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martes, 1 de abril de 2025

Escenas de depredación animal en la iconografía de las monedas griegas de la Antigüedad.

 

Escenas de depredación animal en la iconografía de las monedas griegas de la Antigüedad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 78 (1316) (Abril, 2022): pp. 46-48.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

Dentro de las denominadas relaciones inter-específicas (las que se dan entre especies de seres vivos diferentes como la depredación, competencia, simbiosis, comensalismo etc...), la más frecuente en el reino animal es la depredación: cuando un organismo se come a otro. De hecho, la principal relación que los seres humanos mantenemos con el resto de las especies animales y vegetales del Planeta, no es precisamente la que practicamos con nuestras mascotas o con las plantas del jardín, sino la que diariamente realizamos con aquellas que constituyen nuestro alimento cotidiano.

En este artículo comentaremos algunas escenas de depredación que pueden verse en monedas emitidas en diferentes lugares de la antigua Grecia (Fig. 1), donde entre los siglos séptimo y segundo antes de nuestra Era, se calcula que acuñaron moneda más de un millar de ciudades (Polis) y unos quinientos gobernantes, como resultado de la diversificación y creación de nuevas colonias más o menos independientes, que por medio de estas emisiones monetarias pretendían reafirmar su autonomía e identidad. Así, de algunas ciudades, al igual que lo que ocurre con muchas cecas ibéricas,  solamente tenemos noticias de su existencia (a veces efímera) a través de los registros numismáticos.

Figura 1.- Ubicación de las ciudades mencionadas.

En las figuras que aparecen en estas monedas, las representaciones de animales son muy abundantes y variadas, tanto de seres fabulosos y mitológicos (tritones o serpientes marinas), como de animales reales, unas veces terrestres como insectos, reptiles, anfibios, aves y mamíferos, o marinos como numerosas especies de moluscos gasterópodos, lamelibranquios y cefalópodos, crustáceos, peces, tortugas marinas y también mamíferos como delfines y focas(1).

Figura 2.- a: Estátera de electro con leyenda ΦΑΝΟΣ EMI ΣEIMA (Yo soy el símbolo de Phanes); b: Tercio de estátera de electro acuñada en Éfeso (Jonia) hacia el 625-600 a.C. con ciervo y leyenda retrógrada “Phaneos”.

 

            Entre las monedas más antiguas conocidas, están las estáteras jonias y sus divisores de Éfeso, con la imagen de un ciervo y la leyenda “Soy el símbolo de Phanes” (Fig. 2a), o en los tercios de estátera la leyenda simplificada “Phaneos” (“de Phanes”) (Fig. 2b). Mientras el ciervo era el animal totémico de la diosa Artemisa, protectora de la ciudad, no conocemos la identidad de Phanes, que podría ser el funcionario, comerciante o banquero que acuñó las monedas.

            Entre estas representaciones faunísticas, ya desde época temprana aparecen escenas de enfrentamiento entre animales, como es el caso de las primeras monedas de oro y de plata emitidas por Creso (c. 560-547 a.C.), donde podemos ver enfrentados un toro y un león (Fig. 3a).  Según el historiador Herodoto (I.28), Creso fue el monarca más poderoso de Lidia en Asia Menor, aunque finalmente fue derrotado y muerto por Ciro, rey de los persas en el año 546 a.C.

            Creso fue el primer monarca que acuñó monedas de oro y plata con una relación de valor de 1 a 10 entre ambos metales, inaugurando así el patrón mixto bimetálico, y en ambos tipos monetarios figura la misma representación de los dos animales enfrentados. Estos motivos se mantuvieron en Lidia tras su conquista por los persas hasta el 515 a.C., cuando comenzaron a acuñarse los famosos “dáricos” de oro y “siclos” de plata, con la figura del rey persa arrodillado portando una lanza y un arco, y que constituyen la primera representación de la efigie de un gobernante  en una moneda (Fig. 3b).

Figura 3.- a: Estátera de Creso, rey de Lidia, acuñada en Sardes (564-550 a.C.); b: Dárico de oro  (Jerjes II - Artajerjes II; 420-375 a.C.); c: Tetradracma de plata de Akanthos, Macedonia (470-430 a.C.).

 

            Una imagen de depredación más explícita con los mismos animales la encontramos en los tetradracmas del siglo V a.C. emitidos en Akanthos, Macedonia, donde un león se abalanza y derriba a un toro (Fig. 3c).

            Con respecto a ejemplos de depredación en animales marinos, podemos señalar en primer lugar una estátera de electro (aleación de oro y plata) acuñada en Focea hacia el 600 a.C. y que nos muestra la imagen de una foca, símbolo parlante de la ciudad, devorando un pulpo (Fig. 4a). Otro ejemplo en un divisor de la ciudad de Cicico donde se muestra la cabeza de un atún, símbolo totémico de la ciudad, devorando un pez aguja (Fig. 4b). También en una estátera de plata de la ciudad italiana de Cumas hacia el año 480 a.C. podemos ver a un cangrejo sujetando un mejillón en actitud de comérselo (Fig. 4c). Un cuarto ejemplo de depredación lo tenemos en un Hemilitron de bronce de la ciudad siciliana de Akragas (Agrigento) emitida entre los años 425 y 406 a.C. donde se representa un cangrejo devorando un gusano marino (o una angula según algunos autores) que sujeta entre sus pinzas (Fig. 4d).

Figura 4.- a: Estátera de electro, Focea (c. 600 a.C.); b: Un sexto de estátera de electro, Cicico (finales s. VI a.C.); c: Estátera de plata, Cumas (c. 480 a.C.); d: Hemilitron de bronce, Akragas (425-406 a.C.).

 

            Algunas de estas imágenes, como el atún devorando un pez o el cangrejo comiendo un gusano, reflejan únicamente escenas naturales de depredación, pero en el caso de la foca sujetando a un pulpo con su boca o el cangrejo que atrapa entre sus pinzas un mejillón, podrían tener además algún otro significado, al ser todos estos animales símbolos totémicos de ciudades griegas a veces en conflicto.

El mejillón, animal que caracteriza las monedas de Cumas, fue sin duda una importante fuente económica en la ciudad y debía de ser importante la producción de este molusco (¿tal vez cultivado?) en los lagos salinos próximos a la ciudad (Fusaro, Licola, Lucrina). ¿Puede deberse esta escena a una plaga de cangrejos que asolaron los ricos bancos de mejillón? ¿Se trata de alguna alusión indirecta a los turbulentos acontecimientos que se produjeron durante la deposición de Aristodemo o la amenaza que vivió la ciudad proveniente de sus vecinos Etruscos? Tal vez nunca sabremos la respuesta, pero sí parece claro que tal representación, aislada en el contexto numismático, no debió ser casual(2).

 

Figura 5.- a: Tetradracma de Messana, Sicilia (412-408 a.C.); b y c: Tetradracma de Akragas, Sicilia (c. 410 a.); d: Dracma de Istros, Tracia (400-350 a.C.).

 

Otro curioso ejemplo lo tenemos en la ciudad siciliana de Akragas cuyos símbolos tradicionales eran el cangrejo (en un caso como hemos visto, comiéndose un gusano o una angula) y un águila parada. En algún momento después del año 420 a.C. el ave se representa con las alas desplegadas sujetando entre sus garras una liebre, y poco más tarde se agrega una segunda en un primer plano con la cabeza elevada hacia el cielo como señal de victoria (Figs. 5b, c). Esta pareja de rapaces podría derivar de la leyenda referida en el “Agamenón” de Esquilo: cuando los griegos salían hacia Troya, vieron dos águilas que devotaban una liebre preñada, la escena fue interpretada como los hermanos Agamenón y Menelao victoriosos, vaticinando el éxito de la expedición contra los troyanos(3).

            Por otra parte, la liebre era un elemento iconográfico en las monedas de Messana (Fig. 5a), Regio y Crotona, poblaciones bajo la influencia del tirano Anaxilas de Regio, que utilizó este animal como símbolo de Apolo, divinidad que recibía culto en la región del estrecho de Messina(4), o tal vez para conmemorar la introducción de esta especie en Sicilia por el tirano para paliar la falta de alimentos en la región.

            Un último motivo lo encontramos en el águila que sujeta entre sus garras a un delfín, que aparece en las monedas de Istros (Fig. 5d), Sinope y Olbia, y han sido interpretados como Apolo (delfín) y Zeus (águila), si bien posiblemente la escena simboliza la alianza sagrada del mundo superior o cielo y el inframundo o mundo subacuático(5). En este caso no es exactamente una escena de depredación, que sí lo sería si el animal representado fuera un pez y no un delfín.

            Con respecto a todas estas imágenes, constituyen realmente un porcentaje mínimo si lo comparamos con la cantidad de monedas griegas que presentan diversas especies de animales individualizados, muchas veces utilizados como símbolo totémico de la ciudad emisora (la foca en Focea, la lechuza ateniense, el atún de Cicico, la tortuga de Egina, etc...).

            Aunque en varios casos las escenas de depredación son simplemente fruto de la observación de la naturaleza -y en este sentido llama la atención la figura comentada de un atún devorando un pez aguja (Fig. 4b), diseñada sobre una moneda, siglos antes de que el geógrafo Estrabón señalara de forma errónea: “(los atunes) nútrense de las bellotas de cierta encina que crece en el mar”-, en otros casos las imágenes representadas pueden tener otros significados de tipo simbólico, a veces muy difíciles de determinar.

           

 

Notas:

(1) Ibáñez, M., 1987. La fauna marina bentónica en las antiguas acuñaciones griegas. Cuad. Marisq. Publ. Tec. 11: 43‑50

 

(2) Ibáñez, M., 2018. Dos casos de depredación entre animales marinos en las antiguas acuñaciones griegas (Cumas y Acragas). Eco Filatélico y Numismático 74 (nº 1270): 48-49.

 

(3) Galiano, M.F., 1966.  Los dos primeros coros del “Agamenón” de Esquilo. En Estudios sobre la tragedia griega. Cuad. Fund. Pastor, 13, 63: pp. 36-74.  

 

(4) Puebla, J.M., 2015. La liebre de Apolo en la moneda de Zancle-Messana. Antesteria 4, pp. 113-122.

 

(5) Bekker-Nielsen, T., 2005. Ancient Fishing and Fish Processing in the Black Sea Region: 300 pp.

 

 

 

 

domingo, 1 de mayo de 2022

La serpiente Python, Apolo y el meteorito conservado en Delfos.

 

La serpiente Python, Apolo y el meteorito conservado en Delfos. Artículo publicado en “Revista Meteoritos” (Noviembre 2021) 30: pp. 34-40.

 

Miguel Ibáñez Artica

 





















viernes, 1 de julio de 2016

Dos casos de depredación entre animales marinos en las antiguas acuñaciones griegas (Cumas y Accragas).

Dos casos de depredación entre animales marinos en las antiguas acuñaciones griegas (Cumas y Acragas). Artículo publicado en “Abissalia” 1 (1987, ISSN 0214-0268) pp. 21-22.

Miguel Ibáñez Artica.

            Las representaciones faunísticas son particularmente abundantes en la iconografía griega, donde alcanzan una gran perfección; y es en las primitivas acuñaciones donde aparecen gran cantidad de animales, tanto imaginarios (tritones, serpientes marinas…) como reales, y dentro de estas últimos, tanto marinos como terrestres.

            Con respecto a la fauna marina que aparece en las primitivas monedas griegas son varios los animales que encontramos representados (mejillón, concha de peregrino, murícidos, sepias, pulpos, camarones, cangrejos y peces) (Ibáñez, 1982 (1987)).

            Aunque podemos encontrar varias especies animales representadas en una misma moneda, es más raro encontrarlos relacionados entre sí, y esto es lo que ocurre en las dos monedas que presentamos.

            La primera es una estátera eubéa de plata de 8,4 gramos de peso (Robinson, 1971) en cuyo anverso figura la diosa Atenea con casco corintio y la leyenda KUN AION, y en el reverso un cangrejo sujetando a un mejillón en actitud de comérselo (Figura 1).


Figura 1.- Estátera de Cumas, c. 480 a.C.

            La ciudad de Cumas, situada en la costa de Campania en la Italia Meridional (Magna Grecia) fue una primitiva factoría griega desde el siglo X a.C., y es donde según la tradición, llegó Eneas tras el desastre de la guerra de Troya.

            Es sin embargo en el siglo octavo antes de nuestra Era cuando, colonizada por los Eubeos, alcanza su máxima prosperidad.

            Las primeras monedas fueron acuñadas hacia el año 490 a.C. por Aristodemo Malacos (“el afeminado”) quien apoyó a los romanos contra los etruscos que querían restablecer la dinastía de los Tarquinos en Roma. Hacia el 458 Aristodemo es depuesto por la Aristocracia de la ciudad que apoya al tirano Hierón de Siracusa en su lucha contra los Etruscos.

            La victoria en el 474 de Hierón, libra a los habitantes de Cumas de la amenaza etrusca, pero otros pueblos vecinos se ciernen sobre la ciudad que finalmente es capturada por los Samnitas en el año 423 a.C.

            En las monedas acuñadas por esta ciudad figura en el anverso una cara femenina, identificada con la ninfa Cumas (Babelon, 1907) o con Sibila (Poole, 1873), o bien con la diosa Atenea con casco corintio (más raramente el casco sólo o una cabeza de león).

            En el reverso figura un mejillón (Mytilus galloprovincialis), a veces acompañado de otras representaciones (ratón, arco, punta de lanza, grano de trigo, delfines, serpiente marina…).

            El mejillón, animal que caracteriza las monedas de Cumas, fue sin duda una importante fuente económica en la ciudad y debía de ser importante la producción de este molusco (¿tal vez cultivado?) en los lagos salinos próximos a la ciudad (Fusaro, Licola, Lucrina).

            La moneda aquí representada fue acuñada hacia el año 480 a.C. y resulta extraña, ya que normalmente la figura que acompaña al mejillón es de menor tamaño y en este caso se trata de una representación donde ambos animales están relacionados (el cangrejo sujeta al mejillón con sus pinzas. ¿Pudo deberse esta escena a una plaga de cangrejos que asolaron los ricos bancos de mejillón? ¿Se trata de alguna alusión indirecta a los turbulentos acontecimientos que se produjeron durante la deposición de Aristodemo o la amenaza que vivió la ciudad proveniente de sus vecinos Etruscos?

            Tal vez nunca sabremos la respuesta, pero sí parece claro que tal representación, aislada en el contexto numismático, no debió ser casual.


            La segunda moneda representada es un Hemilitron de bronce de 22 gramos de peso acuñado en la ciudad siciliana de Acragas (Agrigento) entre el 425 y el 406 a.V.

            La ciudad de Acragas en el sur de la Isla fue colonizada hacia el 528 a.C. por los Dorios venidos de Gela y Rodas que seguían las rutas “minóicas” tradicionales (Bayet, 1930).

            Falaris, cruel tirano de Acragas (565-549) embelleció la ciudad construyendo un famoso templo dedicado a Zeus; precisamente el águila que figura en los anversos de las monedas acuñadas en Acragas representa al dios Zeus Atabyros de los Rodios. Este águila a veces lleva una liebre entre sus garras (la liebre aparece en las monedas de la vecina ciudad de Messana) o como en el presente caso un atún (símbolo utilizado frecuentemente por los fenicios, precisamente es abundante en las ciudades ibéricas de Gades, Sexi y Abdera).

            El cangrejo hace alusión al nombre de la ciudad, y si bien parece corresponder a  la especie fluvial Pomaton fluviatile (Delorme & Roux, 1987), abundante en los ríos Hypsas (Drago) y Acragas (San Biasio) que se unen cerca de la ciudad, posteriormente la figura degenera y en unos casos se parece al cangrejo de mar Pachygrapsus marmoratus, mientras en otros adopta formas difíciles de identificar.

            La moneda (Figura 2) presenta el reverso rodeado de seis glóbulos o puntos (indicadores del valor de seis uncias), un caracol marino y un pulpo, encima el cangrejo que lleva en su pinza izquierda un “gusano” (posiblemente poliqueto) interpretado por varios autores como una “angula” (Poole, 1876, Sear, 1978).



Figura 2.- Hemilitron de Akragas, 425-406 a.C.

            En este caso no cabe pensar en una interpretación oculta y la representación que se nos ofrece es una simple y sencilla depredación.

            Hemos visto como en las acuñaciones griegas, y más concretamente del sur de Italia y Sicilia, encontramos casos excepcionales donde se ven acciones depredadoras en animales marinos (cangrejo-mejillón en Cumas y cangrejo-poliqueto en Acragas). Estas representaciones de depredación son frecuentes en animales terrestres (león-toro, águila-liebre…) y presentan un contenido simbólico. En el presente caso la figura que aparece en la moneda de Cumas podría tener un cierto significado.

Bibliografía:

Babelon, E. (1907). Traité des Monnaies Grecques et Romaines (2e part, T.1): 1670 pp.
Bayet, J. (1930). La Sicile Greque. Les Belles Letres: 56 pp.
Delorme, J. & Ch. Roux (1987). Guide illustré de la Faune aquatique dans l’art Grec. A.P.D.C.A.: 175 pp.
Ibáñez, M. (1982(1987)). La fauna marina en las antiguas acuñaciones griegas. III Simposio Ibérico de Estudios del Bentos Marino, Pontevedra 4-8 octubre 1982: pp. 43-50.
Poole, R.S. (1873). A catalogue of the Greek coins in the British Museum: Italy: 432 pp.
Poole, R.S. (1876). Ibid: Sicily: 292 pp.
Robinson, E.S.G. (1971). A catalogue of the Calouste Gulbenkian collection of Greek Coins. F.C. Gulbenkian: 136 pp.

Sear, D.R. (1978). Greek Coins and their values (V.I: Europe). R. Stockwell Ltd.: 317 pp.

lunes, 1 de febrero de 2016

Una especie en peligro de extinción representada en la moneda griega: la "foca monje".

Una especie en peligro de extinción representada en la moneda griega: La “foca monje”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1147) (Diciembre 2006): pp. 52-53.

Miguel Ibáñez Artica.

            La polis griega de Focea, una de las doce ciudades Jonias situada en el golfo de Esmirna, hacia el siglo séptimo antes de nuestra Era, comenzó a desarrollar una estrategia expansionista enviando colonos, que se asentaron por todo el Mediterráneo, dando lugar a importantes ciudades como Ampurias o Marsella* (Figura 1).


Figura 1.- Colonias focenses del Mediterráneo.

            Focea fue fundada hacia el siglo VIII a.C. con los habitantes de la región periférica de la Fócida, expertos navegantes y constructores de barcos, perfeccionaron las técnicas de construcción naval utilizadas por los cretenses y después por los fenicios, y un siglo más tarde comenzaron a organizarse desde la ciudad numerosas expediciones con el fin de colonizar nuevas regiones. Según cuenta el historiador Herodoto, los focenses utilizaban enormes navíos de cincuenta remos, capaces de albergar cada uno unas quinientas personas, extendiendo así su influencia por todo el litoral mediterráneo, atravesando incluso el Estrecho de Gibraltar y penetrando por el valle del Guadalquivir hasta la mítica Tartesos. Fundaron tres colonias en el Mediterráneo Ibérico, Ampurias, Mainake (Málaga) y Hemeroskopeion, ubicada posiblemente en el Peñon de Ifac (Denia). Eran famosas sus espadas, escudos y armaduras de hierro, y también se da la circunstancia de que Focea fue la segunda ciudad en Grecia (después de Miletos) que acuñó moneda hacia el 630 a.C.

            Sin embargo, la independencia de la próspera ciudad duró poco, y cuando Ciro el Grande, rey de los persas, propuso la sumisión de las ciudades griegas del Asia Menor, solamente Miletos aceptó, en consecuencia, el general persa Arpagos fue destruyendo una por una las restantes ciudades, en el año 545 a.C. le tocó el turno a Focea que fue arrasada, si bien previamente sus habitantes habían huido en masa a las colonias de Masalia (la actual Marsella) y Alalia (actualmente Aleria en Córcega).

El emblema de la ciudad de Focea era la foca monje (de aquí viene precisamente la palabra “foca”), muy frecuente en aquella época en todas las costas del Mediterráneo, y así aparece representada en las raras monedas emitidas en la ciudad (Figura 2). Sin embargo las diferentes colonias que fueron fundando los griegos focenses se constituían como ciudades-estado independientes, aunque adoptasen muchas instituciones de la metrópoli, y también eligieron otros símbolos para sus monedas (el toro en Marsella, el pegaso en Ampurias...). Así, cuando la ciudad desapareció dramáticamente en el 545 a.C., se extinguió también la presencia simbólica de la foca en sus monedas.


Figura 2.- Estáteras y fracciónes de estátera de Focea, 600-520 a.C.

            Como si fuera un mal presagio, dos mil quinientos años más tarde, lo que está a punto de desaparecer es la foca del Mediterráneo o “foca monje”, de la cual quedan tan sólo unos pocos ejemplares en la actualidad, amenazados por las redes de los pescadores y la contaminación.

            Aunque la foca ha sido capturada por el hombre desde la antigüedad, para aprovechar su piel, su carne, la abundante grasa que servía para alimentar las lámparas de aceite y también con fines medicinales, para curar el insomnio (se pensaba que las focas eran muy dormilonas por naturaleza), y a pesar de que su población fue reducida drásticamente e tiempos del Imperio Romano y de ser también capturada durante la Edad Media, la expansión de la pesquería industrial y la contaminación generada a lo largo del siglo XX, están a punto de hacer desaparecer de la faz de la Tierra esta simpática especie de mamífero marino, de la que actualmente tan sólo quedan dos poblaciones importantes, una en el Mediterráneo oriental y otra en la costa atlántica del noroeste africano, que en la actualidad suman un total de 300 a 500 ejemplares.

            Su nombre científico es “Monachus monachus”, y llega a alcanzar los 2,4 metros de longitud con un peso que supera los 300 kilos (Figura 3). Esta singular especie ha sido expulsada por el hombre de sus lugares de cría y en la actualidad solamente se reproduce en apartadas y remotas islas deshabitadas. Tanto los machos como las hembras alcanzan su madurez sexual a los 5 o 6 años y las crías nacen entre septiembre y octubre, abandonan la lactancia materna a las 16 semanas para comenzar a alimentarse de peces y cefalópodos (pulpos), pudiendo alcanzar una longevidad de 30 a 40 años.


Figura 3.- Foca Monje o foca del Mediterráneo y distribución geográfica actual de la especie.

            La foca del Mediterráneo, además de aparecer representada en las antiguas monedas focenses, también figura en otras emisiones más modernas, como por ejemplo la de 100 escudos acuñada por el banco de Portugal en conmemoración de la “Expo 92” (Figura 4a), en la de un millón de liras de 1996 acuñada en Turquía (Figura 4b), en la moneda de 10 “lev” emitida en Bulgaria en 1999 (Figura 4c) y por último en la pieza de una libra de Chipre, fabricada en el año 2005 (Figura 4d).


Figura 4.-
a: Moneda portuguesa de 100 escudos de 1992; b: Moneda turca de un millón de liras de 1996; c: Moneda de 10 “lev” de Bulgaria, año 1999; d: Moneda de una libra de Chipre del 2005.


*Dominguez Monedero, A.J., 1985. Focea y sus colonias: a propósito de un reciente coloquio. Gerión. Revista de Historia Antigua 3: 357-377



viernes, 15 de enero de 2016

Imágenes de especies extinguidas en la moneda griega: El "silfio", una planta desaparecida en tiempos del emperador Nerón.

Imágenes de especies extinguidas en la moneda griega: El “silfio”, una planta desaparecida en tiempos del emperador Nerón. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1146) (Noviembre 2006): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

            En la Grecia Clásica era frecuente representar en las monedas numerosas y variadas especies de plantas y animales, unas veces reales, como leones, cabras, toros, delfines, palomas, liebres, águilas, cangrejos, etc... y otras fantásticos, como pegasos, grifos, quimeras, gorgonas, etc.... (Figura 1). En algunos casos los animales y plantas representados eran los símbolos totémicos de la ciudad, el ejemplo más conocido es la lechuza que simboliza a la diosa Atenea, patrona y protectora de la ciudad de Atenas, y cuya representación –junto con una rama de olivo-, es característica de las monedas atenienses, e incluso aparece en la actual moneda griega de un euro.


Figura 1.- Representaciones de animales reales o ficticios en monedas griegas.

            Una de las figuras más interesantes y curiosas que podemos encontrar en la numismática griega es la planta de silfio, que aparece en las monedas emitidas en la región de la Cirenaica (que se corresponde con la actual Libia, Figura 2).


Figura 2.- Mapa de la provincia Cirenaica según Ptolomeo, mosaico representando a Cirene en la fuente Castalia, ruinas de Cirene y tetradracma mostrando una cabeza de león, la planta de silfio y su semilla

            El silfio, conocido también como “laser” en la literatura clásica, era una planta extinguida del género “Ferula” perteneciente a la familia de las “Umbelíferas”, de aspecto similar al apio y con racimos de pequeñas flores amarillas, sus semillas tenían forma acorazonada y aparecen representadas en las primeras emisiones hacia el año 500 a.C.. Esta planta era muy valorada en la antigüedad clásica (“digna de su peso en denarios”), debido a que su raíz aromática y resinosa se usaba como alimento, como condimento y también por las propiedades medicinales de su jugo (denominado sirpe, laser o laserpicium) en remedios contra la tos, fiebre y dolores. El naturalista Plinio el Viejo le atribuye propiedades contra la lepra o la caída del cabello, así como antídoto contra algunos venenos, también se utilizaba como anticonceptivo, dado que posiblemente tenía propiedades abortivas.


Figura 3.- Antigua emisión de Cirenaica del 525-480 a.C.  donde se representa a la ninfa Cirene sentada mostrando la planta de silfio.

            Esta peculiar especie era en realidad un endemismo, que crecía exclusivamente en una reducida franja costera de la Cirenaica. Los griegos creían que esta planta era un regalo del dios Apolo, que había surgido tras una intensa lluvia que tuvo lugar en el siglo VII antes de nuestra Era, en las fechas de la fundación de la colonia griega de Cirene, que dio su nombre a la región circundante, sin embargo, existen evidencias de su utilización también en el antiguo Egipto.

            La economía de la región dependió durante mucho tiempo del comercio de esta preciada planta silvestre, y en el siglo primero antes de Cristo se realizaron en Roma grandes importaciones de este preciado vegetal, de forma que cuando el año 49 a.C Cesar vació el tesoro público de la ciudad, halló en él casi media tonelada de esta valiosa especie. Sin embargo, desgraciadamente, la planta de silfio no pudo cultivarse en suficiente cantidad, ni trasplantarse a otras regiones, de forma que este vegetal, considerado como “el más precioso regalo que la naturaleza ha dado al hombre”, en palabras del naturalista romano Plinio, terminó por desaparecer en el siglo primero de nuestra era, debido por una parte a la sobreexplotación, posiblemente también por la introducción de ganado en la zona, o por cambios en la climatología de la región.


Figura 4.- Diferentes formas de representar el Silfio en las acuñaciones griegas de Cirenaica. En las monedas de un dracma y hemidracma representadas, aparece una figura acorazonada que ha sido interpretada como la semilla de la planta.

            La última referencia que nos ha llegado del silfio, es la de un ejemplar que fue solemnemente presentado ante el emperador Nerón. Como podemos ver, ahora que está tan de moda la pérdida de biodiversidad y la extinción de especies, hace casi dos milenios ya se producían desapariciones de especies, algunas de gran importancia económica como el silfio.

            En tiempos de  Marco Gavius Apicio (siglo I de nuestra Era), autor del primer libro de recetas culinarias conocido “De re coquinaria”, esta especie estaba prácticamente extinguida y lo que se cita como silfio (libros III y IV.1) debe ser en realidad un sustituto, la gomorresina de una planta similar denominada “Ferula assafoetida” que crece en Persia y Armenia, de sabor amargo y desagradable olor (se la denomina vulgarmente “estiercol del diablo”), y que sin embargo era muy apreciada en la cocina romana, distinguiéndose el “laser parthicum” llamado también “laser syriacum” y el cirenaico, este último más antiguo y que fue progresivamente desplazado por el láser parto, más abundante y barato.
            La especie “Ferula assafoetida” (como su nombre científico indica) tiene un olor apestoso, pero en pequeñas cantidades actúa como potenciador del sabor de los alimentos, y todavía se comercializa en la India con la denominación de “hing”.


Figura 5.- Planta de “Ferula assaofoetida” y preparado comercial de la misma.