la India, donde llegaron a existir hasta hace poco tiempo auténticos "Bancos de grano" en  los estados de Punjab y Bengala, encargados de guardar el cereal, realizar préstamos con intereses de hasta el 60% anual, y otras operaciones similares a las que realiza cualquier entidad crediticia.



Figura 2: Cupones de arroz utilizados en China.


En la Edad Media, ante la falta de moneda circulante, era frecuente el pago en ganado o en medidas de cereal o vino, siendo numerosos los ejemplos de estas prácticas en el Viejo Continente. En Alemania en el siglo octavo se fijaban pagos en grano, práctica conservada hasta el siglo XV; igualmente en Dinamarca durante los siglos XIII y XIV, los precios se establecían en cebada o centeno, y en Milán en el siglo XIII, los pagos se realizaban en dinero o en grano. Durante la Revolución Francesa, y ante la poca confianza en los nuevos billetes emitidos, la población volvió a usar el cereal como moneda de cambio, práctica que llegó a ser  reconocida por las autoridades, y así la Convención estableció el pago de las tasas en "asignados" (billetes) y grano en partes iguales.

El "Robo" de trigo en Navarra.

En Navarra son muy frecuentes los ejemplos de la utilización de grano como medio de pago, así encontramos documentos del siglo XI, donde, por ejemplo,  se vende un molino por la cantidad de 20 cahíces de cebada, 15 de trigo y diez "metros" de vino4,  un huerto por un cahíz de trigo y otro de cebada5, unas tierras por siete sueldos y medio y una yegua6, o se compra una heredad por la cantidad de 15 cahices de trigo y 10 cocas de vino7.

Los grandes pagos se hacían en cahices, equivalentes a 112.5 litros, y donde cabían unos 88 kilos de trigo. Para pagos más pequeños, se utilizaba el robo, una medida de volumen de áridos típica de Navarra, con una capacidad de 28.13 litros, en los que caben 22 kg de trigo. Un robo equivale a un cuarto de cahíz o a 16 almudes.


Figura 3: Cacao y un robo de trigo (Museo Arqueológico Nacional de Madrid).

Estas medidas de capacidad están relacionadas con la medidas de superficie como la robada, equivalente a unos 900 metros cuadrados (ocasionalmente en algunas poblaciones de Navarra, este valor asciende hasta los 1200-1700 m2), o la almutada que guarda la proporción de 1/16 robadas. Lo mismo ocurre con otras unidades premétricas como la fanega y la fanegada8, de forma que en origen, una robada era la superficie de terreno que se podía cultivar con las semillas contenidas en un robo. Con el tiempo la productividad de los campos aumentó con las innovaciones agrícolas, pero la capacidad de la unidad de medida permaneció constante. De hecho, poblaciones cercanas pueden tener patrones de medida diferentes, lo que tiene un origen en la diferente productividad agrícola de un lugar a otro (se han identificado hasta 40 medidas distintas para el almud), por lo que el estudio de las unidades de medida premétricas resulta un campo de trabajo muy complejo. En la actualidad los términos de "almutadas" y "robadas", como unidades de superficie, siguen utilizándose por la administración pública de Navarra9.


Figura 4:
a.- El “Robo” de Navarra, es un cajón de madera de base cuadrada de unos 40 cm. de lado, con una altura de unos 25 cm. (medida externa, a la que hay que descontar el espesor de las tablas de madera, unos 25 mm.). A los lados presenta unas asas para sujetarlo.
b.- Representación medieval de una mujer transportando una medida de trigo.

Retornando a la utilización como moneda del "robo",  las referencias en Navarra al pago de impuestos en robos o "arrobos"10 de trigo, cebada o avena se remontan al siglo X11, y son muy frecuentes en los siglos siguientes, especialmente en las zonas rurales (pagos en cahíces, robos, cuartales y almutes de trigo, cebada y avena)12, incluso se llegaban a realizar préstamos mixtos, en cantidades de dinero y trigo13. Sin embargo, esta costumbre no es sólo una antigua tradición medieval. La utilización del "robo de trigo" como moneda de pago, es una práctica conservada en Navarra hasta tiempos recientes.


En Zubiri14, en 1850, cada uno de los alumnos de la escuela aportaba anualmente medio robo de trigo y éste era el pago que recibía el maestro de la localidad15, lo mismo ocurría en Milagro, donde cada alumno (de los 78 que en esos momentos tenía la escuela) aportaba un robo de trigo. En Murchante, se le descontaba al maestro medio robo de trigo cada día que faltaba a clase. En el siglo XIX era práctica común en los pueblos de Navarra16 el pago del sueldo del maestro en robos de trigo o más excepcionalmente de maíz, aportados por el municipio o los padres de los alumnos. Las cantidades eran muy variables en función del número de alumnos y de la riqueza agrícola del pueblo, oscilando entre los 18 y 120 robos anuales. También se producía una fuerte discriminación entre las escuelas masculinas y las femeninas, y mientras la escuela para niños de Fitero, estaba dotada en 1850 con 120 robos de trigo anuales, la de niñas tenía una asignación de sólo 24 robos. Otro tanto ocurría en Cabanillas donde el maestro recibía un sueldo de 60 robos al año y la maestra 28, en Cáseda, donde mientras el maestro cobraba en metálico un sueldo de 4000 reales al año, la maestra recibía 120 robos de trigo anuales o en Murillo el Fruto, donde cada niño aportaba un robo de trigo anual como pago al maestro, y las niñas sólo medio robo para el salario de la maestra. En ocasiones los sueldos incluían otros elementos, como era el caso del maestro de Olcoz, que en 1847 recibía un sueldo anual de 72 robos de trigo y 62 cántaros de vino, o el maestro de Lorca que recibía al año 50 robos de trigo y 40 cántaros de mosto. También encontramos varios documentos de Cintruénigo de los siglo XVIII y XIX donde los pagos de alquileres se especifican en cantidades de "robos de trigo, bueno y de recivo"17.


Figura 5: Documento de 1780, donde se especifica como moneda de pago “19  robos de trigo”. (MAN, 2009/159/479)

También se utilizaba esta medida en Teruel, donde en 1723 se deja en un testamento "un robo de trigo de limosna" para las obras de la iglesia del El Poyo del Cid18.

Así pues, las medidas de trigo, generalmente expresadas en "robos" han sido elementos corrientes en Navarra para el pago de impuestos, alquileres, pequeñas compras o abono de ciertos salarios, cumpliendo perfectamente una función monetaria hasta tiempos recientes.


Figura 6: Ficha de una hacienda peruana por valor de “Una arroba de aguardiente”. Los indígenas recibían como moneda, en pago por su trabajo, aguardiente medido en arrobas (hacia 1880).

La Hacienda Letona data de inicios del siglo XVII, y su primera propietaria fue doña Isabel Junco y Estrada. La familia poseía, según su inventario, dos originales de Rubens, un piano de cola, un violín Stradivarius, una colección de esmeraldas, finos tapices en las paredes, el quirófano más moderno del sur del país; una mesa siempre surtida de la mejor comida que los cocineros y reposteros europeos podían cocinar.

Doña Leonor de Costilla y Gallinato donó las plantaciones de azúcar de caña a los jesuitas, pero tras la desamortización de Godoy  fue confiscada por el gobierno, y descendió su productividad, pasando en condiciones ruinosas al gobierno de la república en 1821. El gobierno republicano se lo vendió a un empresario argentino llamado Bartolomé Arroz, a quien sucedió su hijo Antonio que murió en Europa dejando la hacienda en manos de su viuda, quien se volvió a casar después con el doctor Lázaro Letona de El Salvador, a cuya época pertenece la ficha o token que se ilustra.


El edificio donde se ubicaba la hacienda ha sido recientemente restaurado y actualmente es la sede institucional de la Dirección Regional de Cultura Apurímac.

El almud de café en Puerto Rico.

Tras la incorporación de los países Iberoamericanos al sistema métrico decimal a mediados del s. XIX,  muchas medidas premétricas se han mantenido  vigentes hasta la actualidad19. Entre ellas cabe destacar el almud, antigua medida de capacidad de origen medieval, que como se indicó anteriormente equivalía en Navarra a un dieciseisavo de robo o a ocho celemines. La palabra almud deriva del árabe "almudd" que a su vez se basa en el antiguo "modium" romano. En Canarias, hasta comienzos del siglo XX de pagaba "de maquila" el trabajo de los molinos, es decir medio almud por fanega, y una fanega de trigo en Canarias pesaba unos 60 Kg. y equivalía a 12 almudes. En Blesa (Teruel) la "maquila" era de 3 almudes por talega. Con estas costumbres está relacionado el "urundiru" vasco20,  o "dinero de harina", impuesto o tasa municipal abonada por los campesinos de Vitoria al concejo de la ciudad, desde el s. XIV al XVIII. En origen, los labradores que llevaban a moler y pesar la harina al molino de la ciudad, estaban obligados a pagar por este servicio una cierta cantidad de harina. Al monetizarse esta tasa, se sustituyó por una cantidad de dinero que se denominó "dinero de harina".


Figura 7: Almudes y fanegas de café de Cuba, Puerto Rico y Venezuela.

Tanto el robo como el almud son cajones de madera de forma cúbica, mientras que el robo y el medio robo suelen llevar asas para facilitar su manejo, el almud no las lleva debido a su pequeño tamaño (unos 17 cm. de lado). Es frecuente que este cajoncito esté dividido por un tabique transversal, de forma que por un lado mide la capacidad de un almud y por el opuesto la mitad.


Figura 8: Almudes de papas en Chile.

El almud se utiliza todavía en algunas zonas de Chile para medir grano, papas, zanahorias e incluso marisco, así como en algunas zonas rurales de Iberoamérica, como en el departamento de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, en Guatemala donde equivale a un peso de 22.7 Kg.; en Méjico donde todavía se usa el almud de maíz con una capacidad de 7.6 litros21, o en Colombia, donde era una medida corriente hasta hace poco tiempo. Pero donde esta antigua medida mantiene oficialmente su vigencia, es como unidad de capacidad para medir el grano de café en Puerto Rico. La legislación  portorriqueña define el almud como una medida de capacidad que equivale a dos decalitros o veinte litros22. En la región andina, antes de la introducción del Bolivar de plata como unidad monetaria, circulaban todo tipo de monedas extranjeras y fichas o tokens23, también en los paises del Caribe, durante el siglo XIX escaseó la moneda menuda, sobre todo en Cuba y Puerto Rico, donde se dio una deficiente circulación monetaria. En estos países, las haciendas y plantaciones establecieron sus propias tiendas o comercios ("tiendas de raya")24 emitiéndose numerosas fichas o tokens que servían como medio de pago para los asalariados, con los cuales podían adquirir productos en las tiendas de la correspondiente hacienda25. De esta forma, se acuñaron numerosos tokens, con valor expresado en almudes26, que habitualmente se incluyen en la bibliografía numismática27 y que cumplieron una función de auténticas monedas, si bien con una circulación local. Estas fichas, que expresan originalmente cantidades de café28, proliferaron especialmente en Puerto Rico entre los turbulentos años de 1880 y 190029, y  vienen a revivir el tradicional uso de la "moneda de la tierra", tradicional en la América precolombina30, donde por ejemplo las semillas de cacao fueron utilizadas como moneda en Guatemala y sur de Méjico hasta fechas relativamente recientes, moneda que mereció el siguiente comentario de Pedro Mártir de Anglería: "¡Oh, feliz moneda, que proporciona al linaje humano tan deliciosa y útil poción y mantienes a sus poseedores libres de la infernal peste de la avaricia, ya que no se te puede enterrar ni conservar mucho tiempo!"31. 



Figura 9: Recolección de trigo según un manuscrito medieval.



Notas:

1 Opitz (2000).

2 Einzig (1949).  

3 Eyo (1979).

4 Documento de una compra de los monjes del Monasterio de Leyre. Año 1048. Martín Duque, 1983. Doc. 44, pp. 76-77.

5 Documento de venta de un huerto al Monasterio de Irache. Año 1061. Lacarra, 1965. Doc. 21, pp. 29-30.
   
6 Documento de venta de unas tierras en San Millán de la Cogolla. Año 932. Ubieto, 1976. Doc. 20, p. 32.
 
7 Documento de compra de una heredad. Año 1067. Martín Duque, 1983. Doc. 81, p. 123.
.
8.Kula (1980).

9 Boletín Oficial de Navarra, 1997, nº65 de 30/05; 1998, nº 59 de 18/05.

10 El "arrobo", convertido después en "robo" en Navarra, es una derivación temprana de la "arroba", vocablo derivado del árabe "Ar-roub", que significa un cuarto, y es una medida tanto de capacidad como de peso,  que a finales del siglo XVI equivalía a unos 11.3 Kg. o 22.7 litros. La abreviatura de este término "@", utilizada por vez primera en Sevilla en 1536, es actualmente muy popular mundialmente, por su utilización en internet.

11 Donación de Sancho Garcés Abarca de los censos de la villa de Apardués al monasterio de Leyre. Año 991. Martín Duque, 1983. Doc. 12, pp. 27-29. Censos de los mezquinos de Adoain en 1033. Ibid. Doc. 25, pp. 55-56.

12 La pecha, es la renta anual que los campesinos debían pagar al rey o al señor del lugar: Pecha anual de los vecinos de Agorreta en 1192, 6 sueldos y 6 robos de avena; Pecha de los vecinos de Akerreta en 1280, 39 sueldos, 9 cahices y 3 robos de cebada o avena; Pecha anual de los vecinos de Aldaba en 1280, 2 robos de trigo, 2 de cebada y otros dos de avena; Pechas de Cizur Mayor. Año 1341 (Munita, 1984. Doc. 58, pp. 162-168); Forma de medir los robos del censo de Arellano con el medio robo. Año 1356 (Lacarra y Martín Duque, 1986. Doc. 508, pp. 274-276); Censo de 40 robos de trigo en Dicastillo. Año 1386 (Ibid. Doc. 538, pp. 352-355); Censo de  cuatro robos de trigo al año en Learza (Ibid. Doc. 544, pp. 372-378); Pechas de los labradores de Arístregui en 1427, diversas cantidades en cahices y robos de trigo, cebada y avena; Pechas de la villa de Arellano en 1511, 5 cahices, un robo y un cuartal de trigo....

13 En Sangüesa entre 1363 y 1364 se realizan préstamos, por parte de comerciantes judíos, de cantidades de libras de carlines y robos de trigo, con plazos de amortización comprendidos entre 6 y 7 meses (Carrasco, 1988).


14 La principal fuente de información para conocer los salarios de los maestros de los pueblos de Navarra a mediados del siglo XIX, es la monumental obra del pamplonés Pascual Madoz (1845-1850).

15 En esta época era frecuente que el maestro desempeñara también el puesto de secretario municipal o de sacristán.

16 Arano, Aras, Cabredo, Castillonuevo, Ganuza, Güesa, Echagüe, Erdozain, Erro, Etayo, Igal, Ilurdotz, Irotz, Irurozqui, Izagaonda, Izal, Izalzu, Lapoblación, Lazagurria, Leache, Legaria, Lerga, Lérruz, Madoz, Marañón, Metauren, Monteagudo, Mues, Murieta, Olejua, Ollo, Ollobarren, Orisoain, Salinas de Oro, Sansol, Satrústegui, Tirapu...

17 Alfaro et al., 2001.

18 Archivo Diocesano de Teruel. El Poyo Secc.I doc. 3 f.171 (En www.iespana.es/elpoyodelcid/ IGLESIA.)    

19 Cortés y Ramírez (1992).   

20 Díaz (1998).

21 Aguirre et al. (1998).

22 Junta de Salario mínimo de Puerto Rico. 14-Marzo-1967.

23 Cartay (1988).

24 Scarano (2000).

25 En Puerto Rico, del medio millar de haciendas existentes a finales del siglo XIX, emitieron tokens más de un centenar, asi siempre con elo valor expresado en almudes.

26 Se emitieron diversos valores expresados en almudes: 1/4, 1/2, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 6 y 1/4, 7, 8, 9, 10, 12 y 1/2, 20, 25, 40 y 50 almudes.

27 Gould & Higgie (1962).

28 Las haciendas de Margarita Magraner y Salvación, en Lares, al norte de la isla, llegaron a acuñar piezas con valor de una y dos fanegas.

29 Vaiá (1980).

30 Beltrán (1997).

31 Citado por Herskovits (1954), p. 197.


Bibliografía:

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Alfaro, C., C. Marcos & P. Otero, 2001.
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Beltrán, A., 1997.
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"Urundiru, que queryan desir dinero de harina". Acerca de una imposición medieval de la ciudad de Vitoria sobre los labradores de las aldeas de su jurisdicción. Sancho el Sabio 9: 155-160.

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Martín Duque, A.J., 1983.
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Opitz, Ch.J., 2000.
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Ubieto, A., 1976.
Cartulario de San Millán de la Cogolla (759-1076). Anubar. Valencia: 414 pp.

Vaiá, D., 1980.
Plantation tokens of Puerto Rico. Vantage Press. N.Y.: 71 pp.
      

Otras publicaciones posteriores del autor sobre este tema:
Monedas de trigo y harina. (Septiembre, 2003)  Eco Filatélico y Numismático 59(1111): 43-44.
El trigo como moneda en Navarra. Eco Filatélico y Numismático (Enero, 2010), 65(1181): 46-47.


viernes, 19 de septiembre de 2014

El enigma de una ceca ibérica inexistente. Eco Filatélico y Numismático 67(1199) (Septiembre 2011): 46-47.

El enigma de una ceca ibérica inexistente. 
Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 67(1199) (Septiembre 2011): pp. 46-47.

            La arqueología y la numismática han sufrido desde antiguo la contaminación de las falsificaciones, realizadas la mayor parte de las veces con fines crematísticos, pero también en ocasiones con una finalidad “patriótica”, para confirmar alguna hipótesis localista no corroborada suficientemente por los datos científicos. Si estas falsificaciones han afectado a excavaciones controladas (recordemos el reciente caso de los extraordinarios descubrimientos de Iruña-Veleia en Álava), ¿qué no puede ocurrir en los miles de “hallazgos” incontrolados que se producen cada año?.

Una anécdota puede ilustrar los sentimientos que se dieron a finales del siglo XIX, cuando la epigrafía ibérica se llegó a utilizar con fines “patrióticos”(1): como consecuencia del proyecto de supresión de los fueros de Navarra por parte del gobierno de la Nación, se levantó un extenso clamor popular entre 1893 y 1894, que culminó con la construcción de un gran monumento a los fueros en pleno centro de Pamplona, que aunque terminado en 1903, todavía no ha sido inaugurado oficialmente. En la base de dicho monumento se colocaron varias placas de bronce, y en una de ellas puede verse una inscripción en caracteres ibéricos, que pretende reconstruir un texto en el antiguo idioma vasco cuya traducción sería:

Nosotros los vascos, no tenemos más señor que nuestro Dios; al extraño damos la bienvenida y hospitalidad, pero jamás soportaremos su yugo. Sabedlo vosotros, nuestros hijos.

El problema (entre otros muchos) es la utilización indiscriminada de varios tipos diferentes de alfabetos (incluido el del sur) con más voluntarismo que rigor científico (Figura 1).


Figura 1.- Inscripción con caracteres ibéricos en el monumento a los fueros de Pamplona.

                Ya en la recopilación “Monumenta Linguae Ibericae” de Hübner en 1893 se “coló” alguna inscripción  falsa (como la XXXIV), y este hecho afecta también a la moneda ibérica desde tiempos antiguos. En 1852 Gaillard publicó en el catálogo de la colección de García de la Torre un curioso as de bronce ibérico (p.84, nº 133, Lámina VII nº 3) en el cual, el jinete del reverso porta el mismo tipo de arma que el de la ceca de Arsaos, la leyenda pone LiBiACoS en caracteres ibéricos, y es recogida por Campaner (ceca nº 35) como Liaacos al transcribir incorrectamente la letra silábica Bi por una A. Heiss en 1870 publicó de nuevo su dibujo (lámina 32) y si bien sustituyó el arma del jinete por un martillo, interpretó correctamente la leyenda, adscribiendo la moneda a la ciudad de Livia u Oliva, dentro del territorio de  los Berones. Delgado en 1876 la da como buena, confirmando la atribución de Heiss e indica “Dentro del territorio de los vascones  se encontraba entre otras cecas la ciudad de Livia”. Asimismo autores posteriores recogen esta moneda (Pujol, 1890; Hübner, 1893 op. cit.…) hasta que Vives en 1926 la considera como una falsificación.

En efecto, como podemos ver en la imagen de esta rara pieza (Figura 2), los delfines cruzados que aparecen en el anverso se asemejan a la imagen típica del “laburu” y resultan inéditos en la moneda ibérica, igual que el manto o “ephippium” que a modo de silla de montar presenta el caballo. Un carácter importante para deducir la falsedad de esta pieza es la linearidad y perfección de las letras que constituyen la leyenda.


Figura 2.- Supuesto as ibérico de Libiacos.

Esta moneda nos plantea unos curiosos interrogantes, fue falsificada antes de 1852 -cuando se publicó como “pieza única”-, y por esas fechas el terrateniente riojano Francisco de Paula Salazar, se empeñaba en demostrar la ubicación de la Libia de los Berones en unas fincas de su propiedad en Herramélluri (Rioja), basándose para ello en los hallazgos arqueológicos de esta zona, entre los que figuraban monedas con caracteres ibéricos. El informe de dichos hallazgos fue publicado 41 años más tarde en el Boletín de la Real Academia de la Historia. De esta forma podemos encontrar las posibles circunstancias que favorecieron la aparición de esta falsificación, que reforzaría la personalidad de la ciudad berona de Libia.

Como en esta época se ubicaba la ceca de Arsaos en tierras de los Berones, es lógico que el falsario copiara el armamento (exclusivo de la ceca de Arsaos). Lo que resulta más curioso es el correcto empleo de la letra silábica Bi que en teoría fue definitivamente interpretada años más tarde por Heiss (1870). El problema queda resuelto al encontrar que ya en el siglo XVIII el valenciano Francisco Pérez Bayer, gracias a la existencia de monedas con caracteres ibéricos y latinos, tradujo correctamente la leyenda Bilbilis (Calatayud) donde aparece dos veces la letra silábica Bi (Figura 3), y por tanto el misterio de cómo fue posible reconstruir correctamente la leyenda Libiacos en esa temprana época queda resuelto.


Figura 3.- Monedas de Bilbilis (Calatayud) con leyendas ibérica y latina.



Notas:

(1) Tampoco resulta casual que durante la época franquista las monedas más utilizadas, de cinco y diez céntimos, llevaran la imagen del jinete lancero celtibérico, motivo que como expusimos en un artículo anterior, pudo ser impuesto por los romanos a los diferentes pueblos celtibéricos peninsulares.

Bibliografía:

Ibáñez, M., “La falsa ceca de Libiacos” en: VVAA. (1991), Historia de Navarra. Vol. VI. Pamplona, Ed. Herper: 287 pp.: 76-77.


“Addenda et corrigenda” al artículo publicado sobre la ceca de “Libiakos” en septiembre del 2011.  Eco Filatélico y Numismático 70 (1234) Noviembre 2014: pp. 52-53.

            Un año después de que se publicara este artículo se puso a la venta una moneda de la ceca de Libiacos, procedente de los fondos de la Hispanic Society of America, colección de 37.895 monedas que se conservaban custodiadas hasta hace unos años en el monetario de la American Numismatic Society al lado de la avenida de Broadway y un poco más al norte del barrio neoyorkino de Harlem.

            Lamentablemente la colección de moneda hispánica más importante fuera de nuestras fronteras terminó siendo adquirida el 8 de marzo del 2012 por un consorcio de comerciantes numismáticos en la galería Sotheby de Nueva York, y posteriormente fue dispersada en diferentes subastas. En la celebrada el 8 de octubre de ese mismo año por la casa Vico de Madrid, se vendió en 4000 euros un as de la ceca de Libiacos (Subasta 131, lote nº 325) (http://numismatics.org/search/results?q=mint_facet:%22Libiakos%22).


Figura 1.-
a: Ejemplar procedente de la colección de la Hispanic Society of America. 26 mm.; 10,91 g. (Ex HSA 7721).
b: Falsificación moderna. 26 mm.; 9,3 g. (nº 1448 IVDJ).
c: Falsificación moderna. 21,3 mm.; 6,21 g. (CMI).

            Esta pieza (Figura 1a), es la misma que aparece en la lámina VII de la obra de Gaillard (1852), aunque el dibujo presenta algunas “adiciones artísticas” como el remate del arma en forma de flecha, que en el original apenas se adivina, o la presencia de un “ephippium” a modo de silla de montar (Figura 2). Heiss en 1870 copia dicho dibujo (lámina XXXII) remarcando la forma del martillo que porta el jinete.


Figura 2.- Dibujo de la moneda de Libiakos en la obra de Gaillard (1852).

            Ya en 1991 comentamos la falsedad de esta pieza en base a las características de los dibujos y especialmente a la comprobación de un ejemplar (Figura 1b) que indiscutiblemente resulta una imitación moderna (Figura 3), pero existen notables diferencias entre estas reproducciones y la pieza recientemente subastada.



Figura 3.- Nota publicada sobre la ceca de Libiakos en 1991 (Historia de Navarra Vol. VI. Ed. Herper, Pamplona pp. 76-77.

            A pesar de ello, recientemente se ha vuelto a insistir en la falsedad de esta pieza aduciendo “los delfines cruzados de su anverso, que resultan inéditos en la moneda ibérica, el manto ephippium que como una gran silla de montar lleva el caballero, y la uniformidad en el grosor y perfección de los signos ibéricos que componen el letrero” (Amela, 2014). Pues bien, estos tres elementos, que señalamos anteriormente (Ibáñez, 1991, 2011), se refieren a las imitaciones estudiadas y no a la pieza de la Hispanic Society, que NO lleva ephippium. Está claro que Gaillard (op. cit.) confundió la pata delantera del caballo con el borde anterior del manto, y en el ejemplar mencionado (Figura 1a) se aprecian las típicas irregularidades en el trazado de las letras de la leyenda, a diferencia de la perfección con que aparecen en una de las imitaciones (Figura 1c). Con respecto a la enigmática figura del tetrasquel, típico símbolo celta, hemos de señalar que en la ceca (probablemente próxima) de Omtikes (Figura 4), aparece un trisquel detrás del jinete del reverso, e incluso en una emisión figuran sendas espirales (elementos comunes en la iconografía celta) tras el busto del anverso y debajo del caballo en el reverso (Figura 4).


Figura 4.- Monedas de la ceca OMTIKES (Museo de Navarra y Museo Arqueológico Nacional).

            La moneda en cuestión, probablemente auténtica, presenta un busto similar al que figura en las emisiones de la ceca berona de Uarakos, muy característico y con una pronunciada barbilla (Figura 5a), pero en el reverso aparece un jinete portando arma corta (espada o bipennis), similar al de otras emisiones de la misma ceca (Figura 5b). Algún “bloguero” ha sugerido que la moneda de la HSA podría ser una pieza de Uarakos “tuneada”, pero el problema es que las emisiones de Uarakos son extraordinariamente raras en la actualidad, así que antes de 1852 los ejemplares conocidos eran casi “únicos”, y la transformación de un jinete lancero en uno con arma corta resulta muy problemática.


Figura 5.- Emisiones de la ceca de Uarakos. a: Monedas con jinete lancero; b: Monedas con jinete con espada.

            Todo esto nos lleva a plantear una nueva hipótesis (que no tesis):

1.- La pieza procedente de la colección de la HSA (Figura 1a) es la auténtica, luego la ceca LIBIAKOS sí existió (probablemente en la ubicación que dieron los autores que la estudiaron en el s.XIX de la Libia de los Berones, Herramélluri en La Rioja). Hallada antes de 1852 figuró en la colección del exministro de Fernando VII José García de la Torre.

2.- El eminente numismático francés J. Gaillard publicó su dibujo en 1852 (Figura 2), pero como la moneda presenta corrosiones y superficie irregular el autor del dibujo sufrió una “pareidolia”(1) y representó un ephippium (donde había patas de caballo) y un dardo/martillo donde sencillamente había una espada (tal vez influenciado por la creencia en la época de que la ceca de Arsaos estaba en un lugar próximo a la Libia de los Berones). Otros autores como Heiss (1870) y Delgado (1876) “la vieron” en el gabinete de García de la Torre (que falleció en 1847), pero mantuvieron (incluso acentuando algunos detalles) el dibujo de Gaillard.

3.- “Alguien”, a finales del s. XIX realizó una falsificación de esta moneda basándose más en los dibujos publicados que en la pieza original, y surgió la primera reproducción que correspondería con el ejemplar del Instituto Valencia de Don Juan (Figura 1b) cuyo módulo y peso se aproxima al de la pieza original, pero donde ya se modifica sustancialmente la característica fisonomía del busto del anverso.

4.- En una fase posterior se fabrican reproducciones de esta moneda (probablemente en moldes) basándose exclusivamente en los dibujos introduciendo algunos cambios, como la línea del exergo situada sobre la leyenda, y reduciendo sustancialmente su módulo y peso (Figura 1c).

5.- Es normal que ante esta proliferación de falsificaciones, los autores del s. XX la “declararan” oficialmente como una falsificación.

Conclusión/moraleja: ¡Qué pequeño es el beneficio que producen las falsificaciones (a unos pocos) en comparación con el enorme daño que generan en el avance del conocimiento (de unos muchos)!.






(1) La pareidolia (derivada etimológicamente del griego eidolon (εἴδωλον): ‘figura’ o ‘imagen’ y el prefijo para (παρά): ‘junto a’ o ‘adjunta’) es un fenómeno psicológico donde un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible.   


Bibliografía:

Amela, L, 2014. El “enigma” de Libiakos. En: Varia nummorum III, Ed. ANE: 85-89.


Ibañez, M., 2011. El enigma de una ceca ibérica inexistente. Eco Filatélico y Numismático 67(1199) (Septiembre 2011): 46-47.