domingo, 1 de diciembre de 2024

Una "moneda de sal" en Navarra.

 

Una “moneda de sal” en Navarra. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1341) (Julio/Agosto 2024): pp. 46-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 


En el mes de mayo del 2021, el departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, puso en marcha una original campaña “Sal con Navarra-Nafarroa Gatz” para promocionar e impulsar el producto local y de calidad, y reforzar así su consumo. 

Dentro de esta campaña, se repartieron unas fichas de cartón, que en realidad son pequeñas cajitas, que albergan en su interior una pequeña cantidad de sal procedente del diapiro de Salinas de Oro (Navarra) (Fig. 1). Esta estructura geológica, formada por rocas evaporíticas del Triásico superior, se originó tras la desecación de un mar interior hace unos 225 millones de años, cuando en la Tierra todavía dominaban los dinosaurios.


Figura 1.- “Moneda de sal” abierta, mostrando en su interior granos de sal procedentes de Salinas de Oro (Navarra).

 

                Una de las singularidades de esta ficha publicitaria (Fig. 2) es la moneda que aparece representada, se trata de los ocho escudos de oro de Felipe IV de España (VI de Navarra), acuñados en la ceca de Pamplona en 1652 y cuyo cuño de anverso se conserva en el Museo de Navarra donde actualmente se expone en la Sala de Numismática.

Solamente se conoce un ejemplar de esta singular moneda (Fig.3) y su estado de conservación es excelente. Acuñada por Felipe IV, en Pamplona, precisamente, tras la protesta realizada por los navarros en 1652 por las acuñaciones de monedas de plata se habían realizado hasta la fecha con la leyenda “PHILIPPUS DEI GRATIA CASTELLE ET NAVARRAE REX”, cuando según los fueros el monarca debía titularse solamente como rey de Navarra en la moneda acuñada en el reino. Posiblemente, como desagravio, y atendiendo a las peticiones de corregir el contrafuero, el monarca autorizó una acuñación extraordinaria y muy limitada de piezas de oro (onza y medio onza) con la leyenda pedida por sus súbditos: PHILIPPUS SEXTUS DEI GRATIA NAVARRAE REX, que fue supervisada por el entonces virrey (1649-1653), Don Diego López de Pacheco Cabrera y Bobadilla, Marqués de Villena.


Figura 2.- Token o ficha publicitaria que contiene una muestra de sal.

 

Además de su valor intrínseco, esta moneda tiene un interesante pedigrí. Fue adquirida por Archer M. Huntington, (1870-1955), quien tras fallecer su padre, Collis P. Huntington, fundador de la compañía de ferrocarriles Central Pacific Railroad, heredó una de las fortunas más grandes de los EE. UU.

Ya en vida de sus padres, el joven Archer se dedicó a viajar, y sobre todo a realizar el sueño de su niñez, fundar un museo con los materiales que adquiría en sus desplazamientos, museo que se convertiría en una institución internacional, encargada de fomentar y divulgar los estudios hispánicos. Así surgió en 1904 la “Hispanic Society of America” (HSA) ubicada en Nueva York. 

Entre los variados materiales hispánicos que reunió a lo largo de su vida, destacan las 38.000 monedas que se conservaban hasta hace pocos años en la Avenida de Broadway de Nueva York, algunas de ellas piezas únicas, en  la colección de moneda hispánica más importante que existía fuera de España. Esta importante colección numismática se conservaba en el edificio contiguo de la American Numismatic Society (ANS) donde pudimos estudiar las piezas navarras a finales del pasado siglo.

El año 2011, la Hispanic Society decidió poner en venta la importante colección de monedas con el fin de recaudar dinero con el que adquirir una nueva sede. En las mismas fechas que se gestaba la devolución a España de las monedas ilegalmente obtenidas por el Odyssey del pecio de la Fragata Mercedes, y dado que según el testamento de Hungtington, la colección de la Hispanc Society tan laboriosamente reunida no se podía dispersar, se ofreció la colección, tasada entre 25 y 35 millones de dólares, al Ministerio de Cultura. Dada la delicada situación económica provocada por la crisis, el Gobierno rechazó la oferta.

 

Figura 3.- Moneda de ocho escudos de oro acuñada en Pamplona en 1652.

 

Ante la negativa institucional, en marzo del 2012, la casa de subastas Sotheby's la adjudicó en una puja a sobre cerrado. El comprador fue un consorcio de profesionales numismáticos creado a tal fin, y una vez adquiridas, las monedas se dispersaron y vendieron en diferentes subastas, incumpliendo así la voluntad del fundador de la Hispanic Society. Finalmente, la moneda navarra de ocho reales (Fig. 3) fue subastada en Madrid el 9 de octubre del 2012, adjudicándose en la cantidad de 525.000 euros (a los que hay que sumar la comisión de la casa de subastas y las tasas).

 

Esta moneda por motivos técnicos, no pudo figurar en la exposición que tuvo lugar el año 2001 en el Museo de Navarra sobre la Moneda, aunque su fotografía apareció de forma destacada en la portada del catálogo que el Gobierno de Navarra editó sobre este evento.

 

                A modo de recopilación, en esta original ficha o token confluyen dos elementos simbólicos, en primer lugar la imagen de la moneda más espectacular de la numismática navarra que figura en su cubierta, así como la sal que contiene en su interior, ya que este elemento ha sido utilizado como moneda en distintas épocas y lugares del Planeta, y desde los primeros tiempos -tras el surgimiento de las grandes civilizaciones-, fue utilizada como medio de pago (de aquí derivaría el término salario).

Fue precisamente el monarca Felipe IV, bajo cuyo reinado se acuñaron los ocho escudos de oro de Navarra, quien unos años antes había creado en 1631 el “Consejo de la Sal”, encargado de gestionar los impuestos que gravaban dicho producto.

Figura 4.- “Monedas de sal” con el Pirineo navarro al fondo.

 

 

 

viernes, 1 de noviembre de 2024

Heliogábalo y el meteorito de Emesa en las monedas.

 

Heliogábalo y el meteorito de Emesa en las monedas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1338) (Abril 2024): pp. 48-51.

 

Miguel Ibáñez Artica


                Una de las piedras sagradas más conocidas en la antigüedad era la piedra negra que se veneraba en la ciudad de Emesa (actual Homs en Siria),  descrita por Herodiano (V, 3, 5) como una  “enorme piedra negra con un extremo puntiagudo y una base redonda en forma de cono. Los fenicios sostienen solemnemente que esta piedra bajó de Zeus; señalando algunas pequeñas figuras en relieve, afirman que es una imagen en bruto del sol, porque naturalmente esto es lo que quieren ver”.

                La popularidad de esta piedra sagrada, tradicionalmente considerada como un meteorito, se debe al joven emperador Vario Avitio Basiano (Fig. 1b) de la dinastía severa, más conocido como Heliogábalo (218-222 d.C.).

Figura 1.- Heliogábalo y su familia.

a: Julia Maesa, abuela de Heliogábalo; b: Heliogábalo; c: Julia Soemias, madre de Heliogábalo.

 

Nacido en la ciudad de Emesa,  en la provincia romana de Siria, con apenas catorce años de edad ascendió al trono tras el asesinato de su tío Caracalla. Por instigación de su poderosa abuela Julia Maesa (Fig. 1a), cuñada del fundador de la dinastía Septimio Severo, consiguió desplazar a Macrino, que había sido elegido emperador por las tropas y ratificado por el senado.

 Cuando llegó a Roma, introdujo el culto al sol (Helios) como deidad principal,  construyendo un lujoso templo en la ladera del monte Palatino donde fue colocada la piedra negra que hizo traer desde Emesa(1), y durante el solsticio de verano, la gran piedra, recorría triunfalmente las calles sobre en un carro tirado por caballos, delante el emperador caminando de espaldas, con la mirada puesta en la piedra sagrada, dirigía el carro (Fig. 2):

“En los suburbios de Roma, el emperador construyó un templo muy grande y magnífico al que todos los años en pleno verano llevaba a su dios. Organizó espectáculos lujosos y construyó pistas de carreras y teatros, creyendo que carreras de carros, espectáculos e innumerables recitales agradarían a la gente, que organizaba fiestas y celebraciones nocturnas. Colocó al dios del sol en un carro adornado con oro y joyas y lo sacó de la ciudad a las afueras. Un carro de seis caballos llevaba al dios sol, los caballos enormes y de un blanco impecable, con costosos adornos de oro y ricos ornamentos. Nadie llevaba las riendas y nadie iba en el carro; el vehículo era conducido como si el mismo dios del sol fuera el auriga. Heliogábalo  corría hacia atrás frente al carro, de cara al dios y sujetando las riendas de los caballos. Hizo todo el viaje de esta manera, de espaldas, mirando al rostro de su dios. Como no podía ver a dónde se dirigía, su ruta estaba pavimentada con polvo de oro para evitar que tropezara y cayera, con  los guardaespaldas situados a cada lado para protegerlo de lesiones. La gente corría paralela a él, portando antorchas y arrojando guirnaldas y flores. Las estatuas de todos los dioses, las ofrendas costosas o sagradas en los templos, los ornamentos imperiales y las valiosas reliquias fueron llevadas por la caballería y toda la Guardia Pretoriana en honor al dios sol. Después de sacar al dios y colocarlo en el templo, Heliogábalo realizó los ritos y sacrificios descritos anteriormente; luego, subiendo a las enormes y altas torres que había erigido, arrojó, indiscriminadamente, copas de oro y plata, ropa y telas de todo tipo a la multitud de abajo. También distribuyó todo tipo de animales domesticados excepto los cerdos, que, según la costumbre fenicia, rehuía”. Herodiano, Vol. V, 6, 6.

 

Figura 2.- Desfile de la piedra sagrada por las calles de Roma y representación de la misma en un áureo de Heliogábalo.

 

El nombre con el que se conoce a este emperador “Heliogábalo” deriva de la denominación de la deidad a la que se rendía culto en Emesa: “Elagabalus”, latinización del árabe Ilāh ha-Gabal, de ilāh ("dios") y gabal ("montaña"), es decir dios de la montaña. Sin embargo no parece que el emperador pretendiera expandir el nuevo culto de adoración a su dios personal con la finalidad de unificar el imperio.

                La piedra sagrada o betilo figura en numerosas emisiones realizadas en la ciudad de Emesa. Antes de Heliogábalo, durante el reinado de Antonino Pío (138-161 d.C.) la vemos representada con un águila posada en su cima que sostiene una corona en su pico (Fig. 3a). Posteriormente en las monedas de Caracalla (Fig. 3b), Heliogábalo (Fig. 3c) y del usurpador Uranio Antonino (Fig. 3d), vemos el betilo dentro del templo con pórtico hexástilo dedicado al dios-sol, imagen que permanece inalterada desde finales del s. II hasta mediados del s. III d.C.

                Una interesante representación en un denario de la ceca de Antioquia en tiempos de Heliogábalo, muestra la piedra detrás de un águila posada sobre un rayo, que sostiene una corona en el pico, rodeada por cinco estrellas (Fig. 3e), esta rara emisión pudo acuñarse en conmemoración del viaje de Heliogábalo desde Emesa a Roma en el año 219 d.C.

 

Figura 3.- Diferentes representaciones de la piedra sagrada de Emesa.

 

                La imagen más común de esta piedra, tanto en las monedas de oro como en las de plata y bronce es, sobre un carro tirado por cuatro caballos, representados frontalmente (Figs. 3h, i, j), o más frecuentemente en forma lateral (Figs. 3f, g), que hacen a alusión a las procesiones organizadas por Heliogábalo en Roma durante el solsticio de verano.

                La figura del carro lateral mirando a la derecha o a la izquierda la podemos ver en los áureos de Heliogábalo acuñados en Antioquía (Fig. 4a) y Roma (Fig. 4b), y también mirando a la derecha en los denarios de Antioquía (Figs 4d). Llama la atención en estas emisiones la presencia de cuatro objetos, interpretados como parasoles o “semeia” que rodean la piedra (Fig. 4c) y que también aparecen representados a los lados del betilo en vista frontal (Fig. 3h; Fig. 4d), o cuando éste se encuentra en el templo (Fig. 3b). En las provincias del Este, el pasarol era símbolo de riqueza mientras  en Siria se colocaban “semeia” entre las estatuas de los dioses.

                Más raras son las representaciones frontales, que aparecen en los dobles denarios de Heliogábalo (Fig. 3h; Fig. 4d), donde puede verse al joven emperador delante de la cuadriga sobre la que va la piedra sagrada blasonada por un águila. En las restantes representaciones de este tipo, en monedas de bronce, no aparece la figura del emperador (Fig. 3i; Figs. 4f, g), y en una rara emisión de Neápolis de Samaria vemos representados sobre la cuadriga, a la izquierda la piedra de Emesa y a la derecha el monte Gerizim con su templo y escalinata (Fig. 3j).

Figura 4.- Representaciones de la piedra sagrada de Emesa transportada en una cuadriga.

a: Áureo de Heliogábalo (218-222 d.C.), Antioquía; b: Áureo, Roma; c: Denario, Antioquía; d: Doble denario de Heliogábalo (218-222 d.C.) ; e: Denario, Antioquía f: Bronce de Heliogábalo con Alejandro Severo como césar, Aelia Capitolina (Jerusalén), Judea; g: bronce de Heliogábalo (218-222 d.C.), Hierapolis Castabala, Cilicia.

 

                En tiempos del emperador Heliogábalo además de las imágenes de la piedra sagrada de Emesa desfilando sobre una cuadriga, la podemos ver representada estática en el centro del templo (Figs. 5a, b), y en la ciudad fenicia de Sidón, las emisiones a nombre de las esposas del emperador, representan otra famosa piedra sagrada, en este caso la que se veneraba en la ciudad en el templo de la diosa Astarté, y que estaba colocada dentro de un carro, que se paseaba por la ciudad en las festividades dedicadas a la diosa (Figs. 5c-f). Esta piedra sagrada posiblemente también era un meteorito caído del cielo.

 

Figura 5.- Representaciones de las piedras sagradas de Emesa y del carro de Astarté en tiempos del Emperador Heliogábalo..

a, b: bronces de Heliogábalo (218-222 d.C.), Seleucia Pieria; c: bronce de Heliogábalo (218-222 d.C.), Sidón, Fenicia; d, e: bronces de Julia Paula, primera esposa de Heliogábalo (219-220 d.C.), Sidón, Fenicia; f: bronce de Annia Faustina, tercera esposa de Heliogábalo (221 d.C.), Sidón, Fenicia.

 

                El reinado de Heliogábalo no fue lo que esperaba de él su abuela Julia Maesa, y el adolescente emperador se desocupó del gobierno del imperio, ocupando su tiempo en fiestas y celebraciones, practicando una gran arbitrariedad a la hora de elegir sus colaboradores entre sus amantes masculinos, como el atleta de Esmirna Aurelius Zoticus y otros libertos a quienes promocionó como gobernadores, legados o cónsules, nombrando prefecto del Pretorio a un bailarín, prefecto de la institución dedicada al transporte y reparto de los cereales (annona) a un barbero, y prefecto de la guardia a un auriga.

                Los continuos excesos y escándalos del joven emperador hacían que la situación se volviera cada vez más insostenible, y fue de nuevo la todopoderosa e influyente Julia Maesa, abuela de Heliogábalo, la que revirtió la situación provocando la insurrección de los soldados, que dieron muerte a Heliogábalo y a su madre Julia Soemias el día 11/III/222 (Fig. 5), proclamando como nuevo emperador a Severo Alejandro, primo del monarca asesinado y también nieto de Julia Maesa.

 

Figura 5.- Asesinato de Heliogábalo y su madre por la guardia pretoriana en un antiguo grabado,  y áureo acuñado en Roma del nuevo emperador Severo Alejandro (222-235 d.C.)

 

 

Notas:

(1) La piedra de Emesa no es el primer meteorito trasladado a Roma, siglos atrás el cónsul Publio Cornelio Escipión Nasica, primo de Escipión el Africano, llevó desde Pérgamo a Roma la “piedra negra”, un meteorito sagrado donde residía la “madre de los dioses”. Tras el asesinato de Heliogábalo, Alejandro Severo hizo volver a Emesa el betilo y consagró el templo dedicado a El-Gabal al dios Júpiter Ultor, templo que aparece representado en algunas monedas y medallones con motivo de su consagración. Alejandro rompió con la excepcional religión de su predecesor al desterrar a la deidad Elagabal de sus monedas, restaurando en ellas las deidades del panteón romano tradicional.

 

 

Bibliografía:

 

Anon. (1993). Histoire Auguste: Tome III, 1re Partie: Vies de Macrin, Diadumenien Et Heliogabale. Coll. des Universités de France/ Coll. Budé. Série latine. Ed. Bilingüe: 330 pp.

Ibáñez, M., (2020). Dioses, meteoritos y monedas. Col Miscelánea Numismática 1: 83 pp.

 

 

 

 

 

martes, 1 de octubre de 2024

Las monedas de los Vikingos

 

Las monedas de los Vikingos. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1337) (Marzo 2024): pp. 44-47.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

                Las sociedades que desarrollaron la navegación como medio de conquista de otros territorios se remontan a la Edad del Bronce, con los denominados “Pueblos del mar” que atacaron Egipto en tiempos del faraón Ramsés II durante la primera mitad del s. XIII a.C. Con posterioridad, en la Edad Antigua, está bien documentada la proliferación de fenómenos más o menos locales de piratería, como por ejemplo los que asentados en Cilicia (sureste de Anatolia en la actual Turquía) asolaban las aguas del Mediterráneo durante el siglo I a.C., y que fueron finalmente aniquilados por Pompeyo “el Grande” en el combate naval de Coracesio el año 67 a.C..

                Siglos más tarde, en la Alta Edad Media, surgen otros “pueblos del mar”, esta vez procedentes de Escandinavia en el Atlántico Norte, que a partir del siglo octavo se propagan por la costa atlántica europea, llegando a penetrar en el Mediterráneo, donde a finales del siglo once fundarán, primero el condado, y poco más tarde el reino de Sicilia (Fig. 1). Este período comprendido aproximadamente entre los años 800 y 1050 se conoce como la “Era Vikinga” y afectó fundamental a las zonas costeras de Europa, tanto atlánticas como mediterráneas(1).


Figura 1.- Mapa que muestra la expansión vikinga entre los siglos VIII y XI, y algunas monedas del tesoro de Cuerdale (Inglaterra).

 

                Desde su ataque y saqueo del monasterio de Lindisfarne, en el norte de Gran Bretaña el 8 de junio  del año 793, sus actividades depredadoras se extendieron por otros lugares costeros, y en el 844, una flota de cuatro mil hombres a bordo de 54 navíos, remontaba el río Guadalquivir sembrando el terror en Al-Andalus, hasta ser contundentemente derrotados por el emir omeya de Córdoba Abd al-Rahmán II.

Poco tiempo más tarde, en el año 858 una expedición vikinga llega hasta Pamplona, donde capturan al rey García I Íñiguez, que tiene que pagar un rescate de setenta mil dinares, y en el mismo año una flota de cien navíos llega hasta las costas de Galicia y tras saquear varias poblaciones, ponen cerco a Santiago de Compostela, donde sus moradores pagan el tributo exigido por los sitiadores. Sin embargo éstos no levantan el cerco de la ciudad, hasta que son derrotados y expulsados por el ejército del rey Ordoño I, que acudió en auxilio de la ciudad compostelana.

                El primitivo modelo económico de los vikingos, donde la principal fuente de ingresos procedía de ataques y saqueos en otros territorios, no utilizaba la moneda, y se basaba en una “economía de estatus”, donde la importancia de una persona estaba relacionada con su riqueza y poder, es decir con la cantidad de metales preciosos que acumulaba y que podía regalar, de manera similar al sistema social del “Big Man” de las sociedades melanésicas primitivas, basado en el “regalo”.

                A partir del siglo octavo, los vikingos descubren la facilidad de obtener riquezas en los ataques y saqueos de los monasterios y abadías ubicados en las costas de Gran Bretaña, y poco a poco, en expediciones cada vez más numerosas, se adentran a lugares más lejanos y desconocidos, ampliando su zona de acción y penetrando en el interior a través de los ríos, hasta alcanzar y saquear grandes ciudades que les proporcionan sustanciosos botines en metales preciosos, esclavos o rehenes por los que pedir rescates.

                En principio los vikingos utilizan los metales preciosos, especialmente la plata, a peso, y así en los numerosos tesoros descubiertos de esa época, aparecen mezclados lingotes, cadenas, pulseras y otros adornos de plata, junto con monedas musulmanas (dirhems) y cristianas (dineros anglosajones y carolingios), muchas veces fragmentadas, lo que indica su utilización “a peso” (Fig. 2). 


Figura 2.- Tesoros vikingos: a la izquierda, tesoro de Gotland (Suecia), a la derecha, tesoro de York (Inglaterra), en ambos casos con una mezcla de lingotes, objetos de adorno y monedas.

 

Este tipo de economía primitiva se fundamentaba en el estatus social adquirido en las “razias”,  mediante la posesión de metales preciosos bajo cualquier forma, ya que las monedas enteras o partidas, los lingotes o las joyas  podían fundirse fácilmente para crear nuevos elementos que simbolizaban el poder y estatus de su poseedor. Otra forma de recibir ingresos era el conocido “Danegeld” o impuesto danés, que se pagaba en Inglaterra y en la Francia Carolingia a los vikingos para evitar el saqueo y la piratería(2). 

Un ejemplo excepcional de este fenómeno lo encontramos en la piedra rúnica U 344, encontrada en 1868 en Yttergärde (Suecia), y que  se datado en la primera mitad del siglo XI (Fig. 3). Esta piedra con inscripciones en caracteres rúnicos, conmemora que el vikingo Ulf de Borresta ha recibido tres “danegelds” en Inglaterra. Como hay varios años entre los pagos, es probable que Ulfr regresara a Suecia tras cada uno de ellos para vivir como un rico potentado.​ Es remarcable cómo resume toda su vida aventurera en tan pocas palabras.

"Y Ulfr recibió tres pagos en Inglaterra. Que fue el primero el que pagaron a Tosti. (Skagul Toste en 991).  Después el pago a Þorketill (Thorkell el Alto en 1012). Después el pago a Knútr (Canuto el Grande en 1018)”.

 

                     

Figura 3.- Monolito de Yttergärde en Suecia y conjunto de monedas (enteras y fraccionadas) de un “danegeld”.

 

Con el tiempo los ataques esporádicos se convirtieron en asentamientos permanentes en las fértiles tierras de Gran Bretaña y Francia, donde se crearon reinos y ducados vikingos, tanto en la península escandinava (Noruega y Suecia) y Dinamarca, como en otras zonas (York, Mann y Dublín), e incluso los vikingos daneses llegaron a ocupar el noroeste de Francia en la segunda mitad del siglo noveno, y tras jurar lealtad al rey de Francia, recibieron en posesión el territorio de Normandía (tierra de los hombres del norte), que más tarde (s. XI) llegaría a conquistar la misma Inglaterra (1066), el reino de Sicilia, o algunos estados cruzados de Oriente Medio. (Fig. 1).

                Al desarrollar estos nuevos sistemas políticos, inspirados en las monarquías tradicionales anglosajonas o carolingias de los territorios ocupados, los nuevos reyes vikingos adoptaron la tradición de acuñar monedas con una variada tipología, habitualmente inspirada en las emisiones anteriores, llegando a representar en la moneda el busto del monarca, como es el caso de Olof Skötkonung de Suecia (Fig. 4a) e incorporando en ocasiones elementos singulares, como la espada vikinga (Fig. 4b; Figs. 5c, d y g), la triquetra, símbolo que aparece en las monedas danesas y noruegas del s. XI, un estandarte triangular vikingo (Fig. 5h), o el símbolo vikingo clásico de un cuervo con la cabeza girada a la izquierda y las alas desplegadas (Fig. 5i).


Figura 4.-Monedas vikingas; a: Moneda de Olaf Skötkonung rey de Suecia (995-1022 d.C.); b: Moneda de Eric el Sanguinario, rey de Noruega y Northumbria (930-934 d.C.).

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Estos diseños vikingos se habían modificado en su significado y pueden relacionarse con elementos cristianos, como el cuervo con San Osvaldo de Northumbria, mientras que la triquetra representa la Santísima Trinidad y el estandarte triangular de las monedas está decorado con una cruz. La cultura vikinga fue progresivamente experimentando una aculturación en favor de las tradiciones y creencias cristianas, y aunque la cruz fue un elemento muy presente en las monedas vikingas (Figs. 5a, b, c, e, f, i), convivió con símbolos paganos tradicionales como el martillo de Thor que aparece en algunas emisiones (Figs. 5d y g).





Figura 5.- Monedas vikingas.

a: Imitación Anglo-Vikinga de Eduardo el Viejo (899-915 d.C.); b: 895-902 Moneda vikinga de York tipo “Cnut Cunnetti” ; c: Reino vikingo de York, tipo “San Pedro” ( 895-920); d: Moneda del caudillo hiberno-nórdico y rey vikingo de Dublín Sihtric Cáech (921-927); e y f: Monedas de  Athelstan “el Grande” acuñadas en York (924-939); g: Moneda de los reyes hiberno-nórdicos de York (c. 920-927) (MEC 1, 1449);  h, i: Monedas de Olaf III Guthfrithsson , monarca anglo-vikingo de Northumbria (934-941) (MEC 1, 1451).

 

                El proceso de cristianización de los vikingos de Escandinavia resultó progresivo pero lento, abarcando un período de casi dos siglos.

Durante este tiempo la religión cristiana coexistió con la nórdica pagana, y resulta significativo el hallazgo de moldes para fabricar colgantes de plata, que combinan las representaciones cristianas con los populares martillos de Thor (Fig. 6a). Este fenómeno de convivencia de religiones también se refleja en la numismática vikinga, mientras unas emisiones muestran la cruz como motivo principal de la moneda (Fig. 6b), en otros casos el principal símbolo utilizado es el martillo de Thor pagano (Fig. 6c) 6c). 




Figura 6.- Cruces cristianas y martillos de Thor paganos.

a: Molde para fabricar conjuntamente colgantes de cruces y martillos de Thor (Trendgården, Dinamarca); b: Moneda de Anglia oriental vikinga (895-910); c:  Moneda de Olaf Guthfrithsson (934-941).

 

 

Notas:

 (1) Una de las  principales claves del éxito de la expansión vikinga, fue indudablemente su conocimiento en el campo de la construcción naval. Los barcos denominados “drakkars” se construían mediante una técnica denominada  “tingladillo” o “casco trincado”, donde las tablas de madera utilizadas en su construcción se superponían unas sobre otras. Este tipo de estructura, unido al timón de espadilla, el mástil abatible y el poco calado, que permitía navegar por zonas con poca profundidad, dio a los vikingos una serie de ventajas tácticas, como la velocidad y maniobrabilidad, permitiéndoles combinar la navegación marítima (a veces a grandes distancias, como el viaje realizado hasta América del Norte), con la fluvial en ríos poco profundos y la facilidad de sacar el boque del agua haciéndolo rodar sobre troncos de madera.

 

(2) Precisamente la recaudación de estos “danegeld” en Francia, motivó a Carlos el Calvo (843-877) a establecer una gran cantidad de cecas diferentes, que aumentaron la producción de moneda carolingia en el país galo (Spufford, 1991: 88). 

 

 

 

Bibliografía:

 

Blackburn, M. (2011). Viking Coinage and Currency in the British Isles. Spink & Son Ltd.: 415 pp.

 

MEC: Grierson, Ph. & M. Blackburn (1986). Medieval European Coinage 1. Cambridge Univ. Press: 674 pp.

 

Spufford, P. (1991). Dinero y moneda en la Europa Medieval. Ed. Crítica, Barcelona: 604 pp.

 

Williams, G. (2007). Kingship, Christianity and Coinage: Monetary and Political perspectives on Silver Economy in the Viking Age. En Silver Economy in the Viking Age. Eds. J. Graham-Campbell & G. Williams: pp. 177-214.

 Viking Coinage: https://en.wikipedia.org/wiki/Viking_coinage

 



 













domingo, 1 de septiembre de 2024

El "ombligo del mundo" en las monedas.

 

El “ombligo del mundo” en las monedas. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 80 (1337) (Febrero, 2024): pp. 50-53.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

            Entre la variada y rica iconografía que podemos ver en las antiguas emisiones monetarias de la época clásica en la antigüedad, encontramos la curiosa representación de un objeto con forma de dedal, unas veces rodeado por una serpiente y otras sirviendo como asiento al dios Apolo. Este elemento es en realidad una famosa “piedra sagrada” con una curiosa historia.

 


Figura 1.- Representaciones del ónfalo en monedas.

a: Tetradracma de Antioco I Sóter, Imperio Seleúcida (281-261 a.C.); b: Pequeño bronce de Seleucos III, Imperio Seleúcida (226-223 a.C.); c: Bronce de Marco Aurelio (138-161 d.C), Cilicia; d: Bronce de Filipo I el Árabe, Vize, Turquía (244-249 d.C.). 

 

            Una de las piedras sagradas más importantes en la cultura y mitología griega clásica es el “omphalos”, considerado como el centro del universo, y traduciendo la palabra del griego literalmente, “el ombligo” del mundo.

La historia de esta singular roca, se remonta a los tiempos en que el dios Cronos (el tiempo), hijo de Gea (la tierra) y Urano (el cielo), casado con su hermana Rea (la naturaleza), temiendo ser desplazado por uno de sus hijos, tal como le había ocurrido a su padre, devoraba todos los bebés que tenía su esposa Rea nada más nacer. Así se tragó a Hestia, futura diosa del hogar, Deméter, diosa del cultivo y los cereales, Hera, diosa del matrimonio, Hades, dios del reino de los muertos y Poseidón, dios de los mares. Todos ellos, al nacer,  fueron devorados por Cronos, y nunca habrían podido reinar en el Olimpo de los Dioses, si Rea no hubiera urdido una trampa para engañar a su marido Cronos.

Cuando nació el último de sus hijos, Zeus, Rea lo salvó entregando a Cronos una piedra envuelta en pieles que éste rápidamente engulló (Fig. 2a). Rea ocultó a Zeus en una cueva del monte Ida (Creta) donde fue amamantado por la cabra Amaltea (Figs.2b, c).


Figura 2.- a: Rea entrega a Cronos la piedra del ónfalo en vez de a Zeus recién nacido; b: La cabra Amaltea amamantando a Zeus; c: Representación de Zeus niño montado sobre Amaltea en una moneda de Valeriano II (256-258 d.C.).

 

Cuando Zeus se hizo mayor se enfrentó a su padre, y con la ayuda de la diosa Metis (la prudencia)  le suministró una bebida vomitiva para liberar a todos sus hermanos. Lo primero que Cronos arrojó, fue la piedra que se había tragado en lugar de Zeus, llamada ὀμφαλός «Omphalos», u “ombligo”. Entonces Zeus ordenó a dos águilas que volaran desde dos puntos opuestos del Universo, y en el lugar donde las águilas se encontraron (en Delfos), colocó el ónfalo, marcando en este punto el centro del mundo.

Se conocen hasta veinticinco ubicaciones geográficas diferentes que albergaron diferentes ónfalos: cinco en Francia e Irlanda, cuatro en Asia Menor y Judea, una en Creta y doce en Grecia, siendo las más importantes: Delfos, Fliunte, Argos, Atenas y Egina. De todos ellos, el más conocido (y representado en las monedas) es similar al descubierto en el siglo XIX en el recinto sagrado de Delfos dedicado a Apolo, en realidad una copia romana que presenta una red tallada en relieve que lo recubre (Fig. 3a). La proliferación de estas piedras sagradas en diferentes ubicaciones, se justifica por la necesidad que tenían los templos de las distintas ciudades de la Antigüedad Clásica, de poseer elementos sagrados que atrajeran a peregrinos y fieles, de la misma forma que durante la Edad Media, abadías, monasterios y catedrales competían por la posesión de reliquias sagradas que fueran capaces de convocar a gran cantidad de fieles, que al final eran los que contribuían con sus dádivas al mantenimiento de los lugares sagrados de peregrinación.

En el caso de los ónfalos, en algunos casos podían ser auténticos meteoritos caídos del cielo, lo que reforzaba su carácter sagrado de origen divino. Estos objetos de origen extraterrestre han sido honrados por muchas culturas, y en la actualidad podemos ver la “piedra negra” de la Kaaba en la Meca, meteorito venerado por los musulmanes como una de las más importantes reliquias del Islam.

 Pausanias(1) informa que una pequeña piedra, ubicada cerca de la tumba de Neoptólemo, el hijo de Aquiles, era adorada en Delfos. Todos los días la piedra, aún existente en la época de Pausanias (siglo II d.C.), se ungía con aceite de oliva, y en todas las fiestas se cubría con lana en bruto. Según la tradición, esta fue la piedra que Rea le dio a su esposo, Cronos rey de los dioses, en lugar de su hijo pequeño Zeus y Cronos se la tragó, vomitándola después sobre la tierra. Esta roca podría ser el ónfalo original, posiblemente un meteorito caído del cielo, y posteriormente se esculpieron  uno o varios ónfalos de mayor tamaño, que son los que sirven de modelo a las figuras que aparecen en las monedas (Fig. 3a).


Figura 3.- Ónfalos de Delfos. a: Copia helenística en el Museo; b: Betilo cónico en el templo de Apolo.

            La piedra sagrada fue custodiada por una serpiente llamada Python, que según la mitología vivía en el centro del mundo y custodiaba el ónfalo de Delfos. Python era el enemigo ctónico del dios Apolo, y el dios mató a la serpiente apoderándose del lugar (Fig. 4). Como homenaje, los habitantes del lugar le erigieron un magnífico templo, que llegó a convertirse en uno de los centros de peregrinación más importantes de Grecia, donde se ubicaba el famoso “oráculo” de Delfos.

En la mitología griega, ctónicos “χθόνιος” (pertenecientes a la tierra) son los dioses como Hades, o espíritus que habitan en el inframundo, en contraposición con las deidades celestes como Apolo. La serpiente Python(2) en la religión griega era una deidad ctónica guardiana de los santuarios subterráneos. En el Himno homérico a Apolo (3.182-387)  compuesto hacia el 522 a.C. encontramos el registro más antiguo conocido del combate de Apolo con el dragón (serpiente) en Delfos.


Figura 4.- Apolo y Python.

a: Estátera de Crotona donde se representa al dios Apolo disparando una flecha a Python; b:  fresco de una casa de Pompeya donde aparece Apolo tocando la lira y la serpiente protegiendo el ónfalo; c: Apolo da muerte a la serpiente con una flecha, representación pictórica moderna; d: la misma escena en una moneda de Trajano Decio (249-251 d.C.).

 

            La escena de Apolo dando muerte a la serpiente Python aparece en las estáteras de plata de Crotona, polis de la Magna Grecia situada al sur de Italia (Fig. 4a), emitidas hacia el 400 a.C., donde en la parte central aparece un caldero sustentado por un trípode, símbolo de la ciudad, y a los lados Apolo disparando una flecha a la izquierda y en el lado opuesto la serpiente.

            Las primeras representaciones alusivas claramente al ónfalo aparecen tras la destrucción del templo de Apolo en Delfos por un terremoto en el año 373/2 a.C. Unos años más tarde, en el 338/6 a.C., la liga anfictiónica(3) decidió emitir una nueva moneda que serviría para financiar la reconstrucción del templo. En estas monedas, estáteras, dracmas y hemidracmas, figura en el anverso la diosa Demeter y en el reverso de las estáteras, el dios Apolo sentado sobre el ónfalo (Fig. 5b), mientras en los hemidracmas aparece el ónfalo con una serpiente enrollada en él (Fig. 5a).


Figura 5.- a: Hemidracma de la liga anfictiónica de Delfos (336-334 a.C.); c: Estátera de la liga anfictiónica de Delfos (338-334 a.C.).

 

            El modelo del dios Apolo sentado sobre el ónfalo fue adoptado en las emisiones seleúcidas(4) a partir de Antíoco I Sóter y sus descendientes (Figs. 6a, b, c) y también aparece en algunas monedas cretenses del s. III a.C. (Fig. 6d),  siendo copiado con un arte más tosco en las emisiones de Partia en el s. II a.C. (Fig. 6e).  También en Mirina (Eólida) se acuñaron en el s. II a.C. monedas con la imagen de Apolo de pie sosteniendo una rama de laurel, y a sus pies un pequeño ónfalo.


Figura 6.- Representaciones de Apolo y la serpiente Python en monedas griegas y romanas.

a: Estátera de oro de Antíoco I Soter (c. 266-261 a.C.); b: Tetradracma de Antíoco I Sóter (281-261 a.C.); c: Dracma de Alejandro I Balas (152-145 a.C.); d: Dracma de Antíoco VI Dionisio (144-142 a.C.); e: Bronce de Eleuterna, Creta, s. III a.C.; f: Dracma de Mitrídates I de Partia (171-138 a.C.); g: Bronce de Pérgamo, Misia, posterior al 133 a.C.; h: Diassarion (2 ases) de bronce de Alejandro Severo (222-235 d.C.) acuñado en Aigai, Cilicia; i: Dassarion de Filipo I el Árabe (244-249 d.C.) acuñado en Vize, Tracia;   j: Diassarion de Geta (209-212 d.C.) acuñado en Vize, Tracia.

 

La representación monetaria del ónfalo rodeado por la serpiente surge en las emisores de la liga anfictiónica en el 338/6 a.C. (Fig. 5a), y como anteriormente señalamos hace referencia a la serpiente (dragón) Python, que vivía en el centro del mundo y custodiaba el ónfalo de Delfos. Esta representación del ónfalo rodeado por la serpiente que lo protege, se mantiene desde las emisiones en bronce de Pérgamo en el s. I a. C. (Fig. 6f) hasta el siglo III d. C. en Cilicia (Armenia), ya en época romana (Fig. 6g).

Resulta interesante observar las variaciones que experimentan las figuras del dios Apolo y el ónfalo en las diferentes emisiones realizadas durante casi seis siglos, primero en la antigua Grecia y después bajo la influencia romana. Al principio, en tiempos de la liga anfictiónica de Delfos (336-334 a.C.), Apolo aparece sentado sobre el ónfalo, vestido con una larga túnica, con la mano derecha bajo la barbilla en actitud reflexiva y con el codo apoyado sobre el arpa (Fig. 7a). En su mano izquierda sujeta una larga rama de olivo que se apoya sobre su hombro. Más tarde este tipo se introduce en las monedas del Imperio Seleúcida por su segundo rey, Antioco I Sóter (281-261 a.C.) en las monedas de oro (Fig. 6a), plata (Fig. 1a; Fig. 6b) y cobre, y seguirá utilizándose por sus sucesores (Fig. 1b; Figs. 6c, d).

En este caso la representación del dios Apolo ha cambiado radicalmente, ahora aparece desnudo, sentado sobre el ónfalo, y sujetando en su mano derecha una flecha, y en la izquierda un arco, cuyo extremo opuesto se apoya en el suelo (Fig. 7b). Esta figura, manteniendo la misma pose, nos presenta al dios triunfante armado con arco y flecha, elementos que le han servido para dar muerte a su rival, la serpiente Python.

Por último, en las imágenes que aparecen en época romana en las monedas de bronce acuñadas en Vize (Tracia, en la actual Turquía) durante la primera mitad del siglo tercero de nuestra Era, bajo los reinados de Septimio Severo (193-211 d.C.), Geta (209-212 d.C.) (Fig. 6j) y Filipo I el Árabe (244-249 d.C.) (Fig. 6i, Fig. 7c), el dios Apolo aparece desnudo y de pie, con la cabeza girada a la izquierda, sujetando en su mano derecha una corona o una rama de olivo, y a su izquierda (derecha en la moneda) el ónfalo rodeado por la serpiente. De forma similar en las monedas de Tesalónica en tiempos de Gordiano III (238-244 d.C.), Apolo aparece de pie con su codo apoyado sobre la cítara que reposa sobre una columna, y a sus pies el ónfalo rodeado de la serpiente, en el exsergo, la leyenda ΠYΘIA (Pythia) (Fig. 7d).


Figura 7.- Representaciones del dios Apolo y el ónfalo de Delfos en las monedas.

 

 

            En Delfos se rendía culto a Apolo durante nueve meses, y en los tres restantes del invierno, a Dyonisios, dios de la muerte y del invierno, identificado con la serpiente Python, vieja deidad local que supuestamente estaba enterrada bajo el ónfalo.

            Esta puede ser una buena explicación para las imágenes representadas en las primeras monedas de Delfos, donde el dios Apolo se muestra bajo una apariencia pacífica en unas monedas, mientras que en otras figura la serpiente enroscada sobre el ónfalo. De igual forma en las representaciones de época romana, tanto en las pictóricas (Fig. 4a)  como en las monetales (Figs. 6i, j y Fig. 7c), podemos ver juntos ambos elementos, por una parte el dios Apolo ciñendo una lira o con una rama o corona de laurel, símbolo de su triunfo, y la serpiente Python rodeando el ónfalo, en una convivencia estacional, mientas Apolo está presente en primavera, verano y otoño, se le rendirá culto, pero cuando desaparezca en los meses de invierno, el culto se rendirá a Phyton/Dyonisios.

            Durante más de seiscientos años, algunas ciudades representaron en sus monedas imágenes alusivas al ónfalo, Apolo, y la serpiente Python, primero en la Grecia clásica, más tarde en época helenística, y finalmente bajo el Imperio Romano, lo cual nos indica la importancia de este mito en la cultura y mentalidad de la época.

 

Notas:

 

 

 (1) “Al salir del templo y girar a la izquierda, se encuentra un recinto en el que se encuentra la tumba de Neoptolemus, y los de  Delfos le ofrecen sacrificios cada año como a un héroe. Un poco más arriba de este sepulcro se ve una piedra no muy grande, sobre la que se vierte aceite todos los días, y en los días de fiesta se coloca lana sin lavar. La tradición, al respecto, es que esta piedra es la que le fue entregada a Saturno en lugar de a su hijo, y que luego la vomitó.” Pausanias (X. 24, 6).

 

(2) El nombre “python”  ha sido adoptado por los científicos para designar una familia de serpientes constrictoras que viven en zonas tropicales de África, Asia y Australia, y que cuenta con más de cuarenta especies distintas. Algunas como la pitón reticulada pueden llegar a medir hasta  ocho metros de longitud. A finales del s. XX surgió un lenguaje de programación bautizado con el nombre de “python” en homenaje al grupo humorista británico “Monty Python”.

 

(3) La liga anfictiónica era una liga religiosa que agrupaba a varias tribus griegas, la délfica reunía doce tribus de la Grecia central. Tras la creación del oráculo de Delfos, la liga se reunía dos veces al año y una de las reuniones tenía lugar en Delfos. A pesar de que en sus orígenes estas reuniones tenían un carácter estrictamente religioso, con el tiempo se transformaron en reuniones políticas.

 

(4) El Imperio Seleúcida se extendía por Oriente Próximo, incluyendo parte de la península de Anatolia, Mesopotamia y Persia. Fundado por Seleuco, general de Alejandro Magno, tras su muerte, perduró desde el 312 a.C. hasta el 63 a.C. cuando Pompeyo lo convirtió en una provincia romana.

 

Bibliografía:

 

Fontenrose, J., 2011. Python: Estudio del mito délfico y sus orígenes. Ed. Sexto Piso: 736 pp. 

Ibáñez, M., 2020. Dioses, meteoritos y monedas. Col Miscelánea Numismática 1: 83 pp.