lunes, 15 de febrero de 2016

La teoría del "Comercio silencioso", realidad o mito.

La teoría del “Comercio silencioso”, realidad o mito. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 65(1175) (Junio, 2009): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.


            Durante muchos siglos, antes de la aparición de la moneda metálica en los siglos VIII-VII antes de nuestra Era en Asia Menor, existió un activo comercio interno e internacional, que en la actualidad nos resulta difícil comprender sin la utilización de la moneda económica convencional.

            El mejor exponente documentado de este comercio lo tenemos en los pueblos fenicios (Figura 1), experimentados navegantes que obtuvieron mediante el trueque grandes riquezas (oro, marfil, pieles...) a cambio de modestas mercancías (cerámicas, ungüentos, vino...). Este intercambio adoptaba una forma peculiar en el litoral atlántico africano descrita por Herodoto (IV,196) como “comercio silencioso”, en el cual los comerciante cartagineses depositaban sus productos en una playa cercana a un poblado, los nativos acudían y depositaban a su vez el oro, los cartagineses regresaban y si consideraban adecuada la cantidad dejada en contrapartida, los retiraban y se marchaban, pero en caso de considerarla insuficiente, no se recogía, retornando a sus naves a la espera de que los nativos incrementaran la cantidad depositada, y así hasta llegar a un acuerdo entre ambas partes. Este mecanismo se siguió empleando en África por parte de los comerciantes árabes para obtener oro durante la Edad Media, e incluso en tiempos posteriores (Bovill, 1929; Farias, 1974), también se ha descrito este tipo de “comercio silencioso” en China y entre los pueblos precolombinos (Chibchas colombianos, Perú...). La utilización frecuente de determinados lugares costeros donde se producía este intercambio, dio lugar a la aparición de los primitivos “emporios” o puertos comerciales, que según algunos autores, fueron los puntos clave del desarrollo de la economía mundial en la era precolonial, superando en importancia a los lugares de mercado (Polanyi, 1963).



Figura 1.- Las monedas fenicias frecuentemente presentan imágenes de embarcaciones.
a: Sidón, tetrashekel, s. IV a.C.; b: Biblos, dishekel, s. IV a.C.; c: Sidón, medio shekel, s.V a.C.


            La explicación de cómo se originó este peculiar mecanismo de intercambio “silencioso” es fácil de entender. En la relación del primer viaje en 1568 a las Islas Salomón (Pacífico Sur) del español Álvaro de Mendaña (Figura 2), tenemos un buen ejemplo de lo que ocurre cuando se ponen en contacto dos culturas completamente diferentes:

...vino al puerto, un tauriqui que se dice Bene, que tiene su asiento a la parte del poniente de esta isla, y estando yo oyendo misa en tierra, llegó con quince canaluchos llenos de gente, bien abastecidos de sus aras, y me envió un cuarto de carne humana, que parecía ser de muchacho, y con él unas raíces de binahu y me dijo en su lengua “Naleha” “naleha”, que quiere decir cómelo. Yo recibí el presente y me pesó mucho de que tuviesen en aquella tierra tan perniciosa costumbre.... y mandé hacer un hoyo a la lengua del agua y en presencia suya hice enterrar el cuarto y le dije en su lengua: “Teo naleha arra” que quiere decir “yo no lo como” a lo cual estuvo muy atento, y viendo que habíamos tenido en poco su presente, como hombres corridos o agraviados se echaron todos de pechos sobre los canaluchos y las cabezas bajas se hicieron a lo largo y se fueron

Saltando a tierra el general... los indios decían por señas a los nuestros que se volviesen, y viendo no querían, fue cosa notable de ver las bravuras que hicieron, visajes, temblores y revolcar y escarbar la arena con los pies y manos, irse a la mar, echar agua por alto y otros muy extraños ademanes... tiraron muchas piedras, diciendo mate, mate. Matamos algunos de ellos con los arcabuces, con que se retiraron


Figura 2.- El canibalismo fue práctica común en algunos pueblos de las islas del Pacífico hasta mediados del siglo veinte. Incluso existen postales “turísticas” de comienzos del siglo XX con las imágenes de estas prácticas.

            En el primer caso vemos como los nativos obsequian a los españoles con un suculento trozo de cuerpo humano, se trataba de un valioso y preciado regalo culinario en señal de bienvenida, lógicamente no fue interpretado así por los europeos, que no tenían precisamente los mismos gustos gastronómicos. En el segundo caso los indígenas confunden a los visitantes con los espíritus de antepasados (tamate) realizando una serie de rituales para alejarlos, el resultado es una matanza de indígenas por parte de los arcabuceros españoles. Estas anécdotas explicarían y justificarían el peculiar comportamiento del “comercio silencioso”, donde se evita el contacto personal y con ello posibles equívocos que fácilmente pueden desembocar en una tragedia.


Figura 3.- Representación de Álvaro de Mendaña en una moneda conmemorativa de las Islas Salomón, acuñada en 1991.


            La interpretación “comercial” de los primitivos intercambios, sirvió de base al establecimiento en el siglo XIX del modelo del “Homo oeconomicus”, sin embargo los recientes estudios antropológicos muestran una situación más compleja, donde el individualista “homo oeconomicus” es sustituido por un sofisticado sistema de relaciones sociales, donde se realizan intercambios de regalos (no de mercancías). Las principales diferencias entre el “comercio” y el “intercambio de regalos” pueden sintetizarse de la siguiente forma (según Van Baal, 1976):
 :
                        Comercio                                                       Intercambio de regalos

Se realiza entre “iguales” (igual rango social).                                             Los participantes no siempre son iguales.
Las relaciones sociales finalizan al terminar el intercambio.                    Las relaciones sociales se potencian tras el intercambio.
El objetivo son los bienes del otro.                                                                 El objetivo es el otro.
Los bienes intercambiados frecuentemente son poco valiosos.               Los bienes intercambiados frecuentemente son  valiosos.
No existe la obligación de comerciar o aceptar una oferta.                      Obligación de aceptar y realizar obsequios.
Contratos (relaciones comerciales) protegidos por la ley.                          Intercambio de regalos no protegido por la ley.
El comercio no establece un vínculo entre los participantes.                 Se establece un vínculo que convierte a los participantes     en socios.

Bibliografía:

Bovill, E.W., 1929. The Silent Trade of Wangara. J. Royal African Soc. 29(113): 27-38.
Farias, P.F. de Morais, 1974. Silent Trade: Myth and Historical Evidence. History in Africa I: 9-24.
Polanyi, K., 1963. Ports of Trade in Early Societies. The Journal of Economic History 23(1): 30-45.





lunes, 1 de febrero de 2016

Una especie en peligro de extinción representada en la moneda griega: la "foca monje".

Una especie en peligro de extinción representada en la moneda griega: La “foca monje”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1147) (Diciembre 2006): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.

            La polis griega de Focea, una de las doce ciudades Jonias situada en el golfo de Esmirna, hacia el siglo séptimo antes de nuestra Era, comenzó a desarrollar una estrategia expansionista enviando colonos, que se asentaron por todo el Mediterráneo, dando lugar a importantes ciudades como Ampurias o Marsella* (Figura 1).


Figura 1.- Colonias focenses del Mediterráneo.

            Focea fue fundada hacia el siglo VIII a.C. con los habitantes de la región periférica de la Fócida, expertos navegantes y constructores de barcos, perfeccionaron las técnicas de construcción naval utilizadas por los cretenses y después por los fenicios, y un siglo más tarde comenzaron a organizarse desde la ciudad numerosas expediciones con el fin de colonizar nuevas regiones. Según cuenta el historiador Herodoto, los focenses utilizaban enormes navíos de cincuenta remos, capaces de albergar cada uno unas quinientas personas, extendiendo así su influencia por todo el litoral mediterráneo, atravesando incluso el Estrecho de Gibraltar y penetrando por el valle del Guadalquivir hasta la mítica Tartesos. Fundaron tres colonias en el Mediterráneo Ibérico, Ampurias, Mainake (Málaga) y Hemeroskopeion, ubicada posiblemente en el Peñon de Ifac (Denia). Eran famosas sus espadas, escudos y armaduras de hierro, y también se da la circunstancia de que Focea fue la segunda ciudad en Grecia (después de Miletos) que acuñó moneda hacia el 630 a.C.

            Sin embargo, la independencia de la próspera ciudad duró poco, y cuando Ciro el Grande, rey de los persas, propuso la sumisión de las ciudades griegas del Asia Menor, solamente Miletos aceptó, en consecuencia, el general persa Arpagos fue destruyendo una por una las restantes ciudades, en el año 545 a.C. le tocó el turno a Focea que fue arrasada, si bien previamente sus habitantes habían huido en masa a las colonias de Masalia (la actual Marsella) y Alalia (actualmente Aleria en Córcega).

El emblema de la ciudad de Focea era la foca monje (de aquí viene precisamente la palabra “foca”), muy frecuente en aquella época en todas las costas del Mediterráneo, y así aparece representada en las raras monedas emitidas en la ciudad (Figura 2). Sin embargo las diferentes colonias que fueron fundando los griegos focenses se constituían como ciudades-estado independientes, aunque adoptasen muchas instituciones de la metrópoli, y también eligieron otros símbolos para sus monedas (el toro en Marsella, el pegaso en Ampurias...). Así, cuando la ciudad desapareció dramáticamente en el 545 a.C., se extinguió también la presencia simbólica de la foca en sus monedas.


Figura 2.- Estáteras y fracciónes de estátera de Focea, 600-520 a.C.

            Como si fuera un mal presagio, dos mil quinientos años más tarde, lo que está a punto de desaparecer es la foca del Mediterráneo o “foca monje”, de la cual quedan tan sólo unos pocos ejemplares en la actualidad, amenazados por las redes de los pescadores y la contaminación.

            Aunque la foca ha sido capturada por el hombre desde la antigüedad, para aprovechar su piel, su carne, la abundante grasa que servía para alimentar las lámparas de aceite y también con fines medicinales, para curar el insomnio (se pensaba que las focas eran muy dormilonas por naturaleza), y a pesar de que su población fue reducida drásticamente e tiempos del Imperio Romano y de ser también capturada durante la Edad Media, la expansión de la pesquería industrial y la contaminación generada a lo largo del siglo XX, están a punto de hacer desaparecer de la faz de la Tierra esta simpática especie de mamífero marino, de la que actualmente tan sólo quedan dos poblaciones importantes, una en el Mediterráneo oriental y otra en la costa atlántica del noroeste africano, que en la actualidad suman un total de 300 a 500 ejemplares.

            Su nombre científico es “Monachus monachus”, y llega a alcanzar los 2,4 metros de longitud con un peso que supera los 300 kilos (Figura 3). Esta singular especie ha sido expulsada por el hombre de sus lugares de cría y en la actualidad solamente se reproduce en apartadas y remotas islas deshabitadas. Tanto los machos como las hembras alcanzan su madurez sexual a los 5 o 6 años y las crías nacen entre septiembre y octubre, abandonan la lactancia materna a las 16 semanas para comenzar a alimentarse de peces y cefalópodos (pulpos), pudiendo alcanzar una longevidad de 30 a 40 años.


Figura 3.- Foca Monje o foca del Mediterráneo y distribución geográfica actual de la especie.

            La foca del Mediterráneo, además de aparecer representada en las antiguas monedas focenses, también figura en otras emisiones más modernas, como por ejemplo la de 100 escudos acuñada por el banco de Portugal en conmemoración de la “Expo 92” (Figura 4a), en la de un millón de liras de 1996 acuñada en Turquía (Figura 4b), en la moneda de 10 “lev” emitida en Bulgaria en 1999 (Figura 4c) y por último en la pieza de una libra de Chipre, fabricada en el año 2005 (Figura 4d).


Figura 4.-
a: Moneda portuguesa de 100 escudos de 1992; b: Moneda turca de un millón de liras de 1996; c: Moneda de 10 “lev” de Bulgaria, año 1999; d: Moneda de una libra de Chipre del 2005.


*Dominguez Monedero, A.J., 1985. Focea y sus colonias: a propósito de un reciente coloquio. Gerión. Revista de Historia Antigua 3: 357-377



viernes, 15 de enero de 2016

Imágenes de especies extinguidas en la moneda griega: El "silfio", una planta desaparecida en tiempos del emperador Nerón.

Imágenes de especies extinguidas en la moneda griega: El “silfio”, una planta desaparecida en tiempos del emperador Nerón. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1146) (Noviembre 2006): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

            En la Grecia Clásica era frecuente representar en las monedas numerosas y variadas especies de plantas y animales, unas veces reales, como leones, cabras, toros, delfines, palomas, liebres, águilas, cangrejos, etc... y otras fantásticos, como pegasos, grifos, quimeras, gorgonas, etc.... (Figura 1). En algunos casos los animales y plantas representados eran los símbolos totémicos de la ciudad, el ejemplo más conocido es la lechuza que simboliza a la diosa Atenea, patrona y protectora de la ciudad de Atenas, y cuya representación –junto con una rama de olivo-, es característica de las monedas atenienses, e incluso aparece en la actual moneda griega de un euro.


Figura 1.- Representaciones de animales reales o ficticios en monedas griegas.

            Una de las figuras más interesantes y curiosas que podemos encontrar en la numismática griega es la planta de silfio, que aparece en las monedas emitidas en la región de la Cirenaica (que se corresponde con la actual Libia, Figura 2).


Figura 2.- Mapa de la provincia Cirenaica según Ptolomeo, mosaico representando a Cirene en la fuente Castalia, ruinas de Cirene y tetradracma mostrando una cabeza de león, la planta de silfio y su semilla

            El silfio, conocido también como “laser” en la literatura clásica, era una planta extinguida del género “Ferula” perteneciente a la familia de las “Umbelíferas”, de aspecto similar al apio y con racimos de pequeñas flores amarillas, sus semillas tenían forma acorazonada y aparecen representadas en las primeras emisiones hacia el año 500 a.C.. Esta planta era muy valorada en la antigüedad clásica (“digna de su peso en denarios”), debido a que su raíz aromática y resinosa se usaba como alimento, como condimento y también por las propiedades medicinales de su jugo (denominado sirpe, laser o laserpicium) en remedios contra la tos, fiebre y dolores. El naturalista Plinio el Viejo le atribuye propiedades contra la lepra o la caída del cabello, así como antídoto contra algunos venenos, también se utilizaba como anticonceptivo, dado que posiblemente tenía propiedades abortivas.


Figura 3.- Antigua emisión de Cirenaica del 525-480 a.C.  donde se representa a la ninfa Cirene sentada mostrando la planta de silfio.

            Esta peculiar especie era en realidad un endemismo, que crecía exclusivamente en una reducida franja costera de la Cirenaica. Los griegos creían que esta planta era un regalo del dios Apolo, que había surgido tras una intensa lluvia que tuvo lugar en el siglo VII antes de nuestra Era, en las fechas de la fundación de la colonia griega de Cirene, que dio su nombre a la región circundante, sin embargo, existen evidencias de su utilización también en el antiguo Egipto.

            La economía de la región dependió durante mucho tiempo del comercio de esta preciada planta silvestre, y en el siglo primero antes de Cristo se realizaron en Roma grandes importaciones de este preciado vegetal, de forma que cuando el año 49 a.C Cesar vació el tesoro público de la ciudad, halló en él casi media tonelada de esta valiosa especie. Sin embargo, desgraciadamente, la planta de silfio no pudo cultivarse en suficiente cantidad, ni trasplantarse a otras regiones, de forma que este vegetal, considerado como “el más precioso regalo que la naturaleza ha dado al hombre”, en palabras del naturalista romano Plinio, terminó por desaparecer en el siglo primero de nuestra era, debido por una parte a la sobreexplotación, posiblemente también por la introducción de ganado en la zona, o por cambios en la climatología de la región.


Figura 4.- Diferentes formas de representar el Silfio en las acuñaciones griegas de Cirenaica. En las monedas de un dracma y hemidracma representadas, aparece una figura acorazonada que ha sido interpretada como la semilla de la planta.

            La última referencia que nos ha llegado del silfio, es la de un ejemplar que fue solemnemente presentado ante el emperador Nerón. Como podemos ver, ahora que está tan de moda la pérdida de biodiversidad y la extinción de especies, hace casi dos milenios ya se producían desapariciones de especies, algunas de gran importancia económica como el silfio.

            En tiempos de  Marco Gavius Apicio (siglo I de nuestra Era), autor del primer libro de recetas culinarias conocido “De re coquinaria”, esta especie estaba prácticamente extinguida y lo que se cita como silfio (libros III y IV.1) debe ser en realidad un sustituto, la gomorresina de una planta similar denominada “Ferula assafoetida” que crece en Persia y Armenia, de sabor amargo y desagradable olor (se la denomina vulgarmente “estiercol del diablo”), y que sin embargo era muy apreciada en la cocina romana, distinguiéndose el “laser parthicum” llamado también “laser syriacum” y el cirenaico, este último más antiguo y que fue progresivamente desplazado por el láser parto, más abundante y barato.
            La especie “Ferula assafoetida” (como su nombre científico indica) tiene un olor apestoso, pero en pequeñas cantidades actúa como potenciador del sabor de los alimentos, y todavía se comercializa en la India con la denominación de “hing”.


Figura 5.- Planta de “Ferula assaofoetida” y preparado comercial de la misma.




viernes, 1 de enero de 2016

Una moneda de un billón de marcos. La moneda inflacionaria.

Una moneda de un billón de marcos. La moneda inflacionaria. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 56(1075) (Mayo 2000): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.

Es normal que los estados modernos acuñen piezas de gran tamaño y valor, utilizadas más como objetos decorativos y de prestigio, que como medio de pago. Esta costumbre que se remonta a tiempos antiguos, fue revivida en la Edad Media con la acuñación de espectaculares monedas como la dobla de diez doblas acuñada en tiempos de Pedro I de Castilla, las monedas de 20 excelentes de los Reyes Católicos, y ya en época moderna, las impresionantes emisiones de cien ducados de oro emitidos en Zaragoza por Juana y Carlos I, el centén o cien escudos de oro de Felipe IV o los cincuentines de plata de Felipe III y Felipe IV.

Sin embargo, y aunque pudiera parecerlo, no es éste el caso de la moneda de un billón de marcos emitida en Alemania (concretamente en Westfalia) en 1923. Se trata del más claro ejemplo de un dramático proceso inflacionista, que desembocó en la total ruina económica del estado europeo, hasta hacía poco tiempo, más poderoso de Europa (Figura 1).


Figura 1.- Monedas y billetes inflacionarios alemanes de 1923 por valor de millones y billones de marcos.

La historia de una hiperinflación que aún causa asombro a los estudiosos e investigadores de la historia económica comienza tras el armisticio que pone fin a la primera guerra mundial. Si bien es cierto que el fenómeno de la inflación es algo muy antiguo, ya experimentado en el siglo III de nuestra Era con el hundimiento del sistema monetario romano, y posteriormente puesto de manifiesto primero durante la Edad Media con la moneda de Castilla (el maravedí) y en época moderna con la crisis del vellón castellano -experimentada durante la primera mitad del s. XVII- o con la inflación causada por los “asignados” emitidos en tiempos de la revolución francesa, nunca anteriormente había alcanzado el nivel que tuvo en la Alemania de postguerra.

Como referencia podemos dar unos datos de la cotización de un dólar americano en marcos alemanes durante este período:

Enero 1919                 1 dólar americano= 7,95 marcos alemanes
Junio 1919                  1 dólar americano= 13,32 marcos alemanes
Enero 1920                 1 dólar americano= 49,8 marcos alemanes
Junio 1920                  1 dólar americano= 39,25 marcos alemanes
Enero 1921                 1 dólar americano= 74,5 marcos alemanes
Junio 1921                  1 dólar americano= 63,37 marcos alemanes
Enero 1922                 1 dólar americano= 186,75 marcos alemanes
Junio 1922                  1 dólar americano= 7.650 marcos alemanes
Enero 1923                 1 dólar americano= 7.260 marcos alemanes
Junio 1923                  1 dólar americano= 7.650 marcos alemanes
Agosto 1923               1 dólar americano= 1.100.000 marcos alemanes
Septiembre 1923         1 dólar americano= 9.700.000 marcos alemanes
1 Octubre 1923                       1 dólar americano= 242.000.000 marcos alemanes
10 Octubre 1923         1 dólar americano= 2.975.000.000 marcos alemanes
19 Octubre 1923         1 dólar americano= 12.000.000.000 marcos alemanes
31 Octubre 1923         1 dólar americano= 72.500.000.000 marcos alemanes
1 Noviembre 1923      1 dólar americano= 130.000.000.000 marcos alemanes
10 Noviembre 1923    1 dólar americano= 630.000.000.000 marcos alemanes
20 Noviembre 1923    1 dólar americano= 4.200.000.000.000 marcos alemanes.

En esta tabla puede apreciarse cómo la crisis de la moneda alemana se acentuó durante la segunda mitad del año 1923, como consecuencia de la ocupación del Ruhr por Francia, y lo más angustioso para la población es que la subida de los precios iba paralela a la cotización del dólar. Evidentemente era imposible acuñar moneda a la velocidad requerida por este proceso hiperinflacionista, lo que se emitían eran billetes, para lo cual trabajaban día y noche 30 fábricas de papel y hasta 1.723 prensas, emitiéndose billetes por parte del Reichsbank (banco oficial) y por  comunidades y regiones que fabricaban frenéticamente billetes de emergencia.

En las fábricas los salarios se abonaban al día. A las once de la mañana, y sobre un camión cargado de billetes, el cajero leía los nombres de los operarios e iba arrojando paquetes de papel moneda con valores millonarios. Tan pronto se retiraba el dinero, los obreros se lo entregaban a sus familiares que esperaban en el exterior de la fábrica y acudían a las tiendas más próximas, a gastarlo inmediatamente, adquiriendo lo primero que encontraban, fuera lo que fuera. Un café que costaba cinco mil marcos, a los pocos minutos valía catorce mil, y una carretilla cargada de billetes apenas si servía para comprar el periódico (Figura 02).


Figura 02.- Imágenes de la época mostrando a un empleado municipal barriendo en las calles billetes de banco, y su uso como combustible en una estufa.

En este contexto es lógico que no se emitiera moneda metálica, y tan sólo se utilizaran billetes (más fáciles de fabricar). Excepcionalmente se acuñaron monedas con valores millonarios, si bien no llegaron a circular, como la de un billón de marcos (Figura 1), que en realidad en otoño de 1923 valía menos de 25 centavos de dólar.

Esta hiperinflación se dio también en Rusia, aunque por otros motivos, y tras la segunda guerra mundial, se repitió el proceso en algunos países como Hungría y Grecia. En tiempos más recientes muchos países (en Sudamérica: Bolivia, Perú, Nicaragua, Argentina....; en Europa los  países surgidos tras la desaparición de la antigua Yugoslavia y la Unión Soviética) han sufrido y todavía algunos sufren este demoledor proceso que desemboca inevitablemente en la ruina económica nacional. Sin embargo es esperanzador el ejemplo alemán, en el que tras el huracán inflacionista siguió el milagro del Marco-renta (Rentenmark) iniciado a finales de 1923, con una paridad de 1 rentenmark= mil millones de antiguos marcos, y que consiguió estabilizar la maltrecha economía alemana.

*Nota adicional: La política de recortes, mantenida por las autoridades europeas ante la última crisis económica, tiene su origen en la actitud de Alemania, contraria a la puesta en circulación de masa monetaria, por el recuerdo –aún vigente- de la grave crisis que provocó la hiperinflación de los años 20 del pasado siglo. Por el contrario, la respuesta de los Estados Unidos frente a la crisis de fabricar más moneda, ha permitido una rápida recuperación de su economía sin caer en la temida inflación.

Bibliografía reciente: A. Sferrazza (2016): “Money for nothing” ou quand l’argent ne vaut plus rien. Buletin Numismatique n. 149: pp. 22-26.



martes, 15 de diciembre de 2015

Constantino y el culto al "Sol Invicto", un preludio de la Navidad.

Constantino y el culto al “Sol Invicto”, un preludio de la Navidad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 61(1136) (Diciembre 2005): pp. 50-51.

Miguel Ibáñez Artica.




            Aunque la fecha real del nacimiento de Jesús puede remontarse hacia la primavera del año 5 antes de Cristo, la tradicional festividad navideña tiene un origen desconocido. A comienzos del siglo segundo, dentro de los diez primeros días de Enero se celebraban en la misma fecha, la Navidad, los Reyes Magos y el bautismo de Jesús, los armenios aún celebran la Natividad el seis de Enero.


Representación navideña en un códice medieval y en un jetón del siglo XVI.

            Su traslado a la fecha actual tuvo como finalidad contrarrestar la enorme popularidad del culto al “Sol Invicto” en tiempos del Emperador Constantino el Grande. Este culto al dios Sol, procedente de Siria, fue instaurado por Caracalla a comienzos del siglo tercero y aunque tras la violenta muerte del emperador Heliogábalo en el año 222 d.C. quedó prohibido, Aureliano (270-275) lo reinstauró de nuevo por motivos políticos, fijándose su aniversario el 25 de diciembre, día natalicio de las divinidades solares orientales.

            La fecha no es casual, tras el solsticio de Invierno, los días comienzan a alargarse, tras un período de reducción que se inicia a partir del 24 de Junio. Es como si por fin el sol triunfase sobre la oscuridad, un “sol invencible” adorado como un dios. Curiosamente el emperador Constantino I (306-337) que oficializó el cristianismo en Roma, acuñó una gran cantidad de monedas con la figura del “sol invicto”, deidad que en esta época tenía una gran importancia en Roma (Figura 1). Tras la adopción del cristianismo se trasladó la fiesta de la Navidad (nacimiento del Niño Dios) al mismo día que se celebraba el rito pagano del nacimiento del sol, el 25 de diciembre y de esta forma, aunque con un cambio en la divinidad a la que se rendía culto, se conservaba la tradición popular de la fecha de la celebración. También hasta esas fechas, el día semanal de descanso para los cristianos seguía siendo -según la tradición judía-, el sábado, pero el edicto de Constantino en el año 321 d.C. trasladó esta festividad al Día del Sol (el domingo-“Sunday”).


Figura 1.- Tesorillo de monedas de Constantino I, representando la figura del “Sol Invicto”.

            Se ha exagerado el papel de Constantino como introductor del cristianismo. En realidad su predisposición y tolerancia hacia la nueva religión era interesada, los cristianos eran numerosos y Constantino los necesitaba para combatir a Majencio en su lucha por el Imperio. En el año 312 d.C., Majencio fue aniquilado en la batalla de Puente Milvio, y la tradición señala que, inmediatamente antes de la mencionada batalla, Constantino tuvo la visión de una cruz luminosa pendiendo en el cielo. A partir de aquí se ha venido aceptando que el emperador convirtió el Imperio Romano al cristianismo, sin embargo esto no es lo que nos transmite la numismática, que nos muestra solamente representaciones de dioses paganos (Júpiter y el Sol) en sus monedas (Figura 1). De hecho en el arco triunfal que el senado construyó en el coliseo para celebrar la victoria de Constantino, la inscripción señala que la victoria de debió a la mano de la deidad, pero del dios “Sol Invicto” del que Constantino fue durante toda su vida su Sacerdote Supremo. El emperador fue finalmente bautizado el año 337 en su lecho de muerte, tal vez imposibilitado para negarse a ello.

            El culto al Sol Invicto era esencialmente monoteísta,  asumía que el dios sol era la suma de los atributos de todos los otros dioses, así de forma pacífica, asimiló a todos sus posibles competidores, además armonizaba convenientemente con el culto de Mitra, muy popular en el Imperio Romano en esa época y que también incluía la adoración del sol. Dentro de la política de Constantino de conseguir la unidad política, territorial y religiosa del extenso y  diverso Imperio Romano, una religión estatal que aglutinara a todos los cultos era en esos momentos la más conveniente, y fue precisamente bajo los auspicios del “Sol Invicto” como el cristianismo consolidó su implantación. Las tres religiones más populares en esa época (Sol, Mitra y Cristianismo), finalmente acabaron confluyendo en una sola, el cristianismo (Figura 2).


Figura 2.- Las tres religiones monoteístas del Imperio Romano: Mitra, el Sol Invicto y el Cristianismo.

            Constantino construía al mismo tiempo iglesias cristianas y estatuas a la diosa Cibeles y al Sol Invicto, en este caso con las facciones del propio emperador. La fe era para el emperador estrictamente una cuestión de estado, y cualquier religión que condujera a la unidad era tratada con preferencia. Así convocó el Concilio de Nicea el año 325 donde quedaron establecidas las reglas de la Iglesia y se decidió por mayoría que Jesús era Dios y no un simple profeta mortal, tal como sostenía el arrianismo.

            Si bien lo más frecuente en las emisiones monetarias del emperador Constantino es que aparezcan representados dioses paganos, ocasionalmente muestran símbolos cristianos asociados a la figura del emperador, como por ejemplo en una temprana moneda de plata acuñada en la ceca de Ticinum (Pavía, Italia. R.I.C.VII, 36) donde aparece el busto del emperador con escudo, cota y casco adornado por un pequeño cristrograma, detalle que se repite en un pequeño “nummus” de Siscia (Croacia; R.I.C.VII, 95). Resulta curioso que en todos los casos el elemento cristiano aparezca asociado a una imagen del emperador fuertemente armado con casco, coraza, escudo y lanza. Posiblemente Constantino utilizaba el crismón como elemento decorativo en su armadura y así es como figura también en las escasas monedas donde aparece el símbolo cristiano.

            La primera cruz cristiana claramente representada en una moneda aparece en una tardía emisión del tipo de los “dos soldados” (leyenda “GLORIA EXERCITVS”) acuñada en Aquileia (Italia) y que puede datarse entre los años 334-5 (R.I.C. VII ns. 124-7). Su presencia parece responder más a una concesión a los encargados monetarios de la ciudad, probablemente cristianos, que a una intencionalidad explícita del Emperador en representar la cruz en sus monedas (Figura 3).


Figura 3.- Medio centenonial de Constantino I. Ceca de Aquileia (334-335 d.C.). Al fondo una representación pictórica renacentista de la victoria de Constantino en el Puente Milvio.
Reverso: GLORIA EXERCITVS, dos soldados enfrentados, dos estandartes y entre ellos la cruz | AQS en exergo (RIC VII 124).

            Los símbolos cristianos aparecerán de forma inequívoca algo más tarde, en algunas monedas de oro y plata acuñadas por sus hijos Constante (337-350 d.C.) y Constancio II (337-361), en las que la figura del emperador porta un estandarte con el crismón (símbolo cristiano). En cuanto a las pequeñas monedas de bronce, Constante acuñó en la ceca de Siscia una emisión del tipo de “dos soldados” en cuyo reverso aparece en forma destacada la figura del crismón en el estandarte central que portan los soldados (Figura 4). Aparte de estas apariciones relativamente puntuales, es a partir de Teodosio I (379-395) cuando las representaciones monetarias se “cristianizan”, dentro de una política general de supresión del tradicional paganismo y afirmación de la religión cristiana, y donde las monedas, además de su función económica, servían como elementos de propaganda política del Estado (en este caso lo político y lo religioso se encuentran fuertemente entremezclados).


Figura 4.- Monedas de Constante con estandarte donde figura el símbolo cristiano.


martes, 1 de diciembre de 2015

Los primeros "tokens" y el origen de la escritura.

Los primeros “tokens” y el origen de la escritura. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1138) (Febrero 2006): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.

            El término anglosajón “token” describe cualquier tipo de ficha utilizada con fines contables, monetarios, propagandísticos o de celebración de algún acontecimiento especial (bodas, comuniones, bautizos…). La palabra deriva del vocablo anglo-sajón “tacen” = símbolo o signo, y aunque podría considerarse sinónimo del término francés “jetón” o del español “ficha”, en inglés presenta un significado algo más amplio, de forma que se aplica tanto a objetos monetiformes como a otros de aspecto muy variado, como por ejemplo los “slave tokens” (tokens de esclavos), como suele designarse a las “manillas”, objetos de latón con aspecto de pulsera fabricados en Europa y utilizados como moneda para la compra de esclavos en las costas africanas(1).

            La historia de estas “fichas”, “tokens” o “jetones” resulta particularmente interesante ya que constituyeron los cimientos de lo que más tarde se convertiría en la escritura. Los primeros “tokens” fueron fabricados por el hombre con la finalidad de conservar la información de sus posesiones (aceite, grano o ganado), y surgieron hacia el año 8.000 antes de nuestra Era en la antigua civilización Sumeria. Eran pequeñas fichas o tokens de arcilla de uno a dos centímetros de tamaño, cónicas, cilíndricas, esferas o discos planos, con forma de animales, etc…(Figura 1).


Figura 1.- Diferentes tipos de “tokens” sumerios.

Cada tipo tenía un significado concreto, cada token constituía un ideograma que simbolizaba una determinada mercancía, por ejemplo, un disco con una línea incisa representaba una medida de miel, con dos líneas en forma de cruz, una jarra de aceite, conos y esferas simbolizaban diferentes unidades de cereal, etc…. Estos pequeños objetos tenían una función contable, sirviendo exclusivamente para conservar la información de los bienes acumulados en palacios y templos, y su uso era un instrumento de poder de la élite que controlaba los bienes reales (Schmandt-Besserat, 1992). En una primera fase que coincide con los inicios de la “revolución neolítica” (entre el 8.000 y el 7.500 a.C.) se utilizaron solamente tokens planos y sencillos, mientras algo más tarde, hacia el cuarto milenio antes de nuestra Era, surgieron tokens más complejos coincidiendo con un incipiente desarrollo urbano (Schmandt-Besserat, op. cit.) (2).

            Este primitivo sistema de tokens constituyó un verdadero medio de comunicación, cada elemento constituía un ideograma o singo para representar un concepto o una unidad de mercancías, de hecho constituyen el primer código no verbal inventado por el hombre para transmitir información económica (Schmandt-Besserat, 1999). Un hecho que puede resultar significativo es que en algunos casos, se han encontrado estos tokens en depósitos funerarios del sexto milenio antes de nuestra Era, lo cual parece conferirles un valor simbólico. El difunto era enterrado junto con los símbolos de sus posesiones o con ofrendas simbólicas  (ganado, cereal, aceite…). 

            Los tokens se guardaban dentro de una especie de hucha esférica de arcilla (Figura 2), y el sistema tenía el inconveniente de que cada vez que era necesario realizar una comprobación, era preciso romper el recipiente para contar los tokens contenidos en su interior, por este motivo el primer paso, fue marcar sobre la superficie de estos recipientes las figuras de los tokens contenidos en cada uno de ellos. La operación era muy sencilla y consistía en utilizar los mismos tokens como sellos, dejando en la pared exterior de las vasijas usadas como huchas, la impronta o marca impresa con su forma. Estos recipientes se dejaban secar sin cocer, de forma que podían romperse con facilidad para comprobar su contenido. Pronto se cayó en la cuenta de que este sistema permitía prescindir de los tokens, ya que bastaba con marcar la impronta de los tokens sobre una superficie de arcilla para conservar la misma información que contenían las huchas y de esta forma surgieron los primeros registros escritos.


Figura 2.- Cápsulas (“huchas”) y tokens contenidos en ellas, procedentes de las excavaciones      de la ciudad sumeria de Uruk (Irak).

            En el cuarto milenio antes de nuestra Era, en la ciudad sumeria de Uruk se llegaron a utilizar hasta 250 tipos diferentes de tokens que simbolizaban, además de los productos agrícolas y ganaderos, representaciones de textiles, perfumes, herramientas, vestidos, joyas, mobiliario, etc…

            Se da la circunstancia de que el hombre descubrió antes el cálculo que la escritura, y de hecho la primera forma de escritura cuneiforme se utilizó precisamente para llevar un registro de los tokens que se guardaban en pequeñas huchas de barro, y hacia el año 3.300 antes de nuestra Era, finalmente las pequeñas tablillas de arcilla con unos signos grabados sustituyeron a los tokens utilizados para contar (Figura 3). ¡Había nacido la escritura! Todavía se siguieron utilizando las pequeñas fichas de arcilla durante medio milenio, hasta que fueron definitivamente sustituidas por los registros impresos en tablillas hacia el año 2.700 a.C. Progresivamente la escritura cuneiforme se hizo fonética surgiendo palabras monosilábicas y finalmente la invención del alfabeto hacia el 1.500 a.C. culminó el largo proceso de creación de la escritura tal y como la conocemos.


Figura 3.- Tablillas de arcilla con inscripciones de los tokens, antecedentes inmediatos de la escritura cuneiforme (Irán).

Bibliografía:
Schmandt-Besserat, D., 1992.
Before Writing. Vol. I: From Counting to Cuneiform. Austin Texas. Univ. Press.

Schmandt-Besserat, D., 1999.
Tokens: The cognitive significance. Documenta Praehistorica. Vol. XXVI.

Notas:

(1) Ver artículo sobre “Manillas y calderos utilizados como moneda” en el Eco Numismático y Filatélico de Diciembre del 2004.


(2) Varios milenios más tarde, en la Edad Media, se volvieron a fabricar “jetones” o fichas con aspecto de monedas, cuya función era en este caso la de realizar operaciones aritméticas, colocando estas fichas sobre una tabla de madera provista de unas líneas o cuadrículas. En este caso los jetones representaban o simbolizaban a las monedas.