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domingo, 16 de octubre de 2016

La ceca ibérica de ARSAOS.

La ceca ibérica de ARSAOS. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 59(1110) (Julio-Agosto, 2003): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.


          La división administrativa de la Península Ibérica en dos provincias, la Ulterior (sur) y la Citerior (norte) se remonta a comienzos del s. II a.C. y las emisiones monetarias acuñadas en ambas regiones muestran grandes diferencias. Por un lado, las poblaciones de la provincia Ulterior, tempranamente romanizadas, acuñan exclusivamente monedas de bronce y presentan una iconografía muy variada: elementos agrícolas como el trigo o la vid, peces y actividades de pesca, representaciones mitológicas y seres fantásticos, gladiadores etc..., utilizando también diversas lenguas y alfabetos: fenicio, ibérico meridional y latino. Por el contrario, en la provincia Citerior, se acuña en bronce (ases y sus divisores) y en plata (denarios), con un motivo predominante: el jinete guerrero en el reverso y un busto masculino, generalmente barbado en el anverso. En cuanto la escritura, con algunas variantes, es más homogénea y se corresponde con el alfabeto silábico ibérico. Resulta indiscutible que la aparición de la moneda indígena vino forzada por los nuevos conquistadores, los romanos. Aunque respecto a los motivos que aparecen en las monedas, y en cuanto a la escritura, los pueblos indígenas tenían una cierta autonomía, los pesos y tamaños de las monedas de plata y bronce, se corresponden exactamente con el patrón oficial impuesto por Roma.

          La primera dificultad para identificar las ciudades que en estos tiempos acuñaron moneda, es determinar la zona ocupada por los antiguos pueblos hispánicos prerromanos. Estos pueblos no tenían unas fronteras estables y podían expandirse, o incluso desaparecer en cortos períodos de tiempo. Los vascones ocupaban el actual territorio de Navarra, y se extendieron hacia el sur, este y oeste, abarcando en el siglo primero antes de nuestra Era (según Plinio y Ptolomeo) ciudades como Jaca, Egea de los Caballeros, Calahorra y Alfaro. Esta expansión vascona ocurrida hacia el siglo primero antes de Cristo, fue sin duda favorecida por los romanos, a quienes los vascones ayudaron en sus guerras, primero contra los celtíberos y más tarde participando como aliados del general Pompeyo (fundador de Pamplona) en su pugna contra Sertorio, quien había establecido su capital en Huesca.

Figura 1.- Denarios y ases de Arsaos.

          Una característica de las monedas “vasconas”, también común a otras vecinas poblaciones beronas que emitieron moneda (Teitiakos y Uarakos), es que a diferencia del típico jinete celtibérico portador de una lanza, en la moneda “vascona” generalmente el jinete lleva un arma corta, generalmente una espada, o a veces un dardo, hacha o una hoz de guerra (“falx”). Este hecho ha sido interpretado como reflejo de que en realidad el mercenario vascón estaría integrado en las tropas de infantería, mientras que el celtibérico actuaría en la caballería. Las armas cortas más adecuadas en el combate a pie le serían por tanto más familiares al mercenario vascón, y son las que representa en sus monedas.

          Las monedas con leyenda “BARSKUNES”, “BASKUNES”(1),  “BENTIAN” y “OLKAIRUN” fueron acuñadas en poblaciones situadas cerca de la actual Pamplona y la palabra “Baskunes” es una simplificación de la anterior “Barskunes”. Llama poderosamente la atención, la gran cantidad de emisiones de monedas de plata (denarios) acuñados en la ceca de  Baskunes, difícilmente justificables dentro de un contexto económico, y que sólo pueden interpretarse como monedas destinadas a pagar a los ejércitos mercenarios que actuaban como aliados de los romanos. El popular denario de Baskunes es incluso copiado en la lejana Galia Belga , latinizando la palabra ibérica que da como resultado una lectura de “IMONES”, que posteriormente se convierte en “IMONIO”.     

Figura 2.- Representación de una doble hacha de guerra en denarios de Augusto acuñados en Emerita.

          Otra importante ceca que emitió monedas de plata (denarios) y  bronce (ases,  semises y cuadrantes) es “ARSAOS”. Estas emisiones presentan una característica que las hace únicas en la numismática ibérica, el jinete lleva una especie de dardo corto (Figura 1), que ha sido interpretado como un hacha doble de guerra (bipenne) (Figura 2). En los anversos de denarios y ases aparece un busto barbado mirando a la derecha, delante de él un delfín y detrás un arado. En una de las emisiones de ases figuran las letras “O N” bajo la barbilla del busto (Figura 3), leyenda idéntica a la que aparece en la ceca de Segia (Egea de los Caballeros) en denarios y ases, o en una emisión de ases de la ceca vascona de Bentian (una leyenda similar pero con la silábica Bo, en vez de la O, aparece en las monedas de Bolskan-Huesca, Iaka-Jaca y Sesars). Otras dos cecas vasconas presentan la leyenda “ETa  ON” (Arsakos y Umanbaate).

Figura 3.- Detalle de la leyenda ibérica “ON” en el anverso de un as de Arsaos.

          La principal pista sobre donde pudo estar localizada la ceca de Arsaos la aportó en 1976 G. Fatás: en Sofuentes (Sos del Rey Católico(2)) existe una inscripción funeraria en piedra con la leyenda Arsitanvs: “BUCCO.IIV / SADANSIS.F / ARSITANVS / H.S.E.”, si bien en la actualidad esta importante lápida forma parte de una puerta donde está sujeta la verja de una casa, en su momento señalaba la tumba de un magistrado (duunviro) Bucco de Arsaos (Figura 4).


Figura 4.- Placa funeraria de Sofuentes (Sos del Rey Católico) alusiva a un personaje de Arsaos, y vías y yacimientos romanos en la zona.

          La comarca de Sos del Rey Católico pertenecía a comienzos del siglo II a.C. al territorio suessetano, pueblo que desaparece de las fuentes documentales romanas tras la campaña de Catón contra Jaca en el 184 a.C. Presumiblemente a partir de este momento la zona quedó controlada por los vascones bajo cuya influencia se emitieron las monedas a partir de la segunda mitad del s. II a.C. La emisión de divisores (semises y cuadrantes) indica unas necesidades monetarias diversificadas de la población que habitaba esta zona. Los ases acuñados en esta ceca presentan una gran variabilidad de estilos, pesos y tamaños y han sido encontrados en diversos lugares (Zaragoza, Navarra, La Rioja, Soria, Cuenca, Barcelona, Gerona e incluso en Ibiza). Más abundantes son los hallazgos de denarios (108 en Palenzuela, 33 en Barcus –Francia-, 26 en Alagón, 14 en Borja y ejemplares dispersos en Vizcaya, Logroño, Burgos, Salamanca, Soria, Córdoba y Jaén) (3).


(1) Según una reciente teoría, ampliamente aceptada por los especialistas de lenguas prerromanas, la terminación –es, correspondería a un ablativo plural y no a un nominativo plural (como se pensaba hasta hace poco), con lo cual el nombre de la ciudad emisora de estas monedas sería “Baskon” o “Barskon”, significando la leyenda: “para los de Baskon”.
(2) Algunas cecas celtibéricas como Oilaunikos y Areikoratas, presentan en el anverso la leyenda SOS, de significado desconocido.     
(3) Con  posterioridad a la aparición de este artículo, se ha publicado una monografía sobre esta ceca: Fernández Gómez, J., 2009, Arsaos, reflexiones históricas, geográficas y tipológicas en torno a unaceca indígena en territorio vascón. Col.lecció Instrumenta 32 (Univ. Barcelona): pp. 437-480. 



viernes, 19 de septiembre de 2014

El enigma de una ceca ibérica inexistente. Eco Filatélico y Numismático 67(1199) (Septiembre 2011): 46-47.

El enigma de una ceca ibérica inexistente. 
Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 67(1199) (Septiembre 2011): pp. 46-47.

            La arqueología y la numismática han sufrido desde antiguo la contaminación de las falsificaciones, realizadas la mayor parte de las veces con fines crematísticos, pero también en ocasiones con una finalidad “patriótica”, para confirmar alguna hipótesis localista no corroborada suficientemente por los datos científicos. Si estas falsificaciones han afectado a excavaciones controladas (recordemos el reciente caso de los extraordinarios descubrimientos de Iruña-Veleia en Álava), ¿qué no puede ocurrir en los miles de “hallazgos” incontrolados que se producen cada año?.

Una anécdota puede ilustrar los sentimientos que se dieron a finales del siglo XIX, cuando la epigrafía ibérica se llegó a utilizar con fines “patrióticos”(1): como consecuencia del proyecto de supresión de los fueros de Navarra por parte del gobierno de la Nación, se levantó un extenso clamor popular entre 1893 y 1894, que culminó con la construcción de un gran monumento a los fueros en pleno centro de Pamplona, que aunque terminado en 1903, todavía no ha sido inaugurado oficialmente. En la base de dicho monumento se colocaron varias placas de bronce, y en una de ellas puede verse una inscripción en caracteres ibéricos, que pretende reconstruir un texto en el antiguo idioma vasco cuya traducción sería:

Nosotros los vascos, no tenemos más señor que nuestro Dios; al extraño damos la bienvenida y hospitalidad, pero jamás soportaremos su yugo. Sabedlo vosotros, nuestros hijos.

El problema (entre otros muchos) es la utilización indiscriminada de varios tipos diferentes de alfabetos (incluido el del sur) con más voluntarismo que rigor científico (Figura 1).


Figura 1.- Inscripción con caracteres ibéricos en el monumento a los fueros de Pamplona.

                Ya en la recopilación “Monumenta Linguae Ibericae” de Hübner en 1893 se “coló” alguna inscripción  falsa (como la XXXIV), y este hecho afecta también a la moneda ibérica desde tiempos antiguos. En 1852 Gaillard publicó en el catálogo de la colección de García de la Torre un curioso as de bronce ibérico (p.84, nº 133, Lámina VII nº 3) en el cual, el jinete del reverso porta el mismo tipo de arma que el de la ceca de Arsaos, la leyenda pone LiBiACoS en caracteres ibéricos, y es recogida por Campaner (ceca nº 35) como Liaacos al transcribir incorrectamente la letra silábica Bi por una A. Heiss en 1870 publicó de nuevo su dibujo (lámina 32) y si bien sustituyó el arma del jinete por un martillo, interpretó correctamente la leyenda, adscribiendo la moneda a la ciudad de Livia u Oliva, dentro del territorio de  los Berones. Delgado en 1876 la da como buena, confirmando la atribución de Heiss e indica “Dentro del territorio de los vascones  se encontraba entre otras cecas la ciudad de Livia”. Asimismo autores posteriores recogen esta moneda (Pujol, 1890; Hübner, 1893 op. cit.…) hasta que Vives en 1926 la considera como una falsificación.

En efecto, como podemos ver en la imagen de esta rara pieza (Figura 2), los delfines cruzados que aparecen en el anverso se asemejan a la imagen típica del “laburu” y resultan inéditos en la moneda ibérica, igual que el manto o “ephippium” que a modo de silla de montar presenta el caballo. Un carácter importante para deducir la falsedad de esta pieza es la linearidad y perfección de las letras que constituyen la leyenda.


Figura 2.- Supuesto as ibérico de Libiacos.

Esta moneda nos plantea unos curiosos interrogantes, fue falsificada antes de 1852 -cuando se publicó como “pieza única”-, y por esas fechas el terrateniente riojano Francisco de Paula Salazar, se empeñaba en demostrar la ubicación de la Libia de los Berones en unas fincas de su propiedad en Herramélluri (Rioja), basándose para ello en los hallazgos arqueológicos de esta zona, entre los que figuraban monedas con caracteres ibéricos. El informe de dichos hallazgos fue publicado 41 años más tarde en el Boletín de la Real Academia de la Historia. De esta forma podemos encontrar las posibles circunstancias que favorecieron la aparición de esta falsificación, que reforzaría la personalidad de la ciudad berona de Libia.

Como en esta época se ubicaba la ceca de Arsaos en tierras de los Berones, es lógico que el falsario copiara el armamento (exclusivo de la ceca de Arsaos). Lo que resulta más curioso es el correcto empleo de la letra silábica Bi que en teoría fue definitivamente interpretada años más tarde por Heiss (1870). El problema queda resuelto al encontrar que ya en el siglo XVIII el valenciano Francisco Pérez Bayer, gracias a la existencia de monedas con caracteres ibéricos y latinos, tradujo correctamente la leyenda Bilbilis (Calatayud) donde aparece dos veces la letra silábica Bi (Figura 3), y por tanto el misterio de cómo fue posible reconstruir correctamente la leyenda Libiacos en esa temprana época queda resuelto.


Figura 3.- Monedas de Bilbilis (Calatayud) con leyendas ibérica y latina.



Notas:

(1) Tampoco resulta casual que durante la época franquista las monedas más utilizadas, de cinco y diez céntimos, llevaran la imagen del jinete lancero celtibérico, motivo que como expusimos en un artículo anterior, pudo ser impuesto por los romanos a los diferentes pueblos celtibéricos peninsulares.

Bibliografía:

Ibáñez, M., “La falsa ceca de Libiacos” en: VVAA. (1991), Historia de Navarra. Vol. VI. Pamplona, Ed. Herper: 287 pp.: 76-77.


“Addenda et corrigenda” al artículo publicado sobre la ceca de “Libiakos” en septiembre del 2011.  Eco Filatélico y Numismático 70 (1234) Noviembre 2014: pp. 52-53.

            Un año después de que se publicara este artículo se puso a la venta una moneda de la ceca de Libiacos, procedente de los fondos de la Hispanic Society of America, colección de 37.895 monedas que se conservaban custodiadas hasta hace unos años en el monetario de la American Numismatic Society al lado de la avenida de Broadway y un poco más al norte del barrio neoyorkino de Harlem.

            Lamentablemente la colección de moneda hispánica más importante fuera de nuestras fronteras terminó siendo adquirida el 8 de marzo del 2012 por un consorcio de comerciantes numismáticos en la galería Sotheby de Nueva York, y posteriormente fue dispersada en diferentes subastas. En la celebrada el 8 de octubre de ese mismo año por la casa Vico de Madrid, se vendió en 4000 euros un as de la ceca de Libiacos (Subasta 131, lote nº 325) (http://numismatics.org/search/results?q=mint_facet:%22Libiakos%22).


Figura 1.-
a: Ejemplar procedente de la colección de la Hispanic Society of America. 26 mm.; 10,91 g. (Ex HSA 7721).
b: Falsificación moderna. 26 mm.; 9,3 g. (nº 1448 IVDJ).
c: Falsificación moderna. 21,3 mm.; 6,21 g. (CMI).

            Esta pieza (Figura 1a), es la misma que aparece en la lámina VII de la obra de Gaillard (1852), aunque el dibujo presenta algunas “adiciones artísticas” como el remate del arma en forma de flecha, que en el original apenas se adivina, o la presencia de un “ephippium” a modo de silla de montar (Figura 2). Heiss en 1870 copia dicho dibujo (lámina XXXII) remarcando la forma del martillo que porta el jinete.


Figura 2.- Dibujo de la moneda de Libiakos en la obra de Gaillard (1852).

            Ya en 1991 comentamos la falsedad de esta pieza en base a las características de los dibujos y especialmente a la comprobación de un ejemplar (Figura 1b) que indiscutiblemente resulta una imitación moderna (Figura 3), pero existen notables diferencias entre estas reproducciones y la pieza recientemente subastada.



Figura 3.- Nota publicada sobre la ceca de Libiakos en 1991 (Historia de Navarra Vol. VI. Ed. Herper, Pamplona pp. 76-77.

            A pesar de ello, recientemente se ha vuelto a insistir en la falsedad de esta pieza aduciendo “los delfines cruzados de su anverso, que resultan inéditos en la moneda ibérica, el manto ephippium que como una gran silla de montar lleva el caballero, y la uniformidad en el grosor y perfección de los signos ibéricos que componen el letrero” (Amela, 2014). Pues bien, estos tres elementos, que señalamos anteriormente (Ibáñez, 1991, 2011), se refieren a las imitaciones estudiadas y no a la pieza de la Hispanic Society, que NO lleva ephippium. Está claro que Gaillard (op. cit.) confundió la pata delantera del caballo con el borde anterior del manto, y en el ejemplar mencionado (Figura 1a) se aprecian las típicas irregularidades en el trazado de las letras de la leyenda, a diferencia de la perfección con que aparecen en una de las imitaciones (Figura 1c). Con respecto a la enigmática figura del tetrasquel, típico símbolo celta, hemos de señalar que en la ceca (probablemente próxima) de Omtikes (Figura 4), aparece un trisquel detrás del jinete del reverso, e incluso en una emisión figuran sendas espirales (elementos comunes en la iconografía celta) tras el busto del anverso y debajo del caballo en el reverso (Figura 4).


Figura 4.- Monedas de la ceca OMTIKES (Museo de Navarra y Museo Arqueológico Nacional).

            La moneda en cuestión, probablemente auténtica, presenta un busto similar al que figura en las emisiones de la ceca berona de Uarakos, muy característico y con una pronunciada barbilla (Figura 5a), pero en el reverso aparece un jinete portando arma corta (espada o bipennis), similar al de otras emisiones de la misma ceca (Figura 5b). Algún “bloguero” ha sugerido que la moneda de la HSA podría ser una pieza de Uarakos “tuneada”, pero el problema es que las emisiones de Uarakos son extraordinariamente raras en la actualidad, así que antes de 1852 los ejemplares conocidos eran casi “únicos”, y la transformación de un jinete lancero en uno con arma corta resulta muy problemática.


Figura 5.- Emisiones de la ceca de Uarakos. a: Monedas con jinete lancero; b: Monedas con jinete con espada.

            Todo esto nos lleva a plantear una nueva hipótesis (que no tesis):

1.- La pieza procedente de la colección de la HSA (Figura 1a) es la auténtica, luego la ceca LIBIAKOS sí existió (probablemente en la ubicación que dieron los autores que la estudiaron en el s.XIX de la Libia de los Berones, Herramélluri en La Rioja). Hallada antes de 1852 figuró en la colección del exministro de Fernando VII José García de la Torre.

2.- El eminente numismático francés J. Gaillard publicó su dibujo en 1852 (Figura 2), pero como la moneda presenta corrosiones y superficie irregular el autor del dibujo sufrió una “pareidolia”(1) y representó un ephippium (donde había patas de caballo) y un dardo/martillo donde sencillamente había una espada (tal vez influenciado por la creencia en la época de que la ceca de Arsaos estaba en un lugar próximo a la Libia de los Berones). Otros autores como Heiss (1870) y Delgado (1876) “la vieron” en el gabinete de García de la Torre (que falleció en 1847), pero mantuvieron (incluso acentuando algunos detalles) el dibujo de Gaillard.

3.- “Alguien”, a finales del s. XIX realizó una falsificación de esta moneda basándose más en los dibujos publicados que en la pieza original, y surgió la primera reproducción que correspondería con el ejemplar del Instituto Valencia de Don Juan (Figura 1b) cuyo módulo y peso se aproxima al de la pieza original, pero donde ya se modifica sustancialmente la característica fisonomía del busto del anverso.

4.- En una fase posterior se fabrican reproducciones de esta moneda (probablemente en moldes) basándose exclusivamente en los dibujos introduciendo algunos cambios, como la línea del exergo situada sobre la leyenda, y reduciendo sustancialmente su módulo y peso (Figura 1c).

5.- Es normal que ante esta proliferación de falsificaciones, los autores del s. XX la “declararan” oficialmente como una falsificación.

Conclusión/moraleja: ¡Qué pequeño es el beneficio que producen las falsificaciones (a unos pocos) en comparación con el enorme daño que generan en el avance del conocimiento (de unos muchos)!.






(1) La pareidolia (derivada etimológicamente del griego eidolon (εἴδωλον): ‘figura’ o ‘imagen’ y el prefijo para (παρά): ‘junto a’ o ‘adjunta’) es un fenómeno psicológico donde un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible.   


Bibliografía:

Amela, L, 2014. El “enigma” de Libiakos. En: Varia nummorum III, Ed. ANE: 85-89.


Ibañez, M., 2011. El enigma de una ceca ibérica inexistente. Eco Filatélico y Numismático 67(1199) (Septiembre 2011): 46-47.