martes, 1 de agosto de 2023

Las monedas y medallas de Vigo durante la Guerra de Sucesión.

 

Las monedas y medallas de Vigo durante la Guerra de Sucesión. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 79 (1329) (Junio, 2023): pp. 44-45.

 

Miguel Ibáñez Artica

 


 

““Hombres de la tripulación equipados con escafandras se ocupaban de inspeccionar toneles medio podridos, cofres desventrados en medio de restos ennegrecidos. De las cajas y de los barriles se escapaban lingotes de oro y plata, cascadas de piastras y de joyas. El fondo estaba sembrado de esos tesoros. Cargados del precioso botín, los hombres regresaban al Nautilus, depositaban en él su carga y volvían a emprender aquella inagotable pesca de oro y de plata””.

 

            Ese párrafo pertenece al octavo capítulo de la novela de Julio Verne “Veinte mil leguas de viaje submarino” (Fig. 1) donde se narra la incursión del submarino Nautilus para recuperar un tesoro hundido años atrás, durante la batalla de Rande, en el interior de la ría de Vigo. Combate naval que tuvo lugar el 23 de octubre del año 1702, dentro de lo que se conoce como la “guerra de sucesión” donde se enfrentaron, por una parte Francia y algunas regiones españolas partidarias del pretendiente francés (futuro Felipe V), y por otra Gran Bretaña, el Sacro Imperio, los Países Bajos y parte del territorio español (Valencia, Aragón y Cataluña).

 

Figura 1.- Monumento dedicado a Julio Verne en el centenario de su muerte (2005) en el puerto deportivo de Vigo, y recreación de los buzos del Nautilus de la novela “Veinte mil leguas de viaje submarino”.

 

            Una flota de tres galeones y 14 buques comerciales cargados de oro y plata procedente de América se refugió en la ría de Vigo el 22 de septiembre del año 1702, y un mes más tarde una flota de 42 navíos británicos y holandeses con más de veinte mil  hombres atacó y destruyó la flota española, obteniendo un sustancioso botín de monedas de oro y plata. Sin embargo durante el mes que transcurrió entre la llegada de la flota procedente de América y el ataque de los ingleses, una gran parte del tesoro pudo recuperarse y un millar de carretas dirigidas por arrieros maragatos y tiradas por bueyes, transportaron el cargamento primero a Lugo y posteriormente a Segovia, otra parte fue capturada por los británicos y finalmente una tercera parte desconocida puede encontrarse todavía en el fondo de la ría de Vigo bajo varios metros de sedimentos, esto último es lo que inspiró a Julio Verne y aún alimenta la leyenda del “tesoro hundido”.

 

            Esta victoria británica se celebró con la acuñación de numerosas medallas y monedas de plata y oro, que llevan la mención a la ciudad de Vigo donde se produjo la batalla. Supuestamente, la plata y el oro con que se acuñaron estas monedas y medallas procedía del sustancioso botín obtenido en esta batalla.

 

Figura 2.- Monedas con la leyenda “VIGO” en el anverso; a: cinco guineas de oro; b: una guinea; c: media guinea; d: una corona; e: media corona; f: un chelín; g: seis peniques.

 

            Los valores acuñados en oro el año siguiente, en 1703, fueron en primer lugar monedas de cinco guineas de oro de 917 milésimas (Fig. 2a) de 37 mm de diámetro y 41,75 gramos de peso, de las que se emitieron tan solo veinte piezas que figuras entre las monedas más caras del mundo. Por ejemplo, el 13 de enero del año 2019 un ejemplar de este tipo fue adjudicado en más de un millón de dólares en la subasta celebrada en Nueva York por la empresa numismática Baldwins of St. James.

           

También se emitieron monedas de una guinea de 25 mm de módulo y 8,4 gramos (Fig. 2b), así como medias guineas de 20 mm de diámetro y un peso de 4,15 gramos (Fig. 2c). Estos tipos monetarios habían sido introducidos en 1662 por el monarca Carlos II de Inglaterra, tras mecanizarse por completo el proceso de la acuñación de monedas, y se acuñaron con las siete libras y media de oro (3,4 Kg.) obtenidas como botín en la batalla de Rande en Vigo.

 

            Otro detalle curioso es que la inclusión de la leyenda “VIGO” con letras mayúsculas bajo el hierático busto de la reina Ana, fue ejecutado por el famoso científico Isaac Newton, director de la “Royal Mint” de Inglaterra desde 1694. La reina Ana a finales del mes de febrero de 1703 le envió una real orden donde se indicaba: “Por cuanto hemos sido informados de que varios paquetes de oro, plata o lingotes han sido tomados por nuestra Real Flota en la última expedición a Vigo y traídos a casa como presa... sea acuñada de cuando en cuando con toda la rapidez conveniente a las monedas actuales de nuestro reino, con la palabra Vigo debajo de nuestras efigies en cada pieza de dicho dinero... sea una marca que la distinga del resto de nuestras monedas de oro y plata, y para prolongar hasta la posteridad la memoria de esta acción gloriosa”.

 

            Con respecto a las monedas de plata acuñadas con el botín de unas dos toneladas de este metal y que llevan la palabra “Vigo”, se emitieron con una ley de 925 milésimas coronas y medias coronas, de 30,1 y 15 gramos respectivamente (Figs, 2d, e), así como chelines (Fig. 2f) de 25 mm y seis gramos de peso, y finalmente pequeñas monedas de seis peniques (Fig. 2g), de 21 mm de diámetro y tres gramos de peso. Mientras los chelines llevan la fecha de 1702, año en que ocurrió la batalla, las restantes monedas presentan el año de su acuñación, 1703.

 

Figura 3.- Medallas alusivas a la batalla de Vigo en oro (a), plata (b, c, d, e) y bronce (f).

 

            Además de las monedas, también fueron acuñadas numerosas medallas de oro y plata en la “Royal Mint”, dirigida en esos momentos por Sir Isaac Newton desde su despacho en la Torre de Londres (Fig. 3), en ellas aparece el busto de la reina en el anverso, en este caso sin la palabra “vigo” debajo, y en un caso con el nombre del grabador de la medalla (J. Boskman, Fig. 3c), mientras que en el reverso se muestra la violenta batalla naval con la flota anglo-holandesa en primer plano y al fondo la flota franco-española ardiendo.

 

En una de las medallas (Fig. 3c), probablemente acuñada en Alemania,  aparece en el anverso una compleja alegoría con la victoria colocando la corona naval, el laurel y la palma encima de los trofeos navales, con la explícita leyenda: “SPES ET VIRES HOSTIVM FRACTAE, HISPAN. OPE. AMERIC. INTERCEPTO” (La esperanza y la fuerza del enemigo fue disuelta, la riqueza americana de España interceptada). Una segunda medalla (Fig. 3b) muestra en su anverso a la victoria alada entregando a Neptuno un listado con los barcos hundidos y capturados.

 

            También se acuñó un jetón en Nuremberg (Fig. 3f) que lleva las letras LGL, iniciales del grabador Lázaro Gottlieb Lauffer, bajo el busto de la reina en el anverso, y una vista aérea de la ría de Vigo -especificándose los castillos y puntos de defensa terrestre-, con su entrada bloqueada por la flota anglo holandesa, y en el interior la flota franco española ardiendo.     

 

            Tanto las monedas con leyenda “Vigo” como las medallas que conmemoran la victoria constituyen un importante elemento de propaganda política, y aunque una parte se acuñó con el oro y la plata procedente del botín de guerra (según el informe de Newton compuesto por 7 libras y 8 onzas de oro y 4.504 libras y dos onzas de plata), algunas piezas pudieron emitirse utilizando metales preciosos de otro origen.

 

 







sábado, 1 de julio de 2023

Las "monedas" de la revolución industrial.

 

Las “monedas” de la revolución industrial. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 79 (1328) (Mayo, 2023): pp. 48-51.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

            En las publicaciones numismáticas convencionales suelen figurar algunas piezas de gran formato y valor (centenes, cincuentines, doblas de diez doblas, etc...) que en realidad nunca circularon como verdaderas monedas, sino que más bien eran objetos de lujo y prestigio para grandes obsequios. Por contra, otras piezas mucho más humildes, las denominadas monedas de necesidad emitidas por particulares o instituciones locales en épocas de penuria monetaria, no suelen ser consideradas como auténticas monedas, aunque en este caso sí circularon ejerciendo las funciones económicas que tradicionalmente se asignan a la moneda.

            Aunque encontramos estos tipos monetarios por todas las regiones del Planeta, hay algunos casos especialmente llamativos como son las “monedas” acuñadas en Gran Bretaña a finales del siglo dieciocho, cuando coincidiendo con los inicios de la Revolución Industrial, comenzaron a surgir importantes concentraciones de minas y fábricas de productos metálicos y textiles.

            Estas actividades conllevaron una intensa migración del campo hacia la ciudad por parte de agricultores y granjeros que veían una mayor estabilidad laborar, junto con un mejor salario y condiciones de vida en estos novedosos equipamientos industriales dedicados a la minería o a los procesos de fabricación.


Figura 1.- “Tokens” ingleses de la Revolución Industrial.

 

            Esta profunda transformación social coincidió en el tiempo con un momento de escasez de moneda menuda, el monarca Jorge III, ocupado por los conflictos surgidos en las colonias americanas, había cesado la fabricación de moneda de cobre en 1775, debido a la proliferación de falsificaciones y la poca aceptación que este tipo de moneda tenía entre la población. Pero justo en esos momentos la industrialización hizo crecer a las ciudades, donde se incrementaron los pequeños comercios que abastecían de ropa, alimentos y otros artículos de primera necesidad a una creciente población de trabajadores, aumentando también el número de empleados en este sector, que como los que estaban contratados en las fábricas, recibían sus salarios en monedas y las necesitaban para realizar las pequeñas compras cotidianas. 

            Ante la escasez de moneda necesaria para realizar los pagos a los trabajadores, la compañía minera Parys dedicada a la extracción y procesamiento del cobre, y cuya actividad se centraba en Anglesey (Gales), tomó la iniciativa de fabricar su propia moneda en 1787(1), en esos momentos se disponía de suficiente cobre así como de una maquinaria y tecnología adecuadas para la laminación y acuñación de calidad. Aunque existía una ley de 1742 que castigaba la fabricación ilegal de moneda de cobre, estos nuevos tokens(2) (Fig. 1) no fueron considerados falsificaciones, sino sustitutos de la moneda oficial,  y fueron muy bien aceptados por ciudadanos, empresas y comercios, de forma que un par de años más tarde, comerciantes y magistrados de Stockport resolvieron que "no tomarían otra moneda de medio penique en el futuro sino las de Anglesea Company".

            Estas primeras “monedas” se corresponden con las que presentan en una cara el busto velado de un druida y en la otra, las iniciales de la compañía (PMCo) (Fig. 4a).

 

 

Figura 2 .-  Tokens industriales de ferrerías y telares. a: Carmanthenshire (Gales), medio penique de J. Morgan, empresario del hierro y banquero, muestra en las dos caras el interior de la fragua con sus trabajadores e instrumentos; b: Londres (1795), medio penique de John Skidmore, pueden verse el horno y las labores de forja igual que en el siguiente ejemplar c de Sheffield (Yorkshire); d: medio penique de John Wilkinson, industrial del hierro y cobre; e: Devonshire, token de Benjamin Shepheard & William Dove, comerciantes de lino y fabricantes de paños; f: Haverhill (Suffolk), token de Peter Kempson; g: Haverhill (Suffolk), token de John Fincham.

 

            La variada iconografía de estas “monedas” muestra las actividades ligadas a la reciente industrialización, especialmente en los sectores minero y metalúrgico (Figs. 2a-d), así como en el textil (Figs. 2e-g) y de la pesca (Figs. 3a-e).

            El famoso empresario de la industria del hierro John Wilkinson, de Shropshire, tomó el relevo en la fabricación de estos tokens (Fig. 2d) y pronto comenzaron a llegar nuevos pedidos. La ciudad de Birmingham se convirtió en el principal centro de producción de estas fichas monetarias, y solo entre los años 1787 y 1789 se acuñaron en la ciudad más de veinte millones de piezas. 

            Unos pocos años más tarde, en 1785 ya se habían fabricado varios miles de tokens diferentes, de los cuales un 95%  eran medios peniques. Las nuevas tecnologías de acuñación emanadas de la revolución industrial permitían la realización de diseños de gran calidad y además de su primitiva función monetaria, estas “monedas” alimentaron la moda del coleccionismo (algo similar a lo que actualmente ocurre con las monedas de dos euros), de forma que se llegaron a acuñar piezas destinadas a este nuevo mercado (como también ocurre actualmente con algunas emisiones).

            Si bien en un principio el objetivo de estas acuñaciones era el de suplir la escasez de moneda de cobre, y durante la década de 1787-1797 las únicas monedas de cobre que circularon en Gran Bretaña fueron estas emisiones provinciales, diseñadas y fabricadas libremente por particulares, sin ninguna regulación oficial, también se emitieron piezas publicitarias por parte de algunos comerciantes, así como otras destinadas a defender determinadas opciones políticas o criticar algunos problemas sociales (en contra la esclavitud, a favor de reformas en el Parlamento Británico, en contra –o a favor- de algunos intelectuales radicales como  Thomas Paine etc...). Hay que tener en cuenta la convulsa situación político-social de la época, afectada por la reciente Revolución Francesa y por el levantamiento de las colonias americanas.

            La prueba de la intensa circulación que tuvieron estas “monedas” es el profundo desgaste que muestras muchas de ellas, mientras que también las podemos encontrar en estado “flor de cuño”, en este caso procedentes de los antiguos coleccionistas, que reunían las mejor preservadas, y que durante más de dos siglos se han conservado intactas en los monetarios.

 


Figura 3.- Tokens dedicados a la pesca y a otras actividades comerciales. a: Long Acre (Londres), medio penique de  John Fowler, mercader de aceites, se muestra una escena de la pesca de la ballena en una cara y al dios Neptuno en la otra; b: escena de pesca en un token de R. Peach, pescador de Lowestoft (Suffolk); c: escena de la pesca del salmón en un token de John Ferrier de Perth (Escocia); d: Hampshire, token de Salmon, Courney & Frost donde aparece un gran pez bajo un barco; e: token de Cinque Ports (Kent y Sussex) con un banco de peces bajo una embarcación medieval; f: token de Yorshire mostrando la imagen de la catedral y el castillo, emitido por el telar de Yeovil, Brett and Cayme; g: Shorpshire, puente de hierro, token de la compañía Reynolds & Co.; h: desembarco de mercancías en el puerto, token de Northshields (Northumberland), i, j: tokens de Somerset, emitidos por Mary y Lacon Lambe, propietarios de tiendas de comestibles y productos ultramarinos.

 

            Entre las figuras que podemos ver en estos tokens hay algunas relacionadas con la pesca (Figs. 3b-e), e incluso encontramos una ilustrativa imagen que nos muestra una escena en la que desde una embarcación se arponea a una ballena (Fig. 3a), reflejo de la boyante industria de la “caza” de la ballena que proveía de un aceite de excelente calidad, así como otros productos como las “barbas”, que por su elasticidad eran utilizadas para la confección de corsés y sombrillas. También aparecen representaciones de actividades comerciales (Figs. 3h-j), así como de importantes obras públicas (Fig. 3g), o incluso destinadas a visibilizar y dar publicidad a los monumentos artísticos de determinada ciudad o región (Fig. 3f).

            También aparecen inmortalizados los retratos de poderosos industriales como John Wilkinson (Fig. 2d), personajes mitológicos como Lady Godiva (Fig. 4b), o históricos como el duque de Láncaster (Fig. 4c) y el famoso científico Sir Isaac Newton (Fig. 4d), cuya obra principal “Philosophiæ naturalis principia mathematica” había sido publicada hacía un siglo (en 1687).

 


Figura  4.- a: Token del druida, uno de los primeros tokens emitidos por la Compañía minera Parys en Anglesey (Gales); b: Token emitido por Reynolds & Co. en Coventry, con la representación de Lady Godiva, 1792; c: medio penique emitido por John Westwood en Lancashire con la imagen del duque de Láncaster, 1792; d: token de Middlesex con la imagen de Sir Isaac Newton, 1793.

 

            Fue tal el éxito de estas “monedas” que hacia 1795 la oferta superaba la demanda, disminuyendo también la calidad de las emisiones, a esto se unió la crisis financiera del estado, que en febrero de 1797 hizo que el Banco de Inglaterra suspendiera el canje de billetes por oro. Ante esta situación el Gobierno abordó un plan de acuñaciones masivas de cobre, emitiéndose monedas de dos y un penique a partir de 1797, y de medio penique y cuartos (farhings) en 1799, y de esta forma en 1802 desapareció la fabricación de tokens provinciales.

            Sin embargo, y como consecuencia del progresivo aumento del precio del  cobre durante la primera década del siglo diecinueve,   en 1811 y 1812 resurgieron los tokens privados, en este caso con valores más diversos (dos, uno y medio penique, e incluso chelines de plata) y con referencias iconográficas más explícitas a la revolución industrial (Fig. 5). Finalmente, en 1817 el Parlamento Británico aprobó una ley prohibiendo la fabricación de estas monedas privadas y su utilización como medio de pago a los trabajadores bajo sanciones muy severas, y aquí se terminó la interesante historia de los denominados “Conder Tokens” surgidos al amparo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña(3).

 


 


Figura 5.- Tokens de comienzos del siglo XIX. a: Warwickshire, Birmingham, penique de la compañía Risca Union Copper, 1811;  b: Worcestershire,  penique de James Griffin & Sons, 1813; c: Bilston, Wolverhampton, penique de Samuel Fereday, 1811; d: token acuñado en 1811 por John Williams de Scorrier, propietario de minas en Cornuailles; e: Staffordshire, token de dos peniques, de Rugeley E. Barker con motores para fundiciones, 1815; f: Sheffield, Yorkshire, penique de la fábrica de hierro de Phoenix, 1813.

 

            Aunque en los países anglosajones el coleccionismo de este tipo de piezas está firmemente asentado, con numerosas personas y asociaciones dedicadas a su estudio, así como una abundante bibliografía sobre el tema, fuera de este ámbito geográfico estas piezas son casi totalmente desconocidas e ignoradas, aunque como podemos ver circularon como auténticas monedas, generalmente muy bien acuñadas, y con interesantes representaciones iconográficas de las actividades que tuvieron lugar en los comienzos de la Revolución Industrial (Fig. 6), que en pocas décadas, produciría un cambio irreversible en las sociedades de todo el Planeta.

 


 


Figura 6.- Medio penique de Birmingham (1793) con la explícita y premonitoria leyenda “La industria tiene su recompensa segura” (28,8 mm; 10,12 g.).

 

 

Notas:

 

 (1)  Ya existían precedentes en el siglo anterior, cuando ante la ausencia de moneda menuda numerosos comerciantes habían fabricado sus propios tokens con valor de medio penique en 1656 y de un penique desde 1663, emisiones que duraron tan solo una década, hasta que el monarca Carlos II comenzó a acuñar monedas de cobre.    Aunque en un principio fueron fabricados por los comerciantes, pronto emitieron también los municipios de las ciudades e incluso algunos nobles, siendo aceptados como moneda a escala local. Estas piezas de las que se llegaron a fabricar cerca de veinte mil tipos distintos, eran de pequeño tamaño, unos 20 mm, en comparación con los 29 mm de los medios peniques del s. XVIII. A su vez ya existía una dilatada tradición en la emisión de “monedas locales” desde tiempos medievales, cuando tabernas, monasterios y municipios fabricaban sus propias “monedas” de plomo o estaño de circulación local.

 

(2) En la lengua española existe una cierta confusión con los términos “token” y “jetón”, que tendrían la traducción genérica de “fichas”. Como criterio utilizado en este y otros artículos dedicados a la temática de la “exonumia”, conservamos el nombre de “jetón” para aquellas piezas monetiformes medievales y modernas de uso contable, “mereaux” para los jetones anepígrafos, “tokens” para las piezas anglosajonas de uso monetario (que podrían también considerarse como “monedas de necesidad”), y “plomos” para los “mereaux” y “tokens” medievales y postmedievales tanto franceses y españoles como ingleses acuñados, o más generalmente fundidos en moldes, con  ese metal. Reservaremos la denominación de “fichas” para designar  aquellos otros elementos monetiformes de uso diverso (como las “fichas” de  juego, “fichas” de casino, “fichas” telefónicas, de máquinas recreativas o de venta de productos, “fichas” de transporte, etc...).

 

(3) La denominación de “Conder Token” deriva del nombre del autor del primer catálogo publicado sobre estas “monedas” cuando aún se encontraban en circulación y eran un objeto preciado de numerosos coleccionistas: Conder, J., 1798. An arrangement of Provincial Coins, tokens, and medalets issued in Great Britain, Ireland, and the colonies, within the last twenty years, from the farthing to the penny size. Ipswich (Suffolk, U.K.): (24) + 330 + (2) pp.

  

Bibliografía:

 

Seaby, P. & M. Bussell, 1984. British Tokens and their values. Seaby, London: 200 pp.

Whiting, J.R.S., 1971. Trade Tokens. A Social and Economic History. David and Charles Ed.: 192 pp.

 

 

 



jueves, 1 de junio de 2023

domingo, 30 de abril de 2023

Jetones de cuenta o cómo sumar antes del álgebra.

 

Jetones de cuenta o cómo sumar antes del álgebra. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 59 (1107) (Abril, 2003): pp. 46-47.

 

 

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

Las operaciones matemáticas más simples como la suma, que nos resultan tan fáciles y cotidianas utilizando el álgebra, eran especialmente complejas cuando las cantidades se escribían en números romanos.

 



Figura 1.- a: Jetones de Nuremberg mostrando la figura de una persona realizando cálculos con jetones; b: Representación de un personaje realizando cálculos mediante jetones sobre una mesa (Sánchez de Arévalo, 1491: Libro primero, capítulo XL: Aritmética y Geometría); c: Jetones o “contadores” para el servicio de la administración contable del príncipe Felipe (futuro Felipe II de España).

 

Para realizar estas operaciones matemáticas, el sistema utilizado era similar al de un ábaco (actualmente usado en Oriente en forma rutinaria), de forma  que para expresar una determinada cantidad  se colocaban fichas (denominadas jetones), sobre un tablero especial, marcado con varias líneas horizontales, desde la más inferior donde se contabilizaban las unidades, hasta la superior donde se agrupaban los millares.

Pongamos un ejemplo (ver la figura 2): deseamos sumar las cantidades MCCCXXII (1322) y MDCCCXVI (1816). Colocaremos la primera cantidad, de forma que pondremos un jetón en la fila de los millares (1 x M), tres en la de las centenas (3 x C), dos en las decenas (2 x X) y dos en las unidades (2 x I) (Fig. 2a). De la misma forma, seguidamente colocaremos los jetones que expresen la segunda cantidad mencionada (Fig. 2a’). A continuación juntaremos los jetones de cada fila (Fig. 2b), de forma que cinco piezas de la fila inferior de las unidades se agruparán para formar una ficha que se colocará en la fila superior (V), dos fichas en esta última fila se agruparán para colocar una ficha en la fila de las decenas (2 x 5= 10), cinco jetones de la fila de las decenas se subirán como una ficha a la fila superior (L), dos de esta fila serán un jetón en la superior  (2 x 50= 100), y así sucesivamente.


Figura 2.- Suma con jetones.

 

De esta forma, tal como se señala en la figura, obtendremos tres jetones en la fila inferior de las unidades (3 x 1), uno en la fila superior (1 x 5), tres en la fila de las decenas (3 x 10), uno en las centenas (1 x 100) y tres en los millares (3 x 1000), de forma que podremos leer la cifra MMMCXXXVIII, es decir 3128 que es la suma de las cantidades señaladas (Fig. 2c).

De forma similar, podían hacerse otras operaciones aritméticas como restas, multiplicaciones o incluso divisiones. Uno de los primeros libros impresos donde se enseña a operar con jetones (contadores), es el Tratado de Matemáticas de Juan Pérez de Moya (Alcalá, 1573), donde en su capítulo XV del libro segundo, titulado “Arithmetica Practica”, se describen y explican los procedimientos utilizados en esta época.

Durante varios siglos (desde el s. XIII al XIX), se han acuñado miles de jetones diferentes, utilizados para realizar la contabilidad cotidiana en las casas reales, palacios de los nobles, clérigos y monasterios, recaudadores de impuestos, banqueros y comerciantes, y estos objetos con apariencia de moneda (en muchos casos se hacían pasar como tales) presentan los más variados motivos y leyendas.

Figura 3.- a: Tapete con marcas de cifras para colocar sobre la mesa; b: mesa con las marcas trazadas para realizar los cálculos con jetones (Frauenhausmuseum, Estrasburgo, Francia).

 

 

En la Península Ibérica se introdujeron en época temprana en Navarra, debido a la influencia francesa, y así por ejemplo en un jetón navarro de la primera mitad del s. XV figura el texto “diner de cont”, es decir “dinero de cuenta”, y en otro, probablemente de finales del S. XV, se puede leer la leyenda: “Qui bien jetera, buen compto trovara”, que puede traducirse como “quien sea hábil en las operaciones de mover los jetones en la mesa de cálculo, conseguirá realizar buenas cuentas”  

A pesar de que la numeración arábica y el álgebra se introdujeron en la Edad Media(1), durante muchos siglos se siguió utilizando la numeración con letras romanas, de forma que era necesario el empleo de fichas o jetones en las operaciones de cálculo. Durante la Edad Moderna, la ciudad alemana de Nuremberg, se especializó en acuñar jetones utilizados en todos los estados europeos, en algunos de ellos puede verse la figura de un contable sobre una mesa, haciendo sus cálculos matemáticos con ayuda de jetones (Fig. 1a).

 

(1)   Una de las figuras más importantes en la Historia de las Matemáticas, es el árabe Al-Khwarizmi (780-850 d.C.), autor de la obra “Al-jabr wa’l muqäbala”  donde aparece por vez primera el término “al-jabr” que significa “restauración” del equilibrio, y del que deriva la palabra “álgebra”. Los musulmanes hicieron confluir los conocimientos de los griegos con los avances matemáticos experimentados en la India (el cero y la numeración que denominamos arábiga, proceden en realidad de la India)  de forma que  durante gran parte de la Edad Media el lenguaje internacional de las matemáticas fue el árabe.

 

 

 

 





sábado, 1 de abril de 2023

Dinero del Mar. Objetos de uso monetario procedentes del medio marino.

 

Dinero del Mar. Objetos de uso monetario procedentes del Medio Marino. Libro publicado en la Colección Miscelánea Numismática n. 3 (2023): 220 pp.

ISBN: 978-84-09-48397-6
D.L. Z 354-2023

 Disponible en Tienda Museo: PVP con envío a España incluido: 28 €


Envíos al extranjero: 28 € + gastos de envío. Información y distribución: miscelaneanumismatica@gmail.com

 

Miguel Ibáñez Artica

Los estudios sobre “premoneda” o “moneda tradicional” son poco conocidos en el campo de la numismática, y la mayoría de ellos son publicados en revistas especializadas de antropología o etnografía. Los diversos objetos que han tenido un uso monetario pueden corresponder a varias familias de elementos: útiles, armas y herramientas (cuchillos africanos, palas, hachas metálicas o de piedra, azadas....), que en muchos casos se miniaturizan perdiendo su función original y sirviendo tan sólo como monedas. Un segundo grupo estaría constituido por mercancías (moneda-mercancía) como los lingotes metálicos, la sal, el té, el cacao..., y finalmente encontramos un tercer conjunto integrado por objetos ornamentales o de adorno personal. Dentro de este último se encuentran la mayoría de elementos del “Dinero del Mar”, integrado mayoritariamente por conchas de diferentes especies de moluscos, que fueron -e incluso en algunos casos siguen siendo-, consideradas como moneda. Se describen e ilustran en color más de dos centenares de piezas procedentes de museos y colecciones particulares, y en base a una extensa bibliografía (por supuesto no exhaustiva) se comenta el uso de estos elementos desde la Prehistoria hasta el presente en las diferentes partes de nuestro Planeta.