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miércoles, 1 de abril de 2026

El cincuentín navarro de 1652

 

El cincuentín navarro de 1652. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 58 (1097) (Mayo, 2002): pp. 44-45.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

Recientemente (en 2002) ha sido puesto a la venta en la casa “Numismatica Ars Classica” de Zurich (Suiza) un cincuentín navarro, por este motivo merece la pena realizar algún comentario sobre esta singular y rara moneda.

Las mayoría de las emisiones navarras en plata de Felipe IV se realizaron en 1651 y 1652, a partir de las monedas faltas de peso de ocho y cuatro reales de Perú, retiradas de la circulación a finales de 1650  (Archivo General de Navarra. Sección de Moneda, pesos y medidas, Legajo 1º, carpeta 15).

Las emisiones de 1651, 1652 y 1653 llevaban la leyenda “Castelle et Navarre”, lo cual provocó una encendida protesta de las Cortes del Reino de Navarra, que solicitaron la supresión del término “Castilla” en las leyenda monetales, así como que figurase tan sólo “Navarre Rex” en las monedas acuñadas en Pamplona (Nov. Recopilacion (1735) Lib. V, tít. VI, Ley XII). Las protestas fueron tenidas en cuenta, y se recogieron posteriormente en las emisiones de 1658 y 1659, donde ya no aparece ninguna alusión al reino de Castilla. De hecho, en las monedas de oro (ocho escudos) y plata (cincuentín) de 1652 ya aparece la nueva leyenda “Navarre Rex”, y el cuño de la pieza de ocho reales de 1653 con la leyenda antigua, que se conserva en el Museo de Navarra, se encuentra sin usar, no conociéndose ninguna moneda con esta fecha. Posiblemente a pesar de estar ya el cuño preparado (probablemente los correspondientes a los años 1651, 1652 y 1653 se fabricaron a la vez, a finales de 1650 o en 1651), no se llegó a utilizar, al modificarse la leyenda de las monedas durante el año 1652. Por el contrario durante 1652 siguieron acuñándose con la leyenda antigua (Castelle et Navarre) monedas de medio, uno, dos y cuatro reales de plata.

Figura 1.- Cincuentín navarro conservado en el Museo de Navarra.

 

En algún momento indeterminado del año 1652 se acuñan en Navarra las monedas más espectaculares de toda su historia, las piezas de ocho y cuatro escudos de oro,  y la de cincuenta reales de plata o cincuentín. Si bien las dos primeras no llevan año de emisión, y no se ha encontrado de momento ninguna referencia documental al año de su fabricación, bien podemos situarlas en torno a esta época.

Con respecto al cincuentín, el ejemplar ofertado recientemente en Suiza es el mismo que se vendió el 30 de abril de 1981 en una subasta de la madrileña casa Numinter, y en el catálogo de la firma helvética (nº 22 de marzo del 2002), se aportan interesantes datos sobre la composición metalográfica del cincuentín navarro, que presenta una pureza en plata de más del 95%. Con respecto al método utilizado para la fabricación de esta singular pieza, se ha sugerido repetidamente que dada la imposibilidad de disponer en la ceca de Pamplona de una técnica que permitiera la acuñación de estas grandes monedas (técnica que existía en la casa de moneda de Segovia donde se emitieron la mayor parte de cincuentines) la fabricación del mismo se hizo por fundición, utilizando como moldes los cuños. Sin embargo, en el cincuentín que se conserva en las colecciones del Museo de Navarra, y que proviene del antiguo monetario de la Catedral de Pamplona, se observan claras señales de “repintado” es decir de doble acuñación. Por lo que podemos suponer que estas piezas en realidad se acuñaron, sobre cospeles fabricados por fundición y probablemente fuertemente recalentados para aumentar su maleabilidad y facilitar así su acuñación.

Figura 2.- Cuño de anverso del cincuentín, conservado en el Museo de Navarra.

 

Tal como se puede observar en la pieza conservada en el Museo de Navarra, con posterioridad a la acuñación, las letras fueron retocadas manualmente con el fin de conseguir una estilización y una mejor presentación, retoque que no se hizo en la moneda puesta a la venta recientemente.

Desconocemos por completo las circunstancias y número de piezas fabricadas en Pamplona del singular cincuentín navarro, es de suponer que este tipo de monedas en la práctica no llegaron a circular como moneda, sino que fueron utilizadas para obsequios a personajes importantes, cumpliendo una función más medallística que numismática, si bien se trata de verdaderas monedas, cuando menos desde la perspectiva teórica. Hay que suponer por tanto una corta emisión, y un tratamiento artesanal e individualizado para cada una de las piezas fabricadas.

 

Artículo original:





lunes, 1 de diciembre de 2025

Representaciones de animales en los jetones medievales y su significado.

 

Representaciones de animales en los jetones medievales y su significado. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 81 (1346) (Enero, 2025): pp. 46-49.

Miguel Ibáñez Artica


 

Durante la Edad Media, en muchos reinos europeos se emitieron unos objetos con aspecto de monedas, pero que en realidad eran “fichas” que tenían muy diversos usos, como servir de salvoconducto para el acceso a ciertas dependencias reales, o para asistir a determinadas reuniones privadas de gremios artesanales o cofradías, ser utilizadas como medio de pago para determinados productos, o emplearse como elementos para el cálculo matemático, e incluso podían ser utilizados como fichas de juego.

Estos objetos monetiformes, aunque fueron utilizados en numerosos países (Italia, Inglaterra, Alemania, Austria, Portugal....) suelen conocerse por sus denominaciones en francés, al ser Francia uno de los reinos donde más proliferó su uso. Así se denominan “mereaux” a las fichas que no llevan leyendas y “jetones” a las que sí las llevan. Estos últimos surgen a comienzos del siglo XIV, y suelen reproducir los motivos que aparecen en las monedas de oro y plata que circulaban en la época (coronas, escudos, figuras del monarca sentado en el trono o de pie, “Agnus Dei”, etc...), utilizándose como fichas o contadores para realizar cálculos matemáticos sobre una mesa (Fig. 1). Con el fin de simplificar, denominaremos jetones a las piezas fabricadas en aleaciones de cobre o plata, presenten o no leyendas, reservando la denominación de “mereaux” para los plomos monetiformes.

Figura 1.- a: Tapete con marcas de cifras para colocar sobre la mesa; b: mesa con las marcas trazadas para realizar los cálculos con jetones (Frauenhausmuseum, Estrasburgo, Francia).

 

Los jetones siguieron empleándose a comienzos de la Edad Moderna como instrumentos contables al servicio de la administración hasta finales del siglo XVII, recibiendo en España el nombre de “contadores”, y desaparecieron al imponerse definitivamente el uso de las cifras arábigas en el cálculo algebraico moderno (Fig. 2).

Durante varios siglos convivieron las dos formas de realizar los cálculos, por una parte mediante el tradicional empleo de jetones y por otra usando el cálculo algebraico. Aunque al principio la Iglesia Católica se opuso a la introducción de las cifras arábigas, y así por ejemplo en 1299 se prohibió a los banqueros de Florencia utilizarlas en sus transacciones (“Quod nullus de arte scribat in suo libro per abbacum”), y los Estatutos de la Universidad de Padua ordenaban que el librero llevara una lista de los libros a la venta, con los precios marcados "non per cifras, sed per literas claras', con el inicio de la Edad Moderna, el cálculo algebraico fue imponiéndose progresivamente, implantándose primero en las instituciones privadas (comerciantes, banqueros...).

Por ejemplo en el banco de los Medici de Florencia comienzan a utilizarse en 1439  las cifras arábigas, y en 1482 se prohíbe el uso de la numeración latina(22). Mientras tanto, en las administraciones públicas, menos proclives a cambios e innovaciones,  siguió utilizándose el tradicional cálculo con jetones hasta bien avanzado el siglo XVII. En cualquier caso, durante los siglos XVI y XVII siguieron empleándose los jetones para hacer operaciones sencillas por parte de un gran número de personas, que sin saber leer y escribir, podía realizar los cálculos con jetones.

Figura 2.- a: Representación de un personaje realizando cálculos mediante jetones sobre una mesa (Sánchez de Arévalo, 1491: Libro primero, capítulo XL: Aritmética y Geometría).

b: Jetones o “contadores” para el servicio de la administración contable del príncipe Felipe (futuro Felipe II de España).

 

            Retornando a tiempos medievales, en estas piezas denominadas “mereaux” o jetones, encontramos una nutrida representación de la fauna. Por una parte especies cinegéticas como el ciervo, el jabalí o el conejo (Fig. 3), animales que eran objeto de las cacerías organizadas por la nobleza, y que constituían una prestigiosa forma de deporte y entretenimiento de las clases más altas de la sociedad. Estas actividades requerían de un numeroso séquito de acompañantes, criados, cuidadores de los perros que participaban en estos eventos, rastreadores, etc., y para los servicios administrativos que integraban este personal se acuñaron pequeños jetones anepígrafos que muestran las principales especies objeto de estas cacerías.   Un dato interesante y que guarda relación con el jetón que se ilustra en la figura 3a, es que por ejemplo Juana de Evreux, a quien pertenece esta pieza, esposa del rey de Francia y Navarra Carlos IV apodado “el calvo” entre 1322 y 1328, tras enviudar, mantuvo sus numerosas posesiones durante más de cuarenta años hasta su fallecimiento en 1371. Las ordenanzas de 1326 que regulan el Hostal de la reina establecen un total de 280 personas al servicio del mismo, entre las que figuran damas de honor, capellanes, notarios, caballeros, médicos... y un maestro de la cámara de los dineros de la reina, que utilizaría para sus operaciones contables los jetones que llevan el escudo partido de Francia/Evreus.

Figura 3.- Jetones utilizados por los servicios de caza.

a.- Jetón de Juana de Evreux  Juana de Evreux, esposa del rey de Francia y Navarra Carlos IV “el Calvo” (1322-1328); b: jetón con el escudo de la familia italiana de banqueros Franzesi; c y d: jetones con imágenes de jabalíes.

 

            En una pequeña pieza de plomo del siglo XIV podemos ver a un cazador provisto de arco y flecha en una cara, y en la otra un personaje de la Casa Real que lleva una flor de lis en su mano derecha como símbolo de la realeza y un halcón en su mano izquierda (Fig. 4).

Figura 4.- “Mereau” de plomo que muestra en una cara un cazador con arco y en la otra un personaje real que porta una flor de lis y un halcón.

 

En algunos de los jetones utilizados por los servicios de las cocinas reales podemos ver representados algunos animales acuáticos como cangrejos (Fig. 5a) o peces (Fig. 5b), así como diferentes especies de aves como cigüeñas (Fig. 5c) o gallos (Fig. 5d), especies que formaban parte de los suculentos manjares que integraban los habituales festines que se daban en la corte real. Estas piezas eran entregadas a los proveedores a cambio de la mercancía, quienes posteriormente los canjeaban por dinero en efectivo en la tesorería.

 Con otro significado también encontramos figuras de ardillas  (“écureuil” en idioma francés) probablemente relacionadas con el término “l’écurie”: el establo (Figs. 5je, f). Estos jetones eran utilizados por los oficiales a cuyo cargo se encontraban los establos reales, al igual que los que presentan la imagen de uno o dos rastrillos. En tiempos medievales, los caballos eran imprescindibles para los desplazamientos y las comunicaciones, requiriendo un elevado número de servidores para atender la manutención y puesta a punto de las caballerías en los establos donde se alojaban.

Uno de los animales más exóticos que podemos ver representados, es el mono que sostiene un disco, que aparece en jetones atribuidos al zoológico real en el siglo XIV (Fig. 5g) y también en algunos raros jetones de Nuremberg del siglo XV (Fig. 5h).

En ciertas ocasiones los animales que aparecen representados tienen un significado simbólico. Este sería el caso de un caracol con cabeza humana, imagen parlante del General de las Monedas del siglo XV Guillaume le Maçon (colimaçon= espiral), a quien pertenece este curioso jetón (Fig. 5i).

Figura 5.-  Jetones de las cocinas reales y otros servicios.

 

            En la Península Ibérica, aparte de las “pellofas” religiosas de latón tardo-medievales que se fabricaron en Cataluña, solamente los reinos de Portugal y Navarra emitieron jetones, y respecto a los animales que aparecen representados en los jetones navarros medievales (Fig. 6), podemos señalar en primer lugar el cordero pascual o “Agnus Dei”,  metáfora  aplicada por San Juan Bautista para señalar el papel de Jesucristo, ofrecido como víctima propiciatoria para redimir los pecados del mundo, a semejanza del cordero consumido durante la conmemoración de la Pascua judía.

La representación  del “Agnus Dei” en las monedas adquiere su máxima importancia en el siglo catorce, cuando las monedas que portan esta imagen dan nombre a los tipos monetarios de los “Agnel de oro”, acuñados entre 1311 y 1322, así como los “Moutones y medios moutones” de Juan II acuñados entre 1355 y 1357, que fueron profusamente imitados en Flandes.

            La representación del “Agnus Dei” aparece en dos ocasiones en los jetones navarros, en ambos casos se trata de piezas muy raras y poco conocidas, que corresponden respectivamente a una de las primeras acuñaciones de comienzos del siglo catorce (Fig. 6a) y a una de las últimas emisiones medievales, probablemente de finales del siglo quince (Fig. 6b).

La primera pieza (Fig. 6a) se atribuye a Juana I de Navarra, esposa del monarca francés Felipe IV entre 1284 y 1305. Se trata de un jetón de 28 mm de módulo y 3,56 gramos de peso, que presenta en una cara el escudo partido Navarra/Francia (antiguo) rodeado de tres besantes en la parte superior y cinco en los laterales, además de puntos. La otra cara presenta la imagen del Agnus Dei y la leyenda “VEZ SI LAIGNIAV SIEV.QVI.OSTA” que podemos traducir como “Este es el Cordero de Dios que quita”. La misma figura y leyenda la encontramos en otro jetón del mismo tamaño que presenta en el reverso una cruz rematada por lises y la continuación de la leyenda “LES PEShIEZ DV MONDE” (los pecados del mundo), y que podemos considerar como el prototipo francés del que se describe aquí.

Figura 6.- Jetones medievales navarros con representaciones de animales.

 

El segundo jetón (Fig. 6b) es más tardío y corresponde a la segunda mitad del siglo XV, con un módulo de 25 mm y 4,2 gramos de peso,  en una cara figura el escudo coronado, cuartelado con las armas de Navarra y Evreux, y sendas ramas rematadas por una flor a los lados, con la leyenda: “ET QVI BIEN GETERA”. El motivo de la otra cara es el “Agnus Dei”, con la leyenda circular: “BVEN COMPTO TROBARA” o “BON CVENTO TRBARA”. Juntando ambas leyendas, “Et qui bien getera, buen compto (cuento) trobara (trbara)”, podría traducirse como “y quien sea hábil en las operaciones de mover los jetones en la mesa de cálculo (geter= antiguo verbo medieval francés), conseguirá realizar buenas cuentas”. Este tipo de textos aparecen en algunos jetones de los Países Bajos en el siglo XV.

Finalmente, en algunos jetones del tesorero García López de Roncesvalles aparece su escudo con dos lobos (Figs. 6c, d). Este personaje navarro ocupó durante un largo período de tiempo el cargo de tesorero (“controlador”) del reino, entre 1404 y 1437.

 

domingo, 1 de junio de 2025

El castigo por falsificar moneda en Navarra durante la Edad Media

 

El castigo por falsificar moneda en Navarra durante la Edad Media. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1339) (Mayo, 2024): pp. 48-49.

 

Miguel Ibáñez Artica

 


 




            La falsificación de moneda es tan antigua como la misma moneda, y en Navarra se remonta a las abundantes emisiones de denarios forrados de las cecas vasconas de BASKUNES y ARSAOS del siglo primero antes de nuestra Era (Fig. 1a). Algo más tarde se fabrican monedas con un recubrimiento de plata obtenido mediante la técnica de amalgamamiento con mercurio en falsificaciones de dirhams musulmanes y dineros del monarca Sancho V Ramírez en el siglo XI (Fig. 1b).

 

Figura 1.- Denarios ibéricos forrados (a) y monedas musulmanas y cristianas de Sancho V Ramírez falsificadas mediante amalgamamiento con mercurio (b).

 

            Las informaciones sobre falsificación de moneda son abundantes en la documentación navarra medieval, por ejemplo en 1337, dos caballeros son robados en Roncesvalles mientras dormían. Les son sustraidos 12 gruesos torneses blancos (Fig. 1a) y en su lugar se colocan 16 de estaño (Fig. 1a’).  Al llegar a San Juan de Pie de Port, los caballeros se dan cuenta del engaño y denuncian la sustitución de las monedas al castellano de la ciudad, éste sale hacia Valcarlos donde detiene a Johan Sánchiz, quien confiesa la “robería” y que sabe hacer moneda falsa, siendo por ello ahorcado en el castillo (AGN, Registro 381 de 1337).

 

            Nuevamente encontramos referencias a detenciones por falsificación de moneda en 1340 y 1343, en este último caso es detenido un platero de Pamplona llamado Pedro de Viscarret, que es encerrado en el castillo de Tudela, y trasladado después a Estella donde aún permanecía en 1347.

 

            En coasiones se producen acusaciones falsas, tal como se señala en la multa que debe pagar en 1344 Davit “el cirurgico” por llamar “monedero et falsificador de moneda” al judío Ezmel Chico, y en ocasiones estas falsas denuncias reciben severos castigos, como el impuesto al maestre Jacques Licras: “lo dit maeftre Jaques fue llevado por las rues mayors de Pamplona... lo dit maeftre Jaques fu rastrat et li fu tayllada la lengua al pe de la forca et ap fu enforcat”, es decir, le fue cortada la lengua y después ahorcado por haber acusado falsamente a Pedro de Lecumberri de falsificar moneda (AGN, Reg. 56, fols. 187v y 188).

 

Figura 2.- Grueso tornés de Luis IX de Francia (1226-1270) (a), y falsificación de época en estaño (b).

           

            Las falsificaciones realizadas en tiempos de Carlos II parecen afectar fundamentalmente a la moneda de oro castellana, en relación con las falsificaciones de moneda castellana realizadas en Aragón e introducidas en otros reinos por contrabandistas, mecanismo utilizado para desestabilizar la economía de los reinos enemigos como un étodo de guerra más. En 1374 es apresado un mozo castellano en Orduña al que se le encontraron cuatro doblas de plata sobredorada de Pedro I de Castilla, y en el año anterior el justicia de Tidela viajó a Tarazona para hablar con el obispo sobre “el fecho de la falsa moneda”, enviando un mensaje con el “libro de la moneda” incautado en casa de Sancho Ruiz, preso en Tarazona, ciudad que contaba con una larga tradición en la falsificación de moneda desde el siglo XIII.

 

El caso más espectacular se produce en 1362, cuando es ajusticiado en Tudela el falsificador Martín Martínez de San Vicente. Al cuplimiento de la sentencia “a facer cocer” asiste el justicia acompañado de nueve hombres a caballo y treinta a pie. Se emplean en la ejecución 16 cargas de leña para calentar el agua de la caldera, labor realizada por cuatro hombres. Una vez “muerto et cocho”, es ahorcado públicamente arrojándole a la cabeza la moneda falsa incautada (orden del 25 de enero de 1362, AGN, Reg. 101, fols. 65-67). Este tipo de ajusticiamiento sigue el modelo francés, donde el culpable de falsificacion era cocido en una caldera (Fig. 1c). Durante más de 500 años, hasta el 2017, en la fachada lateral del edificio denominado Waag, en la ciudad neerlandesa de Deventer, colgaba una caldera de cobre donde el año 1434 fue ajusticiado el Maestro de la Casa de la Moneda de Batenburgo al encontrar en su poder moneda falsa (Fig. 1d). Actualmente la caldera está expuesta en el museo de la ciudad.


Figura 3.- a: Escena de ajusticiamiento en un manuscrito medieval (c. 1294); b: Fachada lateral del edificio Waag en Deventer (Países Bajos) y detalle de la caldera donde se ajustició por falsificador al maestro de la moneda en 1434.

 

            También existen representaciones del castigo que le espera al falsificador de moneda en el otro mundo. En el lado derecho del tímpano de la abadía de la Santa Fe, de la comuna Occitana de Conques, entre los condenados al infierno, está representado un falsificador de moneda que sujeta un cuño, identificado como tal por llevar grabada la leyenda “CVNEVS”, con un demonio que emergiendo de las llamas le tira de las barbas (Fig.4). Esta representación del siglo XII evidencia la importancia que el delito de falsificar moneda tenía en la época.

 

Figura 4.- Iconografía románica del castigo al falsificador (Abadía de Santa Fe, Conques, Francia).

 

            Para finalizar, se conocen también falsificaciones de las monedas del Príncipe de Viana, en este caso son gruesos de cobre que llevarían un baño de plata (Fig. 5b). Estas monedas podrían haber sido fabricadas por los agramonteses, partidarios de rey Juan, con el fin de desprestigiar las buenas emisiones del Principe Carlos (Fig. 5a), durante la guerra civil que dividió al reino de Navarra entre los años 1451 y 1464.

 

 

Figura 5.- a: Grueso de Carlos, Príncipe de Viana; b: Falsificación de época en cobre.

 

domingo, 1 de diciembre de 2024

Una "moneda de sal" en Navarra.

 

Una “moneda de sal” en Navarra. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1341) (Julio/Agosto 2024): pp. 46-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 


En el mes de mayo del 2021, el departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, puso en marcha una original campaña “Sal con Navarra-Nafarroa Gatz” para promocionar e impulsar el producto local y de calidad, y reforzar así su consumo. 

Dentro de esta campaña, se repartieron unas fichas de cartón, que en realidad son pequeñas cajitas, que albergan en su interior una pequeña cantidad de sal procedente del diapiro de Salinas de Oro (Navarra) (Fig. 1). Esta estructura geológica, formada por rocas evaporíticas del Triásico superior, se originó tras la desecación de un mar interior hace unos 225 millones de años, cuando en la Tierra todavía dominaban los dinosaurios.


Figura 1.- “Moneda de sal” abierta, mostrando en su interior granos de sal procedentes de Salinas de Oro (Navarra).

 

                Una de las singularidades de esta ficha publicitaria (Fig. 2) es la moneda que aparece representada, se trata de los ocho escudos de oro de Felipe IV de España (VI de Navarra), acuñados en la ceca de Pamplona en 1652 y cuyo cuño de anverso se conserva en el Museo de Navarra donde actualmente se expone en la Sala de Numismática.

Solamente se conoce un ejemplar de esta singular moneda (Fig.3) y su estado de conservación es excelente. Acuñada por Felipe IV, en Pamplona, precisamente, tras la protesta realizada por los navarros en 1652 por las acuñaciones de monedas de plata se habían realizado hasta la fecha con la leyenda “PHILIPPUS DEI GRATIA CASTELLE ET NAVARRAE REX”, cuando según los fueros el monarca debía titularse solamente como rey de Navarra en la moneda acuñada en el reino. Posiblemente, como desagravio, y atendiendo a las peticiones de corregir el contrafuero, el monarca autorizó una acuñación extraordinaria y muy limitada de piezas de oro (onza y medio onza) con la leyenda pedida por sus súbditos: PHILIPPUS SEXTUS DEI GRATIA NAVARRAE REX, que fue supervisada por el entonces virrey (1649-1653), Don Diego López de Pacheco Cabrera y Bobadilla, Marqués de Villena.


Figura 2.- Token o ficha publicitaria que contiene una muestra de sal.

 

Además de su valor intrínseco, esta moneda tiene un interesante pedigrí. Fue adquirida por Archer M. Huntington, (1870-1955), quien tras fallecer su padre, Collis P. Huntington, fundador de la compañía de ferrocarriles Central Pacific Railroad, heredó una de las fortunas más grandes de los EE. UU.

Ya en vida de sus padres, el joven Archer se dedicó a viajar, y sobre todo a realizar el sueño de su niñez, fundar un museo con los materiales que adquiría en sus desplazamientos, museo que se convertiría en una institución internacional, encargada de fomentar y divulgar los estudios hispánicos. Así surgió en 1904 la “Hispanic Society of America” (HSA) ubicada en Nueva York. 

Entre los variados materiales hispánicos que reunió a lo largo de su vida, destacan las 38.000 monedas que se conservaban hasta hace pocos años en la Avenida de Broadway de Nueva York, algunas de ellas piezas únicas, en  la colección de moneda hispánica más importante que existía fuera de España. Esta importante colección numismática se conservaba en el edificio contiguo de la American Numismatic Society (ANS) donde pudimos estudiar las piezas navarras a finales del pasado siglo.

El año 2011, la Hispanic Society decidió poner en venta la importante colección de monedas con el fin de recaudar dinero con el que adquirir una nueva sede. En las mismas fechas que se gestaba la devolución a España de las monedas ilegalmente obtenidas por el Odyssey del pecio de la Fragata Mercedes, y dado que según el testamento de Hungtington, la colección de la Hispanc Society tan laboriosamente reunida no se podía dispersar, se ofreció la colección, tasada entre 25 y 35 millones de dólares, al Ministerio de Cultura. Dada la delicada situación económica provocada por la crisis, el Gobierno rechazó la oferta.

 

Figura 3.- Moneda de ocho escudos de oro acuñada en Pamplona en 1652.

 

Ante la negativa institucional, en marzo del 2012, la casa de subastas Sotheby's la adjudicó en una puja a sobre cerrado. El comprador fue un consorcio de profesionales numismáticos creado a tal fin, y una vez adquiridas, las monedas se dispersaron y vendieron en diferentes subastas, incumpliendo así la voluntad del fundador de la Hispanic Society. Finalmente, la moneda navarra de ocho reales (Fig. 3) fue subastada en Madrid el 9 de octubre del 2012, adjudicándose en la cantidad de 525.000 euros (a los que hay que sumar la comisión de la casa de subastas y las tasas).

 

Esta moneda por motivos técnicos, no pudo figurar en la exposición que tuvo lugar el año 2001 en el Museo de Navarra sobre la Moneda, aunque su fotografía apareció de forma destacada en la portada del catálogo que el Gobierno de Navarra editó sobre este evento.

 

                A modo de recopilación, en esta original ficha o token confluyen dos elementos simbólicos, en primer lugar la imagen de la moneda más espectacular de la numismática navarra que figura en su cubierta, así como la sal que contiene en su interior, ya que este elemento ha sido utilizado como moneda en distintas épocas y lugares del Planeta, y desde los primeros tiempos -tras el surgimiento de las grandes civilizaciones-, fue utilizada como medio de pago (de aquí derivaría el término salario).

Fue precisamente el monarca Felipe IV, bajo cuyo reinado se acuñaron los ocho escudos de oro de Navarra, quien unos años antes había creado en 1631 el “Consejo de la Sal”, encargado de gestionar los impuestos que gravaban dicho producto.

Figura 4.- “Monedas de sal” con el Pirineo navarro al fondo.

 

 

 

domingo, 21 de julio de 2024