jueves, 1 de enero de 2026

El dinero del Anillo del Kula.

 

El dinero del Anillo del Kula. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 82 (1357) (Enero, 2026): pp. 44-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 


            Actualmente la percepción que tenemos del dinero, ya sea físico o virtual, es el de un conjunto de monedas o billetes, que en nuestro caso oscila entre la diminuta moneda de un céntimo hasta el billete de 500 euros (resulta curioso pensar que un solo billete de 500 euros equivale a 115 Kg de moneditas de un céntimo), y con respecto a sus principales funciones, lo consideramos como unidad de cuenta, medio de pago generalizado y depósito de valor. Además, al pensar en una moneda la imaginamos como un objeto metálico, aplanado y redondo, que lleva acuñado su valor y el nombre de la autoridad emisora.

            Sin embargo entre las denominadas “monedas tradicionales” las definiciones y los usos no son exactamente los mismos. Por una parte estas “monedas” o premonedas pueden ser de muy diversa naturaleza (pueden estar fabricadas con conchas, dientes, plumas, metales, tejidos, sal, etc...) siendo de uso generalizado en algunos casos (como la moneda moderna convencional), pero otras veces presentando una utilización restringida a determinados pagos o compensaciones (dinero de sangre y dinero de la novia), o a intercambios ceremoniales como es el caso de las “monedas” utilizadas todavía en la actualidad en las lejanas islas del Pacífico, en lo que se conoce como el “Anillo del Kula”.

Figura 1.- a: Ubicación de las Islas Tobriand; b: El “anillo del Kula”.

 

            El antropólogo de origen polaco Bronislaw Malinowski, durante su estancia en las islas Tobriand, al oriente de la costa de la isla de Nueva Guinea (Fig. 1a), descubrió un curioso y singular sistema de relaciones comerciales entre los habitantes de esta remota región del planeta: "El comercio Kula consiste en una serie de expediciones periódicas al extranjero, que unen a los varios grupos de islas, y anualmente traen grandes cantidades de vaygu'a y de comercio subsidiario de un distrito a otro. El comercio se utiliza y se agota, pero los vaygu’a –los brazaletes y los collares– dan vueltas y vueltas en el anillo"(1).

            Estos intercambios ceremoniales son realizados por dieciocho comunidades distintas de la región Massim que pueblan las diferentes islas, y cada año los participantes recorren por mar cientos de kilómetros en canoas lujosamente decoradas con conchas, para intercambiar con sus vecinos dos tipos de elementos, los collares denominados “soulava” o “bagi”,  y los brazaletes llamados  mwali”.  Resulta sorprendente que cien años después de que Malinowski describiera pormenorizadamente la ceremonia del Kula en su libro “Los argonautas del Pacífico”, publicado en 1922, hoy en día todavía siga en vigor este original sistema de intercambios (Fig. 2).

Figura 2.- a: La ceremonia del Kula según Malinowski (1922); b: Las monedas del Kula en la actualidad (2024).

 

            Para explicar este “anillo del Kula”, podemos hacer un sencillo esquema (Fig. 3), que comienza cuando un habitante de la isla “A”, recibe un brazalete (“mwali”) de un habitante de la isla “B”, y lo transfiere a otro de la isla “C”, quien a su vez lo trasporta de nuevo a la isla “B”. Simultáneamente, el habitante de la isla “A”, que ha recibido un collar (“soulava”) procedente de la isla “C”, lo entrega a un habitante de la isla “B” quien lo devuelve a otra persona de la isla “C”, completando el ciclo de circulación de estos objetos, los collares (“soulava”) en el sentido de las agujas del reloj, y los brazaletes (“mwali”) en sentido inverso.

Figura 3.- Esquema básico de la circulación de las “monedas” del Kula.

 

            Imaginemos la complejidad del sistema si tenemos en cuenta que estos intercambios se realizan entre decenas de islas (Fig. 1b).  En todas ellas y en todos los poblados un pequeño número de hombres forma parte del mismo, es decir reciben los objetos (collares y brazaletes), los retienen en su poder durante un corto espacio de tiempo y los ponen nuevamente en circulación. Aunque la mayoría de las personas que participan en la ceremonia del Kula tienen tan solo dos socios, uno con quien intercambian “soulava” por “mwali”, y otro con quien realizan el intercambio inverso (Fig. 5b), algunos personajes importantes pueden disponer de varios, lo que les proporciona un elevado status social (Fig. 5c). Hay que tener en cuenta que las personas pueden ser poseedoras de las monedas del Kula (soulavas y mwalis), pero salvo algunas excepciones no son propietarias de las mismas, y tienen la obligación moral de ponerlas en circulación al cabo de cierto tiempo, traspasándolas a sus vecinos de otras islas.

            En definitiva los colgantes y brazaletes, con formas características, pueden compararse en cuanto a su función con las antiguas teseras de hospitalidad hispanas, son instrumentos que vertebran las relaciones sociales entre diferentes comunidades(2), en este caso entre pequeñas islas aisladas y esparcidas por cientos o miles de kilómetros cuadrados de océano.

            Acompañando a los dos elementos principales del Kula, los colgantes (soulava) y brazaletes (mwali), circulan otra serie de elementos secundarios más o menos valiosos, como el caso del “doga”, un collar fabricado con discos rojos de Chama sp. y terminado en un colmillo curvo de cerdo (Fig. 4f y f’), espátulas (“kena”), pequeñas figuras de cerdos talladas en madera, proas de canoas finamente talladas (“sakusaku”), hachas de piedra (“beku” o “kukumali”), discos de conchas rojas (“kaloma” o “koso”) etc...

            Las ceremonias de entrega o recepción de estos objetos vienen acompañadas de intercambios económicos comerciales de distintos tipos de mercancías (pescados, productos vegetales...), y este original sistema ha conseguido integrar desde hace mucho tiempo a distintas comunidades muy alejadas a través de rutas marítimas de cientos o miles de kilómetros, posiblemente herederas relictas de un sistema mucho más extenso que estuvo vigente entre los años 1600 y 500 antes de nuestra Era, el denominado “complejo Lapita”, una cultura se extendió entre Papúa-Nueva Guinea y el archipiélago Bismark hasta Nueva Caledonia y las islas Samoa y Tonga en el Pacífico occidental.


Figura 4.- Monedas del Kula.

Diferentes tipos de Soulava (a, a’, b, b’ y c); Sello postal con una representación de Soulava (a”); Ejemplares de Mwali (d, d’ y e, e’); Sello postal con una representación de Mwali (e”); Doga (f) y su representación en un sello postal (f’).

 

Las monedas del Kula.

El Mwali es un brazalete constituido por un anillo central de concha blanca formada por la parte basal recortada de Conus leopardus, rodeado de varias piezas de Ovula ovulum (Figs. 4d y 4e), mientras que el “Soulava” es un complejo collar  realizado con  conchas de color rojo (Figs. 4a, b y c), elaboradas a partir de las especies Chama croceata o Ch. pacifica.

Mientras los brazaletes circulan de Oeste a Este en sentido opuesto al de las agujas del reloj, los collares lo hacen en sentido contrario (Fig. 1b), y un brazalete nunca puede ser intercambiado por otro brazalete, ni un collar por otro collar. Un brazalete (mwali) será intercambiado en la ceremonia del Kula por un collar de igual valor (soulava), o viceversa.

Una expresión simbólica del Kula es la del matrimonio entre los “mwali”, brazaletes, símbolos femeninos, con los “soulava”, collares, símbolos masculinos que tienden unos hacia los otros. Ocasionalmente estas monedas, sirven también para adquirir bienes, por ejemplo una canoa puede costar cinco “mwalis” o “soulavas”, y con una pieza pueden adquirirse varios cerdos o compensar una muerte.

Figura 5.- a: Exhibición pública de “mwalis” y “soulavas”; b: Habitante de las Tobriand con un “mwali” y un “soulava”; c: Personaje importante mostrando varias “monedas” del Kula.

 

Hasta la primera mitad del siglo veinte, la coloración de los “mwali” y “soulava” dependía fundamentalmente de la variedad cromática de las conchas utilizadas, mientras los ejemplares posteriores llevan incorporadas bolitas de plástico de vistosos colores rojos, azules y amarillos (Figs 4d’ y e’).

Se ha discutido sobre la consideración de los objetos utilizados en el Kula como monedas. En realidad podemos considerar que tanto el “mwali” como el “soulava” constituyen “unidades de cuenta”, pero lo que miden en realidad es el prestigio y reputación personal del donante, así pues pueden considerarse dentro de la categoría de “special purpose money” (dinero para fines especiales) definida por Polanyi (1968), y los objetos utilizados (soulava y mwali), con formas características y bien definidas, como “monedas de uso especial”.

 

 

 

Notas:

(1)  Malinowski, 1920: 105.

(2) Tanto las teseras prerromanas como las “monedas” del Kula constituyen elementos que estructuran las relaciones intraespecíficas humanas, transformando la “hostilidad” en “hospitalidad”, es decir inhibiendo la competencia y propiciando la cooperación, que se traduce en un tejido de relaciones sociales y comerciales (Ibáñez, 2023: 179).

 

Bibliografía:

Campbell, S.F. 1983. Attaining rank: a classification of Kula shell valuables. En: The Kula New Perspectives on Massin Exchange. Cambridge Univ. Press: pp. 229-248.

Damon, F.H., 1980, The Kula and generalised exchange: considering some unconsidered aspects of the elementary structures on kinship. Man, 15(2), pp. 267-292.

Damon, F.H.,  2002, Kula valuables. The Problem of Value and the Production of Names. L’Homme, n° 162: p. 107-136.

Ibáñez, M., 2023, Dinero del mar. Objetos de uso monetario procedentes del medio marino. Colección Miscelánea Numismática n. 3: 218 pp.

Leach, J. & E. (Eds.), 1983, The Kula: new perspectives on Massim exchange. Cambridge Univ. Press: 577 pp.

Malinowski, B., 1920, Kula; the circulating exchange of valuables in the Archipelagoes of Eastern New Guinea. MAN 20, pp. 97-105.

Malinowski, B., (1922) 1986. Los argonautas del Pacífico occidental. Ed. RBA: 515 pp.

Malnic, J., 1998. Kula. Ed. Cowrie Books, Wahroonga Australia: 222 pp.

Polanyi, K. 1968, Primitive, archaic, and modern economies: essays. Ed. G. Dalton. Garden City, N.Y.: Anchor Books: 346 pp.

Weiner, A., 1992, Kula: the paradox of keeping-while-giving. En: Inalienable possessions: the paradox of keepingwhile-giving. Berkeley Univ. Calif. Press., pp. 131-148.

 

 

 

 



lunes, 1 de diciembre de 2025

Representaciones de animales en los jetones medievales y su significado.

 

Representaciones de animales en los jetones medievales y su significado. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81 (1346) (Enero, 2025): pp. 46-49.

Miguel Ibáñez Artica


 

Durante la Edad Media, en muchos reinos europeos se emitieron unos objetos con aspecto de monedas, pero que en realidad eran “fichas” que tenían muy diversos usos, como servir de salvoconducto para el acceso a ciertas dependencias reales, o para asistir a determinadas reuniones privadas de gremios artesanales o cofradías, ser utilizadas como medio de pago para determinados productos, o emplearse como elementos para el cálculo matemático, e incluso podían ser utilizados como fichas de juego.

Estos objetos monetiformes, aunque fueron utilizados en numerosos países (Italia, Inglaterra, Alemania, Austria, Portugal....) suelen conocerse por sus denominaciones en francés, al ser Francia uno de los reinos donde más proliferó su uso. Así se denominan “mereaux” a las fichas que no llevan leyendas y “jetones” a las que sí las llevan. Estos últimos surgen a comienzos del siglo XIV, y suelen reproducir los motivos que aparecen en las monedas de oro y plata que circulaban en la época (coronas, escudos, figuras del monarca sentado en el trono o de pie, “Agnus Dei”, etc...), utilizándose como fichas o contadores para realizar cálculos matemáticos sobre una mesa (Fig. 1). Con el fin de simplificar, denominaremos jetones a las piezas fabricadas en aleaciones de cobre o plata, presenten o no leyendas, reservando la denominación de “mereaux” para los plomos monetiformes.

Figura 1.- a: Tapete con marcas de cifras para colocar sobre la mesa; b: mesa con las marcas trazadas para realizar los cálculos con jetones (Frauenhausmuseum, Estrasburgo, Francia).

 

Los jetones siguieron empleándose a comienzos de la Edad Moderna como instrumentos contables al servicio de la administración hasta finales del siglo XVII, recibiendo en España el nombre de “contadores”, y desaparecieron al imponerse definitivamente el uso de las cifras arábigas en el cálculo algebraico moderno (Fig. 2).

Durante varios siglos convivieron las dos formas de realizar los cálculos, por una parte mediante el tradicional empleo de jetones y por otra usando el cálculo algebraico. Aunque al principio la Iglesia Católica se opuso a la introducción de las cifras arábigas, y así por ejemplo en 1299 se prohibió a los banqueros de Florencia utilizarlas en sus transacciones (“Quod nullus de arte scribat in suo libro per abbacum”), y los Estatutos de la Universidad de Padua ordenaban que el librero llevara una lista de los libros a la venta, con los precios marcados "non per cifras, sed per literas claras', con el inicio de la Edad Moderna, el cálculo algebraico fue imponiéndose progresivamente, implantándose primero en las instituciones privadas (comerciantes, banqueros...).

Por ejemplo en el banco de los Medici de Florencia comienzan a utilizarse en 1439  las cifras arábigas, y en 1482 se prohíbe el uso de la numeración latina(22). Mientras tanto, en las administraciones públicas, menos proclives a cambios e innovaciones,  siguió utilizándose el tradicional cálculo con jetones hasta bien avanzado el siglo XVII. En cualquier caso, durante los siglos XVI y XVII siguieron empleándose los jetones para hacer operaciones sencillas por parte de un gran número de personas, que sin saber leer y escribir, podía realizar los cálculos con jetones.

Figura 2.- a: Representación de un personaje realizando cálculos mediante jetones sobre una mesa (Sánchez de Arévalo, 1491: Libro primero, capítulo XL: Aritmética y Geometría).

b: Jetones o “contadores” para el servicio de la administración contable del príncipe Felipe (futuro Felipe II de España).

 

            Retornando a tiempos medievales, en estas piezas denominadas “mereaux” o jetones, encontramos una nutrida representación de la fauna. Por una parte especies cinegéticas como el ciervo, el jabalí o el conejo (Fig. 3), animales que eran objeto de las cacerías organizadas por la nobleza, y que constituían una prestigiosa forma de deporte y entretenimiento de las clases más altas de la sociedad. Estas actividades requerían de un numeroso séquito de acompañantes, criados, cuidadores de los perros que participaban en estos eventos, rastreadores, etc., y para los servicios administrativos que integraban este personal se acuñaron pequeños jetones anepígrafos que muestran las principales especies objeto de estas cacerías.   Un dato interesante y que guarda relación con el jetón que se ilustra en la figura 3a, es que por ejemplo Juana de Evreux, a quien pertenece esta pieza, esposa del rey de Francia y Navarra Carlos IV apodado “el calvo” entre 1322 y 1328, tras enviudar, mantuvo sus numerosas posesiones durante más de cuarenta años hasta su fallecimiento en 1371. Las ordenanzas de 1326 que regulan el Hostal de la reina establecen un total de 280 personas al servicio del mismo, entre las que figuran damas de honor, capellanes, notarios, caballeros, médicos... y un maestro de la cámara de los dineros de la reina, que utilizaría para sus operaciones contables los jetones que llevan el escudo partido de Francia/Evreus.

Figura 3.- Jetones utilizados por los servicios de caza.

a.- Jetón de Juana de Evreux  Juana de Evreux, esposa del rey de Francia y Navarra Carlos IV “el Calvo” (1322-1328); b: jetón con el escudo de la familia italiana de banqueros Franzesi; c y d: jetones con imágenes de jabalíes.

 

            En una pequeña pieza de plomo del siglo XIV podemos ver a un cazador provisto de arco y flecha en una cara, y en la otra un personaje de la Casa Real que lleva una flor de lis en su mano derecha como símbolo de la realeza y un halcón en su mano izquierda (Fig. 4).

Figura 4.- “Mereau” de plomo que muestra en una cara un cazador con arco y en la otra un personaje real que porta una flor de lis y un halcón.

 

En algunos de los jetones utilizados por los servicios de las cocinas reales podemos ver representados algunos animales acuáticos como cangrejos (Fig. 5a) o peces (Fig. 5b), así como diferentes especies de aves como cigüeñas (Fig. 5c) o gallos (Fig. 5d), especies que formaban parte de los suculentos manjares que integraban los habituales festines que se daban en la corte real. Estas piezas eran entregadas a los proveedores a cambio de la mercancía, quienes posteriormente los canjeaban por dinero en efectivo en la tesorería.

 Con otro significado también encontramos figuras de ardillas  (“écureuil” en idioma francés) probablemente relacionadas con el término “l’écurie”: el establo (Figs. 5je, f). Estos jetones eran utilizados por los oficiales a cuyo cargo se encontraban los establos reales, al igual que los que presentan la imagen de uno o dos rastrillos. En tiempos medievales, los caballos eran imprescindibles para los desplazamientos y las comunicaciones, requiriendo un elevado número de servidores para atender la manutención y puesta a punto de las caballerías en los establos donde se alojaban.

Uno de los animales más exóticos que podemos ver representados, es el mono que sostiene un disco, que aparece en jetones atribuidos al zoológico real en el siglo XIV (Fig. 5g) y también en algunos raros jetones de Nuremberg del siglo XV (Fig. 5h).

En ciertas ocasiones los animales que aparecen representados tienen un significado simbólico. Este sería el caso de un caracol con cabeza humana, imagen parlante del General de las Monedas del siglo XV Guillaume le Maçon (colimaçon= espiral), a quien pertenece este curioso jetón (Fig. 5i).

Figura 5.-  Jetones de las cocinas reales y otros servicios.

 

            En la Península Ibérica, aparte de las “pellofas” religiosas de latón tardo-medievales que se fabricaron en Cataluña, solamente los reinos de Portugal y Navarra emitieron jetones, y respecto a los animales que aparecen representados en los jetones navarros medievales (Fig. 6), podemos señalar en primer lugar el cordero pascual o “Agnus Dei”,  metáfora  aplicada por San Juan Bautista para señalar el papel de Jesucristo, ofrecido como víctima propiciatoria para redimir los pecados del mundo, a semejanza del cordero consumido durante la conmemoración de la Pascua judía.

La representación  del “Agnus Dei” en las monedas adquiere su máxima importancia en el siglo catorce, cuando las monedas que portan esta imagen dan nombre a los tipos monetarios de los “Agnel de oro”, acuñados entre 1311 y 1322, así como los “Moutones y medios moutones” de Juan II acuñados entre 1355 y 1357, que fueron profusamente imitados en Flandes.

            La representación del “Agnus Dei” aparece en dos ocasiones en los jetones navarros, en ambos casos se trata de piezas muy raras y poco conocidas, que corresponden respectivamente a una de las primeras acuñaciones de comienzos del siglo catorce (Fig. 6a) y a una de las últimas emisiones medievales, probablemente de finales del siglo quince (Fig. 6b).

La primera pieza (Fig. 6a) se atribuye a Juana I de Navarra, esposa del monarca francés Felipe IV entre 1284 y 1305. Se trata de un jetón de 28 mm de módulo y 3,56 gramos de peso, que presenta en una cara el escudo partido Navarra/Francia (antiguo) rodeado de tres besantes en la parte superior y cinco en los laterales, además de puntos. La otra cara presenta la imagen del Agnus Dei y la leyenda “VEZ SI LAIGNIAV SIEV.QVI.OSTA” que podemos traducir como “Este es el Cordero de Dios que quita”. La misma figura y leyenda la encontramos en otro jetón del mismo tamaño que presenta en el reverso una cruz rematada por lises y la continuación de la leyenda “LES PEShIEZ DV MONDE” (los pecados del mundo), y que podemos considerar como el prototipo francés del que se describe aquí.

Figura 6.- Jetones medievales navarros con representaciones de animales.

 

El segundo jetón (Fig. 6b) es más tardío y corresponde a la segunda mitad del siglo XV, con un módulo de 25 mm y 4,2 gramos de peso,  en una cara figura el escudo coronado, cuartelado con las armas de Navarra y Evreux, y sendas ramas rematadas por una flor a los lados, con la leyenda: “ET QVI BIEN GETERA”. El motivo de la otra cara es el “Agnus Dei”, con la leyenda circular: “BVEN COMPTO TROBARA” o “BON CVENTO TRBARA”. Juntando ambas leyendas, “Et qui bien getera, buen compto (cuento) trobara (trbara)”, podría traducirse como “y quien sea hábil en las operaciones de mover los jetones en la mesa de cálculo (geter= antiguo verbo medieval francés), conseguirá realizar buenas cuentas”. Este tipo de textos aparecen en algunos jetones de los Países Bajos en el siglo XV.

Finalmente, en algunos jetones del tesorero García López de Roncesvalles aparece su escudo con dos lobos (Figs. 6c, d). Este personaje navarro ocupó durante un largo período de tiempo el cargo de tesorero (“controlador”) del reino, entre 1404 y 1437.

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

Las emisiones monetarias fabricadas con moldes V: Moldes hallados en Zaragoza

 

Las emisiones monetarias fabricadas con moldes V: Moldes hallados en Zaragoza. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81 (1353) (Septiembre , 2025): pp. 43-47.

Miguel Ibáñez Artica

 



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            Hace algunos años, entre 2018 y 2021, salieron a la venta en subastas públicas alemanas, varios moldes univalvos para fabricar denarios de los  emperadores Septimio Severo (193-211 d.C.), Julia Domna,   Marco Aurelio Antonino “Caracalla” (211-217 d.C.) y  Alejandro Severo (222-235 d.C.), así como pequeños crisoles, que según la descripción que acompañaba a las piezas, habían sido hallados en el sistema de alcantarillado de una “Villa rustica” cerca de Zaragoza(1).

            Hemos tenido la oportunidad de consultar la documentación referida al préstamo de una selección de estos moldes realizada por parte del Dr. Heinrich Werner Scheer a la Caja de Ahorros de Duisburgo en Kamp-Linfort (Renania del Norte-Westfalia), para la exposición que con el título “Historia monetaria de los últimos 2600 años, valores monetarios ayer y hoy” tuvo lugar en dicha ciudad el año 1994 (Fig. 1).

Figura 1.- Documentación sobre una selección de moldes para fabricar denarios de Septimio Severo  (193-211 d.C.) prestados para la exposición “Geldgeschichte der letzten 2600 Jahren, Geldwerte gestern und heute” celebrada en Alemania en 1994.

 

            En dicha documentación, sobre el origen de las piezas seleccionadas se indica: “Auch deshalb weil die Antiken im September 1975, bei privat Ausgrabungen mit Anteil von Studenten der hist. Fakultät der RUB in Spaniend entdeckt un ausgegraben wurden” (las antigüedades fueron descubiertas en España en septiembre de 1975 durante excavaciones privadas con un grupo de estudiantes de la facultad de RUB [Universidad del Ruhr en Bochum]). Los datos de la ubicación concreta del hallazgo de momento no son conocidos, pero se realizó en los terrenos de una finca cercana al aeropuerto de Zaragoza por el Dr. Heinrich Werner Scheer(2).

            La selección de piezas, incluye 25 moldes emparejados que presentan una numeración comprendida entre el 300 y el 400, y se corresponden con la emisión de Septimio Severo que presentan en el anverso el busto del emperador laureado a la dcha. con la leyenda “SEVERVS PIVS AVG”, y en el reverso  Genio desnudo de pie a la izquierda cerca de un altar, sosteniendo una patera en su mano derecha y leyenda “P M TR P XII - COS III P P” (Pontifex Maximus Tribunicia Potestate duodecimum Consul tertium Pater Patriae [Gran Pontífice investido con el duodécimo poder tribunicio cónsul por tercera vez, padre de la patria]) (Fig. 2a). Los denarios originales que se copian en esta selección de moldes, se corresponden con los emitidos en Roma el año 204 d.C.(3).


Figura 2.- Moldes y denarios originales de Septimio Severo (a) y Caracalla (b).

 

            Estos moldes (Fig. 3), muchos de ellos fragmentados, algunos pegados, y con una signatura escrita en el reverso, estaban ya estudiados en el año 1993, cuando fueron ofrecidos para su exposición. Ignoramos en qué situación se encontraba el resto de las piezas que se pudieron recuperar del yacimiento de Zaragoza.

Figura 3.- Selección de moldes para fabricar denarios de Septimio Severo, de la emisión realizada en Roma el año 204 d.C. Datos metrológicos:

Anversos:

Diámetro medio 44,56 mm; σ= 2,05. Grosor medio: 6,765 mm; σ= 0,613. Peso medio: 13,04 g    σ= 1,71.

Reversos:

Diámetro medio 44,82 mm; σ= 1,73. Grosor medio: 6,57 mm; σ= 0,786. Peso medio: 13,36 g      σ= 1,44.

 

 

            De la información que nos ha sido posible recopilar sobre este singular hallazgo, encontramos dos tipologías completamente diferentes de moldes, por una parte los más abundantes de forma redondeada, que presentan una marcada escotadura que alcanza el borde de la impronta de la moneda, de forma que al colocar los moldes apilados en posición horizontal quedaría un canal superior donde se vertería el metal líquido (Fig. 4).


Figura 4.- Moldes redondos y su disposición en el momento de su utilización.

 

            La mayoría de estos moldes tienen un tamaño similar, con un diámetro medio de 44,7 mm, un grosor medio de 7,6 mm y un peso medio de 13,2 g, si bien encontramos tres ejemplares de numeración alta (ns. 2.512, 2.513 y 2.529) de tamaño más reducido (35,4 mm de diámetro medio, 6,3 mm de grosor y 8,8 g de peso) (Fig. 5a).

            Un segundo tipo de moldes presenta un aspecto rectangular, con la impronta de la moneda en el medio y con un canal o bebedero por donde se introduce el metal fundido (Fig. 5b). La mayoría de estos moldes, así como los redondos de numeración más alta  corresponden a denarios del emperador Caracalla (Fig. 2b), y presentan un tamaño bastante homogéneo con valores medios de 66,3 x 45,4 mm, un grosor medio de 6,2 mm y un peso medio de 26,6 g, el doble del que presentan los moldes redondos.

Figura 5.- Moldes redondos y rectangulares.

a: Diferentes tamaños de moldes redondos; b: Moldes rectangulares, datos metrológicos:

                                       Anv. LargoxAncho           Grosor Peso    Rev. LargoxAncho  Grosor Peso     

231          CCXXXI                                    53,03x39,80 mm               8,14 mm  23,87 g       52,65x38,16 mm      7,01mm 22,76 g

965          DCCCCLXV              66,17x44,10                      6,44        24,59          70,20x45,35               5,65     23,22

974          DCCCCLXXIIII         71,56x69,68                       5,64        32,78           69,68x46,97              6,67     29,67

1087        MLXXXVII                67,21x38,54                       5,80        21,21           65,93x38,11              6,97     21,00

1651        MDCLI                       64,15x40,82                       7,06        25,15           63,86x43,71              5,86     33,40

1666        MDCLXVI                 66,53x43,59                       6,26        27,00           68,06x44,61              5,52     29,40

2021        MMXXI                      60,72x43,57                       5,91        24,74           60,89x45,17              6,12     24,15

2171        MMCLXXI                 67,71x45,56                       6,27        27,92           66,11x45,81             6,24     27,78

 

            La principal singularidad que presentan estos moldes, tanto los redondos como los rectangulares, es que presentan una numeración incisa, en el caso de los redondos en la cara interna del molde, con las cifras romanas muy pequeñas dispuestas en arco rodeando la impronta del molde de la moneda (Fig. 2), mientras que en los rectangulares, la numeración, de tamaño más grande, figura en la cara exterior de los moldes, tanto en el de anverso como en el de reverso (Fig. 5b).

            De esta forma pueden emparejarse perfectamente los moldes de anverso con sus correspondientes de reverso, aunque desgraciadamente por el momento desconocemos la distribución espacial de las diferentes piezas que aparecieron en la excavación, así como el número total de los moldes encontrados. Solamente tenemos las referencias de la selección que realizó en 1993 el Dr. Scheer para su exposición y de varios otros moldes redondos y rectangulares que salieron en subastas en Alemania entre los años 2020 y 2021 con numeraciones comprendidas entre 10 y 2.772(4). De esta forma hemos podido recopilar información de 99 pares de moldes para fabricar denarios, que presentan la siguiente distribución (Fig. 6):

Septimio Severo (193-211 d.C.)       

Moldes redondos                                33,34% del total 

Moldes rectangulares         3,03% del total

 

Julia Domna (esposa de Septimio Severo, 193-217 d.C.)

Moldes redondos                                10,01% del total

Caracalla (198-211-217 d.C.)

Moldes redondos                                25,25% del total

Moldes rectangulares         22,22% del total

 

Alejandro Severo (222-235 d.C.)

Moldes rectangulares         6,06% del total

 

Figura 6.-  Distribución en porcentajes de los moldes de los que hemos podido obtener información.

 

            No podemos determinar hasta qué punto estos datos resultan representativos de la totalidad de los moldes encontrados, pero por el momento nos muestran un mayor porcentaje de moldes redondos (el 68,7%) frente a los rectangulares (31,3%) y un predominio de los moldes para fabricar denarios de Septimio Severo (63,37%) y Caracalla (47,47%) frente a los de Julia Domna (10,01%) y Alejandro Severo 6,06%).

            Mientras que en los moldes de denarios de Septimio Severo predominan los de forma redonda, en el caso de los moldes de Caracalla, los porcentajes de moldes redondos y rectangulares son similares. En el caso de Julia Domna, la totalidad de los moldes registrados son redondos, mientras los de Alejandro Severo son rectangulares(5).

            En cuanto los porcentajes de las cantidades de moldes atribuidos, los datos coinciden con los procedentes de los hallazgos de Lingwell Gate en Wakefield en el condado de West Yorkshire (Inglaterra), donde los moldes mejor representados corresponden con los de Septimio Severo, seguidos por los de Caracalla, Julia Doman y Alejandro Severo (Tilley, 2021: 33). Así mismo, durante la primera mitad del s. III d.C. proliferaron en las provincias fronterizas del Imperio Romano, especialmente en el Alto Rin y el Alto Danubio, talleres clandestinos de falsificadores de denarios de Septimio Severo a Alejandro Severo  inclusive (Kunisz, 1980: 129).

            En el hallazgo de Caesaraugusta, además de moldes redondos y rectangulares, aparecieron numerosos crisoles de tamaño pequeño que presentan dos tipologías diferentes, los más abundantes son tronco-cónicos de 5 a 6 cm de diámetro y  una altura comprendida entre los 2,5 y 4 cm. (Fig. 7), y un segundo tipo cilíndrico más pesado de unos 5,5 cm de diámetro y unos 3,6 cm de altura.

Figura 7.- Crisoles; datos metrológicos:

a: Boca: 57,10x51,54 mm                               Base: 45,52x35,00 mm    Altura:   30,96 mm             Peso: 62,80 g

b: Boca: 50,43x48,52 mm                               Base: 42,56x37,48 mm    Altura:   28,32 mm             Peso: 53,07 g

c : Boca: 57,61x48,68 mm              Base: 48,47x38,60 mm    Altura:   24,73 mm             Peso: 40,42 g

 

            Los moldes para fabricar monedas romanas, son relativamente frecuentes en las provincias del noroeste (Gran Bretaña-Bélgica-Borgoña.Armórica)(6) pero están ausentes en la Península Ibérica y escasamente representados en Italia y en la provincia Narbonense (Aubin, 2003: 141).  En la Península Ibérica han aparecido antoninianos con vástagos o apéndices de fundición, que indican que los cospeles se fabricaron con moldes en hileras, que una vez recortados serían objeto de acuñación(7).

            Los moldes aparecidos en Caesaraugusta presentan características diferentes a las que se observan en los hallados en otras regiones europeas, que en general son bivalvos, es decir con una impronta del anverso de la moneda en una cara, y la impresión del reverso en la opuesta (Fig. 8). Por contra, los moldes hispanos son univalvos, es decir presentan la impronta, de anverso o reverso, en una de sus caras, mientras que la otra es lisa en el caso de las piezas redondas, o lleva la numeración incisa en el caso de los moldes rectangulares.

Figura 8.- Grabado mostrando la disposición de los moldes en el proceso de fabricación de las monedas mediante fundición según J.B. Reade (1838-9).

 

            Otra característica singular es que todos los moldes, tanto los redondos como los rectangulares, llevan incisa la numeración en cifras romanas, en el caso de los redondos de pequeño tamaño rodeando en arco la impresión de la moneda, y de gran tamaño en los rectangulares ocupando toda la superficie externa del molde en la cara opuesta a la que lleva grabada de la moneda.

            El período cronológico en el que se utilizaron los moldes de Caesaraugusta según la información recopilada hasta la fecha, abarca el primer tercio del siglo tercero de nuestra Era, período en el que se experimentaron profundos cambios en la ley y peso del denario(8).        

            Con respecto a la responsabilidad de la autoría de estas imitaciones fundidas en moldes de denarios, desde que se descubrieron los moldes de arcilla o terracota para fabricar estas monedas se plantearon dos hipótesis alternativas, la primera que fueran obra de falsarios delincuentes, cuyo objetivo no era otro que el de obtener pingües beneficios con estas falsificaciones, pero también existía la posibilidad de que en períodos de crisis monetaria y ante la necesidad de realizar cuantiosos pagos en denarios en regiones distantes de Roma, se produjeran estas imitaciones por parte de las autoridades locales de la región(9), o incluso una posición intermedia, en la que la producción “fraudulenta” de monedas pudiera estar consentida por las autoridades locales con el fin de paliar la demanda de moneda(10).

            En los moldes de Caesaraugusta la existencia de una pormenorizada numeración, nos hace pensar en que la producción de estas monedas fundidas era objeto de un minucioso registro contable de las mismas, lo cual no casa bien con una fabricación clandestina y delictiva, lo que nos lleva a pensar que las piezas encontradas proceden de un taller o ceca oficial o pseudo-oficial creado para satisfacer las demandas de numerario de plata necesarias para remunerar a las legiones acantonadas en la región(11).


               

 

Notas:

 

(1) En ocasiones se ha producido  el hallazgo de conjuntos de moldes ya en desuso en pozos, alcantarillas y cursos de agua abandonados, en su momento buenos lugares para tirar "basura" (Hingley, 2023: 215).

Accidentalmente tuvimos conocimiento de la venta de estos moldes en Alemania a finales del año 2020, y pudimos recopilar información sobre las piezas subastadas desde mediados de dicho año hasta mediados del año siguiente..

(2) El Dr. Scheer estuvo en España por primera vez en 1938, cuando tenía 17 años como soldado de la fuerza aérea alemana, y desde los años 50 visitó regularmente el país y la región como turista y arqueólogo. El hallazgo se produjo en los terrenos de un conocido (A. Micka, comunicación personal).

(3) La conservación de varias de las piezas, no permite asegurar con absoluta precisión el tipo de reverso de las mismas.    

(4) Los datos están obtenidos directamente de las piezas cuando ello ha sido posible, y de las fichas que acompañar a las piezas subastadas en otros.

(5) Estos datos deben considerarse con cautela ya que se refieren exclusivamente a los moldes de los que hemos podido tener información, de forma directa o indirecta, y constituyen solamente una parte de las piezas encontradas en 1975. 

(6) Los moldes para fabricar denarios de Septimio Severo, Julia Domna y Caracalla son bien conocidos en Gran Bretaña desde el siglo XVIII (Baker; 1747: 558/9).

(7) Martínez Chico, 2021: 16.  

(8) Los denarios sufrieron una importante devaluación en tiempos de Septimio Severo (193-211 d.C.), reduciendo su peso a 1,7 gramos, desapareciendo finalmente durante el mandato de Gordiano III (238-244 d.C.) siendo sustituidos por el “antoninano” de menor ley y peso.

(9) La acuñación de monedas requiere la presencia de “abridores de cuño”, artesanos experimentados que deben grabar en negativo el retrato del emperador y los motivos del reverso, por contra la fabricación con moldes utilizando como modelos las monedas existentes resulta mucho más fácil.

(10) El problema de dilucidar si las monedas fabricadas mediante moldes son falsificaciones o algún tipo de emisión oficial o pseudo-oficial, afecta también a los denarios forrados ibéricos o romanos de época republicana e imperial.  

(11) Quedan todavía sin despejar numerosas incógnitas sobre este extraordinario hallazgo. “A priori” podemos suponer que el Dr. Scheer descubrió y catalogó las piezas, que debían estar en un avanzado estado de estudio en diciembre de 1993, cuando una selección de las mismas fue ofrecida para su exposición. Después de esta fecha no hay información y los moldes y crisoles quedaron abandonados (posiblemente tras la jubilación o  fallecimiento del Dr. Scheer) hasta que en el año 2018 comenzaron a salir a la venta en Alemania individualmente o en pequeños lotes.

            La existencia de documentación original con membrete del centro de documentación de la Universidad de Bochum y de la Caja de Ahorros de Duisburgo en Kamp-Linfort aporta verosimilitud a la información de que el hallazgo se produjo en el transcurso de unas excavaciones realizadas en septiembre del año 1975 en las cercanías de la ciudad de Zaragoza.

 

 

 

 

Bibliografía

 

Aubin, G., 2003. Les moules monétaires en terre cuite du IIIe siècle: chronologie et géographie: Revue numismatique, 6e sér. 159, pp: 125-162.

Baker, H.,  1747, A Description of Some Clay Moulds or Concaves of Ancient Roman Coins Found in Shropshire. Philosophical Transactions Vol. 44 (1746/7), pp: 557-560.

Hingley, R., 2023, Contextualising Counterfeits: Roman Coin Moulds in Britain and the Channel Islands. Britannia 54: pp. 189-225.

Kunisz, A. 1980, La monnaie de nécessité dans les provinces rhénanes et danubiennes de l'Empire romain dans la première moitié du IIIe siècle. En: Les “dévaluations”  à Rome. Epoque républicaine et impériale. Vol. 2. Actas del Coloquio de Gdansk (19-21 octubre 1978) Rome : École Française de Rome, 1980. pp. 129-139.

Martínez Chico, D., 2021 El tesoro de Regina Turdulorum (Casas de Reina, Badajoz).

Access Archaeology. Archaeopress Publishing Ltd

<https://www.archaeopress.com/Archaeopress/Products/9781789699401>; (consulta 15/04/2024).

Reade, J.B., 1838/9, Observations on the Roman Coin-Moulds found at Lingwell-Gate, near Wakefield, in the Years 1697, 1706, 1820, and 1830. The Numismatic Chronicle Vol. 1 (Junio, 1838-Abril, 1839); pp. 161-165

Tilley, E., 2021. Dirty Money: Lingwell Gate’s Roman Coin Moulds. A Money and Medals Network Regional Research Fellowship. Yorkshire Museum: 67 pp

 

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