martes, 1 de enero de 2019

Origen bizantino del árbol crucífero de las primeras emisiones de los reinos peninsulares.


Origen bizantino del árbol crucífero de las primeras emisiones de los reinos peninsulares. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1248) (Febrero 2016): pp. 48-50.

Miguel Ibáñez Artica


En la segunda mitad del siglo once, comenzaron a emitirse las primeras monedas en los reinos cristianos peninsulares. De forma simultánea Alfonso VI en Castilla y León, y Sancho V Ramírez en Aragón, iniciaron la producción de moneda propia (hasta esos momentos el numerario circulante eran los dírhems de plata y dinares de oro musulmanes), con similares patrones metrológicos, basados en el sistema carolingio, pero con sustanciales diferencias en las representaciones iconográficas que figuran en las monedas.

Posiblemente en ambos casos (Castilla y Aragón), las emisiones se iniciaron en algún momento próximo al reparto que ambos monarcas hicieron del reino de Pamplona, tras el asesinato de Sancho IV el 4 de junio de 1076, y también en ambos casos, los maestros monederos responsables de estas primeras emisiones procedían de Francia, donde existía una larga tradición en estas tareas, fruto de la abundante moneda feudal que emitían los señores y monasterios desde época carolingia.

El símbolo elegido para la moneda aragonesa por Sancho V Ramírez, que se mantendrá durante dos siglos, es una especie de “árbol crucífero” (Figura 1), cuyos orígenes han sido una incógnita.



Figura 1.- Primeras emisiones con el “árbol crucífero” de Sancho V Ramírez, rey de Aragón y Pamplona.

En 1969, el eminente investigador D. Felipe Mateu y Llopis,  publicó un artículo titulado “El “arbor ad modum floris” en dineros de Cataluña, Navarra, Aragón y Valencia, siglos X a XIII”, donde abordaba este tema, definiendo el símbolo que aparece en las monedas con las mismas palabras que figuran en un privilegio otorgado por Jaime I el 8 de mayo de 1247, donde se establece la nueva moneda del reino de Valencia, en cuyo reverso figura un “arbor ad modum floris”. Teniendo en cuenta las atribuciones seguidas por la mayoría de los investigadores en esa época, la primera emisión de los reinos cristianos peninsulares con la figura del árbol crucífero se correspondía con una  moneda descrita por Heiss en 1869, supuestamente emitida en el reino de Pamplona por Sancho III “el Mayor” (un dinero -pieza única por el momento-, conservado en el Museo Arqueológico Nacional), con anverso representando un busto mirando a la izquierda y leyenda "+IMPERATOR", y reverso con cruz sobre un largo pie con adornos laterales simétricos y leyenda "NAI ARA" (Fig.2, 9a), Mateu y Llopis (op. cit.) establece que dicho tipo se mantendría en las emisiones de García III y Sancho IV, pasando posteriormente al reino de Aragón con Sancho V Ramírez.

Sin embargo actualmente consideramos que la tipología del “árbol crucífero” fue instaurada en el reino de Aragón y “heredada” en las emisiones navarras de García IV (Figura 2, 6a-c) y Sancho VI (Figura 2, 7a-c), para desaparecer, sustituido por la creciente y estrella de Sancho VII “el Fuerte”. Aparte de los reinos de Aragón y Navarra, este tipo aparece esporádicamente en algunas emisiones catellano-leonesas (Figura 2, 9a-d y 14a) y portuguesas (Figura 2, 8a), así como en los condados catalanes (Figura 2, 5a y 13a).



Figura 2.- Emisiones con “árbol crucífero” de los reinos cristianos peninsulares (siglos XI-XIII).

            La referencia peninsular más antigua del símbolo cristiano con aspecto vegetal la tenemos en una rara moneda episcopal emitida en Gerona a finales del siglo X o comienzos del XI (Figura 2, 1a), donde el árbol crucífero presenta en su base unos adornos circulares que en conjunto evocan lo que podría ser una viña. Mateu y Llopis señala respecto a las emisiones gerundenses su iconografía arraigada en el ambiente biantino, y lo que no llegó a conocer este investigador es que entre los abundantes sellos de plomo bizantinos, la figura del árbol crucífero, en este caso con la típica cruz patriarcal con dos travesaños horizontales, aparece con frecuencia entre los que suelen datarse entre los siglos X y XI, es decir un poco anteriores a la posible fecha en que se emitieron las primeras monedas aragonesas con esta simbología.

            Podemos por tanto plantear, que los maestros monederos que diseñaron las primeras monedas para Sancho V Ramírez, pudieron inspirarse en esta iconografía presente en la época en los sellos privados bizantinos. Un buen ejemplo de la presencia del arte bizantino en la corte del monarca aragonés lo tenemos en el evangeliario con tapas de marfil, de la reina Felicia de Roucy, segunda esposa de Sancho V (pieza procedente de la Catedral de Jaca, actualmente propiedad del Metropolitan Museo de Nueva York y que pudo verse en Pamplona en la exposición que con el título “La edad de un Reyno” tuvo lugar entre enero y abril del año 2006). La familia de la reina de Aragón y Pamplona mantenía estrechos contactos con los normandos de Italia, foco de irradiación de las mercancías bizantinas en occidente.


Figura 3.- Sellos de plomo bizantinos de los siglos X-XI.

1.- Arsaber, imperial protospatharios y kleisouriarches de Seleukeia (siglo X).
Colección Dumbarton Oaks. Accession Number BZS.1951.31.5.576.

2.- Basil imperial protospatharios y chartoularios del dromos de Armeniakoi (siglo X).
Colección Dumbarton Oaks. Accession Number BZS.1955.1.1380.

3.- Demetrios (?), patrikios, protospathatios epi tou Chrysotriklinou y jez de Seleukeia (primera mitad del s. XI). Colección Dumbarton Oaks. Accession Number BZS.1958.106.3894.

4 y 5.- Indeterminados. (s.X) C.P.


Figura 4.- Sellos de plomo y monedas bizantinas de los siglos X-XI con la representación del “árbol crucífero”.


Bibliografía:

Ibáñez, M., 2016. Origen del “árbol crucífero” en las primeras emisiones monetarias de los reinos de Aragón y Pamplona. Numisma 260(66): pp. 91-104. 

Mateu y Llopis, F., 1969. El “arbor ad modum floris” en dineros de Cataluña, Navarra, Aragón y Valencia, siglos X a XIII. Príncipe de Viana 30 (116/117): pp. 245-254.



sábado, 1 de diciembre de 2018

Hallazgo monetario de Oiartzun (Gipúzkoa) II: Falsificaciones italianas de monedas de Navarra, Delfinado, Francia y Savoya.


Hallazgo monetario de Oiartzun (Gipúzcoa) II: Falsificaciones italianas de monedas de Navarra, Delfinado, Francia y Savoya. Artículo publicado en: Gaceta Numismática IV-96 n.123 (Diciembre 1996): pp. 45-56.

Miguel Ibáñez Artica.







Anexo: Figuras en color.








jueves, 1 de noviembre de 2018

E "Kwele", una moneda tradicional en la antigua Guinea Española.


El “Kwele”, una moneda tradicional en la antigua Guinea Española. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 74(1272) (Abril 2018): pp. 45-47.

Miguel Ibáñez Artica.

            Entre las diferentes formas de dinero primitivo que fueron utilizadas como moneda en el África subsahariana antes y durante la colonización, las hay de muy diversos tipos(1), en unos casos son de naturaleza orgánica (semillas vegetales, rafia, conchas, pelos, colmillos, etc.) y otras veces son de origen mineral, especialmente metálicas, elaboradas en hierro o cobre.

Dentro de esta premoneda africana, el grupo más numeroso y diversificado está constituido por una serie de variados objetos metálicos (mayoritariamente de hierro), entre los que podríamos establecer cuatro familias principales, a: adornos; b: utensilios como azadas y cencerros; c: armas, y d: varillas o lingotes. Frecuentemente se produce una sinécdoque, es decir, los utensilios necesarios para la vida cotidiana (instrumentos agrícolas, armas de caza...) acaban representando el valor del trabajo realizado con ellos, convirtiéndose de esta forma en “moneda”. En un segundo proceso estos instrumentos se transforman, pierden su función original, y quedan reducidos a monedas única y exclusivamente (Figura 1).


Figura 1.- Algunas monedas de hierro africanas.
 a: Sengese”, cuchillo arrojadizo de hierro. Chad, Camerún. Pueblo Matakam;  b:Liganda” (hierro). República Democrática del Congo. Zona de  Kisahghani. Pueblo Topoke; c: Likonga” (hierro), variante de la anterior de los pueblos Lokele y Olombo (Congo); d: Zong” (hierro). Gabón. Pueblo Kwele. “Moneda mariposa” de hierro; e:  Penique Ogoja”, “Iyawa”, “Efufy” o “Yakaro” (hierro). Nigeria, República Democrática del Congo. Pueblos Akiuju, Nkun y Munshi; f:  Oshele”, “Woshele” o “Shongo” (hierro).República Democrática del Congo. Entre los ríos Kasai y Sankuru. Pueblos Nkutshu, Bankutu, Zande y Bushongo; g: Pinga”. Cuchillo arrojadizo (hierro). República Democrática del Congo, Sudán y República Centroafricana. Pueblo Zande; h:Mgulu”, “M’boutou”. Cuchillo de verdugo de hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Nagala y Ngombe; i:Ngindza” (hierro). República Democrática del Congo, República Centroafricana. Pueblos Bubu y Nzakkara; j:M’bili ngbaka” (moneda de los Ngbaka) (hierro). República Democrática del Congo- República Centroafricana. Pueblo Ngbaka; k:Kul”, cuchillo arrojadizo de hierro. Chad. Pueblo Ngama; l: “Suu” Moneda escudo de hierro. Camerún. Pueblo Mambilla; m: Mapuka”, lámina de hierro con apéndices. República Democrática del Congo Pueblo Mangbetu; .n:Peniques Kissi”, “Gitzi” o “Kilindi” (hierro). Liberia y Sierra Leona. Pueblo Kissi; o: Shoka” Azada de hierro del pueblo Zande. República Democrática del Congo, República Centroafricana, Sudán; p: Lokongo”, “Guindja” o “Moneda azada” (hierro). República Democrática del Congo. Pueblo Ngabandi; q: Ikonga”, punta de lanza decorada (hierro). República Democrática del Congo; r:Shoka”. República Democrática del Congo. Pueblos Lokele y Olombo; s: Dikonga” Punta de lanza (hierro). República Democrática del Congo. Pueblos Tetela, Mbole y Nkutshu; t: Kundja” e “Iwenga” (hierro). República Democrática del Congo. Pueblo Nkutshu; u: “Sombe”, Costa de Marfil.Pueblo Baule; v:  Bikie”, lámina de hierro. Gabón, Camerún. Pueblo Fang; x: “Moneda murciélago” de hierro. Camerún. Pueblo Mambila; y: Trombasc”. Cuchillo ritual de hierro con mango de madera, marfil o metal. República Democrática del Congo, Sudán. Pueblo Mangbetu; z: Lámina de hierro, moneda en distrito Dutsi. Nigeria.

            Antes de centrarnos en las monedas primitivas de la zona del Golfo de Guinea, conviene señalar que las divisiones administrativas de los países africanos, son fruto de un burocrático proceso cartográfico de descolonización, donde las fronteras se trazaron con regla y tiralíneas sobre la mesa de un despacho, y no se corresponden en absoluto con las zonas geográficas habitadas por las diferentes etnias y culturas (Figura 2). Así por ejemplo en Nigeria existen 516 lenguas vivas pertenecientes a las familias Hausa, Igbo y Yoruba. Esta “patchiness” o heterogeneidad cultural dentro de un mismo país ha sido motivo de numerosos conflictos y guerras civiles en épocas recientes en diferentes regiones del continente africano.



Figura 2.- Países y grupos étnicos en la región del Golfo de Guinea.

            Con respecto a la antigua Guinea Española, todavía en la actualidad se hablan varias lenguas autóctonas diferentes, y además del Fang que es la principal, también se utilizan el Bubi, el Benga, el Batanga, el Yasa, el Seki, el Kwasio y el Belengue, lo cual da un reflejo de la pluriculturalidad en un país que cuenta con una población de apenas un millón doscientos mil habitantes (menos que la ciudad de Barcelona).

            Hasta comienzos del siglo veinte, fueron varias las “premonedas” utilizadas en la zona, y además de algunas conchas, las monedas principales, conocidas como “Kuele” o “Kwele” tienen el aspecto de pequeñas flechas de hierro o varillas con una expansión en un extremo, y se utilizaban individualmente, o más frecuentemente en grupos o puñados de 5, 10, 30 o 100 piezas (Figura 3).

            Estas monedas tenían una especial relevancia en el “nsoa” o “nswa” de los Fang que consiste en un pago de la familia del novio a la de la novia, en lo que se conoce como “brideprice” o “dinero de la novia”. El origen de esta dote inversa reside en que en las culturas “primitivas” la mujer es un apreciado elemento de mano de obra, que el clan pierde cuando se casa y va a vivir con otro clan (el del marido), así pues hay que compensar esta perdida y para ello se utilizaron primero las monedas tradicionales o “Kwele” y después, durante la colonización las pesetas españolas. Una nsoa a finales de la segunda década del siglo veinte incluía hasta 10.000 bikuele, equivalentes a 400 ntets,  o paquetes de 100 ekuele, es decir, unos 160 kilos de hierro (Martino Martín, 2016)(2).



Figura 3.- Principales monedas de hierro en la zona de Guinea Ecuatorial según Guyer (1986)(3).

            En las recientes excavaciones arqueológicas realizadas en la región de Guinea Ecuatorial se han hallado objetos de hierro utilizados como moneda hace casi dos mil años, y tal como señala González Ruibal: “los mismos artefactos (ekuele) fueron utilizados en las transacciones matrimoniales por los descendientes de aquellos comunidades entre el siglo XVI y mediados del siglo XX..... La moneda de hierro no es un mero reflejo de una tradición cultural: ha tenido un papel activo en estabilizar y prevenir su transformación radical. Sin el ekuele, la relación entre riqueza, parentesco y matrimonio habría sido menos sólida”.(4)

            En África precolonial las premonedas no solo tuvieron un papel económico, también sirvieron para estructurar y mantener la reproducción social. Esta función ya se ha perdido en el continente africano y las monedas tradicionales han dejado de utilizarse, sin embargo su presencia aún pervive en remotas regiones de Oceanía.
 
En el año 1975 se produjo una curiosa coincidencia, mientras en Papúa-Nueva Guinea, tras su independencia, se creó una nueva moneda, la “kina”, con sus divisores en “toea”, nombres que recibían las monedas-concha tradicionales en la zona, en las mismas fechas, a miles de kilómetros de distancia en Guinea Ecuatorial, se creó también una nueva moneda, el “ekwele” o “ekuele”, recuperando también la denominación de la moneda tradicional, que sustituyó a la peseta guineana en circulación desde la independencia de la colonia en 1968. Esta moneda, que pervivió hasta 1985 en que fue sustituida por el franco CFA, presenta la figura de la primitiva moneda de hierro de donde deriva su denominación en los billetes emitidos con diferentes valores (Figura 4).


Figura 4.- Billetes guineanos de Ekueles y Bipkweles.

Notas:

(1) Ibáñez, M., 2002. La moneda africana, antes y durante la colonización (I). Crónica Numismática 13(140): 42-46. http://numisarchives.blogspot.com.es/2014/08/la-moneda-africana-antes-y-durante-la.html

(2) Martino Martín, E., 2016.  Nsoa (“dote”), dinero, deuda y peonaje: cómo el parentesco Fang tejió y destejió la economía colonial de la Guinea Española. ENDOXA nº 37: pp. 337-361.


(3) Guyer, J. I., 1986. Indigenous Currencies and the History of Marriage Payments. A Case Study from Cameroon. Cahiers d'études africaines, vol. 26, n°104: pp. 577-610.  

(4) González Ruibal, A., 2013. Reclaiming Archaeology. Beyond the Tropes of Modernity. Ed. Routledge. Archaeological Orientations: 392 pp.






lunes, 1 de octubre de 2018

La moneda de Navarra en la obra de Pierre-Ancher Tobièsen Duby (1721-1782).


La moneda de Navarra en la obra de Pierre-Ancher Tobièsen Duby (1721-1782). Artículo publicado en: Gaceta Numismática nº 146  (2002): pp. 61-72.


Miguel Ibáñez Artica.



















viernes, 31 de agosto de 2018

Dos historias paralelas contadas por las medallas.


Dos historias paralelas contadas por las medallas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 77(1273) (Mayo 2018): pp. 49-51.

Miguel Ibáñez Artica.

            Entre las medallas conmemorativas resultan especialmente interesantes las que reflejan acontecimientos históricos de relevancia. Aunque en algunos casos pueden llegar a falsear la verdad (por ejemplo las medallas donde se refleja la rendición de Blas de Lezo ante el almirante Vernon(1)), en la mayoría de ocasiones son fieles testigos de los acontecimientos acaecidos.

            Este es el caso de las dos medallas que pasaremos a comentar,  que conmemoran respectivamente la “liberación” de las ciudades de Pamplona y San Sebastián en el transcurso de la Guerra de la Independencia. Se trata de los ejemplares de la colección producida por James Mudie en 1820 para celebrar los triunfos británicos en las guerras napoleónicas. Fueron fabricadas en Birminham en oro, plata y bronce como contraposición a las numerosas emisiones francesas que glorificaban las gestas napoleónicas, dándose la circunstancia de que estas medallas inglesas presentan el mismo módulo que las francesas, 41 mm, y además en muchos casos fueron obra de los mismos artistas franceses que poco antes se habían dedicado a glorificar la obra de Napoleón Bonaparte en las medallas.

La primera de ellas, que es el número 25 de la colección Mudie (Figura 1) muestra en el anverso el retrato del Mariscal de Campo Arthur Wellesley, primer duque de Wellington y en el reverso un soldado romano a caballo que recibe las llaves de la ciudad de Pamplona, representada por una figura femenina que le extiende los bazos ofreciéndole una llave en su mano derecha, con la leyenda en inglés “Inglaterra protege la ciudad de Pompeyo”, y en el exergo “Capitulación de Pamplona, octubre, el 31 de 1813”. Esta medalla fue realizada por el parisino N.G.A. Brenet y el suizo J.P. Droz.


Figura 1.- Medalla de la capitulación de Pamplona (Museo de Navarra: n. 14.522).

            La “conquista” de Pamplona, o más bien de la Ciudadela de Pamplona por las tropas francesas resulta una historia cuando menos curiosa. El 31 de diciembre de 1807 un ejército al mando del general D’Armagnac cruzó la frontera, para llegar a Pamplona el 8 de febrero. En teoría el objetivo era descansar en la ciudad para proseguir viaje hacia Portugal, si bien las instrucciones secretas del general francés eran las de ocupar la Ciudadela. D’Armagnac se entrevistó con el Virrey de Navarra,  Leopoldo de Gregorio y Paterno, Marqués de Vallesantoro, solicitando acantonar las tropas francesas en la Ciudadela, a lo que el Virrey se negó aduciendo que para ello tenía que recibir autorización de Madrid. Ante la negativa, se ideó un plan de ocupación del recinto fortificado, en la noche del 15 al 16 de febrero, un grupo de unos cien soldados franceses seleccionados, aparentemente desarmados se dirigieron hacia la puerta principal de la Ciudadela para recoger las raciones de pan que se les entregaban diariamente, y aprovechando que una blanca capa de nieve cubría el suelo, comenzaron a arrojar bolas de nieve a los soldados que custodiaban la Ciudadela, provocando a la guarnición, que comenzó a devolver las bolas de nieve a los franceses, y aprovechando los momentos de distensión producidos por esta singular “batalla”, un grupo de soldados franceses que portaban sus armas escondidas bajo los capotes, entraron y desarmaron a los vigilantes sin realizar un solo disparo. Así pues, podemos decir que la Ciudadela de Pamplona, una de las más impresionantes fortificaciones de la época, se conquistó con bolas de nieve.


Figura 2.-  En la documentación remitida por el Virrey de Navarra el 16 de febrero se indica “las críticas circunstancias del dia han sido el que se acuartelasen en esta plaza tropas francesas…”. En la imagen, la entrada principal de la Ciudadela de Pamplona.

            Casi seis años más tarde, el 31 de agosto de 1813, la situación había cambiado drásticamente, la guarnición francesa de 3.000 soldados al mando del gobernador francés de Pamplona Louis Pierre Jean Cassan, se encontraba sitiada en la Ciudadela por un ejército de más de 10.000 hombres al mando del mariscal donostiarra Enrique José O’Donnell. Tras las contundentes derrotas de las tropas francesas infringidas por el Duque de Wellington, primero en Vitoria (21 de junio) y un mes más tarde a las afueras de Pamplona, en Sorauren (25 de Julio) la suerte de los franceses que ocupaban la el recinto amurallado estaba decidida.

A pesar de todo, las tropas francesas resistieron dos meses el asedio, e incluso amenazaron con volar el recinto fortificado antes de rendirse, pero ante la repuesta de Wellington de que si lo hacían todos los oficiales serían ejecutados y los soldados diezmados, finalmente se produjo la capitulación el 31 de octubre, fecha que se recoge en la medalla.

            La segunda pieza corresponde a la liberación de la ciudad de San Sebastián y es la número 24 de la colección Mudie, obra de Thomas Webb, Peter Rouw y George Mills. En el anverso aparece el perfil de Thomas Graham barón de Lynedoch, a quien Wellington ordenó dirigir el asedio de San Sebastián (Figura 3).


Figura 3.- Medalla conmemorativa de la “liberación” de San Sebastián.

            Tras la derrota del ejército napoleónico en Vitoria el 21 de junio, y mientras el grueso de las tropas francesas cruzaba la frontera en retirada, el general Emmanuel Rey se hacía cargo de la ciudad al mando de un contingente de 2600 soldados que en julio fueron sitiados por el ejército de Wellington. Mientras el Duque dirigía las tropas españolas que contuvieron la ofensiva francesa en el río Bidasoa, el general Graham al mando de las tropas anglo-portuguesas conseguía romper las defensas de la ciudad por el lugar conocido actualmente como “La Brecha” el 31 de agosto de 1813 a las dos de la madrugada (Figura 4).


Figura 4.- Diorama de la conquista de San Sebastián, en el Museo del Real Regimiento Escocés en Edimburgo, y vista de la calle “31 de Agosto” de Donostia, la única que no fue incendiada al encontrarse en primera línea de fuego y servir de parapeto a las tropas atacantes.

            A pesar de que el general francés había ordenado la evacuación, varios miles de donostiarras permanecieron en la ciudad con la esperanza de ser liberados, pero tras irrumpir en la ciudad, y retirarse los franceses al castillo de la Mota en el monte Urgull, las tropas “libertadoras” se dedicaron al pillaje y al saqueo de la ciudad durante seis días y medio, asesinado indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños, de forma que el fatídico día del 31 de agosto, además de las casi 4.000 bajas que sufrió el ejército inglés en la contienda fallecieron asesinados más de un millar de civiles.

            Al anochecer se inició un voraz incendio provocado por los saqueadores que arrasó la ciudad, salvándose una treintena de casas de un total de 600, en la antigua calle de la Trinidad, rebautizada como “31 de agosto”, que no fueron incendiadas al encontrarse durante la primera semana de septiembre en primera línea de fuego, sirviendo de protección a las tropas atacantes de las balas de los franceses refugiados en el monte Urgull.

El teniente Matías de Lamadrid, testigo de los acontecimientos,  recoge en su diario: “Los excesos que cometieron los ingleses, como los portugueses, no tienen cuento, y jamás estas dos naciones se quitaron el horrible borrón que aquí echaron a sus glorias. Cual si la infeliz ciudad fuese de enemigos, los más implacables la saquearon cruelmente, mataron a varios de sus desdichados moradores, y por último la incendiaron, quedando esta hermosa población hecha ceniza, excepto unas 34 casas….. No hubo doncella, casada, ni niña que no experimentase su brutalidad. Y, en fin, ellos robaron, incendiaron e hicieron con esta ciudad amiga lo que apenas puede imaginarse hacible en la más contraria”. (2)


Figura 5.- “Cementerio de los ingleses” en el monte Urgull de San Sebastián.

            Tras dos meses de un duro asedio en el que el ejército sitiador tuvo miles de bajas, las tropas que se defendían en el castillo de la Mota se rindieron el 8 de septiembre, ese mismo día las autoridades municipales y vecinos supervivientes se reunían en el barrio de Zubieta para planificar la reconstrucción de la arrasada ciudad, y en diciembre ya se había constituido la Junta de Obras encargada de la tarea que concluiría 36 años más tarde, en 1849.


Figura 6.- Imágenes de los reversos de las medallas de Mudie: a.- liberación de Pamplona; b: liberación de San Sebastián; c.- Batalla de los Pirineos.

            Las medallas de Mudie reflejan muy bien los distintos escenarios, Pamplona con una imagen pacífica (Figura 6a), y San Sebastián, con una escena violenta (Figura 6b). La destrucción y saqueo de la ciudad fue consecuencia del duro asedio y feroz combate que tuvo lugar en los días previos, y que causó centenares de bajas en el ejército atacante, de forma que tras penetrar en la ciudad por la brecha abierta en las murallas, y replegadas las tropas francesas al castillo de Urgull, los soldados británicos y portugueses vertieron toda su ira en los pacíficos habitantes de la ciudad.

            Otra medalla de esta serie está dedicada a la batalla de los Pirineos, que tuvo lugar a finales de julio y comienzos de agosto de 1813, y que se libró en Roncesvalles y Maya (25 de julio), Sorauren (28 de julio) y Echalar (2 de agosto) concluyendo con la derrota del mariscal Soul que había llegado con un importante ejército desde Francia en ayuda de las guarniciones de Pamplona y San Sebastián. En esta medalla el león británico que ha escalado el Pirineo ataca al águila napoleónica, destruyendo con sus fauces el huso de Júpiter (Figura 6c).

Notas:

(1) Las medallas de Blas de Lezo y el almirante Vernon. (Diciembre, 2003)  Eco Filatélico y Numismático 59 (1114): 42-43.

(2) Sánchez, J.L. (2009). Diario de un Oficial en la Guerra de Independencia (1813-1814). Región Editorial, Palencia: 140 pp.