domingo, 1 de marzo de 2026

Los cien escudos de oro de 1609. Moneda “de Prestigio” y una de las joyas de la numismática española y mundial.

 

Los cien escudos de oro de 1609. Moneda “de Prestigio” y una de las joyas de la numismática española y mundial. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81 (1356) (Diciembre, 2025): pp. 44-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

            La reciente subasta de un “centén” o moneda española de cien escudos de oro constituye un gran acontecimiento numismático, y nos motiva a tratar el tema de las “monedas de prestigio”, acuñadas sobre todo en la Era Moderna para resaltar el poder y riqueza del monarca que las emite.

            La moneda, además de su misión fundamental de dar soporte al sistema económico, presenta también una función propagandística de la autoridad responsable de su fabricación. La primera acción de los emperadores romanos al llegar al poder era precisamente  la de batir moneda nueva con su efigie, que era rápidamente distribuida por todo el Imperio como instrumento publicitario, con el fin de dar a conocer al pueblo el nuevo mandatario en el poder, y se da la circunstancia de que conocemos algunos personajes, usurpadores que ocuparon el trono de forma muy efímera, tan solo por las monedas que emitieron, sin que haya quedado constancia de su existencia en la historiografía posterior.

            En ocasiones excepcionales también se acuñaban valiosas monedas en metales preciosos de gran tamaño y peso, que no tenían una función económica, sino que cumplían la misión de ser objetos de regalo y obsequio por parte del monarca a sus más fieles aliados. Esta costumbre queda reflejada por ejemplo en la Gran dobla de oro de Pedro I “el Cruel” (Fig. 2a) con valor de 10 doblas, acuñada en Sevilla en 1360 (en el reveso de la moneda figura el año MCCCLXXXXVIII de la Era Hispánica), utilizada como obsequio del monarca castellano a los señores que le apoyaron en el enfrentamiento con su hermanastro Enrique de Trastámara (1).

Figura 1.- Monedas de 20 excelentes de los Reyes Católicos y centén de Felipe IV expuestas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

 

            Otra excepcional moneda es la de veinte excelentes de oro emitida por los Reyes Católicos (Fig. 2b) que si bien tiene menor módulo que la pieza anterior (52 mm frente a los 68 mm de la gran dobla de Pedro I), al ser más gruesa, presenta un peso muy superior (70 gramos frente a los 45 gramos de la gran dobla) (2).

            Estas dos espectaculares monedas pueden verse en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (Fig. 1).

            Por último y ya en época moderna encontramos la moneda de cien ducados zaragozanos emitidos en 1528 para conmemorar el juramento como rey de Aragón de Carlos I (Fig. 2c). Esta espectacular moneda, de la que tan solo se conoce el ejemplar conservado en el Gabinete de monedas y medallas de la Biblioteca Nacional de París, presenta un diámetro de 82 mm y tiene un peso de 350 gramos.

 

Figura 2.- Monedas de prestigio; a: Gran dobla de Pedro I “el Cruel” (1350-1369); b: Veinte excelentes de los Reyes Católicos (1497-1504); c: Cien ducados zaragozanos de Carlos y Juana (1528).

 

Los Centenes de oro de Felipe III y Felipe IV.

            Durante la primera mitad del siglo XVII se acuñaron las dos monedas de prestigio más espectaculares de la numismática española, los centenes segovianos o monedas de cien escudos de oro con un módulo de 75,5 mm y un peso de 338 gramos.

            La primera emisión fue realizada en 1609 bajo el reinado de Felipe III (Fig. 3a) y la segunda en 1633 bajo el mandato de Felipe IV (Fig. 3b). En ambos casos la función de estas monedas era la de servir como regalo u obsequio a destacados personajes de la nobleza castellana o a embajadores de otros países, como ostentación del poder del monarca español (3).

Figura 3.- Monedas de cien escudos de oro denominadas “centén”; a: a nombre de Felipe III (1609); b: a nombre de Felipe IV (1633).

 

            El “pedigri” de los Centenes.

            En monedas tan especiales y únicas como estas emisiones de oro, conviene tener muy en cuenta el “pedigrí” de las mismas, es decir el historial de sus antiguos propietarios. Pon ejemplo, el centén de 1633 que puede verse en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (Figs. 1 y 3b) perteneció en el siglo dieciocho a la colección de Tomás Francisco Prieto, grabador de la Casa de la Moneda, pasando en 1842 a formar parte de la colección del Museo de Medallas de la Biblioteca Nacional, y en 1867 fue transferido al Museo Arqueológico Nacional donde se encuentra en la actualidad.

            Más reducido es el “curriculum” del centén de Felipe III de 1609 recientemente subastado en Suiza y que formó parte de la colección “Caballero de Yndias”, un emigrante vasco coleccionista de monedas de oro españolas, que hizo su fortuna en Cuba, y que a lo largo de su vida consiguió reunir 2.200 piezas entre las que figuraban los dos centenes existentes, el de 1609 y el de 1633.

            Esta impresionante colección fue subastada por sus herederos en la prestigiosa casa Aureo & Calico de Barcelona en octubre del año 2009, y el centén de 1609, único conocido hasta la fecha, se adjudicó al precio de salida en 800.000 euros, mientras que el de 1633, del que se conoce la existencia de cuatro ejemplares (incluyendo el del MAN) se quedó en “tan solo” 500.000 euros.

            Se da la circunstancia de que en esos momentos el País estaba sumido en lo más profundo de la crisis financiera del 2008, y por este motivo el Ministerio de Cultura no participó en la puja. Cuando apareció el centén segoviano de 1609, uno solo de los doscientos asistentes en la sala de subastas participó en la puja, y al no recibirse ninguna contraoferta, fue adjudicado a un comerciante centroeuropeo, quien no pudo disimular su asombro al ver que nadie más pujaba por esta extraordinaria pieza, que finalmente se vendió por el precio de salida.

            Esta es la misma moneda que ahora ha salido nuevamente a subasta en la casa suiza “Numismatica Genevensis S.A.” con un precio de salida de dos millones de euros, muy superior al que tuvo hace dieciséis años cuando se adjudicó por primera vez.

Otras monedas españolas de prestigio del siglo XVII. Los cincuentines de plata.

            Además de los espectaculares “centenes” de oro, durante todo el siglo diecisiete se acuñaron otras prestigiosas monedas de plata con un valor de 50 reales. Estas piezas fueron emitidas durante los reinados de Felipe III (1578-1621), Felipe IV (1605-1665) y Carlos II (1661-1700), en el Real Ingenio de la Moneda de Segovia (Figs. 4 y 6c), única ceca dotada de la maquinaria necesaria para acuñar con calidad monedas de semejantes dimensiones (las grandes prensas hidráulicas de rodillo instaladas por Felipe II).

Figura 4.- Real Casa de la Moneda de Segovia, antes y después de su restauración.

 

            A diferencia de los centenes de oro, emitidos exclusivamente para uso del rey, los cincuentines podían ser acuñados por los nobles, previa autorización real. Por ejemplo  a través de la documentación del Archivo General de Simancas, conocemos que en 1626 el Marqués de Eliche obtuvo licencia para fabricar 300 cincuentines en la ceca de Segovia.

            Estas monedas especiales, utilizadas para obsequiar a personajes ilustres se acuñaron en Segovia en cantidades reducidas al menos durante los años 1609, 1610, 1613, 1614, 1617, 1618, 1620, 1622, 1623, 1626, 1628, 1631, 1632, 1633, 1635, 1636, 1651, 1652, 1659 y 1682 (Figs. 5a-c). 

Figura 5.- Monedas de cincuenta reales de plata denominadas “cincuentines”. 

a y b: Cincuentines segovianos de Felipe III de 1613 y 1620; c: Cincuentín segoviano de Felipe IV de 1631; d: Cincuentín navarro de Felipe IV (VI de Navarra) de 1652.

 

El cincuentín más especial es el fabricado en Pamplona en 1652 (Fig.5d), justo tras la reapertura de la ceca a partir del denominado “escándalo de Potosí”(4), en este contexto se emitió en 1652 el cincuentín navarro, del que se conserva la “pila” o cuño de anverso en el Museo de Navarra (Fig. 6a). Sin embargo el tamaño de la pieza haría muy difícil su acuñación “a martillo” y probablemente se fabricaron mediante fusión en molde.

Figura 6.- a: “Pila” o cuño de anverso del cincuentín navarro acuñado “a martillo”; b: Rodillo utilizado para acuñar un cincuentín segoviano utilizando la presión hidráulica del “Ingenio” de Segovia.

 

 

Notas:

 

(1) La función de estas monedas como objetos valiosos coleccionables queda de manifiesto en un documento conservado en el Archivo General de Navarra, donde Carlos II “el Malo” adquiere una Gran dobla acuñada por Pedro I en Sevilla como regalo navideño (en 1383/4) para su hijo, el futuro monarca navarro Carlos III “el Noble”, coleccionista de monedas y que transmitió su afición numismática a su nieto, Carlos Príncipe de Viana (Ibáñez, 1996).

 

(2) Existen también otras espectaculares monedas como la de  cincuenta y veinte doblas de Juan II de Castilla (1406-1454) y la de 50 enriques de oro de Enrique IV (1454-1475) que ya fueron descritas por Aloiss Heiss en 1865 (pp. 91 & 100; lams.11,1 & 13,1), y en la colección de Vidal Quadras figura una pieza, ensayo de una moneda de 50 excelentes de los Reyes Católicos (Vidal Quadras, 1892: p. 137/7; lám. 21, 3).

 

(3) Se da la paradoja de que durante el siglo XVII y mientras se acuñan estas espectaculares monedas de oro de cien escudos y las de 50 reales de plata, se producen varias crisis económicas que obligan a resellar la moneda de vellón para hacer frente a la urgente necesidades de numerario, necesario para financiar la guerra de Flandes, lo que provoca una subida de los precios de los alimentos básicos que experimentan una fuerte inflación.

 

(4) Durante la década de 1640 se produjo un complot en el que los operarios de la ceca de Potosí, compinchados con los proveedores de plata y las autoridades locales, fabricaron la moneda de plata con una ley muy inferior a la legalmente establecida, obteniendo pingües ganancias con el fraude. Descubierto el engaño, culminó a comienzos de 1650 con el ajusticiamiento del maestro de la ceca  Francisco Gómez de la Rocha, y el ensayador de la Casa de la Moneda de Potosí, Felipe Ramírez de Arellano, dándose instrucciones para que las casas de moneda peninsulares (Valladolid, Burgos, Cuenca, Zaragoza, Granada y Pamplona) recogieran las piezas potosinas para ser fundidas y nuevamente acuñadas según la ley y peso establecidos

 

 

 

Bibliografía:

 

Heiss, A. 1865. Descripción general de las monedas hispano-cristianas desde la invasión de los árabes. Tomo I: 435 pp. + 70 lám.

 

Ibáñez, M., 1996.

Una Dobla de diez doblas de Pedro I de Castilla en la documentación navarra del s. XIV. Boletín del Museo Arqueológico Nacional  XIV: pp. 111-113.

 

Roma, A. 2010. Doblas mayores castellanas. Omni 2: pp. 66-69.

 

Vidal Quadras, M., 1892. Catálogo de la colección de monedas y medallas de Manuel Vidal Quadras y Ramón de Barcelona. Vol. II. Barcelona: 444 pp. + 47 lám.

 

VVAA, 1999. Las 100 mejores piezas del Monetario del Museo Arqueológico Nacional. Real Academia de la Historia y Museo Arqueológico Nacional, Madrid: 214 pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

“Post Scriptum”

El centén segoviano de 1609 se subastó el día 24 de noviembre del 2025 en la casa “Numismatica Genevensis” de Suiza, alcanzando los 2,4 millones de euros (que sumadas tasas y comisiones ascienden a tres millones de euros).