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lunes, 1 de julio de 2024

El final de las acuñaciones de moneda ibérica.

 

El final de las acuñaciones de moneda ibérica. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 67 (1200) (Octubre 2011): pp. 42-43.

 

Miguel Ibáñez Artica

 



            Tradicionalmente se ha considerado que el final de las emisiones ibéricas se produce a partir de la batalla de Munda el año 45 a.C., con la victoria de César contra los ejércitos de los hijos de Pompeyo el Grande; un año más tarde el asesinato de César propicia la ascensión de Octavio Augusto al poder, que acude a la Península el año 26 a.C. con el fin de completar la conquista de Hispania, a partir de la cual da comienzo un largo período de estabilidad política y profunda romanización.

 

            En una primera fase, algunas cecas ibéricas latinizan los textos que aparecen en las monedas, pero conservan relativamente intactos los motivos de anversos y reversos. Poco tiempo después, el mitológico busto barbado ibérico es sustituido por el retrato del emperador (Figura 1), finalmente desaparece el jinete lancero remplazado por motivos típicamente romanos.(1) El centenar de cecas indígenas que habían emitido moneda local se reduce a la cuarta parte en tiempos del emperador Augusto, pasando a ocho durante el mandato de Calígula, y con Claudio tan sólo Ebusus (Ibiza) emite con caracteres propios identificables.



Figura 1.- Monedas hispanas de Augusto de las cecas de Bilbilis (Calatayud) y Osca (Huesca) con el típico jinete lancero celtibérico.

 

            Una de las cecas más prolíficas, tanto en la emisión de denarios de plata como en ases de bronce fue Bolscan (Huesca), capital de Sertorio durante el período de las guerras sertorianas. Se considera que comenzó a emitir moneda hacia mediados del siglo II a.C. y los primeros denarios fabricados en dicha ceca presentan leyenda curva y sin línea de exergo, pronto las acuñaciones se extendieron a la moneda de bronce, los ases, y en menor medida también sus divisores los semises y cuadrantes. Las monedas del tesoro de Palenzuela, donde se hallaron 2.628 denarios ibéricos y 14 republicanos, ocultados hacia el años 74 a.C., permitieron establecer un punto de referencia, diferenciando las emisiones pre-Palenzuela y Palenzuela. Con posterioridad, en algún momento cercano al final de las emisiones ibéricas, la letra silábica Bo de la leyenda se simplificó, transformándose en una letra ibérica “o”, de forma que aparentemente el nombre de la ceca se convirtió en Olscan(2) (Figura 2). Hace algunos años tuvimos la ocasión de estudiar el hallazgo fortuito de tres denarios, que aparecieron juntos en una huerta a seis kilómetros de Guadalajara en los años sesenta del siglo veinte, dos de las monedas son denarios de Bolscan donde la silábica “Bo” ya ha degenerado hacia un aspecto de vocal “o”, tanto en el reverso como en el anverso (Figuras 3a y b), el tercer denario nos da la pista cronológica, se trata de una emisión de Marcius Philippus donde aparece en el anverso la leyenda ANCVS y el busto diademado de Ancus Marcius, cuarto rey de Roma, de quien descendía la gens Marcia. El reverso muestra una estatua equestre sobre un acueducto, conmemorando la construcción de “Aqua Marcia”, importante obra de ingeniería hidráulica  para el abastecimiento de Roma (Figura 3c). Esta emisión data de los años 57-56 a.C., lo que nos da una fecha de cuando pudo modificarse el nombre de la ceca de Bolscan, unos doce años antes de la batalla de Munda. La rareza de las piezas con la inicial de la leyenda transformada nos indica que la producción monetaria debió descender notablemente tras finalizar las guerras sertorianas.



Figura 2.- Transformación de la letra silábica “Bo” en la vocal “o” en los denarios de Bolscan.

 



 

Figura 3.- Tesorillo de Guadalajara.

a y b: Denarios de Bolscan con leyenda “Olscan”, 3,93 g. y 3,78 g. de peso, y 19 y 18 mm. de diámetro respectivamente.

c: Denario republicano de Marcius Philippus  emitido el 57-56 a.C.; 3,88 g. de peso y  módulo de 17,5 mm.

 

            A pesar de que ignoramos la fecha de la desaparición de la moneda con caracteres ibéricos, otro denario de Huesca nos puede dar alguna pista. El año 39 a.C. fue nombrado gobernador de Hispania Gneo Domitius Calvinus, quien emitió denarios conmemorando su victoria sobre los pueblos ceretanos (Figura 4). Estas monedas mantienen intacto el busto barbado del anverso, detrás del cual aparece el nombre latinizado de la ceca “Osca”, mientras el reverso copia los motivos de un denario de César, los instrumentos sacerdotales: secur, aspergillo, secespita y apex.



 

Figura 4.- Denario ibérico de Bolscan y denario hispanorromano de Gneus Domitius Calvinus (39 a.C.) acuñado en Osca (Huesca).

 

            No sabemos si se produjeron monedas con leyenda ibérica entre el 45 a.C. y el momento donde se inauguran las emisiones con caracteres latinos (39 a.C.), o las acuñaciones se interrumpieron a partir de la batalla de Munda y durante unos años la ceca de Huesca permaneció inactiva, hasta que el gobernador Domitius Calvinus ordenó acuñar denarios, manteniendo uno de los elementos iconográficos más característicos de la moneda ibérica, el busto barbado del anverso(3). Lo cierto es que con la llegada de Augusto finalizaron definitivamente las numerosas emisiones ibéricas en plata y bronce de los últimos cien años, que fueron reemplazadas por las acuñaciones romanas y provinciales durante los siglos posteriores, sustituyéndose también en algunos casos la propia ubicación de la ciudad emisora de la moneda a lugares próximos, tal como pudo ocurrir con la Bilbilis ibérica probablemente ubicada en Valdeherrera, que se trasladó al cerro de Bámbola para constituir la nueva Bilbilis itálica.

 

Notas:

 

.(1) Durante algún tiempo convivieron las monedas ibéricas de bronce con las nuevas emisiones con caracteres latinos, tal como se manifiesta en el tesoro de Ablitas (Navarra), estudiado por Mateu y Llopis en 1945.

 

(2) No queda claro si la modificación está motivada por una transformación fonética del nombre de la ciudad, o más bien se trata de un proceso de degeneración  y simplificación epigráfica. A favor de la segunda hipótesis está la no linearidad en algunos casos de los trazos verticales de la vocal ibérica “H” (“o”). La pieza representada en la Figura 3a, de mayor peso, presenta signos de desgaste, la primera letra del anverso es más bien una simplificación de la silábica “Bo” que ha perdido el trazo horizontal, y podemos considerarla una emisión anterior a 3b, donde ya figuran más claros los trazos verticales de la vocal ibérica “o” con forma de H.

  

(3)  Este busto evocaría alguna figura mitológica o deidad indígena, ya que en caso de representar alguna autoridad local, es muy poco probable su conservación en una moneda romana.

 

 

 

 

miércoles, 1 de mayo de 2024

El tesoro Ibero-Romano de Ablitas (Navarra).

 

El tesoro Ibero-Romano de Ablitas (Navarra).  Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 79 (1333) (Noviembre, 2023): pp. 45-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

 

            Hace aproximadamente un siglo, se produjo un importante hallazgo de monedas de bronce ibero-romanas en la localidad de Ablitas, en el sur de Navarra (Fig. 1). Se desconocen las circunstancias concretas del descubrimiento, y desgraciadamente las monedas se dispersaron antes de ser estudiadas. Por suerte, un centenar de ellas fueron recogidas por la institución “Príncipe de Viana” de la Diputación Foral de Navarra, y pudieron ser analizadas por el numismático Felipe Mateu y Llopis quien las publicó en 1945.

            Estas monedas se incorporaron al monetario del Museo de Navarra cuando se creó dicha institución en 1956, pero al agruparse los fondos, las monedas se incorporaron a las piezas ya existentes, clasificadas por cecas, de forma que no se conservó la información sobre su origen, y en la actualidad se encuentran mezcladas con otras monedas.

            No es raro que, en los tesoros incorporados a las colecciones de los museos en la primera mitad del pasado siglo, se haya perdido la trazabilidad sobre la procedencia de las piezas. Esto ocurre también con las monedas de Sancho VI encontradas al construir los cuarteles en Estella en 1906, o con el tesoro de la calle de la Merced en Pamplona hallado en 1940, piezas que se integraron en las colecciones del Museo Arqueológico Nacional  de Madrid.

 



Figura 1.- Conjunto de monedas ibero-romanas del tesoro de Ablitas.

 

 

            Los datos aportados por Mateu y Llopis sobre las cecas del centenar de monedas recuperadas son los siguientes:

Celsa (Velilla del Ebro, Zaragoza)

2 Bilingües de Kesle

27 Provinciales romanas

2 Colonia Lepida

26 Caesaraugusta (Zaragoza)

Bilbilis (cerro Bámbola, Calatayud).

3 Ibéricas de Bilbilis con jinete lancero        

Provinciales romanas

            5 Con jinete lancero en reverso

            14 Con láurea

17 Calagurris (Calahorra, La Rioja)

2 Osca (Huesca)

2 Turiaso (Tarazona, Zaragoza)

4 Fustras irreconocibles

 

            La revisión más completa de este conjunto monetario es la realizada en la tesis doctoral de Tomás Hurtado (2013: pp. 149-152), según el cual, las monedas identificables más tardías de este conjunto se corresponderían con las dos emitidas a nombre de Augusto en  Turiasu, y que al llevar la titulación de  “Pater Patriae” podrían datarse a partir del año 2 a.C., de forma que la ocultación se habrá producido en tiempos de dicho emperador, entre el cambio de era y el comienzo del reinado de Tiberio en el año 14 d.C..

            Como ocurre con el tesoro de denarios ibéricos de Tarazona, hallado en 1828 y reconstruido por Isabel Rodríguez a partir de la documentación conservada en la Real Academia de la Historia, donde de 183 denarios ibéricos, tan solo el 22% corresponden con emisiones del lugar donde se produjo el hallazgo, mientras que las restantes pertenecen a lugares más distantes como Sekobirikes, Arsaos, Arekorata y Baskunes, también en el caso de Ablitas, las monedas de los lugares más próximos como Turiasu o Calagurris, están peor representadas que las que pertenecen a cecas más distantes como Caesaraugusta o Bilbilis (Fig. 2).

 



Figura 2.- Procedencias de las monedas del tesoro de Ablitas.

 

Este “tesoro” presenta dos singularidades que lo hacen muy especial, en primer lugar que contenga monedas de bronce, cuando lo habitual en los atesoramientos de la época, es que se acumulen denarios de plata de mayor valor. Si por ahora nos resulta imposible determinar la composición del hallazgo (del que las monedas conocidas solo constituyen una parte, ignoramos si grande o pequeña), tampoco podemos establecer las posibles causas de dicho ocultamiento. La segunda singularidad es que se trata de un conjunto mixto de monedas ibéricas e ibero-romanas, es decir correspondiente a una época de transición, donde las monedas ibéricas, que probablemente dejaron de acuñarse tras la batalla de Munda en marzo del  año 45 a.C., circulaban de forma residual, mezcladas con las emisiones recientes de las cecas ibero-romanas asentadas en el Valle del Ebro.  

Cuando preparamos la exposición “La moneda en Navarra”, que tuvo lugar el año 2001 en Pamplona, intentamos identificar las piezas procedentes del tesoro de Ablitas en base a las fotografías que ilustran el citado artículo de Mateu y Llopis, llegando a la conclusión de que una gran parte de los ejemplares estaban rotos y presentaban graves problemas de conservación, por lo que optamos por “reconstruir” el tesoro con las monedas mejor conservadas de los tipos y cecas indicados, existentes en el monetario del Museo (Fig. 3).

 



Fig. 3.- Reconstrucción “hipotética” del tesoro de Ablitas.

            En algunas de las piezas pertenecientes al tesoro podemos  observar una fractura biselada, faltando un trozo del cospel (Figuras 4c, d, g, h, i), mientras en otros casos llevan adheridas fragmentos de otras monedas (Figura 4e). Esto nos lleva a pensar que originalmente las monedas formaban un bloque concrecionado, del que se extrajeron las piezas mecánicamente, “arrancándolas” del mismo, lo que provocó su fractura.

            Hay que considerar que el hallazgo tuvo lugar hace un siglo, y que si se hubiera producido en la actualidad, mediante técnicas físico-químicas (electrolisis) hubiera sido posible recuperar las monedas con muchos menos daños.

            En cualquier caso, y para la época en la que se produjo el hallazgo, es una gran suerte que al menos haya trascendido una información, que aunque parcial, resulta de un extraordinario interés.

 



 

Figura 4.- Selección de monedas procedentes del tesoro de Ablitas: a-b: Bilbilis; c: Celsa; d-h: Caesaraugusta; i: Calagurris.

 

 

 

Bibliografía:

 

Hurtado, T., 2013. Las emisiones monetarias de la Colonia Victrix Iulia Lepida-Celsa. Tesis Doctoral, Universidad de Valencia, 734 pp. + 145 láms.

 

Mateu y Llópis, F., 1945. El hallazgo ibero-romano de Ablitas (Tudela-Navarra). Príncipe de Viana 6(21): pp. 694-699.

 

Rodríguez, I., 2006. Noticia de un tesorillo de denarios celtibéricos descubierto en Tarazona de Aragón (Zaragoza) en 1828. Numisma 56(250): pp. 279-294.

 

viernes, 1 de mayo de 2020

La ceca ibérica de Kelin: monedas auténticas y falsificaciones modernas.


La ceca ibérica de Kelin: monedas auténticas y falsificaciones modernas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 75(1284) (Mayo, 2019): pp. 50-52.

Miguel Ibáñez Artica


La falsificación de monedas ibéricas desde hace más de dos siglos, ha producido una cierta “contaminación” en las investigaciones numismáticas, y todavía en la actualidad hay piezas de las que se discute su autenticidad en medios académicos(1). Entre las falsificaciones hay que diferenciar varias categorías, en primer lugar las “de época” que presentan un valor histórico y numismático idéntico al de las piezas originales(2), y en segundo lugar, las copias o falsificaciones modernas de monedas antiguas, o piezas originales retocadas y manipuladas con el fin de engañar al mercado del coleccionismo, fraude o delito que aunque en un principio puede parecer que carece de interés numismático, constituye un interesante campo de estudio e investigación abordado recientemente en numerosas publicaciones(3).
            A propósito de la aparición de un quinario(4) de la ceca levantina de Kelin, comentaremos resumidamente las vicisitudes acaecidas con las emisiones de dicha ceca. Las monedas ibéricas de Kelin (“Celin” en las publicaciones antiguas) son conocidas desde mediados del s. XIX, si bien su ubicación concreta en el yacimiento ibérico de Villares, en Caudete de las Fuentes (Valencia), fue establecida por P. Ripollés en 1979(5) en base a los hallazgos arqueológicos realizados en la zona.

            Los tipos monetarios conocidos eran los ases, semises y un raro cuadrante de bronce. El as presenta en su anverso un busto varonil imberbe mirando a la derecha, con un collar de bolitas; detrás un delfín y delante una palma; en el reverso un jinete lancero mirando a la derecha sobre una línea, y la leyenda KeLIN en caracteres ibéricos en el exergo (Figura 1c). Los semises con valor de medio as (Fig. 1d), son mucho más raros(6);  presentan un anverso similar al del as, mientras en el reverso figura un toro parado mirando a la derecha, con una letra “S” encima y la leyenda “KeLIN en el exergo. El cuadrante (Fig. 1e), presenta en el anverso un busto similar, con una palma delante y tres pequeños glóbulos detrás, mientras que en el reverso aparece un caballo a galope, con la leyenda de la ceca debajo y tres puntos encima.

            A estas piezas habría que añadir el denario (Fig. 1a), publicado en 1957 por Gil Farrés(7), con un peso de 3,25 g. y módulo de 16,5 mm. Según dicho autor “Descubierto hace unos cincuenta años en localidad incierta del litoral de la provincia de Valencia”. Unos años antes, Mateu y Llopis había señalado la existencia de dos denarios de este tipo en el Museo de Mataró(8).  



Figura 1.-  Supuestas emisiones de KeLIN. a: Denario; b: Quinario de plata; c: As; d: Semis o medio as; e: Cuadrante o cuarto de as. De todas estas emisiones, solamente son genuinos  el as y el semis, siendo las restantes, falsificaciones del siglo XIX.

            Como complemento a este denario, y para completar la serie, recientemente ha aparecido el correspondiente quinario (Fig. 1b; Fig.2) procedente de una antigua colección de denarios y quinarios romanos  republicanos puesta a la venta en Francia, donde la moneda en cuestión estaba catalogada como “quinaire a identifier”. Esta moneda tiene un peso de 1,93 g. con un módulo de 15,25 mm, y tanto el denario como el quinario presentan los mismos tipos descritos para el as, con una pequeña diferencia: el delfín situado en el anverso detrás de la cabeza, en las monedas de plata está dirigido hacia abajo, mientras que en los ases se dirige hacia arriba. Otra característica singular en estas emisiones es que la orla del reverso se superpone a la leyenda, de forma que ésta queda parcialmente “amputada” o tapada en su parte inferior, y la línea horizontal que discurre a los pies del caballo está formada por dos finas líneas paralelas muy juntas.


Figura 2.- Quinario de KeLIN (falsificación valenciana de finales del s. XIX).

            Las monedas presentan un buen estilo y como hemos comentado, el denario fue considerado como auténtico en 1957 por Gil Farrés. Sin embargo existe un esclarecedor y poco conocido artículo de Amadeu Burdeus, del seminario de Numismática de la Universidad de Barcelona, publicado en 1933(9), quien tuvo la ocasión de estudiar una colección de 21 monedas ibéricas de plata adquiridas a un anticuario de Valencia.  

            Entre las monedas estudiadas aparecen dos con el anverso correspondiente a la ceca de KeLIN, las descritas en dicho artículo con los números 6 y 7 (Fig. 3). En el segundo caso se trata del mismo tipo de denario publicado como auténtico por Gil Farrés en 1957, pero lo más sorprendente es el ejemplar número 6, que presenta el mismo anverso de la ceca Kelin, pero con un reverso que corresponde a una emisión fenicia de Gades. En este caso el cuño del anverso es un poco más pequeño y coincide con el del quinario anteriormente descrito.



Figura 3.- Falsificaciones de la moneda de KeLIN, segun Burdeus, 1933.

            Las conclusiones del estudio de las 21 monedas analizadas por Burdeus, son en primer lugar, que las falsificaciones se basan en los dibujos de la obra de Antonio Delgado(10), utilizándose 28 cuños diferentes, unas veces aplicados correctamente en anversos y reversos de la misma ceca, como es el caso del denario de Kelin ilustrado con el número 7 en la publicación de Burdeus, mientras que en otras ocasiones se utiliza el cuño de anverso de una pieza, el denario de Kelin, y para el reverso un cuño de otra ceca completamente diferente, en este caso la ceca fenicia de Gades, fabricándose una moneda híbrida “imposible” (Fig. 3), que sirve para certificar de forma inequívoca su falsedad, y también la del denario de Kelin. Burdeus concluye que las monedas en cuestión (entre las que podemos incluir el denario y el quinario de KeLIN) son obra de un falsario que actuó en Valencia hacia el año 1880.

            Queda por determinar ahora la autenticidad del cuadrante (Fig. 1e), del que tan solo se conoce un ejemplar, y que fue considerado falso por Villaronga. Efectivamente muestra unos rasgos del busto del anverso, como los pómulos muy marcados, similares a los que presentan las falsas piezas de plata.

            Así pues, finalmente de los cinco tipos monetarios citados (Fig. 1), tan solo dos, el as y el semis, pueden ser considerados como auténticos, al resultar el denario, quinario y cuadrante, acuñaciones realizadas a finales del s. XIX por algún falsario.


Figura 4.- Reproducciones modernas del as de KeLIN.

            Hasta ahora las falsificaciones comentadas fueron realizadas hace más de un siglo con una finalidad lucrativa, y aún pueden permanecer como piezas auténticas en algunos monetarios. Pero no terminan aquí los problemas de las monedas ibéricas acuñadas en esta ceca, podemos señalar también otro tipo de falsificación más reciente, que en este caso afecta a los ases.

En los años 90 del siglo pasado se puso de moda la emisión de réplicas de diferentes monedas, fabricadas con fines didácticos, y que como símbolos de identidad regional se distribuían con algunos periódicos. Este es el caso de la colección de “Billetes y monedas en la Historia de la Comunidad Valenciana” que regalaba el “Diario Levante” en 1997. Entre estas monedas figuraba una reproducción de gran calidad del as de la ceca de Kelin, que presenta la marca “®” de “reproducción” en el reverso bajo los pies del jinete lancero (Fig. 4a).

            A partir de estas piezas, algunos “espabilados” pusieron a la venta estas monedas como genuinas, tras manipular y eliminar la marca de reproducción, dándoles incluso una nueva patina (Fig. 4b) que proporciona a la moneda un aparente aspecto de “auténtica”. Afortunadamente en algunas páginas de Internet dedicadas a las “monedas falsas” se actualizan informaciones sobre estos tipos de falsificaciones modernas: http://www.denarios.org/falsas/KELIN.htm, que en bastantes casos son difíciles de detectar.







Notas:

(1) En ocasiones las falsificaciones pueden “fagocitar” a la moneda verdadera, este podría ser el caso de la controvertida moneda de Libiakos: Ibáñez, M. (2011): “El enigma de una ceca ibérica inexistente.  Eco Filatélico y Numismático, 67(1199): 46-47 y (2014): “Addenda et corrigenda” al artículo publicado sobre la ceca de “Libiakos” en septiembre del 2011. Eco Filatélico y Numismático 70 (1234): 52-53.

 (2) Ibáñez, M. (2005) Falsificaciones e imitaciones de monedas. Eco Filatélico y Numismático 61(1129), 52-53.

(3) Compaña, J.M. & J.L. Caro (2016): “Moneda falsa, retocada e inventada en la numismática malagueña”. Actas XV Congreso Nacional de Numismática, Madrid, RCM-FNMT: 629-642; Feria, R.  (2012): “El investigador ante la falsificación numismática”, en Muñoz, Mª T. (coord./ed.), La Moneda: Investigación numismática y fuentes archivísticas: 356-388; Mora, B. (2010): “Entre el negocio y la erudición: la falsificación de moneda hispana antigua en la historiografía numismática española”, en Campo, M. (coord.), Falsificació i manipulació de la moneda, Barcelona: 103-122; Mora, B. (2010): “Comerç, erudició i història: la falsificació i invenció de moneda hispana antiga”, Estrada-Rius, A. (Ed.), La moneda falsa, de l’antiguitat a l’euro, Barcelona: 26-31; Torres Lázaro, J. (2010): “La falsificació de moneda a l’edat moderna” y  “La falsificació de moneda metàl·lica a l’edat contemporània” , Estrada-Rius, A. (Ed.),La moneda falsa, de l’antiguitat a l’euro, Barcelona: 74-81 y 94-101.

(4) Subastado recientemente como auténtico en Francia, y procedente de una antigua colección de denarios y quinarios romanos republicanos.

(5) Ripollés, P.P. (1979): “La ceca de Celin. Su posible localización en relación con los hallazgos numismáticos”. Saguntum-PLAV 14, 127-137; (1980) “Estudio numismático del poblado ibérico de Los Villares (Caudete de las Fuentes, Valencia). Nuevos hallazgos de la ceca de Kelin,” Numisma XXX nº 165-167, 9-22.

(6) En los hallazgos de monedas de esta ceca en el yacimiento de Los Villares (Ripollés, 1980), frente a los 39 ases encontrados, solamente se registran dos semises.    

(7) Gil Farrés, O. (1957): “Denario ibérico inédito. Nuevo sistema de clasificación”. Numisma  VII nº 28, 9-36.

(8) Mateu y Llopis, F. (1951). Hallazgos monetarios VI. Ampurias. 12, pp. 203-255.

(9) Burdeus, A. (1933): “Monedes falses Hispàniques d’argent.” Butlletí desl Museus d’Art de Barcelona.  Octubre 1933: 299-304. Este artículo permitió a P. Ripollés (1979), eliminar los denarios de las emisiones de la ceca de KeLIN.

(10) Delgado, A. (1871-1876) Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España. (3 vols.).






domingo, 16 de octubre de 2016

La ceca ibérica de ARSAOS.

La ceca ibérica de ARSAOS. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 59(1110) (Julio-Agosto, 2003): pp. 44-45.

Miguel Ibáñez Artica.


          La división administrativa de la Península Ibérica en dos provincias, la Ulterior (sur) y la Citerior (norte) se remonta a comienzos del s. II a.C. y las emisiones monetarias acuñadas en ambas regiones muestran grandes diferencias. Por un lado, las poblaciones de la provincia Ulterior, tempranamente romanizadas, acuñan exclusivamente monedas de bronce y presentan una iconografía muy variada: elementos agrícolas como el trigo o la vid, peces y actividades de pesca, representaciones mitológicas y seres fantásticos, gladiadores etc..., utilizando también diversas lenguas y alfabetos: fenicio, ibérico meridional y latino. Por el contrario, en la provincia Citerior, se acuña en bronce (ases y sus divisores) y en plata (denarios), con un motivo predominante: el jinete guerrero en el reverso y un busto masculino, generalmente barbado en el anverso. En cuanto la escritura, con algunas variantes, es más homogénea y se corresponde con el alfabeto silábico ibérico. Resulta indiscutible que la aparición de la moneda indígena vino forzada por los nuevos conquistadores, los romanos. Aunque respecto a los motivos que aparecen en las monedas, y en cuanto a la escritura, los pueblos indígenas tenían una cierta autonomía, los pesos y tamaños de las monedas de plata y bronce, se corresponden exactamente con el patrón oficial impuesto por Roma.

          La primera dificultad para identificar las ciudades que en estos tiempos acuñaron moneda, es determinar la zona ocupada por los antiguos pueblos hispánicos prerromanos. Estos pueblos no tenían unas fronteras estables y podían expandirse, o incluso desaparecer en cortos períodos de tiempo. Los vascones ocupaban el actual territorio de Navarra, y se extendieron hacia el sur, este y oeste, abarcando en el siglo primero antes de nuestra Era (según Plinio y Ptolomeo) ciudades como Jaca, Egea de los Caballeros, Calahorra y Alfaro. Esta expansión vascona ocurrida hacia el siglo primero antes de Cristo, fue sin duda favorecida por los romanos, a quienes los vascones ayudaron en sus guerras, primero contra los celtíberos y más tarde participando como aliados del general Pompeyo (fundador de Pamplona) en su pugna contra Sertorio, quien había establecido su capital en Huesca.

Figura 1.- Denarios y ases de Arsaos.

          Una característica de las monedas “vasconas”, también común a otras vecinas poblaciones beronas que emitieron moneda (Teitiakos y Uarakos), es que a diferencia del típico jinete celtibérico portador de una lanza, en la moneda “vascona” generalmente el jinete lleva un arma corta, generalmente una espada, o a veces un dardo, hacha o una hoz de guerra (“falx”). Este hecho ha sido interpretado como reflejo de que en realidad el mercenario vascón estaría integrado en las tropas de infantería, mientras que el celtibérico actuaría en la caballería. Las armas cortas más adecuadas en el combate a pie le serían por tanto más familiares al mercenario vascón, y son las que representa en sus monedas.

          Las monedas con leyenda “BARSKUNES”, “BASKUNES”(1),  “BENTIAN” y “OLKAIRUN” fueron acuñadas en poblaciones situadas cerca de la actual Pamplona y la palabra “Baskunes” es una simplificación de la anterior “Barskunes”. Llama poderosamente la atención, la gran cantidad de emisiones de monedas de plata (denarios) acuñados en la ceca de  Baskunes, difícilmente justificables dentro de un contexto económico, y que sólo pueden interpretarse como monedas destinadas a pagar a los ejércitos mercenarios que actuaban como aliados de los romanos. El popular denario de Baskunes es incluso copiado en la lejana Galia Belga , latinizando la palabra ibérica que da como resultado una lectura de “IMONES”, que posteriormente se convierte en “IMONIO”.     

Figura 2.- Representación de una doble hacha de guerra en denarios de Augusto acuñados en Emerita.

          Otra importante ceca que emitió monedas de plata (denarios) y  bronce (ases,  semises y cuadrantes) es “ARSAOS”. Estas emisiones presentan una característica que las hace únicas en la numismática ibérica, el jinete lleva una especie de dardo corto (Figura 1), que ha sido interpretado como un hacha doble de guerra (bipenne) (Figura 2). En los anversos de denarios y ases aparece un busto barbado mirando a la derecha, delante de él un delfín y detrás un arado. En una de las emisiones de ases figuran las letras “O N” bajo la barbilla del busto (Figura 3), leyenda idéntica a la que aparece en la ceca de Segia (Egea de los Caballeros) en denarios y ases, o en una emisión de ases de la ceca vascona de Bentian (una leyenda similar pero con la silábica Bo, en vez de la O, aparece en las monedas de Bolskan-Huesca, Iaka-Jaca y Sesars). Otras dos cecas vasconas presentan la leyenda “ETa  ON” (Arsakos y Umanbaate).

Figura 3.- Detalle de la leyenda ibérica “ON” en el anverso de un as de Arsaos.

          La principal pista sobre donde pudo estar localizada la ceca de Arsaos la aportó en 1976 G. Fatás: en Sofuentes (Sos del Rey Católico(2)) existe una inscripción funeraria en piedra con la leyenda Arsitanvs: “BUCCO.IIV / SADANSIS.F / ARSITANVS / H.S.E.”, si bien en la actualidad esta importante lápida forma parte de una puerta donde está sujeta la verja de una casa, en su momento señalaba la tumba de un magistrado (duunviro) Bucco de Arsaos (Figura 4).


Figura 4.- Placa funeraria de Sofuentes (Sos del Rey Católico) alusiva a un personaje de Arsaos, y vías y yacimientos romanos en la zona.

          La comarca de Sos del Rey Católico pertenecía a comienzos del siglo II a.C. al territorio suessetano, pueblo que desaparece de las fuentes documentales romanas tras la campaña de Catón contra Jaca en el 184 a.C. Presumiblemente a partir de este momento la zona quedó controlada por los vascones bajo cuya influencia se emitieron las monedas a partir de la segunda mitad del s. II a.C. La emisión de divisores (semises y cuadrantes) indica unas necesidades monetarias diversificadas de la población que habitaba esta zona. Los ases acuñados en esta ceca presentan una gran variabilidad de estilos, pesos y tamaños y han sido encontrados en diversos lugares (Zaragoza, Navarra, La Rioja, Soria, Cuenca, Barcelona, Gerona e incluso en Ibiza). Más abundantes son los hallazgos de denarios (108 en Palenzuela, 33 en Barcus –Francia-, 26 en Alagón, 14 en Borja y ejemplares dispersos en Vizcaya, Logroño, Burgos, Salamanca, Soria, Córdoba y Jaén) (3).


(1) Según una reciente teoría, ampliamente aceptada por los especialistas de lenguas prerromanas, la terminación –es, correspondería a un ablativo plural y no a un nominativo plural (como se pensaba hasta hace poco), con lo cual el nombre de la ciudad emisora de estas monedas sería “Baskon” o “Barskon”, significando la leyenda: “para los de Baskon”.
(2) Algunas cecas celtibéricas como Oilaunikos y Areikoratas, presentan en el anverso la leyenda SOS, de significado desconocido.     
(3) Con  posterioridad a la aparición de este artículo, se ha publicado una monografía sobre esta ceca: Fernández Gómez, J., 2009, Arsaos, reflexiones históricas, geográficas y tipológicas en torno a unaceca indígena en territorio vascón. Col.lecció Instrumenta 32 (Univ. Barcelona): pp. 437-480. 



sábado, 9 de mayo de 2015

¿Cómo se llamaban realmente las primitivas poblaciones celtibéricas que acuñaron moneda?

¿Cómo se llamaban realmente las primitivas poblaciones celtibéricas que acuñaron moneda?.
Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 67(1198) (Julio-Agosto 2011): pp. 44-45.

 Miguel Ibáñez Artica

                  Las fuentes escritas constatan la existencia de ciudades en la Celtiberia antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica en el año 218 a.C., no obstante su presencia potenció notablemente el proceso de urbanización, al obligar a la población indígena –ya fueran aliados o vencidos-,  a concentrarse en ciudades nuevas, aunque en ciertos casos dichas poblaciones presentan poderosas estructuras defensivas, que parecen ir en contra de los planteamientos iniciales de los romanos, con su política de agrupamiento de los indígenas para controlarlos mejor.

Las primeras emisiones de monedas en la Península Ibérica responden a motivos estrictamente económicos, generados por las necesidades que planteaba el comercio. Estas acuñaciones quedaron restringidas a unos pocos lugares del litoral mediterráneo, en los puntos donde griegos focenses, fenicios y cartagineses asentaron sus colonias. Entre los siglos V y IV a.C. comenzaron a emitirse pequeñas monedas de plata anepígrafas en las colonias griegas de Ampurias y Rodas, y algo más tarde empiezan a fabricarse los característicos dracmas de dichos emporios. Sin embargo, las masivas emisiones peninsulares comenzaron precisamente tras la llegada de los romanos, quienes impusieron su propio sistema monetario basado en el denario de plata, el as y sus divisores de bronce, pero dejando cierta libertad a los pueblos indígenas que emitían las monedas (o que fueron obligados a emitirlas) para elegir la epigrafía de las leyendas. Probablemente la homogeneidad iconográfica de los motivos de anversos y reversos en la moneda celtibérica: busto barbado y jinete lancero (en menor medida con arma corta) respectivamente, fuera una imposición romana que evidencia el papel dichos pueblos como tropas auxiliares del ejército romano, tal vez rememorando el mismo motivo del jinete que aparecía en algunas monedas de Hierón II, tirano de Siracusa, cuando mercenarios hispanos combatieron en Sicilia durante la segunda guerra púnica, primero al lado de los cartagineses y más tarde como aliados de los romanos (Figura 1)(1). Roma permitió a los pueblos indígenas aliados la emisión de moneda propia con el fin de convertirlos en centros de poder frente a sus enemigos, facilitando así la transformación administrativa y el desarrollo de un sistema tributario homogéneo en la Península.


Figura 1.- Hemilitras de cobre de Hierón II de Siracusa (306-215 a.C.), a la derecha emisión de Morgantina con leyenda Hispanorum, posibles prototipos del jinete lancero ibérico.

 Realmente constituyó una estrategia muy acertada, por una parte los romanos obtuvieron su propósito, al conseguir que se acuñaran millones de monedas de plata (denarios) y ases (bronce), con los que asegurar el pago de tributos necesarios para financiar las costosas campañas militares de la Península, que requerían gran cantidad de tropas auxiliares (mercenarios), así como su manutención durante el largo período de inactividad en los meses invernales. Por otra parte estimulaban el “ego” de las poblaciones indígenas, que veían en las monedas un símbolo de su propia identidad y poder, de forma que incluso localidades muy pequeñas y probablemente poco importantes llegaron a fabricar sus propias emisiones de bronce.

Podemos imaginar la situación, pequeñas poblaciones vecinas, donde no serían raros los conflictos cotidianos entre ellas (disputas por pastos, enfrentamientos por terrenos comunales….), idénticos a los que todavía se producen en nuestros días en el medio rural, pero seguramente con consecuencias más graves. Si una de estas ciudades acuñaba su propia moneda de bronce, no resultaría raro que la otra también quisiera hacerlo. Esto nos plantea una nueva cuestión, las pequeñas ciudades no tenían los recursos propios (técnicos) para acuñar moneda, con lo que lo más probable es que, aparte de las grandes cecas productoras de numerario, existieran artesanos ambulantes o representantes de las cecas importantes, que ofrecieran sus servicios a estas pequeñas ciudades, tal como se ha descubierto recientemente ocurría con los mosaicos ibéricos, a partir del hallazgo del de Andelos en Navarra.

Aunque todavía no existen análisis metalográficos adecuados que nos permitan dilucidar alguno de estos aspectos(2), la similitud en las imágenes que aparecen en algunos anversos de los ases de diferentes cecas vecinas, parece indicar que dichas emisiones fueron fabricadas en un mismo taller. Por otra parte Roma se reservó el derecho de acuñar la moneda de plata y sólo unas pocas ciudades fueron autorizadas a emitir denarios. Un gran número de ellos (muchas de las emisiones de Baskunes, Turiasu, Sekobirikes y Bolscan) fueron acuñados en el transcurso de las guerras Sertorianas, para pagar a los mercenarios indígenas que participaban en ambos lados de la contienda, y no es descabellado pensar que muchas de estas monedas se fabricaran en talleres ambulantes, lejos del lugar donde oficialmente estaba instalada la ceca (Figura 2).


Figura 2.- Tesorillo de época de las guerras sertorianas (83-72 a.C.).

Desde los manuales de moneda ibérica de Vives Escudero (1924-1926), hasta los recientes de Villaronga (2002) y Álvarez Burgos (2008), se designa como nombre de la ceca el mismo término que aparece en la moneda, sin embargo la presencia de variantes en la terminación (Oilaunez/Oilaunikos/Oilaunu; Arekorata/Areikoratikos…) hace pensar en que no todos los nombres que aparecen sean el nombre de la ciudad o del grupo étnico en nominativo.

En el transcurso de los últimos cincuenta años se han producido importantes avances en el conocimiento de las lenguas prerromanas en la Península Ibérica, de la mano de prestigiosos investigadores como J. Caro Baroja, A. Tovar, J. de Hoz, Mª. L. Albertos, J. Untermann, J. Gorrochategui…, sin embargo uno de los hallazgos más espectaculares en el reconocimiento de los términos celtibéricos que aparecen en las monedas, surge en 1995 con el trabajo de F. Villar(3). Por ejemplo, uno de los términos aparecidos en las monedas “Barskunes” o “Baskunes”, se había interpretado originalmente como un nominativo plural del nombre étnico, es decir “Vascones”. Teniendo en cuenta la atribución de estas monedas a una ceca Navarra, esta conclusión parecía evidente, aunque algunos lingüistas como Untermann no lo veían tan claro, Villar propone que dicho término no sería un nominativo plural del étnico, sino el ablativo plural de un topónimo, “para los de Barsku”, es decir el nombre de la ciudad que emitió las monedas sería Barsku o Basku. De igual forma la ciudad de Karau acuñaria las emisiones de Karauez, la de Ontiks las de Ontikes, Oncala las de Okalakom, Varia las de Uarakos, Quoelia las de Kueliokos, Aratiz las de Aratikos, Oilaunu las de Oilaunez etc… . Los ablativos o adjetivos denominativos que aparecen en las leyendas indicarían el lugar de origen, pero el nombre real de la ceca puede ser ligeramente diferente al que podemos leer en sus inscripciones monetales (Figura 3).



Figura 3.- Leyendas monetales ibéricas.


Notas:
(1) La población siciliana de Morgantina emitió en el 211 a.C monedas con el jinete lancero y leyenda Hispanorum.
(2) Las técnicas analíticas empleadas hasta este momento (Microscopía electrónica de barrido, SEM) no son adecuadas para estas monedas, debido a la heterogeneidad en la distribución de sus componentes metálicos y presencia de nódulos. Por el momento, la única técnica adecuada es la de activación por neutrones rápidos, que por ahora no es posible realizar en ningún laboratorio español.

(3) Villar, F., (1995). Estudios de celtibérico y de toponimia prerromana. Univ. Salamanca: 276 pp.