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viernes, 1 de noviembre de 2024

Heliogábalo y el meteorito de Emesa en las monedas.

 

Heliogábalo y el meteorito de Emesa en las monedas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1338) (Abril 2024): pp. 48-51.

 

Miguel Ibáñez Artica


                Una de las piedras sagradas más conocidas en la antigüedad era la piedra negra que se veneraba en la ciudad de Emesa (actual Homs en Siria),  descrita por Herodiano (V, 3, 5) como una  “enorme piedra negra con un extremo puntiagudo y una base redonda en forma de cono. Los fenicios sostienen solemnemente que esta piedra bajó de Zeus; señalando algunas pequeñas figuras en relieve, afirman que es una imagen en bruto del sol, porque naturalmente esto es lo que quieren ver”.

                La popularidad de esta piedra sagrada, tradicionalmente considerada como un meteorito, se debe al joven emperador Vario Avitio Basiano (Fig. 1b) de la dinastía severa, más conocido como Heliogábalo (218-222 d.C.).

Figura 1.- Heliogábalo y su familia.

a: Julia Maesa, abuela de Heliogábalo; b: Heliogábalo; c: Julia Soemias, madre de Heliogábalo.

 

Nacido en la ciudad de Emesa,  en la provincia romana de Siria, con apenas catorce años de edad ascendió al trono tras el asesinato de su tío Caracalla. Por instigación de su poderosa abuela Julia Maesa (Fig. 1a), cuñada del fundador de la dinastía Septimio Severo, consiguió desplazar a Macrino, que había sido elegido emperador por las tropas y ratificado por el senado.

 Cuando llegó a Roma, introdujo el culto al sol (Helios) como deidad principal,  construyendo un lujoso templo en la ladera del monte Palatino donde fue colocada la piedra negra que hizo traer desde Emesa(1), y durante el solsticio de verano, la gran piedra, recorría triunfalmente las calles sobre en un carro tirado por caballos, delante el emperador caminando de espaldas, con la mirada puesta en la piedra sagrada, dirigía el carro (Fig. 2):

“En los suburbios de Roma, el emperador construyó un templo muy grande y magnífico al que todos los años en pleno verano llevaba a su dios. Organizó espectáculos lujosos y construyó pistas de carreras y teatros, creyendo que carreras de carros, espectáculos e innumerables recitales agradarían a la gente, que organizaba fiestas y celebraciones nocturnas. Colocó al dios del sol en un carro adornado con oro y joyas y lo sacó de la ciudad a las afueras. Un carro de seis caballos llevaba al dios sol, los caballos enormes y de un blanco impecable, con costosos adornos de oro y ricos ornamentos. Nadie llevaba las riendas y nadie iba en el carro; el vehículo era conducido como si el mismo dios del sol fuera el auriga. Heliogábalo  corría hacia atrás frente al carro, de cara al dios y sujetando las riendas de los caballos. Hizo todo el viaje de esta manera, de espaldas, mirando al rostro de su dios. Como no podía ver a dónde se dirigía, su ruta estaba pavimentada con polvo de oro para evitar que tropezara y cayera, con  los guardaespaldas situados a cada lado para protegerlo de lesiones. La gente corría paralela a él, portando antorchas y arrojando guirnaldas y flores. Las estatuas de todos los dioses, las ofrendas costosas o sagradas en los templos, los ornamentos imperiales y las valiosas reliquias fueron llevadas por la caballería y toda la Guardia Pretoriana en honor al dios sol. Después de sacar al dios y colocarlo en el templo, Heliogábalo realizó los ritos y sacrificios descritos anteriormente; luego, subiendo a las enormes y altas torres que había erigido, arrojó, indiscriminadamente, copas de oro y plata, ropa y telas de todo tipo a la multitud de abajo. También distribuyó todo tipo de animales domesticados excepto los cerdos, que, según la costumbre fenicia, rehuía”. Herodiano, Vol. V, 6, 6.

 

Figura 2.- Desfile de la piedra sagrada por las calles de Roma y representación de la misma en un áureo de Heliogábalo.

 

El nombre con el que se conoce a este emperador “Heliogábalo” deriva de la denominación de la deidad a la que se rendía culto en Emesa: “Elagabalus”, latinización del árabe Ilāh ha-Gabal, de ilāh ("dios") y gabal ("montaña"), es decir dios de la montaña. Sin embargo no parece que el emperador pretendiera expandir el nuevo culto de adoración a su dios personal con la finalidad de unificar el imperio.

                La piedra sagrada o betilo figura en numerosas emisiones realizadas en la ciudad de Emesa. Antes de Heliogábalo, durante el reinado de Antonino Pío (138-161 d.C.) la vemos representada con un águila posada en su cima que sostiene una corona en su pico (Fig. 3a). Posteriormente en las monedas de Caracalla (Fig. 3b), Heliogábalo (Fig. 3c) y del usurpador Uranio Antonino (Fig. 3d), vemos el betilo dentro del templo con pórtico hexástilo dedicado al dios-sol, imagen que permanece inalterada desde finales del s. II hasta mediados del s. III d.C.

                Una interesante representación en un denario de la ceca de Antioquia en tiempos de Heliogábalo, muestra la piedra detrás de un águila posada sobre un rayo, que sostiene una corona en el pico, rodeada por cinco estrellas (Fig. 3e), esta rara emisión pudo acuñarse en conmemoración del viaje de Heliogábalo desde Emesa a Roma en el año 219 d.C.

 

Figura 3.- Diferentes representaciones de la piedra sagrada de Emesa.

 

                La imagen más común de esta piedra, tanto en las monedas de oro como en las de plata y bronce es, sobre un carro tirado por cuatro caballos, representados frontalmente (Figs. 3h, i, j), o más frecuentemente en forma lateral (Figs. 3f, g), que hacen a alusión a las procesiones organizadas por Heliogábalo en Roma durante el solsticio de verano.

                La figura del carro lateral mirando a la derecha o a la izquierda la podemos ver en los áureos de Heliogábalo acuñados en Antioquía (Fig. 4a) y Roma (Fig. 4b), y también mirando a la derecha en los denarios de Antioquía (Figs 4d). Llama la atención en estas emisiones la presencia de cuatro objetos, interpretados como parasoles o “semeia” que rodean la piedra (Fig. 4c) y que también aparecen representados a los lados del betilo en vista frontal (Fig. 3h; Fig. 4d), o cuando éste se encuentra en el templo (Fig. 3b). En las provincias del Este, el pasarol era símbolo de riqueza mientras  en Siria se colocaban “semeia” entre las estatuas de los dioses.

                Más raras son las representaciones frontales, que aparecen en los dobles denarios de Heliogábalo (Fig. 3h; Fig. 4d), donde puede verse al joven emperador delante de la cuadriga sobre la que va la piedra sagrada blasonada por un águila. En las restantes representaciones de este tipo, en monedas de bronce, no aparece la figura del emperador (Fig. 3i; Figs. 4f, g), y en una rara emisión de Neápolis de Samaria vemos representados sobre la cuadriga, a la izquierda la piedra de Emesa y a la derecha el monte Gerizim con su templo y escalinata (Fig. 3j).

Figura 4.- Representaciones de la piedra sagrada de Emesa transportada en una cuadriga.

a: Áureo de Heliogábalo (218-222 d.C.), Antioquía; b: Áureo, Roma; c: Denario, Antioquía; d: Doble denario de Heliogábalo (218-222 d.C.) ; e: Denario, Antioquía f: Bronce de Heliogábalo con Alejandro Severo como césar, Aelia Capitolina (Jerusalén), Judea; g: bronce de Heliogábalo (218-222 d.C.), Hierapolis Castabala, Cilicia.

 

                En tiempos del emperador Heliogábalo además de las imágenes de la piedra sagrada de Emesa desfilando sobre una cuadriga, la podemos ver representada estática en el centro del templo (Figs. 5a, b), y en la ciudad fenicia de Sidón, las emisiones a nombre de las esposas del emperador, representan otra famosa piedra sagrada, en este caso la que se veneraba en la ciudad en el templo de la diosa Astarté, y que estaba colocada dentro de un carro, que se paseaba por la ciudad en las festividades dedicadas a la diosa (Figs. 5c-f). Esta piedra sagrada posiblemente también era un meteorito caído del cielo.

 

Figura 5.- Representaciones de las piedras sagradas de Emesa y del carro de Astarté en tiempos del Emperador Heliogábalo..

a, b: bronces de Heliogábalo (218-222 d.C.), Seleucia Pieria; c: bronce de Heliogábalo (218-222 d.C.), Sidón, Fenicia; d, e: bronces de Julia Paula, primera esposa de Heliogábalo (219-220 d.C.), Sidón, Fenicia; f: bronce de Annia Faustina, tercera esposa de Heliogábalo (221 d.C.), Sidón, Fenicia.

 

                El reinado de Heliogábalo no fue lo que esperaba de él su abuela Julia Maesa, y el adolescente emperador se desocupó del gobierno del imperio, ocupando su tiempo en fiestas y celebraciones, practicando una gran arbitrariedad a la hora de elegir sus colaboradores entre sus amantes masculinos, como el atleta de Esmirna Aurelius Zoticus y otros libertos a quienes promocionó como gobernadores, legados o cónsules, nombrando prefecto del Pretorio a un bailarín, prefecto de la institución dedicada al transporte y reparto de los cereales (annona) a un barbero, y prefecto de la guardia a un auriga.

                Los continuos excesos y escándalos del joven emperador hacían que la situación se volviera cada vez más insostenible, y fue de nuevo la todopoderosa e influyente Julia Maesa, abuela de Heliogábalo, la que revirtió la situación provocando la insurrección de los soldados, que dieron muerte a Heliogábalo y a su madre Julia Soemias el día 11/III/222 (Fig. 5), proclamando como nuevo emperador a Severo Alejandro, primo del monarca asesinado y también nieto de Julia Maesa.

 

Figura 5.- Asesinato de Heliogábalo y su madre por la guardia pretoriana en un antiguo grabado,  y áureo acuñado en Roma del nuevo emperador Severo Alejandro (222-235 d.C.)

 

 

Notas:

(1) La piedra de Emesa no es el primer meteorito trasladado a Roma, siglos atrás el cónsul Publio Cornelio Escipión Nasica, primo de Escipión el Africano, llevó desde Pérgamo a Roma la “piedra negra”, un meteorito sagrado donde residía la “madre de los dioses”. Tras el asesinato de Heliogábalo, Alejandro Severo hizo volver a Emesa el betilo y consagró el templo dedicado a El-Gabal al dios Júpiter Ultor, templo que aparece representado en algunas monedas y medallones con motivo de su consagración. Alejandro rompió con la excepcional religión de su predecesor al desterrar a la deidad Elagabal de sus monedas, restaurando en ellas las deidades del panteón romano tradicional.

 

 

Bibliografía:

 

Anon. (1993). Histoire Auguste: Tome III, 1re Partie: Vies de Macrin, Diadumenien Et Heliogabale. Coll. des Universités de France/ Coll. Budé. Série latine. Ed. Bilingüe: 330 pp.

Ibáñez, M., (2020). Dioses, meteoritos y monedas. Col Miscelánea Numismática 1: 83 pp.

 

 

 

 

 

martes, 15 de diciembre de 2015

Constantino y el culto al "Sol Invicto", un preludio de la Navidad.

Constantino y el culto al “Sol Invicto”, un preludio de la Navidad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 61(1136) (Diciembre 2005): pp. 50-51.

Miguel Ibáñez Artica.




            Aunque la fecha real del nacimiento de Jesús puede remontarse hacia la primavera del año 5 antes de Cristo, la tradicional festividad navideña tiene un origen desconocido. A comienzos del siglo segundo, dentro de los diez primeros días de Enero se celebraban en la misma fecha, la Navidad, los Reyes Magos y el bautismo de Jesús, los armenios aún celebran la Natividad el seis de Enero.


Representación navideña en un códice medieval y en un jetón del siglo XVI.

            Su traslado a la fecha actual tuvo como finalidad contrarrestar la enorme popularidad del culto al “Sol Invicto” en tiempos del Emperador Constantino el Grande. Este culto al dios Sol, procedente de Siria, fue instaurado por Caracalla a comienzos del siglo tercero y aunque tras la violenta muerte del emperador Heliogábalo en el año 222 d.C. quedó prohibido, Aureliano (270-275) lo reinstauró de nuevo por motivos políticos, fijándose su aniversario el 25 de diciembre, día natalicio de las divinidades solares orientales.

            La fecha no es casual, tras el solsticio de Invierno, los días comienzan a alargarse, tras un período de reducción que se inicia a partir del 24 de Junio. Es como si por fin el sol triunfase sobre la oscuridad, un “sol invencible” adorado como un dios. Curiosamente el emperador Constantino I (306-337) que oficializó el cristianismo en Roma, acuñó una gran cantidad de monedas con la figura del “sol invicto”, deidad que en esta época tenía una gran importancia en Roma (Figura 1). Tras la adopción del cristianismo se trasladó la fiesta de la Navidad (nacimiento del Niño Dios) al mismo día que se celebraba el rito pagano del nacimiento del sol, el 25 de diciembre y de esta forma, aunque con un cambio en la divinidad a la que se rendía culto, se conservaba la tradición popular de la fecha de la celebración. También hasta esas fechas, el día semanal de descanso para los cristianos seguía siendo -según la tradición judía-, el sábado, pero el edicto de Constantino en el año 321 d.C. trasladó esta festividad al Día del Sol (el domingo-“Sunday”).


Figura 1.- Tesorillo de monedas de Constantino I, representando la figura del “Sol Invicto”.

            Se ha exagerado el papel de Constantino como introductor del cristianismo. En realidad su predisposición y tolerancia hacia la nueva religión era interesada, los cristianos eran numerosos y Constantino los necesitaba para combatir a Majencio en su lucha por el Imperio. En el año 312 d.C., Majencio fue aniquilado en la batalla de Puente Milvio, y la tradición señala que, inmediatamente antes de la mencionada batalla, Constantino tuvo la visión de una cruz luminosa pendiendo en el cielo. A partir de aquí se ha venido aceptando que el emperador convirtió el Imperio Romano al cristianismo, sin embargo esto no es lo que nos transmite la numismática, que nos muestra solamente representaciones de dioses paganos (Júpiter y el Sol) en sus monedas (Figura 1). De hecho en el arco triunfal que el senado construyó en el coliseo para celebrar la victoria de Constantino, la inscripción señala que la victoria de debió a la mano de la deidad, pero del dios “Sol Invicto” del que Constantino fue durante toda su vida su Sacerdote Supremo. El emperador fue finalmente bautizado el año 337 en su lecho de muerte, tal vez imposibilitado para negarse a ello.

            El culto al Sol Invicto era esencialmente monoteísta,  asumía que el dios sol era la suma de los atributos de todos los otros dioses, así de forma pacífica, asimiló a todos sus posibles competidores, además armonizaba convenientemente con el culto de Mitra, muy popular en el Imperio Romano en esa época y que también incluía la adoración del sol. Dentro de la política de Constantino de conseguir la unidad política, territorial y religiosa del extenso y  diverso Imperio Romano, una religión estatal que aglutinara a todos los cultos era en esos momentos la más conveniente, y fue precisamente bajo los auspicios del “Sol Invicto” como el cristianismo consolidó su implantación. Las tres religiones más populares en esa época (Sol, Mitra y Cristianismo), finalmente acabaron confluyendo en una sola, el cristianismo (Figura 2).


Figura 2.- Las tres religiones monoteístas del Imperio Romano: Mitra, el Sol Invicto y el Cristianismo.

            Constantino construía al mismo tiempo iglesias cristianas y estatuas a la diosa Cibeles y al Sol Invicto, en este caso con las facciones del propio emperador. La fe era para el emperador estrictamente una cuestión de estado, y cualquier religión que condujera a la unidad era tratada con preferencia. Así convocó el Concilio de Nicea el año 325 donde quedaron establecidas las reglas de la Iglesia y se decidió por mayoría que Jesús era Dios y no un simple profeta mortal, tal como sostenía el arrianismo.

            Si bien lo más frecuente en las emisiones monetarias del emperador Constantino es que aparezcan representados dioses paganos, ocasionalmente muestran símbolos cristianos asociados a la figura del emperador, como por ejemplo en una temprana moneda de plata acuñada en la ceca de Ticinum (Pavía, Italia. R.I.C.VII, 36) donde aparece el busto del emperador con escudo, cota y casco adornado por un pequeño cristrograma, detalle que se repite en un pequeño “nummus” de Siscia (Croacia; R.I.C.VII, 95). Resulta curioso que en todos los casos el elemento cristiano aparezca asociado a una imagen del emperador fuertemente armado con casco, coraza, escudo y lanza. Posiblemente Constantino utilizaba el crismón como elemento decorativo en su armadura y así es como figura también en las escasas monedas donde aparece el símbolo cristiano.

            La primera cruz cristiana claramente representada en una moneda aparece en una tardía emisión del tipo de los “dos soldados” (leyenda “GLORIA EXERCITVS”) acuñada en Aquileia (Italia) y que puede datarse entre los años 334-5 (R.I.C. VII ns. 124-7). Su presencia parece responder más a una concesión a los encargados monetarios de la ciudad, probablemente cristianos, que a una intencionalidad explícita del Emperador en representar la cruz en sus monedas (Figura 3).


Figura 3.- Medio centenonial de Constantino I. Ceca de Aquileia (334-335 d.C.). Al fondo una representación pictórica renacentista de la victoria de Constantino en el Puente Milvio.
Reverso: GLORIA EXERCITVS, dos soldados enfrentados, dos estandartes y entre ellos la cruz | AQS en exergo (RIC VII 124).

            Los símbolos cristianos aparecerán de forma inequívoca algo más tarde, en algunas monedas de oro y plata acuñadas por sus hijos Constante (337-350 d.C.) y Constancio II (337-361), en las que la figura del emperador porta un estandarte con el crismón (símbolo cristiano). En cuanto a las pequeñas monedas de bronce, Constante acuñó en la ceca de Siscia una emisión del tipo de “dos soldados” en cuyo reverso aparece en forma destacada la figura del crismón en el estandarte central que portan los soldados (Figura 4). Aparte de estas apariciones relativamente puntuales, es a partir de Teodosio I (379-395) cuando las representaciones monetarias se “cristianizan”, dentro de una política general de supresión del tradicional paganismo y afirmación de la religión cristiana, y donde las monedas, además de su función económica, servían como elementos de propaganda política del Estado (en este caso lo político y lo religioso se encuentran fuertemente entremezclados).


Figura 4.- Monedas de Constante con estandarte donde figura el símbolo cristiano.