Páginas

viernes, 1 de diciembre de 2023

Los jetones navarros para uso de los servicios contables de Carlos III "el Noble", rey de Navarra (1387-1425).

 

Los jetones navarros para uso de los servicios contables de Carlos III “el Noble”, rey de Navarra (1387-1425). Artículo publicado en: Pregón Siglo XXI. 69 (Octubre, 2023): pp. 31-38.

 

 

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

































miércoles, 1 de noviembre de 2023

Emisiones realizadas bajo el mandato Británico en Palestina (1917-1949).

 

Emisiones realizadas bajo el mandato Británico en Palestina (1917-1949) Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 77 (1307) (Junio, 2021): pp. 45-47.

 

 

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 



En la actualidad se hablan en todo el Planeta entre siete y nueve mil idiomas, que se expresan tan solo con unos cuarenta tipos distintos de escritura(1), siendo la más frecuente la escritura latina que se utiliza en más de las tres cuartas partes de todas las lenguas que se hablan en el mundo.

 

En la epigrafía monetaria podemos encontrar diferentes tipos de alfabetos, y aunque lo normal es que en cada moneda aparezca un solo tipo (escritura latina, árabe, china, cirílica, griega....), en algunos casos podemos encontrar dos, tres, o incluso más tipos distintos en una misma moneda, circunstancia que se produce cuando los destinatarios de dichas emisiones pertenecen a varias culturas, que utilizan diferentes idiomas y formas de escritura.

 

            Aunque de forma excepcional, ya desde la Edad Antigua podemos encontrar monedas con dos tipos de escritura, como los denarios acuñados durante las “Guerras Sociales” que tuvieron lugar en Italia entre los años 91 y 87 antes de nuestra Era, en los que aparecen leyendas con caracteres latinos en el anverso y en escritura osca en el reverso.

 

 

Figura 1.- Monedas de Palestina durante el Mandato Británico.

 

Sin embargo, donde más abundan las emisiones monetarias que presentan dos o más tipos diferentes de escritura, es en la Edad Moderna, especialmente en algunas colonias de los siglos diecinueve y veinte, y un buen ejemplo son los billetes y monedas emitidos durante el Mandato Británico en Palestina, entre 1927 y 1946 (Fig. 1).

 

A finales de la Primera Guerra Mundial, el territorio que pertenecía al Imperio Otomano, aliado de Alemania, fue conquistado por los ingleses en 1917. Al finalizar la contienda, y bajo el auspicio de la Sociedad de las Naciones (antecedente de la ONU), Gran Bretaña asumió el control de la región (Fig. 2) y comenzó la creación de un nuevo Sistema Monetario para la zona, creándose en 1927 el Marco Legal en el que se establecía como unidad la libra palestina, dividida en 1000 milésimas (denominadas abreviadamente en las monedas “mils”).

 


 


Figura 2.- Mapa del territorio de Palestina bajo mandato británico en 1922.

 

El diseño de estas monedas fue especialmente complejo, ya que no podían aparecer símbolos religiosos dado que la población estaba dividida en tres creencias diferentes: judíos, musulmanes y cristianos, y tenían que figurar los tres idiomas oficiales (árabe, inglés y hebreo):

 

En el anverso:          فلسطين - PALESTINE - (פלשתינה(אי

En el reverso:           (١...)  مل – (Valor numérico) MIL/MILS – (1/2/5...) מילים

Se escogió un motivo principal neutro, el olivo, árbol que simboliza la región, y así en las monedas de 1, 2, 50 y 100 milésimas aparece una rama erguida, mientras que las piezas de 5, 10 y 20 mils., presentan un orificio central  rodeado de una rama de olivo circular.

 

También se utilizaron las tres lenguas (inglés, árabe y hebreo) con sus respectivas escrituras, pero además de la denominación “Palestina” en alfabeto hebreo, se añadieron entre paréntesis las letras aleph y yod, (א ' י')  abreviatura de “Eretz Yisra’el”, “La Tierra de Israel” (ארץ ישראל) (Fig. 3), simbología que ofendió a los ciudadanos musulmanes que se amotinaron, comenzando así un largo conflicto que llega a nuestros días.

 



Figura 3.- Primera emisión de 1927 de la moneda de 20 milésimas en cuproníquel y detalles de las leyendas en los tres tipos de escritura.

 

En total se emitieron 59 monedas con siete denominaciones:

 

De una milésima, acuñadas en bronce en 1927, 1935, 1937, 1939, 1940, 1941, 1942, 1943, 1944 y 1946 (Fig. 4j).

De dos milésimas en bronce: 1927, 1941, 1942, 1945 y 1946 (Fig. 4i).

De cinco milésimas en cuproníquel (75% Cu + 25% Ni): 1927, 1934, 1935, 1939 y 1941 (Fig. 4g).

De cinco milésimas en bronce: 1942, 1944 y 1946 (Fig. 4h).

De diez milésimas en cuproníquel: 1927, 1933, 1934, 1935, 1937, 1939, 1940, 1941 y 1942 (Fig. 4e).

De diez milésimas en bronce: 1943, 1943 y 1946 (Fig. 4f).

De veinte milésimas en cuproníquel: 1927, 1933, 1934, 1935, 1940 y 1941 (Fig. 4c).

De veinte milésimas en bronce: 1942 y 1944 (Fig. 4d).

De cincuenta milésimas en plata (72% Ag + 28% Cu): 1927, 1931, 1933, 1934, 1935, 1939, 1940 y 1942 (Fig. 4b).

De cien milésimas en plata: 1927, 1931, 1933, 1934, 1935, 1939, 1940 y 1942 (Fig. 4a).

 

A pesar de que originalmente las monedas de 5, 10 y 20 milésimas se acuñaron en cuproníquel, con un 25% de níquel y el resto cobre, las necesidades de este metal en la industria bélica durante la Segunda Guerra Mundial, motivaron que se acuñaran en bronce, tal como se hacía con las piezas de una y dos milésimas. De esta forma, en 1942 se fabricaron piezas de 10 Mils de las dos variantes, las primeras emisiones de cuproníquel y las siguientes de bronce.

 

 

Figura 4.- Diversos tipos de monedas emitidas durante el mandato británico en Palestina, en plata, bronce y cuproníquel.

 

En 1947 se acuñaron 2.880.000 piezas de una Mil, 480.000 de dos Mils, y un millón de 5 y 10 Mils, que no llegaron a circular y fueron fundidas. De estas rarísimas emisiones solo se conocen en la actualidad 5 piezas de una milésima (con una estimación de valor de mercado numismático de diez mil dólares), 5 ejemplares de la moneda de cinco milésimas  y un único ejemplar de las monedas de 2 y 10 milésimas que se conservan en el British Museum(2).

 

            Como comentario final, las monedas en muchos casos reflejan la Historia y los conflictos acaecidos en su devenir. El caso de las monedas y billetes emitidos en el antiguo territorio de Palestina desde finales de la Primera Guerra Mundial, y que estuvieron en circulación hasta el año 1950 es un buen ejemplo de ello.

 

 

Notas:

 

(1)Algunas de estas escrituras como el siríaco, balinés, javanés, naxi o cherokee son utilizadas en contextos muy locales y restringidos. Fuentes: “Omniglot” y “ScriptSource”: http://www.omniglot.com/index.htm; https://scriptsource.org/

 

(2)Recientemente se han fabricado en China reproducciones de la moneda de 2 Mils de 1947 que se pueden adquirir a menos de dos euros la unidad, y como suele ocurrir con muchos billetes raros y valiosos, se han producido numerosas reproducciones de los billetes de 500 milésimas y una, cinco, diez, cincuenta y cien libras palestinas –que también presentan los tres tipos de escritura-, a veces de buena calidad, que ocasionalmente pueden introducirse en el mercado como auténticos.

 

Bibliografía: 

 

Berlin, H.M., 2015. The Coins and Banknotes of Palestine Under the British Mandate, 1927-1947. Ed. McFarland & Co Inc.: 170 pp.

 

 

 





domingo, 1 de octubre de 2023

A propósito de una nueva moneda carolingia con el nombre de Fastrada, cuarta esposa de Carlomagno (793-794 d.C.)

 

A propósito de una nueva moneda carolingia con el nombre de Fastrada, cuarta esposa de Carlomagno (793-794 d.C.) Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 79 (1330) (Julio/Agosto, 2023): pp. 44-47.

 

 

Miguel Ibáñez Artica

 

 

            En fecha reciente (mayo del 2023), el Museo de Carlomagno ubicado en Aquisgrán, ha adquirido una extraordinaria moneda que presenta en el reverso, rodeando el característico monograma del emperador, el nombre de Fastrada, cuarta esposa de Carlomagno e hija del poderoso Rodolfo, conde de Austrasia (Fig. 1).

 

            La singularidad de esta pieza reside en que es el único caso conocido entre las abundantes monedas carolingias en el que aparece el nombre de la reina consorte.

 

Figura 1.- Moneda carolingia con el nombre de Fastrada (21 mm; 1,63 g), de fondo pintura de  Adolf Ehrhardt (1857), mostrando a la reina en su lecho de muerte junto a Carlomagno.

 

            Pasaremos a comentar de forma muy resumida el proceso de aparición de la moneda carolingia, que a partir de la reforma propiciada por Carlomagno durante los años 793 y 794, asentó las bases de un sistema monetario que se mantuvo vigente durante toda la Edad Media en el Occidente cristiano.

 

            Tras la desaparición del Imperio Romano en el año 476, y la ocupación del mismo por un heterogéneo conjunto de reinos germánicos, se acuñaron numerosas  monedas que copian los motivos de la moneda romana, pero con un arte y estilo muy degenerado y burdo. Estas monedas conocidas como “imitaciones bárbaras” son difíciles de sistematizar y atribuir, ya que no presentan información sobre la autoridad emisora, y tan solo copian con un arte muy tosco los textos y motivos de las antiguas monedas romanas (Figs. 1a y b). Los diferentes pueblos “bárbaros” acuñaron numerosas imitaciones de este tipo, los vándalos en África, los visigodos en España (Fig. 1l) y ostrogodos y lombardos en Italia (Fig. 1m).


 

Figura 2.- Monedas de las invasiones bárbaras.

Merovingias.-  a: Sólido de oro de imitación romana a nombre de Anastasio, acuñada entre el 500 y el 587 d.C.; b:Argenteus minutus” de comienzos del siglo V; c: Tremís de Childeberto II (570-595); d: Sólido de Clotario II (613-629); e-g: Tremises de tiempos de  Clotario II- Dagoberto I (c. 620-640); h: Tremís de Sigeberto III (633-656); i: Tremís de Childerico II (673-675); j: Dinero de Adalberto, duque de Alsacia (683-723); k: Dinero eclesiástico de Senlis (725-750).

Visigodas y lombardas.- l: Tremís de Suintila acuñado en Córdoba (621-631); m: Tremís lombardo de Desiderio acuñado en Ticinum (Pavía) (756-774).

 

            En los territorios de Francia, Bélgica, Suiza y parte de Alemania, se instaló una dinastía merovingia que gobernó desde mediados del siglo quinto, hasta que en el año 751 fue derrocada por Pipino el Breve, quien instauró la dinastía carolingia. En este período de tiempo se acuñaron numerosas y variadas monedas en oro: sólidos y triens, a veces de muy baja ley (Figs. 1f, i), y plata, en ocasiones emitidas por instituciones eclesiásticas (Fig. 1k). Durante más de un siglo, desde el año 634 hasta el 751, los gobernantes merovingios eran conocidos como los “reyes holgazanes”, debido a que delegaban sus funciones en los “mayordomos de palacio”, hasta que finalmente uno de ellos, Pipino el Breve, hijo de Calos Martel y padre de Carlomagno, se hizo con el poder inaugurando la dinastía carolingia. El año 755 Pipino reformó el sistema monetario reduciendo el número de cecas y fortaleciendo la autoridad real en la acuñación de la moneda. En esta reforma se estableció el peso, contenido en plata y diseño de los primeros dineros carolingios.

 

            Tras la muerte de Pipino el Breve en el año 768, el reino fue repartido entre sus dos hijos, Carlomagno y Carlomán, quien falleció el 771, momento que aprovechó Carlomagno para conquistar Lombardía y posteriormente ampliar sus dominios a gran parte de Europa (Fig. 3).

 

            Se ha considerado a Carlomagno como el “padre de Europa”, y efectivamente mediante las reformas administrativas, monetarias y militares estableció un nuevo orden social basado en el feudalismo, que imperó durante toda la Edad Media en Europa.

 

            La nueva organización territorial estaba integrada por los Condados, provincias interiores gobernadas por un conde nombrado por el rey y con poder militar, administrativo y judicial. Por encima, los Ducados resultaban de la unión de varios condados a cargo de un duque, y finalmente las Marcas, provincias fronterizas militarizadas bajo el mando de un marqués. Una de las principales, que servía de frontera con los musulmanes de la Península Ibérica,  era la Marca Hispánica que llegó a integrar en el siglo noveno los territorios de Pamplona, Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgel, Cerdaña, Berga, Osona, Barcelona, Gerona, Besalú, Ampurias, Perelada, Rosellón, Vallespir y Confient.

 

El primer objetivo de Carlomagno al llegar al poder fue restaurar el Imperio Romano de Occidente consolidando su autoridad en todo el reino franco, ampliando sus dominios, y creando zonas de contención en los límites del territorio (Marcas) con el fin de prevenir posibles ataques de sus vecinos.

 

            Las primeras emisiones monetarias de Carlomagno (768-771) siguen el mismo patrón que las de su antecesor, y entre el 771 y el 793, se uniformiza la epigrafía que incluye el nombre del rey y la abreviatura del título Rex Francorvm, así como el nombre de la ceca emisora (Figs. 4a y b).

 

 

Figura 3.- Imperio carolingio en tiempos de Carlomagno.

 

            En el año 800, Carlomagno es proclamado emperador en Roma por el Papa León III, aprovechando la circunstancia de que en esos momentos el Impero Bizantino se encontraba dirigido por una mujer, Irene Sarantapechaina (797-802), y poco antes de esa fecha, entre los años 793 y 794 se produjo una importante reforma: el sólido bizantino de oro instaurado por Constantino I en el año 310, y considerado como la referencia monetaria  hasta ese momento, fue sustituido por una moneda de plata de 1,75 gramos de peso que lleva en una cara una cruz, y el monograma de KAROLVS en la otra, símbolos rodeados por el nombre del monarca con su intitulación, y el de la ceca emisora (Figs. 4c y d; Fig. 5). Se hizo obligatoria la circulación de la nueva moneda prohibiendo el uso de la antigua, y tal como se señala en el concilio de Frankfurt del año 794: “Sobre el dinero, sabed lo que promulgamos; los nuevos dineros circularán en todo lugar, en toda ciudad, en todo mercado, y serán recibidos por todos, con tal de que lleven la marca de nuestro nombre, que sean de plata pura y de buen peso, quien los rechace, en cualquier lugar que sea, en cualquier negocio de compra o venta, si es hombre libre, pagará 15 sueldos en beneficio del rey; si es de condición servil y ha tramitado un asunto por cuenta propia, perderá el beneficio, o si no, atado a una estaca, será azotado en público; pero si obró por orden de su amo, el patrón pagará los 15 sueldos si el hecho ha sido probado”.

 

    En el año 805 se redujo el número de cecas concentrándolas en los palacios reales tal como el emperador señala en un capitular: "Queremos que no haya otra moneda que la de nuestro palacio o aquella que hemos autorizado". Esta moneda denominada dinero (término derivado de la palabra latina denarius) se convertirá en el patrón de referencia durante muchos siglos. El monograma carolingio se inspira en los modelos bizantinos de la época, y este nuevo modelo de dinero se acuñará en las diferentes cecas distribuidas por todo el imperio, siendo utilizado por los diferentes monarcas carolingios hasta el siglo décimo.


 

Figura 4.- Monedas de Carlomagno.- a y b: Anteriores a la reforma de 793/4; c y d: Posteriores a la reforma de las cecas de Arlés y Pavía.

 


Figura 5.- Dinero de plata de Carlomagno, descubierto el 22 de febrero del año 2008, en las excavaciones arqueológicas realizadas en los cimientos de la Capilla Palatina de Aquisgrán.

 

            Otro de los principales puntos de la reforma monetaria de Carlomagno consistió en establecer una equivalencia entre el dinero de plata (moneda real) y la libra y el sueldo (monedas de cuenta), con una equivalencia de una libra = 20 sueldos, y un sueldo = 12 dineros. Durante más de cuatro siglos y medio, las únicas monedas acuñadas en los reinos cristianos fueron el dinero y el óbolo o medio dinero, siguiendo los patrones metrológicos de módulo y peso establecidos en la reforma de Carlomagno. La plata necesaria para la acuñación masiva de estas monedas se extrajo en buena medida de las ricas minas de Harz en Bohemia y Melle en el departamento de Deux-Sèvres (oeste de Francia).

 

Con el objetivo de hacer tangibles las monedas de cuenta (libra y sueldo), varios siglos más tarde, en el año 1252 se acuñó en Florencia una moneda de oro de 3,5 gramos de peso con valor de una libra, y pocos años después, en julio de 1266, Luis IX de Francia (San Luis) creó el grueso de plata con valor de un sueldo o doce dineros (el valor de esta moneda está simbolizado por las doce pequeñas lises que rodean el “castillo tornés” del reverso).

 

A pesar de que estas equivalencias sufrieron frecuentes cambios, a mediados del siglo catorce, Carlos II “el Malo”, rey de Navarra, ordenó acuñar en Saint Palais en 1351, florines de oro como moneda fuerte con valor de una libra (20 sueldos), gruesos como moneda intermedia con valor de un sueldo (12 dineros), y dineros, ahora denominados “carlínes”, materializando las tradicionales monedas de cuenta del sistema carolingio: libra, sueldo y dinero, en monedas reales: el florín, el grueso y el dinero carlín.


            Sin embargo, las necesidades de numerario derivadas de la conflictiva situación que en esos momentos azotaba Europa, sumida en una cruenta “guerra de los cien años” y con frecuentes epidemias de peste negra que diezmaban la población, hizo que las monedas se devaluaran, disminuyendo su porcentaje en metales preciosos, y generando variaciones fluctuantes en las relaciones existentes entre el valor de la libra (el florín), el sueldo (el grueso) y el dinero. 


 

Figura 6.- Vista de una sala del Museo de Carlomagno en Aquisgrán.

 

            Volviendo a la moneda comentada al principio, adquirida por el Museo de Carlomagno de Aquisgrán (Fig.6), Fastrada se casó con Carlomagno en Worms (Alemania) en octubre de 783, unos meses después de fallecer Hildegarda, la tercera esposa de Carlomagno, y dado que la reina murió el 10 de agosto del 794, esta pieza corresponde a una de las primeras emisiones del nuevo tipo de moneda carolingia creada en el año 793.

 

            Tal como señala Coupland (2023: 13) el motivo que pudo tener el monarca para incluir el nombre de su esposa en las monedas, pudo ser el de imitar lo que en esos momentos hacía el rey anglosajón Offa de Mercia, quien había incorporado el busto con el nombre de su esposa Cynethryth en sus monedas (Fig. 7). Sin embargo, este fue un hecho excepcional y puntual que no se volverá a producir en la moneda carolingia, donde a partir de ese momento figurará única y exclusivamente el nombre y el monograma del monarca.


                           

 

Figura 7.- Penique de Offa de Mercia con el busto y  nombre de su esposa Cynethryth.

 

Respecto a la personalidad de la reina Fastrada, no sale muy bien parada en la “Vita Karoli Magni”, biografía de Carlomagno redactada en latín por el monje Eginhardo hacia el año 830, donde se señala como causa de la conspiración urdida contra el monarca en el año 792: “la causa y origen fue la crueldad de la reina Fastrada; y en ambas se conspiró contra el rey porque, consintiendo la crueldad de su esposa, parecía haberse salido de forma exorbitante de la acostumbrada mansedumbre y benignidad de su índole”.

 

Bibliografía:

 

Coupland, S., 2023. A coin of Queen Fastrada and Charlemagne. Early Medieval Europe 31(2): 13 pp.

https://onlinelibrary.wiley.com/toc/14680254/2023/31/2

De Francisco Olmos, J.M., 2022. Las representaciones monetarias en la Europa Occidental. De los pueblos germánicos al Renacimiento carolingio. Entre lo ideal y lo real, Siglos V-X. De Medio Aevo 11(1): pp. 25-40.

Eginardo.  Vita Karoli Magni (Edición bilingüe y comentarios P.J. Castiella 2016): 35 pp.

Prou, M. M., 1969. Catalogue des Monnaies Françaises de la Bibliothéque Nationale. Les Monnaies Carolingies. Akad. Druck, Austria: 190 pp. + XXIII lám.

 

 

 

 

 













viernes, 1 de septiembre de 2023

Los tipos de escrituras más antiguos (cuneiforme y jeroglífico egipcio) y el más moderno (Braille) en las monedas.

 

Los tipos de escrituras más antiguos (cuneiforme y jeroglífico egipcio) y el más moderno (Braille) en las monedas. Artículo publicado en: Gaceta Numismática nº 196 (Diciembre 2018): pp. 111-121.

 

 

 

 

Miguel Ibáñez Artica














martes, 1 de agosto de 2023

Las monedas y medallas de Vigo durante la Guerra de Sucesión.

 

Las monedas y medallas de Vigo durante la Guerra de Sucesión. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 79 (1329) (Junio, 2023): pp. 44-45.

 

Miguel Ibáñez Artica

 


 

““Hombres de la tripulación equipados con escafandras se ocupaban de inspeccionar toneles medio podridos, cofres desventrados en medio de restos ennegrecidos. De las cajas y de los barriles se escapaban lingotes de oro y plata, cascadas de piastras y de joyas. El fondo estaba sembrado de esos tesoros. Cargados del precioso botín, los hombres regresaban al Nautilus, depositaban en él su carga y volvían a emprender aquella inagotable pesca de oro y de plata””.

 

            Ese párrafo pertenece al octavo capítulo de la novela de Julio Verne “Veinte mil leguas de viaje submarino” (Fig. 1) donde se narra la incursión del submarino Nautilus para recuperar un tesoro hundido años atrás, durante la batalla de Rande, en el interior de la ría de Vigo. Combate naval que tuvo lugar el 23 de octubre del año 1702, dentro de lo que se conoce como la “guerra de sucesión” donde se enfrentaron, por una parte Francia y algunas regiones españolas partidarias del pretendiente francés (futuro Felipe V), y por otra Gran Bretaña, el Sacro Imperio, los Países Bajos y parte del territorio español (Valencia, Aragón y Cataluña).

 

Figura 1.- Monumento dedicado a Julio Verne en el centenario de su muerte (2005) en el puerto deportivo de Vigo, y recreación de los buzos del Nautilus de la novela “Veinte mil leguas de viaje submarino”.

 

            Una flota de tres galeones y 14 buques comerciales cargados de oro y plata procedente de América se refugió en la ría de Vigo el 22 de septiembre del año 1702, y un mes más tarde una flota de 42 navíos británicos y holandeses con más de veinte mil  hombres atacó y destruyó la flota española, obteniendo un sustancioso botín de monedas de oro y plata. Sin embargo durante el mes que transcurrió entre la llegada de la flota procedente de América y el ataque de los ingleses, una gran parte del tesoro pudo recuperarse y un millar de carretas dirigidas por arrieros maragatos y tiradas por bueyes, transportaron el cargamento primero a Lugo y posteriormente a Segovia, otra parte fue capturada por los británicos y finalmente una tercera parte desconocida puede encontrarse todavía en el fondo de la ría de Vigo bajo varios metros de sedimentos, esto último es lo que inspiró a Julio Verne y aún alimenta la leyenda del “tesoro hundido”.

 

            Esta victoria británica se celebró con la acuñación de numerosas medallas y monedas de plata y oro, que llevan la mención a la ciudad de Vigo donde se produjo la batalla. Supuestamente, la plata y el oro con que se acuñaron estas monedas y medallas procedía del sustancioso botín obtenido en esta batalla.

 

Figura 2.- Monedas con la leyenda “VIGO” en el anverso; a: cinco guineas de oro; b: una guinea; c: media guinea; d: una corona; e: media corona; f: un chelín; g: seis peniques.

 

            Los valores acuñados en oro el año siguiente, en 1703, fueron en primer lugar monedas de cinco guineas de oro de 917 milésimas (Fig. 2a) de 37 mm de diámetro y 41,75 gramos de peso, de las que se emitieron tan solo veinte piezas que figuras entre las monedas más caras del mundo. Por ejemplo, el 13 de enero del año 2019 un ejemplar de este tipo fue adjudicado en más de un millón de dólares en la subasta celebrada en Nueva York por la empresa numismática Baldwins of St. James.

           

También se emitieron monedas de una guinea de 25 mm de módulo y 8,4 gramos (Fig. 2b), así como medias guineas de 20 mm de diámetro y un peso de 4,15 gramos (Fig. 2c). Estos tipos monetarios habían sido introducidos en 1662 por el monarca Carlos II de Inglaterra, tras mecanizarse por completo el proceso de la acuñación de monedas, y se acuñaron con las siete libras y media de oro (3,4 Kg.) obtenidas como botín en la batalla de Rande en Vigo.

 

            Otro detalle curioso es que la inclusión de la leyenda “VIGO” con letras mayúsculas bajo el hierático busto de la reina Ana, fue ejecutado por el famoso científico Isaac Newton, director de la “Royal Mint” de Inglaterra desde 1694. La reina Ana a finales del mes de febrero de 1703 le envió una real orden donde se indicaba: “Por cuanto hemos sido informados de que varios paquetes de oro, plata o lingotes han sido tomados por nuestra Real Flota en la última expedición a Vigo y traídos a casa como presa... sea acuñada de cuando en cuando con toda la rapidez conveniente a las monedas actuales de nuestro reino, con la palabra Vigo debajo de nuestras efigies en cada pieza de dicho dinero... sea una marca que la distinga del resto de nuestras monedas de oro y plata, y para prolongar hasta la posteridad la memoria de esta acción gloriosa”.

 

            Con respecto a las monedas de plata acuñadas con el botín de unas dos toneladas de este metal y que llevan la palabra “Vigo”, se emitieron con una ley de 925 milésimas coronas y medias coronas, de 30,1 y 15 gramos respectivamente (Figs, 2d, e), así como chelines (Fig. 2f) de 25 mm y seis gramos de peso, y finalmente pequeñas monedas de seis peniques (Fig. 2g), de 21 mm de diámetro y tres gramos de peso. Mientras los chelines llevan la fecha de 1702, año en que ocurrió la batalla, las restantes monedas presentan el año de su acuñación, 1703.

 

Figura 3.- Medallas alusivas a la batalla de Vigo en oro (a), plata (b, c, d, e) y bronce (f).

 

            Además de las monedas, también fueron acuñadas numerosas medallas de oro y plata en la “Royal Mint”, dirigida en esos momentos por Sir Isaac Newton desde su despacho en la Torre de Londres (Fig. 3), en ellas aparece el busto de la reina en el anverso, en este caso sin la palabra “vigo” debajo, y en un caso con el nombre del grabador de la medalla (J. Boskman, Fig. 3c), mientras que en el reverso se muestra la violenta batalla naval con la flota anglo-holandesa en primer plano y al fondo la flota franco-española ardiendo.

 

En una de las medallas (Fig. 3c), probablemente acuñada en Alemania,  aparece en el anverso una compleja alegoría con la victoria colocando la corona naval, el laurel y la palma encima de los trofeos navales, con la explícita leyenda: “SPES ET VIRES HOSTIVM FRACTAE, HISPAN. OPE. AMERIC. INTERCEPTO” (La esperanza y la fuerza del enemigo fue disuelta, la riqueza americana de España interceptada). Una segunda medalla (Fig. 3b) muestra en su anverso a la victoria alada entregando a Neptuno un listado con los barcos hundidos y capturados.

 

            También se acuñó un jetón en Nuremberg (Fig. 3f) que lleva las letras LGL, iniciales del grabador Lázaro Gottlieb Lauffer, bajo el busto de la reina en el anverso, y una vista aérea de la ría de Vigo -especificándose los castillos y puntos de defensa terrestre-, con su entrada bloqueada por la flota anglo holandesa, y en el interior la flota franco española ardiendo.     

 

            Tanto las monedas con leyenda “Vigo” como las medallas que conmemoran la victoria constituyen un importante elemento de propaganda política, y aunque una parte se acuñó con el oro y la plata procedente del botín de guerra (según el informe de Newton compuesto por 7 libras y 8 onzas de oro y 4.504 libras y dos onzas de plata), algunas piezas pudieron emitirse utilizando metales preciosos de otro origen.

 

 







sábado, 1 de julio de 2023

Las "monedas" de la revolución industrial.

 

Las “monedas” de la revolución industrial. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 79 (1328) (Mayo, 2023): pp. 48-51.

 

Miguel Ibáñez Artica

 

            En las publicaciones numismáticas convencionales suelen figurar algunas piezas de gran formato y valor (centenes, cincuentines, doblas de diez doblas, etc...) que en realidad nunca circularon como verdaderas monedas, sino que más bien eran objetos de lujo y prestigio para grandes obsequios. Por contra, otras piezas mucho más humildes, las denominadas monedas de necesidad emitidas por particulares o instituciones locales en épocas de penuria monetaria, no suelen ser consideradas como auténticas monedas, aunque en este caso sí circularon ejerciendo las funciones económicas que tradicionalmente se asignan a la moneda.

            Aunque encontramos estos tipos monetarios por todas las regiones del Planeta, hay algunos casos especialmente llamativos como son las “monedas” acuñadas en Gran Bretaña a finales del siglo dieciocho, cuando coincidiendo con los inicios de la Revolución Industrial, comenzaron a surgir importantes concentraciones de minas y fábricas de productos metálicos y textiles.

            Estas actividades conllevaron una intensa migración del campo hacia la ciudad por parte de agricultores y granjeros que veían una mayor estabilidad laborar, junto con un mejor salario y condiciones de vida en estos novedosos equipamientos industriales dedicados a la minería o a los procesos de fabricación.


Figura 1.- “Tokens” ingleses de la Revolución Industrial.

 

            Esta profunda transformación social coincidió en el tiempo con un momento de escasez de moneda menuda, el monarca Jorge III, ocupado por los conflictos surgidos en las colonias americanas, había cesado la fabricación de moneda de cobre en 1775, debido a la proliferación de falsificaciones y la poca aceptación que este tipo de moneda tenía entre la población. Pero justo en esos momentos la industrialización hizo crecer a las ciudades, donde se incrementaron los pequeños comercios que abastecían de ropa, alimentos y otros artículos de primera necesidad a una creciente población de trabajadores, aumentando también el número de empleados en este sector, que como los que estaban contratados en las fábricas, recibían sus salarios en monedas y las necesitaban para realizar las pequeñas compras cotidianas. 

            Ante la escasez de moneda necesaria para realizar los pagos a los trabajadores, la compañía minera Parys dedicada a la extracción y procesamiento del cobre, y cuya actividad se centraba en Anglesey (Gales), tomó la iniciativa de fabricar su propia moneda en 1787(1), en esos momentos se disponía de suficiente cobre así como de una maquinaria y tecnología adecuadas para la laminación y acuñación de calidad. Aunque existía una ley de 1742 que castigaba la fabricación ilegal de moneda de cobre, estos nuevos tokens(2) (Fig. 1) no fueron considerados falsificaciones, sino sustitutos de la moneda oficial,  y fueron muy bien aceptados por ciudadanos, empresas y comercios, de forma que un par de años más tarde, comerciantes y magistrados de Stockport resolvieron que "no tomarían otra moneda de medio penique en el futuro sino las de Anglesea Company".

            Estas primeras “monedas” se corresponden con las que presentan en una cara el busto velado de un druida y en la otra, las iniciales de la compañía (PMCo) (Fig. 4a).

 

 

Figura 2 .-  Tokens industriales de ferrerías y telares. a: Carmanthenshire (Gales), medio penique de J. Morgan, empresario del hierro y banquero, muestra en las dos caras el interior de la fragua con sus trabajadores e instrumentos; b: Londres (1795), medio penique de John Skidmore, pueden verse el horno y las labores de forja igual que en el siguiente ejemplar c de Sheffield (Yorkshire); d: medio penique de John Wilkinson, industrial del hierro y cobre; e: Devonshire, token de Benjamin Shepheard & William Dove, comerciantes de lino y fabricantes de paños; f: Haverhill (Suffolk), token de Peter Kempson; g: Haverhill (Suffolk), token de John Fincham.

 

            La variada iconografía de estas “monedas” muestra las actividades ligadas a la reciente industrialización, especialmente en los sectores minero y metalúrgico (Figs. 2a-d), así como en el textil (Figs. 2e-g) y de la pesca (Figs. 3a-e).

            El famoso empresario de la industria del hierro John Wilkinson, de Shropshire, tomó el relevo en la fabricación de estos tokens (Fig. 2d) y pronto comenzaron a llegar nuevos pedidos. La ciudad de Birmingham se convirtió en el principal centro de producción de estas fichas monetarias, y solo entre los años 1787 y 1789 se acuñaron en la ciudad más de veinte millones de piezas. 

            Unos pocos años más tarde, en 1785 ya se habían fabricado varios miles de tokens diferentes, de los cuales un 95%  eran medios peniques. Las nuevas tecnologías de acuñación emanadas de la revolución industrial permitían la realización de diseños de gran calidad y además de su primitiva función monetaria, estas “monedas” alimentaron la moda del coleccionismo (algo similar a lo que actualmente ocurre con las monedas de dos euros), de forma que se llegaron a acuñar piezas destinadas a este nuevo mercado (como también ocurre actualmente con algunas emisiones).

            Si bien en un principio el objetivo de estas acuñaciones era el de suplir la escasez de moneda de cobre, y durante la década de 1787-1797 las únicas monedas de cobre que circularon en Gran Bretaña fueron estas emisiones provinciales, diseñadas y fabricadas libremente por particulares, sin ninguna regulación oficial, también se emitieron piezas publicitarias por parte de algunos comerciantes, así como otras destinadas a defender determinadas opciones políticas o criticar algunos problemas sociales (en contra la esclavitud, a favor de reformas en el Parlamento Británico, en contra –o a favor- de algunos intelectuales radicales como  Thomas Paine etc...). Hay que tener en cuenta la convulsa situación político-social de la época, afectada por la reciente Revolución Francesa y por el levantamiento de las colonias americanas.

            La prueba de la intensa circulación que tuvieron estas “monedas” es el profundo desgaste que muestras muchas de ellas, mientras que también las podemos encontrar en estado “flor de cuño”, en este caso procedentes de los antiguos coleccionistas, que reunían las mejor preservadas, y que durante más de dos siglos se han conservado intactas en los monetarios.

 


Figura 3.- Tokens dedicados a la pesca y a otras actividades comerciales. a: Long Acre (Londres), medio penique de  John Fowler, mercader de aceites, se muestra una escena de la pesca de la ballena en una cara y al dios Neptuno en la otra; b: escena de pesca en un token de R. Peach, pescador de Lowestoft (Suffolk); c: escena de la pesca del salmón en un token de John Ferrier de Perth (Escocia); d: Hampshire, token de Salmon, Courney & Frost donde aparece un gran pez bajo un barco; e: token de Cinque Ports (Kent y Sussex) con un banco de peces bajo una embarcación medieval; f: token de Yorshire mostrando la imagen de la catedral y el castillo, emitido por el telar de Yeovil, Brett and Cayme; g: Shorpshire, puente de hierro, token de la compañía Reynolds & Co.; h: desembarco de mercancías en el puerto, token de Northshields (Northumberland), i, j: tokens de Somerset, emitidos por Mary y Lacon Lambe, propietarios de tiendas de comestibles y productos ultramarinos.

 

            Entre las figuras que podemos ver en estos tokens hay algunas relacionadas con la pesca (Figs. 3b-e), e incluso encontramos una ilustrativa imagen que nos muestra una escena en la que desde una embarcación se arponea a una ballena (Fig. 3a), reflejo de la boyante industria de la “caza” de la ballena que proveía de un aceite de excelente calidad, así como otros productos como las “barbas”, que por su elasticidad eran utilizadas para la confección de corsés y sombrillas. También aparecen representaciones de actividades comerciales (Figs. 3h-j), así como de importantes obras públicas (Fig. 3g), o incluso destinadas a visibilizar y dar publicidad a los monumentos artísticos de determinada ciudad o región (Fig. 3f).

            También aparecen inmortalizados los retratos de poderosos industriales como John Wilkinson (Fig. 2d), personajes mitológicos como Lady Godiva (Fig. 4b), o históricos como el duque de Láncaster (Fig. 4c) y el famoso científico Sir Isaac Newton (Fig. 4d), cuya obra principal “Philosophiæ naturalis principia mathematica” había sido publicada hacía un siglo (en 1687).

 


Figura  4.- a: Token del druida, uno de los primeros tokens emitidos por la Compañía minera Parys en Anglesey (Gales); b: Token emitido por Reynolds & Co. en Coventry, con la representación de Lady Godiva, 1792; c: medio penique emitido por John Westwood en Lancashire con la imagen del duque de Láncaster, 1792; d: token de Middlesex con la imagen de Sir Isaac Newton, 1793.

 

            Fue tal el éxito de estas “monedas” que hacia 1795 la oferta superaba la demanda, disminuyendo también la calidad de las emisiones, a esto se unió la crisis financiera del estado, que en febrero de 1797 hizo que el Banco de Inglaterra suspendiera el canje de billetes por oro. Ante esta situación el Gobierno abordó un plan de acuñaciones masivas de cobre, emitiéndose monedas de dos y un penique a partir de 1797, y de medio penique y cuartos (farhings) en 1799, y de esta forma en 1802 desapareció la fabricación de tokens provinciales.

            Sin embargo, y como consecuencia del progresivo aumento del precio del  cobre durante la primera década del siglo diecinueve,   en 1811 y 1812 resurgieron los tokens privados, en este caso con valores más diversos (dos, uno y medio penique, e incluso chelines de plata) y con referencias iconográficas más explícitas a la revolución industrial (Fig. 5). Finalmente, en 1817 el Parlamento Británico aprobó una ley prohibiendo la fabricación de estas monedas privadas y su utilización como medio de pago a los trabajadores bajo sanciones muy severas, y aquí se terminó la interesante historia de los denominados “Conder Tokens” surgidos al amparo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña(3).

 


 


Figura 5.- Tokens de comienzos del siglo XIX. a: Warwickshire, Birmingham, penique de la compañía Risca Union Copper, 1811;  b: Worcestershire,  penique de James Griffin & Sons, 1813; c: Bilston, Wolverhampton, penique de Samuel Fereday, 1811; d: token acuñado en 1811 por John Williams de Scorrier, propietario de minas en Cornuailles; e: Staffordshire, token de dos peniques, de Rugeley E. Barker con motores para fundiciones, 1815; f: Sheffield, Yorkshire, penique de la fábrica de hierro de Phoenix, 1813.

 

            Aunque en los países anglosajones el coleccionismo de este tipo de piezas está firmemente asentado, con numerosas personas y asociaciones dedicadas a su estudio, así como una abundante bibliografía sobre el tema, fuera de este ámbito geográfico estas piezas son casi totalmente desconocidas e ignoradas, aunque como podemos ver circularon como auténticas monedas, generalmente muy bien acuñadas, y con interesantes representaciones iconográficas de las actividades que tuvieron lugar en los comienzos de la Revolución Industrial (Fig. 6), que en pocas décadas, produciría un cambio irreversible en las sociedades de todo el Planeta.

 


 


Figura 6.- Medio penique de Birmingham (1793) con la explícita y premonitoria leyenda “La industria tiene su recompensa segura” (28,8 mm; 10,12 g.).

 

 

Notas:

 

 (1)  Ya existían precedentes en el siglo anterior, cuando ante la ausencia de moneda menuda numerosos comerciantes habían fabricado sus propios tokens con valor de medio penique en 1656 y de un penique desde 1663, emisiones que duraron tan solo una década, hasta que el monarca Carlos II comenzó a acuñar monedas de cobre.    Aunque en un principio fueron fabricados por los comerciantes, pronto emitieron también los municipios de las ciudades e incluso algunos nobles, siendo aceptados como moneda a escala local. Estas piezas de las que se llegaron a fabricar cerca de veinte mil tipos distintos, eran de pequeño tamaño, unos 20 mm, en comparación con los 29 mm de los medios peniques del s. XVIII. A su vez ya existía una dilatada tradición en la emisión de “monedas locales” desde tiempos medievales, cuando tabernas, monasterios y municipios fabricaban sus propias “monedas” de plomo o estaño de circulación local.

 

(2) En la lengua española existe una cierta confusión con los términos “token” y “jetón”, que tendrían la traducción genérica de “fichas”. Como criterio utilizado en este y otros artículos dedicados a la temática de la “exonumia”, conservamos el nombre de “jetón” para aquellas piezas monetiformes medievales y modernas de uso contable, “mereaux” para los jetones anepígrafos, “tokens” para las piezas anglosajonas de uso monetario (que podrían también considerarse como “monedas de necesidad”), y “plomos” para los “mereaux” y “tokens” medievales y postmedievales tanto franceses y españoles como ingleses acuñados, o más generalmente fundidos en moldes, con  ese metal. Reservaremos la denominación de “fichas” para designar  aquellos otros elementos monetiformes de uso diverso (como las “fichas” de  juego, “fichas” de casino, “fichas” telefónicas, de máquinas recreativas o de venta de productos, “fichas” de transporte, etc...).

 

(3) La denominación de “Conder Token” deriva del nombre del autor del primer catálogo publicado sobre estas “monedas” cuando aún se encontraban en circulación y eran un objeto preciado de numerosos coleccionistas: Conder, J., 1798. An arrangement of Provincial Coins, tokens, and medalets issued in Great Britain, Ireland, and the colonies, within the last twenty years, from the farthing to the penny size. Ipswich (Suffolk, U.K.): (24) + 330 + (2) pp.

  

Bibliografía:

 

Seaby, P. & M. Bussell, 1984. British Tokens and their values. Seaby, London: 200 pp.

Whiting, J.R.S., 1971. Trade Tokens. A Social and Economic History. David and Charles Ed.: 192 pp.