viernes, 6 de febrero de 2015

La fecha en las monedas.

La fecha en las monedas. Artículos publicados en: Eco Filatélico y Numismático 67(1200) (Octubre 2011): pp. 40-41 & Eco Filatélico y Numismático 68(1206) (Abril 2012): pp. 42-43


Miguel Ibáñez Artica

Uno de los principales problemas que presenta la datación de las monedas emitidas en el transcurso de las Edades Antigua y Media, es que no presentan la fecha de acuñación. En algunos casos puede determinarse su cronología a partir de la autoridad emisora, ocasionalmente con gran precisión, cuando en la moneda aparecen datos relativos a acontecimientos históricos precisos y bien conocidos (año de las Olimpiadas: Figura 1, año de consulado, referencia a algún hecho relevante….). Otras veces la datación puede establecerse de forma más o menos precisa a partir de ciertos aspectos metrológicos o metalográficos (series monetales ibéricas). Aunque los arqueólogos suelen utilizar las monedas para fijar la fecha de los yacimientos excavados, en ocasiones ocurre lo contrario, es la datación del yacimiento mediante métodos directos (radioisótopos, termoluminiscencia de cerámicas, dendrocronología…) lo que nos puede aportar una valiosa información sobre la cronología de determinadas emisiones (antiguas monedas griegas de Delfos, tipos inmovilizados como las emisiones de Alfonso “el Batallador” realizadas en Toledo…).


Figura 1.- Estátera acuñada para la olimpiada nº 110 (340 a.C.)

Otra valiosa fuente de información para conocer el año de emisión de algunas monedas medievales, es el estudio de la documentación conservada. En las órdenes de acuñación a veces se especifica la señal o marca secreta que deben llevar las monedas (para poder ser diferenciadas de otras emisiones, especialmente cuando se producían modificaciones en la ley de las mismas). Estos datos, cuando se conocen, nos permiten asignar con cierta precisión las fechas de acuñación, tal como ocurre con muchas monedas reales francesas emitidas entre los siglos XIII y XV, a partir de la monumental recopilación de documentos realizada a finales del siglo XIX por el naturalista, militar y arqueólogo francés Félicien de Saulcy(1). Desgraciadamente, las guerras, incendios y el paso del tiempo, han destruido la mayoría de los archivos donde se conservaba esta valiosa información. Un curioso ejemplo de este problema lo contaba el profesor Earl Jefferson Hamilton (1899-1989), cuando consultaba documentación medieval en un convento de Valencia para la elaboración de su libro “Money, prices and wages in Valencia, Aragon and Navarra, 1351-1500”, justo al finalizar su recopilación, entraron en el mismo los milicianos republicanos y quemaron el monasterio(2).

A diferencia de las emisiones en el mundo islámico, donde muchas monedas exhiben el año de acuñación, e incluso el mes (según el cómputo de la Hégira), las de los reinos cristianos carecen de fecha. Una de las primeras emisiones de los reinos cristianos peninsulares (tal vez la primera) tuvo lugar inmediatamente después de que Alfonso VI conquistara Toledo en mayo del año 1085, emitiéndose en la ceca de la ciudad dirhems ese mismo año y el siguiente. Estas monedas presentan la cronología según la Hégira y se trata de auténticas monedas hispano musulmanas que son consideradas como tales en los tratados de numismática.

Sin embargo, dentro de las emisiones cristianas medievales existen dos importantes excepciones donde aparece con claridad el año de acuñación, la primera está formada por dineros y óbolos de Alfonso VIII fabricados en Toledo, que llevan en números romanos el año de acuñación: MCCIIII de la Era Hispánica(3), que correspondería con el año 1166 de nuestra Era (Figura 2a). Curiosamente, el árbol crucífero que aparece en una de las caras de la moneda, es muy parecido al que en esas fechas figuraba en las monedas navarras de Sancho VI “el Sabio”.


Figura 2.- Primeras monedas medievales cristianas donde figura el año de emisión.
a.- Alfonso VIII (1158-1214 d.C.). Dinero (1.08 g). de la ceca de Toledo. Fechado en el 1204 de la Era de Safar (1166 d.C.).
b.- Dinero de Roskilde (Dinamarca) fechado el año 1234.

Esta excepcional moneda presenta la fecha de su fabricación siguiendo los modelos islámicos, pero con una cronología típicamente mozárabe (la Era de Safar o Hispánica),  y aunque fracasó en su intento de introducir la fecha de emisión en la moneda de vellón, unos pocos años más tarde el mismo monarca castellano Alfonso VIII comenzó a emitir, esta vez con gran éxito, imitaciones de la moneda de oro musulmana, los denominados “morabetinos alfonsinos” o “de la cruz”, que presentan también la fecha de acuñación según la era de Safar, pero en escritura árabe, siguiendo los patrones  metrológicos e iconográficos de la moneda de oro musulmana de la época (Figura 3).


Figura 3.- Morabetinos alfonsinos cristianos de Alfonso VIII, fechados en árabe en la Era de Safar o Hispánica.


También encontramos dirhems acuñados por los cruzados entre 1251 y 1253 que llevan la leyenda en caracteres cúficos “Acuñado en Acre el año mil y doscientos y uno y cincuenta de la Encarnación” o  “Acuñado en Damasco el año mil y doscientos y tres y cincuenta”.

Paradójicamente, la primera mención monetaria a la cronología cristiana actual (Anno Domini) aparece en caracteres árabes en la Sicilia Normanda el año 1198, también como imitación de la moneda islámica. La primera moneda que presenta el año de la Era del Nacimiento de Cristo en cifras romanas es otra rara emisión danesa fechada en el año 1234, de un penique, del que tan solo se conocen siete ejemplares y que presenta la leyenda de anverso: “ANNO:DOMINI”, y en el reverso: “M:CC:XXX:IIII” (Figura 2b). A pesar de que esta moneda no lleva indicación del lugar donde fue acuñada, se atribuye a Roskilde, ciudad danesa ubicada en la isla de Selandia y que fue capital del país hasta que en 1400, se trasladó a Copenhague. El dato más importante para asignar esta atribución es el hallazgo en 1959, de dos de estas raras monedas en la iglesia de Roskilde. Según esta teoría, las monedas habrían sido acuñadas cuando Niels Stigsen era obispo, y probablemente canciller. En esta época el monarca obtenía las dos terceras partes del beneficio de la acuñación de moneda, y el obispo el tercio restante, y tal vez algún acontecimiento provocara la excepcional inclusión de la fecha de acuñación en la moneda.


La fecha con números arábigos en las monedas.

            El conocimiento de las primeras monedas datadas en Europa, surge de mano del coleccionismo numismático en 1914 con la publicación de Albert R. Frey (presidente de la ANA entre 1905 y 1908) de la obra titulada “The dated European coinage prior to 1501, y el trabajo queda ampliado y actualizado en fecha reciente (2007) con la aparición del libro de Robert A. Levinson: “The Early Dated Coins of Europe, 1234-1500. Coin & Currency Institute: 279 pp., imprescindible referencia para el coleccionismo de las primitivas monedas europeas que presentan fecha de acuñación.


Figura 4.- Monedas medievales con fecha.
a.- Grueso tornés de Aquisgrán (Alemania), fechado con numeración romana en 1374.
b.- Moneda de plata de San Galo (St. Gallen, Suiza) de 1424, primera moneda conocida que presenta el año en numeración arábiga.

            Sin contar algunas esporádicas excepciones, ya comentadas en un artículo anterior, es a partir del  último cuarto del siglo catorce, cuando comienza a aparecer el año de emisión (en cifras romanas) en las monedas cristianas; a esta época pertenecen, apenas una decena de pioneras piezas emitidas en Alemania (Aquisgrán) y Países Bajos (Schönvorst) ( (Figura 4a). En el primer cuarto de la siguiente centuria el número de emisiones datadas se duplica, y entre 1426 y 1450 asciende a más de medio centenar, iniciándose en 1436 la inclusión de la fecha en las monedas de oro. Es a partir de la segunda mitad del s. XV cuando se extiende la costumbre de datar las monedas, y ya en el último cuarto de la centuria encontramos casi 900 emisiones de monedas de oro y plata en las que figura el año de acuñación(4). (Figura 5).


Figura 5.- Número de monedas que presentan el año de emisión a finales de la Edad Media.

            En España, salvo algunas excepcionales emisiones de tiempos del emperador Carlos V, como el real de plata, los veinte y cincuenta ducados de oro de 1520, los 100 ducados de oro de 1528 acuñados en Zaragoza(5), así como el medio real de plata emitido en Perpiñán en 1529, y alguna otra esporádica emisión aragonesa de 10 reales en 1545 y 1554 y de 4 reales en 1547 y 1554 (Redondo, 1983), la aparición de la fecha en las monedas comienza a ser habitual bajo el reinado de Felipe II a partir de 1588.

            Otra interesante cuestión es la sustitución de la numeración romana por las cifras arábigas, sustitución que tuvo lugar progresivamente y que provocó importantes cambios en la forma de realizar los cálculos matemáticos elementales. Desde la Antigüedad se venían utilizando pequeñas fichas fabricadas con diversos materiales (madera, arcilla, vidrio, cerámica, concha…) para realizar operaciones aritméticas sencillas mediante un sistema similar al ábaco, primero en la Grecia clásica con los “pessoi” y después con los “calculi” romanos. Estos últimos eran pequeñas piedras redondeadas, utilizadas en las operaciones contables(6), posteriormente en la Edad Media se sustituyeron por fichas metálicas denominadas jetones. La introducción de la numeración arábiga, así denominada porque si bien de origen indú, fue incorporada y difundida por los musulmanes, permitió el desarrollo de un sistema algebraico(7) que ya no necesitaba de elementos auxiliares (como piedrecitas o jetones).

            Poco a poco la numeración arábiga y el álgebra fueron ganando terreno, aunque las antiguas tradiciones de llevar la contabilidad en cifras romanas se conservaron hasta bien avanzado el siglo XVIII, así en el tratado de F. Legendre “L’Atithmétique en sa perfection”, publicado en París en 1753, se señala que el método de operar con jetones es más usado por las mujeres que por los hombres, y todavía muchos funcionarios del gobierno lo utilizan con gran éxito.

Al finalizar el medievo comenzó a generalizarse la utilización del cálculo algebraico, si bien aún se conservaban y utilizaban los números romanos. Encontramos una imagen representativa del momento en la obra “Margarita Philosophica” (Perla filosófica) impresa en 1503, (Figura 6), donde vemos en un grabado una figura femenina alegórica de las Matemáticas, sobre dos personas, que representan a Boecio y Pitágoras, éste realiza las operaciones matemáticas en una mesa con jetones mientras Boecio dibuja los números arábigos y realiza operaciones algebraicas.


Figura 6.- Grabado de libro “Margarita Filosofica” (1500).

La primera aparición de números árabes en las monedas, la encontramos en un raro grueso de plata de San Galo (St. Gallen, Suiza) de 1424 (Figura 4b), pero es en la segunda mitad de la centuria cuando, la numeración arábiga irá sustituyendo a la romana, así entre 1350 y 1375 ya un 70% de las monedas fechadas presentan el nuevo sistema, si bien algunas cifras – como el “4”- todavía suelen representarse con la grafía antigua (Figura 7). En el último cuarto del siglo XV encontramos que ya casi el 90% de las piezas presentan el año de emisión utilizando las cifras arábigas.


Figura 7.- Dos monedas medievales fechadas en 1498. La primera de Sion (Sitten, Suiza) con el número cuatro moderno, la segunda es un “toison de plata” de Felipe el Hermoso acuñado en Amberes, con la representación primitiva del número cuatro.
Debajo un jetón italiano fechado en 1472.

Una de las ventajas del nuevo sistema de numeración posicional, es que permite acortar notablemente el texto de la leyenda, así por ejemplo la cifra en números romanos “M CCC LXXX VIII” se reduce a “1388”, pasando de doce a cuatro caracteres, lo cual supone una gran ventaja ya que permite la inclusión en la leyenda de más cantidad de información.

A comienzos del siglo XVII, encontramos un original híbrido de numeración arábiga y latina. En las piezas de cuatro cornados emitidas en Navarra en 1610, el abridor de cuños fusionó ambos sistemas de numeración para “crear” la leyenda “16X”, acortando aún más la extensión de la cifra completa (Figura 8). Este hecho tiene su explicación, y los antecedentes se remontan a las emisiones de los dos años anteriores(8). La primera moneda con fecha en el Reino de Navarra data de 1608 y lleva las cifras “16.8”, es decir se simplifica suprimiendo el cero de las centenas, lo mismo ocurre en 1609, donde la inscripción del año de emisión es “16.9”, de esta forma en el año siguiente, el abridor de cuños se encontró con un problema, no podía simplificar la extensión de la fecha a tres caracteres, lo cual suponía cambiar el tamaño de las letras y cifras de los punzones para que la leyenda completa entrara en la orla, la solución fue sencilla, utilizar la numeración romana para el diez (“X”). Posteriormente, las emisiones de cuatro cornados de Felipe III correspondientes a los años 1611 a 1620 llevan la leyenda correcta con las cuatro cifras correspondientes.


Figura 8.- Reverso de cuatro cornados de Felipe III emitidos en el año 1610.

Esta “mezcla” de numeraciones  no es inédita y ya se había producido con anterioridad a finales del s. XV y comienzos del XVI en Alemania, Austria y en los Países Bajos, pero curiosamente en sentido contrario, es decir con las primeras cifras en números romanos y las últimas en caracteres arábigos (p. ej. MCCCCLXX3 por 1473 en una moneda de Göttingen (Alemania); MCCCC86 por 1486 en otra de Cleve; MCCCCLXXX8 por 1488 en Einbeck (Alemania) y Lieja (Bélgica); MCCCCLXXX9 por 1489 en Jever; MCCCC95 por 1495 en Zwolle (Holanda); MCCCC96 por 1496 en Wesel (Alemania) o MD13 por 1513 en Austria). La explicación de estas anomalías es la misma, la cifra completa en caracteres romanos, por ejemplo MCCCCLXXXXIII (1493), resultaba excesivamente larga para incluirla en la leyenda de la moneda, y una forma de acortarla era sustituir las últimas cifras por caracteres arábigos. En estos casos la numeración original se expresaba en números romanos y por este motivo las cifras arábigas van al final, a diferencia de lo anteriormente expuesto para la moneda de Navarra, donde la cifra iba inicialmente en números arábigos, y se transforma en números romanos al final.


Notas:

(1) F. de Saulcy (1879-1888), Recueil de documents relatifs a l’Histoire des monnaies frappées par les rois de France depuis Philippe II jusqu’a François I. Paris 3 vols.  La labor de Saulcy se ha complementado posteriormente con una importante base de información monetaria de Francia con más de 16.000 documentos que pueden consultarse de forma gratuita en la página http://www.ordonnances.org/ .

(2) Esta obra, publicada por la universidad de Harvard, continúa siendo fundamental para el conocimiento de las vicisitudes de la economía medieval de los reinos de Valencia, Aragón y Navarra, y sin embargo todavía no ha sido traducida al castellano.

(3) La Era Hispánica comenzó a utilizarse hacia el siglo tercero, y precisamente la denominación de “Aera” se refiere al plural de la unidad monetaria romana “aes” o “as”. El inicio del cómputo de años de esta Era se hace coincidir con el momento de la pacificación de Hispania y fue utilizada en la Península Ibérica para datar los documentos hasta el siglo XV, siendo sustituida en mayor o menor medida por la actual datación conocida como del “año del nacimiento de nuestro señor Jesucristo” o “Anno Domini”.

(4) En la actualidad se conocen un millar y medio de monedas datadas, anteriores a 1500, en su mayoría de países centroeuropeos, y la primera moneda de cobre que presenta fecha de emisión es la de cuatro mitas de Bravante acuñada en 1481.

(5) Ver artículo: Cien ducados de oro de Carlos I. Eco Filatélico y Numismático (Octubre, 2004): pp. 50-51.

(6) La palabra “cálculo” deriva del término latino “calculi” o pequeña piedra (utilizado aún hoy en día para referirnos a las piedras que se forman en el riñón o “cálculos”). 

(7) El término “álgebra” deriva del matemático Al-Jwarizmi quien hacia el año 825 escribió un tratado titulado “Acerca de los cálculos con los números de la India”.

85) Ibáñez Artica, M., 2010. La fecha en las monedas. Gaceta Numismática 177: 63-72.  





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