sábado, 15 de abril de 2017

Los "Tokens de las barbas".

Los “Tokens de las barbas”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1251) (Mayo 2016): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Entre los objetos monetiformes, es decir, aquellos que parecen monedas pero no lo son, encontramos una gran variedad de elementos, que van desde los utilizados como fichas contables o jetones en las Edades Media y Moderna, hasta los que cumplen una función de recibo o pase (como las fichas utilizadas actualmente en los parques de atracciones).

En ocasiones, estas denominadas “fichas” en castellano o “tokens” en inglés, servían como recibo de algún pago realizado, y en este grupo podemos incluir uno de los objetos más curiosos de la “exonumia*” mundial. Se trata del conocido como “token de las barbas”, acuñado en Rusia en 1705 y 1725, y que constituía una tasa o impuesto -denominado “borodoràia”-,  por el hecho de ¡llevar barba!

Extraordinariamente raros, existen dos tipos diferentes, el primero acuñado en 1705, es redondo y presenta en una cara la imagen de una nariz rematada por un largo mostacho y unas barbas con la leyenda en ruso “moneda recibida”, y en la otra cara el águila imperial y bajo ella la fecha 1705 en caracteres cirílicos (Figura 1) con leyenda de anverso: ДЕНГИ ВЗИТЬІ (“Moneda/tasa cobrada”) y en el reverso АΨЕ ГОДУ (Año 1705). Los emitidos entre 1722 y 1725, todavía más escasos, son cuadrados, más grandes (Figura 2), y muestran en el anverso el texto en ruso: “impuesto por llevar barba”.


Figura 1.- “Tokens de las barbas” de 1705.



Figura 2.- “Token de las barbas” de 1725.

Los primeros de estos tokens se dieron a conocer en el mundo de la numismática en 1845, a través de un artículo publicado en la revista Numismatic Chronicle por Walter Hawkins, conservador del British Museum y presidente de la Sociedad Numismática de Londres. La utilización de estos curiosos tokens hay que contextualizarla en un momento crítico para Rusia: el zar Pedro I, apodado “el Grande” (Figura 3) tanto por su estatura (superaba los dos metros), como por sus acciones, había heredado en 1682 un vasto reino anclado en un sistema feudal propio de la Edad Media, y a su muerte a comienzos de 1725, había conseguido transformar Rusia en una de las principales potencias europeas.


Figura 3.- El zar Pedro I rompe con las tradiciones de sus antepasados (su padre Alejo I o su abuelo Miguel I) y renueva su imagen personal, renunciando a las barbas y a las vestimentas ostentosas, sus sucesores masculinos seguirán esta nueva tendencia hasta que en la segunda mitad del siglo XIX, los últimos Romanov retomarán la costumbre de llevar barba.

La personalidad del Zar, se desarrolló bajo la influencia de la denominada “colonia alemana” de Moscú, habitada por extranjeros y donde aprendió sus costumbres, cultura y tecnología, mucho más avanzada que la existente en la Rusia tradicional. En 1697 realizó un viaje de incógnito por toda Europa contactando con muchos técnicos y especialistas. A su regreso, en 1698, organizó una gran fiesta a la que invitó a nobles y cortesanos, y ante el asombro de los asistentes, comenzó a cortar las barbas de los allí presentes (Figura 4). Hay que tener en cuenta, que en esta época, la barba era un símbolo de prestigio y autoridad, y mientras en los estamentos religiosos se consideraba como la imagen y semejanza de Dios, para el Zar, suponía tan solo el símbolo de una sociedad atrasada que era necesario modernizar. Por este motivo durante ese mismo año se publicó un decreto prohibiendo a los hombres llevar barba, orden que solo fue cumplida por las personas que tenían contacto directo con el Zar y provocó un gran descontento entre la población y los estamentos religiosos.


Figura 4.- Grabado de la época donde un funcionario del Zar elimina las pobladas barbas de un noble boyardo.

La legislación sobre barbas y bigotes tiene sus antecedentes en Inglaterra, donde en 1447 el último Lancaster Enrique VI (que no usaba barba ni bigote), emitió un decreto prohibiendo el uso de bigotes, y un siglo más tarde, Enrique VIII -que llevaba barba-, creó en 1535 un impuesto progresivo por portar barba, proporcional al estatus social de la persona con rostro hirsuto. En el primer caso se debía a razones personales del monarca, y en el segundo era probablemente un impuesto suntuario, considerando el pelo facial como símbolo de riqueza. Al parecer, la heredera de Enrique VIII, Isabel I de Inglaterra, mantuvo el impuesto sobre las barbas hasta que en 1560 quedó completamente abolido y olvidado.

            Los motivos que llevaron a Pedro I de Rusia a penalizar el uso de las barbas no fueron estrictamente de índole fiscal, más bien se trataba de imponer una transformación del País, que pasaba por modificar algunos hábitos y costumbres, como el que tenían los hombres de portar pobladas barbas. En 1698 el zar emitió el primer decreto limitando el uso de la barba en los hombres, que produjo un gran número de quejas y protestas, y ante la oposición popular, se emitió un segundo decreto imponiendo una serie de condiciones a las personas que portaran barba: deberían llevar un vestido especial con cuello de color rojo y sus esposas debían portar sombreros con cuernos. En caso de incumplir esta orden, la multa era de 50 rublos, y de no poder pagarla, se desterraría al infractor.

            El 16 de enero de 1705 se emitió el decreto de que quienes decidieran llevar barba deberían pagar un elevado impuesto anual que oscilaba entre los cien y treinta rublos. Como prueba del pago realizado, las personas recibían una ficha o token, que debían portar permanentemente  y mostrarlo cuando les fuera requerido por los oficiales del zar. Muchos de estos tokens llevan un resello con el águila imperial bicéfala como convalidación de un segundo pago realizado (Figura 5).


Figura 5.- Tokens “de las barbas” resellados.

            Entre los años 1722 y 1725 se acuñaron nuevos tokens, esta vez más grandes y de cospel cuadrado y que no llevaban la imagen alusiva a las barbas de los emitidos en 1705.

            Los dos tipos de estos curiosos “tokens de las barbas”, son extraordinariamente raros, ya que al suspenderse las leyes que restringían el uso de las barbas tras la muerte de Pedro I, los impopulares y odiados tokens fueron destruidos en su mayoría, siendo ya muy escasos los ejemplares que se podían localizar en Rusia en el siglo XIX. La mayoría de los que podemos ver en la actualidad son en realidad “novodels”, imitaciones realizadas por la Casa de Moneda de Rusia en el siglo XIX para satisfacer la demanda del coleccionismo por estos curiosos objetos (Figura 6). Incluso en la actualidad, existe una asociación en Estados Unidos que se dedica a comercializar objetos relacionados con estos singulares tokens,  que se ha puesto de moda y tiene gran aceptación en el mundo de los moteros (http://www.beardtoken.com/).


Figura 6.- Diversos tipos de “novodels” del “Token de las barbas”.


En España, pueden adquirirse las reproducciones de estos “tokens” en la Tienda-Museo de Sos del Rey Católico (Zaragoza).



sábado, 1 de abril de 2017

Monedas populares o sociales: almudes, fanegas y jornales.

Monedas populares o sociales: almudes, fanegas y jornales. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 59(1105) (Febrero 2003): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.

Además de la moneda “oficial”, durante ciertas épocas y en determinados lugares, han circulado otros tipos de moneda “local” en ámbitos más o menos restringidos. Los primeros antecedentes documentados sobre este fenómeno aparecen  en los informes presentados ante la inquisición española y ante el monarca Carlos III, por Agustín Coronas y Paredes, entre los años 1724 y 1768. En ellos se daba cuenta de un tipo de moneda popular, denominado “claco” o “tlaco”: “ ...numerosos tipos de monedas que se usan en las tiendas de los mestizos de la ciudad de México y en otras partes de reino, las hay de metal, de cobre y algunas son de madera y cada una de ellas lleva un nombre o es denominada por algún sonido...”. Debido a la escasez de moneda fraccionaria, los comerciantes, las haciendas y las empresas mineras acuñaban su propia moneda, llamada “claco” que en lenguaje náhuatl significa “mitad”.

No hay que viajar mucho en el tiempo para descubrir este tipo de moneda social alternativa a la oficial. La mejor conocida actualmente es la utilizada en los “clubs de trueque” en Argentina, denominada “crédito”. Cada club está formado por una serie de personas, “prosumidores”, utilizado el término acuñado por Toffler. Es decir personas, que son simultáneamente productores y consumidores de bienes y servicios. El primer club de trueque surgió en Buenos Aires en abril de 1995 con una treintena de socios. En la actualidad (2003) ya existen más de 450 clubs, donde medio millón de personas utilizan este sistema de forma cotidiana, y más de un millón de forma esporádica. Se estima que cada año se intercambian bienes y servicios por unos 400 millones de dólares utilizando los “créditos” (Figura 1).


Figura 1.- Ejemplos de “moneda social”: “Crédito” argentino,

La experiencia no es nueva y tiene precedentes en los “notegeld” alemanes emitidos después de la I Guerra Mundial. En la actualidad son numerosas las comunidades que en  todo el mundo utilizan monedas sociales o alternativas, como mecanismo de defensa ante la profunda crisis económica que atenaza y ahoga a numerosos países en todo el planeta.


Figura 2.- “Notegeld” alemanes emitidos tras la I Guerra Mundial. Estas monedas de necesidad locales se fabricaron con elementos muy variados, como cerámica o hierro.

Estas “monedas sociales” o “paralelas” son objeto de estudio por parte  de los economistas y sociólogos(1), pero sin embargo constituyen el “pariente pobre” en el campo de la numismática y suelen considerarse como fichas u objetos monetiformes pero no como auténticas monedas. Por el contrario, los magníficos ejemplares de oro y plata acuñados desde la Edad Media, como las doblas de diez doblas, los centenes o los cincuentines, que probablemente nunca fueron utilizados como moneda, sino más bien como objetos de regalo y prestigio, sí que aparecen en todos los catálogos, al igual que las modernas acuñaciones conmemorativas en oro y plata que realiza la Fábrica de la Moneda, dirigidas exclusivamente al mercado del coleccionismo. Todas estas vistosas piezas son denominadas monedas, aunque cumplen una función medallística, por el contrario, las “monedas paralelas” que sí han circulado y cumplido plenamente una función monetaria, muchas veces son denominadas “fichas” o “tokens”.

Con respecto al contexto en que han circulado las monedas populares, existe una enorme variedad de ámbitos: emisiones realizadas por los ayuntamientos, por algunas fincas y haciendas para sus trabajadores, por sindicatos y cooperativas obreras, por gremios de comerciantes, etc... También son variadas las denominaciones o unidades de valor que expresan, y aunque en muchos casos se indica en ellas la moneda oficial en curso (reales, pesos, centavos, bolívares, pesetas, céntimos...) en otros,  presentan denominaciones populares como “jornales”, “peones” (peonadas), “días” y “días de trabajo”, “tareas”, “cajones”, “cajas”, “cajuelas”, “barriles”, “tarros”, “bolsas”, “medidas”, “mitades”,   “fanegas”, “almudes”, “cuartillos”, etc... No hay que olvidar que la misma palabra “peseta”,  proviene del apelativo popular con que la gente bautizó la pieza de dos reales de plata, y este término fue adoptado para designar la unidad monetaria española tras el derrocamiento de Isabel II, sustituyendo la antigua denominación de “real”.


Figura 3.- Jornales, cuartos y medios jornales emitidos en Osuna (Sevilla) y Fanegas y medias fanegas acuñadas en Antequera (Málaga).

Al analizar las diversas denominaciones que han recibido las monedas populares, tanto en España como en América, encontramos por una parte nombres que hacen referencia al pago de un tiempo determinado de trabajo (jornales, peonadas, días de trabajo, horas...), lo cual resulta lógico, ya que el trabajador recibe su jornal en una moneda denominada precisamente “jornal”. Lo que resulta más curioso es la frecuencia de términos relacionados con diferentes medidas de capacidad, generalmente utilizadas para los cereales: almudes, fanegas, cajuelas, cuartillos...


Figura 4.- Almudes y fanegas utilizados en Puerto Rico y Cuba.

Este hecho está relacionado con la costumbre de abonar los salarios en especies  (muchas veces en cereal) medidas en unidades de capacidad, como las fanegas y los almudes. En muchos pueblos de Navarra, hasta bien avanzado el s. XIX, existía la costumbre de abonar el salario del maestro o maestra del pueblo en robos de trigo, siendo el robo una medida tradicional en Navarra hasta hace muy poco tiempo. En otros casos, el trabajador que recolectaba un determinado número de unidades de volumen (de café, cereal…), recibía estas fichas acreditativas, que posteriormente canjeaba por dinero en las oficinas de la hacienda o cortijo.

A pesar de la existencia de importantes catálogos para algunas regiones (la obra de A. López sobre las monedas de cooperativas catalanas o la de R. Rulau sobre los “tokens” latino-americanos) queda un largo camino por recorrer en el estudio y conocimiento de este interesante y desconocido campo de la numismática.

(1) En los últimos años, y con posterioridad a la publicación de este artículo, han aparecido varios trabajos sobre este tema, por ejemplo:
Gryckiewicz,M.  & M. Puertas A la sombra delarbolito. Catálogo de monedas sociales de Argentina y Uruguay. II Conferencia Internacional en Circuitos Monetarios Complementarios en las Diversas Economías. La Haya, Holanda. 19-23 junio, 2013. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

El español en monedas y jetones.

El español en monedas y jetones. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1253) (Julio/Agosto 2016): pp. 45-47.

Miguel Ibáñez Artica.

            Desde el siglo primero antes de nuestra Era, cuando tras la batalla de Munda el 45 a.C., la escritura en caracteres “ibéricos” comenzó a abandonarse para desaparecer en tiempos de Augusto, los textos que figuran de las monedas hispanas fueron redactados en latín durante las Edades Media y Moderna (con la excepción del período de ocupación musulmana en el que se utilizó el árabe) hasta comienzos del siglo diecinueve.

En Barcelona, durante la ocupación francesa, se produjeron diferentes emisiones con la leyenda en castellano (monedas de plata de 5, 2,5 y una peseta, y de cobre de 4, 2, 1 y ½ cuarto) emitidas a nombre de José Napoleón entre 1808 y 1814 (Figura 1a), y poco después, en 1822 y 1823 a nombre de Fernando VII con las leyendas: “FERNANDO 7 POR LA GRACIA DE DIOS Y LA CONSTITUCION”, y “REY DE LAS ESPAÑAS”” (Figura 1b).


Figura 1.- Monedas con leyendas en español, acuñadas en Barcelona a nombre de José Bonaparte y Fernando VII.

            Aunque estas monedas suelen figurar como las primeras que presentan la leyenda escrita en español, las emisiones más antiguas en castellano se remontan al siglo XVI: son las piezas de vellón de dos cuartos, acuñadas en las cecas de Burgos, Valladolid y La Coruña entre 1566 y 1598.

Se trata de unas modestas moneditas, relativamente comunes y que suelen estar muy recortadas, con lo que las leyendas no suelen estar completas (Figura 2). En el anverso rodeando al castillo, podemos leer: “+ DON º PHILIPPE º”, mientras en el reverso, circundando la figura del león, aparece el texto: “+ REI º DE º HESPANA º”. Estas piezas, las primeras monedas españolas que presentan sus textos escritos en castellano, convivieron con otras similares, pero con leyendas escritas en latín, acuñadas con el mismo valor de dos cuarto en las cecas de Cuenca, Granada, Segovia y Toledo.


Figura 2: Las primera monedas con leyendas en español en tiempos de Felipe II.

            Este intento de “popularizar” la moneda, utilizando el castellano en vez de la tradicional lengua culta itálica, no llegó a cuajar y no tuvo continuidad, así que durante los siguientes reinados hasta comienzos del siglo XIX, las leyendas monetarias siguieron redactándose en latín.

            La “normalización” del uso del castellano, vino como consecuencia de la entrada de España en el “Nuevo Régimen”, lo mismo que previamente había ocurrido en Francia a partir de la Revolución Francesa, donde a partir de los decretos del 9 de abril de 1791 y 6 de febrero de 1793 los textos de las monedas en latín fueron definitivamente sustituidos por el francés. Sin embargo, tal como hemos visto que ocurrió en España, en Francia también existía un precedente, en este caso de época medieval: la moneda de vellón con valor de medio carlín acuñada en la villa de Aquila (reino de Nápoles) a nombre de Carlos VIII (1483-1498) donde figuran las leyendas “CHARLES*ROI*DE*FRE” y “+CITE*DE*LEIGLE” escritas excepcionalmente en francés (Duplessy, 1988, nº 623).

            Los inicios del uso del español en las monedas de forma generalizada(1), se dan durante el denominado “Trienio Liberal”, entre 1820 y 1823, desapareciendo completamente en el período siguiente denominado “Década Ominosa” (1823-1833), para volver a reaparecer, esta vez de forma definitiva en el estado liberal surgido durante el reinado de Isabel II (1833-1868). Las primeras monedas en oro y plata con leyendas en castellano se corresponden con las emisiones de piezas de 80 y 20 reales de la ceca de Madrid en 1834, mientras que las de cobre comienzan un año más tarde en la ceca de Segovia (Figura 3).


Figura 3: Primeras monedas de oro, plata y cobre, acuñadas con las leyendas en castellano bajo el reinado de Isabel II.

            Además de lo comentado hasta ahora sobre el empleo de la lengua española en los epígrafes monetarios, hay que mencionar un hecho muy poco conocido: su uso en el siglo XVI en los jetones emitidos por los monarcas navarros (que gobernaban en la denominada “Navarra Francesa” o “Baja Navarra”) (Figura 4).


Figura 4.- Jetones de la Navarra francesa en español.

            En primer lugar encontramos dos tipos de jetones de Antonio de Borbón, rey consorte de Navarra desde 1555 hasta su muerte en el sitio de Rouen en 1561, donde aparece en el anverso la enigmática leyenda “NO SON TALES MYS AMORES”. En este tipo, emitido en plata en 1555 y en cobre en 1560, figura en el anverso la referida leyenda en castellano y un escudo coronado semipartido: a la izquierda, los escudos de Navarra y Borbón, y a la derecha los de Navarra, Albret, Bearn, Armañac-Rodez, Evreux, Aragón, Castilla y León, y Bigorre en el centro. Todo ello entre dos ramas de rosal entrelazadas. En el reverso, la leyenda “AD CALCVLOS REVERTERE 1555 (o 1560)”y  el escudo coronado cuartelado de Navarra y Borbón, rodeado del collar de San Miguel (Figura 5). Esta última leyenda, que podemos traducir por “el regreso al cálculo”, tal vez podría referirse a la intrusión que en esos momentos hacía el álgebra como herramienta matemática, compitiendo con la tradicional forma de llevar la contabilidad administrativa con ayuda de jetones.

            Un segundo tipo emitido en plata, muestra el mismo anverso con la leyenda en castellano, y en el reverso: “EX TOTO PARS EX VERO SIMILE” con un corazón en el centro rodeado de seis crucecitas, todo ello dentro de un óvalo.


Figura 5.- Jetones de Antonio de Borbón (1555 y 1560) con leyenda en español “NO SON TALES MYS AMORES”.

            También la reina Juana III de Navarra, esposa de Antonio de Borbón emitió un tipo en plata, cobre y latón con la leyenda en castellano “HASTA LA MVERTE” en el reverso. El anverso de esta emisión presenta el busto real con tocado de viuda  mirando a la derecha y la leyenda “IEHANNE PAR LA G. D. DIEV RE D. NAVAR” y en el reverso una gran letra S cruzada por una barra y la mencionada leyenda “HASTA LA MVERTE” (Figura 6).


Figura 6.- Jetones de Juana de Albret con la leyenda en castellano: “HASTA LA MVERTE”.

En este caso, dado que el busto de la reina presenta el característico tocado de viuda, estos jetones tuvieron que emitirse en la década comprendida entre 1562 (muerte del rey) y 1572 (fallecimiento de la reina Juana).

            Resulta problemática la interpretación de las leyendas “NO SON TALES MYS AMORES” y “HASTA LA MVERTE”. En el primer caso, habida cuenta de que este tipo de jetones comienza a emitirse en 1555, fecha en la que Antonio de Borbón es rey consorte de Navarra, en el mejor de los casos, podríamos hacer una interpretación de esta divisa en el sentido de que Antonio, en una declaración de modestia,  no ambicionaba los bienes terrenales, representados por este jetón que servía para llevar las cuentas de ingresos y gastos de la casa real (la leyenda rodea el escudo de la reina). Pero dadas las vicisitudes del momento, esta frase parece vaticinar lo que acaecería pocos años más tarde cuando Antonio se pasa al bando católico, mientras Juana sigue defendiendo tenazmente la causa protestante(2).

            Más sencilla resulta la interpretación de la segunda leyenda “HASTA LA MVERTE”, habida la firme creencia de la reina Juana en el protestantismo, que abrazó en 1560, imponiendo el calvinismo en todos sus dominios. En esos años proliferaban los enfrentamientos entre católicos y hugonotes (denominación que se daba a los calvinistas), y precisamente Antonio de Borbón, esposo de Juana, se había pasado en 1561 al bando católico, falleciendo un año más tarde mientras sitiaba a los protestantes en Rouen. Con esta divisa, escrita en castellano, la reina reafirmaba sus convicciones religiosas de forma inequívoca “Hasta la muerte”.

            Estos jetones emitidos en la Navarra Francesa, parecen establecer un diálogo premonitorio entre Antonio y Juana. A la afirmación del primero de “no son tales mis amores”, leyenda que rodea el escudo de Juana de Albret, ésta, tras el fallecimiento de su marido contesta con una reafirmación en su fe protestante “hasta la muerte”. La causa de que estas leyendas figuren excepcionalmente en castellano y no en latín, como en el resto de las numerosas monedas y jetones emitidos en la Navarra Francesa y Bearne, permanece siendo un misterio difícil de resolver.

            Como curiosidad, y a pesar de que en los primeros tiempos de la emancipación de los Estados Unidos de América se utilizó el denominado “Spanish dollar” o Real de a 8 español como moneda oficial(3), la primera vez que aparece un texto redactado en castellano en una moneda de Estados Unidos, es en marzo del 2009, cuando se emite la pieza de 25 centavos dedicada a Puerto Rico, en esta denominada “peseta puertorriqueña” o “peseta boricua” aparece la frase en español “Isla del Encanto”.


Notas:
(1)                  Se produce una excepción, con textos nuevamente redactados en latín, en algunas emisiones del pretendiente Carlos VII (1868-1876).   
(2)            Más conocido que la presencia del castellano en los jetones de la reina de Navarra, resulta su mecenazgo en la traducción del Nuevo Testamento al euskera, la conocida “Biblia protestante de Leizarraga” (Iesus Christ Gure Iaunaren Testamentu Berria). El ejemplar que estuvo en posesión de la Reina Juana fue adquirido por 33 millones de las antiguas pesetas el 15 de marzo de 1995 por la Caja de Ahorros de Navarra y depositado en la Biblioteca General de Navarra el año 2014.
(3)          Ver el artículo: Elorigen de las Columnas de Hércules en la moneda española. Eco Filatélico y Numismático 68(1204) (Febrero 2012): pp. 42-43.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Las "monedas castor".

Las “monedas castor”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 70(1236) (Enero, 2015): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Durante el pasado año (2014) se acuñó una pequeña moneda conmemorativa en oro que presenta la figura de un castor, imagen diseñada para las monedas de cinco céntimos de Canadá en 1937 por G.E. Kruger Gray, y que se ha mantenido ininterrumpidamente en todas las emisiones canadienses de este tipo monetario desde hace más de 75 años (Figura 1).


Figura 1.- Moneda de oro conmemorativa y monedas canadienses de 5 céntimos de distintos años.

Esta circunstancia nos sirve de excusa para comentar algunas monedas conocidas con el nombre de “monedas castor” y que presentan un mayor valor histórico, aunque en algunos casos no se trata de verdaderas monedas “sensu stricto”, sino de “tokens” o monedas de uso local. Se da la paradoja de que mientras algunas piezas conmemorativas son consideradas oficialmente como monedas, cuando en realidad no han circulado ni circularán nunca, otras, en ocasiones no metálicas, ni con la típica forma redondeada, han circulado y cumplido plenamente las funciones monetarias en un determinado contexto, a veces local o sustituyendo al numerario oficial, cuando este escaseaba o era rechazado.

La primera de estas emisiones ocurrió en plena “fiebre del oro” del oeste americano, cuando en febrero 1849, los habitantes de Oregón decidieron establecer una fábrica de moneda en la ciudad con el fin de amonedar las grandes cantidades de polvo de oro recientemente descubierto en California, pero este plan se abortó con la llegada del general Joseph Lane, primer gobernador de la zona, quien ante la propuesta de las autoridades locales, señaló que según la Constitución de los Estados Unidos,  solamente el gobierno federal podía emitir moneda de curso legal.  A pesar de ello, un grupo de comerciantes consiguieron acuñar más de 50.000 piezas de oro macizo de diez y cinco dólares. 

Estas monedas llevan la fecha de emisión (1849), el nombre de la empresa (Oregon Exchange Company), la denominación de su valor (5 o 10 dólares), la imagen de un castor, y las iniciales de los accionistas de la compañía (Kilborn, Magruder, Taylor, Abernethy, Willson, Rector, (Gill) Campbell, y Smith) (Figura 2), y se mantuvieron  en circulación hasta 1854, fecha en que se creó la Casa de Moneda de San Francisco. En esos momentos, el oro contenido en las monedas valía más del 8% de su valor nominal, por lo que la mayoría de las piezas se fundieron, conservándose en la actualidad apenas medio centenar de ejemplares en colecciones privadas, la mayoría de los cuales presentan un deficiente estado de conservación al contener oro puro que se desgasta y erosiona con gran facilidad.


Figura 2.- “Monedas” de oro puro acuñadas en Oregón durante la “Fiebre del oro”.

Podríamos afirmar que la “moneda castor” más genuina es la utilizada por los indios Kutchin del territorio Yukon (al este de Alaska), quienes consideraban las pieles de castor como moneda. El año 1670 se creó la Compañía de la Bahía de Hudson (HBC) y el monarca inglés Carlos II le otorgó el monopolio comercial de las pieles en una vasta e inexplorada región de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados (Figura 3).


Figura 3.- Comercio de pieles con los indios y (en rojo) zona de actuación de la Compañía de la Bahía de Hudson. A la derecha, “tokens” emitidos por la Compañía equivalentes a pieles de castor, encima un colgante con forma de creciente donde se han acuñado en relieve la figura de un castor y los símbolos de la compañía.

En los primeros años del siglo dieciocho se publicaron numerosos bandos y panfletos, que establecían el precio de diferentes productos (pólvora, tabaco, calderos, hachas, anzuelos, cuchillos, cucharas, carne de cerdo etc…) en número de pieles de castor (Figura 4) como referencia monetaria. Los pueblos indígenas rechazaban la moneda occidental, pero aceptaban como moneda objetos de adorno de plata, lo que se conoció como “trade silver”, y aquí encontramos la “moneda castor”, más original y curiosa: unos colgantes con forma de castor, con las marcas de la compañía (HB) e indicación del lugar de emisión (Montreal). Los pequeños colgantes de plata con forma de castor, equivalían a una piel de dicho animal, y con los más grandes, como el que se ilustra (Figura 6), se podían adquirir diez pieles de este apreciado roedor (de nombre científico Castor canadensis).


Figura 4.- Piel de castor, lista de precios de diferentes productos expresados en número de pieles de castor y “token” de la Compañía del Noroeste con la figura de un castor.



Figura 5.-
b y c: “Tokens” de plata con forma de castor; a: Token recortado en lámina y sin aspecto tridimensional; a: Token de cobre con forma de castor, detrás una imagen del libro de D. Taxay “Money of the American Indians” (1970).

            A pesar de su curioso aspecto (Figura 6), estos colgantes están realizados con una lámina de plata de peso y tamaño determinado (Figura 5a), sobre la que se han estampado diferentes marcas (nombre de la entidad emisora, localidad de la fabricación…) y cumplen una misión monetaria concreta no muy distinta de la que tienen las verdaderas monedas. En 1857 la Compañía emitió tokens (monedas locales) con valor de 1, ½, ¼ y 1/8 pieles de castor (Figura 3). No son estas las únicas “monedas” que se fabricaron relacionadas con el comercio de las pieles, la Compañía del Noroeste, que comenzó a funcionar en 1775 era la principal empresa competidora de la HBC, y en 1820 fabricó en Birmingham (Inglaterra) tokens con la figura de un castor (Figura 4).



Figura 6.- “Token” de plata con forma de castor.






miércoles, 15 de febrero de 2017

Cornados navarros del siglo XVI.

Cornados navarros del siglo XVI. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 58(1096) (Abril, 2002): pp. 42-43.

Miguel Ibáñez Artica.

La denominación de “cornado” se introdujo en Navarra durante el reinado de Blanca y Juan (1425-1441), sustituyendo al antiguo “carlín blanco”, o dinero carlín de mejor ley que circuló en tiempos de Carlos II y Carlos III (1350-1425). Se da la circunstancia de que mientras el término “cornado”, fue pronto incorporado a las nuevas ordenanzas de las emisiones monetarias (en 1428), durante algunos años se siguió utilizando el término de dinero negro o prieto, para denominar lo que después sería el medio cornado (a partir de 1432).

El término “cornado” fue introducido en Castilla en tiempos de Sancho IV (1286), para designar una monedita de vellón donde figuraba la cabeza del rey “coronado”, de donde surgió la forma sincopada de “cornado”. Sin embargo, cuando esta palabra pasó a Navarra, ya había cambiado la figura que aparecía en la moneda, y durante el siglo XV los cornados navarros presentaron en el anverso una corona o las iniciales del monarca (Juan II, Carlos, Príncipe de Viana, Francisco Febo) o de los monarcas (Juan y Blanca, Juan y Catalina) con una corona, mientras que los medios cornados presentaban similares características, diferenciándose en que las iniciales van sin coronar. Como dato curioso el 95% de los 180.000 cornados y la totalidad de los 27.000 medios cornados acuñados a nombre de Francisco Febo, fueron fabricados durante los tres años posteriores a su fallecimiento.


Figura 1.- Cornados navarros del siglo XVI.

Tras la ocupación de Navarra por Fernando el Católico, una de las primeras solicitudes presentadas al nuevo monarca, es la de acuñar cornados y medios cornados, ante la escasez de moneda menuda.  La petición se refuerza y  justifica (como suele ser costumbre) con argumentos singulares: “por no haver moneda menuda muchos cessan de dar limosna”. Se autoriza su acuñación hasta un valor de once mil libras, y estos nuevos cornados imitan a las blancas emitidas en Castilla a partir de la pragmática de Medina del Campo de 13 de junio de 1497. En el anverso presentan una letra F coronada y la leyenda: D:G:R:NAVARRE:ET:A, mientras que el reverso mantiene la cruz con círculos entre los brazos y la leyenda: SIT NOMEN DOMINI, divisa característica de la moneda navarra desde tiempos medievales (Figura 2.1). Las diferentes emisiones presentan leyendas más o menos expandidas o abreviadas.

Una variante de este cornado, que presenta sendos armiños a los lados de la letra F coronada, y con leyenda: FERDINANDVS:D:G:RX, ha sido atribuida a Carlos I (IV de Navarra) en base al estilo moderno de las letras que aparecen en las leyendas (Figura 2.2).

En algún momento del prolongado reinado de Carlos I (1516-1558) se cambia el tipo de cornado, introduciendo un nuevo modelo que lleva las columnas de Hércules y la leyenda PLVS VLTRA (Figura 2.3), divisa del monarca documentada desde 1519. La primera emisión de estos cornados presenta en el anverso la leyenda horizontal PLVS VLT (con distintas variantes y separación por las columnas en formas diferentes: PL-VS-VL; PL-SVL-T...). Una segunda emisión, presenta la leyenda circular, rota ahora por la corona que supera las columnas, y entre ellas una gran letra P (Figura 2.4). La leyenda unas veces comienza en el extremo superior de la columna derecha y en otros casos en el inferior de la columna de la izda. El reverso de estos tipos monetarios presenta una letra N sin coronar, generalmente franqueada de equis o círculos, dentro de una gráfila de puntos, y con leyenda exterior SIT NOMEN DOMIN. Estos tipos de cornados con columnas fueron descritos por Heiss (1869), y mientras el primero se atribuyó a Carlos I, en el segundo, la letra P se interpretó como inicial de Philipvs, atribuyéndose a Felipe II (IV de Navarra). En realidad hemos de interpretar esta inicial como la marca de ceca de Pamplona. Probablemente esta emisión, iniciada en tiempos del monarca Carlos I, se prolongó durante los primeros años del reinado de Felipe II, hasta que en la cortes de Sangüesa de 1561 se solicita al rey “que en los cornados que se batiesen de aquí en adelante en este Reino, en la parte de las columnas se ponga como antiguamente una Cruz, y de la otra parte una N y encima de ella una corona”. Como vemos, la petición fue aceptada y se acuñaron estas monedas (Figura 2.5)  que son descritas por vez primera por Vidal Quadras (1892 nº 7543-7).

 El nuevo modelo de cornado tiene una vida relatívamente efímera, acuñándose entre 1561 y 1574, hasta que el 23 de julio de este último año, se dicta un mandato real que describe los nuevos tipos de cornados que deben acuñarse en el reino de Navarra (Figura 2.6): “... que solamente se labren algunas blancas para suplir la presente necessidad, y que sean de buena ley, en las quallas no sera menester poner ningunas letras, sino en la una parte una cifra de mi nombre, conforme a la muestra que se os embia con esta, que es como se pone en las de aca, (se refiere a las blancas de Felipe II con monograma y castillo) y de la otra parte las cadenas de Navarra, como suelen ponerse. De Madrid a veynte y tres de julio de mil y quinientos y setenta y cuatro años. Yo el Rey. Por mandato de su Magestad Juan Vazquez.”. Con fecha 14 de agosto, el maestro Mayor de la Casa de la Moneda autoriza que puedan batirse hasta seiscientos ducados de cornados “que los dichos cornados que se hubieren de batir en este reino, assi al presente como para adelante, hasta que su Magestad otra cosa provea y mande, de la una parte tengan una cifra, que diga Philipus, con una corona encima y de la otra las cadenas de Navarra sin la corona, a imitación de los que se baten en Castilla”.

Vemos pues perfectamente identificados estos cornados o blancas que fueron emitidos a partir de 1574. En 1597 se concede permiso de acuñar quinientos ducados de cornados, con el fin de disponer de moneda para repartir limosnas y desterrar la mala moneda francesa, que ante la carencia de moneda menuda, se introducía en Navarra.


Figura 2.- Principales tipos de cornados navarros acuñados en el siglo XVI.

Con pequeñas variaciones (aparición de una corona sobre el escudo de las cadenas en tiempos de Felipe II, aparición de las letras “P” y “A” como marcas de la ceca de Pamplona en tiempos de Felipe IV...), este modelo de cornado se mantendrá vigente en Navarra hasta finales del s. XVIII.


Los cornados navarros del siglo XVI, circularon en abundancia no sólo en Navarra, sino también en los reinos vecinos, especialmente en Castilla. Así por ejemplo dentro de la vecina provincia de Guipúzcoa, encontramos 139 ejemplares en Guetaria, 82 en Oyarzun, 21 en San Sebastián, así como numerosas monedas dispersas procedentes de diferentes excavaciones arqueológicas. Conviene señalar la importancia de estas modestas moneditas en las transacciones cotidianas, pues servían para adquirir los productos de escaso valor (pan, leche, verduras, vino...) en los mercados, además de su utilización en el recurrido argumento tantas veces esgrimido para solicitar su acuñación: dar limosna a los pobres.